Llegamos a la Casa al día de marcha. Estábamos todos agotados, por la marcha rápida, y los más mayores llevábamos a los pequeños a la espalda.
Un equipo de niños de siete años se había turnado para ir a los lomos de Geri y Freki, y no paraban de reírse después de estar encerrados casi dos días.
Ojalá los mayores estuviésemos tan bien. Estábamos todos tensos, notando la hostilidad abierta entre Karee y Yorick. Parecía que fueran a estallar en cualquier momento y matar al otro.
A Yorick parecía que estaba a punto de darle una rabieta, mientras Karee se mantenía serena con el rostro tan tenebroso que me daba escalofríos mirarla fijamente. Freki y Gullfaxi la flanqueaban mientras iba a la cabeza del grupo.
En cuanto nos vio, mirándola con recelo, hizo un gesto para que fuésemos a su lado.
-Fue un placer conoceros- dijo Skylar mientras subíamos al barco.
-Para mí no fue ningún placer conocerte- replicó Fedric.
Skylar hizo un puchero, llevándose la mano al pecho, ofendido.
Ella nos esperaba sentada en la cubierta del barco, regia y serena, con la cabeza de Freki en el regazo y Gullfaxi detrás de ella, jugando con unos niños.
-Aparte de la bronca que os espera en cuanto lleguemos- dijo con tono afilado, que se suavizó al mirarme-. Tenemos asuntos más importantes.
-¿Cuando lleguemos?- inquirió Kristof.
Ella asintió con gravedad. Los labios en una fina línea.
-¿El qué?
Todos suspiraron.
-Dave, te amo como a nada en este mundo, hermano. Pero, a veces me dan ganas de arrancarte la cabeza por lo zoquete que puedes llegar a ser.
Skylar asintió.
-Si no fuera por nosotros, no te darías cuenta de que hay orcos hasta que te partieran por la mitad.
Karee le dio una patada en la espinilla tan fuerte que Skylar soltó una lagrimilla.
-Es MI hermano; sólo yo me puedo meter con él.
Suspire y me recoste a su lado hasta que llegamos a tierra. Karee nos detuvo a todos con un gesto de mano cuando íbamos a entrar en la Casa.
-Nos quedamos aquí- se giró hacia los pequeños-. Id a por todos. Que las Valkirias vengan las primeras.
-¿¡Quién eres tú para dar órdenes aquí!?- estalló Yorick, con una mueca de rabia.
-Karee Mattson, hija de Thor, protegida de las Nornas y princesa de Asgard. La que te reta por el liderazgo de la Casa.
Todos nos quedamos congelados, y ahora sí que los niños salieron corriendo a buscar a todos, frenéticos.
-N-No puedes hacer eso- Yorick tartamudeó, nervioso.
-Sí puede- repusieron tanto mis compañeros como otros de nuestra edad, que le miraban con desprecio.
-Eres un líder nefasto- dijo Karee, plantándose delante de él, con toda su altura-. No te importa cuántos mueran para lograr lo que quieras. Todos estaremos mejor sin ti.
-¿Y por eso me vas a matar?- parecía tan penoso que casi me dio pena. Casi.
-No es nada personal- se encogió de hombros-. Bueno quizás un poco. Me has tocado mucho la moral últimamente.
Me miró y le sonreí.
Sí, mi hermana iba a cargarse a alguien que conocíamos desde hace años, pero lo hacía para salvar muchas vidas. Debería de haberlo hecho antes. Yo sabía perfectamente de qué pasta estaba hecha mi pequeña.
Podría aguantar matarle, yo la ayudaría.
Todo lo que ella hiciera contaba con mi absoluta aprobación.
Llegaron todos y formamos un círculo alrededor de ellos. Las Valkirias se pusieron en medio de los dos, que ya tenían sus armas fuera.
-Que gane el mejor. Por la gloria de los dioses.
-Por la gloria de los dioses- repetimos todos.
Fue una pelea bastante corta. Yorick era pequeño y desgarbado, con una lanza corta y roñosa, mientras Karee era todo lo contrario: puro músculo, con la espada y el escudo en perfecto estado.
Yorick se lanzó hacia ella, gritando como un poseso con la lanza en ristre. Karee no se complicó; desvío la lanza con el escudo y alzó la espada. Le traspasó, saliendo por la espalda, atravesando el corazón limpiamente.
Karee se agachó y le sacó la espada del cuerpo, con un estremecimiento de Yorick. Le susurró algo y le cerró los ojos, con gesto de pesadumbre.
Se levantó en medio de un silencio sepulcral, con la espada y la manga izquierda manchadas de sangre. Entonces empezaron las aclamaciones, la levantaron y si no hubiera sido porque se puso a echarles la bronca por levantarla, le hubieran estampado la cabeza contra el marco de la puerta que daba a la Casa.
Se hicieron los ritos funerarios pertinentes con Yorick, y fue Karee, ya con la ropa cambiada quien lanzó la flecha flamígera a su barco. Observamos cómo ardía en la distancia.
Entonces Karee fue hacia los gemelos, quienes se encogieron en su sitio.
-Voy a ser clementes con ustedes dos porque después de todo somos familia. Recoged vuestras cosas e iros de aquí para no volver nunca. Si se os ve rondando alguno de los pueblos se os dará muerte al instante. Tenéis dos horas para recoger vuestras pertenencias.
Se fueron con la cabeza gacha, y Karee ignoró a todos los que le preguntaban sobre esa sentencia sin sentido aparente.
-No quiero que los linchen por ser hijos de quien son- me dijo más tarde, de camino al comedor-. Nadie se merece eso, y por esa razón decidí darles una oportunidad, pero si esas son sus lealtades, no podemos mantenerlos aquí más tiempo.
Se la veía cansada, y no podía culparla. En menos de tres horas, había matado a un hombre, expulsado a dos, y empezado a reorganizar la Casa de arriba a abajo.
-No podemos permitirnos ninguna baja. Ni aquí ni en los pueblos. Basta ya de que mueran los nuestros.
No había tenido ni idea de todo lo que había estado pensando. Creo que ahora sí le merecían la pena todas esas horas de tortura en la biblioteca.
Iba a cerrar todos esos pueblos enanos y aislados que siempre atacaban e iban a irse todos a los grandes, donde ya estaban formando unas universidades. Podríamos estudiar antes sin poner en peligro nuestras vidas: siendo más, podríamos protegernos mejor.
Había estado de reunión en reunión y tiro porque me toca, discutiendo estrategias y provisiones. Se le estaban empezando a formar ojeras y todo.
Le rodeé los hombros con un brazo y la apreté contra mí.
-Karee, eres la mejor jefa que podríamos tener. En tus manos estamos mejor que en ningún sitio.
Ella rió con cansancio.
-Eres un pelota, hermanito. Vamos, anda.
Entramos en el comedor, que estaba más ruidoso que nunca. Vitalizado. Karee no se sentó con las Valkirias, como le correspondía. Esa era una de las cosas que había cambiado.
Entonces Olrún se acercó a nosotros, con gesto siniestro.
-Tenemos una mala noticia.
Se nos cayó el alma a los pies cuando lo oímos.
Karee soltó una risilla amarga y temblorosa.
-Vaya forma de empezar mi mandato- se levantó encima de la mesa y Freki aulló haciendo que todos se pararon a mirarla-. Lamento ser pájaro de mal agüero, hermanos y hermanas, pero tengo que deciros que han atacado un pueblo cerca de la bahía de Jefferson. Ha habido bajas, pero ahora se dirigen hacia aquí en busca de refugio.
Varios suspiraron de alivio. Sin fuese Yorick el que estuviese ahí arriba en vez de mi hermana, todo esto sería un caos.
Me miró cansada y se esforzó en formar una sonrisa.
La abracé con fuerza en cuanto bajó al suelo.
La vida es dura sí, pero no me arrepiento de nada, porque es así como soy feliz.
