DON'T GO HOME WITHOUT ME
XLV
El hogar está donde el corazón duele.
No ha pasado tanto tiempo en el espacio con Kamui como Okita creyó que lo haría. Esta vez han sido sólo un par de semanas.
Llega a la casa a las once de la noche envuelta en una bufanda y una manta; su cabello está revuelto y su nariz roja de frío. 'Me estoy congelando', dice sin más preámbulos y corre hasta el armario; saca todas y cada una de las mantas que encuentra allí, junto con el pequeño futón que han compartido más de una vez; lo hace todo como si su presencia en la habitación fuera la cosa más natural del mundo.
No la esperaba allí tan pronto. Más bien no la esperaba en absoluto. Él sólo ha ido a recoger unas mudas de ropa interior para ir a dormir de nuevo a los cuarteles del Shinsengumi donde han comprado nuevos calentadores para sobrellevar ese crudo invierno. No la estaba esperando esta vez. De ninguna manera.
Kagura se envuelve en las mantas como un burrito y sólo deja una pequeña abertura para mirarle inquisidoramente con esos ojos azules que muchas veces parecen traspasarle el alma.
—¿No vas a dormir todavía, uhm? —pregunta.
No hay anhelo ni esperanza en su voz y Okita sabe de súbito que ella no se ha planteado ni por un segundo su ausencia a su lado por esa noche. Que ella lo está dando por sentado. Y tiene súbitas ganas de marcharse él y dejarle atrás porque esta vez ella se lo merece; pero en su lugar deja su bolsa en el suelo y se acomoda en el hueco que ella le ha dejado entre las mantas.
Ninguno echa de menos un calentador esa noche.
