Me desembarace del abrazo de mi hermano con algo de rigidez y miré a mis compañeros, que aún sentados en la mesa me miraban con pesar y el rostro en blanco, sin mostrar nada de lo que sentían.

Vaya forma de empezar mi mandato: matando a un hombre, expulsando a dos y con la noticia de un ataque bajo el brazo.

Pero, ¿qué podía hacer sino?

Estaba cansada y no quería nada de esto, pero si no era yo, ¿entonces quién lo haría?

Ya debía dar gracias a los dioses porque nadie me despreciaran abiertamente y los míos me siguieran queriendo como antes. Pero seguía viendo alguna mirada mal disimulada de desprecio e incluso asco.

Me lo merecía, pero no podía perder el tiempo con esas cosas, tenía asuntos más importantes que atender en estos momentos.

Escogí equipos de mayores con mucha experiencia y dejé que les acompañarán unos novatos. Sólo iban a escoltar a los atacados hasta aquí, pero no iba a correr riesgos innecesarios después de lo que esos pobres habían debido pasar.

Cuando salieron todos se activaron para ayudar. Desenterrados pisos inferiores de la Casa, llenos de polvo por el desuso y cambiamos sábanas y algunos colchones. Todos colaboraron en ello, incluso Geri y Freki, que llevaban montones de sábanas hacia la lavandería.

Mandé grupos jóvenes con barcos rápidos para ir a comprar más provisiones y asegurarse de que los mayores estaban siguiendo mis instrucciones, haciendo más casas en los pueblos grandes y fortificándolos.

Me paré para quitarme el sudor de la frente, recostándome contra la pared. Llevaba un chándal gris oscuro y una camiseta ajustada azul, el pelo en un moño para que no se llenase de tanto polvo.

-Al final no nos has echado la bronca.

Fulminé a Skylar con la mirada, frunciendo la boca en una mueca. Estaba demasiado cansada como para ponerme a discutir eso ahora.

-Oh, lo voy a hacer. Largo y tendido con ustedes tres por poner en riesgo a mi amado hermano. Y de momento, estoy tranquila, pero cuando tengamos esa charla, se van a arrepentir de haber nacido.

Skylar, Kristof y Fedric tragaron duro. Mi tono helado siempre tenía el efecto deseado.

-¿Se lo tenías que recordar? ¿Enserio?- le espetó Fedric a Skylar, que se encogió.

Crucé los brazos sobre el pecho.

-¿Que queréis ahora? Hay muchas pocas por hacer, no podemos estar ociosos.

-¿Estás muy enfadada?- inquirió Skylar. Kristof pareció tentado de arrancarle la cabeza.

Yo también lo estaba, a decir verdad.

-Estoy a punto de arrancaros la cabeza para adornar las paredes con ellas, no sin antes dejar que Freki os devore vivos. ¿Soy lo suficientemente clara?

Apretaron los labios y asintieron al unísono. Fedric intentó esconder una sonrisa, sin éxito alguno.

-Intentas abarcar demasiado. Has hecho en menos de un día lo que Yorick no hizo en años.

Bufé.

-Alguien tiene que empezar, y prefiero ser yo- dije-. Sentar las bases de algo nunca es fácil, pero alguien tiene que empezar.

-¿Has pensado ya en un sucesor?- inquirió Kristof, sentándose a mi lado y sonriendo suavemente.

Asentí lentamente.

-Hay un chico que llegó hace poco muy interesante. No reconocido. No forma parte de ningún equipo. Lo he estado observando y me gusta su forma de pensar y actuar. Es justo e imparcial en las peleas, y muy estricto con las normas. Tiene un liderazgo natural.

-Sí- asintió Fedric-. Creo que sé de quién me hablas. ¿Markku Olsson?

-El mismo.

-Es interesante- Skylar sonrió de una manera que no me gustó nada-. Bueno, tendremos que hablar con él.

Antes de que pudiera objetar nada, se fueron a torturar a aquel pobre chaval. Dioses, ¿por qué se lo habría dicho?

Este cansancio no era bueno para misa neuronas.

Suspire, frotándome la cara con las manos y fui a la biblioteca, donde me esperaba Freki, acostado en las alfombras del suelo.

Me acosté en uno de los bancos de madera y suspiré. Estos días habían sido un no parar. Estaba exhausta anímica y físicamente.

Sentí como alguien entraba en la biblioteca y abrí los ojos.

-¿Cansada, Barbie?

-Y sin una pizca de humor.

Astrid bufo y se sentó en el banco, tirando de mis piernas para poder hacerse un hueco. Me incorporé para mirarla y vi su típica sonrisa sarcástica.

-¿Qué pasa?

-No falta mucho para que vengan los refugiados y está todo a punto. ¿Estás dispuesta a admitir que no puedes hacerlo todo sola?

Fruncí el ceño.

-Yo nunca he dicho eso.

-Pero actuas como si lo hicieras.

Suspiré.

-Astrid, te quiero. Eres mi mejor amiga y una de las personas a las que le confiaría no sólo mi vida, sino la de mis… mi hermano- corregí rápidamente, pero ella me miró con astucia-. Pero ahora no. Simplemente no.

Me dio un golpe en el hombro con el puño.

-Mira que eres sosa, Barbie.

Suspire por enésima vez en el día y oímos como alguien venía corriendo por los pasillos. Markku se asomó por la puerta, sin aliento y bastante pálido.

-Han… han llegado los refugiados. Están todos en el salón.

Asentí y me levanté.

-Muy bien, vamos.

Fui hacia el salón, con Freki falnqueandome, sin mirar atrás y con la cabeza regida.

Tenía una mosca zumbando detrás de mi oreja de la que no conseguía deshacerme. No sabía de qué se trataba, pero presentía que me faltaba poco para averiguarlo.

Prefiero morir a mi manera que vivir a la vuestra.