DON'T GO HOME WITHOUT ME
XLVI.
El hogar está donde el corazón duele.
Explota por una nimiedad: Kagura se ha cortado el pelo, se lo ha teñido de rojo puro también.
Le pregunta, le grita por qué diablos siempre hace cosas sin consultárselo. Por qué nunca pide su opinión. Ella se molesta, frunce el ceño, le recuerda que no es su dueño ni ella una mascota. No tiene por qué pedirle permiso para cortarse la melena o ponerle tintura. Es ridículo. Él lo entiende. Entiende que ha cogido una absurdez para terminar de desatar toda su ira, toda esa ansiedad reprimida y toda la inseguridad que lleva dentro. Pero es que está harto.
Está harto de todo, de ser un estúpido y de callar. Es demasiado viejo para ese juego de estira y afloja. No tiene más veinte años ni ella dieciséis. Nunca se ha atrevido a poner los puntos sobre las íes, ese ha sido su error. Se da cuenta de ello mientras expresa con voz estrangulada que está harto de sentirse un juguete.
—Puedo sentir, ¿sabes? Y siento algo por ti, maldita sea. Algo más allá de una atracción momentánea o del jodido deseo sexual. Tal vez tú estás feliz yendo de aquí para allá entre malditas galaxias, pero no soy algo que puedas dar por sentado, ¿entiendes? No soy alguien que te vaya a esperar siempre mientras haces como que no te importo un pimiento.
Kagura no sabe responder coherentemente, no sabe por qué diablos le está hablando de cosas que ella no entiende ni quiere entender, por qué cortarse el cabello ha terminado en esto, en una maldita discusión.
Pero Okita está siendo sincero y áspero, rencoroso y anhelante, todo a la vez. Y puede que esté hablando con sus emociones ahora mismo, puede que se arrepienta de la manera en que se lo está diciendo más tarde, pero no se arrepentirá, lo jura por su vida, de lo que trata de decirle.
—Si sólo quieres venir aquí por comida y una cama caliente, puedes largarte de una vez. No puedo seguir más con esta charada. Incluso si te quiero, soy sólo yo quien lo siente y esto no me llevará a ninguna parte. Así que vete. Por el amor de Dios, vete o dame una maldita excusa para poder creer en ti, Kagura.
Pero ella está en blanco.
