Estaban todos en el Salón, esperándome. Había algunos niños, asegurándose de que sus padres estaban bien, los pocos que habían logrado llegar a la vejez y unos cuantos padres y madres solteros o no con sus hijos.
Era difícil formar familia aquí, y aún más llegar a viejo. Algunos nos conformábamos con llegar a los veinte.
Hasta ahora. No iba a permitir que la historia se repitiera siempre. Había visto demasiadas familias rotas por la pérdida.
Empecé a repartir órdenes para que los recién llegados se instalasen, que todos cumplieron con presteza.
Las noticias de la muerte de Yorick debían de haber ido raudas como el viento, por la forma en que me miraban los mayores. No dirían nada, pues yo aquí era la máxima autoridad sólo por debajo de las Valkirias, pero eso no les impediría juzgarme.
Bueno, me encogí de hombros. No sería la primera vez que ocurría. Ya me importaba un bledo lo que pensasen todos. Yo tenía claro como el agua lo que debía hacer.
Dave me dio un golpe cariñoso con el puño en el brazo.
-Alegra la cara, søster.
Le sonreí sin ganas.
-Lo intentaré, Bror, pero no me es fácil.
Me revolvió el pelo suelto que llevaba ahora, sólo llegando un poco por debajo de los hombros. Le fruncí el ceño.
-Es más fácil de lo que piensas- dijo pasándome el brazo por los hombros-. Sólo piensa en positivo y sonríe más.
Sin quitarme la sonrisa no pude evitar decepcionarme. Daven era la persona que mejor me conocía y ni siquiera sabía reconocer mis emociones.
Últimamente mi vida era muy deprimente. Más aún desde mi encuentro con Percy.
Borré esos pensamientos de mi mente y volví a la situación actual.
Asentí, dejando de mirarle y me giré para irme, pero antes me fijé en algo.
Apartado de la multitud que se dispersaba, había un hombre arrodillado, intentando sin mucho éxito colocarle bien el vestidito a una niña de menos de un año que apenas se sabía mantener en pie con los tirones de su padre. Era un hombre muy flachuco, sin apenas músculo, pálido y con aspecto de no haber dormido en mucho tiempo.
Me acerqué a ellos con paso vacilante, haciendo una seña a Freki para que se mantuviese detrás.
-Disculpeme, señor- dije suavemente-. ¿Podría ayudarle?
Me miró sorprendido, tenía los ojos de un gris plano, y no tendría más de veintidós años. Titubeó repetidas veces antes de bajar la mirada y asentir, sonrojado.
Me acuclille, quedando a la altura de la niña y le sonreí. Ella me devolvió la sonrisa, con sus vibrantes ojos gris claro y sus rizitos negros.
Averigüe quien era su madre sin problemas mientras le arreglaba ese pomposo vestido rosa. Pobre criatura, bastante tortura era ya ser un semidiós como para que le pusieran esa cosa.
Terminé y me levanté, tendiéndole la mano al chico para ayudarle. Me sonrió con vergüenza.
-Muchas gracias, no soy bueno con estas cosas.
-Bueno, pues podrías empezar por ponerle ropa más sencilla.
Me miró sorprendido y rió, rascándose la nuca.
-See...podría empezar por ahí.
Sonreí y le guiñe un ojo a la niñita antes de irme.
-Espera- me paró el hombre con la chiquilla ya en brazos-. ¿Podrías decirme cómo te llamas?
Enarqué una ceja. Este mortal de vista clara no debía de estar muy informado.
-Mi nombre es Karee Mattson- dije tendiéndole la mano.
Abrió los ojos sorprendido y me cogió la mano, sacudiéndola con fuerza.
-Es un honor, señorita Mattson. Yo soy Nicholas y esta es Karina.
Sonreí con educación, dándome cuenta de que ya no quedaba nadie en el salón.
-Es un placer, ¿puedo llevarle a su habitación? Creo que los demás ya se han ido hacia allí, y al principio es fácil perderse aquí.
Se dio cuenta de que así era cuando se lo dije. Este hombre no era muy atento, al parecer.
De nuevo, pobre criaturita.
-Te lo agradecería mucho, señorita Mattson.
-Por favor, llameme Karee. Por aquí- hice una seña a Freki para que se acercase por fin, ignorando el estremecimiento del hombre.
Lo guíe por los pasillos hasta llegar a la planta que se les había signado a los refugiados y lo dejé en una habitación con unas madres solteras, con la esperanza de que salvasen a la pobre Karina de ese horrible vestido.
Fui hacia la biblioteca después de eso para seguir revisando mis planes, tenía muchas cosas sin empezar. Cual fue mi sorpresa al encontrarme a las Valkirias allí, revisando los papeles que había dejado sobre la mesa y leyendo mis anotaciones. Allí había tanto cosas de lo que quería estudiar cómo lo que estaba investigando sobre el tema Percy.
Freki fue a acostarse en su sitio en la moqueta, pegado a los bancos de madera mientras yo me paraba frente ellas, con los brazos cruzados sobre el pecho y rostro inexpresivo.
-Mis señoras- agache la cabeza con respeto, tensa.
-Karee- dijo Olrún con rostro grave-, hay una reunión de vital importancia en Asgard a la que debemos asistir con el resto de nuestras hermanas. Debes quedarte aquí y cuidar de la Casa en nuestra ausencia.
Asentí, ocultando mi sorpresa. Pocas veces habían salido desde que yo estaba aquí. Bueno, en realidad sólo habían salido esa otra vez. No había sido bonito.
Pero bueno, cuando las Valkirias se fueron nos organizamos perfectamente. Puse puestos de guardia que cambiaban cada hora durante todo el tiempo.
La cena fue más animada que de costumbre, con los mayores diciendo a los de mi edad que se comportasen para dar ejemplo a los pequeños. Fue muy divertido ver a Skylar recibiendo una bronca después de contar un chiste verde.
Disimulé la risa, pero no pude evitar la sonrisa durante toda la cena.
Nicholas estaba entre otras tantas madres, encojido por la congoja, pero Karina parecía estar disfrutando a lo grande, en medio de todos los pequeños.
Nos fuimos a dormir temprano con las guardias organizadas. No pensaba dejar nada a su suerte.
-Karee- me llamó Elyn cuando iba a irme a dormir-. Tenemos que hablar. Es muy, muy importante.
Asentí, ignorando las miradas inquisitivas de las demás y la acompañé hasta la pista de hockey.
-Sé que no siempre nos hemos llevado bien. Que he sido muy mala contigo y todo eso, pero aún así me aceptaste y me hasta recogido con los demás- suspiró temblorosamente, frotándose las manos-. Te debo mucho.
-Haces feliz a Daven- me encogí de hombros-. No me debes nada.
Elyn rió temblorosamente.
-Escuchame, Karee. Al principio...cuando me acerqué a Dave... No me gustaba, lo veía como a un enorme palurdo. Pero sabía que él era tu punto débil. Me acerqué a él para hacerte daño- me miró con desesperación-. Pero luego... Era tan dulce. Nunca nadie me había tratado como él, como si fuera del más fino cristal que se podía romper en cualquier momento y que debía proteger a toda costa. Al día siguiente de empezar, ya estaba bebiendo los vientos por él. Por favor, tienes que creerme. He cambiado a mejor por él. Sólo por él. Y tu me has estado aguantando por él también- soltó un sollozo-. Le amo demasiado.
Me la quedé mirando fijamente mientras seguía sollozando. Le rodeé los hombros con el brazo y la acerqué a mi, acunandola hasta que dejó de llorar.
-Ya sabía que te acercaste a él para hacerle daño. Nunca has sido muy discreta, Elyn. Ni una buena estratega. Pero hacías feliz a mi hermano, y él lo es todo para mí. Además...si le hacías daño tenía algo planeado, pero dices que estás tan enamorada de él que dudó que sea necesario.
Se apartó de mi, con la mirada de sospecha en ojos rojos por el llanto.
Frunció en ceño.
-¿Sabes? Eres siempre muy inquietante, pero empeora enormemente cuando no tengo ni idea de si estás bromeando o no.
Le sonreí y la abracé más contra mí.
-No quieres saberlo de todas formas. Pero, ¿a qué viene esta confesión?
Elyn titubeó.
-Eso no era todo lo que tenía que contarte.
Fruncí el ceño, con una sospecha en la mente.
Todos los monstruos son malos, pero los peores son los que no se mueven ni se comportan como lo que son.
