DON'T GO HOME WITHOUT ME

XLVII.


El hogar está donde el corazón duele.


No va a morirse sólo porque se ha largado. No va a morirse sólo porque no le contestó nada y se marchó sin mirar hacia atrás. No. Nada de eso va a pasar justo como nada cambia en su vida cuando vuelve a su rutina de fingir que no le importa ni le duele cuando se marcha al espacio. Sólo que esta vez ella sigue en Edo, no lejos, a miles de millones de millas de distancia.

La extraña, sí, pero todavía tiene dignidad. La quiere, sí, pero no va a rogar por migajas. Desea estar a su lado, por supuesto, pero no va a romperse veinte horas al día para ser feliz por sólo cuatro. Él no nació para ser un mariquita que sufre. Va a superarlo le tome el tiempo que le tome.

Está bien.

El mundo sigue girando.

En serio.

Se encuentra a Tae Shimura en el Shinsengumi y cuando ella se detiene a saludarlo para pedirle que la acompañe a tomar una taza de té, Okita sabe que no ha sido casualidad. Ella ha ido deliberadamente a buscarlo.

La mujer de su comandante siempre le ha parecido mayor tanto físicamente como de forma psicológica a pesar de que ambos tienen la misma edad. Además, últimamente desprende una atmósfera de madre mártir cada vez que le ve por allí. Camina a la par que ella y se prepara para alguna clase de sermón. Va a escuchar hablar de Kagura, por supuesto y, aunque le gustaría huir de allí, desea también quedarse. Hace mucho que no sabe sobre ella. Nadie se atreve siquiera a mencionársela.

Tae le habla acerca de banalidades al inicio mientras su té se enfría; sobre el frío que poco a poco abandona junto con el invierno hasta sobre los pelos del culo de Kondo que, exitosamente, ha evitado hasta ahora. Se va por las ramas, las toma una a una hasta que aprieta el gatillo. Sougo sospecha que ella creyó que, de esa manera, la impresión sería menos, pero esta vez sí que se ha equivocado. No hay manera suave de lastimar una herida abierta.

Sin embargo, lo que tiene para decirle no es un regaño ni un reproche. Es algo completamente diferente a lo que él creía.

—Estás sufriendo —afirma. A Okita le tiemblan las manos de pura impotencia. Creía que lo estaba escondiendo bien para los demás. Para sí mismo ya era imposible—. Ella también lo está. Te ha dejado por testaruda y porque no entiende nada. A ella le gusta mucho el espacio, ¿sabes? Le brillan los ojos cuando cuenta sobre sus aventuras. Le gusta mucha más cuando lo surca con su hermano, por supuesto. No es muy clemente con su calvo padre —le cuenta con su sonrisa de siempre—. Pero también es feliz cuando habla de ti o cuando está contigo. Es sólo que está demasiado aferrada a la Yorozuya para darse cuenta. Le costó mucho encontrar una nueva familia. Su madre muerta, su hermano que la odiaba, su padre que nunca estaba. Pero todo eso tú ya lo sabes. Es sólo que si va a ti ella cree que va a perderlo todo justo como su madre.

Tae suspira y observa su reflejo en la pequeña tacita con la infusión de hierbas. Hace una pausa larga, una que casi parece eterna.

—Sé que eres una persona bastante… peculiar. A veces desagradable —Shimura parece cambiar el tema—. Aparte de tu sueldo no creo que tengas nada rescatable. Tu cara es bastante femenina. Pero… pero sé que para Kagura no hay un mejor partido que tú. De verdad lo creo.

—No tiene sentido lo que dices. Hemos terminado. No. En realidad nunca estuvimos juntos…

—Kagura no quiere terminar como su madre —lo corta—- Tiene miedo de ello. No es que no te ame como tú le amas a ella —finaliza.