Se reunieron en la orilla más cercana a la Casa, en silencio y bajo el amparo de la noche, con la única luz de las tímidas estrellas.
Eran un grupo muy numeroso, aunque sabían que con lo que tenían planeado habría más de una baja en sus filas, pero eso les importaba bien poco.
Era la hora de la venganza, una venganza que llevaban esperando miles de años.
Cuando sus prisioneros habían escapado, todas las miradas se dirigieron a Magni y Bestla, pero Bestla había estado en una reunión con los generales y Magni yaciendo con su amante, Fenja.
Por lo que sólo quedaba la posibilidad de que hubiera sido aquella endemoniada semidiosa que siempre parecía adelantarse a todos sus planes.
Karee Mattson.
Pronunciaban ese nombre con asco, miedo, o los dos por igual. La hija de Thor era conocida hasta en los confines de Jotumfeim, ya fuera por sus tantos logros a esa temprana edad o por ser la segunda hija de su mayor enemigo.
Los que no deseaban desollarla viva con sus propias manos para ver si agonía, se escondían bajo las sábanas ante la sola mención de su nombre.
Era la hija del hombre que les había masacrado durante milenios, y eso no se olvida fácilmente, pero habían oído cosas que les hacían titubear.
Algunos contaban que era más fiera que su padre si se le daba la ocasión, y casi igual de poderosa, además de inmisericorde con sus enemigos.
Pero también abundaban los rumores sobre si bondad.
Una vez, susurraron en ante una tienda, había encontrado a un bebé de troll sólo en el bosque, amenazado por una osa. Al ver que era totalmente inofensivo, lo llevó de la mano hasta encontrar a su madre. A partir de entonces, esa tribu de trolls sólo mataba animales para comer. Nada de humanos.
En otra ocasión, susurraba una giganta a sus compañeros, vio a unas Huldras, acosadas por un tenaz Begkonge. Cogió al Begkonge por el pescuezo y lo llevó ante los Landvaettir, para que lo juzgaran, pues esas mujeres encantadoras estaban bajo su protección. Nunca más las volvieron a molestar.
Y la lista seguía y seguía, para exasperación de Vafprúdnir, que sólo deseaba encontrar a esa muchacha para desmembrarla sólo con sus manos. Él nunca olvidaría lo que su padre le había echó a su pueblo, y le pensaba devolver ese sufrimiento por mil.
Y esa muchacha era el primer paso, le darían a ese maldito donde más le dolía, por mucho que la defendiera su hermana Bestla. Sería la primera en caer y él lo disfrutaría en primera fila.
Y las Valkirias estaban fuera...
Se rió entre dientes con gesto fiero.
Al final si les habían sido útiles esos hijos de Loki, pensó mirando a aquellos ecuchimizados muchachos. Pese a que les hayan echado.
Les habían llegado la noticia gracias a esos dos que Karee había matado al antiguo líder y se había echo con el poder de la Casa por la fuerza, sin poder esperar a que su antecesor se retirase.
Tan violenta y ciega por el poder como el maldito de su padre. Pero eso no sería así durante mucho más.
Era más de medianoche cuando, armados hasta los dientes empezaron a desembarcar en aquella isla y plantarse ante aquella cabaña. Por suerte era grande, y sabían que los túneles que guarba debajo también.
Si esos dos pillastres no les habían engañado, vivirían. De momento.
Pero en caso contrario... Bueno, había muchos trolls hambrientos en sus filas.
Sonrió con fiereza al ver la señal de Mimer para actuar.
Y dio la orden de atacar.
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Ninguno de todos estos sabía de su testigo silenciosa, a la que las Nornas se la habían llevado de nuevo por la noche, tras mostrarle a sus sobrinos por última vez y mostrarle a un Percy Jackson de doce años, en el museo de historia mientras estaba de excursión con el profesor Brunner y Grover, su mejor amigo.
La dejaron en la parte en la cual Nancy tiraba su bocadillo sobre Grover. Pues había cosas que era mejor no mostrar, pero ya empezaba a haber sospechas. Había tiempo para todo.
Bien lo sabían aquellas ancianas, que habían visto el paso de milenios desde su cueva, tejiendo constantemente aquel cruel y hermoso tapiz que era el mundo.
Pero había llegado la hora de actuar, y le enseñaron a su joven pupila todo eso.
Y la despertaron.
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Se incorporó como siempre después de aquellas lecciones forzadas; de sopetón y con el maldito corazón en la garganta.
Freki se incorporó a su gritó ahogado y Astrid se revolvió en su cama, junto con las otras tres figuras.
-¿Qué pasa, Karee?- gimió Linnae, queriéndose volver a dormir.
-Más te vale tener una buena excusa, Barbie- gruñó Astrid, revolviéndose en la cama.
-Hay que irse- declaré con tono sombrío, reconociendo la escena que se volvía a desarrollar ante mis ojos.
Me levanté y me puse la cota de malla sobre el pijama. Cogiendo también mi espada y mi escudo. Freki se incorporó, gruñendo como un demonio.
-¿Qué pasa?- dijo Elyn, ya despierta.
-¿Barbie?- Astrid se incorporó, ya medio despierta pero echa un bulto por el frío.
-Nos atacan- declaré-. Hay que alertar a los demás y llevar a los pequeños a los niveles inferiores. Ya.
-Karee, dimos que pasa- me dijo Maija, alarmada.
Me giré a mirarla, conteniendo las lágrimas.
Era todo tan parecido pero tan distinto de aquella visión que había tenido hacía tanto. Me daban ganas de romper a llorar, desconsolada, pero no había tiempo.
-Los gigantes de hielo están a nuestras puertas, ya deben de estar entrando. Hay que darse prisa.
Y fui gritando por los pasillos, alertando a todos del ataque, con las demás ayudándome.
No tardó en correr la alarma y armarse los chicos, corriendo con los pequeños a los pasillos inferiores, pero ya había empezado.
Sangre había sido derramada en los pasillos.
¿Querían guerra esos gigantes?
Pues iban a tener tanta que se iban a arrepentir de haber nacido. Yo también sé jugar a la guerra.
Ella sabía que no era una princesa, así que como guerrera escribió su historia.
