DON'T GO HOME WITHOUT ME
XLIX.
El hogar está donde el corazón duele.
Reciben un montón de "enhorabuena". También reciben montones y montones de "ya se habían tardado". No se están casando, aunque planean hacerlo en algún momento. No necesariamente pronto, pero allí está la idea. Sólo han formalizado su relación, ni siquiera han anunciado un compromiso.
Todavía les cuesta un poco adecuarse al otro y a hablarse cara a cara sobre sus sentimientos. Él es peor que ella en eso porque, luego de aquella tarde, Kagura parece que le cogió el truco, aunque mucho de ello se basa en gritar. A él la valentía le abandona de cuando en cuando porque le parece perturbador lo sensible y hablador que se ha vuelto a su lado.
Todavía pelean y discuten como antaño. Kagura va de la casa de Sougo a la Yorozuya y él de la casa al Shinsengumi, pero ahora hay acuerdo mutuo y saben que la ausencia no es sólo vacío, es que están ocupados. Se les van algunas cosas importantes todavía: a ella avisarle cuando se marcha, por ejemplo, y a él recordar que no debe seguir defendiéndose de posibles secuelas de esa relación. Se dan mucho espacio porque les abochorna que todos hablen de su relación como si fueran unos tortolitos y porque una relación sentimental entre China y Sádico es algo que todavía no se supone cómo debe ir, qué deben hacer.
Nunca habían llegado tan lejos antes.
Es difícil y un poco complicado, pero saben que, con el tiempo, van a lograrlo.
