La enfermería olía a lo mismo de siempre: sudor y sangre, mezclado con el aroma de hierbas medicinales.
Estaba sentaba sola en una esquina, bebiendo un vaso cargado de hidromiel. Lo cambié dw mano y apoye la espalda e la pared, moviendo el vaso en círculos y haciendo que la dorada hidromiel bailará dentro de él.
Miré a mi alrededor, viendo cómo atendían a los heridos, que se tragaban los gemidos de dolor y se hacían los valientes aunque fueran críos de no más de once años.
Habían muerto ciento siete de los nuestros, y ya habíamos celebrado sus correspondientes funerales. Matamos a más de cuatrocientos gigantes antes de que su líder, Vafprúdnir, diese la orden de retirarse, así que muchos se consolaban pensando en eso.
Era una estupidez, pero a algunos les servía.
Bebí de la hidromiel y cogí el paño que habían dejado en la mesa de al lado y me lo puse en la mejilla, después de mojarlo en el vaso. Además del corte, ahora tenía un moretón, y dolía como el demonio. Pero me lo merecía, porque si no hubiese sido tan sumamente estúpida, no habría muerto nadie...bueno, al menos tantos.
Todos tenemos cosas que nos persiguen por toda la vida. La mía sería haber matado involuntariamente a más de ciento cincuenta personas, entre ellas mi cuñada y mis sobrinos. Eso sin contar a Lennart.
Oh, mi dulce y tierno Lennart, pensé. Le has roto el corazón a Maija en un millón de pedacitos. Por mi gran, grandísima culpa.
Mi pequeña y adorable pelirroja lloraba a moco tendido en el hombro de Linnae. Todos tenían los ojos rojos por las lágrimas, pero ellos ya no lloraban, se esforzaban consolándola. A ella y a Dave.
Eché la cabeza hacia atrás, apoyándola en la pared y cerrando los ojos. Me odiaba demasiado en estos momentos como para poder centrarme en otra cosa, pero debía hacerlo si no queria volverme loca. Además, siempre había odiado a los que se autocompadecían. Debía ser fuerte.
Dave y los demás estaban en la esquina contraria de la enfermería, llorando juntos y reponiéndose de las heridas. Nadie excepto nuestros amigos se atrevía a mirar a mi hermano a los ojos, y a ellos incluso les costaba. No me extrañaba, por cómo había dejado a Axell...
Bueno, todos llegamos a un punto donde sólo podemos estallar, y él había sobrepasado ese límite con creces.
Decidí dejar a Dave por su cuenta. Si el quería volver a verme, podía venir. No le iba a presionar, pero no podría culparle si no quería volver a saber de mí nunca más. Sería lo lógico, después de todo, ¿no?
Abrí los ojos y vi como Kristof y Skylar se acercaban a mi. Apreté los pelos del cuello de Freki en mi puño y bajé la vista. Notaba al hidromiel haciéndome efecto, curando las dos costillas rotas y la fisura de fémur que tenía, además de la muñeca torcida.
-¿Cómo estás?- dijo Kristof, sentándose a mi lado en la camilla. Skylar se sentó en la de enfrente.
-¿Cómo crees que estoy?
Skylar suspiró con cansancio.
-Sabía que pasaría esto. Siempre cargando con las culpas de todo. ¿Eres consciente de que no eres el centro del mundo?
Le miré a los ojos con acritud. ¿En serio había dicho eso? Este era más imbécil de lo que parecía normalmente. Quizás algún gigante le había dado un golpe en la cabeza más fuerte de la cuenta.
-Eso es lo que me dijiste hace un año, ¿no? Todos los que han muerto cargan sobre mis espaldas. ¿Contento, o debo darte un látigo también para que me flageles y así te darás por satisfecho?
Skylar tensó los labios en una fina línea.
-Yo no...
-¡Chist!- Kristof levantó una mano-. Tú cállate, idiota, que en la cabeza no tienes más que agua estancada, deberíamos dejar que Astrid te ahogase un poco, a ver si se refresca- se centró en mi-. Tú, ahora, levanta el culo de aquí, déjate de estupideces y ven con nosotros. En una hora debemos estar en Asgard. Y caminando, que es gerundio.
Entonces, antes de que pudiera contestar y mandarles a los dos a la mierda, me llevaron con los demás y me tiraron entre Maija y Daven, quienes se agarraron a mi como si yo fuera su ancla.
Se me hundió el corazón en el pecho aún más.
Levanté mi barbilla y la puse en el pelo de Maija, que lloraba en el hueco de mi hombro y con la mano que me quedaba libre, pues Maija tenía aprisionada la otra, me puse a acariciar el pelo de Dave.
Mis pobres corazones. En ese momento decidí pasar el resto de mi vida a compensar a todos lo que había provocado involuntariamente.
Lo poco que nos queda de vida, pensé con gesto sombrío.
No supe cuánto tiempo había pasado cuando Kristof me hizo una seña con la cabeza, a lo que me levanté y los llevé a sus cuartos para que se arreglasen.
Mientras ellas demás estaban en el baño, yo me puse una túnica verde hasta la mitad del muslo y pantalones negros con mis botas de siempre. Me dejé el pelo suelto y me puse mi capa.
Me giré para mirarme en el espejo y fruncí el ceño. Cogí y daga con una mano y mi pelo con la otra y me corté el pelo de un tirón. No sabría decir por qué lo hice, pero cuando vi mi imagen, sólo quise hacerlo.
Fruncí el ceño al darme cuenta de que lo había hecho sin pensarlo siquiera, pero me encogí de hombros. Al fin y alcabo, sólo es pelo.
Cuando ellas salieron del baño, ya había terminado el desastre y tenía el pelo siguiendo la línea de mi mandíbula. El suelo estaba lleno de mechones dorados ante la mirada estupefacta de ellas.
-No pienso limpiar esto- dictaminó Astrid.
-No te he pedido que lo hagas- repliqué mientras cogía la escoba.
En diez minutos estuvimos todos ante las Valkirias, preparados para ver a nuestros padres. Aunque la verdad es que muchos los conocerían en ese viaje.
Nos acompañaban un par de adultos, pero la mayor parte se quedaban para cuidar a los más pequeños e ir pensando a qué pueblo se irían. También había muchos de mi edad y menores que se iban a ir a los pueblos.
Dave ya me había dicho que después de mañana se iría a estudiar. No sabía qué, pero tampoco le importaba mucho; este lugar tenía demasiados recuerdos para él. Y a los demás les pasaba lo mismo.
Al final me quedaría sola aquí. Por mucho que lo odiase, tendría que ocupar la antigua habitación de Yorick.
En un parpadeó, nos encontramos en el Bifrost, el puente del arcoiris. Enfrente nuestro había una ciudad hecha de puro nácar, llena de hermosos árboles y edificios tallados ricamente. El camino central era de piedra tallada y llevaba a una enorme mansión llena de runas que nos esperaba con las puertas abiertas.
Todos se pararon al frente, indecisos de si entrar o no. Busqué a las Valkirias con la mirada, pero ya habían desaparecido. Vislumbre a la maldita Olrún desde afuera, sonriéndome socarrona.
Me adelanté para entrar, pero Fredric me tomó del brazo.
-Pero qué haces- me espetó-. No puedes entrar allí.
Solté mi brazo de un tirón y levanté mi barbilla hacia él.
-Es la casa de nuestra familia. Este lugar es tanto nuestro hogar como La Casa. Además, si ustedes quieres quedarse aquí haciendo do el estúpido todo el día, es cosa vuestra.
Así que pasé caminando y oí cómo mis compañeros me seguían. Los dioses nos observaron mientras entrábamos en la estancia, con mirada orgullosa.
Las paredes de piedra estaban llenas de escudos de héroes del pasado, y debajo de ellos, había tronos con un dios sentado en cada uno de ellos.
Skadi me sonrió desde su puesto y mi abuela, en el centro de todos me sonrió alentadora. Me paré ante mi abuelo, sin mirar a mi padre, que me observaba desde su derecha. Me arrodillé ante él.
Oí a mi espalda del eco de todos arrodillándose.
Mi abuelo empezó un discurso sobre lo orgullo que estaba de nosotros y entraron en la sala un puñado de Valkirias con los generales gigantes cargados de cadenas. Bestla estaba detrás de mí abuela, con la mirada dolida.
Y empezó el reparto de premios.
-Katherine "Karee" Mattson, hija de Thor, protegida de las Nornas, bendecida de Frigg, líder de los vikingos, portadora del poder del rayo y princesa de Asgard, levanta- me levanté, continuando con la cabeza inclinada ante él-. Dada tu fuerza y valía te concedo un deseo, hija mía.
Me incliné ante él, haciéndole una seña a Freki para que me imitase.
-Me honra, Padre de Todos. Sólo tengo un deseo sencillo, no pido más.
Mi abuelo se removió en su trono, con Hugin y Munin en vada hombro. Aunque no le veía el rostro, supe que tenía una sonrisa de oreja a oreja.
-Sólo, niña. Cualquier cosa que no vaya en contra natura se cumplirá.
"Cualquier cosa que no vaya contra natura", es decir, aunque desease que Elyn volviera a la vida, Eir no lo haría.
Decidí cambiar de plan, muy a mi pesar. Me volví a arrodillar ante él.
-Tened misericordia con vuestros tíos, Padre de Todos. Se ha derramado demasiada sangre dentro de esta familia durante milenios. Este odio acabará con nosotros tarde o temprano, y el Ragnarök es el verano que viene. Si la batalla final se nos avecina, que al menos toda la familia luche en el mismo lado.
Cayó un silencio incómodo sobre todos nosotros, sobrerodo sibre mis conmocionados compañeros; ellos acababan de descubrir que el Ragnarök se nos echaba encima. Debían de pensar que estaba loca, pero me daba igual.
Entonces mi abuelo rompió a reír como un poseso.
-¡Misericordia para aquellos que han matado a los tuyos niña! ¿Qué cuece esa cabecita tuta esta vez?
Fruncí el ceño y me levanté. Freki también se levantó, geuñendo un poco a mi abuelo.
-Pienso en las madres de esos gigantes, señor. En sus hermanos e hijos, que buscarán venganza en los nuestros. Pienso en el poco futuro que nos queda con nuestras manos manchadas por la sangre de nuestra. Si nosotros estuviéramos en su lugar, también desearíamos misericordia con los nuestros, por muy valiente que se sea. ¿O acaso usted no la querría si fueran sus hijos los encadenados?
Vi de reojo cómo Bestla y mi abuela asentían con una sonrisa discreta. Skadi me guiñó un ojo desde la distancia.
Mi abuelo golpeó el extremo romo de su lanza contra el suelo, y se giró hacia mi padre.
-¿Tu que piensas? Al fin y al cabo es tu hija.
Permanecí mirando a mi abuelo mientras mi padre me inspeccionaba. No soportaba mirarle a los ojos, hay algo que falla con él...no sé muy bien como describirlo.
-Si el Ragnarök se acerca- dijo con esa voz de barítono que me pone los pelos de punta-, entonces deberíamos machacarlos en familia. ¡No vamos a caer en balde!
Todos lo jalearon cuando terminó de hablar, incluidos muchos de mis compañeros.
¿Y ese era el dios de los truenos y la justicia? Parecía más el dios del teateo y el melodrama. Debería de actuar en telenovelas, se haría se oro.
Y así siguió la ceremonia, con todos recibiendo un deseo. Y cuando acabamos, nuestros padres nos llevaron al exterior, donde nos esperaba una fiesta de proporciones épicas.
Jamás he visto ni veré algo tan épico como una fiesta asgardiana. Había mesas y mesas llenas de comida e hidromiel. Cualquier manjar que a unp se le pudoera ocurrir, estaba allí. La música era sublime, y padres e hijos reían y bromeaban, contándose batallitas los unos a los otros.
-¿No te piensas unir?
Mi padre se detuvo a mi lado, apoyándose en la pares como yo. Vi desde la distancia cómo su esposa, mi madrastra me taladraba con la mirada. Si yo fuera ella tampoco desearía que la bastarda de mi marido fuera llamada princesa y encima fuera paseada por toda mi cara.
-Me uniría si tuviese algo que celebrar, Padre.
Él suspiró.
-¿Nunca me contarás que te pasa conmigo, Karee?
-Katherine- le espeté-. Karee es para los amigos. Dime, ¿te suena el nombre de Perseo Jackson, Padre?
Se tensó como un arco y palideció.
-Cómo sabes ese nombre- gruñó.
-Tomare eso por un sí.
Me agarró el brazo con fuerza.
-Olvida ese nombre. Es demasiado peligroso para ti.
Le quité mi brazo de un tirón y le sonreí con amargura.
-No pienso olvidarlo, y tú no eres precisamente quién para hablarme de peligros. De todas formas, ve a ver a tu hijo. Todos necesitan una figura paterna, sobretodo en un momento como este.
Los duelos de miradas siempre se me dieron bien, así que no tardó en ir tras mi hermano, rodearle los hombros con el brazo y sonreirle como un padre de verdad.
Sí, se le hubiera dado bien el teatro.
Suspiré mientras me llevaba la copa a los labios. Vacía. Tampoco me extraña, este vino está demasiado bueno. Fui a la mesa a rellenarme el vaso y de vi el panorama que me esperaba si daba un paso más: Baldr, Bragi, Vidar, Valí, Ull, Forseti y Frey me miraban con un triste intento se seducción desde la mesa de bebidas.
Bueno, ya había bebido una copa, y no pensaba tomar más con tantos dioses salidos cerca. No me apetecía ser la madre de nadie.
Entonces me choqué con mi tío menos favorito.
-Loki- agradecí mentalmente que la copa fuera de meral, porque si no la habría hecho añicos.
-Karee- me cogió la mano y me besó los nudillos-. ¿Evitando tus pretendientes? No son pocos los que desean estar al lado de la princesa de Asgars, y dada tu belleza embriagadora, les entiendo a la perfección.
Disimulé una mueca de asco.
-Creo que se quedarán con las ganas. ¿Qué deseas, Loki?
Se hizo el ofendido en un gesto teatral.
-¿Qué te hace pensar que querría algo de ti aparte de tu bella compañía, sobrinita? ¿Acaso no puedo preocuparme de ti?
Después de haber ofrecido mi cabeza a los gigantes, por supuesto, pensé.
-Pues pienso que nadie en el que inspiraron el personaje de Rasputin haría algo sin segundas intenciones.
Mi tío sonrió como el gato de Chesaire.
-Me alagas, querida. Parece que alguien aquí sabe pensar algo aparte de cómo partir una cosa en dos.
-Más de lo que crees.
Nos miramos afiladamente unos segundos y nos separamos con una reverencia.
No había esperado menos del padre de Axell y Alrick, el dios del caos y las travesuras. Pero se iba a tener que esforzar un poco más; el tiempo se le acababa, y sólo unos pocos saben cómo evitar el destino.
Prefiero morir a mi manera que vivir a la vuestra.
