Notas: Como siempre gracias por vuestros comentarios, me animan mucho a seguir escribiendo. Me alegra que el segundo capítulo les haya gustado tanto. No sé por qué estoy actualizando tan seguido, pero la historia me anima un montón a escribir, no puedo prometer seguir con el mismo ritmo para siempre, pero mientras pueda actualizar tan rápido lo haré. Este capítulo me ha costado un poco escribirlo, pudo haber quedado un poco confuso respecto a los anteriores, pero la confusión es parte de la historia. Disfruten, espero vuestras opiniones sobre él.


ACTUALIZACION 09/04/2014: He corregido unos detalles y reescrito algunas partes porque me han dicho que los primeros capítulos eran un poco confusos. Espero que ahora den más pistas, aunque la explicación de lo que pasa está algunos capítulos más tarde. Disfruten de la lectura.


El Dal Riata estaba completamente vacío y con poca iluminación. Ya había estado otras veces allí, cuando aún ni siquiera había abierto, pero esta vez sentía que estaba muy diferente. Dejó salir un largo suspiro. Quizá no debió rechazar a aquella mujer, le hubiera hecho compañía, ya que Trick no parecía encontrarse allí y de pronto se sentía muy solo. Ni el alcohol era ya capaz de silenciar por un momento todos sus sentimientos. Por alguna razón, lo que sentía por Bo se le había hecho muy pesado.

Estaba allí, sentado en silencio, mirando hacia la barra desierta, pensando en qué más podría tomar para tratar de sofocar sus pensamientos.

«Vodka, parece lo suficientemente fuerte por ahora», pensó mientras se alongaba sobre la barra, tratando de alcanzar la botella que se encontraba frente a él. Por mucho esfuerzo que hiciera, no iba a lograr conseguirla de esa manera. Dyson bufó dándose por vencido mientras se volvía a colocar sobre su asiento y observaba su vaso vacío.

Él se sintió confuso de repente. Quizá era porque estaba borracho, pero no podía pensar en cómo había llegado hasta allí y dónde estaban los demás. Miró a su alrededor desconfiado, arrugando la nariz mientras olfateaba el ambiente. Pudo distinguir un olor familiar, era un olor a azufre, pero no recordaba dónde lo había olido antes. Sin embargo, la puerta del bar se abrió de pronto, sacándolo de sus pensamientos, y se levantó de su taburete alertado. No obstante, se calmó inmediatamente al ver que se trataba de Lauren. Ella le sonrió y se acercó a él.

—¿Lauren? Creí que…

—Estoy bien —lo interrumpió ella.

Dyson la examinó detenidamente. No observó heridas, solo unas pequeñas salpicaduras en su blusa, igualmente otra cosa llamó su atención.

—¿Dónde está tu collar, Lauren? —preguntó preocupado.

—Me fui, ¿no recuerdas? —le respondió frunciendo el ceño confusa—. ¿Dónde has estado todo este tiempo, Dyson?

El lobo la miró fijamente y su rostro se tornó muy serio. Había algo en Lauren que no era normal, había algo diferente en ella, incluso su olor era diferente. La doctora, ajena a las sospechas del hombre, posó su mano sobre el pecho de él y sonrió mientras perdía la vista en el suelo.

—He estado tratando de no pensar demasiado —contestó él al fin—. ¿Y tú qué haces aquí? Si el Ash descubriera que has abandonado tu puesto…

—Bo vendrá —lo interrumpió ella elevando sus ojos hasta encontrarse con los de él—, pero solo vendrá a salvarte a ti.

—Bo te estaba buscando, está muy preocupada por ti —le dijo.

—Ella nunca me ha amado como yo a ella, Dyson —sus ojos se llenaron de lágrimas.

—¿Por qué dices eso? Claro que te ama, yo puedo asegurártelo.

—Me dejó allí —dijo con la voz quebrada—. Fue a por ti, pero a mí me dejó allí —una lágrima solitaria bajó por su rostro—. Fui una ilusa creyendo que lo nuestro era importante, pero solo está confundida. Ella te ama realmente a ti. Ella te pertenece a ti.

Dyson la bordeó con sus brazos y dejó que se refugiara entre ellos. Lauren dejó caer la cabeza sobre su pecho. El robusto y tranquilo latir del corazón del fae pareció calmarla un poco.

—Puedo protegerte, si te entregas a los faes hablaré bien de ti, les contaré lo que hiciste. Ellos tendrán que perdonarte. Ni Bo ni yo dejaremos que te ocurra nada.

—No puedes, Dyson. Si los faes descubrieran lo de los híbridos… Ni siquiera puedo imaginar lo que harían con los humanos.

—Tendrán que entender que los humanos no tienen la culpa.

—Mira lo que han hecho solo por un ataque, imagina lo que harán si se sienten amenazados de esta manera. Ellos…

Dyson se separó de Lauren y, tomándola por los hombros, la miró fijamente.

—¿Qué te ocurre, Lauren? Estás muy extraña —le dijo firmemente.

—Tienes que dejarme aquí. Tienes que irte.

Dyson liberó a Lauren. Dio varios pasos hacia atrás y examinó el Dal Riata. ¿Por qué Trick se había ido y lo había abandonado? El Rey de Sangriento nunca abandonaría su puesto, a no ser que estuviera en gran peligro.

—¿Estás bien, Dyson? —preguntó ella.

—Perfectamente —respondió él caminando hacia la puerta del Dal.

—¿A dónde vas?

—Hay algo raro en este lugar —murmuró frunciendo el ceño, mientras el olor a azufre se iba intensificando. Dyson se detuvo antes de salir y miró hacia Lauren—. Quédate aquí, Bo vendrá a por ti.

—Nadie vendrá a por mí —le respondió desviando la mirada hacia otro lado—. Yo estoy realmente lejos de aquí.

Dyson observó a Lauren una última vez. Ella olía diferente, pero no podía concentrarse en su esencia porque el olor a azufre no le dejaba distinguir nada más. Él volvió su vista hacia el frente y salió de allí con la extraña sensación de que algo no estaba bien en todo aquello.

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Bo entró en el Dal golpeando la puerta tan fuerte al entrar, que se estampó estrepitosamente contra la pared. Las palabras que le había dicho Tamsin por el teléfono seguían martilleando su cabeza como un eco incesante.

—¡Tamsin! ¡Dyson! ¿Dónde estáis? —gritó a pleno pulmón.

Se introdujo en el bar cautelosamente, vigilante ante cualquier movimiento o ruido. Pero el lugar estaba sumido en la más absoluta calma. De pronto, se detuvo al sentir que había pisado algo. Cuando miró al suelo y vio un pequeño rastro de sangre, casi pudo sentir como si dejara de respirar.

—¿Dyson? —preguntó nerviosa—. ¿Lauren?

Siguió las huellas rojas hasta la habitación privada del Dal Riata. Allí, encontró el cuerpo inmóvil de Lauren tendido en el suelo.

El grito que salió por la garganta de Bo, fue casi inhumano. Corrió hacia ella y se arrodilló a su lado con una desesperación que no le permitía pensar con claridad.

—¿Lauren? —la llamó aterrada.

El terror se fue incrementado cuando, al tomar su rostro entre sus manos, lo observó golpeado, cubierto de sangre. Si no fuera por su ropa y su pelo, nunca habría podido asegurar que se trataba de ella.

—Por Dios, quién demonios te ha hecho esto —susurró sin apenas voz.

El líquido rojo comenzó a empapar sus manos. Las lágrimas bajaron a toda velocidad por sus mejillas. Su sangre estaba caliente, pero su piel comenzaba a enfriarse. El nudo que se formó en su garganta no le permitía casi ni poder respirar. Su corazón quería salir de su pecho y huir muerto de terror.

—¿Lauren? —dijo entre sollozos.

A diferencia del suyo, el corazón de Lauren permanecía inmóvil. Su cuerpo estaba rígido y parecía tan frágil que a Bo le dio miedo apenas tocarlo. Colocó su rostro sobre el de Lauren. Sus lágrimas se mezclaron con el líquido rojo que cubría su cara. No se dio apenas cuenta, pero gritó. Su lamento resonó por todas las paredes del Dal. Gritó hasta que su garganta dolió y su voz se apagó agotada. Cuando sus labios rozaron los de ella, se estremeció, la calidez que recordaba se había ido. Esperó paciente a que recuperaran su calor. Dejó que su chi entrara en ella. Su cuerpo estaba temblando asustado, sus propios músculos dolían de la tensión que estaba soportando.

Pareció una eternidad, pero, por fin, Lauren comenzó a respirar de nuevo. Sintió su corazón latir bajo su mano. Bo sintió su cuerpo resentirse mientras su chi entraba en el cuerpo de la humana, pero solo se detuvo cuando ella murmuró algo que no pudo entender. Inmediatamente, Bo alejó su rostro del de ella hasta que la pudo ver con claridad. Sus ojos de avellana estaban abiertos, observándola detenidamente.

Bo lloró de nuevo y no pudo detener el deseo de besarla, de sentir sus labios, pero esta vez, estaban muy vivos. Lauren se quejó dolorida y la súcubo se retiró enseguida.

—Está bien, amor, estás aquí conmigo —le susurró Bo dulcemente—. Vas a ponerte bien.

La temblorosa mano de Lauren se acercó al rostro de la fae. Sus dedos quisieron limpiar sus lágrimas y Bo sonrió tomando su mano entre la suya. La doctora cerró los ojos exhausta.

—Eres mi vida entera —las palabras a Bo se le atragantaron y no pudo seguir hablando.

Tomó el cuerpo de Lauren con sumo cuidado. Pensó en llevarla con las amigas kitsunes de Tamsin, ellas podrían ayudar a curarla. No se le ocurría otro sitio a dónde pudiera llevarla y que no comprometiera su seguridad. Debieron de ser los faes, ellos le habían declarado la guerra a los humanos. Creían que Lauren era una terrorista que quería acabar con todos ellos. Sin embargo, ¿dónde se habían metido Dyson y Tamsin? ¿No estaban con Lauren cuando la valquiria la llamó? Bo sacudió su cabeza confusa. Ella podía pensar en eso más tarde, ahora debía de poner a Lauren a salvo.