Notas: me he tomado más tiempo para publicar este capítulo, pero sigo escribiendo igualmente para adelantar contenido, ya que las próximas semanas será difícil que pueda escribir, así tendré material para publicar. Háganme saber qué les pareció, me interesa mucho saber vuestra opinión (buena o mala, no importa).


ACTUALIZACIÓN 11/04/2014: He corregido algunos detalles y reescrito algunas partes porque los primeros capítulos pueden ser un poco confusos para entender. Espero que ahora hayan más pistas y sean más claros, aunque de todas formas, lo que sucede se explica más adelante.


Lauren estaba sentada en la cama, aparentemente tranquila, pero un gesto de dolor en su rostro delataba que no estaba bien. Bo se sentó a su lado y se asustó al verla de cerca. Los golpes en su rostro, su ojo hinchado y oscuro, el rastro de sangre en la nariz, el labio partido, vendas que cubrían parte de su cuerpo… La fae se estremeció y no pudo evitar sentirse inmensamente culpable. La idea de poderla perder la estaba atormentando de una forma cruel.

—Tamsin me llamó —dijo cautelosamente la súcubo—, me dijo que…

—Está jugando contigo —la interrumpió—. Ella esconde algo.

Bo la miró fijamente. El maltrato que tenía Lauren en su cuerpo no la dejaba concentrarse en nada más sino en hacerle pagar muy caro a quien se hubiera atrevido a golpearla de esa manera.

—¿Quién te ha hecho esto? —preguntó sintiendo temor por saber la respuesta. Lauren tomó aire, volteó su rostro hacia otro lado, donde Bo no pudiera ver sus ojos, y apretó los puños contra la cama—. Está bien si no quieres contármelo —dijo suavemente la súcubo al ver la tensión en el cuerpo de la doctora.

—Creo que era una mujer —la interrumpió Lauren—. Rubia, de eso sí estoy segura.

—¿Tamsin? —casi gritó incrédula la súcubo.

Lauren se encogió de hombros incapaz de darle una respuesta más concreta y Bo apretó los dientes furiosa. Si había sido ella, lo iba a descubrir pronto. ¿Qué motivo podría tener para atacarla de esa manera? ¿Acaso había sido alguna orden por parte de la Morrigan? ¿Algo personal? Era demasiado confuso y estaba demasiado enfadada como para poder pensar claramente, pero tenía claro que este ataque no se iba a quedar así. Iba a descubrir quién lo había hecho y… El tacto de la mano de la doctora sobre su brazo la calmó momentáneamente y apartó de golpe todos sus pensamientos.

—Todo ocurrió muy rápido —dijo la doctora serenamente—, no estoy muy segura de que fuera ella.

—Está bien, no pienses en eso ahora —le comentó Bo tratando de quitarle importancia al asunto—. Tienes que ponerte bien, luego veremos cómo resolvemos esto.

Lauren retiró su mano y la miró con una mueca que pretendía ser una sonrisa, pero se quedó muy lejos de serlo. El silencio se hizo entre las dos y Bo sintió que era el momento de sincerarse, de decir todas esas cosas que durante todo este tiempo se habían quedado en su cabeza, incapaces de salir por su boca. Se sentía tan culpable, tan avergonzada… No solo por lo que había sucedido hacía unas horas, sino por todo lo que había sucedido más atrás, todo aquel asunto con Taft, con la desaparición de Lauren, todo aquello era una tortura para ella.

—Han sucedido muchas cosas y he hecho muchas estupideces últimamente —comenzó a decir Bo—, ni siquiera creo que tenga derecho a justificarlas… Quiero que me perdones, Lauren, he sido muy injusta contigo y he sido una completa imbécil.

—Mi vida —dejó escapar la rubia tras un pesado suspiro—, ha sido un infierno estos últimos años. Esclavizada por los faes, con Nadia en coma… Si te contara todo lo que se pasó por mi cabeza, si supieras las locuras que pensé en hacer… Me hubiera rendido, Bo, hubiera dejado todo, hubiera renunciado incluso a mi vida… —Las lágrimas se agolparon en sus ojos y su voz se quebró—. Pero tú apareciste. Tú viniste a mi vida y de pronto algo dentro de mí volvió a vivir. Y con lo del Garuda y la muerte de Nadia, el mundo se me volvió a venir encima, pero tú estabas ahí, Bo, y pensé que podría superarlo, pero solo lo dejé a un lado.

—Estoy aquí, Lauren, quiero ayudarte, quiero que luchemos juntas, quiero ser tu apoyo —le rogó mientras varias lágrimas bajaron por su rostro—. Amor, deja que te ayude.

—No puedo, Bo, incluso contigo —le respondió con la voz temblorosa—. Después de lo de Taft, los faes y su guerra contra los humanos, tú… —Ella no pudo seguir nombrando todo lo que le producía dolor y simplemente sacudió la cabeza tratando de apaciguar inútilmente la angustia—. Este dolor me supera. Siento que debo alejarme de todo, siento que… Me ahogo, siento que me estoy ahogando, no puedo seguir respirando y necesito tomar aire.

Bo posó su mano delicadamente en su barbilla, levantando su rostro, evitando hacerle daño con su gesto. Sus miradas se encontraron. La súcubo le regaló una sonrisa que Lauren no pudo corresponder. Bo rompió el contacto físico y quiso hacer lo mismo con el visual, pero su mirada quedó atrapada en la de Lauren. Cuanto más tiempo la observaba, más dolor y culpa se amontonaban en su pecho. Su rostro herido, su rostro roto… Se había equivocado, maldita sea, tenía que admitirlo. Había antepuesto todo ante ellas y ahora era demasiado tarde. Lo entendió, había roto el corazón de Lauren en mil pedazos y no se iba a recomponer fácilmente. Le pareció una idea estúpida, pero su rostro era un símil con su alma, ambos estaban destrozados, ambos por su culpa. Pero esta vez no quería asentir y ser la novia comprensiva, esta vez iba a dejar claro lo que sentía.

—Escúchame bien, Lauren Lewis —dijo Bo tomando las manos de ella con fuerza—. Quiero que tengas algo muy claro: eres suficiente para mí, lo eres desde el primer momento en que te conocí y lo serás hasta mi último aliento. Yo podré ser fae, súcubo, lo que sea, pero tú siempre eres lo primero en mi mente y nada me llena como lo hace tu simple sonrisa. Eres más de lo que jamás podría merecer y eres todo lo que quiero ahora y todo lo que querré jamás.

Lauren soltó sus manos de las de Bo y apartó su mirada de la de ella. La súcubo pudo ver la emoción en su rostro, cómo temblaba su boca y cómo se esforzaba en no llorar. Ella trató de no emocionarse tampoco, no obstante, las lágrimas salieron sin su permiso.

Bo dudó unos instantes, pero se dejó llevar por el momento. Su mano buscó la de Lauren y sus dedos se entrelazaron. La rubia apretó su mano contra la de la súcubo, aún sin poder mirarla.

—Te amo —susurró la morena dulcemente.

Una sonrisa melancólica se formó en los labios de la doctora y, después de tanto luchar, las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Bo buscó con su mirada la de Lauren, pero ella no apartó la vista del suelo. Sintió cómo su mano la apretaba cada vez más fuerte y un miedo irracional a perderla la invadió por dentro. Era como si supiera que era eso lo que iba a pasar y estaba aterrada.

—Hace unos días recibí una llamada del Ash —habló con apenas voz la doctora—. Me contó sobre un trabajo, algo independiente a los faes, me dijo que era su manera de agradecerme todos mis años de servicios y brindarme protección. —La súcubo sintió como si su corazón dejara de latir durante unos largos segundos mientras ella terminaba de hablar—. Es un trabajo en Europa y he aceptado su oferta. Me voy en dos días.

La doctora levantó la vista hacia Bo. La súcubo pudo ver su rostro cubierto de lágrimas y fue tan doloroso ver su hermosa cara herida, golpeada e invadida por el dolor, que no pudo evitar romper a llorar. No soportaba verla así, quería abrazarla y reconfortarla, quería hacerla cambiar de parecer, pero Lauren apartó su mano de la de Bo y se alejó de ella tímidamente, retirando su mirada y acunándose entre sus propios brazos.

—Quiero que lo entiendas, Bo. Este lugar ya no es seguro para mí, ya no tengo la protección del Ash y todo lo que aquí me rodea me hace mucho daño. —La súcubo la escuchó casi temblando sin poder articular ninguna palabra—. Necesito salir de este agujero negro que me atrapa.

De pronto, Lauren rompió a llorar. La fae sintió su corazón crujir cuando escuchó sus sollozos y comprendió que lo único que estaba logrando estando allí era hacerle daño, pero no quería irse, no podía abandonarla. Diablos, ella no podía pensar siquiera en la idea de que Lauren se fuera de su lado.

—Lauren… —comenzó a decir Bo.

—Me duele tanto amarte —dijo entre llantos la humana—. Te veo y lo único que quiero hacer es abrazarte, pero me quemas como si fueras fuego, y… —su voz se ahogó en un lamento.

—Lauren, por favor… —fue lo único que pudo salir de la garganta de Bo.

—Necesito descansar un rato —le indicó con un hilo de voz después de unos largos minutos en los que ambas no pudieron pronunciar palabra.

La súcubo asintió derrotada por el dolor. La rompía por dentro ver a la mujer que amaba en ese estado, mayoritariamente por su culpa. No era habitual ver a Lauren abatida, la única vez que la había visto así fue cuando ella… Bo sintió hasta náuseas cuando recordó el suceso con Nadia. Nunca lo había visto tan claro. Era algo irreal, el dolor de Lauren parecía meterse dentro de su propia piel, de su mente, de su pecho agitado por las emociones. No podía hacer nada, su propio dolor era tan grande, su corazón estaba tan resentido que se vio incapaz de suplicar. Estaba aterrada por causarle más dolor a Lauren, estaba paralizada por verla así.

—Yo nunca te daré por perdida, siempre estaré para ti —susurró la súcubo mientras su rostro se tornaba en un gesto de dolor y resignación—. Ahora descansa tranquila, aquí estarás bien.

Lauren cerró los ojos y tomó aire pesadamente mientras Bo se levantaba de la cama. Dudó en su camino hacia la puerta de la habitación, quiso darse la vuelta y obligar a Lauren a cambiar de idea. Quiso hacer mil cosas para impedir que su historia acabara así. Sin embargo, sintió como si algo a su alrededor la obligara a hacer todo lo contrario. Cuando salió de la habitación donde había dejado a Lauren, Bo pudo oler de nuevo aquel olor a azufre.