Notas: muchas gracias a los que le han dado una oportunidad a esta historia, a los que siguen leyéndola y a los que comparten sus opiniones y comentarios. Muchas gracias a todos.
ACTUALIZACIÓN 11/04/2014: He corregido algunos detalles y reescrito algunas partes porque los primeros capítulos pueden ser un poco confusos para entender. Espero que ahora hayan más pistas y sean más claros, aunque de todas formas, lo que sucede se explica más adelante.
El Dal Riata no estaba tan lleno como era habitual. Tampoco se respiraba el mismo ambiente entusiasta de otras veces. No le importaba, estaba cansada de dar vueltas por la ciudad, necesitaba un lugar tranquilo y familiar.
Ella no recordaba muy bien qué había sucedido en las últimas horas. Su hombro dolorido le recordaba una pelea en un bar, el que estuviera medio curado le sugería que había estado con alguien, su dolor de cabeza y su cansancio, eran efectos de la borrachera —quizá posterior si era verdad que se había curado—, y la ansiedad y el dolor en su pecho… Bo suspiró agotada mientras se dejaba caer sobre una de las sillas del Dal. El sol estaba alto en el cielo, habían pasado muchas más horas de las que pensaba. Se recostó entre sus brazos sobre la mesa de madera y cerró los ojos.
«Lauren…», escuchó entre sus pensamientos. Sus ojos de color avellana se dibujaban entre sus recuerdos y ella sentía que pequeñas agujas se clavaban en su pecho al recordarla. Su rechazo. Lo único en lo que podía pensar era en su rechazo, en que la había abandonado y que su relación había acabado. Bo pensó en lo bien que le vendría la compañía de Kenzi, pero no recordaba dónde estaba su amiga.
Bo abrió los ojos y levantó su rostro cuando escuchó una silla moverse cerca. Era Dyson, que se había sentado a su lado. Tamsin andaba como un autómata detrás de él, lo observó sentarse e hizo lo mismo, tomando el sitio en la mesa que se encontraba frente a él. Ambos traían una jarra de cerveza propia, pero él se encargó de traer otra más para Bo.
—Eh, mira a quién tenemos aquí —le dijo él con una gran sonrisa mientras le entregaba la bebida.
—Me sorprende que el Dal esté abierto —murmuró Tamsin que parecía totalmente absorta en sus pensamientos.
La súcubo se quedó mirando hacia ella. La valquiria sostuvo su jarra de cerveza entre sus manos y bebió un largo trago ajena al examen inquisitorio de la súcubo.
—¿Has visto últimamente a Lauren, Tamsin? —le preguntó. La rubia fae solo le dirigió una mirada vacía mientras volvía a llevarse la jarra a la boca. Bo la escudriñó cautelosamente—. Lo digo en serio —volvió a insistir.
Tamsin se encogió de hombros. Lo cierto es que no recordaba la última vez que había visto a la doctora.
—¿Está todo bien? —preguntó Dyson.
—No, no está nada bien —le respondió Bo mientras daba un golpe en la mesa.
La valquiria arqueó una ceja, dirigió la mirada directamente a los ojos de Bo y colocó su bebida sobre la mesa.
—No —le dijo Tamsin molesta—, no he visto a tu maldita doctora.
—¿Qué me estás contando? —exclamó Bo furiosa levantándose bruscamente de la silla.
—Eh —le llamó la atención Dyson—, cálmate.
Tamsin también se levantó de la silla y se inclinó sobre la mesa, apoyando las manos sobre ella.
—Si me estás acusando de algo, dímelo directamente a la cara, súcubo —le incriminó la valquiria.
—Tamsin, siéntate —le ordenó Dyson—. Y tú también, Bo —dijo con un tono de voz amenazante y ambas lo hicieron, aunque sin apartar la vista la una de la otra—. ¿Es que ha pasado algo con Lauren? —le preguntó a la morena.
—Tamsin me llamó, Dyson, me dijo que Lauren… —Bo frunció el ceño confusa porque no lograba recordar bien las palabras que le había dicho.
—Está bien —le dijo él—. Tranquila. Parece que has pasado una noche intensa. Vamos a hablar las cosas con calma, ¿vale? Pero relájate con ella.
—¿Qué te pasa con Tamsin? —le incriminó Bo.
—Ha estado conmigo las últimas horas, puedo hablar por ella.
La forma en la que la valquiria miró hacia Dyson hizo que Bo dudara de su palabra. Pero, para empezar, ¿por qué él se molestaría en mentirle para encubrir a Tamsin? La súcubo se llevó la jarra de cerveza a la boca. No debería de beber más alcohol, no obstante, su cabeza parecía que iba a explotar si seguía tratando de recordar con claridad qué era lo que había sucedido en las últimas horas. Ya no estaba segura de qué podría ser verdad y qué se podía haber imaginado.
—¿Podemos hablar sobre el porqué de estar así de alterada? —dijo después de un rato Dyson.
Bo lo miró aún con la jarra en la boca. Los ojos de Dyson parecía que la estaban estudiando profundamente, tratando de averiguar sus más profundos pensamientos. La súcubo suspiró mientras dejaba su bebida de nuevo en la mesa.
—Lauren —dijo simplemente.
Dyson asintió muy serio sin apartar su mirada de ella. Tamsin, por su parte, arrugó su rostro como si hubiera sentido un dolor repentino, pero no emitió queja alguna y permaneció al margen de la conversación.
Bo tomó aire y apretó los puños fuertemente. Puede que no recordara muy bien lo que había hecho las últimas horas, pero el rostro golpeado de Lauren se dibujaba con total nitidez en su cabeza.
—Ella… —la súcubo apartó la mirada hacia el suelo—. Alguien la atacó anoche.
Inmediatamente, Bo miró hacia Tamsin, esperando algún gesto que la delatara, pero la valquiria estaba recostada sobre la mesa con una mano sobre su vientre.
—¿Quién? —le preguntó Dyson alterado—. Espera, ¿no estarás tratando de acusar a Tamsin, verdad?
La súcubo se encogió de hombros y volteó la vista hacia él.
—Me dijo que era una mujer rubia —le aclaró Bo.
—Sabes que hay gente que la odia, ¿verdad? Por todo lo que hizo: el ataque a los faes, la traición al Ash… Pudo haber sido cualquiera, menos Tamsin, ella estaba conmigo.
Bo confiaba en Dyson, confiaba muchísimo en él. Sabía con certeza que jamás le fallaría. Había arriesgado su vida por ella, incluso había tratado de dar su lobo para salvarla, pero por más que lo intentara, no podía creer enteramente en lo que decía, no confiaba en que estuviera diciéndole la verdad. Sintió como si Dyson fuera un extraño.
—¿Pasó algo más entre vosotras, no? —le preguntó el lobo.
Aquella pregunta produjo un extraño efecto en Bo, es como si hubiera activado un interruptor y de pronto todo el dolor que se escondía en alguna parte recóndita de ella, saliera todo de golpe, inundando todo su ser. Casi tembló cuando fue consciente que la conversación que había tenido con Lauren era real, que realmente se iba a ir a Europa, que le había pedido que la dejara marchar.
—Se va, Dyson —contestó Bo tratando de no dejarse vencer por las emociones.
—¿Te deja?
Bo asintió mientras tomaba aire. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no quería llorar más, así que trató de mantenerse como un témpano de hielo.
—¿Crees que estará más segura lejos de aquí? —preguntó Dyson y seguidamente Bo lo miró a los ojos.
—¿Quieres que salga corriendo detrás de ella y la impida irse? No, seguramente tú preferirás que la deje marchar… —dijo Bo nerviosa—. Pero, yo… —no pudo seguir hablando.
—No voy a enamorarme de otra persona, si es lo que te preocupa —dijo él tratando de endulzar sus palabras con una sonrisa—. No puedo enamorarme de nadie más, pero tampoco puedo obligarte a que estés conmigo. Sé lo que sientes por Lauren y mi opinión al respecto es irrelevante. —Dyson posó su mano en el hombro de Bo y la miró a los ojos sinceramente—. Lo único que debes saber es que quiero que seas feliz.
La súcubo lo miró emocionada. Los sentimientos se atragantaron en su garganta. Ese hombre era muy dulce y encantador cuando no debía serlo. Odiaba que Dyson fuera así con ella, porque le parecía que trataba de conquistarla. Sin embargo, no tenía fuerzas para pensar en nadie más que en Lauren, y su desesperación por volver a su lado, era más grande que cualquier otra cosa que hubiera en su cabeza o en su corazón.
—Sé que ahora es todo muy doloroso entre nosotras, pero no quiero que se vaya. Si se va y nunca vuelve… —Bo tragó saliva incapaz de pronunciar las palabras que continuaban esa frase, como si con ello evitara que ocurriera de verdad—. Quiero intentarlo, Dyson, quiero luchar. —Bo miró hacia la jarra medio llena de cerveza—. Cuando la Norn se llevó tu amor por mí, no podíamos hacer nada, pero ella me ama, tiene que haber una manera de volver a algún punto cercano a lo que teníamos antes. Ya sé que todo entre nosotras está lleno de obstáculos, que ella es humana, que yo soy fae, que tengo unas urgencias biológicas, y toda esa maldita historia, pero tiene que haber una manera de que funcione, quizá no de la forma habitual y común, pero algo se tiene que poder hacer.
—Quizá ella lo que ahora necesite es aclarar sus ideas, sentirse mejor consigo misma, olvidarse un tiempo de los faes… Puede que necesite tiempo para curar sus heridas, debes ser precavida con eso.
—Se siente así porque hemos estado cada una en un mundo diferente, totalmente desconectadas. Necesitaba mi atención y yo… No sé cómo permití que pasara esto. Todo se ha vuelto demasiado frío entre nosotras y… —Bo volteó su mirada hacia Dyson—. Tú deberías de ser la última persona que quisiera oír esto —volvió sus ojos hacia su bebida—. Perdona.
—No, está bien, lo entiendo.
—Voy a luchar por Lauren, Dyson, hasta mi último aliento, no voy a permitir que se vaya sin haberlo intentado todo con ella —anunció Bo de pronto sin perder de vista el contenido de su vaso—. Quiero que estés bien con eso.
—Estaré feliz —le contestó él con una sonrisa.
Bo lo miró y luego comenzó a reírse. Dyson frunció el ceño con un gesto divertido y Tamsin permaneció en silencio, totalmente ausente a la conversación entre los otros dos.
—¿Qué? —preguntó el lobo extrañado y uniéndose a sus risas.
—Es que… —Bo dejó de reír y lo miró sonriente—. Es extraño escucharte decir eso. Tú…
El ruido que hizo Tamsin al levantarse de su silla interrumpió a Bo. La valquiria se fue dando tumbos hasta el otro lado del Dal. Dyson se encogió de hombros mientras Bo lo interrogaba con la mirada en busca de una explicación para el comportamiento de la valquiria.
—Últimamente está un poco rara —dijo él sin apartar la mirada de su compañera policía.
—¿Verdad? Tengo la impresión de que está urdiendo algo contra mí.
Dyson se rió y le dio un golpe en el hombro a Bo.
—¡Deja de alucinar! —le dijo él—. Tamsin tiene sus problemas, pero nunca nos traicionaría.
—Pero tengo la extraña sensación de que debería tener cuidado con ella. —Bo rió con una melancolía latente en su rostro—. Necesito dormir muchas horas, mi cabeza está hecha un desastre.
La súcubo observó el ambiente en el bar. Fue muy extraño no encontrar a Trick en la barra, en su lugar había una mujer de pelo rubio, muy similar al de Tamsin, pero sus ojos eran azules. La tabernera levantó la mano en gesto de saludo cuando la mirada de Bo se chocó con ella. La fae volvió su atención a su jarra y se la llevó rápidamente a la boca.
