Lo primero que veía eran sus ojos, oscuros y profundos que la examinaban sin pudor. Se percataba de su sonrisa, traviesa y dulce, que la invitaba a besarla, y su piel, pálida, cálida, suave y desnuda, que la incitaba al deseo. Recordaba la dulzura con la que le acogían sus brazos al despertar y su voz mañanera que le susurraba palabras que le producían una absurda sonrisa. Sus dedos se enredaban entre el cabello rubio, su piel entraba en contacto con la de ella y sus labios la llenaban de besos tiernos. Entonces, ambas sabían que tenían que continuar con lo que empezaron por la noche.

Bajaban juntas hacia la cocina, casi a mediodía. Kenzi pocas veces las acompañaba, pero siempre dejaba una buena cantidad de café preparado. Lauren siempre ofrecía una explicación científica al efecto de la cafeína, o del desayuno como primera comida del día, incluso alguna vez sobre sexo en la mañana. Bo la miraba con una sonrisa en la boca y la otra siempre olvidaba que no estaba entendiendo ni la mitad de lo que le estaba diciendo. Lauren reía torpemente y la súcubo la abrazaba uniéndose a su risa. Sabía que podía pasar el resto del día atrapada en su mirada, permitiendo que su cuerpo entero fuera retenido por ella. Eran pocas las veces en las que no lo permitía.

Sin embargo, un día, Kenzi dejó de preparar café por las mañana, Bo olvidó sus gestos y palabras de cariño y Lauren amaneció casi siempre sola. El calor con que la llenaba aquella relación se disipó y todo se cubrió de una fina capa gélida que iba ganando grosor a una velocidad vertiginosa. Pero debajo del hielo ardía una llama que era imposible de apagar, para la fortuna o el pesar de Lauren. Esa era la idea en la que pensaba en aquel momento, fue el mejor símil con lo sentía tanto físicamente como en su pecho.

Lauren se acunó entre sus brazos, tratando de sofocar el frío que invadía su cuerpo. Allí, en la soledad, entre la penumbra y suciedad de aquella celda, se dio cuenta que más que cautiva de los faes, lo era de Bo. Cualquier rastro de desesperación o amargura trataba de cubrirlo con serenidad y con la certeza de que ella estaría bajo la protección de Dyson, que ambos estaban seguros. Si el precio por proteger la vida de Bo era dar la suya propia, ella estaba más que dispuesta a pagarlo, pero su cuerpo temblaba estremecido cuando a duras penas se daba cuenta de la realidad a la que se enfrentaba. No podía evitar sentir terror ante la idea de la muerte.

«Te has cruzado tantas veces en mi vida y al final conseguiste atraparme», pensó mientras una lágrima solitaria cruzaba su rostro.

Los golpes secos de unos pasos la alertaron. Lauren levantó la cabeza, trató de vislumbrar entre las sombras quién se acercaba. Durante algunos segundos le fue imposible, pero al cabo de un rato, vio dos siluetas que se movían hacia su celda. Lauren quiso ponerse en pie, pero le fallaron las fuerzas. Entonces, fue cuando se dio cuenta de que estaba muerta de hambre y sedienta. Estaba segura de que no llevaba demasiadas horas allí, quizá cerca de un día, pero habían pasado muchas más horas desde que se había llevado algo a la boca.

Uno de los hombres que antes la había traído hasta allí, estaba ahora en la puerta de su celda, observando hacia la otra silueta que aún no era capaz de ver.

—¿Seguro que quieres entrar ahí? —murmuró el hombre.

No hubo ninguna contestación. El varón se apresuró en sacar un manojo de llaves para abrir la puerta. Cuando lo hizo, se apartó y la figura de la Ash se posicionó en su lugar. En seguida, su mirada se clavó en la de Lauren.

—¿Cierro la puerta? —dijo él.

—Vete —contestó con frialdad en su voz.

—Pero…

—He dicho que te vayas —lo interrumpió ella.

El hombre obedeció y se fue dando traspiés. Parecía atemorizado por la mera presencia de la mujer. Lauren la observó con dificultad por la poca luz. Vio los mismos rasgos inocentes e infantiles. Le fue imposible imaginar qué podía influir tanto miedo en su aspecto.

Después de uno o dos minutos, la Ash retrocedió y salió de la celda. Lauren se vio tentada a escapar, pero estaba tan debilitada que pensó que no podría llegar demasiado lejos. En vez de eso, se acurró, sentada sobre el húmedo piso, y trató de darse calor abrazándose fuertemente contra sus piernas encogidas. Apoyó la cabeza entre sus rodillas y cerró los ojos. Quería dormir, pero ese maldito frío había calado bajo su piel y la mantenía despierta.

Pasó un rato y luego volvió a escuchar pasos muy cerca. Alguien había vuelto a entrar en su celda y no se molestó en comprobar de quién se trataba —en verdad, ni siquiera pudo abrir los ojos—. Sin embargo, levantó ligeramente la vista asustada cuando algo cubrió sus hombros. Lo primero que vio fue un cuenco con un caldo caliente frente a ella, y lo siguiente, fue a la Ash, que era quien lo sostenía. Se dio cuenta de que además la había cubierto con una manta. Lauren dudó si lo que veían sus ojos era verdad o se había quedado dormida, pero cuando sus manos tomaron el recipiente con comida, sintió un calor muy real. No tardó en llevárselo a la boca, aunque casi instantáneamente se detuvo.

—No tiene ningún tipo de veneno —dijo la otra adivinando sus pensamientos—. Necesitas alimentarte.

La humana no confió en su palabra, aquella amabilidad y compasión le resultaban sospechosas, pero igualmente estaba muerta de hambre y sabía que iba a morir en cualquier momento, de una forma u otra, así que comenzó a comer sin darle más importancia.

—Te he traído agua —volvió a hablar la Ash y Lauren la miró sorprendida mientras el gesto de la otra era serio—. Tampoco está envenenada.

La humana trató de seguir comiendo. Era cierto que los faes habían cuidado de ella en el pasado, pero no esperaba ninguna cortesía después de que la acusaran de traición.

—¿Por qué lo hiciste? —le preguntó después de un rato la Ash.

Lauren quiso contarle lo que pasó en el complejo y explicarle cómo tuvo que engañar a Isaac Taft para salvar a todos los faes. Quiso decirle que los experimentos con los faes, los laboratorios secretos, todos los humanos que protegían el lugar… que todo aquello había sido de él y no de ella, que ella solo fue una marioneta más al que Taft engañó para conseguir su objetivo. No obstante, sabía que era inútil, jamás la creerían y no sabía si lo mejor era que no revelara lo que él y ella habían descubierto. Incluso Lauren aún no podía creerse lo que habían logrado hacer: un híbrido entre fae y humano era una de las cosas más sorprendentes e inimaginables que podría haber visto jamás. Sin embargo, hubiera querido estudiar de cerca a Taft, comprobar si un híbrido podría ser viable a largo plazo, la evolución de su ADN, cómo se comportaría su cuerpo en las nuevas condiciones... Todas las incógnitas se quedaron en el aire con la muerte de Taft. Lauren no dudaba que al liberar a Dyson, después de engañar al científico humano, el lobo había terminado con la vida del hombre en venganza por la muerte de todos los faes a los que había matado en sus experimentos y por el trato que le había dado a sus homólogos faes. Lauren finalmente prefirió callarlo todo.

—Los faes me habéis quitado todo —contestó la humana con desdén—. La pregunta debería ser por qué no lo hice antes.

—Doctora Lewis, usted es una brillante mente que ha investigado, descubierto y catalogado mucho más sobre nosotros que cualquier otro científico fae —le replicó la Ash.

—Ningún fae ha valorado nada de mí, ni siquiera los que consideraba amigos —le dijo con una melancolía latente en sus palabras—. Supongo que los faes son siempre faes, da igual lo amigables que sean con los humanos, siempre estarán antes que nosotros.

—Escúchame —añadió la Ash mientras se ponía en pie—, si fuera por mí, me ahorraría todo este drama, pero con tu atentado, la Morrigan convenció a los ancianos y nobles de comenzar una estúpida guerra contra los humanos reclamados por los faes. Lo que provocó, la muy zorra, fue un caos mucho mayor: el antiguo Ash desapareció, ella también, y básicamente las Luces y las Sombras se quedaron sin líderes, así que los usurpadores trataron de alzarse con el poder. Lo último que sé es que las Sombras nombrarán en breve un nuevo sucesor y que actualmente hay tres Ash —explicó con cierta rabia dándole la espalda y quedando a contraluz de una pequeña ventana que dejaba entrar la poca claridad del exterior. Su imagen produjo un escalofrío inexplicable en Lauren—. Sin embargo, yo soy la que te ha capturado y con tu ejecución ejemplar pretendo ganarme el favor y apoyo de los ancianos y los nobles de la Luz. Seré nombrada la Ash legítima y todo volverá a la normalidad.

Lauren colocó el cuenco vacío en el suelo y tomó el agua que le había traído la otra mujer. Si era verdad que el poder de las Luces y Sombras se había debilitado de tal forma, los demás estarían demasiado ocupados como para tratar de salvarla. O quizá sí que estaban tratando de buscarla, pero era consciente de que era imposible encontrarla y mucho más liberarla. Si la mayor parte de nobles y ancianos estaban allí, no iban a permitir que se cancelara su ejecución. Los faes eran demasiado orgullosos como para permitir que un grupo de humanos los utilizaran para sus propios experimentos como si fueran animales, ellos clamarían venganza y Lauren era lo único que tenían para ello. Además, ni siquiera ella misma sabía a dónde la habían llevado. Tampoco tenía demasiadas ilusiones sobre que alguien viniera a rescatarla, había visto a Bo irse del complejo de Taft y la súcubo no se había molestado en volver a por ella. Lauren sintió su corazón encogerse del dolor al recordar las horas que malgastó en el complejo esperando por Bo.

—Sé que esto no es un ataque vengativo por tu parte —habló de nuevo la Ash—, sé que sabes algo que no quieres contar, pero de una manera u otra —dijo dándose la vuelta para mirarla— lo sabré.

La humana la observó mientras acababa de beber el agua. Pensó que lo mejor era que la Ash pensara sobre ella lo que quisiera porque todo lo que había hecho Isaac Taft en su complejo era demasiado peligroso para que saliera a la luz. Lo mejor que podía hacer ahora mismo la fae era terminar con su tortura de una vez por todas, Lauren ya estaba demasiado cansada de toda aquella situación, pero sobre todo estaba cansada de los faes.

La Ash se agachó de nuevo frente a Lauren. Sus ojos claros se encontrar con los de ella y la humana comenzó a sentir un extraño sentimiento de intranquilidad que la obligó a apartar la mirada de la de ella. Escuchó una risa de la líder fae y sintió cómo agarró su cabeza con sus dos manos. Lauren cerró los ojos instintivamente sintiendo el miedo recorrer su cuerpo de pronto.

—Acabemos con esto de una vez. Mírame —le exigió, aunque la humana siguió con los ojos cerrados—. ¡He dicho que me mires!

Un terror irracional comenzó a brotar desde el interior de Lauren. Estaba segura que no era producido solo por la violencia que mostraba la fae, era algo más siniestro y escalofriante, algo que Lauren no podía explicar.

—¡Abre los ojos! —le gritó.

Entonces, la humana supo que no debía hacerlo. Ante su negativa, la Ash apretó más sus manos contra su cabeza y se levantó, obligando a Lauren a hacerlo también. La manta cayó al suelo mientras la doctora luchaba por no ceder ante sus palabras.

Quizá fue la adrenalina que recorría su cuerpo, debido al miedo, la que guió sus actos y provocó que su rodilla se clavara en el pecho de la líder de las Luces de repente. Ésta retrocedió, liberándola inmediatamente. Lauren cayó al suelo parando un golpe mayor contra el suelo gracias a sus manos. Sin embargo, un dolor agudo en el hombro, que anteriormente se había golpeado, produjo que finalmente cayera al suelo dolorida.

—Vaya con la doctora… —bufó la Ash aún fatigada por el golpe en su pecho.

Lauren aún temblaba asustada y un sudor frío empapaba su cuerpo tembloroso. Trató de incorporarse, aunque fue incapaz, sus músculos estaban rígidos. Fue tarde cuando se percató del pie que se acercó a su rostro velozmente y que la noqueó. Lauren cayó inconsciente al suelo mientras la Ash la observaba arrogantemente.

—Desearía no matarte —dijo, aunque Lauren ya no podía escucharla—. Creo que podrías sernos de bastante utilidad, pero pienso en tu muerte como un sacrificio. Tú podrías ser la prueba que demostraría que nuestra relación con los de tu especie debe cambiar. —La líder de las Luces se acomodó el pelo mientras hablaba—. Esta arcaica y estúpida sociedad fae necesita modernizarse antes de que acabemos matándonos los unos a los otros.

La Ash caminó hacia el exterior de la celda. Casi al instante volvió a aparecer el mismo hombre de antes.

—Quiero el dossier entero de la doctora Lewis en una hora —ordenó.

El otro quiso rechistar, pero quizá se pensó que era mejor idea no hacerlo y corrió a cumplir su mandato. La líder dirigió una última mirada hacia el cuerpo inmóvil de la humana.

—¡Qué alguien cierra bien esta celda y la mantenga vigilada hasta mañana! —gritó y rápidamente apareció alguien que complació sus deseos.

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Los rayos de sol que se filtraron por el ventanuco cayeron directamente sobre su rostro. Lauren arrugó la cara mientras trataba de tapar la fuente de luz con las manos. Abrió los ojos lentamente. Su cuerpo estaba dolorido, aunque lo más que le dolía era la cara. Se llevó los dedos a ella y descubrió un rastro de sangre seca que provenía de su boca. Apenas pudo sentarse sobre el suelo, sus músculos estaban entumecidos, posiblemente por el frío y por dormir en el suelo.

Lauren se estremeció de repente cuando viejos recuerdos volvieron a su cabeza. Los recuerdos de su anterior vida como Karen: las guerrillas, la vez que la capturaron, la muerte de sus amigos… ¿Cuál fue la decisión que la llevó hasta la situación en la que se encontraba en aquel preciso momento? No estaba segura, lo único que sabía era que el día que se cruzó con los faes fue uno de los más desafortunados sucesos en su vida. Si no fuera por ella… Su corazón se agitó en su pecho por el mero hecho de recordarla. ¿Conocer a Bo era suficiente como para soportar todo el sufrimiento que habían traído los faes a su vida? Quizá sí, si hubiera sido más fuerte en su relación con ella las cosas habrían sido diferentes, o eso pensaba Lauren.

Tres figuras se postraron frente a la puerta de su celda. Ya no tenía tiempo de culparse a sí misma o de pensar en sus errores. Era inútil porque su tiempo había terminado.

Dos figuras se acercaron a ella, después de abrir la puerta. Ni siquiera se molestó en ver sus rostros. Cuando levantó la vista solo se fijó en los ojos naranjas de la persona que se quedó junto a la puerta. Lo conocía y él a ella, ya que Lauren le salvó la vida una vez cuando fue atacado por un grupo de infrafaes.

—Doctora —escuchó decir cuando pasó a su lado—, la hora ha llegado.

Lo cubría una túnica negra, amarrada por delante con una cadena de la que colgaba un medallón cuyo símbolo conocía muy bien: la marca del Ash. No tuvo que imaginarse que al que una vez salvó de la muerte, ahora iba a ser el que terminara con su vida. Lauren conocía lo que estaban haciendo: era una antigua ceremonia de sacrificio para honrar al Ash y para que los antiguos dioses lo protegieran. La líder de las Luces jugaba bien su papel de ganarse el aprecio y respeto de los nobles y ancianos evocando las viejas tradiciones. Recordarla produjo escalofríos en su cuerpo. Ahora comprendía el miedo que sentían los demás hacia la Ash.

El camino fue largo, pero más pronto de lo que le gustaría a Lauren, llegaron hacia la multitud impaciente que esperaba por su muerte. La Ash estaba de pie frente a los demás, aguardando su llegada mientras sujetaba la espada del primer rey de las Luces, Lauren pudo reconocerla fácilmente.

Las manos de Lauren fueron atadas y fue obligada a arrodillarse frente a la Ash que posaba arrogante junto a un séquito de guardias a su alrededor.

—Acabemos rápido —dijo la líder fae mientras hacía entrega de la espada al fae de ojos naranja, postrado al lado de la humana.

Lauren bajó su vista al suelo, incapaz de prestar atención a nada. Solo esperaba que el golpe fuera certero y que cumpliera con las palabras de la Ash: que fuera rápido. Se dio cuenta de que estaba temblando, a punto de llorar, pero no quería darles una imagen de debilidad a los faes.

—Algunas últimas palabras —preguntó la voz ronca del verdugo.

La humana tragó saliva nerviosa y el recuerdo de Bo provocó que los ojos se inundaran de lágrimas.

—La persona que tiene que oírlas no está aquí —respondió con la voz quebrada sin que pudieran oírla claramente.

El fae miró hacia la líder de las Luces esperando su aprobación. Ella tomó aire y dio un paso al frente para hablarles a los demás:

—¿Alguien quiere decir algo antes de la ejecución? —preguntó la Ash hacia la multitud.

Se escucharon algunos murmullos y un ruido al fondo de la sala, pero nadie dijo nada. La fae dirigió su atención al verdugo que esperaba su orden.

—¡Yo me opongo! —gritó alguien que se aproximaba desde la puerta antes de que la Ash pudiera abrir la boca.

—Es decir —corrigió otra voz femenina que acompañaba al hombre—, ¡detengan la ejecución!

El sonido de sorpresa de los presentes retumbó por toda la sala. La Ash dio varios pasos hacia el grupo de personas totalmente atónita, esperando a que se mostrara el autor de dichas palabras.

—Eso es lo que estaba diciendo, Kenzi —se le oyó decir al hombre.

—Hale, esto no es una maldita boda, no puedes entrar diciendo eso, le quitas el golpe de efecto.

La figura de Hale se mostró ante la multitud, a su lado se encontraba una delgada muchacha de pelo negro y ojos azules. Lauren levantó su rostro hacia ellos y pudo ver como Kenzi casi se echa a correr hacia ella, si no es por el sireno que la detuvo a tiempo con un gesto brusco.

—Ya no eres el Ash —profirió la fae—, no tienes ningún poder ni derecho sobre lo que se decida en esta sala.

—Por la antigua tradición, convoco el derecho del Clan Zamora al parlamento con el líder de las Luces —le espetó con una sonrisa socarrona.

—¿Qué? —exclamó ella.

—Según las antiguas tradiciones, el Clan Zamora tiene derecho a parlamentar con el Ash sobre decisiones de relativa relevancia —dijo él manteniendo el talante.

—¿Crees que podrás hacerme cambiar de idea?

—No lo sé, pero ¿vas a incumplir un pacto milenario?

En el rostro de la líder fae se dibujó la más absoluta rabia cuando ordenó que se llevaran de nuevo a Lauren a las celdas subterráneas.

Kenzi tomó fuertemente la mano de Hale mientras observaba impotente el rostro magullado de la doctora y cómo la arrastraban como si fuera un saco. Fue esa imagen la que le reveló la gravedad de la situación. Realmente estaban dispuestos a matarla y supo que ella y Hale tenían que hacer algo para impedirlo.