Notas: Otro capítulo más largo que los anteriores. Espero que lo disfruten. Gracias por leer y dejarme sus comentarios.
Agradeció la velocidad y potencia del coche "cedido" por la Morrigan y que poseía por alguna razón Kenzi. Le había costado bastante encontrarla y apenas le había dado explicaciones sobre a dónde iban y cuál era la situación en la que estaban. El tiempo corría en su contra.
—Lo que pasa, Kenzi —trató de decirle Hale—, es que varios faes de las Luces, bastante influyentes, se están disputando ser el próximo Ash y la lucha se ha vuelto una caza de brujas.
La humana lo miró con preocupación. Hale no apartaba la vista de la carretera mientras conducía a toda prisa.
—¿Caza de brujas? —le preguntó confusa—. ¿A quién cazan?
—Bueno, más bien a una sola persona y no una bruja, sino una doctora —se lamentó él—. Y todo por mi culpa…
—Pero Lauren se lo buscó cuando…
—No, Kenzi —la interrumpió él—, Lauren es más lista que eso. Ella conocía todo sobre nosotros, si quería un ataque magistral hubiera ido a por los faes poderosos y nunca hubiera dejado rastro. Habría sido preciso, letal, rápido y silencioso. Hubiera desestabilizado todo nuestro sistema sin que casi nos hubiéramos dado cuenta.
—Bueno —dijo ella tratando de entender su punto de vista—, supongo que tener un frasco de veneno con tu nombre no es lo más inteligente del mundo —comentó recordando el frasco del que le había hablado Bo y con el que envenenaron a Dyson cuando se lo llevaron los humanos.
—¿Y tú estás bien? —preguntó de pronto Hale tratando de mirarla, pero Kenzi había volteado la vista hacia el paisaje que pasaba veloz detrás del cristal del asiento del copiloto.
—Sí —dijo sin más.
—¿Qué hacías en medio de la carretera sola?
—Protegerme de los secuaces de la barbie de las Sombras —suspiró mientras apoya su rostro sobre su mano—. ¿Entonces, vamos a por Lauren? —dijo cambiando de tema súbitamente.
—Sí, conociendo a los faes, estará en un buen lío y, además, tiene que saber dónde se han metido Bo y Dyson — añadió Hale tras un suspiro de contrariedad—. Mierda, tenía que haberle dado más espacio, no tratarla como una esclava. Ella nunca hubiera huido y…
—Sí, fuiste un completo idiota, no hace falta que lo repitas tantas veces —dijo Kenzi aún con la vista perdida tras el cristal del coche—. Creo que es un efecto secundario de ser Ash, pero ya no conseguirás nada lamentándote por eso.
Hale siguió conduciendo a toda velocidad en silencio mientras Kenzi trataba de recopilar toda la información.
—Pero —dijo después de un rato la humana—, ¿para qué quieren a Lauren?
El sireno la miró con un gesto de preocupación y ella imaginó su respuesta sin necesidad de que él pronunciara palabra alguna. Kenzi tragó saliva, nerviosa por empezar a ser consciente de que la vida de la doctora estaba en grave peligro.
Hale siguió conduciendo agradeciendo el silencio de Kenzi después de tantas preguntas. Él había tenido que recurrir al Ojo para encontrarla, incluso trató de que localizara a Bo y Dyson, pero no fue capaz de hallarlos. Lo único que pudo averiguar de ellos es que habían estado con Lauren, la cual sí pudo encontrar. Ahora le debía un montón de favores a ese desagradable fae, pero no le importaba. Los faes habían capturado a Lauren. Al principio, creyó, al igual que todos, que aquel atentado contra los faes, en la ceremonia que lo iba a coronar como Ash, había sido orquestado por ella y se sintió inmensamente culpable porque sabía que la había tratado como una basura y, en el fondo, el hecho de que se rebelara lo había provocado él. Sin embargo, había algo que no entendía. Todas las pruebas la ponían en una clara evidencia y la doctora era demasiado inteligente y conocía muy bien aquel mundo como para ser tan descuidada. Si hubiera querido una venganza real, ahora mismo las cosas serían muy diferentes. Además, Lauren era una mujer con unos principios y con una ética férrea, no sería capaz de poner en peligro vidas inocentes por un simple deseo de hacer pagar el maltrato recibido por los faes todos estos años.
Por fin llegaron al destino haciendo un derrape y levantando mucho polvo. Kenzi se agarró como pudo para evitar salir volando a través del cristal o golpearse contra la guantera del coche.
—¡Vamos, rápido! —gritó Hale apenas el vehículo se detuvo.
Ambos se bajaron a toda velocidad del coche, pero dos hombres corpulentos y vestidos de traje negro se acercaron a ellos dándoles el alto. En seguida, Hale se interpuso entre ellos y la humana.
—Pertenezco al Clan Zamora y como noble tengo derecho a asistir al evento.
Kenzi dio un paso hacia atrás, nerviosa por la tensión que se creó entre los guardias y el sireno, pero Hale tomó su mano con fuerza y clavó su mirada de forma desafiante en los ojos de los hombres más grandes.
—Está bien —cedió al final uno de ellos—, podéis entrar, pero no arméis ningún jaleo.
Casi ni había terminado de hablar cuando la pareja se abalanzó dentro del almacén velozmente. Hale apenas vio la figura de Lauren a lo lejos cuando comenzó a gritar:
—¡Yo me opongo! —chilló desde casi la puerta.
—Es decir —corrigió Kenzi—, ¡detengan la ejecución!
La sala se llenó de murmullos y de gestos de sorpresa mientras avanzaban con paso firme entre la multitud.
—Eso es lo que estaba diciendo, Kenzi —protestó el sireno mientras se acercaban hacia Lauren.
—Hale, esto no es una maldita boda, no puedes entrar diciendo eso, le quitas el golpe de efecto —replicó ella.
Lo primero que vieron fue a la Ash con gesto arrogante rodeada de un grupo de faes que parecían ser su séquito de seguridad. Uno de ellos, sin embargo, destacaba del resto, ya que estaba vestido con una túnica negra y sostenía una ancha espada de hoja brillante. Kenzi casi tembló imaginándose para lo que podía ser, y asustada, buscó a Lauren entre ellos. La humana miraba hacia ellos con un terror evidente dibujado en sus pupilas. Instintivamente, Kenzi quiso salir corriendo hacia la doctora cuando vio sus golpes y el maltrato presente en su cuerpo, pero Hale no se lo permitió.
—Ya no eres el Ash —profirió la líder fae—, no tienes ningún poder ni derecho sobre lo que se decida en esta sala.
—Por la antigua tradición, convoco el derecho del Clan Zamora al parlamento con el líder de las Luces —le espetó con una sonrisa socarrona.
—¿Qué? —exclamó ella.
—Según las antiguas tradiciones, el Clan Zamora tiene derecho a parlamentar con el Ash sobre decisiones de relativa relevancia —dijo él manteniendo el talante.
—¿Crees que podrás hacerme cambiar de idea?
—No lo sé, pero ¿vas a incumplir un pacto milenario?
El corazón de Hale y Kenzi latían temerosos, expectantes ante la respuesta de aquella mujer que estaban empezando a odiar, pero finalmente ella cedió con rabia.
—¡Llevaos de nuevo a la humana! —ordenó con un grito.
La forma en la que se llevaron a Lauren, como un mero objeto sin valor, llenó de rabia e impotencia a Kenzi que agarró fuertemente el brazo del sireno tratando de calmar las ganas de salir corriendo a liberarla.
—Tranquila —le susurró él—, Lauren es fuerte, la vamos a sacar de esta. Voy a hablar con la Ash y voy a impedir esto.
—Tengo que intentar acercarme a ella —dijo ella de pronto.
—¿Cómo? —exclamó Hale.
—Infiltración silenciosa, es una de mis especialidades, será pan comido llegar hasta Lauren y no actúes como macho protector porque no te voy a hacer caso.
—Pero… —Kenzi levantó la mano amenazante interrumpiendo sus palabras—. Ten cuidado —accedió él no muy convencido.
—Tengo tu amuleto, ¿recuerdas? —le contestó con una sonrisa mientras ya se alejaba.
Hale sonrió hasta que su vista se cruzó con la de la Ash, entonces, su rostro se tornó serio. El sireno se acercó hacia la mujer que lo miraba con desdén. Cuando estuvo a una distancia cercana, ella le hizo un gesto con la cabeza para que la siguiera. Se dirigieron a una pequeña habitación al otro lado de la sala. Dentro, solo había una mesa llena de papeles y una silla acolchada de piel marrón. Los escoltas de la Ash se dirigieron hacia la multitud de la sala, inmersa en un alboroto por aquella inesperada interrupción, tratando de mantener el control y dejando a la mujer y a Hale completamente solos.
—Entonces —dijo ella cuando ambos habían entrado a la habitación—, ¿qué es lo que quieres opinar sobre esta situación?
—No tienes ninguna prueba concluyente que demuestre que la doctora es la autora de todo lo que se le acusa.
—Tengo esto —protestó la fae mostrándole el frasco vacío del veneno con el que habían atacado a Dyson y cuya etiqueta tenía escrito el nombre de Lauren Lewis.
—¿Cómo has conseguido eso?
—Tengo amigos. Aparte de eso, la doctora fue arrestada cerca de un lugar bastante curioso donde se mantenían prisioneros a numerosos faes con los que experimentaba. Algunos humanos que trabajaban allí, y que fueron capturados, confirmaron la participación de la doctora en toda esa barbarie que estaban cometiendo —explicó la líder fae con una falsa sonrisa—. ¿Ves? Esto no es lo que piensas, ella hizo todo, existen numerosas pruebas.
—Tú no la conoces. Ella sería incapaz de un ataque así y aunque lo hubiera hecho ni siquiera nos hubiera dado tiempo a reaccionar.
—Así que estás admitiendo que es peligrosa.
—No tergiverses mis palabras —le advirtió Hale con una mirada amenazante.
—Dame solo una prueba irrefutable de su inocencia y pararé su ejecución. No me vale tu palabra, después de tu renuncia como Ash nadie confía en ti. Quiero algo sólido.
El sireno apretó los dientes furioso. Estaba a punto de golpearla y salir corriendo a liberar a Lauren él mismo.
—¿No tienes nada, verdad? —se burló la fae—. Lo suponía. Pero no te enfades ni te sientas impotente, tengo entendido que eres amigo del fae al que atacó en la celebración de tu nombramiento como Ash —dijo refiriéndose a Dyson—. El cual, por cierto, no pudimos encontrar en ese complejo macabro de laboratorios. Para que veas que no soy tan malvada como posiblemente estés imaginando, voy a poner todos los recursos de mi parte para encontrarlo, a él y a esa amiga vuestra, esa súcubo no alineada, aunque no me corresponda hacerlo, ya que no pertenece a las Luces. —Hale permaneció en silencio mientras la observaba detenidamente. Ella trató de sonreír amigablemente—. Haré que la gente vuelva a confiar en ti y no te miren sobre el hombro por tu renuncia—continuó hablando—. Tan pronto como la doctora Lewis sea ejecutada, seré nombrada Ash y podré cumplir con mi palabra.
—¿Qué pasa si encuentro algo que demuestre que la doctora no ha hecho nada de lo que se le acusa? —le espetó él.
—Bueno —dijo cruzando los brazos sobre su pecho—, entonces no me quedará más remedio que perdonar la vida de la pobre humana. Y como soy benevolente —continuó— te daré veinticuatro horas para encontrar la evidencia y si no lo haces, nadie va a poder impedir que se lleve a cabo la ejecución.
Hale asintió conforme aunque no convencido de que cumpliera enteramente con su palabra. Era extraño, pero jamás había visto a aquella mujer, y eso que creía conocer a todos los nobles. Ese hecho hacía que desconfiara aún más de ella.
—Está bien —aceptó el sireno—, es un trato justo.
—Demasiado, diría yo. Pero si no encuentras nada, no quiero más interrupciones ni sorpresas, o no te ayudaré a encontrar a tus amigos —sentenció ella.
—Veinticuatro horas —dijo él mientras salía de la habitación.
En cuanto Hale desapareció, la Ash se acercó a su mesa y se sentó en la silla acolchada. Movió los papeles que había encima de la superficie y sacó de debajo de ellos una carpeta marrón. Cuando la abrió observó la foto de Lauren Lewis junto con todos sus datos personales. Tenía que admitir que era impresionantemente brillante, mucho más de lo que pensaba. Maldijo que los anteriores Ash no la trataran con mayor aprecio, habría sido un instrumento muy valioso para las Luces. Había pasado toda la noche estudiando el dossier de la doctora y tenía que admitir que el sireno tenía muchísima razón sobre Lauren y su implicación en aquel atentado a los faes. Todo aquello había sido demasiado torpe para una mujer que gozaba de una impresionante inteligencia y de un conocimiento sobre los faes envidiable. La fae suspiró mientras se acomodaba en su silla y dejaba el dossier de nuevo sobre la mesa. Tomó su teléfono móvil para llamar a alguien:
—Soy yo —dijo al aparato—, tengo un trabajo para ti. Necesito que te encargues de una cosa —bufó molesta mientras escuchaba su respuesta—. Sí, te pagaré, así que procura hacer lo que te voy a mandar tal y como te lo pido.
Mientras Hale hablaba con la Ash, Kenzi aprovechó la confusión del momento para colarse en el habitáculo por donde se habían llevado a Lauren. Pronto descubrió las escaleras que bajaban hacia un lugar húmedo y oscuro. Se las tuvo que ingeniar para llamar la atención de los guardias que vigilaban la entrada. Le bastó con lanzar una piedra hacia una esquina para que ambos se dieran la vuelta y trataran de buscar la procedencia del sonido. Kenzi se acercó sigilosamente y bajó las escaleras lo más rápido que pudo. Una vez abajo, la humedad le provocó un escalofrío. Aquel sitio era como una cárcel de esas medievales que había visto en las películas. Estaba cubierto todo de piedra oscura. Había como seis habitaciones cerradas con una gruesa puerta de madera que tenía un ligero agujero por el que se podía ver su interior. La celda en la que estaba Lauren no era como los otros habitáculos de muros gruesos, la de ella estaba cubierta por barrotes, algo más parecido a las cárceles que Kenzi conocía, supuso que así podrían vigilarla de lejos sin tener que acercarse.
La morena se aproximó a donde se encontraba la doctora. Se quedó un rato de pie junto a su celda observándola. Lauren estaba sentada en el suelo, con las rodillas recogidas. Le daba la espalda y miraba hacia un ventanuco que dejaba entrar unos rayos de sol. Su ropa estaba sucia y su pelo enmarañado. Pudo verle, además, un rastro de sangre seca que bajaba por el cuello.
—¿Lauren? —susurró Kenzi.
La rubia giró la cabeza lentamente hacia ella. Vio entonces su labio hinchado y que la sangre de su cuello procedía de su boca. Kenzi trató de sonreír mientras se apoyaba en los barrotes. Extendió sus manos invitando a la doctora acercarse. A duras penas, Lauren pudo levantarse y casi arrastró sus pies hasta donde estaba Kenzi. La sonrisa de la gótica se borró rápidamente conforme la cercanía de la rubia le permitía ver su aspecto demacrado y maltratado. Agarró sus manos cuando la tuvo cerca, tratando de darle tranquilidad y consuelo, aunque supuso que era un gesto inútil por la situación en la que se encontraba Lauren.
—Vamos a sacarte de aquí —le dijo.
—Aprecio lo que estáis haciendo por mí —la voz de Lauren era áspera y débil—, pero no lograréis nada.
—Eres inocente y si no lo demostramos a las buenas, tendré que patear el culo de cualquier fae que se interponga entre nosotras y la puerta de salida.
Lauren curvó su boca tratando de emitir una sonrisa que no pudo realizar por el dolor de su labio.
—Todo lo que ha pasado ha sido por mi culpa, si no hubiera huido con Taft —se lamentó Lauren mientras Kenzi apretaba sus manos contras las de ella, tratando de animarla—. Intenté arreglar la situación cuando me di cuenta de mi error, pero el daño ya estaba hecho.
—No digas eso —dijo la otra mientras la miraba con dulzura—. ¿Qué pasó en ese lugar? —preguntó refiriéndose a lo acontecido en el complejo de Taft cuando Bo había ido a buscarla a ella y a Dyson. Kenzi observó cómo el rostro de Lauren se ensombreció y sus ojos se humedecían rápidamente. Los dedos de la doctora se deslizaron entre los de la morena y sus manos se separaron.
—Ella vino —contestó con un nudo en la garganta—, liberó a los faes, salvó a Dyson y se fue.
—¿A dónde? —dijo con urgencia. Lauren la miró seriamente y vio algo en la expresión de Kenzi que la aterró por dentro.
—¿Cómo que a dónde? —inquirió nerviosa la doctora.
Los ojos de la chica gótica se abrieron exageradamente mientras tragaba saliva. Lauren esperó una respuesta que tardaba en llegar y se estaba empezando a desesperar.
—¡Kenzi! —le reclamó—. ¿Dónde está Bo?
Ella solo pudo negar con la cabeza con un gesto serio que la doctora jamás había visto en su rostro. Ambas cruzaron una mirada que se tornó de preocupación a miedo.
—Esperaba que tú pudieras contestar a esa pregunta —le respondió por fin con la voz temblorosa.
—¡Dyson debe saber dónde está! —exclamó Lauren totalmente alterada.
—Él… —A Kenzi se le amontonaron todas las palabras en la boca y casi no pudo hablar—. No sé dónde está tampoco.
—Pero estaban bien, los vi salir del complejo a los dos —dijo Lauren llevándose las manos a la cabeza.
—No entiendo, tú estabas con ellos, Bo iba a sacarte de allí —replicó Kenzi estaba casi histérica. Lauren se apoyó sobre los barrotes y su cabeza cayó hacia delante.
—Dyson se fue detrás del científico que armó todo ese laboratorio de faes y Bo se fue de allí pensando que yo estaba aliada con Isaac Taft —le contó Lauren tomando aire pesadamente—. Tuve que engañar a ese loco, tuve que hacer creer a Bo que estaba con él para salvarla, porque tú la conoces… —Su voz se quebró— Ella…
Su cuerpo comenzó a temblar. Kenzi se quedó paralizada observándola, esperando una reacción completamente diferente.
—Lauren —le dijo dulcemente—, tranquila, ellos han estado en peores situaciones, seguro que están bien.
La doctora no levantó el rostro, continuó en la misma posición, sumida en su tristeza. Kenzi rozó suavemente su pelo con sus dedos y la escuchó sollozar débilmente.
—Estarán escondidos —trató de calmarla Kenzi— o tratando de ayudar a alguien. Con todo este caos quién sabe.
Sus palabras fueron en vano, los sollozos de Lauren se convirtieron en lamentos sonoros. La doctora se había derrumbado.
Entre sus llantos de desesperación, Kenzi trató de encontrar inútilmente la calma. Examinó si estaban seguras, si desde arriba las habían podido escuchar. Parecía que no, el bullicio que habían provocado Hale y ella con su intervención, se escuchaba débilmente desde abajo.
—No, Lauren —le dijo con un nudo que quemaba su garganta—, tú eres la fuerte, eres la que tiene que mantener la calma y decir que todo irá bien, que vamos a solucionar todo esto, porque eso vamos a hacer, ¿me oyes?
Lauren intensificó su lloro desgarrador. Kenzi trató de abrazarla a través de los barrotes, pero se sintió impotente al no lograrlo y eso desembocó en una rabia que se acumuló en forma de lágrimas. Su mente se hizo a la idea, y cuando la comprendió, se unió al llanto de la doctora: no había Bo, no había Dyson, nadie podía ayudarlas, estaban solas. Ninguna de las dos tenía miedo a enfrentarse a sus problemas, a los faes, a lo que fuera; lo que les aterraba, lo que les producía aquel terrible dolor, era Bo, era el que no supieran que había sido de ella, era aquel sentimiento espantoso de que algo horrible le había pasado. Si Hale no conseguía convencer a la Ash de la inocencia de Lauren… Kenzi no quería ni siquiera pensar en esa probabilidad porque no sabía cómo resolver aquella situación.
—Tienes que irte —pudo decir al fin Lauren—, tú y Hale. La Ash no cederá. Yo he aceptado mi destino y tenéis que encontrar a Bo… y a Dyson —dijo sin apenas voz.
—No, de aquí nos vamos contigo cueste lo que cueste —protestó Kenzi tajantemente—. Vamos a sacarte de aquí, eso es una promesa.
