Tamsin entró en silencio en la habitación, no quería despertar a Lauren después de lo que había pasado entre ellas. Debió de imaginarse que una mujer como ella pediría explicaciones y no se conformaría con una información vaga sobre lo que le dijo de Bo y Dyson. La valquiria se tocó el labio, aún estaba dolorido y se estaba empezando a hinchar. Lo último que se hubiera imaginado es que la doctora tuviera tan rápido y preciso derechazo. Después de la discusión y casi pelea que habían tenido, Tamsin había optado por abandonar la habitación y dejar a la humana sola para que se tranquilizara. La oyó llorar durante diez minutos hasta que volvió el silencio y supuso que Lauren se había dormido presa del cansancio.

Tamsin se sentó en el otro lado de la habitación, en una silla de madera astillada, al lado de una ventana no demasiado limpia. Estaban en un cuchitril pero al menos era más seguro que cualquier hotel de calidad en la ciudad. Era pequeño, lejos del núcleo de la ciudad y muy discreto.

Después de ver que Lauren dormía en la cama profundamente, la valquiria se llevó sus manos al pelo y se aseguró que estaba bien recogido. Luego, se acomodó como pudo en su asiento y suspiró con pesadez. La noche era muy silenciosa y dejaba que su cabeza se llenara de cosas en las que no quería pensar. Observó cómo Lauren descansaba ajena a sus conflictos internos y se dejó invadir rápidamente por sus tormentos. El recuerdo de Bo y Dyson saliendo del Dal mientras todo a su alrededor se desvanecía, volvió a su cabeza vívidamente:

—Bienvenida al Valhalla —susurró casi de forma inteligible la falsa barman—. Has conseguido entrar. No puedo decir lo mismo de tu amiga la súcubo, aún sigue atrapada entre sus sentimientos y recuerdos. Es muy fácil retenerla, pero muy difícil sacarla, él está muy decepcionado por ello, no más de lo que está por tu culpa. Él estaba esperando ansiosamente tu regreso.

Tamsin buscó desesperadamente con la mirada a Bo. Impotente observó cómo salía del Dal junto al supuesto Dyson. La rubia fae gritó su nombre hasta que sintió que su garganta quemaba, trató de avisarla, de correr detrás de ella, pero su imagen se fue apagando. Tamsin despertó de pronto en una gran sala blanca que tardó bastante en reconocer: el Valhalla. Hacía mucho tiempo que no estaba en Asgard y había olvidado casi todo de aquel lugar.

La misma valquiria que había estado en el Dal, momentos antes, se acercaba a ella con una sonrisa inmensa.

—Bienvenida —dijo—. Hacía mucho tiempo que te esperábamos.

Tamsin le dirigió una mirada despectiva y la otra señaló a un punto detrás de su espalda. La fae se dio la vuelta y vio que Dyson se encontraba allí, de pie, mirándola confuso. Tamsin corrió hacia él inmediatamente y lo tomó por los hombros tratando de examinar su estado.

—¿Tamsin? ¿Eres tú? ¿Dónde estamos?—le habló él casi ausente.

—Sí, soy yo —le respondió con una ligera sonrisa alegre por ver que se trataba de su compañero detective—. Estamos en el Valhalla —le explicó.

—Oh —exclamó Dyson—. Entonces este lugar existe de verdad… ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

—Muriendo —le respondió con un gesto más serio.

—¿Estamos muertos? —el lobo preguntó mientras parpadeaba confuso.

—Es algo más complicado que eso, pero técnicamente sí.

—No lo entiendo, Tamsin —dijo él frunciendo el ceño.

—Quizá si hubiera entregado a Bo, ninguno de los dos estaría aquí —suspiró la detective con pesar—. Nunca pensé que podría involucrarte a ti también. Lo siento.

—Nunca piensas demasiado —la interrumpió la otra valquiria—. Ese siempre ha sido tu problema.

De pronto, Tamsin pareció recordar dónde estaba y se dio media vuelta para poder mirar a su compañera valquiria a los ojos. La detective puso su pose más intimidante antes de dirigirse hacia ella:

—¿Dónde está Bo? —le exigió explicar sin apartar sus ojos verdes de ella.

—¿La súcubo? No ha logrado pasar aún —respondió encogiéndose de hombros—. Tiene unos sentimientos muy fuertes, es agotador trabajar con ella. Otra de nuestras hermanas lo está intentando ahora. Todo el mundo ha conseguido pasar, ella lo hará también, supongo.

Dyson dio un paso de pronto y se colocó al lado de Tamsin. Ésta lo miró mientras él fruncía el ceño tratando de comprender qué era lo que estaba pasando y lo que había ocurrido. Aún estaba demasiado confundido.

—¿Por qué estamos aquí? —preguntó el lobo.

—Porque estáis muertos, evidentemente —le respondió.

—Eso ya me lo ha dicho Tamsin, me refiero al motivo —insistió Dyson—. Recuerdo que huíamos del complejo de Taft y una figura se apareció en la carretera antes de que nuestro coche cayera por un barranco.

—Yo no puedo responder a esa pregunta —le dijo la mujer—. No fui yo quien os convocó, solo os ayudé a pasar.

—Acabamos de llegar de Helheim —le explicó Tamsin a su compañero—. Para entrar en Asgard tienes que ser digno y por eso debes enfrentarte a las vivencias más emocionales, a tus miedos y a tus últimos recuerdos. Si eres capaz de superarlo, visualizarás que todo es irreal, podrás salir de allí y llegar hasta el Valhalla, este palacio. Pero solo puedes salir del reino de Helheim para llegar al reino de Asgard con la ayuda de una valquiria.

—¿Así que todo lo que viví hace unos momentos después del accidente del coche era irreal? —preguntó él tratando de entender lo que le decían. Las dos valquirias asintieron antes de que Dyson volviera a hablar—: ¿Y qué ocurre si no sales de Helheim?

—Eso nunca ha pasado —le respondió la otra valquiria—, pero digamos que si las valquirias no te ayudan a cruzar, te quedarías eternamente encerrado allí y cuando pasas el tiempo suficiente en Helheim, Hela se aprovecha de tus emociones y recuerdos, y esa mujer es una sádica.

—¿Hela? —dijo Dyson tratando de comprender todo aquel mundo nuevo del que jamás había escuchado.

—Es la reina de Helheim, es quién crea y manipula lo que ves y vives cuando estás en ese lugar. Puede incluso tomar forma de personas de tus recuerdos y hacerse pasar por ellos para confundirte —le respondió la otra valquiria de nuevo.

—Si Bo está allí, tenemos que ayudarla, Tamsin.

—Solo una valquiria puede ayudarla a pasar, Dyson —le respondió Tamsin—. Tú no puedes hacer nada.

—Pero tenemos que volver a la ciudad con ella, Lauren necesita nuestra ayuda —le dijo ansioso.

—No podemos —suspiró Tamsin—, solo Él puede elegir quien sale de este lugar y puede volver de nuevo a la vida.

—¿Quién? —preguntó Dyson.

—Yo —dijo una voz grave a sus espaldas.

Ambos detectives se voltearon hacia allí rápidamente. Dyson observó cómo Tamsin palideció y cuando el lobo reconoció su rostro, también se estremeció. Era él, aún con su traje negro, pelo oscuro, sus ojos claros y aquel bastón característico que siempre llevaba consigo, era aquel temible hombre que recordaba Dyson, aquel que nunca pudieron matar.

—Bienvenidos a mi hogar, considérenlo vuestra casa —les dijo haciendo una breve reverencia—. Permitidme que me presente —habló mientras caminó hacia ellos—, me conocen por varios nombres, algunos me dicen el Loco u Odín, el cual prefiero ya que lo elegí yo, otros más religiosos me relacionan con la propia Muerte, pero quizá tú, Dyson, me recuerdes como el antiguo Rey de las Sombras. Bueno, ya conoces esa historia, ¿verdad? Pero no tengo resentimientos contra ti, no te preocupes, aquí serás mi invitado de honor. Siriana —se dirigió a la otra valquiria que los acompañaba—, lleva a nuestro huésped a unos aposentos decentes mientras yo hablo un rato con nuestra querida amiga sobre algunos asuntos.

La mujer de pelo platino asintió mientras tomaba a Dyson del brazo.

—No sufrirá ningún daño —le dijo a Tamsin—, no te preocupes por él.

Siriana se llevó a Dyson fuera de la sala y el hombre de traje oscuro volvió su vista hacia su acompañante. Tamsin no lo miraba, su vista estaba fija en el punto donde había visto irse a su compañero con la otra valquiria.

—Mi querida Brynhild —se dirigió a ella—, siempre has sido una rebelde.

—Llámame Tamsin, por favor —dijo ella cruzando los brazos y dirigiéndole una tímida mirada.

—Siempre serás mi pequeña Brynhild —insistió—, pero si así lo deseas...

—Bien, seamos breves entonces —osó interrumpirlo—, ¿vas a castigarme?

—Si hubiera querido eso, te habría dejado un rato más a merced de Hela.

—¿Vas a matarme? —insistió ella.

—¿Matarte? —rió él brevemente—. Eso sería muy amable por mi parte, además, ya sabes que te tengo cierta estima. Eres una de mis primeras valquirias, una guerrera pura, muy valiosa para mí.

—Deberías verme ahora —dijo con tono sarcástico refiriéndose a lo débil que se había vuelto mientras llegaba al final de su ciclo vital—, no te gustaría tanto.

—Lo sé, y voy a intentar pensar que por eso me has vuelto traicionar.

—Entonces, ¿por qué estoy aquí? ¿Solo para charlar un rato?

—Bueno, tengo que decir que vuestra aventura por Helheim me intriga —comenzó a decir Odín mientras caminaba alrededor de Tamsin con las manos a la espalda—. Esta humana que se os apareció a los tres ha conseguido sacarte a ti y a Dyson, pero en cambio a Ysabeau la mantiene aún a merced de Hela. La está haciendo sufrir demasiado con sus visiones.

—Deja que intente traer a Bo —dijo ella de pronto.

—¿Bo? Así la llamaba su madre cuando la acunaba en sus brazos, las veces que la dejaba estar con ella. —Odín dejó de caminar y dirigió su mirada a Tamsin para responderle—: No —le dijo tajante—, ni se te ocurra pensar que saldrás de esta impune. Ysabeau es problema mío, no tuyo.

—Entonces, vas a decirme qué es lo que quieres de mí —habló con nerviosismo.

Acto seguido, el puño de él se estrelló en la cara de la fae. Tamsin se tambaleó y cayó al suelo. Se llevó una mano al rostro y aguantó el dolor en silencio sin dirigirle la mirada. Él chascó los dedos y dos valquirias aparecieron para ponerla en pie y sujetarla mientras él volvía a golpearla, una vez en la cara, dos en el abdomen.

—¿Me preguntas por Ysabeau? —dijo él con un tono firme y furioso en su voz—. Ella es poderosa, logró llegar a través de Helheim hasta ti. —Odín levantó la mano y las valquirias liberaron a Tamsin, cayendo al suelo de rodillas.

—¿Qué quieres de mí? —le gritó Tamsin impaciente. La mirada intimidante de Odín se fijó en sus ojos verdes y la valquiria se estremeció cuando observó su mirada furiosa.

—Podría matarte ahora mismo. Quizá podría someterte a un destino peor que la muerte —la amenazó—. Me desobedeciste, aún sabiendo todo lo que eso conlleva —dijo cruzando los brazos y comenzando a caminar en círculos—. Cuántas oportunidades quieres, cuándo pararás de traicionarme…

—¡Mátame ya y acabemos con esta estupidez de una vez por todas! —vociferó ella furiosa. El comenzó a reír de forma sádica.

—Después de tantos años, tantas vidas y no has aprendido nada. ¡Sigues siendo la misma necia de siempre! ¿Matarte? —volvió a reír—. No, tengo una tarea para ti más apropiada. Necesitas redimirte, comprender quién eres y a dónde perteneces.

Odín lanzó una patada furiosa hacia Tamsin. El golpe en su cara hizo que la valquiria escupiera sangre. Sin embargo, la fae se atrevió a mirarlo.

—Haz lo que quieras conmigo, pero deja a Bo fuera de esto, todo ha sido por mí, ella no ha tenido que ver.

—¿Matar a Ysabeau? ¿Qué clase de padre sería si hiciera eso? ¡Yo amo a mi hija, por el amor de los dioses! —exclamó caminando hacia Tamsin y clavando su mirada en la de ella—. ¿Pero sabes a quién me da igual lo que le pase? A ese lobo bravucón, amigo tuyo. A él no le puedo asegurar un final feliz. A no ser… —añadió tomando el rostro de la valquiria con una mano y poniéndola en pie—. Podrías hacer algo por mí, yo lo dejaría vivir y te ofrecería una recompensa más que amigable por tus molestias. —Odín soltó violentamente el rostro de Tamsin y ella se tambaleó hasta casi caer al suelo.

—¿Qué quieres? —dijo con miedo la valquiria.

—Te ofrezco parte de tu antiguo poder, te ofrezco rejuvenecer. Volverás al mundo de los mortales, seguirás y harás lo que se te ordene. Cada vez que cumplas con lo que se te diga, te otorgaré más de tu antiguo poder, rejuvenecerás, y serán unos minutos más de vida que conseguirás para tu amigo el lobo. Miénteme, duda o vuelve a incumplir tu palabra y él, junto a esas personas que alguna vez te importaron, morirán. Y tú, pequeña insolente, desearás haberte unido con ellos —la amenazó y se cruzó los brazos dándole la espalda—. Se avecinan cambios importantes entre los nuestros, muy trascendentales. ¿Qué me dices, Brynhild, te gusta lo que te ofrezco, estás dispuesta a cumplir esta misión?

—¡Es Tamsin! —gritó furiosa.

Él rió mientras se daba la vuelta hacia ella. Alzó su brazo derecho y unos pequeños halos de luz azul comenzaron a bailar sobre la palma de su mano. La luz comenzó a hacerse más densa y, de pronto, una lanza dorada tomo el sol se formó entre sus dedos. Tamsin reconoció el arma: Gungnir, aquella que podía dar la vida, la muerte o el poder.

—Supongo que aceptas, ¿verdad? —dijo él alzando a Gungnir con su mano.

—¿Tengo otra opción? —bufó molesta.

—Solo ten cuidado ahí fuera, todo puede ser muy tentativo, pero confío en que recuerdes tus motivaciones. Volveré a encontrarte y no creo que quieras que se repita tu pasado cuando decidiste desobedecerme, ¿verdad?

Apenas acabó de hablar cuando la lanza atravesó el pecho de Tamsin sumiéndola en un dolor insoportable. Su grito sonó por todo el salón del Valhalla e hizo que las otras valquirias cerrarán los ojos asustadas. Cuando abrió los ojos, él la había traído a la vida de nuevo.

Tamsin se llevó la mano al pecho recordando ese momento. Ella podía entender por qué quería a Bo, pero no lograba vislumbrar para qué necesitaba que Lauren permaneciera con vida. Tenía que admitir que fue una suerte que el nuevo Morrigan fuera Vex y que estuviera encariñado con la banda feliz.