NOTAS: Quiero agradecerles que sigan leyéndome y aportándome sus opiniones. Muchas gracias a todos/as. Espero que disfruten este capítulo. He querido darle un poco de tranquilidad a Lauren en él.
Fue extraño no ver a los súbditos de Evony a la entrada del edificio. Lauren apenas podía caminar, pero había rehusado el ofrecimiento de Tamsin para ayudarla y ambas no habían intercambiado palabra desde su última conversación hace dos noches. La valquiria había intentado llevar a la humana al complejo de las Sombras antes, pero se dio cuenta de que el estado de Lauren era deplorable y necesitaba más reposo; de hecho, no deberían de estar todavía en movimiento, pero la muy cabezota se había empeñado en que podía caminar y que siendo ella la doctora sabía perfectamente lo que era bueno para su salud y lo que no. Tamsin ni siquiera discutió, obedeció y se apresuraron en ir a ver a Morrigan, porque ya no soportaba estar en el mismo espacio que la humana.
Pronto se hallaron en su despacho, con una decoración un poco diferente a la que recordaba Tamsin —posiblemente Evony y Vex no compartían gustos.
—Bienvenidas a mi no humilde morada —exclamó eufórico Vex sentado detrás de su escritorio—. Realmente siento que no seáis recibidas por unas tersas y largas piernas esta vez, pero por lo menos, habrá una cara más bonita.
—Lo que tú digas —le respondió Tamsin ignorándolo y ayudando a Lauren a sentarse en una de las sillas de la habitación.
—Puedo hacerlo sola —le dijo ella negando su ofrecimiento.
—Estoy abrumada por tu gratitud —le respondió en forma de sarcasmo.
—Déjame en paz —le respondió. Tamsin puso los ojos en blanco y la dejó que hiciera lo que quisiera.
—Siempre me conmovió ver tanto amor —rió él al verlas interactuar—. Estoy sorprendido Tamtam, cumpliste tu palabra —continuó hablando el nuevo Morrigan—, estaba empezando a pensar que lo que querías era matar por ti misma a la buena de la doctora.
—No, aunque estoy empezando a pensarme lo de matar a alguien en esta sala, y no me refiero a ella.
—Oh, oh —exclamó saltando de su silla—, espero que no estés planeando una conspiración contra mí. Mi primera conspiración, quién lo diría… Ah, no, mi querida Evony solía conspirar a menudo contra mí, no es una novedad en mi vida.
—Vale —dijo Tamsin tratando de zanjar su monólogo—, ahí tienes a la doctora…
—¡Eh! —la interrumpió él—. Ahora soy un hombre muy ocupado y entre las cosas que tengo que arreglar es tu estancia en la División 39, ahora que nuestro querido lobo decidió tomarse vacaciones sin avisar.
—¿Y? —dijo ella tratando de que no comenzara a hablar de Dyson o Bo.
—Necesito que te encargues de acomodar a la señorita Lewis en las instalaciones que tenemos preparadas para ella.
—Por las veces que te atendí siendo de las Luces —intervino Lauren—, consideraría una muestra de agradecimiento que enviaras en mi compañía a otra persona. —Tamsin volvió a tornar los ojos en blanco ante las palabras de Lauren.
—¿Problemas maritales? —preguntó él divertido por la presente incomodidad de las dos mujeres.
—Corta el rollo, Vex —dijo la valquiria molesta.
—Hice una promesa a una buena amiga mía, que por supuesto no es nuestra adorable y encantadora Tamtam, de que llegarías sana, entre lo que cabe, pero salva a tu nueva casa. Ella estará esperándote allí y no deberías tardar si no quieres que te desvalije el piso entero, empezando por el mueble bar —explicó Vex que se volvió a sentar en su silla posando con un gesto más profesional—. Así que, como la caballerosa Tamtam la ha traído hasta aquí en satisfactoria tarea, confío en que igualmente haga lo suyo ahora y luego podrá ser libre. Mi secretaria os dará la dirección. Disfrutad del paseo, hace un lindo día, si os gustan los días nublados y fríos —concluyó con una ancha sonrisa.
Lauren miró hacia Tamsin y ésta se encogió de hombros. La doctora suspiró con resignación. Había estado al borde de la muerte, ahora todo le daba igual, pero por supuesto no dejó que la valquiria se acercara a ayudarla a ponerse en pie, así le doliera el cuerpo terriblemente.
El trayecto fue nuevamente silencioso. La cabeza de Lauren iba a explotar si continuaba cerca de Tamsin un segundo más. Cuando la puerta de su nuevo hogar se abrió y encontró a Kenzi sentada en el sofá de la sala, una enorme sonrisa se dibujó en su rostro por primera vez después de tanto tiempo. La morena corrió emocionada a abrazarla, pero Tamsin extendió su mano y la detuvo.
—Está débil, necesita descansar —le dijo.
—Oh, Dios mío, Lauren, no pude creer lo que me contó Vex —exclamó Kenzi—. Esta tía te ha salvado, después de todo —dijo mientras le daba un puñetazo en el hombro a Tamsin de manera amistosa.
—Vale, tranquila —le habló Tamsin a Kenzi—. Lleva a la doctora a descansar y procura que coma bien.
—Deja de tratarme como si fuera una mascota inútil que no puede hacer nada por sí misma —protestó Lauren.
La valquiria se dio media vuelta y salió por la puerta molesta. Kenzi miró hacia la doctora y ella hizo un gesto para que no le diera importancia. Ambas se sentaron en el sofá de la nueva residencia de Lauren sin intercambiar más palabras por el camino.
—¿Qué ha sido eso? —preguntó la muchacha confusa—. Sé que la valquiria no es el alma de la fiesta, pero te ha salvado la vida.
—No creo que podamos lidiar de ninguna manera ella y yo. Igualmente, ¿dónde está Hale? —dijo tratando de cambiar de tema.
Kenzi la miró. Evidentemente había pasado algo entre Tamsin y Lauren. No estaba ciega, vio el labio hinchado y oscuro de la valquiria y los nudillos de la mano derecha de la doctora enrojecidos. Antes tampoco eran las mejores amigas, pero no se imaginaba que Lauren no fuera agradecida con ella, ¡le había salvado la vida cuando era prácticamente imposible! Aunque tenía que admitir que de entre todas las personas que hubieran tratado de ayudarla, era sorprendente que fuera precisamente Tamsin quien lo hiciera.
—Se fue —contestó por fin—. La estirada de la Ash ha puesto a los nobles y ancianos en su contra —le explicó mientras tomaba la mano de Lauren—. Vex me acogió en el complejo de las Sombras, he tenido que firmar un contrato con ellos.
—¡Kenzi! —exclamó alarmada la otra.
—Tranquila, es temporal.
—Personalmente, sé que nada que tenga que ver con los faes es temporal.
—No tuve elección y tengo que cuidar de mí misma. En estos momentos no tengo ningún súper sexy súcubo intimidando a los tipos malos y tú tampoco. Así que ahora jugamos bajo nuevas reglas.
—Sobre eso… —le dijo la doctora con la voz apagada.
El teléfono de Kenzi comenzó a sonar e impidió que Lauren terminara de contarle lo que le había dicho Tamsin de la situación de Bo y Dyson.
—¡Dima! —exclamó la morena cuando contestó—. ¿Lo tienes? —dijo y esperó su respuesta—. Ya era hora, pedazo de inútil, no sé lo que entiendes por un asunto de vida o muerte —le regañó y luego permaneció un momento en silencio antes de responderle a algo que le dijo—: ¿Qué? Somos familia y eres tú el que me debe miles de favores. Deja de decir tonterías y envíame los datos de una vez.
En cuanto colgó el teléfono, se abalanzó sobre la mesa de café, que se hallaba delante del sofá, donde tenía su portátil encendido.
—Hale y yo encontramos un teléfono móvil en el coche de Tamsin, que resultó estar en el fondo de un barranco. Mi primo me acaba de enviar los datos que pudo recopilar de él —le explicó a Lauren mientras tecleaba en el computador—. Mira esto —le dijo mientras señalaba en la pantalla sobre una lista de números—, tiene un montón de llamadas a este teléfono, ¿te resulta familiar?
—No —le respondió la doctora acercándose—, pero esos otros números son de Bo y Dyson. Podría ser el móvil de Tamsin —dedujo con rapidez.
—¿La valquiria tendrá un amante o admirador secreto? —se preguntó Kenzi—. ¿Cuál es tu opinión médica?
—Creo que ninguna persona en sus cabales podría tener una relación de ningún tipo con esa mujer —comentó y sus palabras hicieron que Kenzi se riera—. No sé, pero son demasiadas llamadas, hay como seis o siete en un mismo día.
—Voy a llamar —dijo Kenzi.
—¿Qué? No funcionará. ¿Crees que te contará todo lo que quieres saber así como si nada?
—Lo tengo cubierto —la tranquilizó la mujer morena—, utilizaré un software para que el otro contacto piense que soy el dueño de este teléfono, sea quien sea.
—¿Puedes hacer eso? —le preguntó mientras Kenzi asentía.
—¿Qué crees, doc, que eres la única cerebrito aquí? Te dejo la ciencia, la informática para mí.
—En verdad, la informática también es un tipo de ciencia, está basada en matemáticas y…
—Vale —la interrumpió Kenzi—, tú eres la genia única y verdadera.
—En realidad, sería genio, no existe femenino para esa palabra —le explicó Lauren que la miraba fijamente—. Aunque deduzco, por la forma que me miras, que ahora mismo es información irrelevante.
—Dejemos la clase de gramática para después —dijo Kenzi sonriendo.
Ambas permanecieron en tensión escuchando los tonos de llamada a través de los altavoces del portátil. Casi al quinto, alguien habló desde el otro lado:
—Tamsin, menos mal. Me tenías preocupado, pensé que no ibas a ser capaz de entregar a la súcubo ante Él. ¿Estás bien? —Se produjo un silencio— ¿Tamsin? —Lauren y Kenzi se miraron confusas—. Mierda —dijo antes de colgar.
—¡Es Massimo! —exclamó la morena en seguida—. Me dijo que Tamsin estaba haciendo algo a Bo y que era algo malo. Maldito mentiroso, estaba aliado con ella.
—Entonces, Tamsin sabe exactamente dónde está Bo o lo que le pasó —dijo Lauren tratando de recordar el comportamiento de la valquiria el tiempo que estuvo con ella—. Si no es ella misma la responsable de su desaparición… Tenemos que encontrar a Massimo.
—¡No! —dijo casi en un grito la otra. Lauren se quedó mirando hacia ella. De pronto, el gesto de la morena era muy serio. Quizá Kenzi se dio cuenta y por eso dibujó una sonrisa en su boca rápidamente.
—Es un manipulador e hipócrita, es mejor no tratar con él —dijo—. Es más fiable si tratamos de obtener información de Tamsin.
—¿De qué conoces al Druida? —preguntó Lauren sorprendida de todo lo que dijo Kenzi de él.
—Fue una vez, una coincidencia. Trató de manipularme, pero una chica de la calle como yo no se deja engañar tan fácilmente —le explicó con medias verdades.
—Pues no creo que Tamsin hable tampoco. Deben ser buenos amigos porque también es una mentirosa y manipuladora —dijo Lauren frunciendo el ceño.
—Al menos ayudó a Bo alguna vez, a salvarme de la kitsune por ejemplo, cuando nadie la creía, y estaba dispuesta a salvar a Dyson en el complejo de Taft y ¡te salvó a ti! —exclamó—. Solo tenemos que encontrar la forma en la que se sincere y nos hable sin rodeos. —Kenzi se fijó en el cansado rostro de la doctora y pensó que podían discutir eso más tarde—. Y cambiando de tema, ¿qué te parece tu nueva casa?
—Es muy similar a mi antiguo apartamento.
—Sí, pero sin ese toque de doctora aburrida —bromeó y Lauren la miró fingiendo molestia—. Era demasiado formal para vivir. Solo el hecho de pensar que tropezándome con un mueble podría gastarme todo lo que robaría en cuatro años, me da taquicardias. La decoración de este corre por mi parte.
—¿Para acabar viviendo en una casa sin paredes? ¡De ninguna manera!
Ambas comenzaron a reír. Ni siquiera fue realmente gracioso, pero la risa de Kenzi era contagiosa y Lauren necesitaba descargar la tensión acumulada de alguna forma. Si no fuera por el cansancio y dolor remanente en su cuerpo, hubiera jurado que lo que había sucedido días atrás había sido solo un mal sueño. Su nueva vida con las Sombras era incierta y le causaba algo de pavor. Ellos no eran tan amigables con los humanos y ni siquiera conocía las condiciones que debía de cumplir estando bajo su protección. Quizá Dyson tenía razón cuando le dijo que nunca podría escapar de los faes, ahora sabía que efectivamente era así.
Kenzi la acompañó hasta el piso superior. La doctora quería un buen baño caliente, lo necesitaba para su cuerpo y para su mente también. Era cierto que la disposición de las habitaciones en el apartamento era muy similar al anterior, y agradeció encontrar cierta familiaridad, por lo menos en aquel momento.
—Si necesitas cualquier cosa estaré abajo —le dijo Kenzi—. Bueno, cualquier cosa que no incluya mi cuerpo desnudo junto al tuyo estará bien.
Lauren sonrió nuevamente y la otra asintió complacida mientras la dejaba sola en el baño. Las Sombras no escatimaban en detalles y ella lo agradeció cuando vio la enorme bañera acompañada con toda clase de sales de baño y velas aromáticas. Lauren se quitó la ropa sucia y la dejó en el suelo. El contacto del agua caliente con su piel fue más placentero de lo que recordaba. Se recostó dentro de la bañera y cerró los ojos. Trataba de mantener su cabeza en blanco, pero no podía parar de pensar en Tamsin y en si realmente estaba detrás de la desaparición de Bo y Dyson. Tenía que admitir que su comportamiento fue muy extraño durante los días que se vieron antes de lo de Taft, se había acercado exclusivamente a Bo. No quería seguir dándole vueltas a eso, pero si no era el tema de Tamsin, era su incierto futuro con las Sombras. Ni siquiera podía dejar que su cabeza huyera hacia la ciencia porque el único proyecto en el que podía pensar era en el de los híbridos faes y el recuerdo de Taft le producía escalofríos y ansiedad. Y tratando de ignorarlo todo, su mente acudía a Bo. Recordarla le producía alegría y al mismo dolor. No iba a ser un baño placentero después de todo, esperaba a que al menos se aliviara sus molestias musculares.
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Los años de convivencia con la súcubo la proveyeron de una habilidad culinaria decente, por lo menos para poder prepararle una cena más que comestible a Lauren. Aunque se le fue un poco la sal. La doctora no hizo comentarios al respecto y devoró la comida con un ansia que dejó boquiabierta a Kenzi.
—Tenía hambre —le explicó con la boca todavía llena.
—No hace falta que lo jures, doc —dijo Kenzi con una sonrisa mientras la veía comer—. Quería preguntarte una cosa.
—Adelante —dijo mientras luchaba con un trozo de carne que no se dejaba agarrar por el tenedor.
—Vex quiere que estés bajo vigilancia algunos días y he pensado que podría quedarme por aquí mientras tanto. Solo si tú quieres.
—Kenzi —empezó a hablar—, realmente me gustaría que te quedaras aquí. Yo…
Lauren bajó la vista al suelo. No podía pensar en el hecho de quedarse sola en aquel apartamento, no después de lo que había vivido en aquel almacén. Las miradas, los comentarios llenos de odio, los gestos de desprecio hacia ella… Había sido testigo de todo aquello y temblaba recordando los sentimientos de los faes hacia ella. El frío, la humedad y la oscuridad de su celda… Le producía terror y una enorme inseguridad quedarse sola. De pronto, sintió la mano amigable de Kenzi que se posaba sobre su hombro y no supo por qué, pero comenzó a llorar. Estaba cansada, muy cansada. Su vida se había convertido en una cuesta muy empinada y sentía que no le quedaban fuerzas para seguir subiendo por ella.
La morena, al verla en aquel estado, fue en busca de algo a la cocina y se plantó frente a ella con una botella de vino y dos copas. Nunca supo lo agradecida que estuvo Lauren de ese gesto.
La botella se vació con demasiada rapidez, aunque para cuando lo hizo, ya había cumplido su función. Lauren y Kenzi habían acabado durmiendo en la nueva cama de la doctora, en el piso superior. Al menos la humana se alegró de que tuviera la ropa puesta cuando se despertó algunas horas después, no obstante, en su cabeza parecía que había elefantes bailando.
—¿De qué estaba hecho ese vino? —susurró mientras se llevaba las manos a la cabeza y bajó a la cocina a buscar alguna aspirina, pero evidentemente no encontró nada—. Mierda —maldijo—. Aspirinas para la lista de la compra. Apesta mudarse a una casa nueva.
Kenzi se sirvió un vaso de agua y se dirigió al sofá. Encendió la televisión de plasma que colgaba de la pared e hizo zapping durante un rato. Cuando terminó de beberse el vaso de agua, lo colocó sobre la mesa de café y se acomodó en el sofá. Hale no la había llamado. Estaba preocupada por él. Después de haber visto lo despiadada que podría ser la Ash, sentía miedo por lo que sería capaz de hacerle a él. Pero trataba de pensar que conseguiría llegar hasta Trick y éste lo pondría a salvo. Pensó en lo bien que les vendría ahora el conocimiento del tabernero sobre los faes para lograr tener alguna teoría sólida sobre dónde se podían haber metido Bo y Dyson.
Estaba empezando a dormirse otra vez, cuando su teléfono comenzó a vibrar. Kenzi dio un brinco. Miró la pantalla y sintió alegría. No era Hale, pero sí uno de los faes con los que había contactado para investigar dónde se había metido la súcubo. Salió corriendo del apartamento de Lauren sin pensárselo dos veces mientras contestaba la llamada.
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Había sangre. Sentía el líquido caliente sobre su piel. En sus brazos, en su rostro, en sus manos… Escuchó un llanto que desgarraba la quietud de las penumbras. Trató de seguirlo, de encontrarlo. Hasta que lo halló: su pelo negro caía sobre sus hombros, su cabeza descansaba sobre un cuerpo inerte, tirado en el piso. Agachada, se aferraba a la persona por la que lloraba. Cuando se dio cuenta que era observada, sus ojos oscuros se levantaron y se encontraron con los suyos. Se puso en pie y se acercó mientras una llama azul incendiaba su mirada.
—¡Cómo te atreves a venir aquí! —le gritó furiosa—. ¡Aún tienes su sangre en tus manos!
Tamsin se despertó súbitamente. Su cuerpo estaba empapado de un sudor frío. Se había quedado dormida sobre los informes que estaba revisando en la comisaría. Miró el reloj que había en la pared: 3.30 A.M. Dio gracias que no hubiera nadie por allí a esa hora que la viera en aquel estado.
Se levantó con esfuerzo de la silla y se dirigió a la mesa donde estaba la máquina de café.
—¡Estupendo! —bramó cuando comprobó que el recipiente estaba vacío.
Entonces, una alarma empezó a sonar. Tamsin permaneció unos instantes inmóvil, sin saber de dónde provenía. Luego se dio cuenta de que era su teléfono. Así que se estremeció, esa alarma significaba problemas faes. Cuando comprobó en su pantalla de que se trataba, le sobró tiempo para salir en carrera de allí. Era un aviso de una entrada no autorizada al apartamento de Lauren. Al parecer Vex iba en serio cuando le dijo que quería la máxima protección para la doctora.
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Oyó un golpe. Despertó asustada. No estaba en una celda. No dormía sobre el suelo. No había ningún secuaz de la Ash que viniera a atormentarla. Escuchó otro golpe. Lauren se sentó sobre su cama. Su corazón comenzó a latir con fuerza.
—¿Kenzi? —susurró muerta de miedo. Algo de cristal o porcelana se estrelló contra el suelo en el piso de abajo—. ¿Kenzi? —llamó más fuerte.
Nadie contestó. Lauren se levantó de la cama lentamente y cruzó la habitación hasta poder asomarse por la puerta. Escuchó ruidos que venían de abajo. Tragó saliva cada vez más nerviosa. «Es hora de ser valiente», se dijo así misma mientras caminaba lentamente por el pasillo hacia las escaleras.
Apenas había empezado a bajar, visualizó a Tamsin que forcejeaba con un musculoso hombre. Creyó que era un troll. El fae mantenía a la valquiria aprisionada por el cuello con sus brazos desde atrás.
—¡Lauren, mi pistola la dejé sobre la mesa de la entrada! —gritó Tamsin tratando de liberarse de su oponente en cuanto la vio asomarse.
La doctora se arrastró desde la escalera con la rapidez que le permitió su dolorido cuerpo. Tomó el arma entre sus manos y un sentimiento viejo, y que creía olvidado, afloró en ella al sentir su peso entre sus dedos.
—¡Lauren! ¡Dámela! —le chilló mientras forcejeaba con su agresor.
Fue un disparo limpio y certero en el centro de la frente del atacante. Había caído fulminado instantáneamente liberando a Tamsin. La valquiria se fijó en Lauren asombrada. Aún portaba el arma humeante de forma demasiado segura y correcta para un tirador novato. No era la primera vez que disparaba, adivinó la valquiria.
—Creo que vamos a tener una conversación sobre cómo cerrar las puertas apropiadamente —dijo Tamsin tratando de relajar el ambiente y llevándose las manos a su dolorido cuello.
Lauren no dijo nada y la valquiria la miró frunciendo el ceño. La pistola estaba apuntando hacia ella y no se atrevió a pronunciar palabra.
—Creo que la conversación que vamos a tener ahora va a ser totalmente diferente —le dijo la doctora tan fríamente que la fae sintió que era una extraña quien le hablaba.
