NOTAS: Han sido más días de los previsto de espera, pero no estaba muy conforme con el capítulo (y sigo sin estarlo demasiado), pero quiero que la historia siga su curso y no veo la forma de mejorarlo. Al menos he estado adelantando contenido que está por pasar y no puedo esperar a que lo leáis. Gracias por aguantar la espera y seguir leyéndome, es lo que me anima a seguir. Espero vuestros comentarios.


Se llevó las manos a su espeso pelo oscuro y se lo colocó con cuidado. Se apoyó sobre el respaldo de su silla y tomó el dossier que le acababan de entregar.

—«Valquiria… Alineada de las Sombras…» —leyó por encima—. «Mano derecha del Rey de las Sombras…». Esto es relativamente interesante —comentó y pasó una página frunciendo el ceño—. ¿Se ganó el favor de Morrigan? ¿Cuál Morrigan? ¿Por qué toda la información sobre ella es tan ambigua? —se preguntó furiosa y lanzó el informe sobre la mesa—. ¡Marc! —llamó a uno de sus guardias que aguardaban por fuera de la habitación—. ¡Marc! —volvió a llamar impaciente por la respuesta inexistente de él.

De pronto, la puerta se abrió y dejó ver una figura esbelta que se apoyaba provocativamente sobre la pared. Su sonrisa pícara y el brillo de sus ojos oscuros eran inconfundibles para ella.

—Tu apuesto guardián se siente un poco indispuesto, querida —dijo mientras se introducía en la estancia, cerrando la puerta.

—Evony, ¿qué haces aquí? —preguntó con sorpresa.

—Tranquila, solo vengo a saludar a una buena amiga —respondió con una sonrisa arrogante—. Es bueno trabajar en las relaciones personales con otros… sujetos.

—Soy la Ash —le dijo poniéndose en pie—, sabes que eso significa que las Sombras no son bienvenidos aquí y menos tú.

—Técnicamente eres solo una zorra con muchos aires de grandeza, mi querida Aela —le respondió con cierta burla—. Aún no eres nada.

—Me preguntó por qué —dijo sentándose otra vez.

—Es enteramente tu culpa. Te lo dije, el mejor lugar para la doctora era bajo tierra. Pero tú te empeñaste en jugar a ceremonias y tonterías —le dijo Evony como si la respuesta fuera obvia.

—Esa valquiria impertinente se presentó aquí amenazando con revelar nuestra pequeña amistad, me pregunto cómo se enteró de lo que hablamos tú y yo en privado.

—Querida, aprecio más a esa impertinente que a alguien que trata de jugármela —le replicó con cierta arrogancia—. Puede que esté empezando a olvidar cosas, así que recuérdame si en esa reunión privada no acordamos ciertos términos que no se han cumplido —le habló fríamente mientras se sentaba sobre su mesa—. Extrañamente hay un gótico psicótico sentado en mi silla de mil dólares, si es que no se le ha ocurrido la brillante idea de tirarla a la basura.

—No es mi culpa que tus locuras hayan puesto a los ancianos de parte de Vex.

—Tampoco es mi culpa que la valquiria haya decidido suplir el puesto de nuestra súcubo favorita para salvar a la doctora en apuros, o quizá sí es un poco mi culpa. Deberías saber que me tomo muy en serio las condiciones de los pactos que hago.

—No creo que estés en posición de venir a reclamar nada —trató de desafiarla.

—No me amenaces, querida, no me gustaría que se me escapara más detalles de nuestras conversaciones privadas enfrente de otras personas —le dijo Evony con una sonrisa burlona—. No quisiera fastidiar tu sueño de ser la reina de las Luces, por ridículo que suene ese nombre. Sabes lo que te he ayudado para conseguir esto y te conviene tenerme a mí como Morrigan, no a ese chiflado.

—Sí, lo sé, por eso tengo un plan para ello —dijo con un gesto de resignación.

—Lo ves, Aela, nos entendemos muy bien, no tenemos por qué pelearnos. Ahora tienes toda mi atención —le dijo atentamente antes de escuchar lo que tenía que decirle.

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—Recuerdo que escuché como unas explosiones, ni idea de lo que estaba pasando ahí dentro.

—¿Y la última persona que entró fue esta mujer? —le dijo mostrándole una foto de Bo.

—Sí, estoy completamente seguro —contestó el hombre—, estaba sobrio esa vez. Desventajas de que cerrara el Dal ese día. Los faes necesitamos un territorio neutro en el que relajarnos y sobre todo estos días.

—¿Y estás seguro de que nadie salió después de allí?

—Sí, señora. Yo mismo entré y vi todo el destrozo del lugar. No había rastro de nadie. Oh, espera —dijo hurgándose en uno de sus bolsillos—. Encontré esto. —Le enseñó una carta con la figura de un hombre y una mujer dibujados en ella—. Esto es lo único que encontré en el Dal Riata.

—¿Y qué se supone que es esto?

—No tengo ni idea, no esperes obtener todas las respuestas de mí —se quejó el hombre.

—Está bien —le dijo entregándole algunos billetes—, aprecio tu ayuda.

—Más que bien —asintió conforme con una sonrisa—. Cuídese señorita.

Kenzi lo observó alejarse mientras suspiraba contrariada. Al parecer, no había rastro de Tamsin, ni de Dyson, ni de nadie en aquel lugar. Parecía que Bo había llegado sola al Dal y se había esfumado. No tenía sospechosos —si no fuera porque ella misma estuvo con Massimo, ahora mismo él encabezaría su lista—. Pero el relato de su contacto concordaba con lo que había averiguado Hale con el Ojo: Bo entró allí y de alguna forma desapareció. Kenzi sacudió la cabeza confusa, tomó el teléfono de su bolsillo trasero y vio varias llamadas de un número. En seguida, se apresuró en marcar el número. Esperó un largo rato y no obtuvo respuesta. Volvió a marcar. Nadie respondió. Comenzó a asustarse. Lo volvió a intentar otra vez. Su corazón golpeaba con fuerza. Casi al sexto tono, por fin, alguien contestó_

—¡Lauren! —exclamó al reconocer su voz—. Me estabas asustando. —Kenzi dejó de hablar cuando escuchó su llanto al otro lado del aparato—. ¿Lauren? —le preguntó preocupada—. ¿Estás bien?

—No —fue lo único que logró articular la otra.

—Cariño, espérame ahí, ya voy corriendo.

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Tamsin estaba de rodillas con las manos en alto. Lauren apretaba fuertemente la pistola por detrás de su cabeza.

—¿Vas a matar a un fae? —trató de intimidarla.

—Mueren igual que los humanos, por mucha importancia que se den.

Estaba convencida de que no se atrevería a apretar el gatillo. Era una mujer inteligente y sabía que no era conveniente para ella que la matara, se condenaría a sí misma y esta vez nadie podría evitar su muerte. Así que Tamsin trató de ser rápida y se giró sobre sí misma, aprovechando la inercia para golpear el brazo de la doctora. Con pavor fue testigo de que quizá se equivocaba —por fortuna sus reflejos fueron más rápidos y desvió el arma antes de que se produjera el disparo—. Lauren retrocedió y volvió a alzar la pistola hacia ella. Se quedó paralizada mientras se encontraba con el rostro de Tamsin. Primero sintió un escalofrío, después, una sensación terrible que no pudo explicar. Los ojos de Tamsin se volvieron oscuros y Lauren sintió como si la oscuridad la abrazara. Su cuerpo comenzó a temblar de frío.

—Estás cansada. Deja caer el arma —ordenó Tamsin—. Bo está bien, Dyson también.

Lauren asintió mientras se agachaba y ponía la pistola en el suelo. La valquiria tomó el arma y una lágrima de Lauren cayó en su mano cuando la agarró. La doctora sintió como el frío y la sensación que cubría su cuerpo y que la aterraba desaparecían, y se quedó en el suelo con la cabeza gacha.

—Lo siento, Lauren —le susurró Tamsin—. Yo soy la primera que hubiera querido que las cosas fueran de otra manera.

La valquiria se puso en pie y enfundó la pistola en su cinturón. Dirigió una última mirada hacia la desolada humana. Sintió que de alguna manera tenía que tratar de consolar su pena, pero simplemente se fue.

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Cuando Kenzi llegó y entró por la puerta del apartamento, se encontró a Lauren acostada sobre el sofá. La morena se acercó cautelosamente hasta allí y la doctora levantó la vista al sentirla cerca.

—Kenzi —murmuró—. Lo siento por asustarte, yo… No sé… Mi cabeza es un caos.

—Shhh —la silenció ella mientras se agachaba para poner su rostro a la misma altura que el de ella—. Déjame que cuide un rato de ti, doc. Estos días han sido lo peor, no debí haberme ido tan de repente y sin avisar.

Lauren cerró los ojos y se recostó sobre sus manos. Kenzi sonrió y acarició su pelo. Lo más que deseaba en ese momento era llorar, pero no podía permitírselo. Tenía que permanecer fuerte, tener coraje y tratar de mantener su cabeza lo más serenamente posible. Por su propio bien, por el bien de Lauren y por el bien de Bo y Dyson. Sin embargo, Kenzi estaba asustada, no lo podía evitar. Todo a su alrededor se estaba abriendo como una nueva realidad, ella misma era diferente ahora. No podía pensar en otra cosa que no fuera encontrar a Dyson y Bo. Tenía que apartar sus miedos a un lado y ser valiente. Ahora necesitaba que Lauren se recuperase de lo que había pasado por culpa de los últimos acontecimientos. Se sorprendió al darse cuenta de lo que pensaba, nunca hubiera imaginado que sentiría eso, pero necesitaba la determinación y el apoyo de la doctora.

—Eres una persona muy fuerte —murmuró Lauren.

—Las dos lo somos —le respondió con una sonrisa—. Ahora duerme, mañana iremos a hablar con Tamsin.

Lauren sintió un pinchazo en el vientre al escuchar su nombre. Como un gesto involuntario, agarró con fuerza la mano de Kenzi. Ésta se sentó en el suelo y bordeó la espalda de la doctora con su brazo libre mientras reposaba su cabeza en el borde del asiento del sofá. Nunca supo lo que Lauren agradeció en aquel momento la cercanía que le ofrecía.

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Quería evitar a la gente. Se sentía frustrada y cansada. Nadie podía comprender la situación en la que estaba y tampoco podía compartirla con nadie. No podía luchar, no contra Él y menos sabiendo que la vida de Dyson dependía de sus decisiones. Necesitaba beber, darle algo de alivio a su cabeza. Se introdujo por una callejuela inhóspita, pero alguien caminaba delante de ella. Lo maldijo, necesitaba estar completamente sola. Tamsin giró su cabeza hacia atrás cuando escuchó unas ruedas chillar contra el asfalto. Era un furgón negro con cristales tintados. La valquiria se puso en alerta cuando tres figuras se bajaron de él y comenzaron a caminar hacia ella. Sintió a alguien acercarse por el otro lado, era el extraño de antes. Una descarga eléctrica la paralizó momentáneamente, el suficiente para que le suministraran una droga a través de una inyección y la introdujeran en la furgoneta oscura.