NOTAS: Aquí tenéis un nuevo capítulo. Si no lo sabéis, en este capítulo descubriréis por qué este fanfic tiene este título y os podéis hacer una idea de a dónde quiero llegar. Este capítulo y el siguiente, van a ser como el anterior, que no van a pasar cosas demasiado relevantes, pero a partir del siguiente, la historia se va a empezar a enredar, así que preparados. Gracias por seguir leyendo y dejando comentarios.
Por cierto, lo que está en cursiva en las partes de Tamsin son normalmente sueños o recuerdos de ella.
Apenas habían hablado de lo que había ocurrido. Kenzi no quiso insistir en el tema. Lauren se encontraba muy confusa y casi no pudo explicarle qué había pasado. La morena había encontrado una gota de sangre en el suelo, cerca de la entrada, y una pequeña marca de un golpe en la pared. Sabía que alguien había entrado, pero Tamsin debió encargarse de todo. El estado de confusión de Lauren tenía que ver seguramente por la valquiria.
Después de unas largas horas de sueño, la doctora parecía que se encontraba mejor y Kenzi le contó lo que había encontrado en su visita al Dal Riata. Lauren estaba intrigada por la carta y en seguida quiso saber más sobre ella. Ambas se pusieron a buscar información y a realizar conjeturas al respecto. Estuvieron algunas horas entretenidas con eso.
—Yo pensaba que tú eres la responsable y seria del grupo —dijo Kenzi con una sonrisa mientras balanceaba su copa de un lado a otro.
—Soy la que está investigando esa carta que encontraste mientras tú estás bebiéndote el vino caro —bromeó Lauren.
—Si hubiera sabido que las Sombras te proveían de bebidas alcohólicas de tanta calidad, hubiera obligado a Bo a elegir bando.
Ambas sonrieron cuando Kenzi pronunció su nombre. Lauren la miró desde el computador dando a entender que no pasaba nada si hablaban de ella. La otra suspiró aliviada porque temía que la doctora se dejara vencer de nuevo por la tristeza y la desesperación. Había sido difícil sacarla de la cama y ponerla a trabajar.
—Empiezo a entender porque Bo no puede vivir sin ti —le confesó Lauren—. No sé qué habría sido de mí si no hubieras estado aquí.
—Creo que necesitas algo de vino, doc —dijo la otra sonriendo mientras le llenaba una copa—. ¿Quieres saber algo? Yo aún sigo sin saber por qué Bo dice tantas cosas sobre ti, sobre todo referente a lo sexual, pero por supuesto, no estoy dispuesta a averiguarlo por mí misma.
—Espero que no estés insinuando nada raro —rió Lauren.
—Yo espero que no estés imaginando nada sáfico en esa cabecita tuya —le respondió mientras se acercaba al sofá donde estaba la doctora sentada y le entregaba la copa de vino—. ¿Has averiguado algo de esa carta? He intentado localizar a la rubia cara-calavera, pero no sé dónde se habrá metido.
—Sabes —le dijo mientras tomaba un sorbo de la copa—, cada vez confío menos en Tamsin. Ella está escondiendo algo, lo sé.
—Hablaré con Vex y la buscaré, pero primero tengo que encontrar el fondo de esta botella —volvió a bromear Kenzi.
—Algo del fondo de la botella dijiste de la anterior y Bo me dijo algo sobre una manía sexual que te da cuando te emborrachas.
—Probablemente estuviera hablando de sí misma. —Kenzi tragó con rapidez el resto de su copa—. Espera, ¿esto no será una especie de flirteo safo? Porque no estoy en la onda esa.
—No estoy tratando de seducirte, si es lo que preguntas.
—Pues emborráchate conmigo, Lo. Odio beber sola.
—Eres impresionante —le hizo saber mientras volvía a beber de su copa con una sonrisa.
—Ahora me halagas. Eso lo podría considerar flirteo.
Lauren comenzó a reír y Kenzi la acompañó durante un rato. Luego, la morena se acercó a la doctora para ver lo que había en la pantalla del computador portátil aún riendo.
—Entonces —dijo con una sonrisa en su boca—, ¿qué sabemos de esa carta?
—Nada —le respondió seria Lauren—, apenas tengo acceso a la base de datos de las Sombras y comparada con la de las Luces, es bastante deprimente.
La doctora bajó la tapa del portátil y miró a la morena.
—Bueno, Lo, aparte de la Trickpedia, ¿conocemos a otro fae de confianza que sea una enciclopedia andante de los faes?
Lauren suspiró mientras apoyaba su cabeza en el respaldo del sofá.
—No es de confianza, pero conocemos a alguien que puede saber mucho de los faes.
—¿Ah, sí? —preguntó curiosa Kenzi.
—Tamsin —respondió Lauren y la morena la miró sin entender—. Es una valquiria, así que ha tenido que vivir mucho más de lo que han vivido Trick y Dyson juntos —le explicó.
—¿Por…?
—Las valquirias son faes raros, se suponen que viven en ciclos, así que Tamsin ha tenido que tener varias vidas. No se sabe mucho de ellas, por lo menos no hay registros que yo haya leído. Como me dijo Trick una vez, los faes no lo registran todo.
—Así que volvemos a la señorita nórdica de nuevo… —concluyó Kenzi suspirando agotada de no obtener respuestas—. Tendremos que averiguar dónde se ha metido.
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«Brynhild, tú eres la primera de las valquirias. Fuiste leal una vez. Ahora, ¿qué eres? Te lo diré: una simple fae, alcohólica, con cientos de remordimientos, con el corazón hecho pedazos, sin nadie por el que luchar… Y una asesina. Aún tienes tus manos manchadas de sangre. Su hermosa sangre… Mataste a lo que más quería. Era mi vida. Pero lo pagarás… ».
Tembló por sus palabras de amenaza, pero también por el brillo azul que ardía en sus ojos mientras la miraba con furia por asesinar a lo que más quería.
Algo la despertó. Cuando consiguió abrir los ojos, se dio cuenta de que había sido un cubo agua fría.
—Despierta, valquiria —dijo una voz ronca y grave—, no tengo todo el día.
Tamsin trató de moverse y gritó del dolor cuando lo hizo. Se encontró a sí misma con las manos en alto, atadas al techo, y sus pies encadenados al suelo. Cada centímetro de su cuerpo dolía de forma agonizante. A penas unos jirones de ropa cubrían su cuerpo casi desnudo.
—Sí, probablemente mis chicos no fueran muy amables contigo ayer —comentó el hombre observando el aspecto de la mujer.
La fae apenas recordaba nada. Su rapto, una lluvia de golpes y otras cosas en las que prefería ni pensar. Le hicieron preguntas que ella no podía responder. No sabía dónde estaba, pero sin importar el lugar, no podía utilizar sus poderes en él.
—Eres nada sin tus habilidades ¿eh? —continuó el hombre hablando—. Solo una cara bonita, aunque ahora mismo ni siquiera eso —señaló acercándose a ella, portando algo en su mano que Tamsin no logró ver—. Espero que hoy estés más dispuesta al diálogo.
—Yo que tú optaría por matarme, no te voy a contar nada —masculló la valquiria con esfuerzo.
—Oh, todos acaban hablando por muy duros que se hagan.
—No tienes ni idea de las veces que he estado en esta situación, torturada incluso por la propia Inquisición.
—Bonitos tiempos aquellos, ahora somos un poco más civilizados, aunque si quieres podemos utilizar algunos de sus métodos. Esto —dijo alzando lo que llevaba en su mano— es una vara de hierro al rojo vivo. A mí no me hace nada, puesto que soy un fae de fuego, veremos qué pasa cuando se le aplica a una valquiria.
El hombre llevó la vara hacia el vientre desnudo de Tamsin. Cuando el hierro hizo contacto con su piel, la fae se agitó de dolor, pero él empujó la vara más contra su piel. Ésta comenzó a enrojecerse y a desprender humo ante el roce ardiente. Tamsin gritó de puro dolor mientras varias lágrimas bajaron por su rostro.
—Podría estar así todo el día, ¿seguro que no tienes ganas de contarme para quién trabajas? Y no me refiero a tu jefe de policía o a Morrigan, sabes bien lo que te estoy preguntando.
—¡Voy a hacerte pedazos! —gritó ella empezando a marearse por todo el daño que estaba sintiendo.
—Bien —rió él.
Alejó el hierro de Tamsin un instante y luego lo clavó atravesando su carne. La valquiria sintió cómo su visión se volvía borrosa de repente y el dolor que sintió le provocó un escalofrío que hizo que casi perdiera la consciencia. Vio la sangre escurrir de su cuerpo y caer hasta el suelo. Escuchaba la risa sádica del hombre como si fuera lejana.
«Tamsin».
Sintió los ojos caer pesados y un golpe que sacudió su mandíbula.
«Tienes que entregarla».
La sangre se mezclaba con el sudor y las lágrimas de su rostro. Ella no podía ni siquiera moverse y él seguía golpeándola y quemándola con el hierro a rojo vivo, pero ya no lo podía escuchar.
«Brynhild, dásela. Tenemos que sacrificarla».
Todo se sumió en la oscuridad de nuevo, y allí, se vio a sí misma, vigilada por unos ojos que brillaban azules entre las penumbras de sus pesadillas.
—Oh, tu amiga va a estar muy decepcionada cuando le cuente lo poco que has cooperado —murmuró el hombre mientras observaba el cuerpo inmóvil de Tamsin.
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No existía el tiempo. El tiempo allí no era importante. No existía el dolor. Su mente y su corazón estaban limpios. Todo era diferente, incluso él mismo. Dyson caminó a través del Valhalla, detrás de Siriana. La sala era inmensa, de un color blanco que brillaba intensamente. A los lados, cerca de la pared, había estatuas y cuadros inmensos de guerreros de todas las épocas.
—Este es el Salón de los Muertos —señaló Siriana—. Aquí se rinde homenaje a los grandes guerreros caídos en batalla y llamados por Odín.
—¿Y dónde están esos guerreros?
Ella sonrió y movió su cabeza hacia un lado para que la siguiera. Ambos continuaron su camino, sea a dónde sea que lo llevara ella. Sin embargo, pronto una gran puerta de metal resplandeciente se alzaba al fondo de la sala. Siriana se acercó a ella y la empujó con esfuerzo, y poco a poco, otra enorme sala se abrió ante ellos. Dyson no logró vislumbrar un final. Habían largas mesas repletas de comida y bebida, donde gente a su alrededor cantaba y reía. Había miles, cientos de miles de hombres y mujeres allí dentro, en aquel espacio gigantesco.
—Aquí están los guerreros de Odín —le dijo ella—. No puedes estar aquí por mucho tiempo, así que aprovéchalo, quizá conozcas a alguna celebridad.
El fae entró fascinado por la grandeza de lo que se presentaba ante sus ojos. Aquel lugar era asombroso. Ahora mismo estaba en un sitio que poblaba cientos de leyendas antiguas, que ningún fae pudo jamás imaginar que existiera.
—¿Dyson? —lo llamó una voz femenina—. ¿Qué haces aquí?
El lobo se dio la vuelta y se paralizó al reconocer quien lo llamaba. Hubo algo en su interior que se agitó, pero él permaneció inmóvil. Su rostro alegre con delicados rasgos, sus ojos jubilosos y verdes que lo miraban fijamente, su hermosa sonrisa y su cabello dorado que caía sobre sus hombros. Ella tuvo que acercarse a él, porque el fae siguió quieto. Lo abrazó con fuerza y rió en su cuello aún sorprendida por verlo allí. Dyson la bordeó con sus brazos, estupefacto.
—Ciara… —murmuró—. ¿Qué haces tú aquí?
La mujer se separó de él y, tomándolo de las manos, lo miró.
—Mi madre era una Scáthach y me enseñó todo sobre la guerra, soy una guerrera aunque no lo creas y fui reina, así que cuando morí, Odín me reclamó. Tú fuiste un guerrero también de modo que… —El rostro de Ciara se tornó a serio y miró al fae con preocupación—. Pero tú no perteneces a este lugar, tú no deberías de estar aquí.
—¿A qué te refieres?
—No sé, no te siento como a todos los que están en este sitio, tú no has sido llamado para la Gloria Eterna y para luchar junto Odín.
—No sé qué hago aquí, Ciara —le confesó con seriedad—, y no sé nada de este lugar.
—Estamos aquí, preparándonos para la Gran Batalla, Dyson.
—¿De qué hablas?
—Del fin del mundo, del Ragnarok —le explicó ella con una sonrisa como si aquello fuera lo más maravilloso del universo.
