NOTAS: Me disculpo por la espera, en compensación, tenéis un capítulo más largo. Espero vuestros comentarios. Ya llegan capítulos moviditos, esto es solo "la calma antes de la tempestad" XD.

En la segunda escena, suena una canción y puse unas estrofas de esa canción en la historia. Si alguien le interesa, la canción es de Pretty Reckless: Under the water.


Su estómago se agitaba. Las náuseas fueron quienes la despertaron. Tamsin trató de abrir los ojos, pero no pudo. Parecía que alguien estaba apretando su cabeza fuertemente, no lo hacían, aunque lo sintiera así. Trató de quejarse, sin embargo, la frenó el dolor al intentar hacerlo. Comenzó a vislumbrar una silueta frente a ella. Su visión era borrosa, en gran parte, por la cantidad de sangre en su rostro y ojos. Su cuerpo estaba entumecido. Sentía tanto dolor que apenas podía moverse e incluso respirar. Por su estado, deducía que no iba a poder estar despierta mucho más.

—Tamsin —la llamó una voz femenina.

A la valquiria no le costó reconocerla, a pesar de su estado. Sintió que hasta las náuseas se incrementaron al saber quien había sido la que había orquestado todo aquello.

—Querida, da pena verte —escuchó decir a Evony—. Espero que sepas perdonarme esto —le susurró al oído—, pero una mujer como yo debe ganarse el respeto de muchas personas.

—Acabas de firmar tu sentencia de muerte —le contestó con esfuerzo la valquiria.

—No digas eso —dijo ella—. Considéralo un pequeño castigo por mentirme con el tema de la súcubo, ahora ya estamos en paz.

—Aléjate —protestó Tamsin mientras sacudía su cabeza con esfuerzo—. Ahora no estás tras el título de Morrigan y puedo arrebatarte la vida tan fácilmente como una vez te la devolví.

—Tú y yo nos llevábamos muy bien en ese entonces. Una lástima que nuestra relación se deteriorara hasta este punto —dijo ella cubriendo a la valquiria con una sábana.

—Te has convertido en una zorra fría y estúpida, no eres nada de lo que fuiste una vez.

—No, ahora soy mejor. Deberías saber que trato de ser convincente para contentar a la estúpida de Aela y ganarme su confianza, al igual que la de los cretinos ancianos de las Sombras. La nueva Ash se cree que por ser una arconte puede hacer lo que le venga en gana y jugar con quien quiera. Aparte de eso, quería comprobar algo por mí misma y me resulta curioso ver que eres más fuerte de lo que pensaba. Juraría que ya estabas al final de tu ciclo de vida.

Tamsin dejó salir una bocanada de aire mientras trataba de permanecer despierta. El dolor que sentía en la cabeza era cada vez más insoportable.

—Mi querida valquiria, crees que por tener miles de años y tantas vidas a tus espaldas puedes hacer lo que te venga en gana. No eres invencible, no puedes ir por ahí salvando a humanos desvalidos sin importar si son traidores. —Evony tomó el rostro de Tamsin entre sus manos—. Tú me sirves a mí y si me traicionas, si tratas de hacer algo que no me gusta, pasa esto.

La rubia dijo algo inteligible y Evony soltó su rostro con desprecio.

—Después de todo lo que hicimos juntas… —continuó hablando la morena—. Prefieres ayudar a la súcubo sin bando. Pero si haces algunas tareas para mí, haré borrón y cuenta nueva.

—Que te den, puta —murmuró Tamsin.

—Vale, dejaré que te vengues de estos señores que se han portado tan mal contigo sin que haya ninguna repercusión hacia ti.

—¿Qué diablos quieres de mí? —preguntó la valquiria con la voz débil.

—El lugar que me corresponde.

—¿Toda esta basura por eso? Fuiste tú quien lo perdió…

—Quería que recordaras cuál es tu lugar.

—No voy a ayudarte en nada, así que ya puedes acabar con todo este circo.

—Cariño —le dijo mientras acariciaba su rostro—, eres una testaruda. —Entonces caminó dos pasos hacia atrás y la miró fijamente—. Bien, mandaré a mis amigos a acabar con la vida de esa doctora que tanto te ha costado salvar. Mi amigo el trol fue solo un aviso y ahora no estás allí para protegerla.

—A ella déjala en paz —le advirtió con un tono amenazador.

—Oh —exclamó Evony con sorpresa—, ¿así que también te has vuelto amante de los humanos o es este humano en específico quien despierta tu amor? —La valquiria le dirigió una mirada de odio en respuesta y la antigua Morrigan continuó hablando—: Ayúdame y te prometo que la doctora no sufrirá ningún daño, de hecho, haré que vuelva al cuidado de las Luces. ¿Lo ves? No soy tan cruel.

—Helviti —susurró Tamsin.

Evony vio un brillo en sus ojos durante algunos segundos, luego nada. La fae se acercó a la valquiria y le levantó el rostro con una mano, sujetándola por la barbilla. Sus ojos verdes y cansados se fijaron en los de ella.

—No tienes poderes aquí —le dijo con un tono frío e intimidante—, así que no gastes fuerzas inútilmente — añadió mientras soltaba su rostro y se alejaba unos pasos de ella—. ¿Vas a ayudarme o mando a matar a la doctora? —le preguntó con impertinencia.

—Tienes mi sangre en tu piel…

—¿Estás perdiendo el juicio o qué? —preguntó Evony tratando de mantener la calma—. ¡Te hice una pregunta!

—Lo haré —respondió dejando caer la cabeza hacia delante.

—Bien, me alegra poder dialogar contigo, después de todo —dijo sintiendo una extraña sensación recorrer su cuerpo, como una sombra fría que acarició su piel.

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Metió las manos en su chaqueta de piel y se acercó a la puerta del antro. No era una noche fría, pero tampoco era una de esas noches en las que se podía estar demasiado tiempo en la calle. Un hombre grande y corpulento aguardaba a la entrada y se fijó en ella cuando la vio llegar. La miró de arriba a abajo e hizo un gesto afirmativo de que podía entrar. Caminó con determinación hasta el interior y varios faes la miraron asombrados. Ella les dirigió una mirada de indiferencia. Se dejó llevar por la música del grupo de metal que tocaba aquella noche mientras hacía su camino hasta la barra.

La primera noche que había entrado allí, había sido porque aquel sitio era el preferido de Tamsin y pensaba que podía encontrarla en ese lugar. La segunda, esperó lo mismo, pero permaneció allí porque sintió confort cuando el alcohol bajó quemando su garganta. Son Bo, había algo que faltaba en su interior. Sentía un vacío que no era capaz de llenar con nada. Se sentía sola, confusa y no podía hallar ni recibir consuelo de nadie, hasta que encontró ese local. La música, la gente, la bebida… Tamsin tenía buen gusto, a ella también le gustaba ese sitio, por eso volvía cada noche. Se apoyó sobre la barra y pidió su licor favorito. Mientras esperaba su pedido, se dio la vuelta para ver al grupo que tocaba esa noche. Dejó que la música se apoderara de ella y sintió la letra como una descripción autobiográfica de aquel momento:

«Don't let the water drag you down / No dejes que el agua te arrastre hacia abajo
Don't let the water drag you down / No dejes que el agua te arrastre hacia abajo
Don't let the water drag you down / No dejes que el agua te arrastre hacia abajo
Broken lines, across my mirror / Líneas rotas por mi espejo
Show my face, all red and bruised / Que muestra mi cara toda roja y magullada
And though I screamed and I screamed, / Y aunque grité y grité
Well, no one came running / bueno, nadie vino corriendo
No I wasn't saved, I wasn't safe from you / No fui salvada, no fui salvada de ti»

Cuando le sirvieron su bebida, Kenzi alzó el vaso con licor a la altura de sus ojos y lo bebió con rapidez. Empezaba a darse cuenta lo mucho que odiaba beber sola. Ahora se encontraba allí, consigo misma, por primera vez en mucho tiempo y era aterrador. No se conocía a sí misma porque ya no era la humana que recordaba.

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Lauren volvió a despertarse de repente, cubierta de un sudor frío. Sentía su corazón latir con fuerza dentro de su pecho, de una forma frenética. La doctora se sentó en su cama y miró la hora: las cuatro y veinte de la mañana. Trató de respirar de forma sincrónica y controlada para tratar de reducir la ansiedad. Su encierro en las mazmorras de la Ash seguía presente en su mente de una forma muy vívida, aunque lo peor era que aquello había traído a su cabeza todo lo que vivió en Afganistán. Lauren se puso en pie y caminó en la oscuridad hasta el cuarto de baño. Allí, encendió la luz del espejo. Parpadeó cuando la claridad golpeó sus ojos y se apoyó sobre el lavabo mientras sentía que se quedaba sin aire. Abrió el grifo de agua fría y continuó tratando de controlar su respiración. La opresión en su pecho se hacía cada vez mayor y estaba empezando a sentir que iba a desfallecer. Tomó un poco de agua entre sus manos y la vertió sobre su nuca. Cerró los ojos y se concentró en su respiración. Poco a poco lo estaba logrando, se fue sintiendo mejor. Hacía demasiado tiempo que no se encontraba así y la primera noche que despertó con aquella ansiedad, realmente se asustó. Sin embargo, parece que no había olvidado cómo debía de actuar ante aquella situación.

Lauren decidió bajar a la cocina a buscar algo de agua antes de intentar volverse a dormir. Bajó las escaleras a oscuras y tentó en la pared buscando el interruptor de la luz. Cuando lo halló, lo pulsó y se asustó al encontrarse a Kenzi sentada en la mesa de la cocina.

—¡Kenzi! —exclamó—. ¿Qué haces aquí, a oscuras?

La morena la miró perpleja mientras sostenía una copa de lo que parecía vino. Se encogió de hombros y dejó su bebida sobre la mesa.

—No me di cuenta —le respondió simplemente. Lauren se acercó a ella confusa.

—¿Estás bien?

Antes de que Kenzi pudiera responder, alguien golpeó varias veces la puerta. Las dos mujeres se miraron alertadas, sin saber qué hacer, quietas, sin hacer ruido. Pero los golpes se repitieron con más insistencia.

—Voy a ver —dijo Kenzi poniéndose en pie.

—No —susurró Lauren agarrándola de un brazo.

—Solo voy a mirar por la mirilla, ¿vale?

La doctora asintió dejándola ir. La morena se acercó sigilosa y se apoyó sobre la puerta mientras examinaba el otro lado a través del pequeño agujero.

—¿Y bien? —preguntó la rubia.

—No hay nadie —respondió la otra dándose la vuelta para mirarla.

Otro golpe, esta vez fue más débil. Kenzi abrió la puerta, aun cuando la doctora le gritó que no. Al otro lado había un cuerpo tirado en el piso, bocabajo, con un brazo hacia la puerta. Estaba lleno de magulladuras. Lauren no alcanzó a ver heridas graves a simple vista, pero la sangre en el suelo, en la sábana que la cubría, en su rostro y entre su pelo rubio, le indicaba que su estado debía de ser deplorable.

—¿Es Tamsin? —dijo en un hilo de voz Kenzi.

Ambas permanecieron en silencio, observando aterradas la escena. La doctora fue la primera que se acercó. Se agachó a su lado y buscó el pulso de la valquiria en su cuello.

—¡Está viva! —gritó cuando lo halló—. Kenzi, ayúdame a entrarla y acostarla en el sofá.

En cuanto rozaron a penas a Tamsin, ésta se quejó de dolor. Lauren miró a la morena que dudaba en volverla a tocar.

—No puedo atenderla aquí, Kenz —le dijo—. Hay que moverla, pero trata de mantener su cuello y espalda rígidos.

Ambas tomaron a la valquiria con sumo cuidado y trataron de desplazarla hacia dentro del apartamento. Cuando le dieron la vuelta, Tamsin gimió de dolor y comenzó a escupir sangre. Lauren gesticuló alertada hacia Kenzi para que la dejara en el suelo.

—¡Qué pasa! —le dijo alterada.

—Ayúdame a quitarle esta sábana.

Cuando retiraron la tela hacia un lado, ambas observaron las heridas en su vientre, algunas estaban abiertas y eran profundas. Su casi completa desnudez heló a Kenzi. Lauren se apresuró en examinar su cuerpo intentando no afectarse por lo que veía: su rostro estaba brutalmente golpeado, su labio estaba hinchado, uno de sus ojos morados, tenía una brecha en la frente que seguramente necesitaba puntos de sutura, había quemaduras en su vientre, algunas parecían atravesar varias capas de la piel, y una herida muy profunda por la que brotaba sangre.

—¿Pero que le han hecho? —dijo Kenzi con los ojos llenos de lágrimas.

—Necesito que busques algo con lo que tapar esta herida y hacer presión —le dijo mirándola seriamente tratando de transmitirle calma—, ¿me entiendes?

La morena asintió asustada mientras se levantaba rápidamente y se dirigía a la cocina. La doctora colocó sus propias manos sobre la herida. Tamsin se quejó en cuanto sintió su roce.

—Trata de estar despierta, ¿vale? —Lauren trató de sonar agradable—. Intenta mirar hacia mí. ¿Te duele la cabeza?

No le respondió. Los ojos verdes de la valquiria se fijaron en los de ella. Estaban más apagados y apenas se mantenían abiertos.

—¡Aquí está! —exclamó Kenzi agachándose y entregándole un paño a Lauren.

La doctora cubrió la herida del vientre con él y cuando presionó ligeramente, Tamsin se movió bruscamente gritando de dolor mientras salía más sangre por su boca. Una de sus manos acabaron a aferrándose al brazo de Kenzi. La morena tomó la mano temblorosa de la fae entre las suyas y miró con preocupación a la doctora.

—Mierda —maldijo Lauren cuando se percató del corte profundo que atravesaba las costillas de la fae.

Con una mano sosteniendo el trapo sobre su vientre, la doctora examinó la herida. En cuanto hizo un poco de presión, Tamsin se quejó y escupió más sangre. Lauren se llevó las manos a la cabeza, sin ni siquiera importarle que las tuviera manchadas. Era demasiado tarde, ella lo sabía. El pulmón de la valquiria había sido perforado y estaba lleno de sangre. No podía salvarla. Necesitaba una cirugía urgente y aún así, en su estado, las probabilidades de supervivencia eran más bien nulas.

—¿Qué? —dijo Kenzi aterrada.

Lauren solo negó con la cabeza. La morena bajó la vista hacia la débil valquiria. Se dio cuenta que apenas podía respirar. Tamsin apretó su mano contra la suya y la miró. Sus labios se movieron y Kenzi se acercó más a ella.

—¿Quieres decirme algo? —le preguntó.

La valquiria tiró del brazo de la morena para que se acercara más. La fae levantó ligeramente la cabeza y Kenzi la miró atentamente mientras estaba a escasos centímetros de su rostro.

—Mi pelo… —le susurró débilmente—. Haz una infusión… —Tamsin escupió sangre de su boca—. Dámela de beber…

La valquiria dejó su cabeza caer hacia atrás y cerró los ojos mientras tosía fuertemente. Su mano seguía aferrada a la de Kenzi cuando perdió el conocimiento.

«Brynhild. Es la hora».

Tamsin caminó en medio de la oscuridad hacia el pequeño halo de luz que observaba al horizonte.

«Esta es tu gran prueba».

De pronto, todo se cubrió de luz. La valquiria cerró los ojos y se agachó instintivamente.

«Levántate. Cumple tu destino».

La fae se puso en pie y vio a Bo frente a ella. Era la voz que oía en sus sueños.

«Mírame», escuchó, aunque la boca de la súcubo no se movió. «Observa lo que has hecho».

Tamsin se fijó que Bo tenía las manos manchadas de sangre. La súcubo las alzó hacia ella y las colocó sobre el rostro de la rubia.

«Ahora, soy Él y debes entregarme su sangre».

La valquiria abrió los ojos sobresaltada. Se encontró a sí misma con una camisa ancha y unos pantis negros cortos, acostada sobre una cama que no reconocía. Miró a su alrededor. No era una habitación muy grande. Al lado suyo, encontró a Kenzi sentada sobre una silla, con la cabeza apoyada en la pared, durmiendo profundamente. Tamsin examinó su cuerpo, tenía algunos hematomas y sus músculos estaban ligeramente entumecidos, pero estaba casi completamente bien. Se levantó silenciosamente de la cama y salió de la habitación. Observó el corto pasillo que llevaba a unas escaleras y escuchó un ruido proveniente del piso inferior. La fae bajó las escaleras lentamente. Cuando llegó abajo, divisó a Lauren sentada en el sofá con el portátil entre las piernas tecleando en él. La valquiria se acercó a ella y se quedó de pie, al lado del sillón, observándola. La doctora levantó la vista, y cuando la vio allí, su boca se abrió asombrada.

—¡Increíble! —exclamó perpleja—. ¡Estás completamente curada!

—Y sin sexo —le respondió alzando una ceja. Lauren trató de disimular, pero el dolor atravesó su rostro en un gesto involuntario.

—Lo siento —dijo la valquiria cuando se dio cuenta.

—No importa, está bien —le contestó bajando la mirada hacia el computador.

Quizá la doctora no lo sabía, pero la mayoría de las veces su rostro era como un libro abierto, solo había que saber cómo leerlo. En aquella ocasión, Tamsin supo que realmente sí le había importado aquel comentario. Los ojos de Lauren emanaban un dolor evidente y no podía ser obra de otra persona que no fuera Bo. Sin embargo, la humana siguió hablando como si no le hubiera afectado:

—Necesitas alimentarte. Fae o no, tu cuerpo acaba de sufrir un trauma severo —comento mientras levantaba la vista hacia ella—. ¿Te apetece algo?

—Está bien, doctora House, sigue trabajando, yo buscaré algo en la cocina —dijo mientras se daba la vuelta.

—No —insistió ella—, necesitas una dieta específica, has perdido mucha sangre…

—Tranquila, doc, no es mi primera vez en esto, sé manejarme.

Una sonrisa melancólica se dibujó en el rostro de Lauren mientras veía a la valquiria caminar hacia la cocina, aquel comportamiento era muy típico de Bo.

—Tamsin —la llamó la humana. Ella se giró y la miró—. Gracias. —dijo y la valquiria le dirigió una mirada de incomprensión—. Por salvarme —aclaró. Los labios de la fae se curvaron ligeramente en una casi inapreciable sonrisa.

—Tú acabas de hacer lo mismo —le respondió—, así que estamos en paz. Simplemente guarda el secreto de cómo lo hiciste. —Se produjo un extraño silencio entre las dos. Después de un rato, la valquiria continuó hablando—. Te explicaré todo lo que sé, Lauren, pero tienes que ser paciente y confiar en mí.

La doctora tomó aire y sintió una sinceridad inexplicable en las palabras de la fae, así que asintió lentamente. En verdad, no creía que fuera capaz de ser muy paciente, no obstante, la situación que acababan de vivir había sido bastante extrema y prefirió esperar a que ella se recuperara. Tamsin también asintió y bajó su vista hasta la mesita de café frente al sofá donde estaba Lauren. Había varios papeles y algunos libros, pero lo que llamó su atención fue una especie de tarjeta con la silueta de un hombre y una mujer a su lado. Sintió su corazón detenerse brevemente cuando leyó The Wanderer en ella.

La humana vio el extraño gesto de su cara y se puso de pie pensando que se iba a desmayar. Sin embargo, la valquiria permaneció estática, con la vista fija sobre la carta. De nuevo se había aparecido ante ella mostrándole el destino que debía cumplir.