Summary: Y, sinceramente, era una pena que Harry no recordara lo que se decía: Qué los niños y los borrachos siempre decían la verdad…

Disclaimer: Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son de J.K. Rowling.

Advertencia: Slash. O sea, relación homosexual. Posible falta de lógica. Incoherencias. Creo que algo de OoC (?). Por esta ocasión AU. Si no te gustan este tipo de fics, no leas. Yo ya avise~.


Momentos

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Borrachera.

Harry suspiró, moviendo un poco su cabeza intentando mover su flequillo de su frente para poder ver un poco mejor, bufó en señal de frustración al tiempo que se tambaleaba levente hacía un costado a causa del peso demás que llevaba sobre él. Frunció el ceño, mirando mal a la persona que lo acompañaba, quién sólo sonrió de forma adormilada para luego seguir con su perorata, provocando que Potter maldijera todo lo existente.

¡¿Por qué demonios justo hoy Draco se tenía que emborrachar?!

—Ya te dije que ayudes un poco, Malfoy. —dijo cortante, haciendo más fuerte su agarre en la cintura del mayor al sentir que este se tambaleaba nuevamente. —En serio, ¿Tenías que tomar tanto justo hoy, Draco? ¡Vas a tener una maldita jaqueca que te hará estar insoportable!...Y voy a tener que cuidarte. —se quejaba el mago azabache, quién hacía maravillas para que su mejor amigo no terminara de bruces contra el piso del edificio donde vivían de momento.

Normalmente el blondo Slytherin era de buen aguante cuando de alcohol se trataba, pero por alguna razón ese día – noche más bien – el heredero de Malfoy Manor había sobrepasado tantito de su límite para desconcierto del menor.

Draco se tuvo que embriagar justamente en el día que Harry descubrió sus sentimientos por él…

De la nada, el dueño de las orbes esmeraldas se encontró atrapado entre una pared – a lado de la puerta de su departamento – y el cuerpo del blanquecino aristócrata, el cual sonrió travieso al notar como los colores subían rápidamente por el rostro del contrario antes de robarle un beso – que tenía nada de casto – al único Potter.

—¡¿P…Pe…Pero qué demonios haces, Dragón?! —gritó alterado, completamente sonrojado ante la brillante mirada plateada ajena.

—¡Te amo! —aseguró el mago rubio al tambalearse levemente.

Ah…Todo era a causa del alcohol.

En un movimiento veloz – que dejaba ver porque el de las gafas había ganado tantos partidos de quidditch para Gryffindor – abrazó por la cintura al otro mago, evitando nuevamente que éste se estrellara contra el piso. Potter suspiró, aún sonrojado y un poco enfurruñado.

—Sí, sí, como digas, Draco. —bufó, rodando los ojos. —Ahora dame las llaves para abrir la puerta. —pidió, o más bien demando, al sangre pura.

Y sólo bastó que el mago rubio hiciera un sutil movimiento de cejas, sonriendo malicioso para que el chico de la cicatriz entendiera que debería buscar por él mismo las llaves.

Maldito ebrio descarado. pensó el menor al hacer un mohín, completamente avergonzado y ruborizado.

Y, sinceramente, era una pena que Harry no recordara lo que se decía: Qué los niños y los borrachos siempre decían la verdad…


Lo de siempre, perdonen cualquier error. Gracias por los reviews y demás :')

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¡Hasta luego!~