NOTAS: Otro capítulo más, las cosas se empiezan a torcer de verdad. Además, este es el capítulo más largo que he escrito, casi son tres capítulos en uno, así que espero que lo disfruten. Gracias por seguir leyendo esta historia.


Kenzi se acomodó en el sillón y siguió pasando los canales de la televisión intentando encontrar algo interesante que ver. Al final, decidió dejarlo en un canal aleatorio donde estaban dando el parte de noticias de la madrugada.

—¡Oh! —exclamó—. Un asesinato cerca de aquí.

La morena metió su mano en el paquete de galletas que se estaba comiendo mientras prestaba algo de atención:

—«Hablamos de un hombre varón de entre 40 y 50 años, hallado muerto sin aparentes signos de violencia, pero del que todavía no se conocen las causas de la muerte. A pesar de ello, los informes preliminares de la policía descartan una muerte por causa natural».

Kenzi se inclinó ligeramente para acercarse al televisor. Ahora mostraban a un periodista entrevistando a un portavoz de la policía:

—«Están tratando de identificar el cuerpo mediante pruebas de ADN, tiene unas abrasiones en la cara que nos dificultan el reconocimiento facial y no, estas abrasiones no fueron la causa de la muerte. Necesitamos un estudio más profundo y unos análisis más exhaustivos para obtener resultados fiables».

—¡Lauren! —la llamó—. ¡Deberías de ver esto!

—Está durmiendo arriba.

Kenzi dio un respingo cuando escuchó la voz de Tamsin a su espalda. Había olvidado que estaba allí, a pesar que se había quedado dos noches con ellas.

—Diablos, valquiria —se quejó—. Deja de pasearte como si fueras un gato ninja.

—Soy muy silenciosa, ¿qué puedo decir? —le dijo apoyándose sobre el respaldo del sofá donde Kenzi permanecía sentada—. Bueno, qué pasa, ¿por fin se han atrevido a estrenar un reality show de un grupo de gorilas?

—Ya existe, pero no, es algo mucho peor —contestó señalando a la televisión.

La valquiria le dirigió una mirada de incredulidad antes de tornar la vista a la pantalla. En seguida reconoció el lugar donde estaban grabando, no era muy lejos de allí y era la zona de un noble de las Sombras. Tamsin saltó por encima del respaldo del sillón y se sentó junto Kenzi.

—Mierda —murmuró.

—¿Es lo que yo pensaba? ¿Es fae?

Tamsin no le contestó y siguió observando fijamente las imágenes que mostraban. Casi al instante, su teléfono comenzó a sonar. Kenzi vio claramente su gesto de contrariedad y preocupación mientras tomaba el aparato de la mesa de café, frente al sofá.

—Tamsin —contestó—. Sí, lo estoy viendo ahora, ¿qué narices ha pasado? —la valquiria tomó aire y Kenzi retrocedió ligeramente al ver su gesto de enfado—. ¡Ese es tu maldito trabajo! ¡No tengo ningún maldito radar para saber qué fae se está muriendo a cada rato! —Tamsin se puso en pie de un salto—. ¿Me estás diciendo que la sangre de ese fae está siendo analizada por un laboratorio humano ahora mismo? ¿Esto es una jodida broma, verdad?

—¿Qué pasa aquí? —dijo Lauren desde la escalera—. ¿Qué son esos gritos?

Tamsin siguió vociferando a quien sea que estuviera al otro lado del aparato. Kenzi se levantó del sofá y caminó hasta donde estaba Lauren.

—Creo que han asesinado a un fae y está saliendo por las noticias…

La doctora se llevó las manos a los ojos y los frotó tratando de acabar de despertarse. Luego, miró a Kenzi sosteniendo el aire en sus pulmones y con ojos muy abiertos.

—¿Cómo?

—Lauren —le dijo Tamsin aún sosteniendo el teléfono en su oreja—, necesito que te pongas cualquier ropa decente, cojas tus cosas de doctora y me acompañes. Ya.

La valquiria siguió hablando por teléfono mientras se empezó a desvestir y casi se había quitado todo, cuando se dio cuenta, que de hecho, no tenía nada que ponerse.

—Esta es la parte donde me despierto, ¿verdad? —dijo Lauren con la voz ronca y los ojos entrecerrados mirando a Kenzi—. ¿Están sacando a un fae por la televisión?

—Tienes tres minutos —le advirtió Tamsin— y búscame algo a mí también, te lo contaré de camino.

—Eh, mujer —exclamó Kenzi tapándose los ojos cuando la valquiria se acercó a ellas—, aquí agradeceríamos que te taparas el torso.

—¿Qué? —dijo mirándose—. Me gusta sentirme libre cuando duermo.

—Lauren —se quejó Kenzi.

—Estoy muy dormida para vuestras disputas —dijo Lauren tratando de mantener los ojos abiertos—. Así que, vamos a arriba a buscar algo de ropa —dirigiéndose a Tamsin— y me explicas qué diablos está pasando.

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—¡Esto es un maldito desastre! —gritó el hombre furioso.

Vex se levantó de forma arrogante de su asiento, bordeó la mesa y lo miró levantando una ceja y con gesto serio.

—Primero, soy Morrigan, un poco de respeto —dijo alzando la mano y obligando al hombre a hacer una reverencia—. Y segundo, no soy la maldita niñera de las Sombras. Se supone que tiene que haber alguien al tanto de estas cosas, ¿es que estoy tirando el dinero que os pago? Porque me gustaría gastarlo en algo más provechoso y placentero para mí.

—Vex —le dijo tratando de oponerse a lo que el mesmer le obligaba a hacer—, Evony se está ganando el favor de algunos ancianos y esto no es bueno para ti.

El fae liberó a su empleado y lo miró curioso por su comentario.

—¿Evony? —dijo mientras se acercaba a él lentamente—. Se supone que puedo controlar a la gente, no adivinar sus pensamientos, ¿cuándo me ibas a contar eso?

—Yo… —balbuceó nervioso—. No creí que fuera importante hasta ahora.

Vex acercó su rostro hasta el del hombre y lo miró fríamente a los ojos.

—Tú tienes que contármelo todo, no asumir que algo no es importante, eso lo haré yo —tomó a su empleado por el cuello de la camisa con las dos manos—. Ya sabes eso que dicen sobre hacer enfadar a un mesmer.

El hombre asintió asustado. Vex lo liberó y le colocó el cuello de la camisa con cuidado.

—Perfecto —contestó—. Entonces vete a hacer tu trabajo y consigue meter a Tamsin y a la doctora en ese caso antes de que sea demasiado tarde. Y si te portas bien, dejaré que bebas gratis en el Carpe Noctem durante una semana.

El hombre salió corriendo de su despacho y Vex bufó mientras lo veía irse. Luego, se dirigió al ventanal que cubría uno de los laterales de la estancia y observó el perfil de la ciudad nocturna. A los pocos minutos, escuchó a alguien entrar en la habitación. Por el olor de su perfume, supo que era su secretaría

—Y pensar que me estoy perdiendo el estreno de la nueva temporada de Homeland por este desastre —dijo dándole la espalda—. Mira la ciudad, tranquila, durmiendo, sumida en la calma de la noche.

—En verdad, hay un montón de gente en la calle haciendo un alboroto terrible.

—Querida —se volteó y la miró—, estaba tratando de crear magia para preservar la paz de mi espíritu, porque creo que me va a salir una úlcera y es algo muy feo y molesto —Vex caminó con gracia y se plantó cerca de ella—. Cariño, confío en tus habilidades, dime que le traes algo bueno a papi.

La mujer sonrió y alzó una carpeta hacia él. Vex aplaudió emocionado y la tomó rápidamente entre sus manos.

—A ver, piernas de infarto, hazme un resumen —le dijo mirando los papeles de su interior.

—Hay bastante información de esa súcubo nueva en la ciudad. Anda acompañada de un íncubo y otra fae no identificada.

—¿Un súcubo? ¿Con un íncubo? —dijo perplejo mirándola—. ¿Es el fin del mundo y no me he enterado? Ay —se quejó pasando su mano por su cabello negro—, por experiencia sé que los súcubos solo dan problemas, no quiero imaginar qué harán dos chupa-chis juntos. Pero, entonces, esta súcubo no es nuestra famosa no alineada, ¿no?

—No, los dos vienen de Europa y son Sombras, al parecer tienen un permiso especial del Morrigan de su territorio. Son intocables.

—A no ser que metan sus manos súcubas en el agujero equivocado —Vex levantó el rostro con una sonrisa—. Vaya, esto es un comentario de lo más ingenioso para Bo… Igualmente —dijo volviendo su vista hacia su secretaria— quiero hablar con su Morrigan y sobre la otra fae no identificada, ¿qué sabemos?

—Que es un misterio, no se ha dejado ver demasiado con ellos.

—Bien, habrá que seguir vigilándolos y quiero que un equipo especial esté bien cerca de estos dos, porque si hay un menor indicio de que el noble fue asesinado por obra de algún fae, ellos van a ser mis sospechosos número uno.

—De acuerdo, Morrigan, ¿algo más?

—No, vete a dormir —contestó sacudiendo una mano—, se te están poniendo unas bolsas bajo los ojos horribles.

Ella asintió, hizo una pequeña reverencia y se marchó.

—Lo lamento, Kenzi, voy a tener que darte malas noticias —murmuró todavía examinando las hojas dentro de la carpeta.

#

Lauren caminó con su maletín sigilosamente detrás de Tamsin. Aún le parecía una terrible idea colarse en aquella zona privada del hospital. Habían conseguido entrar en el hospital con la falsa autorización que le habían dado los sombras, pero la parte a la que estaban interesadas en llegar, era inaccesible con aquel papel. La valquiria se apoyó sobre la pared, cerca de la esquina y miró hacia la doctora.

—Al otro lado está la morgue —le susurró.

—Pero está vigilada por dos guardias.

—Camina detrás de mí, yo los persuadiré.

Lauren iba a protestar, pero la fae ya había comenzado a caminar hacia ellos. La doctora se apresuró en seguirla.

—¡Eh, alto! —exclamó uno de ellos—. Esto es zona restringida no podéis pasar.

—Tranquilo —le dijo Tamsin enseñando su placa—, me envía la División 39, tenemos a una forense nueva para realizar un nuevo análisis al cuerpo.

—Nadie nos informó de eso.

—Pues qué pena, debió haber algún problema de comunicación, ¿nos dejas pasar?

—De ninguna manera —le dijo agarrándola de un brazo.

—Ten cuidado, soldado, estás poniendo la mano encima a un agente del orden.

—Pues lo siento, señorita agente del orden, pero tenemos autoridad para hacerlo, así que váyanse.

—Bien —contestó Tamsin dando un paso hacia atrás y recogiendo su pelo—, quizá deberíamos hablarlo con más calma.

—No hay nada más que…

Los ojos de Tamsin se oscurecieron y su rostro se convirtió en una especie calavera. La cara de los hombres se volvió pálida mientras Lauren miraba la escena sin entender muy bien qué pasaba.

—Vuestras órdenes eran unas, pero nos dejaréis pasar de todas formas —dijo la valquiria con mucha determinación.

La humana observó cómo los hombres retrocedían a la vez que Tamsin avanzaba hacia ellos. Sacudían sus cabezas y llevaban sus manos a su pecho, encorvándose con el rostro fatigado.

—Tamsin, es suficiente —le dijo Lauren.

Uno de los guardias cayó al suelo y provocó que la doctora tocara el hombro de la fae asustada de que los matara, lo que produjo una pequeña descarga eléctrica en el brazo de la humana. Entonces, Tamsin se dio la vuelta y la miró con su rostro de vuelta a la normalidad. Lauren dejó caer el maletín al suelo y agarró su mano dolorida.

—¿Lauren? —preguntó Tamsin.

La doctora elevó la mirada hacia ella molesta.

—Casi los matas —le incriminó.

—Solo jugaba con sus constantes vitales, nada que no pueda manejar.

—No puedes atacar a personas inocentes de esa manera.

—No los iba a matar.

Lauren bufó enfadada.

—Vamos a hacer el trabajo de una vez —dijo entrando enérgicamente a la sala forense.

—Tu mano…

—Está bien —la interrumpió con un tono agrio de molestia en la voz—, solo tengo algunos músculos entumecidos.

Lauren se introdujo rápidamente en la sala. Tamsin comprobó el estado de los guardias. Estaban vivos, pero bastante débiles. Sus corazones latían fuertes de nuevo, por lo que se recuperarían, aunque jamás estarían seguros de lo que les había sucedido. La fae tomó el maletín que la doctora había dejado en el suelo y la siguió.

—Lauren —dijo la valquiria entrando y acercándose a la doctora—, tienes que averiguar la causa de la muerte cuanto antes.

La humana se colocó los guantes de látex, haciendo caso omiso a Tamsin, y se acercó al cuerpo inerte que descansaba sobre la mesa de la sala. La valquiria tornó sus ojos en blanco, aquella mujer era demasiado intensa, no sabía qué diablos había visto Bo en ella, aparte de su físico evidente. Lauren retiró con cuidado la sábana que cubría la cabeza del sujeto y examinó escrupulosamente las marcas que tenía en el rostro

—El examen visual indica que…

Tamsin se quedó mirando hacia ella esperando a que acabara la frase, pero Lauren frunció el ceño y retiró completamente la sábana del individuo y siguió examinando las marcas de su cuerpo.

—Necesito que me ayudes, necesito comprobar una cosa —dijo abriendo la boca del individuo con sus dedos.

—¿Qué cosa?

—Creo que un súcubo se alimentó de este hombre —dijo seriamente levantando la vista hacia Tamsin.

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Kenzi se dirigió con paso firme hacia el despacho de Vex. El mesmer sonrió cuando la vio entrar.

—Por fin algo bueno llega a este lugar —dijo levantándose de su silla y acercándose para saludarla.

—Vine en cuanto recibí tu llamada —contestó dándole un abrazo.

Vex miró el serio rostro de Kenzi cuando se separó de ella. Suspiró con contrariedad mientras la invitaba a sentarse. La morena asintió y se dirigió a una de las sillas.

—Como te dije por teléfono —comenzó diciendo Vex mientras se sentaba en el asiento detrás de su mesa—, los informes de la súcubo desconocida son una falsa alarma, seguimos sin rastro de Bo o del lobo, y no creo que pueda seguir con esto. Dyson es un fae de las luces y las sombras estamos teniendo algunas pequeñas complicaciones últimamente.

—Lo sé, pero Vex…

—Espera —la interrumpió él—, puedo organizarte una reunión con la Ash y puedes hablarle de la desaparición de Dyson, por supuesto le dará igual Bo, pero Dyson es de su clan, debe encontrarlo. En el mejor de los casos podemos encontrarlos a los dos.

Kenzi permaneció en silencio, mirándolo no demasiado convencida, tratando de analizar sus opciones, pero no tenía ninguna más.

—Cambiando de tema —dijo él apoyándose sobre la mesa para acercarse algo más a Kenzi—, ¿qué pasa con lo tuyo?

—Nada —dijo ella secamente—, todo está igual que la última vez.

—Deberías dejar que…

—No —lo interrumpió—, estoy bien. Lo único que quiero es encontrar a Bo y a Dyson.

—Tienes a Lauren y…

—Ella está abrumada con todo lo que ha pasado, está muy mal.

—Está bien, tú sabrás lo que haces, yo ya hecho por ti todo lo que pude.

—Y te lo agradezco muchísimo.

El teléfono del despacho de Vex comenzó a sonar y el fae se quedó mirando hacia Kenzi tratando de evaluar y comprender su rostro. Sin resultados, se rindió y atendió la llamada.

—¿Qué? —dijo simplemente.

—Tamsin y la doctora —oyó al otro lado.

—¿Tenéis los resultados? —preguntó impaciente.

—Sí, según la doctora, la causa de la muerte fue una sucubeación mortal.

—¿Lo mató un súcubo?

—O un íncubo —añadió Lauren.

—O ambos —dijo Vex

—Los súcubos e íncubos son seres solitarios, sobre todo a la hora de cazar —aclaró la doctora.

—Siempre hay rebeldes a la causa, ¿puede ser esta la ocasión? —preguntó Vex.

—También podrían ser familia: padre-hija, madre-hija o, en el más raro de los casos, incluso hermanos —contestó Lauren.

—Comprobaré los súcubos registrados en la ciudad —intervino Tamsin— y los íncubos. Tampoco creo que haya demasiados. Los interrogaré y te daré mi lista de sospechosos.

—Te voy a dar dos nombres y quiero que me traigas a esos dos hasta aquí. Desviaré la llamada y uno de mis empleados te dará la información. Luego espera al equipo de limpieza que llegará en cualquier momento y escolta a la doctora hacia su casa, ¿entendido?

—Para ser tú, bastante bien —bromeó la valquiria.

—Ahora soy tu jefe, no tientes tu suerte —lo advirtió él siguiéndole el juego.

—Está bien, mister Morrigan, haré casi todo lo que me pidas.

—¿Casi todo?

—Ni en broma pienses que voy a participar en una de tus juergas sexuales.

—Vaya pena —rió él—, supongo moriré sin saber cómo se desenvuelve entre las sábanas una valquiria…

—Adiós, Vex —lo interrumpió Tamsin dando por terminada la llamada.

El mesmer colocó el teléfono en su sitio y observó cómo Kenzi se movía inquieta sobre la silla. El fae frunció el ceño intrigado.

—¿Qué pasa? —preguntó.

—Tengo algo que puede que nos ayude a encontrar a Bo. Tamsin me dijo que no era importante y Lauren no halló nada, pero… —Kenzi suspiró—. No pierdo nada en preguntarte, ¿no?

—Puedes intentarlo —dijo él con una sonrisa.

Kenzi bajó su vista nerviosa y sacó algo de su bolsillo. Vex observó confuso hasta que la morena lo colocó frente a él sobre la mesa. La boca del fae se abrió en sorpresa.

—¿De dónde has sacado eso, muchachita? —dijo él alarmado tomando la carta en sus manos.

—¿Qué? —exclamó confusa Kenzi—. ¿No es una simple carta de tarot?

—Esto no es una simple carta de tarot, los faes de las sombras las conocemos muy bien, se llaman Moiras. Este tipo de cartas muestran símbolos, señales y cosas de esas, nadie sabe muy bien por qué, pero normalmente para anunciar o predecir cosas.

—Pues bien, qué diablos significa.

—Bueno, nunca había visto esto, pero The Wanderer —Vex se quedó pensativo un rato tratando de recordar dónde había escuchado aquel nombre antes—. Creo que es un título de un antiguo rey… De hecho, creo que lo escuché en alguna de esas historias para faes, decía algo así de que tenía un ejército de valquirias.

—¿Entonces? —dijo Kenzi impaciente.

—Tendré que hablar con Tamsin sobre esto, desgraciadamente es la única valquiria que conocemos.

—Tamsin sabe algo. Lauren está empeñada en que la rubia sabe algo y estoy empezando a ver que tiene mucha razón.

—Sus razones tuvo que tener al mentirte y decirte que no sabía qué era esta carta. Las valquirias son uno de los faes más desconocidos y misteriosos que existen, y si no hubiera conocido a Tamsin hubiera jurado por mi colección exclusiva de ropa, que eran parte de cuentos y leyendas faes. Pero, eh, tranquila, hablaré con la señorita valquiria y averiguaré todo.

—¿Y quién te dice a ti que vaya a hablar contigo?

—Querida, soy Morrigan, tiene que hablarme.

—Puede decirte cualquier cosa —Kenzi miró a Vex con contrariedad y él la recibió con una sonrisa—, pero apreciaré tu intento. Gracias.

—Eh, yo también quiero a la súcubo de vuelta, echo de menos su culo perfecto bailando sobre los asuntos de los faes. Esta ciudad se ha vuelto aburrida y dramática sin esa súcubo metiendo sus narices por todas partes.

—¿Me contarás todo lo que diga?

—Cuenta con ello. Ahora ve a descansar, te avisaré de todo lo que sepa.

Kenzi asintió con una tímida sonrisa y salió de su despacho.

#

Evony se acomodó sobre el sillón de cuero negro en la parte trasera de la limusina en la que se dirigía a su destino. Tomó entre sus manos el teléfono que había empezado a sonar y comprobó que se trataba de la Ash. La fae pulsó un botón y un cristal negro subió aislándola de su chófer y su copiloto.

—Aela, qué sorpresa —dijo tomando una copa que había en el posavasos de su lado.

—He visto cosas feas en la televisión —le contestó.

—No he tenido nada que ver. Por mucho que quiera a ese idiota fuera de mi despacho, nunca pondría en evidencia a los faes. Creo que ha sido el maravilloso destino sonriéndome, querida.

—He escuchado que los ancianos de las sombras están empezando a pensar que Vex ya no es tan buena opción.

—Sí, hemos hecho un gran trabajo estos días tú y yo, y ahora este accidente es una bendición para nuestra causa. Y no te preocupes, tu «pequeño pero» está a salvo bajo mis labios.

—Ese es nuestro trato, Evony.

—Tranquila, no soy una bocazas —la mujer sorbió un poco del contenido de su copa—. Además, tenía algo que decirte, conseguirás a tu doctora, puedes reclamarla, hay un pequeño agujero en lo que hizo Vex y puedes volverla a hacer de tu propiedad. No quiero a esa basura bajo mi mando cuando entre a ser Morrigan de nuevo.

—Podría serte más útil de lo que piensas.

—No, además, es el pacto que hice con la valquiria para que me ayudara, y hablando de esa zorra, tenemos que tener cuidado, creo que por alguna razón es más poderosa.

—Mis chicos le dieron una buena paliza —río Aela—, mi plan salió a pedir de boca. Has evitado un conflicto entre las luces y sombras del que Vex ni se enteró ni se enterará. ¿Aún Tamsin sigue pensando que fue todo obra tuya?

—Sí, cree que lo hice para reforzar su lealtad hacia mí, nunca hablará sobre esto con Vex y cuando los ancianos le pidan explicaciones… —Evony rió eufórica—. Desearía con todas mis fuerzas ver su cara en ese momento.

La fae sintió como el vehículo se detenía.

—Aela, me encanta esta amistad nuestra —continuó hablando—, te llamaré en otro momento, tengo asuntos que atender.

—¿Otra reunión con los ancianos?

—No, Tamsin quería contarme algo en privado y espero que sea importante.

—Vigila a esa valquiria.

—Descuida, lo hago bien de cerca —dijo colgando el teléfono y dejándolo sobre el asiento.

La leanan sídhe se bajó del vehículo ayudada por sus dos fieles guardias. Ambos la acompañaron a través del callejón hasta una pequeña puertezuela. Evony hizo un gesto para que sus guardias se perdieran de su vista, no quería que su reunión con la valquiria tuviera ningún testigo. La fae tocó tres veces en la puerta y ésta se abrió. Entró dentro y dirigió una mirada de indiferencia al fae viejo y encorvado que aguardaba a la entrada.

—Señorita Fleurette Marquise…

—Estoy esperando a alguien —dijo ella de forma arrogante.

—Está abajo, señora.

Evony se dirigió a las escaleras ignorando el desorden y la suciedad de la casa diminuta de aquel fae. Pronto se encontró en la pequeña y vacía habitación de abajo. Una persona la esperaba de espaldas a ella.

—No eres tan alta como Tamsin —le dijo a la figura.

La misteriosa silueta salió de las sombras, y aunque a Evony le resultaba familiar su rostro, no pudo reconocerlo. Lo que sintió cuando su mirada se encontró con aquellos ojos oscuros también fue muy familiar. ¿Dónde había visto a aquella mujer antes?

—Estoy hablando contigo y más vale que me respondas rápido, ¿qué diablos haces aquí?

—Vine a resolver algunos negocios pendientes —dijo con una ligera sonrisa—, pero me dio hambre.

La misteriosa mujer se acercó frenéticamente a Evony y besó sus labios levemente. Apenas medio segundo después, fue demasiado tarde para darse cuenta de sus verdaderas intenciones. A duras penas pudo fijarse en el azul que brillaba en sus ojos mientras sentía cómo su cuerpo se agitaba de placer entre sus brazos. Sintió como algo de su interior se escapaba por su boca, sabía qué era, aquella súcubo se estaba alimentando de ella. El poder de su depredadora era inmenso y casi no podía resistirse. Su cuerpo y mente estaban sucumbiendo a un placer y a un éxtasis que jamás había experimentado.

#

Kenzi corrió hacia Lauren cuando la vio en la entrada del complejo de las sombras.

—Pensé que estabas en casa —dijo preocupada.

—Tamsin me trajo aquí, tenía algo que hacer y no podía llevarme.

—Entonces vamos juntas —dijo Kenzi tomándola de brazo mientras sonreía.

Cuando salieron del edificio, ambas levantaron su rostro hacia las estrellas. El cielo se iba tiñendo de un azul cada vez menos oscuro. La noche ya terminaba y el sol estaba comenzando a hacer acto de presencia.

—Esta ha sido una noche loca, ¿eh? —comenzó a hablar Kenzi mirando a la rubia de reojo.

—Ha estado bien —dijo con una sonrisa Lauren—, extrañaba a mi doctora interior.

—¿Qué ha pasado con lo del fae?

—Era un noble de las sombras —la doctora hizo una breve pausa mientras tomaba lentamente aire—. Fue asesinado por una súcubo o un íncubo. Tamsin sabe los detalles.

—Ella siempre sabe los detalles —murmuró Kenzi perdiendo la vista en el suelo.

Lauren dejó de caminar. Retrocedió un poco, liberándose del brazo de la morena que la agarraba, para observarla mejor.

—¿Qué quieres decir?

—Tienes razón, Tamsin sabe cosas que no nos quiere contar —dijo Kenzi mirándola fijamente.

—¿Qué has averiguado?

—La carta de tarot es una Moira, predicen el futuro o algo así, y es muy conocida por los faes de la sombra.

—¿Y por qué Tamsin no nos contaría eso?

Kenzi se encogió de hombros y ambas continuaron caminando.

—Vex intentará averiguar algo más, va a hablar con ella.

—Por un momento quise que hubiera sido Bo quien hubiera asesinado a ese noble —dijo Lauren con la voz temblorosa—. Ya sé que es algo terrible…

—Yo también la echo de menos —la interrumpió Kenzi. Lauren le dirigió una mirada cargada de tristeza—. Vamos a encontrarla, cueste lo que cueste. Sé que esa carta es una gran pista y vamos a obligar a Tamsin a hablar a las buenas o a las malas.

—Sé que lo lograremos, Kenz —le dijo Lauren con la vista baja hacia el suelo—, solo perdóname por estos momentos… Sé que tú también lo estás pasando muy mal.

La morena apoyó su mano sobre el hombro de Lauren gentilmente y le dirigió una cálida sonrisa.

—Estamos juntas en esto, ¿vale? Vamos a traer a casa a Bo y a Dyson. A ambos.

La doctora asintió y las dos siguieron su camino en silencio. La calle por la que caminaban estaba casi vacía, solo un operario de la limpieza y un hombre que paseaba a su perro en la otra acera. Cuando llegaron a la bifurcación, tomaron la calle de la derecha. Salvo un hombre que fumaba al lado del portal de un edificio a unos metros de ellas, la calle estaba completamente vacía. Lauren y Kenzi pasaron a su lado en silencio sin dirigirle la mirada.

—Perdonen, señoritas —dijo él. Las dos se dieron la vuelta y lo miraron—. ¿Podría preguntarles una cosa?

—Claro —respondió Kenzi.

El hombre dio unos pasos hacia ellas. Tiró el cigarrillo al suelo y lo pisó para apagarlo. Levantó la mirada hacia los ojos grises de la morena.

—¿Y bien? —dijo ella impaciente.

El extraño le dirigió una sonrisa y levantó su puño rápidamente hacia ella. El golpe en su rostro hizo que Kenzi se tambaleara y la patada en su costado la tiró definitivamente al suelo. Lauren trató de hacer algo, pero el hombre la tomó por los hombros y la empujó hacia la pared. La doctora observó con terror cómo sacaba una navaja del bolsillo trasero de su pantalón. Una sonrisa desagradable se formó en su rostro mientras alzaba el arma hacia ella de forma amenazante.

—¡Eh! Cobarde, déjala en paz —gritó Kenzi poniéndose con esfuerzo de pie.

Su atacante tomó a Lauren por el cuello y lo presionó con sus brazos mientras se daba la vuelta hacia donde estaba la morena. La navaja se acercó al rostro de la doctora de forma peligrosa y Kenzi permaneció quieta, observando con terror la escena.

—Vine a matarla y no vas a impedirlo —le dijo fríamente.

Lauren trató de deshacerse de él, pero fue imposible. Dirigió una mirada hacia Kenzi y ella sintió como un nudo se formaba en su garganta al ver el arma afilada acercase rápidamente al cuello de la rubia. Casi sentía la punta de la navaja comenzando a atravesar las primeras capas su piel, cuando un fogonazo de luz cegó a Lauren durante unos breves segundos. La intensidad de la luz produjo un dolor instantáneo en su cabeza que provocó que cerrara los ojos. Cuando al fin pudo abrirlos y ver con cierta claridad, observó atónita a su agresor tirado en el piso con el rostro ensangrentado. Dirigió su mirada hacia Kenzi, ella permanecía inmóvil en el mismo lugar, pero se estremeció cuando sus ojos grises se habían tornado en un amarillo intenso.