Lauren volvió a mirar de nuevo su antiguo apartamento desde la puerta. Estaba casi igual que la última vez que lo había visto. Examinó escrupulosamente cada rincón de la sala y le pareció, que más que su hogar, era su prisión. La humana dejó caer su escaso equipaje cerca de la entrada y dio unos pasos pesadamente hacia el interior. Estaba cansada, pero no solo físicamente. Su pasado se había acercado a ella peligrosamente aquellas semanas. Aquello que creyó lejano, ahora estaba muy cerca, y lo sentía tan intensamente que creía que su mente iba a colapsarse en cualquier momento.

La doctora se dirigió a un armario de la cocina y rebuscó entre los frascos hasta que encontró los antidepresivos que tomaba hace muchos años atrás, cuando entró a trabajar con los faes; aunque el término correcto fuera «cuando la esclavizaron». Lauren miró el bote con detenimiento mientras el recuerdo de Nadia aparecía en su cabeza como un fantasma que seguía atada a ella. Todavía podía distinguir la marca de la sangre de Nadia en el suelo. Con un grito de rabia, lanzó el frasco de pastillas hacia el otro lado de la sala y, cuando golpeó la pared, su contenido se vertió por el piso.

«Faes… Ojalá jamás os hubiera conocido», pensó mientras se sentaba en el suelo y trataba de mantener los nervios a raya.

Ellos seguían tratándola como un mero objeto, como una propiedad que podían cambiar de manos. La Ash le había ofrecido la protección que las Sombras no podían darle, pero ella sabía que era mentira. Aquella mujer se traía algo entre manos. Sin embargo, estaba más preocupada por Kenzi que por su propia situación. Ahora ambas eran de bandos distintos y no podía ayudarla. Las dos tenían la urgencia de saber qué era lo que le había hecho Massimo. Lauren se llevó la mano al pecho y la ansiedad hizo acto de presencia. Todo lo que tuviera que ver con faes siempre acababa en Bo, y acabar pensando en ella le producía una angustia insoportable. Creyó que si Tamsin le contaba lo que sabía estaría mejor, pero no. A Vex no le dijo nada, no obstante, la valquiria le había obligado a jurar que aquella conversación se quedaría entre ellas dos. Hasta ese momento, así era. El hecho de que Bo estuviera en otro plano, sin poder regresar, sin que nadie pudiera rescatarla… aún con Dyson… Lauren no acabó de entender lo que le había explicado. Ambos estaban muertos, pero no definitivamente. ¿Cómo era posible?

La humana sacudió su cabeza aturdida por todo. Quiso que en ese momento apareciera Kenzi, pero se dio cuenta que ahora estaba completamente sola. Aquel pensamiento la asustó. Quizá no estuviera su amiga, se sorprendió al pensar en ella así, sin embargo, encontró una botella de vino sin estrenar. Puede que por el momento eso le bastara como compañía.

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Vex había llamado a Tamsin para que interrogara a sus dos sospechosos por la muerte del noble fae. Ambos permanecían cautivos en las mazmorras subterráneas del complejo de las sombras. El lugar estaba custodiado por numerosos guardias, más de los que había normalmente. La valquiria ya se había encargado del interrogatorio del íncubo, y no había acabado demasiado bien, pero al menos había contado algo.

Entró en el pequeño y mal alumbrado habitáculo donde estaba encerrada la súcubo. Estaba sentada en una silla con las manos y los pies atados. Sus brazos descansaban en su espalda y su cabeza caía hacia delante. Su pelo anaranjado tapaba su rostro, pero en cuanto escuchó entrar a la valquiria, lo levantó y pudo ver unos profundos ojos azules que la miraron con sorpresa. Su piel era blanca y cara estaba manchada con pecas. Tenía el atractivo necesario que se esperaba de una súcubo.

—¡Guau! —exclamó al verla entrar—. Pensaba que lo de las policías atractivas era solo un cliché para historias picantes.

—Estupendo —murmuró Tamsin tornando los ojos en blanco—. ¿Tu nombre es Antalya? —preguntó mirando el informe y luego levantando la vista hacia ella.

—Sí, pero tú puedes llamarme como quieras —le respondió guiñando un ojo.

—Bien —dijo entregando el informe a uno de los guardias y ordenándole con un movimiento de cabeza que se marchara y las dejara solas—, entonces te llamaré imbécil.

—Oh —contestó con fingida molestia—, eso es ofensivo.

—Bueno, ya me explicarás si no es de imbécil alimentarte de un fae noble y dejarlo seco.

—¿Qué?

—No te hagas la tonta conmigo —dijo cruzando los brazos sobre su pecho.

—¿Por qué no te acercas y lo hablamos con calma?

Tamsin se echó a reír de forma exagerada y luego la miró con seriedad.

—Ya me sé todos los sucu-trucos, así que deja ya el teatro y comienza a hablar sobre lo que hiciste anoche con tus amiguitos.

—Está bien —dijo tornando su rostro a un gesto serio—. Venimos de Europa para conocer a la súcubo no alineada y anoche estuvimos de fiesta, pero ninguno nos alimentamos de nadie tomando chi, nos bastó la energía sexual que se respiraba en el ambiente del local. Y si vuestra gente intenta hacernos algo, nuestro Morrigan se va a cabrear.

Tamsin sonrió con malicia mientras se acercó un poco hacia ella.

—Parece que hay un pequeño problema con lo de tu Morrigan, porque tu compañero trató de sucubearme y, bueno, no acabó muy bien la cosa.

—No te creo —dijo Antalya sosteniendo la mirada de forma desafiante.

—Soy una valquiria, así que puedo hacer algunas cosas desagradables…

—¿Lo has matado? —se agitó en su silla.

—Me rogó para que lo hiciera, después de confesarme que no pertenecéis ni a la Luz ni a las Sombras.

Los músculos de la cara de Antalya se tensaron mientras en sus ojos se vislumbraba cierto halo de furia. Tamsin sonrió y se retiró hacia atrás.

—Entonces, ¿vas a dejar de jugar y vas a contarme qué es lo que está pasando aquí?

—Vale —respondió muy seria bajando la mirada hacia el suelo—. ¿Estamos completamente solas aquí? ¿Puedo hablar sin miedo a que me oigan afuera?

—Supongo —dijo Tamsin encogiéndose de hombros.

—Más te vale…

La valquiria la miró con intriga. Antalya levantó sus ojos hasta los de ella y una sonrisa se dibujó en sus labios.

—Así que eres la valquiria —Tamsin solo frunció el ceño mientras la otra hablaba—. Ella tenía razón después de todo, aunque no sabía los detalles de todo.

—¿De qué estás hablando?

—No soy un súcubo. Soy tu hermana, Brynhild, y estoy aquí para asegurarme de que cumples tu misión y vuelves a ser quien de verdad eres: una creación de Odín.

Tamsin se quedó quieta, examinándola con cautela, pensando profundamente si lo que estaba ocurriendo era real. Antalya sonrió.

—¿En serio no me recuerdas? —continuó hablando—. Sé que han pasado muchos años, pero no hace tanto que te volviste una renegada y cambiaste tu nombre. Pasábamos buenos tiempos bebiendo, luchando, follando… Hasta que conociste a ese…

—No —la interrumpió Tamsin—, no se te ocurra decir su nombre.

—Han pasado muchos siglos de eso, creo que ya has tenido tiempo de superarlo.

—Más vale que cierres la boca y me expliques por qué estás aquí haciéndote pasar por una súcubo.

—No me hacía pasar por nadie, solo investigaba los recientes movimientos de anarquía que están surgiendo entre los faes.

—¿A qué te refieres? —se extrañó Tamsin.

—Bueno, mientras vuestros líderes están preocupados en sus disputas, están empezando a surgir ciertas ideas de anarquía entre el pueblo llano.

—Pero…

—Pero nada. Recuerda que Él ya nos había hablado de que las leyes escritas por el Rey Sangriento se debilitarían y ahora que la súcubo no alineada se ha hecho tan famosa, el deseo de ser libre como ella se extiende como la pólvora. ¿El ataque al noble fae? Eso es solo el principio, Brynhild.

—Mientes.

—No —le dijo muy seria—. Mi amigo íncubo no es el único que ha renunciado a su clan y a su linaje y se oculta entre falsas identidades. Este movimiento es real y cuando los faes se rebelen, bueno, la Gran Guerra Fae dará risa en comparación a lo que va a pasar.

—¿Ragnarok?

—Exacto.

—No te creo —dijo retrocediendo bruscamente.

—No estoy aquí para que me creas o no. Tienes que apresurarte en cumplir tu misión.

—¡¿Qué misión?! —gritó con desesperación.

—Debes de saberla a estas alturas —le respondió mirándola fríamente—. Y Dyson te manda saludos.

Tamsin se abalanzó sobre Antalya violentamente y la agarró del cuello con brusquedad. La silla en la que estaba encadenada se inclinó hacia atrás, pero volvió a su posición rápidamente.

—Espero que no le hayáis tocado ni un pelo —la amenazó.

—Tan rebelde —susurró acercando su rostro al de Tamsin—, tan agresiva… Recuerdo que me gustaba eso de ti —dijo casi en sus labios—, pero en aquella época estabas más pendiente de aquella leanan sídhe…

Tamsin se alejó de ella furiosa. Cruzó sus brazos sobre su pecho mientras le daba la espalda y respiraba agitadamente. No quería creer en sus palabras. Ella conocía a Odín, mucho mejor que cualquiera de las otras once valquirias que nacieron junto a ella. Había luchado a su lado en muchas batallas, lo había servido durante siglos, a través de cientos de reyes. Conocía sus pensamientos, sus ambiciones… Sabía por qué lo habían desterrado a Asgard. Diablos, ella fue la primera en estar de acuerdo en hacer aquello. Ahora ya no estaba segura de nada.

Su teléfono comenzó a vibrar y la sacó de sus cavilaciones. Tamsin lo miró rápidamente y comprobó que la necesitaban en la comisaría. Levantó la vista hacia Antalya que la observaba fijamente. Simplemente se dio la vuelta y salió de estancia.

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La calidez del agua resbalaba por su piel teñida de rojo. Se alarmó al ver el líquido perderse por el desagüe con ese color y retrocedió asustada sin apartar la vista de sus dedos cubiertos de jabón y sangre. Entonces, sus ojos bajaron por su cuerpo desnudo para comprobar que rastros de sangre lo cubrían y casi perdió el equilibrio al darse cuenta. Se aferró a la puerta de la mampara de la bañera y se percató de la presencia de alguien que la miraba desde fuera. Levantó la cabeza hacia allí y se encontró con el rostro serio y sereno de Lauren. Sus ojos color avellana se clavaron profundamente en los suyos. Sintió una opresión tan fuerte en el pecho que despertó de un sobresalto.

Tamsin miró a su alrededor. Tuvo suerte, parece que nadie se dio cuenta de que se había quedado dormida sobre su mesa. Frotó sus ojos y estiró los músculos de su espalda y cuello. Tomó la taza de café que tenía cerca y sorbió un poco de su contenido. En seguida lo escupió, estaba frío. Levantó la vista hacia la lejana cafetera al otro lado de la habitación que miró con pereza, pero su teléfono comenzó a sonar antes de que pudiera siquiera pensar en levantarse.

—Tamsin —contestó.

—Soy Kenzi —escuchó al otro lado—, tengo que hablar urgentemente contigo.

—Estoy ocupada en un caso, mejor…

—Lo que quise decir —la interrumpió—, es que estoy en el pasillo de la comisaría esperándote.

—Bien —maldijo la valquiria poniéndose en pie, guardando el teléfono en uno de sus bolsillos y dirigiéndose al pasillo.

En cuanto la morena se percató de su presencia corrió hacia ella.

—Tamsin, tienes que ayudarme.

—¿Qué pasa? —dijo de mala gana.

—Es la Ash, no me deja ver a Lauren —habló en voz baja para que nadie alrededor la escuchara.

—Sí, ahora que es de las luces debes pedir un permiso para verla, pero puedes quedar en algún sitio neutral con ella, como Dal, ahora que lo volvieron a abrir.

—Es que no puedo contactar con ella, no me permite acercarme, ni con permisos ni con nada. He ido a hablar con la marimandona esa y me dijo que no permite las visitas a Lauren y fin de la discusión.

—¿Y qué quieres qué haga?

—¿Cómo que qué quiero? Evidentemente necesito hablar urgentemente con ella, así que ráptala, amenaza a la Ash o lo que sea.

—No puedo hacer eso, Kenz.

—Whoa, lo dice quien intervino en la ejecución de Lauren y se opuso a todos los nobles y ancianos.

—Eso fue diferente, además la vida de Lauren ahora no corre peligro.

—Espera un momento.

—¿Qué?

—¿Me acabas de llamar Kenz?

—No.

—Claro que sí, no mientas.

—Por los dioses vikingos, Kenzi… —tomó aire impaciente.

—Por favor, Tamsin, necesito hablar con ella de forma urgente y me lo debes.

—¿Qué te lo debo?

—Sí, le contaste a Lauren lo que ocurría con Bo y Dyson, pero no a mí.

—Te dije que estaban bien y que volverían.

—¡Eso no es suficiente!

Tamsin la miró. Los ojos de Kenzi brillaban humedecidos por las lágrimas que trataba de retener, sus puños temblaban ligeramente mientras los apretaba con fuerza. No podía seguir con aquello. Su misión, su misión… Estaba harta de Odín y de sus malditas misiones. Había perdido a demasiada gente, su vida estaba plagada de dolor y ni siquiera podía obtener el descanso de la muerte. Pensó en Dyson, en Bo… Si realmente ella era su hija, ¿la heriría de esa forma acabando con la vida de Dyson? Quizá de esa forma conseguiría de una vez poder morir…

—Te ayudaré con lo de Lauren —dijo de pronto mientras los ojos de Kenzi se iluminaban emocionados—. Y te prometo que después de que hables con ella, te lo contaré todo. Absolutamente todo.

Kenzi la miró con incredulidad. No estaba dispuesta a hablar, se inventaba cualquier cosa cada vez que alguien le preguntaba o le presionaba a que contara algo. No tenía que tener demasiada perspicacia para saber que Tamsin ocultaba algo con mucho recelo, incluso con miedo. Pero ahora quería hablar, ¿qué había cambiado?

—¿Me lo prometes? —preguntó la morena con un hilo de voz.

—Te lo juro.

El tono de la voz de la fae y la forma en la que sus ojos verdes se fijaron en los suyos, sobrecogió a Kenzi. Jamás había visto esa expresión en ella. Tenía que estar hablando en serio. Sintió como si la máscara de sarcasmo que cubría a la valquiria desapareciera y todo lo que veía ahora era sincero, era ella de verdad: una mujer rota, débil y cansada.

—Gracias, Tams —dijo casi en un susurro.

—Sí, está bien —le respondió bajando la vista rápidamente hacia el suelo—, tampoco es cuestión de haberme molestado tanto en liberar a Lauren para que ahora la traten peor que antes y… —Tamsin elevó los ojos hacia ella—. ¿Me acabas de llamar Tams?

Kenzi se quedó observándola con la boca abierta, lo que produjo una extraña sonrisa en la otra.

—No —contestó simplemente.

—Sí.

Por alguna extraña razón, la morena sintió sus cachetes incendiarse, así que se llevó las manos a su cara y se dio media vuelta.

—Solo… eh, llámame cuando hables con la Ash —dijo torpemente mientras caminaba veloz, alejándose de ella.

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Abrió los ojos con dificultad. Seguía tumbada en aquella cama. Su cuerpo estaba débil, apenas podía moverlo, pero seguía agitándose con la misma intensidad cada vez que aquella súcubo acariciaba su piel. Sintió sus dedos deslizarse por su vientre y subir por su costado. Movió la cabeza para verla, sus ojos oscuros se encendieron en un brillante azul mientras acomodaba su cuerpo sobre el suyo. La súcubo le levantó ligeramente la cabeza y la acercó a su rostro. Una vez más, tomó chi de ella. Evony gimió levemente entre sus labios. No supo si fue por el cansancio, por el placer… Quizá era una mezcla de ambos. Sus músculos se tensaron cuando sintió el muslo de la súcubo moverse entre sus piernas. Creía que pronto iba a desmayarse. Su cuerpo comenzaba a doler y temblaba ligeramente. A penas parecía consciente de lo que ocurría, pero cómo la sentía sobre su piel, cómo sentía sus manos y su boca hacer lo que querían. Retuvo un momento la respiración cuando sintió su mano bajar. Allí estaba de nuevo aquel fuego que jamás cesaba, a pesar de que estaba a punto de desfallecer. Había perdido la noción del tiempo, incluso las fuerzas para protestar u oponerse. Tenía que haber utilizado sus poderes sobre ella cuando tuvo la oportunidad, ahora ya no se veía capaz de desobedecerla. De hecho, no podía sino ser cómplice de sus deseos. ¿Qué le había hecho? ¿Por qué estaba completamente a su merced? ¿Qué quería de ella?

—Para —musitó con dificultad y con el aire entrecortado en su garganta.

Sus ojos azules la miraron desde arriba, fijamente y en silencio. Evony se estremecía con cada movimiento de su mano y, sin darse cuenta, seguía su vaivén con las caderas. Escuchó la risa de la súcubo muy cerca de su boca. Cerró los ojos y se dejó embargar por el placer. No, realmente no quería que parara y odiaba profundamente que su cuerpo se sometiera en contra de su voluntad. Sin embargo, su voluntad comenzaba a ceder también. Sentía que ya no era dueña sino de sus más profundos pensamientos e incluso éstos ya estaban sometidos a ella. No podía escapar y tampoco quería hacerlo. Cuando fue consciente de eso, escuchó su voz, después de todo aquel tiempo que llevaban en aquella cama:

—No voy a parar hasta que sepa dónde está mi hija.

Su voz se metió en su cabeza como una melodía incesante, y resonó por toda ella como si fuera un mandato que no debía incumplir. Ahora Evony sentía la necesidad de saber dónde estaba la hija de la súcubo… ¿Quién era esa hija? Oh, ella… También quería encontrarla.

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Volvió a examinar los papeles con contrariedad. Leyó una y otra vez lo mismo. Levantó la vista y observó al doctor frente suya que lo miraba expectante. Sacudió la cabeza confuso.

—Es imposible —dijo volviendo a revisar el informe.

—Lo sé —habló el doctor—, por eso te traje a ti mismo los informes. Ya sé que nos dijeron que el cuerpo había sido identificado y que debíamos destruir las muestras, pero quise utilizarlas para una de las prácticas de los estudiantes y al obtener el informe hice un estudio exhaustivo.

—¿Estás seguro de que hablamos del sujeto varón de entre 40 y 50 años de edad?

—Es él, Henry, es ese hombre.

—Pero esto es totalmente imposible, ¿cuántas veces repetiste el estudio?

—Cuatro veces, Henry, hay poco margen de error.

—Dios mío, esto es increíble… —murmuró fascinado—. Evidentemente hay cadenas similares a la nuestra, pero jamás había visto algo así. ¿Realizaste comparaciones en la base de datos?

—Ninguna coincidencia. He mandado los datos a nuestros colegas europeos para que lo comprueben en sus bases de datos. ¡Sigo alucinando! —exclamó eufórico—. La forma en la que se regeneran sus células… Y lo poco que he podido estudiar de esa muestra…

—Es impresionante. ¡Mira esto! —dijo Henry señalando en una de las hojas—. El mapa citogenético es totalmente diferente al nuestro, ¿pero aquel hombre era humano, verdad?

—Aparentaba ser humano, pero evidentemente no tal como nosotros conocemos a los humanos.

—Ese hombre no era humano, definitivamente no.


NOTAS: Muchas gracias por los comentarios que me dais y por seguir leyéndome. Espero que les haya gustado este capítulo. Debo admitir que es la primera vez que escribo una escena sexual/erótica y es muy difícil no caer en lo cutre u obsceno, espero haberlo hecho bien. En unos días el siguiente capítulo :)