NOTAS: Ante todo, lo siento muchísimo por la tardanza. He tenido bastantes problemas estos días para escribir, pero ya está aquí el nuevo capítulo. Este y los dos que vienen, son tres capítulos que tenía muchísimas ganas de que leyeran, y los otros están casi listos, así que los subiré casi seguidos.

Como siempre, muchas gracias por seguir leyéndome y por los comentarios, es lo más que agradezco porque es lo que más me ayuda. Les advierto que el final de este capítulo es, digamos que llamativo y ya venía dándoles pistas desde más atrás.

PD: porque me lo han preguntado, Bo estará presente más pronto de lo que creen.


Kenzi sentía los músculos de su vientre doloridos. Se dobló sobre la mesa tratando de detener la risa. Ni siquiera recordaba qué le había hecho tanta gracia. Levantó la vista y observó cómo Tamsin seguía riendo frente a ella. Por recordar, no recordaba ni por qué habían bebido tanto. Pero su cabeza estaba despejada y se sentía muy bien, se sentía aliviada, alejada momentáneamente de las preocupaciones. El mensaje de Hale le había alegrado la tarde. Él estaba bien y en unos días regresaría con Trick. Kenzi sabía que era lo que necesitaban en esos momentos, buenas noticias. Lo único que faltaba es que la estirada de la Ash la dejara hablar con Lauren. Por un instante, fue consciente de nuevo de su situación, de la incertidumbre de saber si era fae o no. Seguramente Trick podría ayudar en eso.

«Oh, Trick» pensó. «Qué raro se ve el Dal sin ti».

Una camarera colocó dos jarras llenas de cerveza sobre la mesa. La valquiria dejó de reír y agradeció las bebidas inclinando la cabeza hacia la mujer que se las había traído.

—Dime que una de esas rubias es para mí —dijo Kenzi señalando a las dos jarras de cerveza.

—Elige la que quieras de las tres.

Kenzi primero la miró frunciendo el ceño. La valquiria le devolvió la mirada levantando una ceja y tomando un sorbo de su bebida. La morena rió con torpeza y se llevó una de las jarras rápidamente a la boca. Tamsin debió ver cómo se incendiaron sus mejillas. ¿Qué diablos había sido eso? ¿Y por qué se estaba riendo y no apartaba sus ojos de ella? La morena bebió con tanto frenesí que cuando colocó la bebida sobre la mesa, ya casi se la había acabado y se sintió un poco aturdida.

—A no ser que estés emborrachándome para algún fin macabro, ¿querías contarme algo? —preguntó Kenzi tratando de obviar lo que había pasado y acabándose su cerveza.

—Ah —se quejó la fae posando su jarra sobre la mesa—. ¿Quieres acabar con la diversión tan pronto?

—Si vamos a hablar de cosas feas, no me invites a beber. Alcohol para cosas buenas.

—¿Invitar? He cargado la cuenta a las arcas de las Sombras, así que ya puedes aprovechar a beber todo lo que puedas.

—Bien, tú eres de las mías —dijo mientras le quitaba la jarra a la valquiria y se la llevaba a la boca.

—¡Eh! —se quejó Tamsin.

—La estás dejando calentar y no me gusta que dejen calentar la cerveza.

Kenzi sintió la mirada inquisitoria de la valquiria sobre ella. Trató de no mirarla fijamente, lo hizo de reojo. Ella la estaba observando con una sonrisa arrogante en su boca. La morena siguió tragando el contenido de la jarra ignorándola.

—Me toleras —le escuchó decir—, pero no confías en mí. Crees que tuve algo que ver con la desaparición de Bo y Dyson —Kenzi levantó en ese momento sus ojos para verla claramente—. Y lo tuve. Pero lo voy a arreglar, así que necesitaré tu ayuda dentro de algunos días y entonces necesito que no me pidas explicaciones, sino que me ayudes.

—¿Mmm? —fue lo único que respondió tratando de entender lo que pretendía decirle.

—Y sí —continuó hablando—, ya conseguí una audiencia con la Ash. Cumpliré con lo que te dije.

—Tú, pálida escandinava —dijo Kenzi tratando de hablar lo más coherentemente que el alcohol le permitía—, estoy tratando de confiar algo en ti, ¿vale? Yo… Bueno, Vex no puede hacer nada para ayudarme con Lauren y solo me quedas tú. Necesito hablar con ella. Así que te aviso que no vas a ganarte mi confianza con alcohol gratis, por mucho que eso ayude. Más vale que me cuentes todo sobre este asunto misterioso de Bo y Dyson porque si no te cortaré en pedacitos, ¿vale? Y haré también que la mafia rusa caiga sobre ti y no será bonito, será sangriento y lleno de detalles macabros y… Bueno, ya te haces una idea.

—A parte de mi cerveza, te estoy dando mi palabra.

—No confío en palabras —dijo seriamente la morena—, solo en hechos.

—Y haces bien.

Sus miradas se encontraron en una especie de desafío de poder, pero Kenzi perdió. Al sentir sus ojos verdes sobre los suyos, un escalofrío recorrió el cuerpo de la morena y retiró la vista hacia otro lado. De hecho, comenzó a sentirse realmente incómoda en la presencia de Tamsin.

—Toma —Kenzi empujó la jarra que se estaba bebiendo hacia la valquiria—, termínala tú, yo mejor me voy —le dijo poniéndose en pie—. Avísame cuando hables con la Ash.

Tamsin permaneció en silencio. La fae observó detenidamente cómo la otra se levantó y caminó tambaleándose hacia la puerta.

La valquiria se quedó mirando fijamente hacia la jarra medio vacía de cerveza. Sintió su interior comenzar a temblar. Pensaba en Dyson… No podía apartar sus pensamientos de él. Maldita sea, ahora era muy tarde para echarse atrás. Tenía que hacer lo que sentía que debía hacer, no podía seguir torturándose así. Era hora de terminar con todo esto.

—Qué hace una chica tan linda cómo tú bebiendo aquí sola y apartada.

Tamsin levantó la vista y se encontró con unos ojos azules muy familiares. Odiaba esa perfecta sonrisa y cómo su pelo anaranjado caía grácilmente sobre su rostro. Antalya había cambiado físicamente un poco, pero aún tenía esa maldita hermosura que hace muchos años ella había admirado.

—Así que Morrigan te ha liberado… —le dijo molesta.

—Por supuesto, en cuanto comprobó que yo no era su súcubo, tuvo que hacerlo.

—¿Y? —preguntó desinteresadamente volviendo la vista hacia su bebida.

—Así que vine a buscar un sitio donde tomar una buena pinta.

—Pues mira qué grande es este sitio, seguro que encuentras una mesa bien lejos de aquí.

—Qué ácida y desagradable te han vuelto los años…

—Y las personas.

Antalya rió rodando una silla y colocándola junto a la de Tamsin.

—Bien, déjate de estupideces y vayamos a la parte donde muestras tus verdaderas intenciones y me dices lo que quieres —dijo impaciente Tamsin.

—Está bien, ¿ya averiguaste cuál es tu misión?

—Como bien me dijiste, la sabía desde hace tiempo.

—Pero no querías aceptarla, ¿no?

Antalya se fijó en cómo el rostro de Tamsin tembló por unos instantes. La escuchó resoplar. Supo que seguía dudando.

—Escucha… —comenzó a decirle.

—Siento que he llegado al límite de lo que puedo soportar —la interrumpió Tamsin.

Antalya tomó aire y meditó profundamente sus siguientes palabras:

—Mi dulce valquiria —susurró mientras posaba su mano sobra la de ella—. Yo sé cómo es. Cumple con lo que quiere, termina tu ciclo y podrás detenerlo todo, no volver jamás —Tamsin la miró con fijeza a los ojos, el rostro de Antalya era serio—. Podrás descansar por fin.

—Siento que no puedo hacerlo —le respondió retirando su mirada de nuevo hacia su bebida.

—Eres una guerrera, lo llevas en tu sangre, lo tienes en tu corazón. Luchas —la mano de Antalya se aferró a la de ella—. Entiendes lo que es el honor, lo que es el deber. Lo que es correcto y lo que no.

—Hace mucho tiempo que dejé eso atrás. No soy nada de eso. No quiero nada de eso.

—Es lo que no entiendes. Todos tus pesares son producto de tu desobediencia. Si hubieras cumplido sus órdenes desde un principio, nada de lo que te atormenta ahora lo haría.

—Solo quiero que esto pare… —la voz de Tamsin que quebró.

—Todo esto lo has provocado tú. Lo sabes. Tú lo traicionaste una vez y la desgracia cayó sobre ti, pero lo volviste a hacer y ahora lo estás pagando de nuevo. No puedes huir.

—Entonces, tengo que cumplir con lo que desea…

Antalya guardó silencio un momento. Los ojos verdes de su compañera brillaban humedecidos por las lágrimas que luchaba por retener. Entendía exactamente todo lo que sentía, pero ella también tenía una misión y esa era asegurarse de que Tamsin cumplía con lo que Odín había ordenado, sea lo que sea que le hubiese mandado.

—Exacto —dijo Antalya casi en un susurro mientras apoyaba su barbilla sobre el hombro de Tamsin—, debes cumplir tu misión. Puedo ayudarte —musitó en su oído mientras llevaba su mano hacia el muslo de la otra—, puedo hacer que te sientas mejor.

Sintió la calidez de los labios de Antalya en su cuello. Cerró los ojos un momento. No debía hacer caso a lo que le estaba diciendo, no obstante, necesitaba pensar en otra cosa y la idea de su cuerpo junto al suyo le parecía que sería algo agradable con lo que ocupar su mente.

#

Aela se colocó un mechón de pelo detrás de la oreja con mucha calma, a pesar de que su interior era un remolino inquieto de miedos e incertidumbres. La Ash se apoyó sobre la mesa observando detenidamente el teléfono, esperando a que sonara. Después de la extraña desaparición de Evony, lo último que necesitaba ahora eran más problemas. Hace más de media hora que su contacto en la inteligencia americana debía de haberla llamado y con cada segundo que se demoraba, más se incrementaban sus miedos. De pronto, alguien tocó la puerta de su despacho.

—Adelante —dijo levantando la vista hacia allí.

Vio entrar a la doctora con su bata de laboratorio y un manojo de papeles en sus manos.

—Ash, ya tengo los resultados que me pidió —le dijo mirando hacia el suelo.

—Bien, alguien competente que no me hace esperar, ¿qué has descubierto?

Lauren dio varios pasos acercándose a su mesa. Cuando estuvo cerca de ella, le entregó los papeles que traía.

—Como sospechabas —le contestó—, los tres faes que capturaron ayer no tenían marcas de clanes, linajes o de cualquier otro tipo.

—Mierda —murmuró Aela mirando los papeles—. Supongo que se los borrarían, igual que los faes que capturaron los sombras…

—Es lo más probable.

—Bien, tendré que reunirme con Vex para hablar de esto —la Ash dejó los papeles sobre la mesa y miró directamente a Lauren—. ¿Cómo estás?

En ese momento, la humana despegó sus ojos del suelo y la observó detenidamente. Era extraño que la persona que hace casi un mes había tratado por todos los medios matarla, le había salvado la vida días atrás. Lauren aún temblaba pensando en lo que había tratado de hacer. La doctora tragó saliva nerviosa recordando lo que había sucedido. Había perdido completamente la cordura, nunca pensó que podría llegar a un estado de desesperación tan grande que ni siquiera pudiera controlar sus propios actos.

—Lauren… —habló de nuevo la Ash esperando respuesta.

—Estoy bien —respondió—. Trabajar me ha ayudado a despejar mi cabeza.

—Dame las manos —dijo Aela levantándose de su silla.

—No, estoy mejor, de verdad…

—Lauren, dame las manos —la interrumpió la otra.

La humana estiró sus manos sobre la mesa y la Ash las tomó entre las suyas. En seguida, sus ojos comenzaron a brillar verdes y toda la ansiedad y nerviosismo de su interior se fue diluyendo. Lauren sentía cierta fascinación por ella. Aela era un arconte, un fae que se creía extinguido durante la Gran Guerra Fae. Esta clase de faes se utilizaban para infundir miedo en las tropas enemigas, así como para calmar el terror en las aliadas. La doctora había conseguido un viejo libro que hablaba de ellos, lo había estado leyendo estas últimas noches para intentar dormir. Los arcontes podían influir tanto miedo en una víctima, que eran capaces de meterse en su cabeza y adivinar sus pensamientos. Lauren intuyó que eso es lo que había intentado hacer cuando la capturó, pero al parecer solo surtía efecto si uno miraba fijamente sus ojos.

—Quiero volver a mi apartamento —dijo de pronto la humana.

—Solo si me prometes que…

—No volveré a hacer eso —la interrumpió Lauren.

La Ash asintió y liberó sus manos. Sus ojos volvieron al color marrón claro habitual.

—Sé que quieres reunirte con tus amigos. Esa chica flacucha… ¿cómo se llamaba?

—¿Kenzi? —preguntó ansiosa la rubia.

—Sí, ella vino a hablar conmigo para que la dejara verte, pero ¿entiendes que lo mejor ahora para ti es que permanezcas aislada durante un tiempo, verdad?

—Lo cierto es que me urge hablar con ella —confesó Lauren.

—No lo dudo, ella también parecía desesperada, pero no puedo permitirlo hasta saber qué es lo que quieren de ti esos tipos y si son los mismos que trataron de matarte —Lauren asintió con resignación—. Ahora ve a descansar y llámame si necesitas algo.

La doctora asintió una vez más y salió de su despacho silenciosamente. Aela se sentó de nuevo en su silla y unos segundos más tarde sonó por fin el teléfono. La fae se apresuró en descolgarlo y llevárselo a la oreja.

—¿Quién es? —preguntó nerviosa.

—Soy yo —contestó su contacto.

—Ya era hora.

—Lo siento, tuve unos imprevistos, nada importante.

—¿Es una línea segura? ¿Podemos hablar?

—Sí, sí, no te preocupes por eso.

—Vale, dime entonces qué es lo que pasa.

—Bueno, es bastante complicado.

—Déjate de rodeos y dime de una vez qué se traen entre manos.

—No estoy completamente seguro, pero de alguna forma han conseguido muestras del fae noble asesinado hace algunas semanas atrás.

—¿Qué? —la líder de las Luces casi ni se dio cuenta de que gritó.

—Han descifrado casi toda la cadena de ADN y creo que están desarrollando algo para encontrar más sujetos como él.

—¿Estás diciéndome que los humanos tienen en su poder ADN fae? ¿Estás insinuando que estamos todos en peligro?

—Lo que te estoy diciendo —Aela sintió cómo la voz de su contacto temblaba—, es que una de las mayores potencias mundiales probablemente tenga en su poder la mayor prueba de nuestra existencia. Así que sí, puede que estemos en peligro.

—No me importa lo que pase ni cómo lo hagas ni lo que necesites, quiero esa muestra y todo lo demás que tengan sobre los faes destruido, ¿me entiendes?

—Es demasiado difícil destruir todos los datos. Tienen múltiples servidores, incluso un resguardo en la nube. Será muy complicado.

—Pide la ayuda que necesites, tienes todos los recursos disponibles, pero quiero eso destruido y fuera del alcance de los humanos. ¿He sido lo suficientemente clara?

—Sí, señora.

—Estupendo. Ahora haz tu trabajo.

Aela suspiró mientras colgaba el teléfono. Últimamente los días no hacía sino mejorar. ¿Qué podía pasar ahora? Muy pronto lo había pensado, escuchó su teléfono de nuevo sonar.

—¿Qué? —dijo de mala gana contestando al aparato.

—Su cita con la detective Tamsin —escuchó decir a su asistente.

—Bien —dijo molesta—. Dile que pase.

Apenas colgó el aparato, la valquiria entraba en su despacho con gesto arrogante.

—Más vale que vayas directa al grano, estoy bastante ocupada.

—Seré breve —dijo cruzando los brazos sobre su pecho—. Necesito ver a Lauren.

—¿Tú también? —bufó molesta la Ash—. Pues tal como le dije a la otra, no puede ser.

—¿Por qué?

—Bueno, eso es asunto mío.

—Escúchame bien, si le pones una mano encima a la doctora…

—Eh —la interrumpió Aela poniéndose en pie—. Cuidado con lo que vas a decir, valquiria. Recuerda que soy la Ash y tú eres de las Sombras. Solo estás aquí por ese acuerdo de paz entre Sombras y Luces, nada más.

—Solo te aviso.

—¿Qué diablos te importa a ti lo que le pase a la doctora? —preguntó de forma amenazante la arconte.

—Eso es asunto mío.

—Pues ya que estamos con los avisos, te advierto que su estado no es el mejor. Deberías de saber que hace algunos días trató de quitarse la vida. Si yo no hubiera llegado en ese momento, ahora estaría muerta.

Tamsin la miró incrédula. Esperó un momento en silencio tratando de estudiar sus gestos, luego le respondió:

—Vaya paradoja esa, justo yo tuve que salvar su vida porque tú querías matarla, ¿qué te impide hacerlo ahora?

—Las circunstancias son diferentes y la respeto como profesional y como humana.

—Vaya, quién lo iba a decir. No debiste de pensar lo mismo cuando la encerraste en aquella sucia mazmorra.

—Qué demonios quieres, Tamsin. ¿Has venido hasta aquí solo para insultarme?

—Quiero qué me digas por qué tienes retenida a Lauren.

—Es asunto de las Luces.

—Quizá también sea asunto de las Luces saber que no eres nobles y que no deberías ser su Ash.

«Maldita seas, Evony», eso fue lo que pasó por la cabeza de Aela al escuchar las palabras de la valquiria. No podía permitir que Tamsin desmoronara todo y menos ahora, cuando estaban sumidos en demasiados problemas. Tenía que darle algo para que la dejara en paz, algo que hiciera que recapacitara. La líder de las Luces suspiró. Tenía que contarle la verdad. Aela abrió uno de los cajones de su escritorio y sacó algo. Seguidamente, lo lanzó sobre la mesa para que Tamsin pudiera verlo. Era la foto de un hombre.

—¿Lo conoces? —le preguntó.

—Sí —contestó la valquiria—, es Ryan Lambert.

—En resumidas cuentas, ha conseguido el suficiente apoyo y poder para comenzar una cruzada personal que todavía no entiendo, pero según me han contado tiene que ver con la salvación de los faes o alguna tontería religiosa que se ha inventado.

—¿Y qué tiene que ver Lauren en esto?

—Por alguna razón requiere de ella y no lo pienso permitir. No voy a dejar que nadie le ponga una mano encima y vuelva a pasar algo similar a lo de Taft, y menos si se trata de un fae de las sombras. Así que no puedes verla —dijo tajante la Ash— y si te importa algo, comprenderás que es mi única arma para protegerla. El señor Lambert es muy influyente y si quiere a Lauren la tendrá. No importa que yo sea la líder de las Luces y me oponga, ni siquiera necesitará el respaldo de Morrigan.

—Así que no hay nada que yo pueda hacer.

—No, nada. Además, agradecería que no montaras uno de tus espectáculos. Te dejaré hablar con ella cuando esté fuera de peligro.

Tamsin movió la cabeza afirmativamente y una extraña sonrisa se dibujó en sus labios.

—Está bien —dijo después de un rato la rubia—. Avísame entonces.

La valquiria se dio la vuelta y salió de su despacho. Aela se sentó en su silla lentamente sin apartar la mirada de ella mientras la veía alejarse. Había algo extraño en esa valquiria.

#

Los golpes en su puerta la desconcentraron. Lauren levantó la vista del microscopio hacia allí y volvió a escuchar que alguien llamaba. Se puso en pie y caminó hacia la entrada de su apartamento. Giró el pomo, tiró de la puerta suavemente y se encontró a Tamsin apoyada en la guía.

—¿Tamsin? —dijo extrañada—. ¿Cómo has conseguido entrar?

—Dejé a los guardias durmiendo —le contestó entrando.

Lauren cerró rápidamente la puerta, comprobando primero que nadie estuviera vigilando.

—¿Estás loca? —preguntó Lauren sin comprender su comportamiento—. Ni siquiera deberías de estar aquí, puedes comprometer a las Sombras.

—Lauren —dijo Tamsin ignorando sus palabras—, tenía que verte.

—¿Estás bien? ¿Pasó algo con Kenzi? —le preguntó nerviosa.

Tamsin negó con la cabeza, luego bajó su mirada al suelo y se llevó la mano derecha a la parte trasera de su pantalón. Cuando la valquiria elevó el rostro hacia el de Lauren, ésta no supo interpretar su expresión, pero produjo un escalofrío en su espalda. La velocidad con la que la fae se acercó a ella, le impidió poder reaccionar. Sintió una punzada en su barriga y cuando sus ojos miraron hacia allí, encontró las manos de Tamsin cubiertas de sangre sujetando un puñal.

La valquiria agarró el hombro de la doctora con fuerza mientras sacaba el arma y lo volvía a introducir con fuerza en un lugar muy cercano al primero. Lauren se dobló de dolor, pero fue al tercer ataque cuando gritó y cayó sobre ella. Tamsin sujetó el cuerpo de la humana contra el suyo y clavó el puñal en él hasta siete veces más. Las dos últimas fueron innecesarias.

La cabeza de Lauren se quedó apoyada sobre el pecho de la valquiria. La sangre que salió de su boca empapó su camisa. Tamsin cerró los ojos y abrazó el cuerpo inmóvil de la doctora junto al suyo. Sintió aquella sensación por todo su cuerpo, aquella fuerza y vitalidad que la embargó por completo. Había olvidado lo placentero que era matar y una extraña sonrisa se dibujó en su boca. Mantuvo su cuerpo junto al suyo bastante tiempo, luego lo dejó con cuidado en el suelo. Un charco de sangre comenzó a formarse en el piso. Los ojos sin vida de la doctora parecían vigilarla aún después de su muerte. Tamsin recogió el puñal y se puso en pie. Se observó a sí misma, cubierta con la sangre de Lauren. Decidió que se daría una ducha antes de irse.