NOTAS: Muchas gracias a los que me aportaron correcciones, ya he corregido los errores que me indicaron. Y como siempre agradezco vuestra lectura, pero sobre todo vuestros comentarios. No estoy segura de si lo que se cuenta en este capítulo se entiende totalmente, he revisado mucho este capítulo, pero si algo no se entiende o lo que sea, dejádmelo en los comentarios. Disfruten de este capítulo.


Su casa estaba sumida en un silencio solo interrumpido por el crujido de alguna madera de las paredes. Sintió que había pasado una eternidad desde que había entrado allí por última vez, pero todo seguía igual que siempre. Caminó hasta entrar en su habitación y la encontró llorando sobre su cama, con la cara enterrada entre sus manos, con un ligero sollozo que retumbaba en su propio pecho.

—¿Kenzi? —dijo con cautela mientras se acercaba.

Ella no respondió. Su pelo negro caía sobre sus hombros tapando parte de su rostro. Escuchaba su lamento y aquello le producía escalofríos.

—¿Kenzi? —volvió a llamarla.

Cuando rozó su brazo, la morena se levantó bruscamente y dio un brinco hacia atrás.

—¡No! —gritó sin mirarla.

—¿Kenzi? —volvió a decir con los ojos ahora inundados en lágrimas.

—¡Me abandonaste!¡Te fuiste! —su voz sonaba rota.

—Kenzi… —las lágrimas comenzaron a bajar por su rostro.

—¿Por qué te fuiste? —le incriminó.

Sus ojos oscuros no fueron capaces de mirar demasiado tiempo a los grises de ella. Kenzi retrocedió hacia la pared. Su cuerpo temblaba, pero en su rostro había… Bo sintió algo dentro de sí sobrecogerse. La odiaba. Su amiga, su confidente, su compañera durante todos estos años sentía desprecio hacia ella.

—No —murmuró la súcubo acercándose hacia ella, negándose a sí misma que Kenzi sintiera eso.

—Aléjate, Bo —le advirtió.

—Tenía que salvar a Dyson. Tienes que entenderlo, ¿qué otra cosa podía hacer?

—Siempre tienes que salvar a Dyson y qué pasa con los demás —la voz de Kenzi fue muy fría y distante.

—Kenzi, no seas injusta. Haría lo mismo por todos, hice lo mismo por ti cuando te secuestró la kitsune.

—Pero ahora Lauren está muerta y no puedes hacer nada. Sacrificaste su vida por la de Dyson y ahora vivirás con eso. Ahora todos tenemos que vivir con eso.

—Lo sé… —la súcubo sintió su interior temblar cuando lo recordó.

—Y yo moriré también, Bo. ¡Cuando te darás cuenta de que eres fae y nos verás a todos morir! Nunca te das cuenta de nada, crees que todo gira alrededor de ti, pero ya no, ahora estás sola.

—Kenzi…

—No, Bo. Se acabó. Ya no puedo más, no puedo seguir con esta vida, no puedo seguir con los faes y por lo tanto contigo. Me voy.

—Kenzi, cálmate, vamos a hablar —dijo tratando de detener a su amiga mientras trataba de salir de la habitación.

—Ya es tarde para hablar —le respondió intentando evitar que la tocara.

—¡No puedes irte así! ¡Te necesito!

—La gente también te necesita, pero siempre llegas tarde a ellos. A nosotros.

—Yo… —Bo no encontró palabras para seguir hablando.

—Claro —dijo Kenzi encogiendo los hombros—. Claro.

La humana miró a Bo, negó con la cabeza y salió de la habitación. Cuando la súcubo la oyó en el piso de abajo, le gritó:

—¡Kenzi! Por favor…

Pero la única respuesta que obtuvo fue un portazo. ¿Se había ido en serio? ¿Lo que estaba ocurriendo era real? Bo se llevó las manos a su rostro. Lloró entre ellas asustada, confusa, sin saber qué debía hacer, y entonces, escuchó que alguien la llamaba, una voz masculina:

—Bo…

Ella continuó llorando, sin hacerle caso. La voz volvió a hablar:

—He venido a salvarte, Bo.

—¿Dyson? —preguntó entre sollozos.

Cuando levantó su rostro, ya no estaba en su casa, ni en su habitación. Bo miró a su alrededor: era un espacio vacío, inmenso, con una bruma espesa que difuminaba el horizonte y que se movía a su alrededor cerca del suelo.

—Bo.

La súcubo se giró y encontró a un hombre de traje oscuro, que la miraba con un gesto serio. Su pelo era negro, pero sus ojos claros, parecían azules. Sus manos descansaban sobre un pequeño bastón negro que se apoyaba sobre el suelo. Bo dio varios pasos hacia él, pero se detuvo a una distancia prudente.

—¿Dónde estoy? —preguntó la fae pasándose la mano por su cara para limpiarse las lágrimas.

—En Helheim —respondió sin apenas moverse—. Un mundo lejano al que conoces.

—¿Cómo…?

—Yo te he llamado —respondió él sin dejarle a penas formular la pregunta—. Pero nada de lo que has vivido aquí ha sido real, fue creado por la reina de este plano.

—¿Todo ha sido una ilusión?

—Algo así. Aunque la mayoría de lo que has vivido está en tu corazón y en tu mente. Pero ya no importa, he venido a sacarte de aquí.

—¿Sacarme? ¿Qué interés tienes en mí? ¿Cómo sé que no eres otra ilusión?

—Chica lista —dijo él con una leve sonrisa—. Puedo responderte cuál es mi interés en ti, pero si soy o no una ilusión, bueno, nunca podrías estar segura.

—Entonces dime qué quieres de mí, por qué me has llamado —le respondió tratando de mantener la calma y de permanecer fría.

—Yo te llamé porque necesito tu ayuda. Los faes están al borde de la guerra y los humanos también. Hay que evitar el conflicto antes de que sea demasiado tarde y para ello tenemos que derribar primero la jerarquía fae.

—Whoa, para el carro, ¿qué tiene que ver una cosa con la otra?

—Lo has visto. Luces y Sombras son incompatibles, se tienen odio los unos a los otros y sus líderes no hacen más que fomentarlo. Los humanos son sus esclavos, sus mascotas, seres inferiores, el desprecio que sienten por ellos es irracional. La humanidad acabará descubriendo a los faes tarde o temprano, porque ellos lo único que hacen es pelearse entre sí. ¿Qué crees que pasará entonces? Bueno, ya lo has visto. Declararán a los humanos un peligro y tratarán de acabar con ellos. Las señales son evidentes. La división entre los faes tiene que terminar.

—Por más que me guste la idea de terminar esa división, no puedes obligar a los faes a hacer eso, tiene que ser un cambio elegido con libertad, no impuesto por un tirano con aires de rey —le espetó con cierto aire de desprecio.

—La libertad es una utopía. Tú libertad termina donde empieza la del otro. Necesitamos normas para que cada uno disfrute de su propia libertad y necesitamos un poder que procure que esas normas se cumplan. No podemos ser libres sin ser controlados. No está en la naturaleza humana y tampoco en la fae.

—A mí todo esto me parece a una excusa, solo quieres «liberar» el mundo para imponer tu propio reinado.

—¿Y quién dijo que iba a ser mi reinado?

Bo frunció el ceño. Lo miró directamente a los ojos y lo estudió en silencio. Trató de buscar algún gesto, alguna expresión, pero ese hombre parecía impenetrable.

—De todas formas —habló la súcubo de nuevo—, no sé ni quién diablos eres, ¿cómo quieres que crea o confíe en nada de lo que dices?

Él la observó el silencio durante un largo rato. Bo comenzó a impacientarse, pero pronto él volvió a hablar:

—No voy a contarte mentiras ni a maquillar mis palabras. Mi nombre es Odín, y voy a ser franco, Ysabeau, soy tu padre.

La súcubo lo miró incrédula. De pronto, no supo qué decir. Sus ojos azules estaban fijos en los de ella y Bo sintió un escalofrío por su cuerpo. ¿Había dicho que era su padre? La fae sacudió la cabeza confusa. Luego dio un paso hacia atrás y se quedó mirándolo de nuevo. Él suspiró y continuó hablando:

—Es probable que nadie te haya hablado de mí, por lo que veo en tu expresión. Todos piensan que estoy muerto y supongo que quizá pocos sepan que soy tu padre. Dime, ¿al menos conociste a tu madre?

—Aife —balbuceó con dificultad—. Tú…

—Bien, supongo que te habrán contado muchas historias. Su padre, Fitzpatrick McCorrigan, forzó una paz con su poder de sangre, pero ella no la aceptó, atacó a mi bando, mató a un anciano de las sombras y él la entregó. Esa es «la historia oficial». ¿Quieres saber algo más? —Bo asintió tratando de asimilar toda la información—. Ella quería vengar la muerte de su madre, estaba harta de todos los años de conflictos, de todas las muertes. Ella luchó, se rebeló y consiguió apoyo, mucho apoyo, incluso el mío. Admiré su rebelión. Hizo temblar los cimientos de toda la jerarquía que había ideado tu abuelo. La gente estaba realmente asustada —suspiró bajando la vista al suelo—. Era demasiado bonito para ser verdad —sus ojos azules volvieron a encontrarse con los de Bo—. Mucha gente importante murió, incluido uno de mis ancianos, uno demasiado famoso y poderoso como para pasar desapercibido. Eso originó un conflicto bastante preocupante y Fitzpatrick McCorrigan quería preservar la paz, así que me la entregó —el padre de Bo calló durante unos segundos pensando en sus siguientes palabras—. En verdad, su rebelión me había inspirado. Yo traté de permanecer alejado de la Gran Guerra Fae, hubo varios reyes que hicieron lo mismo, pero igualmente fui testigo de muchos horrores. Y esa guerra es la que separó a Luces y Sombras para siempre. Forzar una paz con todo el odio que sentían los bandos entre sí…

Bo sintió los ojos azules de su padre clavarse en los suyos. Su mirada era intimidante, su mera presencia daba escalofríos. Él trataba de leerla, de entender lo que estaba sintiendo. Bo simplemente permaneció en silencio tratando de escuchar toda la historia de forma que no afectara a su propio juicio. Tenía que ser objetiva en esto, no sabía si él le estaba contando la verdad.

—¿Crees que Aife huyó contigo para protegerte de mí? —Odín esperó que Bo respondiera de alguna manera, pero ella siguió en silencio y muy quieta, así que le respondió él—. No, lo hizo para protegerte de tu abuelo. Yo no la escuché cuando me dijo que el Rey Sangriento planeaba quitarme del medio, yo no confiaba enteramente en ella, pero tuvo razón. Fitzpatrick McCorrigan, tu abuelo, fue quién me encerró aquí.

—Tuvo que tener una buena razón —habló por fin Bo, pero con un tono frío, pensando en que Trick no era el ser despiadado que estaba intentando mostrarle su padre.

—Sí, yo estaba dispuesto a romper sus leyes, iba a unificar a los faes, a terminar con Luces y Sombras.

—¿Cómo? ¿Al estilo de mi madre? —dijo ella sin acabar de creerse nada—. ¿Asesinando y provocando el caos?

—Tú madre siempre fue un tanto dramática… ¿Sabías que faes y humanos vivían en el pasado unidos?

Bo sintió como si Odín estuviera jugando con ella. Sacudió de nuevo su cabeza, tenía que concentrarse. Las vivencias que le había provocado aquel sitio la habían marcado profundamente y apenas había podido recuperarse de ellas.

—¿Cómo quieres que te crea? —dijo la súcubo tratando de averiguar sus intenciones—. Dices que has estado encerrado aquí, pero ¿cómo sabes los últimos acontecimientos que han pasado con los humanos y faes? Pasó hace relativamente poco.

—Según el tiempo de allí, llevas casi dos meses encerrada aquí —Bo lo miró sorprendida—. Y sí tienes razón, no tengo manera de saberlo, pero tengo a las valquirias —le respondió muy tranquilamente—. Tú conoces a una, ¿verdad?

—Tamsin… —murmuró Bo.

—Su nombre es Brynhild, o lo fue hace tiempo. Fue una de las primeras que luchó a mi lado y me sirvió. Hizo algunas cosas indeseables, pero trató de redimirse con una última tarea, traerte a ti. Sin embargo, se echó atrás en el último momento. Igualmente, su traición me permitió traerte hasta aquí. Lo único que quiero es hablar contigo, Bo, he querido hablar contigo desde siempre, pero es ahora cuando estás preparada.

—¿Por qué has hecho todo esto si solo querías hablar? ¿Por qué traerme a este lugar? ¿Hacerme vivir todas estas ilusiones terribles?

—Porque es la única manera, no puedo salir de aquí, gracias al Rey Sangriento, la única forma es trayéndote a ti y tuve que esperar a que fueras lo suficientemente fuerte para que pudieras sobrevivir. Pero aún así, aquí sigues, atrapada en Helheim.

—Vale, estoy intentando entender, pero no entiendo nada…

—Empezaré del principio —dijo él después de un largo suspiro—. Como te dije, los humanos y faes vivieron un tiempo juntos, bajo unas mismas leyes. Fui durante siglos considerado como un dios, fui un líder. Pero los humanos empezaron a distanciarse, a tener sus propias creencias, su cultura propia, ansias de poder… Y los faes también. Así que hubo un punto en el que acabamos separados en Luces y Sombras, pero no éramos enemigos, no nos odiábamos, solo éramos diferentes. Sin embargo, hubo conflictos, muertes, mucho miedo, la mayoría provocados por los humanos y muchos faes querían acabar con ellos. Creo recordar que con ese sentimiento es como comenzaron nuestras verdaderas indiferencias y por mucho que se trató de evitar, la Gran Guerra Fae llegó como culmen a nuestras disputas. Como te dije, no fui partícipe de ella, estuve más cercano al mundo humano que al fae en esos tiempos, eso hizo que mi influencia y poder entre los faes casi se esfumara, algo que me ayudó luego a recuperarlo una vez la guerra terminó. Llegados a un punto extremo, el Rey Sangriento forzó la paz. No sé exactamente los detalles, lo único que sé es que todos lo querían muerto antes de que firmara el fin de la guerra con su sangre. Cuando la paz se forjó, me convertí en una amenaza para él y me quitó del medio. Siempre jugó para sacar provecho.

—¿Y tú? —dijo Bo dando un paso hacia él—. Torturaste a mi madre durante años.

—Aife trató de traer la guerra de nuevo, merecía morir, pero le perdoné la vida. La mantuve como esclava, eran otros tiempos, todo era distinto. Ella no podía regresar a la sociedad fae, era la rebelde, la que trató de romper la paz, todo el mundo la odiaba y los que no, la temían. ¿Crees que si la hubiera liberado habría tenido una vida? Su propio padre la abandonó, no tenía nada. Tú, por decirlo de alguna manera, fuiste un accidente, pero cuidé de Aife durante su embarazo y lo hice contigo después de que naciste. Te cuidé, estaba dispuesto a criarte con todos los privilegios que merecías, incluso a ofrecerle a Aife la libertad para que mi hija pudiera estar con su madre. Entonces pasó lo que pasó.

—¿Qué pasó?

—Los tiempos habían cambiado, la era de los reyes se había acabado hace mucho tiempo. Las Luces y las Sombras se habían consolidado como dos bandos separados que se dividían en territorios y cada uno estaba controlado por un líder: Morrigan y Ash. Las leyes del Rey Sangriento impedían que un bando entrara en contacto con otro, prohibía cualquier relación que pudiera poner en peligro la paz, que pudiera desembocar otro conflicto. Había líderes que no estaban de acuerdo con este cambio, pero tenían demasiado miedo. Había una paz, pero era solo una fachada, detrás de ella no había ninguna paz. Yo no tenía miedo, así que primero impidió que pudiera ser Morrigan, luego vetó mi poder como anciano, pero aunque nunca había mostrado mi potencial, ellos sabían que podía acabar con todos ellos si quería. ¿Por qué crees que Fitzpatrick McCorrigan es tan respetado entre los líderes de las luces y sombras? Porque ayudó a derrotarme, no bajo el seudónimo del Rey Sangriento, eso solo parecía saberlo yo y los pocos faes que habíamos viajado desde Europa a América con él. Había renunciado a sus títulos, pero seguía siendo él. Nobles y ancianos de las sombras se aliaron para ayudarlo, gente que creía amigos, incluso Tamsin, la que fue la más leal a mí una vez, me traicionaron. No fue muy bonito, me resistí bastante y entonces realmente vieron mi potencial. Digamos que en resumidas cuentas acabé aquí, y aquí sigo después de todos estos años.

—¿Y cómo quieres que te crea?

—Quizá necesites a alguien de más confianza que corrobore mi historia. Es viejo, aunque no lo suficiente para haber vivido toda la historia fae, pero al menos la conoce, ¿no es así, Dyson?

Bo casi tembló al escuchar su nombre. Miró en todas direcciones buscándolo y pronto lo vio acercarse a través de la bruma. Cuando él la vio, corrió a su encuentro. El lobo acogió a Bo entre sus brazos y la escuchó sollozar ligeramente entre ellos.

—Está bien, Bo, tranquila —le dijo tratando de calmarla.

La súcubo se separó ligeramente de Dyson y lo miró a los ojos. Él se estremeció al ver su rostro lleno de lágrimas.

—Dime algo, Dyson, ¿qué es todo esto?

—Lo que ha dicho es cierto —dijo él con el rostro muy serio—, aunque yo no conocía todos los detalles.

—¿En serio, Dyson? ¿No me digas que sabías quién podría ser mi padre y no me lo dijiste?

—Ni Trick ni yo sabíamos quién era tu padre. Pensábamos que Aife había huido de Odín mucho tiempo antes de que se convirtiera en una amenaza. Nunca imaginamos que él pudiera ser tu padre, Bo, eso solo lo sabía Aife. Ella estuvo mucho tiempo en paradero desconocido, no sabíamos qué había hecho ni si seguía cautiva por él.

Bo simplemente dejó caer su cabeza sobre el pecho de Dyson. Estaba abrumada por todo, pero necesitaba recomponerse lo más rápido posible. Sin embargo, no podía. El miedo se empezó a convertir en ira y un extraño fuego pobló su pecho. Sintió sus ojos centellear azules por unos breves momentos. Su lado más oscuro quería salir, pero justo en ese momento, la sensación de los brazos de Dyson alrededor de ella, la calmó momentáneamente.

—Bo —dijo el lobo en voz baja—, tienes que saber que estamos muertos mientras estamos aquí y que solo tu padre puede sacarnos.

—¿Y los demás? —preguntó nerviosa.

—No están aquí, deben estar bien.

Bo suspiró algo aliviada, pero no tenía tiempo de sentirse bien. Volvió a levantar el rostro para ver a Dyson.

—¿Qué va a pasar ahora? —le preguntó.

—Él me dijo que veníamos a sacarte de Helheim para llevarte a su palacio, el Valhalla.

—¿Cómo vais a sacarme de aquí?

—No lo sé —confesó él contrariado.

—En verdad es fácil —intervino su padre—. Sé cuál es tu debilidad. Sigues aquí atrapada porque estás dando bandazos entre un lado y otro.

La súcubo miró fijamente a los ojos de su padre mientras Dyson seguía manteniéndola entre sus brazos.

—¿Cómo vas a sacarme de Helheim? —le preguntó ella.

—He hecho un trato con Hela, quien gobierna en este plano —contestó— y cuando acabemos, serás capaz de salir de aquí.

Sus ojos azules ya no miraban hacia los suyos, su mirada se perdía en algún punto lejano situado detrás de ellos. Ambos, Dyson y Bo, miraron hacia allí. Una figura se acercaba a ellos entre la bruma. El lobo liberó a Bo y ella dio unos pasos hacia la misteriosa persona que caminaba en su dirección. ¿Qué otra sorpresa tenía preparada para ella?

—Bo —murmuró Dyson preocupado.

Ella esperó en alerta, expectante. Su corazón comenzó a acelerarse cuanto más veía que se acercaba la figura. Pronto vislumbró su rostro con relativa claridad. Bo la miró confusa, sorprendida, llena de terror, y la otra simplemente se detuvo y la observó impávida. La súcubo sintió sus ojos humedecerse y corrió hacia ella. Fue como si hubiese pasado una eternidad desde la última vez que sintió su cuerpo contra el suyo. Cuando cubrió a Lauren entre sus brazos, supo que esta vez no era una ilusión de Hela, esta vez era real.