NOTA: Este es uno de los capítulos más importantes para Bo y tardé tanto en subirlo porque me costaba escribir algunas partes. Espero que os guste y que me digáis que os ha parecido. Muchas gracias por seguir leyéndome.


Simplemente se perdió en sus ojos color avellana. Sostuvo su rostro entre sus manos y lo admiró como nunca antes lo había hecho. Las lágrimas corrían por sus mejillas y su pecho era un volcán de emociones, sin embargo, Lauren la miraba como si estuviera ausente. El gesto calmado de su cara tembló ligeramente cuando Bo comenzó a sollozar en un tono casi inaudible y la súcubo vio un tenue miedo brillar en los ojos de la humana. La fae trató de hablar pero de su garganta solo salió un extraño sonido de ahogo. Estaba feliz de que la tragedia que había vivido en Helheim no hubiera ocurrido y a la vez estaba aterrada de que Lauren estuviera allí.

La doctora cerró los ojos e inspiró aire profundamente. Sus manos se apoyaron sobre los antebrazos de Bo, agarrándolos fuertemente. Cuando sus miradas se encontraron de nuevo, la súcubo comprendió por fin lo que significaba Lauren en su vida y quiso decírselo.

—Lo siento mucho, Lauren —dijo en su lugar.

Lauren parpadeó confusa y sus ojos se humedecieron rápidamente. Ambas se tentaron con sus miradas enjuagadas hasta que fue inevitable sentirse de nuevo. Lauren se dejó caer entre los brazos de Bo. La súcubo la bordeó con ellos y la aferró contra ella aún dudando de que fuera real. La rubia permaneció en silencio escuchando la respiración agitada y entrecortada de la fae durante un rato. Lauren pareció reaccionar cuando una de las lágrimas de Bo cayó por su propio cuello.

—¿Esto es real? ¿Eres real? —murmuró la doctora en voz baja.

Entonces, Bo pareció recordar que se encontraban en Helheim y que Odín las estaba mirando muy fijamente. En ese momento, Dyson llegó por detrás y posó su mano sobre el hombro de la súcubo, mirándola con preocupación al ver a Lauren allí. La doctora levantó la vista y lo miró.

—Dyson, ¿qué es este sitio? —le dijo a él.

El lobo dejó salir el aire pesadamente de su boca sin saber muy bien por dónde empezar.

—Así que tú eres la humana que ha salvado a los faes en varias ocasiones. Será un honor si entras en el Valhalla —intervino Odín.

Dyson se giró bruscamente hacia él y lo miró de arriba a abajo con un gesto de desprecio. Odín permaneció inmóvil, observándolo seriamente.

—¿Qué demonios pretendes?

—Relájate, lobo. Te dije que veníamos a sacar a Bo de Helheim y eso vamos a hacer.

—¿Y qué hace Lauren aquí? ¿Acaso la has matado? —le gritó.

Inmediatamente, la súcubo liberó a la doctora de su abrazo, pero cuando escuchó a Lauren gemir asustada, la fae tomó su mano temblorosa entre la suya. Sus ojos oscuros la miraron llenos de preocupación. Lauren suspiró y apretó su mano contra la suya.

—Vamos a salir de esta —le dijo en voz baja la súcubo.

—Lo sé —le contestó la otra.

La fae trató de sonreír, pero los músculos de su cara estaban demasiado rígidos por la tensión y el miedo, así que dirigió la mirada hacia su padre, que se encontraba frente a los tres.

—¿Qué es este juego? —habló Bo con cierta ira impregnada en sus palabras.

—Esto no es ningún juego —le contestó Odín con una serenidad que intimidaba.

—Habla claro, Loco —le dijo el lobo casi gruñendo.

—Hacía realmente muchos años que nadie me llamaba así… Pero no importa.

Odín tomó su bastón y lo levantó hacia arriba. Enseguida, un halo de luz salió de él. La luz comenzó a hacerse más densa y de pronto, una lanza dorada se formó.

Lauren sintió la mano de Bo temblar entre la suya y la cubrió con su otra mano tratando de calmarla.

—Gungnir —murmuró Dyson mientras se interponía entre Odín y las dos mujeres.

—Tranquilo, lobo, yo no voy a matar a nadie —dijo él—. El poder del Rey Sangriento se debilita, no queda mucho tiempo para el Ragnarok y solo Bo puede ser quien evite que ocurra. Es por eso que necesito sacarla de Helheim y prepararla para lo que viene.

Bo miró hacia Lauren y liberó su mano de las de ella. Apartó a Dyson hacia un lado, avanzó hasta su padre y se detuvo a una distancia de él relativamente corta. Odín le ofreció la lanza y ella no la aceptó.

—¿Por qué Lauren está aquí? —preguntó con la voz llena de ira.

—Porque Tamsin ha entendido cuál es su lugar y por fin ha cumplido con su deber —le contestó serenamente—. Y no podía hacer esto sin tu humana.

—¿Ella está…? —las palabras se atragantaron en su garganta—. ¿Lauren está muerta también?

—Ninguno de vosotros tres está aún muerto, no del todo. Tienes que entender que no quiero hacerte daño. De todas formas, esto tendrá que pasar más tarde o más temprano.

—¿A qué te estás refiriendo? —dijo ella frunciendo el ceño.

—Seré claro. Este amor que sientes por los dos tiene que terminar, es lo que hace que tu naturaleza se acerque a la oscuridad, es lo que no te permite evolucionar como el ser maravilloso que eres y es lo que no te permite salir de Helheim. Toma la lanza de Gungnir, es la única manera.

Bo lo miró dubitativa. Sus ojos azules permanecían fríos e indescifrables. Era imposible saber cuáles eran sus intenciones, ¿quería ayudarla o solo usarla por algún beneficio que aún no había revelado? ¿Por qué había traído a Lauren y a Dyson allí? Tomó la lanza con los dedos temblorosos. Estaba asustada, estaba aterrada. Hacía mucho tiempo que no sentía aquel miedo en su piel.

—¿Qué tengo que hacer con esto? —preguntó con esfuerzo, intentando que sus palabras no se ahogaran en su garganta.

—Ha llegado la hora de que tomes la elección más trascendental de tu vida. Si no eliges, los tres seréis condenados.

—¿A qué te refieres con elegir? —dijo con un hilo de voz.

—Con la lanza de Gungnir —Odín se detuvo un momento mientras bajaba la vista hacia el suelo brevemente para luego volverla a levantar y mirar fijamente a su hija— tienes que matar a uno de los dos para ofrecérselo como sacrificio a Hela.

—¿Cómo? —gritó la súcubo dando un paso hacia atrás.

Su padre frunció el ceño y suspiró mientras retiraba la mirada de la de su hija. Bo agitó la cabeza tratando de comprender.

—Es la condición de Hela. Lo… lo siento —concluyó Odín con dificultad.

—No —dijo Bo con la voz quebrada—. No —sus ojos se llenaron de lágrimas—. Tiene que haber otra forma… Dime que hay otra forma.

—Tienes que elegir a uno de los dos, esa fue su condición.

—¡No! —gritó ella.

Bo sintió las lágrimas caer por sus mejillas. Su mente dejó de pensar y su visión se volvió borrosa. Ni siquiera oía lo que le decía Odín. Esto tenía que ser otra ilusión de Hela, esto no podía ser real…

—Bo —escuchó decir a Dyson.

Ella se giró lentamente hasta poder verlo. Esperó a que continuara lo que quería decirle, pero Dyson se quedó sin palabras. La fae dirigió su mirada hacia Lauren, ella permanecía en silencio también, con la mirada perdida en el suelo. No podía hacer semejante locura. No podía. No podía. No podía.

—No puedes obligarla a hacer eso —le dijo Dyson a Odín.

—Claro que no, pero entonces los tres os quedaréis aquí. No puedo negociar nada más con Hela. Ella quería a los dos y al final solo se conformó con uno, pero no pude hacerle cambiar de opinión. Si no eliges a ninguno, os quedaréis encerrados en Helheim, y ya habéis visto cómo es. Yo…

Bo se abalanzó contra su padre sujetando la lanza hacia delante con ambas manos. La alzó hacia él con un grito sonoro, pero fue como atravesar una sombra. Un sonido lastimero de impotencia y derrota salió de la boca de la súcubo mientras caía de rodillas al suelo. Odín retrocedió dándole la espalda y Bo sintió las manos de Dyson en sus hombros. La fae se levantó con ayuda de la lanza y apartó al lobo de su lado. Él se quedó mirando hacia ella sin saber qué hacer o qué decir. Bo caminó varios pasos alejándose de él. Dyson sintió la necesidad de que tenía que pensar en algo, tenía que impedir esto, debía de haber otra forma, pero tenía que pensarla rápido, tenía que ayudar a Bo. Levantó la vista, nervioso, y vio cómo Lauren se acercaba lentamente a la súcubo.

La doctora permaneció cerca de Bo mientras ésta le daba la espalda. Estuvo a su lado en silencio hasta que la fae se percató de su presencia, entonces, se volteó lentamente hasta ver su cara. Lauren la miraba con sus ojos color de avellana fijamente, con un gesto impasible en su rostro, con una aparente calma que tranquilizó ligeramente a Bo. Ambas se miraron en silencio durante un buen rato. Por las mejillas de la súcubo rodaban lágrimas silenciosas que eran difíciles de detener, pero Lauren permanecía en aparente calma.

—Bo —le dijo tomando sus manos—, cariño, escúchame.

—No —la interrumpió con lágrimas en los ojos.

—Por favor, sabemos perfectamente que lo nuestro es efímero. Tú eres fae y yo humana, envejeceré y moriré. Nunca podré darte lo que necesitas, siempre tendrás que alimentarte de otros, llegará un punto en el que me volveré una carga para ti y luego estarás sola y entenderás que este día tenías que haber elegido a Dyson.

—No, no sigas hablando, por favor…

—Al menos nos tendrás a uno de los dos y yo sé que él cuidará de ti.

—¡No! —gritó separándose de ella—. ¡No puedo hacer eso! ¡No me pidas que haga eso!

—Bo —Lauren luchó ferozmente para que las lágrimas no salieran de sus ojos sin su permiso—, yo sé que lo amas, lo vi aquel día en tu Amanecer.

La súcubo negó con la cabeza mientras gritaba que no podía hacerlo. Lauren trataba de acercarse, pero la fae rehuía de ella.

—No seas egoísta, Bo —dijo la doctora tratando que su angustia no quebrara sus palabras—. No puedes tenernos a los dos y lo sabes. Moriré en algunos años, qué más da que sea ahora, para salvaros.

—¡No la escuches, Bo! —le gritó Dyson—. He vivido casi mil años, no tengo más nada que perder. Solo te tengo a ti, Bo, y si no salvas a Lauren, estarás lamentándolo el resto de tu eternidad y jamás serás feliz. Yo he vivido todo lo que tenía que vivir, tanto como persona como lobo. Sé que con ella podrás superar esto, ella te hizo más feliz que yo —dijo con cierta melancolía en sus últimas palabras.

—Dyson, no hagas esto —lo interrumpió Lauren—, sabes que tengo razón. No existe un futuro verdadero para nosotras. Los tres sabemos eso, basta de negarlo y de no ser realistas. Será doloroso al principio, pero más adelante podéis ser felices juntos. Tenéis casi una eternidad para superarlo.

—¡NO! ¡Callaos los dos! —chilló Bo mientras retrocedía—. ¡Eres mi padre! ¡No puedes hacerme esto!

—Quiero salvarte, pequeña —dijo él mirándola—. Esto es lo único que me ha ofrecido Hela. No tienes otra elección, lo siento.

—¿Y dónde está esa zorra? ¡Qué se muestre!

—Bo, no la subestimes. Ahora estamos en su reino, puede poner en peligro la vida de los tres si quiere. Esto te salvará de tu oscuridad. Podrás ser la fae poderosa que realmente eres.

—¡Nunca pedí esto! —gritó con los ojos inundados en lágrimas—. ¡No quiero a los faes! ¡Nunca quise a los faes! ¡No quiero ser poderosa! ¡¿Por qué haces esto?!

—¿Yo? ¿Me culpas a mí? ¡Si no hubiera sido por tu abuelo nada de esto estuviera pasando! Los faes que han muerto por estar con los del otro bando, con humanos… ahora todos estarían vivos. Esto jamás hubiera pasado y tú nunca habrías tenido que pasar por esto.

—¡No trates de culpar a nadie! —le incriminó el lobo—. Eres tú quien quiere a Bo y quien la trajo aquí.

Bo volvió a mirar hacia Lauren y Dyson. El lobo la miró con un gesto que le pareció miedo y la doctora permanecía cabizbaja, sin dejar ver lo que sentía.

—Bo… —le habló Lauren con dificultad y sin atreverse a mirarla—. Eres lo más importante que me ha pasado en la vida, tú me trajiste una felicidad que nunca había sentido y lo que vivimos juntas fue lo más hermoso que me pasó jamás —Lauren tuvo que detenerse un momento porque sus palabras comenzaban a atragantarse en su garganta—. Y yo estoy orgullosa de eso, de nosotras —la humana por fin levantó la vista hacia la de Bo y su corazón casi deja de latir cuando vio su rostro roto y sus ojos oscuros y hermosos rojos de llorar—. Y creo que nunca voy a amar a nadie como te he amado a ti y como te sigo amando. Así que me iré feliz, inmensamente feliz de haberte conocido y agradecida por dejarme entrar en tu vida.

Y Lauren no pudo seguir hablando, no sin echarse a llorar en frente de Bo, y no quería hacerlo, porque la súcubo debía de elegirla a ella e irse con Dyson. No podían firmar un futuro juntas que tenía fecha de caducidad. Aquello las acabaría matando, igual que el hecho de que ella era súcubo, de que no podía sobrevivir con una sola persona, y menos si era humana. Dolía, vaya que si dolía admitirlo, pero esa era la verdad.

Bo ya no podía hablar, ni moverse, ni pensar… Lauren estaba a punto de derrumbarse y casi temblaba ligeramente. Así que fue el lobo el que tomó la iniciativa:

—¡Bo! —le gritó mientras se acercó a ella—. Acabemos con esto de una vez.

El lobo agarró la lanza de Gungnir que aún Bo sujetaba con fuerza, se arrodilló frente a ella y llevó la punta del arma a su pecho.

—Vamos, Bo, hazlo —le dijo—. Esta es la decisión que debes tomar.

La súcubo lo miró perpleja. La lanza temblaba entre sus manos mientras la sujetaba sobre su pecho. Sacudió su cabeza varias veces y sintió un fuego de ira recorrer sus entrañas. Entonces, la bestia se apoderó de ella. Sus ojos se elevaron como dos llamaradas azules y se encontraron con los de Lauren. Algo en su interior se agitó, sintió un hormigueo por su cuerpo y su mirada furiosa bajó hasta el rostro del lobo que pedía que terminase de una vez. La fae sintió la presión de la piel de Dyson sobre la punta del arma. Bo sacudió su cabeza aterrada, retiró el arma del pecho de él y la alzó hacia ella. La lanza atravesó con dificultad su vientre. Sintió su propia carne rasgarse, sus propias manos cubrirse de su sangre caliente. Gritó y tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para vencer la resistencia que ofrecían sus propios músculos y entrañas.

—¡No! —gritó Dyson acercándose a ella—. ¡Lauren, haz algo!

Sin embargo, Lauren permaneció inmóvil mientras observaba la boca de Bo escupir sangre y su cuerpo caer al suelo. Sintió las lágrimas correr por su rostro, pero su interior permaneció gélido, igual que ella, inmóvil, mientras Dyson tomó con desesperación el cuerpo de Bo entre sus brazos. No podía moverse, sentía como si alguien la estuviera agarrando y la empujara hacia atrás, alejándola de allí.

«Vuelve, Lauren, ven conmigo», escuchó en su cabeza. Aquella voz le resultaba familiar, pero en aquel momento no supo de quién se trataba.

—¡Lauren! —chilló Dyson mientras lágrimas rodaban por sus mejillas—. ¡Lauren! —volvió a gritar mientras sostenía con fuerza el cuerpo de Bo entre sus brazos.

Pero Lauren continuó alejándose de allí, hasta que al final, el lobo no logró alcanzar a verla. Dyson dirigió su mirada llena de odio hacia Odín.

—¿Qué has hecho?

Él no le respondió. Observaba el cuerpo de su hija sin vida en los brazos del lobo. Ysabeau había optado por suicidarse antes de elegir entre uno de sus dos amantes. Hela lo había engañado.

—¡Muéstrate, vieja bruja! —gritó Odín furioso y la mujer se apareció casi al instante entre la bruma.

—Te hago un favor y este es el trato que recibo por ello —apenas se podía ver su silueta, ella nunca mostraba su rostro.

—¡Me engañaste!

—No, te dije que ese lobo y esa humana la retenían entre el camino de su naturaleza y su humanidad, que no podría salir de aquí hasta que definiera su propio camino.

—Y le di la lanza de Gungnir para acabara con la vida de uno de los dos.

Hela observó con detenimiento cómo la lanza atravesaba el vientre de la súcubo y cómo el lobo desconsolado lloraba por ella mientras la sostenía entre sus brazos.

—Y eligió, pero algo más de lo que le propusiste.

—¡No puedes quedarte con ella! ¡No puede morir!

—El gran Odín subestima el poder de su propia hija. Recuerda lo que los nórdicos versaban: Gungnir, aquella que da la vida, la muerte o el poder. ¿Es que acaso ella no es tu hija, no tiene tu poder?

Él la miró entendiendo sus palabras. Ella sonrió cuando supo que por fin se había dado cuenta.

—Bueno, ahora me quedaré con uno de los dos, tal como acordamos.

—El lobo ha conseguido llegar al Valhalla, se merece estar allí. Puedes quedarte con la humana.

Ella asintió con una sonrisa más grande aún.