NOTAS: el capítulo no iba a ser tan largo como resultó ser al final, pero añadí algunas escenas extras, por eso tardó un poco más en salir. Como siempre agradezco vuestra lectura y sobre todo los comentarios, es lo más que necesito. Aviso que los siguientes capítulos se volverán un poco "turbios", lo aviso temprano para que lo tengáis en cuenta. Disfruten la lectura.
Antalya estaba más cerca, cada vez más cerca. Aprovechaba cualquier oportunidad para tratar de besarla. Tamsin sujetaba un vaso con una mano y sorbía el licor que contenía. Sus ojos verdes seguían los movimientos de la otra que se impacientaba por el rechazo que le mostraba. Estaban en el apartamento de Antalya. Ésta quería celebrar que Tamsin hubiera cumplido por fin con su misión. Aún no le había revelado de qué se trataba, pero sabía que lo había hecho y ahora Tamsin volvía a ser aquella valquiria que ella recordaba. La rubia se levantó del sofá en la que estaban sentadas y caminó hacia la cocina, que compartía espacio junto al pequeño salón. La otra valquiria la siguió.
—¿Buscas algo? —le preguntó a la rubia cuando la vio abriendo los cajones de la encimera.
—Quería preguntarte algo muy importante ahora que volvemos a estar como antes —le dijo sin mirarla.
—Claro —le dijo cruzando los brazos y permaneciendo detrás de ella.
—¿Me harías un favor? —preguntó dejando de buscar en los cajones pero sin mirarla aún.
—Por supuesto que sí. ¿De qué se trata?
—¿Podrías darle un mensaje a Odín?
Antalya frunció el ceño y la observó con intriga.
—Tú ya sabes que no podemos comunicarnos con él desde aquí, ¿verdad?
—Sí que lo sé —le respondió Tamsin girando la cabeza levemente hacia a ella y mirándola por el rabillo del ojo.
—¿Entonces cómo quieres que lo haga?
Antes de que incluso viera la sonrisa de la rubia en su boca, Tamsin se giró y brincó hacia ella. Primero no sintió nada, pero cuando Tamsin inclinó su rostro sobre el suyo, un dolor punzante se produjo en su vientre.
—Ya sé cuál es la única forma de hablar directamente con él, no creas que no lo sé —le susurró Tamsin.
Tenía que haberse dado cuenta antes de que lo que buscaba su compañera era uno de sus cuchillos de cocina.
—No —dijo con esfuerzo Antalya—. No tienes por qué hacer esto… Él te perdonó.
—Pero yo a él no —Tamsin apretó más el cuchillo dentro de su barriga y esa acción la siguió un grito de dolor de la otra—. Quizá vosotras habéis aceptado todo lo que hizo, pero yo no, no después de que destruyera completamente mi vida por sus propios beneficios.
—No lo entiendes —susurró con esfuerzo.
—Sí que lo entiendo y tenías razón en que nosotras solo podemos servir, porque él nos hizo así. Ahora estoy luchando, como tú me dijiste. Así que cuando mueras y vuelvas de nuevo al Valhalla, dile que tengo una nueva reina a la que servir y que se puede ir al infierno, él y sus malditas misiones.
Y con esas últimas palabras, Tamsin sacó el arma del vientre y lo llevó al cuello. El cuchillo no estaba demasiado afilado y le costó más trabajo de lo normal atravesar la carne de Antalya. Pudo clavarlo, pero apenas logró moverlo a través de los tendones y la tráquea. Igualmente, en unos minutos, la pelirroja se había ahogado con su propia sangre.
Tamsin se sentó a su lado con un gesto serio en su rostro. Se llevó una mano a la frente para limpiar el sudor, aunque no se dio cuenta de que lo que hizo fue mancharla de sangre. En menos de veinticuatro horas estaba de nuevo cubierta de ese líquido rojizo. Suspiró y trató de limpiar sus manos en la blusa de Antalya. Observó que en su rostro aún seguía dibujado un gesto de dolor. Tamsin llevó sus dedos a su cara y bajó sus párpados con las yemas. Luego, agarró el mango del cuchillo, todavía enterrado en el cuello de su compañera, y tiró de él hacia arriba sacándolo de allí.
—Lo siento mucho —susurró con un hilo de voz—. Que nuestras hermanas te guíen hacia el Valhalla.
Con estas palabras se levantó y se quitó la ropa. Se dirigió al cuarto de baño y se metió en la ducha. El agua estaba fría, pero apenas le dio importancia. Trató de limpiarse la sangre de la piel lo más rápido posible. Raspó con fuerza las manchas con las uñas y no pudo evitar que su mente recordara a Lauren. Apoyó las manos en la pared mientras el agua fría golpeaba su cabeza y bajaba en chorros hacia el sumidero. Necesitaba darse prisa, no podía dejar que la embargara la culpa, no ahora.
Cerró la llave del agua y salió de la ducha. En un armario pequeño del baño, encontró una toalla. Cuando salió de allí, observó de reojo el cuerpo de Antalya, tendido en el suelo, rodeado de un charco de sangre. Tamsin sintió un extraño escalofrío cuando recordó el cuerpo de Lauren en las mismas circunstancias. Apartó la vista de allí y enrolló la toalla alrededor de su cuerpo mojado. Caminó hasta la habitación y buscó en el armario alguna ropa que le sirviera.
Una vez vestida, cogió su teléfono móvil y llamó a Kenzi. Casi al instante de escuchar su voz al otro lado, le habló:
—¿Recuerdas aquello en lo que me tenías que ayudar y de lo que no podías preguntar? Pues es ahora. Necesito que vengas a buscarme, tenemos que ir a un sitio.
Tamsin apenas dejó que se quejara, le dio la dirección en donde estaba y colgó el teléfono. Estuvo un rato en la habitación, sentada en la cama. Pensó en echarse atrás, asustada de que nada funcionara, de que todo fuera a ser un error que pagaría con creces. No podía dejar de pensar en que probablemente condenaría la vida de Dyson, pero esta era su batalla personal contra Odín, ya era muy tarde para detenerse. Tamsin se levantó decidida y salió de la habitación. Dirigió su mirada hacia el salón. El cuerpo de Antalya seguía allí, aún no había sido reclamado en Helheim. La valquiria llevó varias toallas y mantas y cubrió el charco de sangre y el cadáver.
Cuando Kenzi llegó con el camaro amarillo de Bo, Tamsin estaba esperando por ella sentada en los escalones de entrada de la fachada del edificio donde vivía Antalya.
—Eh, rubia, ¿necesites que te lleven a algún sitio? —preguntó Kenzi desde el interior del coche.
Su comentario provocó una sonrisa en el rostro de Tamsin. La fae se puso en pie y caminó hacia el vehículo.
—Necesito que me dejes conducir —le dijo cuando se acercó a la puerta.
A regañadientes, Kenzi permitió que la valquiria condujera. La morena la miró desde el asiento del copiloto con desconfianza. Tamsin le devolvió la mirada con un gesto serio que revelaba pocas emociones.
—¿No vas a decirme qué vamos a hacer? ¿Al menos si voy a morir? —le preguntó Kenzi tratando de aliviar la tensión que empezaba a ser latente entre ellas.
La fae no contestó. Arrancó el motor del coche y condujo durante varias calles sin decir nada.
—Bueno —volvió a hablar Kenzi—, si eres una psicópata sexual es el momento de que lo confieses, cuando aún puedo tirarme con el coche en marcha.
—Y si tú quieres que hablemos de sexo, al lugar uno siempre se adapta, pero creo que no es el momento.
—Y yo pensado que había tenido la suerte de que habías perdido el habla —bromeó Kenzi.
—¿Perdona? Tú eres la que nunca puede permanecer ni un segundo en silencio. Me pones de los nervios.
—Ahora que tengo tu atención, ¿podrías explicarme qué vamos a hacer? ¿Unos detalles vagos al menos?
—Vamos al apartamento de Lauren.
—Oh —exclamó Kenzi—, ¿hablaste con la Ash?
—Mmm —Tamsin dudó un momento—. No. Igualmente vamos a sacarla de la prisión en que la mantienen las Luces.
—Tía, ¿no crees que eso es un poco peligroso? Hablamos de la Ash, ¿vale? Esa bruja petulante, de tacones de aguja y rímel de marca con ansias de matar.
—¿Y qué? No es algo que dos chicas sexys como nosotras no puedan manejar.
—Oh, ¿así que dices que soy sexy?
Tamsin se echó a reír y no dijo más nada. Miró al reloj de pulsera de su muñeca y su gesto volvió a ser serio.
—Esperemos que este cacharro no explote —dijo la valquiria mientras comenzó a acelerar.
Kenzi se agarró al asiento intentando luchar contra el balanceo violento a la que era sometida por la repentina conducción temeraria de la fae.
—Creí que íbamos a salvar a Lauren, no a matarnos en el intento —le dijo casi cerrando los ojos cuando la fae esquivó un camión que casi impacta contra ellas.
—El tiempo corre en nuestra contra, no seas gallina.
—No es por ser gallina, es que aprecio mucho mi vida, ¿sabes? Y me gustaría conservarla el mayor tiempo posible.
Tamsin la miró con una sonrisa arrogante. Kenzi volteó la cabeza hacia ella. La sonrisa de la fae se borró y solo quedaron sus ojos contra los suyos. Malditos indescifrables ojos verdes que querían asustarla.
—Valquiria, ya que no reduces la velocidad, al menos pon los ojos en la carretera, no en mí.
—Perdona —dijo Tamsin retirando la vista hacia la carretera—, me lo pones difícil.
Kenzi no sabía si echarse a reír y darle un golpe a la valquiria. Prefirió recordar algún rezo en el que entretenerse mientras llegaban a su destino, porque si ponía atención a las barbaridades que Tamsin estaba cometiendo en la carretera, posiblemente sufriera algún tipo de infarto. Por supuesto, mantener una conversación con ella era imposible, no sin que la ruborizara con alguno de sus comentarios sarcásticos. Era difícil tratar con ella. Por suerte, antes de lo que creyó, la fae detuvo el coche y vieron la fachada del edificio donde vivía Lauren.
—Entonces cuál es plan para entrar —dijo Kenzi ansiosa.
—Correr y esperar que los guardias sigan inconscientes —contestó la valquiria abriendo la puerta del coche.
—Y ¿por qué los guardias deberían de estar inconscientes?
—Recuerdas que no podías preguntar, ¿verdad? Pues eso, vamos.
Las dos se bajaron en carrera. Ciertamente, no había nadie vigilando. Kenzi vio a algunos guardias tirados por el piso. Se estremeció, sabía que había sido Tamsin la que lo había hecho.
Llegaron sin dificultad hasta la puerta de Lauren. El corazón de Kenzi latía muy rápido. Realmente estaba tratando de confiar en Tamsin con todas sus fuerzas, a pesar de lo que sabía.
—Más vale que estés lista para ver lo que hay detrás de esta puerta —le dijo Tamsin sin mirarla y dándole la espalda.
La valquiria empujó la puerta de la doctora con un hombro y entró casi de un salto.
—Sigue aquí, menos mal —le oyó decir ya dentro.
Cuando Kenzi llegó al umbral de la puerta y descubrió el cuerpo de Lauren en el suelo, pálido, rígido y con una mancha oscura en el vientre que empapaba el suelo de sangre, permaneció inmóvil allí sin apenas poder respirar. No salieron palabras de su boca, pero su cuerpo se agitó con una ira y algo más que no le dio tiempo a averiguar. Alzó las manos hacia Tamsin y un rayo de luz, que salió de ellas, golpeó a la valquiria lanzándola hasta casi el otro lado de la sala y llevándose consigo la mesa de cristal que había frente al sofá de Lauren. Fue más grande la sorpresa que el dolor de los vidrios clavados por su brazo y pierna. Tamsin se puso en pie observando a Kenzi en alerta.
—¿Qué diablos estás haciendo? —le inquirió la valquiria.
Los ojos de la morena comenzaron a brillar amarillos y por sus manos salieron halos de luces blancos que subían por sus brazos y volvían a bajar.
—Sé lo que parece esto, Kenzi —dijo tratando de calmarla—, pero por favor, debes confiar en mí.
—Me has estado mintiendo. Sé que fuiste a hablar con la Ash, ¿por qué me lo ocultaste? ¿Crees que soy solo una humana estúpida que puedes usar en tu beneficio? Te seguí hace unas horas hasta aquí y vi el reguero de cuerpos que dejaste a tu paso, pero… pero nunca te creí capaz de hacer esto. Dios, qué idiota fui al confiar en ti.
—Este no es el momento de…
Kenzi se movió a una velocidad sobrenatural. Tamsin sintió una descarga eléctrica cuando el puño de la morena golpeó su cara. Se tambaleó por el impacto, pero recuperó el equilibrio rápido y volvió a mirarla.
—No hay tiempo para esto —le dijo con toda la calma que pudo.
—¡Respóndeme de una maldita vez! ¿A qué estás jugando?
Kenzi estaba casi fuera de sí, totalmente desesperada. Trató de golpear de nuevo a la valquiria pero ésta esquivó el ataque con un movimiento rápido hacia un lado. Kenzi volvió a lanzar varios rayos contra Tamsin, que los logró evitar gracias a sus reflejos. En cuanto sintió que la morena bajaba un poco la guardia, la embistió con su cuerpo y la tiró al suelo. Pero la humana, aunque estaba empezando a dudar de que fuera humana, se levantó con un salto y alzó su mano envuelta de un halo de luz hacia su cara de forma amenazante.
—¡Para de una vez! —gritó Tamsin—. ¡Maté a Lauren! ¿Vale? ¡No tenía otra elección, si no lo hubiera hecho Dyson habría muerto porque debía de cumplir la misión de Odín!
—¿Qué? —respondió bajando las manos.
—Odín es quién se llevó a Bo y Dyson, y Lauren seguramente ahora estará con ellos. Él quería que matara a Lauren, quizá para manipular a Bo, no estoy segura. Lo que sé es que si no trato de traerla ahora, su cuerpo se irá con ellos y será imposible que vuelva.
—¿Traerla? ¿Cómo? —dijo Kenzi sacudiendo la cabeza confundida.
—¿Puedo? —le preguntó Tamsin señalando hacia el cuerpo inmóvil de la doctora y la otra le respondió asintiendo, no muy segura.
La fae se arrodilló junto a Lauren, tomó su rostro con sus manos y lo levantó ligeramente. Se acercó a su cara y en voz muy baja le dijo:
—Vuelve, Lauren, ven conmigo.
Kenzi observó cómo el cuerpo de la doctora dio un espasmo. La valquiria levantó la mirada buscando que la morena creyera ahora en ella. Tamsin comprobó con alivio que los ojos de la gótica volvían a ser los grises de siempre. ¿Qué diablos le había pasado a la humana? No tenía tiempo de pensar en eso.
—¿Vas a ayudarme? —le preguntó la fae.
Kenzi asintió y se acercó a ella. Simplemente la miró esperando a que le dijera cómo.
—Bien, ayúdame a subir su cuerpo hasta la habitación —le indicó la valquiria.
Ambas tomaron el cuerpo de Lauren por debajo de los brazos y lo cargaron hasta el piso de arriba con mucho cuidado.
—Tu labio se está hinchando —dijo Kenzi antes de entrar en la habitación de la doctora—, lo siento.
—Me merezco más que eso.
—No hace falta que me lo jures, pero tienes suerte de que no soy una mujer muy violenta.
—Bueno, para no ser violenta tengo un montón de cristales incrustados en el brazo y la pierna.
—Lo siento por eso también.
—Bueno, tu ceja está sangrando.
Dejaron con cuidado el cuerpo de Lauren sobre la cama y se miraron de nuevo.
—¿Estamos en paz? —preguntó Kenzi.
—Ni de coña.
—Bien —sonrió la morena—. ¿Qué va a pasar ahora?
—Tengo que viajar hasta donde está su espíritu, esencia o como quieras llamarlo —Tamsin comenzó a quitarse los trozos de vidrio que tenía clavados en su piel.
—Deja que te ayude —dijo Kenzi acercándose a ella—. ¿Cómo puedes viajar hasta dónde está?
—Bueno, su cuerpo está aún aquí, así que puedo usarlo para llegar hasta donde se haya ido lo demás de ella.
—Whoa, ¿puedes hacer eso? —le preguntó tirando de uno de los trozos de cristal.
—No es nada bonito, en verdad, y tiene consecuencias.
—¿Son malas?
—Bueno, yo tendré recuerdos suyos y ella tendrá recuerdos míos.
—Creo que ya está —dijo Kenzi sacando el último trozo de vidrio que vio—. Así que, ¿tú tendrás en su cabeza todo lo que ella guarda en su cerebro y ella todo lo tuyo?
—Bueno, durante algún tiempo, luego iremos olvidando detalles, como cuando te despiertas después de un sueño, que lo recuerdas vagamente hasta que se te olvida, aunque pueden quedar cosas.
—Es una mierda muy importante. Dime qué necesitas que haga.
—Necesito que mientras yo me encargo de ella, traigas varias cosas —Tamsin le entregó una nota con una lista de varios objetos y unas llaves—. Esas llaves son de mi taquilla en la comisaría. No creo que tengas problema para colarte allí. En ella encontrarás alguna de las cosas de esa lista, también tengo algo de dinero guardado para las demás cosas. Cuando vuelvas, permanece alejada de esta habitación, ¿vale? Lo que voy a hacer es algo muy delicado y si algo falla perderemos a Lauren. La perderemos para siempre. ¿Lo entiendes?
—Vale, sí, no hay problema con eso —le respondió guardando la nota y las llaves en un bolsillo de su pantalón—. ¿Qué pasa contigo?
Tamsin se sorprendió de la pregunta y frunció el ceño pensando que había escuchado mal, pero Kenzi permaneció esperando su respuesta.
—Yo… —la valquiria tragó saliva y retiró la mirada de la de Kenzi—. Estaré bien.
—Pero…
—Vete ya, Kenzi.
La fae la empujó hacia fuera de la habitación y cerró la puerta tras de sí. Miró el cuerpo inmóvil de Lauren. Debía darse prisa.
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Lauren quería correr hacia Bo y Dyson, pero seguía alejándose. Ya casi no podía verlos, solo alcanzaba a ver unas siluetas difuminadas entre la bruma. Sintió la presión de algo que tiraba de ella y cuando bajó la vista, vio unos brazos que bordeaban su vientre y que la agarraban desde atrás. Entonces, sintió la presencia de un cuerpo junto a su espalda y de una respiración cerca de su nuca. La doctora giró la cabeza para poder ver de quién se trataba, pero solo vio unos cabellos rubios que ondearon hacia su rostro.
—Te tengo… —le susurró la persona que la sostenía.
—¿Tamsin? —dijo Lauren confusa.
—Volvamos a casa.
—No, tenemos que ir a por Bo —le respondió tratando de oponerse a su fuerza.
—Su cuerpo ya ha abandonado nuestro plano, aquí no podemos hacer nada por ella.
—No puedo irme sin Bo —le suplicó con lágrimas en los ojos.
—Te estoy perdiendo, Lauren, tienes que venir conmigo…
Una sombra se movió entre la bruma frente a la doctora. Tamsin desvío su mirada hasta allí y observó cómo una silueta se postraba frente a las dos rubias y se quedaba quieta durante un instante. De pronto, una mano se abalanzó hacia Lauren y agarró el brazo de la doctora. Tamsin tiró hacia atrás, pero la fuerza con la que la mano retenía a Lauren parecía mayor.
—Esto es inútil, valquiria, solo conseguirás morir, la humana es mía —escucharon decir a la sombra. Era una voz ronca y grave, pero parecía de mujer.
—Lauren, lucha ¡por favor! —gritó Tamsin tratando de separarla de aquella sombra— ¡Bo te necesita, no puedes morir!
—No puedo —dijo la doctora mientras lágrimas rodaban por sus mejillas.
—Sí, puedes. Eres más fuerte de lo que crees, más de lo que muchos creen. Después de todo lo que has peleado, no puedes rendirte ahora.
—No la escuches, humana, tú vida está acabada. Jamás superarás el amor que sientes por esa súcubo y nunca podréis estar juntas. ¿Qué pasará cuando tu cuerpo no pueda satisfacerla? ¿Estás dispuesta a dormir en una cama vacía mientras ella se está acostando con otros? Por supuesto que no. Amarrarás a la súcubo a estar contigo por pena, hasta que mueras y ella volverá a los brazos de ese lobo que es a quien realmente ama, ¿no vistes que no fue capaz de matarlo por ti, después de todo lo que le dijiste? Ni siquiera fue capaz de decirte que te quería. Ella solo siente pena por ti y tú eres egoísta al amarla. Egoísta e idiota.
—¡Cállate, Hela! —gritó Tamsin reconociendo quién era la sombra—. Lauren, no la escuches, si algo puedo jurarte es que Bo te ama con toda su alma. Hela solo trata de confundirte.
—Tú sabes, valquiria, —volvió a intervenir Hela— que Odín siempre se sale con la suya. Deberías de desistir en esta lucha. No tienes la fuerza suficiente. Aunque consigas llevártela, morirás de todas formas y nada de esto te devolverá a Sigurd.
Lauren sintió los brazos de Tamsin temblar cuando Hela pronunció ese nombre. El agarre de sus brazos contra su vientre se debilitó. Ese era el momento para liberarse de ella. Pero la valquiria volvió a hablar:
—Por favor —escuchó su voz quebrada en su oído—. No eres una cobarde, no te rindas ahora. No dejes que ellos ganen.
Había una guerra en el interior de la cabeza de Lauren. Quería pensar, pero todo lo que podía alcanzar a ver en su mente era el rostro impávido de Bo que la miraba. La doctora cerró los ojos capturando esa esencia. Vio cómo la súcubo se acercaba a ella y, con una sonrisa impecable, le ofrecía su mano en silencio. «Ven conmigo, cariño, estoy esperando a que vengas a por mí», le escuchó decir. «Te necesito aquí conmigo. Ven. Necesito decirte lo mucho que te amo». Lauren abrió con frenesí sus ojos y con su mano libre agarró uno de los brazos con el que la valquiria bordeaba su vientre.
—Tenemos que salvar a Bo —le dijo a la fae con determinación—. Tú y yo, Tamsin.
Ambas hicieron fuerza y se movieron en la dirección opuesta de Hela. Lauren sintió cómo los dedos de la sombra se resbalaban por su brazo y la liberaban. Entonces, el cuerpo de Tamsin la cubrió y lo último que escuchó fue su grito entre la luz cegadora que pobló todo el espacio.
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Kenzi corrió cuando escuchó a alguien gritar en el piso de arriba. Subió las escaleras a trompicones y lo primero que se encontró, fue a Tamsin tirada en el suelo del pasillo, acostada de lado en posición fetal. La valquiria tenía el rostro escondido detrás de las rodillas y sus manos se aferraban a ellas desesperadas. La morena por un instante se vio paralizada sin saber qué hacer, pero cuando escuchó su ligero llanto, se acercó lentamente a ella y se agachó a su lado.
—¿Tamsin? —dijo casi en un susurro.
La fae no le contestó. Kenzi llevó su mano hacia el brazo de Tamsin y cuando sus dedos rozaron su piel, simplemente se asustó. Estaba helada. La morena sacudió a la valquiria pensando que estaba muerta. Con terror observó cómo ella levantó ligeramente su cabeza y unos ojos negros la miraron. Kenzi sintió un hormigueo que subió desde la boca de su estómago y su corazón se aceleró más, casi escuchaba sus latidos frenéticamente en su pecho. Sus manos seguían clavadas en los hombros de la valquiria y la frialdad de su piel pasaba a sus dedos inundándola con una extraña sensación que trajo lágrimas a sus propios ojos. Los párpados de Tamsin estaban oscuros y su cara muy pálida. El rostro de la valquiria estaba invadido de una desolación y dolor que llenó de nerviosismo y miedo a la otra. Kenzi no dudó ni un segundo en acogerla entre sus brazos.
—Me estás asustando —le dijo con la voz temblorosa mientras la abrazaba.
El cuerpo de la valquiria comenzó a temblar entre sus brazos. Las lágrimas caían sin parar de sus ojos y la morena no podía sino pensar lo peor.
—¿Lauren? —fue lo único que logró decirle a la rubia.
—Bien —le escuchó decir apenas con un hilo de voz.
La morena suspiró con cierto alivio mientras apretaba más el frío cuerpo de Tamsin junto al suyo. Kenzi dejó que su frente cayera sobre la cabeza de la valquiria. Las manos de la fae bordearon la cintura de la gótica con ansia y desesperación. De pronto, un grito lastimero salió de la garganta de Tamsin y Kenzi se aferró más a ella comenzando a temblar también. La morena mantuvo el cuerpo de la valquiria junto al suyo casi en silencio, aunque no podía evitar que las lágrimas salieran en carrera de sus ojos y que en su pecho la ansiedad y la angustia tomaran el control. La valquiria sollozaba débilmente entre sus brazos, buscando un consuelo que no podía calmarla. Ambas estuvieron así durante un largo rato. Fue Tamsin quién se separó de ella y con el rostro repleto de lágrimas la miró. Sus ojos negros, enrojecidos por el llanto, provocaron un ligero escalofrío en Kenzi, aunque ésta se preocupó más por el fino hilo de sangre que bajaba por la nariz de la fae.
—Tienes que ayudar a Lauren —le dijo con una voz ronca y áspera—, darle los sedantes que te mandé a buscar, antes de que se despierte.
—¿Es necesario? —Kenzi apenas podía articular palabra alguna sin ahogarse con el nudo que tenía en la garganta.
Tamsin se llevó los dedos a las sienes y trazó círculos en ella tratando de concentrarse. Sentía un dolor punzante en la cabeza y en los oídos. Cerró los ojos fuertemente mientras maldijo algo en otro idioma que Kenzi no supo reconocer. Ya no le quedaba mucho tiempo. Entonces, volvió a encontrarse con los ojos grises que la miraban intensamente llenos de preocupación y miedo. Con mucho esfuerzo agarró ambas manos de la gótica.
—He vivido miles de años, muchos ciclos de vida, he muerto tantas veces y he matado mucho más. He perdido gente, gente muy cercana, yo… —las palabras de Tamsin se quedaron atascadas en su garganta—. Cuando Lauren se despierte con todo eso en su cabeza, le provocará un shock tan grande que podría matarla.
Kenzi la miró con atención. Tomó aire tratando de calmar su nerviosismo. Observar el aspecto demacrado de Tamsin no ayuda en ello. Si no fuera porque sus dedos helados estaban entre los suyos y porque ella misma le hablaba, juraría que estaba viendo un cadáver. La gótica separó sus manos de las de la valquiria y las llevó a su rostro pálido y frío. Con sus dedos apartó con cuidado las lágrimas que empapaban sus mejillas. Tamsin rehuyó e hizo un ademán de ponerse en pie. Kenzi la agarró rápidamente y la ayudó a levantarse.
—Hace poco traje a una persona de un coma —le habló Tamsin con apenas un hilo de voz y tratando de evitar el contacto físico que Kenzi le ofrecía— y me rogó que la matara, así que ve a darle eso a Lauren, por favor.
Apenas dijo eso, se apoyó exhausta en la pared llevándose la mano al pecho. Había algo dentro que le dolía, que le ardía como un fuego que se extendía a través de sus entrañas, algo que se unía con su propio sufrimiento, pero que no era de ella. Kenzi se le acercó con preocupación y la valquiria tuvo que empujarla para que la dejara en paz y fuera a ayudar a la doctora. Tamsin se dejó caer con la espalda pegada a la pared al suelo. Lo último que vio fue a Kenzi correr a la habitación donde estaba Lauren, luego, todo se volvió oscuro.
