NOTAS: Disculpen la demora. Este capítulo contiene el contenido de casi tres capítulos, espero que eso pueda compensarlo y como siempre agradezco vuestra lectura y vuestros comentarios. Es un capítulo un poco más tranquilo que los últimos.


Aela estampó su puño sobre la mesa con furia. Sintió sus nudillos estremecerse de dolor, pero ella no mostró molestia ninguna en su rostro. Sus ojos se fijaron fríamente en los del anciano fae que se encontraba frente a ella, al otro lado de la mesa.

—Por más que des golpes, no vas a conseguir que los demás ancianos se reúnan con las Sombras —le dijo el hombre serenamente.

—¿Crees que esto es una maldita broma? No es momento de ponerse rencorosos, necesitamos hacer un comité de emergencia, o ¿qué parte de «tenemos un traidor entre los faes pasando información a una agencia de inteligencia humana» no entendiste?

—Necesitamos hechos más concretos, no podemos arriesgarnos…

—No, no sigas por ese camino —le dijo en forma de advertencia antes de que acabara la frase.

—Escucha atentamente, los sombras están inestables, pronto Evony volverá a ser la Morrigan, todos dan por hecho que será así, y ninguno de los ancianos de la Luz está dispuesto a negociar o tan siquiera a reunirse con esa mujer.

—¿Queréis hechos? Cuando esto se sepa y los faes quieran cargar contra los humanos, ahí tendrás tus hechos.

—Aela…

—Soy tu Ash —lo interrumpió.

—Ash —corrigió—, trataré de hablar con los demás ancianos, pero si quieres mi consejo…

—No quiero tu consejo, ¡lárgate de aquí!

El anciano fae quiso contestarle, pero decidió que era mejor ignorar su falta de respeto e irse. Y así hizo. En cuanto salió del despacho, Aela se dejó caer en su silla. La arconte apoyó los codos sobre la mesa y colocó su frente sobre sus manos. Con la cabeza mirando hacia la superficie del escritorio, trató de tomarse un respiro y ordenar sus pensamientos. Se sentía frustrada. Los nobles y ancianos faes eran solo unos ricachones más preocupados por salvar sus propios traseros que por el bienestar de los faes. Ellos creían que por su posición, el Ash debería brindarles toda la protección posible, que toda prueba o pista sobre la existencia de los faes podría destruirse, matarse o evaporarse. Eso era antes, ahora estaban en plena era de la información, pero aquellos viejos fanfarrones seguían pensando que podían vivir como en la Edad Media.

Aela podía sentir el miedo en el ambiente. Nadie hablaba sobre ello, y aún así, parecía que todos eran conscientes de que algo no estaba bien. Ya no era solo las disputas entre ancianos y nobles, la poca confianza que algunos tenían en los nuevos líderes, también estaba ese grupo, Dögun, los faes que habían borrado sus marcas de linaje y clan, que venían dando discursos y tratando de convencer a la gente de que el régimen actual de los faes debía terminar. Luego, estaba Ryan Lambert, ese loki millonario estaba reuniendo a gente y su interés por contratar a Lauren le hacía sospechar que quizá tuviera que ver con el grupo Dögun. Y es probable que ese maldito grupo fuera el que estaba filtrando información a los humanos, puede que para desestabilizar el sistema. Por eso, tenían que acabar con ellos lo antes posible, y por eso, necesitaba que por una vez, Luces y Sombras se pusieran de acuerdo y lo hicieran juntos.

—¿Se puede? —dijo una voz femenina desde la puerta interrumpiendo sus pensamientos.

La Ash elevó el rostro hacia allí y casi no se creyó quién estaba pidiendo permiso para entrar.

—¿Evony? —Aela se levantó de la silla con sorpresa.

—¿Quién si no?

—¿Dónde diablos te habías metido?

—Tenía algunos negocios y asuntos privados que atender —dijo cerrando la puerta.

—Bueno, ya sé que estás ocupada con todo eso de conseguir el título de Morrigan de nuevo, pero tenemos un problema bastante grave.

—¿Podemos hablar primero de otra cosa? —preguntó acercándose a su mesa.

—¿Qué cosa? —dijo frunciendo el ceño y muy extrañada.

—Bo —contestó sin rodeos—. ¿Qué sabes de ella?

—¿La súcubo sin bando? Solo sé lo que se dice por ahí: que nadie sabe sus orígenes, que se crió con humanos…

—Eso lo sabe todo el mundo. No me vaciles, querida, sabes lo que pregunto.

—¿Te refieres a dónde está? —le dijo la Ash sin saber bien lo que quería saber—. Bueno, no tengo ni idea, ella y ese lobo amante suyo desaparecieron. Quizá decidieron vivir la vida loca por su cuenta, y me alegro, lo último que necesito es una súcubo sin bando armando jaleo. ¿Por qué te interesa de repente este tema?

—¿Sabes algo sobre esa valquiria que la acompañaba?

—Tú sabes más de esa valquiria que yo… —la miró confusa—. Evony, ¿te encuentras bien? ¿A qué viene tanto interés en ese tema?

—Estoy perfectamente, solo dime si sabes por qué Tamsin está tan obsesionada con la doctora humana.

—¿Qué? No entiendo a qué viene todo este interrogatorio.

—Simplemente cuéntame lo que sepas sobre eso.

Aela miró fijamente a Evony. Había algo en ella que era diferente y lo supo desde el momento en el que no apartaba sus ojos de los suyos. Evony sabía qué clase de fae era y jamás sostenía su mirada con la suya demasiado tiempo. Había algo que estaba mal.

—Sabes algo, ¿verdad? —volvió a insistir la leanan sídhe.

La Ash bordeó la mesa y caminó hasta tener a Evony frente a ella. Antes de que pudiera resistirse, tomó su rostro con las dos manos y trató de meterse en su cabeza infundiéndole miedo.

—¿Qué haces? —gritó ella tratando de zafarse.

Los ojos de Aela brillaron rojos y pronto vio dibujado el terror en el rostro de Evony. Meterse en su cabeza fue muy fácil, en cualquier otra circunstancia, con el mero hecho de agarrar su cara, Evony la hubiera matado. Sin embargo, apenas se resistió.

Aela trató de buscar en sus pensamientos, pero todo era demasiado confuso en su cabeza, había algo que le impedía avanzar y ver lo que quería. Entonces, vio dos ojos que brillaban azules. La líder fae se detuvo un instante y trató de volver a mirar entre los pensamientos de Evony. Esta vez, vio un rostro que le resultó familiar: Aife. Aela se retiró ligeramente con total sorpresa, debió ver algo mal. Esa súcubo rebelde debía de estar muerta, no en la cabeza en Evony. Lo que significaba que estuviera en su cabeza, era que la había esclavizado. Lo cual realmente podía ser un alivio, así no tenía que rendir cuentas con Evony, pero era bastante preocupante de que fuera precisamente Aife, era lo único que faltaba para acabar de disparatar la situación en la que estaban los faes. Así que, a pesar de que el cuerpo de la leanan sídhe temblaba violentamente y estaba a punto de desfallecer, Aela sintió la necesidad de que tenía que seguir buscando más. Entonces, pareció vislumbrar algo borroso, fue un símbolo que le costó reconocer, tuvo que remontarse a la época de la Gran Guerra Fae…

—El símbolo de las valquirias —murmuró.

En seguida se lanzó sobre la mesa agarrando el teléfono mientras Evony caía al suelo inconsciente. La única valquiria en su territorio era Tamsin y la última vez que la había visto estaba demasiado interesada en Lauren. Fue una corazonada, más bien un mal presentimiento de que había hecho algo para llegar hasta la doctora. Cuando marcó el número, la espera pareció eterna.

«Cógelo, Lauren, cógelo», pensaba con cada tono de llamada que daba el aparato. Sin embargo, nadie contestó. Volvió a llamar, pero el resultado fue el mismo. Lo intentó varias veces más, pero nadie respondía a las llamadas. Probó con uno de los guardias que había destinado a vigilar el apartamento de la doctora, tampoco contestó. La última vez, llamó a su jefe de seguridad:

—Necesito que envíes una brigada al apartamento de la doctora Lewis.

#

Cuando Tamsin abrió los ojos, creyó que había llegado a Helheim, pero se encontró a sí misma acostada en una cama, envuelta con unas mantas. Miró a su alrededor y vio a Kenzi acurrucada en el suelo, durmiendo al lado. La valquiria la observó con sorpresa. Quizá habían pasado demasiados años en los que nadie se había preocupado por ella. De pronto, comprendió por qué Kenzi era tan especial para todos, por qué a pesar de que era humana todos estaban dispuestos a protegerla, y eso la hizo sonreír, aunque casi al instante trató de borrar esa sonrisa de su cara.

Nada más incorporarse sobre la cama, la valquiria se llevó la mano al pecho. Allí estaba de nuevo aquella angustia. Nunca se había sentido así antes. Se sentó al borde de la cama, cerró los ojos y un montón de imágenes llenaron su mente. Estaba en un desierto, escuchaba voces, el calor la empapaba en sudor y apenas podía moverse. La llevaban en el remolque de un vehículo, junto a otras personas, maniatada, con un soldado que sostenía un rifle muy cerca de ella, que la miraba fijamente. Detuvieron el vehículo junto a unas chozas. El soldado la tomó del brazo y la llevo a empujones hacia adentro. El sol era tan fuerte en el exterior que apenas lograba enfocar nada dentro del oscuro habitáculo. Escuchó a varios hombres hablar en lo que reconoció como árabe. Con otro empujón más fuerte, cayó al suelo, golpeándose la cara contra la tierra. Oyó que uno de los hombres la llamó Karen. Ella levantó la vista y vio el cañón de un arma apuntando justo a su cara.

De repente, se armó un estruendo en el exterior. La gente de afuera comenzó a chillar y empezaron a sonar disparos. Los hombres que estaban allí dentro, salieron dando gritos y lanzando amenazas con las armas en mano. Ella trató de pegarse al suelo lo más que pudo mientras se arrastraba hacia alguna pared para protegerse del tiroteo que se había formado en la calle. Pronto escuchó alguien entrar a la choza. Ella se acurrucó en una esquina esperando no ser vista.

—¿Karen? —dijo quien había entrado.

—Aquí —respondió al reconocer la voz.

—Dios mío, me alegro de que estés bien —exclamó con alegría el hombre que rápidamente se acercó a ella y liberó sus manos.

—¿Qué pasa? —le preguntó ella.

—La caballería llega al rescate —le contestó haciéndole entrega de un subfusil—. Los soldados franceses tenían razón sobre dónde se encontraba el escondite del grupo talibán. Estamos liberando a los rehenes. ¡Vamos, tenemos que salir de aquí!

Ambos salieron en carrera y tomaron cobertura tras uno de los vehículos que se encontraban en la entrada. Abrieron fuego contra los terroristas. La adrenalina y el miedo se juntaron en su cuerpo cuando escuchó los zumbidos de las balas cerca de su cabeza.

—¡Recargando! —gritó mientras se agachaba detrás del vehículo.

Se apresuró en meter el cartucho en su compartimento, no sin antes dirigir un rápido vistazo hacia su derecha. El cuerpo de una niña con el rostro ensangrentando estaba tirado en medio del camino de tierra. Sobre su pequeña mano estaba un oso de peluche, destrozado por un disparo.

—¿Tamsin?

La valquiria abrió los ojos y se encontró a Kenzi arrodillada en el suelo, mirándola fijamente. El cansancio en su rostro era evidente, la delataba el aro oscuro que rodeaba sus grandes ojos grises. Sus delgadas manos se apoyaron con cuidado sobre las rodillas de la fae mientras la seguía mirando con atención. Tamsin se aclaró la garganta, pero no logró decir nada. Se llevó la mano a su pelo y retiró la mirada hacia el suelo, pensativa. Estaba abrumada, fascinada e incluso asustada de todo lo que su mente le iba mostrando sobre Lauren. La doctora no era ni mucho menos esa humana débil y frágil que dejaba ver.

—¡Qué diablos, Tamsin! —gritó de repente Kenzi—. ¡Me asustaste! —le incriminó la morena dándole un golpe en el muslo—. Por un momento te quedaste fría, ni siquiera tenías pulso… ¡Me dejaste sola y no sabía qué hacer!

La valquiria la miró durante unos segundos y luego volvió a retirar la vista al suelo. Casi al instante, sintió los brazos de Kenzi bordear su cintura y su rostro pegarse a su vientre en un abrazo que no se esperaba. Tamsin miró hacia ella sin saber qué hacer. La morena estaba asustada y exhausta, y la fae quería tranquilizarla, pero simplemente no le salieron las palabras o los gestos adecuados. La valquiria se sintió incómoda y llevó su mano torpemente hacia su cabello oscuro. Kenzi levantó la vista hacia la de ella cuando sintió la mano de la fae sobre su cabeza y se dio cuenta de que quizá abusaba de la confianza, no obstante, llevaba horas sin dormir, con el corazón acelerado, con ansiedad y nervios; simplemente, había sentido un gran alivio al ver que Tamsin no la había dejado sola.

—Siento como si una manada de elefantes hubiera pasado sobre mí —dijo por fin la rubia—, pero estoy bien.

Con esas palabras, Kenzi se separó de la fae y se puso en pie con esfuerzo. Estiró los músculos de la espalda y bostezó mientras restregaba sus ojos cansados con sus manos.

—Lauren despertó hace unas horas, durante un rato nada más —le dijo con un rostro muy serio—. No habló ni se movió. Estaba ardiendo en fiebre, pero conseguí que bajara, aunque sus pulsaciones son muy altas y no sé si…

—Su cuerpo se está curando, es buena señal, en verdad —la interrumpió Tamsin tratando de buscar su calma—. Me preocupa más su cabeza.

—¿Por qué?

—Nunca había traído a un humano y no sé si su mente puede soportar el trauma.

—Lauren es fuerte.

—Pero… —Tamsin sintió la urgencia de guardar silencio por precaución a hablar más de la cuenta.

—¿Qué? No te calles, qué ibas a decir —le regañó Kenzi dándose cuenta.

—La Ash me dijo que Lauren trató de suicidarse, por eso me preocupa su mente.

—¿Cómo? Espera… ¿Qué? Pero, ¿por qué haría tal cosa?

Tamsin miró en silencio a Kenzi durante unos segundos. Exhaló aire con pesadez y habló de nuevo:

—Las personas se rompen, a veces llega un momento en el que te pierdes a ti mismo.

Tamsin lo dijo con tanto convencimiento, que Kenzi vio en sus ojos verdes familiaridad con ese sentimiento y ya no quiso ahondar en ese tema. Aún recorrían escalofríos en su cuerpo cuando recordaba su imagen débil y derrotada llorando entre sus brazos.

—Acabo de recordar una cosa —dijo de pronto la morena—. La Ash ha llamado varias veces. No he cogido el teléfono, obviamente, pero igual se podría preguntar por qué Lauren no contesta.

—Mierda —murmuró Tamsin.

—Sí, supuse que no era nada bueno…

—Tenemos que irnos de aquí.

Tamsin hizo un ademán de levantarse, pero la habitación comenzó a darle vueltas y volvió a sentarse en el borde de la cama mareada.

—Claro, por supuesto, el único problema es que no tengo ninguna clase de poder de súper fuerza para llevaros a Lauren y a ti en brazos —dijo Kenzi dándose cuenta del pésimo estado en el que estaba la fae—, pero por lo demás, creo que podríamos salir de aquí sin problemas.

—Puedo ponerme de pie —dijo molesta la valquiria.

Volvió a intentarlo, sin embargo, casi se da de bruces contra el suelo si no llega a ser por Kenzi, que la agarró de un brazo.

—Corrígeme si escuché mal —le dijo sosteniéndola con sus manos—, pero dijiste ponerte en pie, no tirarte contra el suelo, ¿no?

—Ja, ja —exclamó sarcásticamente la otra—, graciosilla.

—No seas borde y agárrate a mí, lo último que necesitamos es que te rompas la cabeza contra el piso.

Tamsin bufó con fastidio mientras bordeaba con su brazo los hombros de Kenzi, ésta, por su parte, la agarró de la cintura y juntas comenzaron a caminar hacia la habitación en la que estaba Lauren.

—Lo siento por gritarte antes —Kenzi suspiró con pesadez—. Creí que teniendo poderes faes podría ser más fuerte, que dejaría de ser esa humana flaca y débil que todos deben proteger, pero solamente cometí el peor error de mi vida. Sigo siendo esa idiota histérica que todos deben proteger.

—Sí, eres una histérica, pero me lanzaste contra una mesa y volé hasta el otro lado de la sala. No creo que eso sea un signo de debilidad.

Kenzi no le dijo nada aunque la valquiria vio la sonrisa que se formó en su boca y por un momento se sintió inmensamente feliz de verla sonreír.

En silencio, llegaron a la puerta donde estaba Lauren. Tamsin se soltó de Kenzi y se agarró a la pared.

—Ve a preparar el coche, yo la despertaré —le dijo la valquiria.

—¿Segura?

—Sí, ya me encuentro mejor.

—Tamsin… —le advirtió.

—Kenzi —le respondió con fastidio—, he dicho que estoy mejor.

—No lo estarás si te mareas y te caes al suelo, porque vendré y te pegaré.

—No quiero otro de tus puños luminosos en mi cara, así que te prometo que estoy bien. Anda, ve a preparar el coche, tenemos que irnos cuanto antes.

Kenzi asintió no muy segura y se fue. Tamsin tomó aire y se dispuso a entrar a la habitación lentamente. Nada más poner un pie en el interior de la estancia, la fae dirigió su mirada hacia la doctora, que dormía sobre su cama con aparente calma. Suspiró nerviosa y se acercó a ella. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, se agachó y se quedó mirando fijamente el ritmo pausado y casi inapreciable de su respiración. Por unos instantes dudó, pero finalmente acercó sus dedos a la frente de la humana y comprobó que estaba ligeramente caliente.

—Bien —dijo poniéndose de pie.

Tamsin había olvidado cómo era aquella sensación después de revivir a alguien. No era solo tener recuerdos que no eran suyos, era conocer absolutamente todo de la persona que trajo de nuevo a la vida: sus miedos, sus defectos, sus virtudes, su manera de pensar, sus sentimientos… Lo mismo era para Lauren. La doctora sería la persona que mejor la conociera, que supiera todo aquello que Tamsin había tratado de enterrar durante siglos. Y había mucho más en lo que ahora no quería pensar.

—Lauren —dijo la valquiria en voz baja—, despierta.

Como un autómata, la humana abrió los ojos y lo primero que hizo fue chillar. No fue un grito aleatorio, fue el nombre de Bo lo que salió de su garganta con desespero. Tamsin cerró los ojos sintiendo un gran pesar dentro de su pecho al oír su nombre. ¿Por qué su nombre evocaba tanto dolor en su interior? La valquiria se estremeció al pensar en Bo. ¿Qué diablos le estaba pasando? Tamsin se quedó inmóvil, abrumada por el torbellino de emociones que comenzó a asolar su cuerpo. Volvió a abrir sus ojos y encontró a Lauren sentada sobre la cama con un gesto de terror en su cara. La fae se dio cuenta de que la respiración de la doctora era cada vez más agitada. Entonces, Tamsin sintió una oleada de dolor azotarla. Sus piernas comenzaron a temblar y los latidos de su corazón se dispararon. Pronto, cayó sobre sus rodillas al suelo.

—Sigurd —murmuró Lauren con la voz quebrada.

Tamsin miró hacia ella aterrada al escuchar ese nombre, su cuerpo tembló con violencia cuando volvió a ver sus ojos oscuros y su sonrisa luminosa en su mente.

—Lauren —suplicó Tamsin retorciéndose en el suelo—, no me hagas recordarlo de nuevo…

Fue inevitable y lo sintió como un puñal que se clavó en medio de su pecho. Su pelo espeso oscuro, su mirada penetrante, sus rasgos marcados, su mandíbula ancha, sus brazos sosteniéndola… Habían pasado cientos de años, pero aún seguía en su interior el mismo dolor que sintió cuando lo vio morir, asesinado por sus propias manos. Las lágrimas salieron en chorros de sus ojos y sus gritos fueron los que probablemente alertaron a Kenzi.

—¡Tamsin! —gritó entrando en la habitación.

La morena se agachó asustada y la agarró por los hombros sacudiéndola.

—¡Tamsin! —le chilló—. ¿Qué te pasa? ¡Dime algo!

—¡Dile que pare! —le gritó la fae.

Kenzi levantó la mirada y vio a Lauren sentada sobre la cama, con el rostro congelado en un gesto de horror mientras lágrimas silenciosas recorrían su rostro.

—¡Lauren! —exclamó aún agarrando a Tamsin.

La doctora movió sus ojos hacia los de ella. La mueca de su cara asustó a Kenzi. Fue como si Lauren hubiera visto un fantasma o algo realmente aterrador. Pero enseguida volvió su atención a Tamsin que trataba de levantarse.

—¿Qué acaba de pasar? —le preguntó preocupada ayudándola a ponerse de pie—. ¿Tamsin? —insistió cuando no le respondió.

—Está bien. Ya estoy bien. Vámonos de aquí.

—Eh —dijo Kenzi colocándose enfrente de ella para cubrirle el paso—. No hagas eso, me estás asustando.

—Es solo que apesta ser yo —le contestó Tamsin esquivando su mirada.

Kenzi quiso hablar, pero la valquiria la echó a un lado y salió de la habitación rápidamente. Por lo menos, parece que ya podía caminar sin dificultad. Kenzi exhaló aire lentamente y se dirigió hacia Lauren, que seguía sentada en la cama en silencio.

—¿Doc? —le dijo en voz baja.

La doctora movió sus ojos hacia ella. Se miraron durante un rato y luego Lauren tuvo la urgencia de abrazarla.

—Oh, Lauren —le susurró la morena con cierta emoción en sus palabras—, tranquila, ¿vale? Vamos a un sitio más seguro donde la Ash no meta sus zarpas de manicura fina y luego iremos a por Bo y Dyson, ¿eh? Trick y Hale están de camino y nos ayudarán. Pero has de prometerme algo —le dijo separándola de ella ligeramente para que pudiera mirarla—. Vas a ser fuerte, vas a luchar y vas a ayudarme a traer a Bo, ¿vale? No te vas a rendir, ¿me lo prometes?

Lauren asintió tratando de no derramar más lágrimas. Kenzi le dirigió una sonrisa y la ayudó a poner en pie.

—¿A dónde vamos? —preguntó la doctora con una voz poco audible.

—Vex, me dio un piso cuando me uní a las Sombras, creo que sería perfecto para que tú y Tamsin descanséis un poco. Luego, ya veremos.

El paseo en coche había servido para calmar a ambas. Incluso habían logrado comer. Es cierto que el rostro de la doctora pareció quebrarse cuando vio el camaro amarillo de Bo, pero no dijo nada. De hecho, el viaje había sido silencioso. Al menos, Lauren y Tamsin habían comido algo y poco a poco iban recuperando el color natural en sus pieles. Kenzi estaba satisfecha de que ambas estuvieran bien, de que estuvieran vivas. Apretó el volante con fuerza pensando en eso y en lo que estaba por venir. Suspiró, era mejor que no pensara en el futuro.

Cuando llegaron al apartamento que Vex le había dado a Kenzi, Tamsin y Lauren se bajaron del coche por su propio pie y ayudaron a meter dentro de la casa lo poco que trajeron consigo. La morena realmente se sorprendió de la rápida recuperación de ambas. Kenzi sonrió, el amuleto del clan Zamora que le había dado Hale funcionaba después de todo. Cuando Tamsin le contó que iba a traer a Lauren de nuevo a la vida, se lo había metido en un bolsillo, quizá eso fue lo que le salvó de morir después del ritual. Ahora era Lauren quien llevaba el amuleto y solo se explicaba su pronta recuperación por él.

Kenzi cerró la puerta del apartamento con cuidado, una vez había entrado. Ella se dio la vuelta y caminó por el corto pasillo hasta la sala, siguiendo a Tamsin y Lauren.

—Bien, chicas —dijo la morena—. Tenéis que descansar, ambas. Al fondo hay unas escaleras que las llevarán a las habitaciones y al baño. En la nevera hay comida por si tenéis hambre. Yo iré afuera y estaré vigilando toda la noche.

—Eh —le dijo Tamsin—. ¿Qué pasa contigo? Tú también necesitas descansar.

—No te preocupes por mí, estaré bien.

—Kenzi —le advirtió Lauren.

—Me dotaré de una gran cantidad de café y dormiré en el sofá de ahí si estoy muy cansada, palabra de boy scout —dijo con una sonrisa—. Ahora id las dos a dormir arriba y no me hagáis enfadar.

Tamsin dirigió la mirada hacia Lauren y la doctora solo se encogió de hombros y se dirigió a las habitaciones del piso de arriba.

—Kenzi, si pasa cualquier cosa avísame —le dijo Tamsin.

—Que sí, vete ya —le respondió dándole empujones.

La valquiria quiso quejarse, pero prefirió hacerle caso. Subió las escaleras y se encontró a Lauren esperándola en la puerta de una de las habitaciones. La fae se quedó mirando a ella.

—Tenemos que hablar —le dijo Lauren.

—¿Ahora? —preguntó la valquiria con fastidio.

—Sí, ahora.

—De acuerdo —dijo Tamsin tornando los ojos en blanco y encontrando a la habitación.

La doctora la siguió, cerró la puerta y se sentó en la cama. La valquiria se apoyó sobre la pared de enfrente, cruzando los brazos sobre su pecho.

—¿Qué demonios me has hecho? —dijo Lauren enterrando su cara entre sus manos.

—Salvarte. Otra vez. Para variar.

—Me refiero a mi cabeza…

—Eso es mío. Digamos que hay un precio por traer a alguien a la vida y es ese.

—¿Cuál? —dijo la doctora levantado el rostro hacia ella.

—Compartir nuestros pequeños y sucios secretos —le contestó tratando de formar una sonrisa socarrona en su boca, pero se quedó en una mueca extraña.

—Así que… ¿La muerte que vi antes era la tuya?

—¿Cuál de ellas? —le preguntó caminando hacia ella—. Doc, esto no va a ser bonito, no al principio, donde esos recuerdos van a ser más vivos e intensos.

—Es increíble que el cerebro pueda recordar con tanto detalle la experiencia de la muerte, esto podría significar que a lo mejor las ECM no sean producto de la imaginación, sino que realmente existan. El deterioro de la fisiología y la bioquímica del cuerpo deben afectar al cerebro de alguna manera diferente a la que se creía.

—Vale —dijo Tamsin sorprendida del discurso de Lauren—. Supongo que tu cientifiqueo inoportuno significa que estás mejor, ¿no?

—Dios, no… —dijo llevándose las manos a la cabeza—. Tengo un zumbido terrible en la cabeza. Puede ser que mi hipotálamo esté sobrecargado, quizá mucha información… Mis neuronas deben estar creando nuevas conexiones sinápticas, supongo. Esto es realmente interesante. El cerebro es un órgano increíble.

—Doc, relájate, ¿vale? Vamos a dormir un poco, tu cerebro lo agradecerá y el mío también te lo agradecerá.

—No, espera —le dijo antes de que saliera de la habitación—, quiero preguntarte algo: ¿por qué me salvaste?

—¿Los remordimientos no me dejaban dormir?

—No me mientas, puedes ser sincera conmigo —dijo Lauren poniéndose en pie—. Me mataste, así que me debes una explicación.

—Bien —dijo Tamsin volviéndose a acercar a la doctora—, Dyson me contó lo que hiciste con Taft y con el ADN del cabbit. Necesito que hagas lo mismo conmigo.

—¿Qué? —exclamó Lauren esperando haberla escuchado mal.

—Lo viste, viste su poder, lo que es capaz de hacer por su propio beneficio. Lo que obligó a su propia hija a hacer. Incluso, con tus años trabajando para los faes, seguro que has escuchado miles de historias sobre el Rey Oscuro. Él está planeando regresar, para eso necesita a Bo y cuando vuelva convocará a todas las valquirias y no podré escapar de su influencia. Ahora puedo, más o menos, porque no tiene control sobre este mundo, pero una vez regrese, tendré que hacer todo lo que esté en su voluntad. Por eso tuve que matarte, hice exactamente lo que él quería y por un tiempo me dejará en paz. Cumplí su misión, aunque al resucitarte, quizá haya hecho un poco de trampas. No tengo ni idea de cómo se lo tomará una vez descubra lo que hice.

—Siento tu miedo hacia él y… odio. Pero, ¿por qué necesitas el ADN?

—Si mi ADN cambia, puede que su poder ya no me afecte .

—¿Puede? —le dijo alarmada—. No puedo hacer algo así con un «puede», esto es demasiado arriesgado.

—Lauren, necesito esto, tengo que librarme de él. ¿Qué pasa con el «tenemos que salvar a Bo, tú y yo»?

—Bueno, vamos a suponer el hipotético que caso de que funcionara, ¿qué tipo de ADN te tendría que implantar?

—Él no pudo obligar a su propia hija a hacer lo que deseaba, Bo eligió lo que le dio la gana. Así que supongo que ella tiene algo que puede ayudarme.

—¿Quieres que te implante el ADN de Bo?

—Sí.

—¿Me querías para eso? —le dijo la humana molesta.

—No, Lauren, esto se me ocurrió una vez vi en tus recuerdos lo que pasaste en Helheim. Nunca quise matarte, diablos, sabía que tenía que hacerlo desde que te vi con aquella carta de tarot y traté de buscar una manera de no hacerlo, pero… pero no se puede huir de él, por lo que le obedecí. Él nunca me dijo nada de lo qué hacer después de que te matara, así que me arriesgué.

—¿Cómo vamos a conseguir el ADN de Bo? Tendríamos que ir a ese lugar y ¿no estarías bajo su poder allí?

—Existe una muestra del ADN de Bo aquí.

—¿Quién tiene muestras del ADN de Bo?

—Evony —dijo pausadamente—. Así que coincidirás conmigo que debemos buscarla cuanto antes.

—Sí, por supuesto, ¿pero…?

—Tengo algo para hacerla cooperar —Tamsin se detuvo un momento—. ¿Podemos hablar de todo esto más tarde? Deberíamos dormir un poco.

Lauren abrió la boca para decir algo, pero se calló cuando escuchó un golpe afuera. Tamsin se dio la vuelta hacia la puerta en alerta. Ambas se quedaron mirando hacia allí esperando escuchar algo más. La valquiria quiso acercarse a mirar, pero pronto escucharon un grito de Kenzi diciendo que se le había caído algo al suelo. Aún así, Tamsin se quedó quieta, asegurándose de que todo estaba realmente bien. Efectivamente, todo estaba en silencio de nuevo.

Un escalofrío cruzó por la espalda de la valquiria de abajo hacia arriba, cuando el aire caliente de la respiración entrecortada de Lauren chocó contra su nuca. Sin darse cuenta, la humana se había pegado a Tamsin. La fae la observó de reojo, la doctora de pronto se había quedado muy quieta mirando hacia ella. La valquiria trató de alejarse sin brusquedad para no incomodar a Lauren, pero lo cierto es que finalmente no se movió, solo retiró la vista hacia la pared de enfrente, intentando ignorar la presencia de la humana detrás de ella. Tenerla tan cerca solo traía recuerdos, sentimientos y emociones confusas que estaba segura de que no pertenecían a ella misma. Sin embargo, se dio cuenta de que entre todo aquel mar de confusión, había unvacío que anhelaba llenar. Ella no sabía bien qué deseaba su corazón, ya ni estaba segura de si era suyo o no, pero cuando se dio la vuelta y observó a Lauren de frente, en su mente no pudo apartarse el nombre de Bo. Fue en el momento en el que Lauren dejó caer su vista al suelo, que comprendió que aquello que la atormentaba todo el rato, era lo que sentía la humana por Bo. En ese instante, Tamsin retrocedió, pero fue en vano, las manos de Lauren agarraron sus brazos impidiendo que se alejara y no pudo reprimir aquel sentimiento, quedó totalmente derrotada ante el amor que sentía la doctora por la súcubo. Tamsin sacudió la cabeza intentando no pensar en eso, pero era más fuerte que ella y no pudo sino temblar indefensa cuando las manos de Lauren subieron por su vientre. El deseo que sentía Lauren por Bo invadía ahora el cuerpo de la valquiria y eso estaba afectando a la doctora, al igual que horas antes, el shock y el dolor que había sentido Lauren por los recuerdos de Tamsin, cuando despertó, había afectado a la valquiria. La fae lo sabía, por eso tenía que resistirse, pero no tuvo las fuerzas necesarias para hacerlo.

En algún momento, el espacio entre ellas se había reducido hasta el punto de que sus respiraciones, presas de la desesperación, chocaban contra sus rostros cercanos. Lauren murmuró algo casi en su boca, pero Tamsin no pudo escucharla. Sus dedos se sintieron tentados de descubrir su piel ante sus ojos, y antes de que siquiera lo pensara, los botones de la camisa de la humana volaron cuando la valquiria tiró de ella, ansiosa por abrirla. Las manos de Lauren la acercaron hacia ella y sus labios se encontraron en un beso fiero, lento y hambriento.

Tamsin empujó a la humana a la pared más cercana sin saber si la deseaba o eran los confusos deseos de ella por Bo. No le dio importancia cuando se agachó para desabrochar los pantalones de Lauren y deslizarlos hasta el suelo, y ni siquiera pensó en ello cuando bajó el resto de la ropa.

Lauren no apartó sus ojos de la valquiria mientras ésta se ponía en pie lentamente, exhalando aire caliente de su boca que chocaba contra su piel, dejando que sus dedos formaran caricias mientras subía… La doctora cerró los ojos y, por primera vez en mucho tiempo, no encontró nada, no había dolor, ni desesperación, ni miedos… Pero en lo más profundo, sentía que aquello no debía continuar. El problema fue que su cuerpo ya no respondía y las caricias de Tamsin sobre su piel no ayudaban, menos lo hacía su lengua invadiendo su boca.