Los rayos del sol de la mañana se filtraron a través de la ventana y, cuando se giró sobre sí misma, le dieron de lleno en la cara. Tamsin alzó la mano tratando de tapar la fuente de luz. Con mucho esfuerzo abrió los ojos y trató de visualizar dónde se encontraba. Mientras se removía entre las sábanas blancas de la cama, su cabeza fue reproduciendo con cierta lucidez las últimas horas.

—Mierda —dijo simplemente.

Miró hacia su izquierda y vio el otro lado de la cama vacío, con las huellas evidentes de la presencia de un cuerpo hace tan solo un rato. Tamsin se dio con la palma de la mano en la frente y luego comprobó que, efectivamente, no llevaba puesto absolutamente nada.

—Mierda —volvió a decir mientras se sentaba en la cama y miraba alrededor.

Reconoció varias prendas de la ropa que llevaba la noche anterior, tiradas por el piso. Tamsin suspiró con resignación, al menos se lo habían pasado bastante bien. La doctora no hacía sino sorprenderla cada vez más, al parecer.

«Ahora entiendo por qué la súcubo está tan satisfecha con la doctora», pensó con una sonrisa pícara en su cara.

Después de un rato, retiró las sábanas que la cubrían y se puso de pie. Lo primero que hizo, fue caminar hacia el espejo frente a la cama para comprobar su aspecto.

—¡Qué diablos, Lauren! —exclamó cuando vio una marca rojiza en la parte baja de su cuello que bajaba hasta la clavícula.

No le dio demasiada importancia, la verdad es que se había levantado de buen humor y eso la extrañó. Hacía demasiado tiempo que no dormía tan bien. Se encogió de hombros y rebuscó entre la ropa del suelo algo que ponerse. Decidió que por ahora le bastaba con la camisa y las bragas que llevaba por la noche, necesitaba lavarse la cara para despejarse un poco.

Salió al pasillo y se encontró la puerta del baño media cerrada. Tamsin empujó la puerta con una mano. Escuchó el agua de la ducha caer, pero le pareció que no había nadie tras la mampara, así que entró. Cuando se apoyó sobre el lavabo para lavar su cara, sintió una opresión sobre su pecho y escuchó unos ligeros sollozos. Volteó inmediatamente su cabeza hacia la ducha y vio una pequeña sombra acurrucada. Entonces, una pena la embargó por dentro y supo que Lauren estaba recordando de nuevo lo mismo que cuando despertó. Tamsin no quería volver a ver el rostro de Sigurd en su cabeza, así que dio varios pasos hacia donde estaba la doctora, pero tuvo que detenerse. Cuanto más se acercaba a ella, más intenso era lo que le trasmitía. Apenas se dio cuenta, la valquiria quiso salir corriendo de allí para evitar volver a pasar por aquel dolor de nuevo, mas no pudo. Ella sabía mejor que nadie lo insoportable que era aquel sentimiento, no podía permitir que Lauren se ahogara en él ella sola, le pareció demasiado cruel y por alguna razón le desesperaba el hecho de que la doctora sufriera. Tamsin se quedó inmóvil, sin saber qué hacer: aterrada por recordar tan vívidamente sus propios recuerdos y a la vez aterrada porque Lauren estuviera sufriendo. La valkiria estaba, además, confusa porque jamás le había sucedido, con nadie que hubiera resucitado antes, lo que le estaba sucediendo con la doctora.

Tomó aire y avanzó con valentía. Fue más duro que atravesar un ejército enemigo, realmente, fue una agonía tratar de alcanzar a la doctora, y para cuando lo hizo, el llanto de la humana dejó de ser solitario. Las manos de Tamsin se aferraron con fuerza al cuerpo de Lauren y sintió el rostro de la doctora muy cerca de su cuello.

—Sé que duele —le susurró la fae con un hilo de voz—. Yo sé cuánto duele…

—Lo siento mucho —le respondió ella—. Lo siento tanto…

Y fue lo único que se dijeron durante los largos minutos que estuvieron bajo el chorro de agua, abrazadas. En cuanto las manos de la valquiria tocaron su cuerpo, Lauren sintió cómo la intensidad de la angustia y la pena que sentía fue disminuyendo. Su mente se libró de las cadenas que la amarraban a la amargura. No lo entendía, pero no quería que Tamsin se alejara de ella, quería que su tacto la consolara. No pudo su medicación, no pudo los poderes de la Ash, no pudo su propia entereza… Lauren sentía que había caído dentro de un pozo y no podía salir. El cómo había llegado a aquel estado era un verdadero quebradero de cabeza para ella. No existía una causa, y la mejor manera que encontró para explicarlo fue pensar en una puerta por la que muchas personas tratan de pasar y al final se encuentran todas atascadas sin poder avanzar. Lauren sentía terror al pensar que había tratado de quitarse la vida, cuando jamás eso había pasado por su cabeza, ¿realmente estaba tan mal? Ahora, entre los brazos de Tamsin, no lo creía, se sentía tranquila y libre del dolor que la perseguía a todas partes como una sombra.

La valquiria se apartó un poco de Lauren para cerrar el grifo de agua. No entendía cómo había logrado disipar los sentimientos y recuerdos que estaba teniendo la humana, más bien no entendía qué era lo que estaba sucediendo entre ellas. Nunca había tenido esa clase de conexión con nadie que antes hubiera traído a la vida.

Tamsin pasó su mano cuidadosamente entre el pelo de Lauren y ésta levantó la vista hasta sus ojos cuando sintió su mano sobre su cabeza. Se miraron, formulando, sin saberlo, las mismas preguntas silenciosas a las que ambas trataban de dar respuesta.

Lauren abrazó a Tamsin, ni siquiera supo por qué, fue algo inesperado e impulsivo. En ese momento, la valquiria se dio cuenta de la desnudez de la humana, pero trató de bloquear cualquier pensamiento que pudiera llevarlas a lo que ocurrió la noche anterior. Así que se liberó con cuidado de la doctora y salió de la ducha en busca de una toalla para Lauren.

Kenzi estaba tan concentrada en hacerles el desayuno a Lauren y Tamsin, que no escuchó a la doctora bajar por las escaleras y sentarse en una silla. Cuando la morena se dio la vuelta para poner el plato de tortitas sobre la mesa, casi las tira al suelo del susto.

—¡Eh, Lo! —exclamó con sorpresa—. Me asustaste.

—Perdona —le dijo Lauren levantándose para ayudarla a poner la comida sobre la mesa—. Vaya, preparaste un buen desayuno. —La doctora la miró con una sonrisa.

—Nos lo merecemos después de todo —habló sorprendida al verla sonreír—. Buenos días, ¿qué tal estás hoy?

—Bien… Bueno, no, no estoy bien —le respondió sentándose en una de las sillas que estaba al lado de la mesa—. Pienso en cosas y hago cosas que no son propias de mí, y lo que siente Tamsin influye en mí de alguna forma, y ella siente lo que siento y mi cabeza va a explotar porque tiene demasiada información. ¿Sabías que Tamsin viajó a la conquista de América? Oh, Dios mío… ¡conoció a Napoleón! El emperador… Y estuvo… ¿en la primera Guerra Mundial?

—Ahhh —balbuceó Kenzi con la boca abierta—. ¿Quieres tortitas?

—Las imágenes no paran de pasar por mi cabeza… —Lauren apoyó la cabeza sobre la mesa dando un largo suspiro.

—Por cierto, ¿y Tam-tam?

Lauren levantó la vista hacia ella y sintió cierta inquietud al escuchar su nombre.

—Arriba, en la ducha —dijo simplemente.

—¿Durmieron bien?

Lauren sintió cómo el aire subió de golpe desde su pecho hasta su garganta. Su cara hizo algún gesto extraño que hizo que Kenzi la mirara frunciendo el ceño. La doctora la miró en alerta preguntándose si solo era una inocente pregunta o si sabía algo de lo que había pasado entre Tamsin y ella anoche.

—Dormimos. Sí. Bien. Supongo —le respondió con cierta torpeza para coordinar las palabras.

—Vale… —le dijo Kenzi mirándola con extrañeza—. Tú… Desayuna urgentemente. Empiezo a pensar que tu cordura está en grave riesgo.

—Yo también —dijo llevando las manos hacia el plato que le ofrecía Kenzi.

Al poco rato, Tamsin apareció en la cocina. Kenzi levantó la vista y le sonrió, la valquiria solo suspiró y se sentó cerca de Lauren. La morena se levantó y se dirigió a la nevera a buscar algo, dejando a la fae y la humana solas en la mesa.

—Tu cuello está herido —habló en voz baja Lauren.

—Tú hiciste eso —dijo Tamsin con una sonrisa socarrona.

—¿Y te parece gracioso? —le regañó la doctora molesta.

—No le des importancia, Lauren —le replicó subiéndose el cuello de la camisa que llevaba para taparlo—. Las dos sabemos cuáles son tus sentimientos.

—Sí importa, porque no sé qué diablos está pasando entre tú y yo.

—Yo tampoco lo sé, ¿vale? Nunca me había pasado esto con nadie antes.

—Pasarte el qué —le dijo impaciente la doctora.

—¿No lo ves? Cada vez que una de las dos siente algo muy intenso, la otra lo siente también y se intensifica cada vez que estamos más cerca.

—¿Estás diciendo que tú…?

—Estoy diciendo que tu deseo, amor o lo que sea que sientas por Bo me está confundiendo y fue el desencadenante de lo de anoche.

—Solo tengo caramelo líquido para las tortitas y un poco de mantequilla —las interrumpió Kenzi acercándose a la mesa con varios botes en las manos.

—Cualquier cosa está bien —dijo Tamsin sin apartar los ojos de Lauren.

Comieron en silencio, un silencio rígido que Kenzi se vio incapaz de romper. Cuando acabaron el desayuno, la doctora se levantó a recoger la mesa y Tamsin se fue hacia el sofá. La morena las miró indecisa y preocupada, no sabía qué podía hacer para acabar con la incomodidad que se respiraba en el ambiente. Decidió seguir a la valquiria.

—Eh, ¿estáis bien? —le preguntó con cierto temor.

—Sí, solo es que esto… —Tamsin se detuvo para encontrar las palabras adecuadas—. Esto está siendo un poco difícil.

La fae se sentó en el sofá con la vista perdida en alguna parte de la pared. Kenzi suspiró nerviosa y se acercó tímidamente a ella, quedándose de pie a su lado.

—¿Y tú estás bien? —le preguntó la morena.

La valquiria levantó la vista con sorpresa y frunció el ceño quedándose sin palabras que decirle. Realmente no se esperaba esa pregunta, Kenzi la dejaba perpleja cada vez que le hacía esa pregunta. Tamsin no lograba entender qué interés podría tener en saber si estaba bien o no. Al fin y al cabo, la valquiria había matado a Lauren, tratado de encerrar a Bo, mentido a todos y era una pendenciera amante de las bebidas, no era la clase de persona por la que habría que mostrar cariño ni siquiera preocupación.

Tamsin vio una sonrisa temblorosa cruzar el rostro de Kenzi mientras ésta se sentaba a su lado.

—Quiero decir —continuó hablando la gótica—, que realmente me asustaste el otro día.

—Está bien, no hace falta que me lo digas veinte veces —le respondió de forma cortante.

Kenzi suspiró dándose por vencida. Sabía que Tamsin no era la persona más abierta y fácil de tratar, pero quería ayudarla y ser útil. Era frustrante tratar de acercarse a ella y sentir que te daba empujones alejándote. La gótica no tenía que ser adivina para saber que la fae estaba sufriendo y odiaba que pensara que debía de hacerlo sola. Kenzi volvió a suspirar, pensando que quizá estaba exagerando sobre la situación y a lo mejor Tamsin no sintiera la confianza necesaria para contarle sus penas.

—Lo siento —escuchó decir a la valquiria—. No quería hablarte en ese tono. Solo estoy un poco tensa, necesito despejar mi cabeza un rato.

—Está bien —dijo Kenzi mirando hacia el suelo—. Sé que puedo ser un poco intensa, pero solo estoy muy preocupada por Lauren y por ti.

Otra vez Tamsin no sabía qué contestarle, realmente estaba empezando a odiar la actitud de la gótica hacia ella. Y odiaba odiar que alguien fuera agradable con ella, porque hacía mucho tiempo que nadie lo era con ella.

—Tengo que ir a encontrarme con Trick y Hale, ¿quieres venir? —habló Kenzi de nuevo.

Tamsin se relajó un poco, aunque con su actitud, probablemente, estaba consiguiendo que la morena pensara que era una arpía fría y sin escrúpulos. La valquiria rió para sí misma, pensando que no era nada muy lejano a eso.

—¿Qué pasa con Lauren? —le dijo después de un rato en silencio.

—Tiene algo que la protegerá, no te preocupes.

—¿Algo que la protegerá? —le preguntó con intriga.

—Algo que me dio Hale —le respondió dirigiéndole una tímida mirada. Cuando Kenzi encontró los ojos de Tamsin tan cerca de los suyos, dio un respingo y se levantó del sillón de un salto—. ¿Vienes o qué? —le dijo tratando de ocultar el extraño nerviosismo que recorría su cuerpo.

—Me vendrá bien el aire fresco —le contestó poniéndose en pie.

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Kenzi y Tamsin esperaron, apoyadas sobre el camaro amarillo de Bo, la llegada de Trick y Hale en el sitio que habían acordado, un pequeño descampado a las afueras de la ciudad. Al poco tiempo de llegar, un coche oscuro se aproximó al lugar. La valquiria se puso en alerta, pero la mano de Kenzi se posó sobre su brazo frenándola en cuanto vio a los dos faes bajarse del vehículo.

—Muchas gracias, amigo —dijo Trick al misterioso conductor.

Acto seguido, el coche negro se puso en marcha y se perdió por la estrecha carretera. En cuanto el vehículo ya no fue visible, los dos faes dirigieron la mirada hacia ellas

—¡Eh! —exclamó Hale alzando los brazos.

Kenzi salió en carrera hasta él y lo abrazó efusivamente, dejando caer su cara contra su pecho. El sireno sostuvo su ligero cuerpo con firmeza entre sus brazos.

—Te he echado muchísimo de menos —le dijo él en voz baja.

—Y yo a ti también —le susurró la otra con una enorme sonrisa.

Allí, entre sus robustos brazos, Kenzi sintió que las cosas podrían ir mejor ahora que él estaba allí.

—Tamsin —se oyó decir a Trick.

Kenzi elevó la mirada y no pudo evitar que sus ojos siguieran el movimiento de la valquiria que pasó a su lado, dirigiéndose hacia el tabernero. La fae supo que la estaba mirando, pero siguió su camino sin hacerle caso. La morena se separó del fae bruscamente entonces.

—Hola —le respondió Tamsin al sabio de sangre, con cierto aire de arrogancia.

—¿Qué haces aquí? —le dijo Trick con desconfianza.

—Viene conmigo, Trickster —intervino rápidamente Kenzi colocándose al lado de la valquiria—. No te preocupes por ella.

—¿Dónde está Lauren? —volvió a preguntar el tabernero.

—Está bien, no os preocupéis —dijo Kenzi con una sonrisa—. Supongo que ya sabrás sobre la desaparición de Dyson y Bo.

—Sí, por eso he venido en cuanto he podido —habló Trick con gesto muy serio.

—Hubieras venido más rápido si supieras quién se los llevó —intervino la valquiria cruzando los brazos sobre su pecho.

—Esperaba que no fuera así —le dijo el sabio de sangre mirándola muy fijamente.

—¿Así que ya lo sabes? —le preguntó ella con indiferencia.

—Comencé a sospechar quién era el padre de Bo después de su Amanecer, cuando trajo a Dyson a la vida dándole chi.

—Vale, me perdí. ¿El padre de Bo? —dijo Kenzi tratando de enterarse de lo que hablaban.

—Sí, ¿de quién estáis hablando? —preguntó Hale sintiéndose perdido en la conversación.

—De Rey Oscuro, El Loco —dijo Trick mirándolos con la voz impregnada de preocupación.

Hale volvió la vista hacia al tabernero con sorpresa y esperando a que le negara lo que acababa de escuchar, pero Trick asintió lentamente, dándole a entender que se trataba de lo que el sireno había oído.

—¿Es ese del que me hablaste, Tamsin? —preguntó Kenzi confusa—. ¿El padre de Bo es ese tal Fondín?

A pesar de la seriedad de la conversación, Tamsin no pudo evitar dejar salir una carcajada.

—¿Qué he dicho ahora? —dijo la morena aún más confusa.

—Es Odín, Kenz —le respondió la fae con una sonrisa.

Kenzi apoyó la cabeza sobre el brazo de Tamsin, avergonzada por su torpeza, dejando salir una pequeña risa. Hale observó la reacción de la morena y frunció el ceño extrañado de la repentina confianza que mostraba hacia la valquiria. Apenas había pasado poco más de un mes desde que se había ido y parecía que ambas habían tenido el tiempo suficiente de convertirse en las mejores amigas. Pensó que posiblemente estaba exagerando, pero es que Tamsin le inspiraba de todo menos confianza, por no nombrar que ella era de las sombras, eso le preocupaba aún más.

—Tenemos que traer a Bo y Dyson como sea —habló Trick de nuevo—. Igualmente, estoy realmente intrigado de cómo habrá conseguido llevárselos.

El tabernero acabó la frase mirando muy fijamente hacia Tamsin. Kenzi vio cómo la valquiria daba un paso al frente, hacia Trick, y de su rostro se borró la sonrisa que habitaba en él momentos antes. En ese momento, se percató de la pequeña marca rojiza que asomaba sobre el cuello de la camisa de la rubia y su boca se abrió en sorpresa. ¿Era por eso que Lauren se había puesto tan extraña esta mañana? ¿Habían dormido juntas? «Bueno, dormido y otras cosas más…», se dijo así misma tratando de hacer un chiste que más que hacerle reír la hizo enfurecer. ¿Por qué diablos Lauren se iba a acostar con Tamsin?

—¿Estás insinuando algo tabernero? —amenazó Tamsin sin ni siquiera un temblor en su voz.

Kenzi volvió su atención a ellos rápidamente, olvidándose momentáneamente de sus pensamientos.

—Eh, chicos —dijo la gótica con tono amistoso—. No es momento de ponernos bordes.

—No, Kenzi —le respondió Trick sin apartar la mirada de la valquiria—. Este es el momento. Lo poco que se sabe de las valquirias es que son guerreras y servían al Loco y por la forma en la que Tamsin se dirigió a mí antes para hablarme de él, conoce quién soy yo.

—No fue realmente difícil saberlo, Rey Sangriento —le respondió de forma chulesca.

—Vigila ese tono —le advirtió Hale.

—Vigila el tuyo, sirenita.

—Por qué no nos calmamos todos —intervino Kenzi poniéndose entre Tamsin y los otros faes.

—Kenzi —habló Trick—, ¿es que no ves que Tamsin tiene que ver con la desaparición de Dyson y Bo? Ella es una valquiria, trabaja para él.

—Lo sé —dijo ella molesta—. Sé que por ella Dyson y Bo no están aquí, pero puedo hablar en su favor en esto, no es la historia que imagináis y vais a tener que confiar en mí.

Trick y Hale se quedaron mirando con sorpresa hacia Kenzi. El sireno movió su vista de sus ojos grises hasta los de la valquiria. En el rostro de la rubia se dibujó una sonrisa llena de arrogancia cuando descubrió en la mirada del fae frustración, ira y celos. En verdad le sorprendió que la mirara así, no sabía por qué debería provocarle celos, pero le pareció divertido.

—Bien —intervino Trick rompiendo el silencio—, volvamos a la ciudad, debo presentar mis respetos hacia la nueva Ash y luego tendremos una larga conversación sobre esa historia, pero solo hago esto porque confío en ti, Kenzi.

La morena sonrió colocando sus manos sobre los hombros del tabernero. Él también le devolvió una sonrisa.

—Haces bien, Tricky —le dijo ella.

La gótica se dio la vuelta y dirigió su mirada jovial hacia la valquiria. Tamsin la miró atentamente volviendo la seriedad a su rostro. Kenzi le señaló el coche y comenzó a caminar hacia él agarrando a la fae por un brazo y tirando de ella. Los otros dos faes las siguieron más rezagados.

—Hale —le dijo en voz baja Trick—, quiero que vigiles de cerca a Tamsin.

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Los dos furgones se detuvieron cerca de la iglesia. Los agentes se bajaron rápidamente y bordearon el edificio como les indicó su superior. Dos de ellos se acercaron a la puerta y esperaron órdenes. Con el gesto afirmativo del líder del grupo de asalto, arremetieron contra la puerta con el ariete y ésta se abrió de par en par, permitiendo la entrada en tromba de los agentes dentro del edificio.

—La zona está acordonada por el ejército, el edificio está rodeado y tiene armas reales apuntando a matar, por favor, levante las manos y arrodíllese lentamente.

Cada uno de los agentes fueron observando poco a poco el destrozo del lugar: dos cuerpos inmóviles de unos policías en el suelo cerca del altar, bancos volcados, objetos tirados por el suelo… Todos permanecieron quietos y en silencio observando al sujeto que se apoyaba sobre la mesa que presidía la sala, aparentemente herido. Era muy difícil ver sus rasgos con la poca luz del recinto, pero sí era visible la mano que apretaba su vientre ensangrentado.

—¡El sujeto está herido! —dijo el líder—. Permanezcan con sus armas en alto, está marcado como objetivo peligroso.

—No está ni siquiera armado, señor —protestó uno de los agentes.

—Órdenes son órdenes, y éstas vienen de muy arriba —le contestó su superior.

El agente asintió y fijó su vista hacia el sujeto que dejó escapar un quejido de dolor mientras caía al suelo de rodillas. Lo demás, pasó muy rápido. Alguien gritó que se trataba de una mujer y tenía una herida de bala provocada por uno de los policías que estaba tirado en el piso. El grupo se acercó a proceder a inmovilizarla y ella se movió bruscamente cuando los sintió cerca. Uno de los novatos disparó hacia ella, pensando que iba a atacarlos, la mujer cayó al suelo cuando el proyectil impactó en su cuerpo. Luego, los demás agentes se alborotaron y al superior le costó bastante trabajo que le escucharan. Para cuando todos guardaron silencio, observaron a la mujer ponerse en pie con mucho esfuerzo, sus ojos brillaban en un azul diabólico que los congeló de terror y les impidió poder reaccionar a tiempo. El pensamiento fue casi común: no era humana. Las armas cayeron al suelo mientras observaban fascinados a aquella criatura. Un placer los embriagó, vaciándolos por dentro, y un halo azul viajó desde sus bocas a la de ella. Uno a uno, fueron cayendo inconscientes al piso.


NOTAS: voy a tratar de acortar los capítulos para poder actualizar antes, por lo que a lo mejor hay capítulos en los que haya finales menos interesantes que en otros, ya veré. Muchas gracias por leer y por vuestros comentarios :)