El viaje fue silencioso, pero el nerviosismo que emanaba en el ambiente era evidente. Hale conducía el furgón agarrando el volante con fuerza, tratando de concentrarse en la carretera, sin apenas parpadear. A su lado, Kenzi se movía inquieta en el asiento mientras lanzaba suspiros y trataba de buscar alguna distracción en el paisaje. Trick estaba sentado en la parte trasera, junto a Lauren. El sabio de sangre trataba de aparentar calma, pero sus gestos delataban inquietud, agarraba con fuerza la bolsa que traía consigo, con artilugios que podrían hacerles falta, y miraba su reloj a cada rato. Por su parte, Lauren permanecía con la frente apoyada sobre la ventanilla, observando las primeras horas del día, cómo los rayos del sol iban dibujando trazas anaranjadas y púrpuras sobre el horizonte.

De pronto, Hale redujo la velocidad y detuvo el vehículo a un lado de la carretera.

—¿Qué pasa? —dijo Trick.

—Hay un control policial un poco más adelante —respondió.

—Vaya, esto está peor de lo que imaginaba —murmuró el tabernero rascándose la cabeza—. Hale, esconde el furgón entre los árboles y vamos a ver si podemos acercarnos sin llamar la atención.

El sireno asintió mientras giraba el volante y metía el vehículo entre los árboles cercanos a la carretera.

—¿Por qué simplemente no nos acercamos y preguntamos qué pasa? —dijo Kenzi de pronto.

—No podemos llamar la atención —respondió Hale.

—Además —intervino Trick—, no creo que consigamos sacarles nada. Los servicios secretos están aquí y seguramente los faes no tardarán en aparecer para limpiar este desastre. Los ancianos van a pedir las cabezas de Ash y Morrigan por esto.

—Como si la situación no estuviera ya de por sí mal —murmuró el sireno apagando el motor del vehículo—. Bien, qué hacemos ahora —dijo volviendo su vista hacia atrás.

—Vale —respondió el tabernero después de dar un largo suspiro—. Mi informante me ha dicho que Bo está atrincherada dentro de la iglesia y que los humanos han mandado varias brigadas de asalto y ninguna ha regresado.

—¿Cómo sabemos que se trata de ella? —preguntó Kenzi girándose sobre el asiento para ver a Trick.

—La descripción de algunos testigos que estaban allí me sugiere que se trata de una súcubo y no existe ningún súcubo que pueda atacar a toda una brigada de agentes a la vez, excepto Bo —dijo con determinación el tabernero—. Debemos acercarnos hasta allí, coger a Bo y salir antes de que nadie se dé cuenta y, por supuesto, antes de que llegan los agentes faes.

—Súper fácil —dijo Kenzi con sarcasmo.

—Yo me quedaré en el furgón vigilando —añadió Trick—, toma esto —habló dirigiéndose a Lauren—, aquí tenéis un bote con unos polvos que podéis darle a Bo si está fuera de control.

La doctora parpadeó repitiéndose en silencio las palabras que acababa de decirle Trick. Asintió torpemente y cogió la bolsa de cuero y se la colgó sobre los hombros.

—¿Estás bien, Lauren? —le preguntó el sabio de sangre.

Dudó un momento, pero finalmente asintió mientras abría la puerta del furgón y salía al exterior. Kenzi se bajó inmediatamente después y corrió hasta donde estaba la humana. El frío de la mañana la cogió desprevenida y se movió agarrando fuertemente sus brazos mientras los frotaba con las manos, dándose calor. Había sido todo tan repentino, que no había tenido tiempo de coger una chaqueta más adecuada a la temperatura. Sin mencionar, que si no fuera por Hale, la resaca que hubiera tenido en ese momento no le hubiera permitido ni poder caminar.

—Eh, Lo —dijo mientras se colocaba a su lado—, ¿cómo te sientes?

La doctora se quedó pensando en la pregunta mientras analizaba cómo realmente se encontraba. No podía negar que estaba muerta de miedo y que su corazón estaba a punto de salirle por la boca. Aún dudaba de que fuera Bo la que estaba en aquella iglesia. Trató durante todo el camino de rebuscar entre los recuerdos de Tamsin algo que les sirviera, algo sobre cómo Bo hubiera podido salir de Helheim y regresar a la vida, pero no había tenido éxito, su cabeza era todavía un caos.

—Quiero traer a Bo a casa y asegurarme de que está bien —respondió por fin.

Kenzi le sonrió y bordeó con las manos su brazo, apoyando su cabeza sobre el hombro de la doctora.

—Eso vamos a hacer, Lo, y luego vamos a repartir leña a los malos, como siempre hacemos.

Lauren dejó escapar una sonrisa nerviosa mientras bajaba la vista hacia el suelo. Ahora tenía que olvidarse de sus miedos y centrarse en lo que tenía que hacer. Debía apartar los sentimientos por un momento y pensar fríamente. Sin embargo, su cuerpo temblaba cada vez que por su mente cruzaba el nombre de Bo.

—¿Tú cómo estás? —le preguntó a Kenzi.

—Estoy a punto de hacerme caca encima, pero por lo demás bien —bromeó con una sonrisa temblorosa.

Lauren sonrió colocando su mano sobre la de Kenzi, que se agarraba con más fuerza a su brazo.

—Te hice una promesa y era que averiguaría qué te hizo Massimo, no se me ha olvidado.

—Ahora no nos preocupemos por eso —dijo ella tratando de esquivar el tema.

—No, debemos saber qué le está pasando a tu cuerpo, puede ser peligroso para ti, así que en cuanto volvamos con Bo, nos pondremos a trabajar en ello, ¿vale?

Kenzi solo asintió pegando más su cara al brazo de la doctora.

—Lauren —dijo de pronto—, quería contarte algo, aunque sé que no es el momento adecuado, pero ya sabes lo que pasa con estas cosas, nunca es el tiempo adecuado hasta que ya es demasiado tarde.

—¿Qué pasa? —le preguntó la rubia mirando hacia ella.

—¿Te acuerdas de lo que pasó con la kitsune y toda esa historia? —Lauren solo asintió escuchándola en silencio—. Fue mi castigo por recuperar el amor de Dyson de las manos de la Norn.

La doctora suspiró y Kenzi se separó de ella, sin dejar de sostener su brazo, para poder ver la expresión de su rostro. La doctora tenía la vista perdida en el suelo.

—Me lo imaginaba —le contestó después de un rato—, pero ya da igual eso.

—Lo hice porque…

—Ya sé por qué lo hiciste —la interrumpió Lauren—, Dyson lo necesitaba para luchar contra el Garuda o lo que sea. No quiero hablar de eso ahora.

—Pero yo sí —insistió ella separándose de ella y colocándose enfrente—. Pensé que Dyson y Bo debían volver, que tú solo estabas jugando con ella, que no la querías como él. Incluso después de darme cuenta que tú la amabas, no creía que fueras la elección adecuada para Bo y pensé que ella solo estaba confundida y tratando de superar lo de Dyson. Entonces me raptó esa loca kitsune y… —La voz de la morena tembló durante unos instantes y sus ojos se ensombrecieron humedecidos—. Ya sabes, entendí qué era lo que significaba ser humano en el mundo fae y ahora veo…

—Kenzi —le dijo mirándola fijamente a los ojos—, Bo y yo tuvimos una oportunidad y no funcionó, y ya da igual pensar en eso…

—Nunca te des por vencida, Lauren —la interrumpió la morena antes de que pudiera decir nada más.

La humana retiró la mirada hacia el suelo, tomó aire y luego volvió a mirar a Kenzi.

—¿Sabes algo de Tamsin? —le preguntó Lauren.

La morena sintió un tirón en la boca de su estómago al oír su nombre.

—No sé nada de ella —dijo rápidamente sin apenas respirar.

Lauren no tuvo tiempo de interpretar el extraño gesto que se dibujó en la cara de Kenzi, ya que Hale llegó hasta ellas en ese momento.

—¿Listas, chicas? —les dijo frotando las palmas de sus manos.

Ninguna de las dos respondió inmediatamente. Kenzi y Lauren se miraron con las mismas dudas en sus ojos y asintieron a la vez en silencio. Hale dio una palmada con sus manos, conforme, y comenzó a caminar dirigiéndose hacia el pequeño bosque que rodeaba la zona. La morena lo siguió muy de cerca. Lauren se quedó un poco más rezagada.

Caminaron como veinte minutos entre árboles y arbustos, hasta que divisaron la iglesia a lo lejos. Sin embargo, antes de que pudieran ni siquiera acercarse, lo que parecía un policía les dio el alto. Hale y Kenzi se giraron sobre sus talones hasta tener de frente al supuesto policía que los amenaza con un arma pidiéndoles que se identificaran.

—Verás —comenzó a decir Kenzi—, estábamos por aquí… buscando unas setas.

—¿Setas? —le dijo Hale en voz baja.

—¿Qué? ¿Acaso es ilegal? —le contestó ella encongiéndose de hombros.

—No podéis estar aquí, así que más vale que me acompañéis vosotros dos —dijo el agente acercándose a ellos.

—¡Eh, no hemos hecho nada! —protestó el sireno.

Kenzi trató de pensar en algo para despistar al hombre, pero sus ojos se fijaron en Lauren, que caminaba detrás de él aproximándose sigilosamente. Hale también se dio cuenta y antes de que ninguno pudiera preveer las intenciones de la doctora, ésta se acercó rápidamente por la espalda del hombre y le propinó un golpe seco detrás de la nuca con el puño cerrado. El agente cayó al suelo fulminado ante la sorpresa del sireno y la gótica.

—¿Qué? —los cuestionó Lauren—. Si das un golpe preciso puedes dejar a tu rival inconsciente.

—¿Dónde diablos has aprendido eso? —le preguntó Kenzi alucinando.

—Tuve un entrenamiento militar —le contestó simplemente mientras se agachaba para comprobar las constantes vitales del hombre que yacía en el suelo—. Estará bien, bueno… cuando despierte.

Sin más sobresaltos, llegaron a la parte trasera de la iglesia sin ser vistos. Hale decidió que era mejor si él cubría aquella entrada mientras ellas iban a por Bo, él podría inmovilizar a cualquiera que se acercara con su silbido y si oía problemas, iría a por ellas rápidamente. Kenzi quiso protestar ante el hecho de que se quedara solo allí fuera, pero el sireno no le permitió que dijera nada.

Kenzi y Lauren entraron agazapadas por la pequeña puerta trasera, que a la morena no le costó abrir forzando la cerradura. Ante ellas se abrió un estrecho pasillo, casi inmerso en la oscuridad, pero con suficiente luz para poder delinear el camino. Pronto, llegaron a una bifurcación y pudieron ver una puerta que daba a la sala principal, mucho más iluminada. Ambas miraron hacia el cuerpo de un hombre que descansaba inmóvil bocabajo cerca de allí.

—¡Eh, alto! —gritó un hombre que apareció de repente en el umbral de la puerta al final del corredor, apuntando con un arma hacia ellas.

Kenzi empujó a Lauren hacia el suelo y las dos se apresuraron en esconderse detrás de la esquina del pasillo, gateando por el piso a toda velocidad. Las dos se sentaron en el suelo, apoyándose sobre la pared. Lauren miró hacia Kenzi, que era la más próxima a la bifurcación, y vio su rostro temblar nervioso.

—Identifíquense, tenemos orden de matar —escucharon decir.

—¿Dijo matar? —preguntó Kenzi nerviosa—. Dime que estoy perdiendo audición por ponerme la música a todo volumen en los oídos.

Lauren suspiró tomando la mano de la morena con fuerza. De pronto, todo quedó sumido en un silencio perturbador que solo era interrumpido por la agitación de sus respiraciones. La morena decidió asomarse ligeramente y observó dos militares apuntando en su dirección.

—Mierda —dijo simplemente la gótica volviendo rápidamente a su posición.

—Este es un buen momento para que uses tu poder —le susurró Lauren pegándose más a la pared.

—¡No puedo! Él… no sé cómo diablos sale —le respondió Kenzi desesperada agitando sus manos.

La doctora suspiró mientras se colocaba sobre Kenzi.

—Woah, doc, este no es un momento muy oportuno de hacer cochinadas.

—Kenzi —le murmuró molesta apoyando su pecho sobre las piernas de la gótica.

—¿Qué haces? —le dijo la morena.

En seguida se dio cuenta que Lauren estaba tratando de coger la pistola del guardia que habían visto antes en el suelo.

—Quédate aquí y no se te ocurra moverte —le ordenó cuando alcanzó por fin el arma.

Lauren agarró la pistola con las dos manos, comprobó que aún tenía munición y dirigió una mirada hacia Kenzi que la observaba con estupor.

—Esta no es la primera vez que lo hago —le dijo la rubia tratando de tranquilizarla, pero en sus ojos se incrementó el temor.

Kenzi se movió a un lado dejando pasa a Lauren, que tomó aire con decisión y se asomó a la esquina del pasillo. Divisó a los dos hombres vestidos de militar, alzó su arma hacia ellos y con dos disparos limpios cayeron fulminados al suelo.

—¡Qué diablos narices! —exclamó Kenzi sorprendida.

—Te dije que no era mi primera vez. Ahora, quédate ahí, por favor.

La morena asintió con nerviosismo y la doctora comenzó a caminar, agachada junto a la pared, temblando por la adrenalina que corría por sus venas, por el miedo que sentía al tener un arma entre sus manos de nuevo. Las imágenes en Afganistán se agolparon en la cabeza. La doctora tragó saliva sintiendo la respiración cada vez más pesada. Se había jurado a sí misma que jamás volvería a hacer aquello, pero los fantasmas del pasado habían vuelto y allí estaba otra vez, dispuesta a matar. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Había trabajado muy duro para enterrar todo lo que había hecho hace tantos años y, sin embargo, habían vuelto a flote con facilidad. La pistola casi tembló entre sus manos, pero pronto vio a Bo, escondida tras unos bancos, al otro lado de la sala, y solo pudo pensar en ir a por ella sin importar absolutamente nada más.

Trató de tomar cobertura como mejor se lo permitía el escenario. Había muchos cuerpos tirados por el piso, mesas volcadas, casquillos por el suelo… Lauren trató de aproximarse silenciosamente hasta donde se encontraba la súcubo, con el corazón latiendo tan fuerte que lo sentía en los oídos, con la respiración tan acelerada que sentía su pecho quemarle la garganta.

Bo salió de repente de su escondite, para enfrentarse con un militar que se acercaba a ella. Lo agarró por el chaleco y comenzó a tomar su chi. De pronto, salieron del otro lado de la sala dos soldados que comenzaron a disparar contra la súcubo. Bo trató de usar al militar que sostenía como escudo para cubrirse de las balas.

Lauren casi gritó observando la escena. La adrenalina le impidió pensar con claridad y salió de su cobertura para comenzar a disparar hacia donde estaban los dos hombres.

Bo tomó al militar en peso y lo lanzó hacia sus dos atacantes que cayeron al suelo cuando recibieron el impacto del cuerpo. La súcubo gruñó girándose hacia Lauren. Cuando los ojos azules se fijaron en ella, el arma resbaló entre sus dedos y cayó al suelo. La humana trató de buscar algo dentro de la bolsa que le había dado Trick. Bo comenzó a caminar hacia ella.

—¿Bo? —le dijo hurgando dentro de la bolsa con desesperación—. Soy Lauren.

La súcubo no pareció reaccionar y siguió acercándose hacia ella con mirada amenazadora. Por suerte, Lauren logró sacar un bote que había dentro de la bolsa. Lo miró indecisa, sin saber muy bien qué era, pero no tenía tiempo de pensar. Lanzó el bote hacia a Bo y el cristal se rompió cuando cayó sobre ella. Una extraña nube envolvió a la súcubo por un instante.

En ese momento, uno de los soldados se puso en pie y Lauren echó a correr hacia Bo para ponerla a salvo.

Cuando la nube se disipó, la súcubo miró a su alrededor confusa sin saber dónde estaba. Sintió su cuerpo dolorido y su corazón casi se paralizó cuando vio a Lauren que corría hacia ella. La súcubo giró su cabeza rápidamente y vio cómo un soldado alzaba su arma hacia el aire. Antes de que escuchara el disparo, la fae se lanzó hacia la doctora, empujándola contra el suelo y evitando que el proyectil impactara sobre la humana.

La súcubo trató de no caer sobre Lauren y se golpeó el brazo contra el piso haciendo un extraño gesto para esquivarla. Bo quedó de costado, dándole la espalda a la rubia. La doctora se movió pegada al suelo hasta la fae y posó sus manos con mucho cuidado sobre su brazo.

—¿Bo? —le preguntó con un nudo en la garganta.

La morena no respondió, solo se quejó mientras trataba de darse la vuelta para mirar a Lauren. Varios zumbidos de las balas pasaron cerca de ellas, el soldado volvió a disparar sin contemplaciones. La doctora se abrazó a Bo instintivamente y quiso moverla hacia una cobertura mejor. Ambas se arrastraron por el suelo hasta llegar cerca de una mesa volcada. Se sentaron detrás de ella, sobre el suelo. Entonces, fue cuando Lauren miró hacia sus manos y las vio cubiertas de sangre. Alarmada miró hacia su vientre, pero su camisa estaba limpia y sus ojos se dirigieron aterrados hacia su lado, donde estaba Bo. La súcubo tenía la mano sobre su barriga y la doctora pudo ver un fino hilo de sangre correr entre sus dedos.

—Déjame ver —le dijo con la respiración acelerada.

—Estoy bien, solo es un rasguño —le contestó la morena con una mueca de dolor.

—Bo —le pidió Lauren mirándola a los ojos y agarrando la mano que tenía sobre su vientre herido.

La fae dejó salir un largo suspiro y apartó su mano. La humana se acercó con rapidez a inspeccionar la herida.

—¿Te han dado? —le preguntó con la voz quebrada.

Bo no respondió y Lauren levantó su camiseta para comprobar la gravedad. Observó con horror que, efectivamente, le había alcanzado el disparo. En seguida, llevó su mano a la espalda de la fae, buscando una posible salida de la bala, pero no la había.

—Estoy bien —murmuró la súcubo.

—Bo, te estás desangrando, necesitas curarte ahora mismo.

La morena la miró con dificultad, su vista comenzaba a nublarse.

—¿Bo? —le dijo asustada agarrando su rostro—. No me hagas esto ahora, por favor.

Lauren golpeó el rostro de la súcubo con la palma de la mano, tratando de hacer que reaccionara. Bo dijo algo inteligible mientras las pulsaciones del corazón de la doctora se disparaban. No lo pensó, ni siquiera un segundo, Lauren se acercó a sus labios y la besó. Bo se resistió, no quería alimentarse de ella. Sin embargo, estaba apunto de desmayarse y apenas era consciente de lo que estaba sucediendo, así que abrió su boca entre la de Lauren y sintió su interior llenarse de energía. Su dolor fue cada vez disminuyendo, pero seguía muy mareada. La doctora apoyó las manos sobre los hombros de la fae comenzando a sentirse agotada y escuchó a Bo quejarse, pero no supo de qué. Cuando la súcubo sintió el cuerpo de Lauren desfallecer sobre ella, se dio cuenta de que apenas se había curado. Miró a la humana, que estaba inconsciente sobre su pecho. La imagen borrosa de la doctora inmóvil, estremeció su cuerpo. Trataba de entender qué pasaba a su alrededor y lo último en lo que pudo pensar es que la bala seguía dentro y le impedía curarse.

Bo se dejó caer al suelo y fijó la vista hacia el techo de la iglesia. Quería abrazar a Lauren, sentía su cuerpo sobre el suyo, quería saber si le había hecho daño, pero no podía moverse. Su visión se fue oscureciendo hasta que cayó en la inconsciencia.


NOTAS: aquí tenéis el reencuentro y la aparición de Bo que tanto habéis esperado. Disculpen la tardanza, entiendan que con el estreno de Lost Girl, perdí algo de tiempo. Muchas gracias por vuestros comentarios y por seguir leyendo.