NOTAS: Dice el dicho que más vale tarde que nunca, así que espero que sepan perdonar la tardanza por el nuevo capítulo. Como siempre, agradezco vuestra lectura y sobre todo los comentarios, los necesito mucho, no se imaginan lo importante que son para mí.
Miró a Tamsin comenzar a bajar por las escaleras. Su cabello rubio brillante caía ondulado sobre sus hombros y se movía grácilmente con cada paso que daba. La valquiria llevaba una camiseta blanca sin mangas ajustada que marcaba su figura y unos pantalones oscuros que se ceñían a sus piernas. De pronto, sus ojos verdes se encontraron con los suyos y Kenzi tuvo la urgencia de mover su vista hacia otra parte, sintiendo el rubor venir a sus mejillas.
Tamsin pasó por detrás de la morena, dejando que uno de sus dedos cruzara la espalda de la gótica de lado a lado, haciendo a la delgada mujer dar un brinco sobre la silla donde estaba sentada. Cuando se apoyó sobre la superficie de la mesa, al lado de ella, Kenzi dirigió una mirada incómoda hacia el frente, esquivando los ojos verdes que la observaban con insistencia. La fae se sentó en la silla más cercana dejando salir un suspiro y dirigió su atención hacia Lauren, que estaba colocando dos platos con tostadas sobre la mesa. La doctora también guardaba silencio y trataba de no cruzar la vista con la suya. Ante ese panorama, la valquiria decidió levantarse, pero en cuanto se puso de pie, Bo comenzó a bajar por las escaleras y todas las miradas se dirigieron a ella.
La súcubo se detuvo a mitad de camino cuando se percató de la presencia de Kenzi. Ambas se quedaron mirando durante unos segundos. Un silencio cortante envolvió el espacio.
—¿Bo? —masculló Kenzi a media voz.
A continuación, la fae bajó los escalones a trompicones, saltándolos de dos en dos, y la otra corrió hasta ella. Las dos se fundieron en un abrazo emotivo. Para ambas fue imposible pronunciar cualquier palabra, pero tampoco las necesitaban, era más que evidente que aquel tiempo en el que no habían estado juntas había sido insoportable. Bo acarició el pelo de Kenzi tratando de apaciguar los sollozos que salían por la garganta de la gótica. La súcubo no pudo retener las lágrimas que humedecieron sus ojos casi al mismo instante que sintió el pequeño cuerpo de su amiga entre sus brazos.
—¿Tanto amor no os dan ganar de vomitar o soy solo yo? —dijo alguien de pronto.
Bo levantó la vista hacia la fuente de la voz y su corazón dio un vuelco cuando vio el rostro de Evony.
—¿Qué diablos hace ella aquí? —preguntó la súcubo separándose ligeramente de Kenzi.
—Puedes ser un poco más agradecida, salvé tu molesto culo —le contestó.
—Es una larga historia —intervino Tamsin—. Pero ella ya se va —concluyó tomando a Evony de un brazo.
—¿Ahora que empezaba la diversión? —protestó la leanan sídhe con tono de fingida molestia.
—Vámonos —insistió la valquiria empujándola hacia la salida.
Bo buscó una respuesta en la mirada de Lauren, pero la doctora seguía inmersa en su tarea de preparar la mesa para el desayuno. Entonces, miró a Kenzi que seguía entre sus brazos con el rostro emocionado. La súcubo se separó de su amiga algo molesta. En verdad, no sabía si estaba más confusa que molesta.
—Bo-bo, ven vamos a comer algo —la invitó Kenzi tomándola de la mano y llevándola a la mesa para que se sentara.
—¿Qué pasó? —preguntó la fae tomando asiento.
—Dímelo tú, cariño, de pronto apareciste en aquella iglesia y se armó la 3ª Guerra Mundial —le respondió Kenzi sentándose en la silla contigua a la de ella.
Bo ignoró el comentario de su amiga y siguió los movimientos de Lauren por la cocina mientras traía unos botes de mermelada para las tostadas. La doctora trataba de no mirarla, pero la fae sabía que estaba pensando en algo aunque no lo dijera.
—¿Te curaste? —acertó a decir la rubia evitando que sus ojos se cruzaran con los de Bo.
—Supongo —titubeó la súcubo—. Quiero decir, no recuerdo qué pasó anoche, pero estoy bien.
Lauren bordeó la mesa y se acercó hasta Bo sin mirarla a la cara. La fae sintió cierta desesperación al no recibir la atención de sus ojos.
—Quizá solo estabas muy cansada y por eso no lo recuerdas —dijo la doctora levantándole la camisa para examinarle el vientre—. No hay rastro de tus heridas, supongo que Tamsin hizo un buen trabajo.
En ese momento, los ojos de Lauren se elevaron hasta los de Bo y la súcubo sintió que esa mirada se clavó como un arma hiriente en su pecho, pero no había rastro de molestia en ella. En el silencio que se formó, la súcubo escuchó a Kenzi aclararse la garganta y vio de reojo cómo se movió inquieta sobre su silla.
—¿Qué demonios hacía Evony aquí? —preguntó súbitamente Bo.
—Ayudó en tu rescate, parece que Tamsin la persuadió de alguna manera. No sé qué pasó, estuve inconsciente la mayor parte del tiempo —le respondió Lauren volviendo al otro lado de la mesa.
—Lauren, siento haberme alimentado de ti —dijo la súcubo inmediatamente.
—Bo, lo necesitabas, estabas muy mal —le contestó la doctora mirándola fijamente.
—No me permito alimentarme de ti. Jamás. Podría haberte matado —le dijo seriamente.
—Si no te hubieras alimentado de ella, no habríamos podido salvarte, Bo-bo. Y ahora olvidemos ese tema, todo salió bien. Tenemos que ocuparnos de otras cosas —intervino Kenzi.
Lauren solo asintió ante el comentario de la gótica. Otro silencio se formó entre las tres, pero Bo lo rompió rápidamente con otra pregunta:
—¿Dónde estamos?
La doctora hizo un ademán de contestar, pero Kenzi se adelantó a ella, no quería que la rubia contara más de lo necesario, Bo todavía no necesitaba saber sobre sus poderes faes:
—Es una casa que nos proporcionó Vex, él ahora es el nuevo Morrigan.
—Vaya, tenéis demasiado que contarme —exclamó Bo tomando una tostada del plato de la mesa.
—Mucho —añadió Lauren llevándose un vaso de zumo a la boca.
—Bueno, ¿qué haremos ahora, Lo? —inquirió Kenzi tratando de cambiar el tema de conversación.
—Tengo que irme de aquí antes de que la Ash pienses que estás involucrada, Kenzi.
—¿Involucrada en qué? ¿Qué está pasando aquí? —preguntó preocupada Bo.
—Tamsin medio secuestró a Lauren y ahora la Ash busca a ambas —le respondió su amiga tras un largo suspiro.
—¿Cómo? —dijo la súcubo poniéndose en pie.
—Esa sí que es una larga historia —comentó la doctora con pesar.
—Ya te hablaremos de eso, ahora tenemos que encontrar algún lugar seguro para Lauren —habló Kenzi dirigiéndose a Bo.
—Claro, por supuesto —le contestó la fae.
—Bo, no hace falta que os preocupéis por mí, yo puedo…
—No, no pienso dejarte sola de nuevo, ni lo sueñes —interrumpió Bo a Lauren.
—Pero… —se quejó la humana.
—Doc, no vamos a dejar que nadie te ponga una mano encima, ¿verdad, Bo? —intervino Kenzi.
Bo bordeó la mesa y llegó hasta el lado de Lauren. La doctora la miró detenidamente mientras la fae le agarraba una de las manos y la sostenía entre las suyas. La súcubo mantuvo la mirada allí y luego la subió hasta sus ojos color avellana.
—Iremos al Dal, le diré a Trick que nos acoja allí, puede que no lo haga por ti pero va a tener que hacerlo por mí y no quiero que digas nada, no voy a dejar que los faes vuelvan a ponerte una mano encima. Ya has sido su esclava el tiempo suficiente.
—Bo, piensa con calma, esto puede provocar un conflicto serio. Yo soy la primera que quiere librarse de los faes, pero tenemos que ser inteligentes —la advirtió Lauren.
—Escúchame —le respondió la súcubo tomando su mano con más fuerza—, haré lo que sea necesario y si provoca algún conflicto, estaré más que encantada de empezar una maldita guerra por ti.
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La mañana era oscura. Había humedad en el ambiente y el cielo estaba totalmente cubierto. Las calles estaban casi vacías, al menos, en el camino que había elegido Tamsin. Ella y Evony caminaron en silencio durante el trayecto hasta el lugar donde venían a recoger a la leanan sídhe, algunas calles más allá del piso donde estaban hace unos minutos. Durante ese tiempo, la valquiria pudo pensar en algunas cosas: sabía que no le iba a bastar con la Marca de Hela para mantener a Evony bajo su control y solo había un gran secreto que ella escondía.
—Así que… —comenzó a decir la rubia.
—¿Qué? —le preguntó con malas formas la morena.
—Es Lauren.
Tamsin observó el rostro de Evony buscando la respuesta en sus gestos, pero la mujer mantuvo el mismo semblante que antes.
—¿De qué estás hablando? —inquirió la leanan sídhe con confusión.
La valquiria la siguió examinando con cuidado, pero aún sus gestos no le decían nada, así que continuó hablando:
—Sé que tu influencia fue lo que hizo que los ancianos de las Sombras quisieran que yo salvara la vida de Lauren, si hubiera sido solo por Vex, seguramente los ancianos no habrían estado tan convencidos. Además, si no me hubieras contado nada sobre el acuerdo tuyo con Aela, nunca podría haber intimidado a la Ash para salvar a Lauren.
—Cariño, eso fue solo por negocios y estás olvidando la parte donde la vendí a Aela —le contestó de forma arrogante la otra.
—Quizá tenías miedo de que se supiera la verdad —dijo Tamsin con petulancia—. Conozco tu historia, Evony, recuerda que un día compartimos recuerdos cuando te salvé la vida. Sé que Lauren es ella, así que te pregunto: ¿vas a seguir tratando de vengarte de la súcubo después de ver con tus propios ojos lo que le importa a Lauren?
Evony comenzó a reír enérgicamente, pero la valquiria permaneció firme, sin apartar la vista de ella.
—Tú eres el peor ejemplo para hablar sobre el amor, querida —se burló la morena—, pero Bo puede esperar, tengo otros asuntos más importantes que atender. —Evony dejó de reír y miró con seriedad a Tamsin—. Y tú deja de jugar conmigo, ya has jugado bastante.
—¿Así que no vas a decirle nada a Lauren? —insistió la valquiria.
—No tengo que decirle nada a esa humana y tú tampoco —le contestó molesta Evony.
La llegada de la limusina de la morena interrumpió la conversación. La leanan sídhe apartó la vista de la rubia y la dirigió hacia el coche, que se detuvo cerca de ella. Se acercó a él lentamente y abrió la puerta trasera. Antes de subir, volvió a mirar hacia Tamsin, que permanecía inmóvil, con los brazos cruzados sobre su pecho.
—Nunca vuelvas a hablar sobre esto, por tu bien y por el de los demás —le dijo casi en un susurro.
Con esas palabras, Evony se subió al vehículo, y en cuanto cerró la puerta, éste arrancó y se alejó de allí.
La fae se acomodó en el asiento y dirigió su mirada a su acompañante que se encontraba sentada frente a ella.
—¿Te gusta? —le preguntó Evony.
—Soy súcubo, estoy acostumbrada a los lujos —le respondió con la mirada perdida tras el cristal—. ¿Sabe Bo que…?
—No, nadie le ha dicho nada.
—Bien, así no tratará de buscarme e interrumpir mis planes.
Aife dirigió su mirada a los ojos oscuros de la leanan sídhe, que la miraba con una sonrisa, que más que de felicidad era de arrogancia.
—Empezamos de la peor manera tú y yo —le dijo Evony con tono divertido—, pero ahora estoy realmente interesada en ayudarte, si tú me ayudas, claro.
—Me ayudaste a salvar a mi hija, aun si esa valquiria tuvo que amenazarte, pero lo tomaré como un favor.
—Bueno, si tú te encargas de lo que me prometiste, podemos hablar tranquilamente de todo lo que quieras y necesites.
La súcubo asintió tomando una de las botellas de cava que había en la limusina. Sin el permiso de Evony, se sirvió una copa y bebió un trago de ella antes de hablar:
—Te dije que tenía muchos amigos y parte de esos amigos estarían dispuestos a hacer lo que les pida y más si es cobrarse una venganza. Esta noche estará todo listo.
Evony dejó salir una carcajada encantada por oír sus palabras.
—Si es verdad, puede que se me olvide esa parte donde me secuestraste y me esclavizaste.
—Me gusta darle a las cosas un toque de dramatismo, qué puedo decir, mea culpa —dijo Aife alzando las manos.
—Bueno, querida, empieza a demostrarme que podemos llevarnos bien poniéndote cómoda y hablándome de ese Rey Sangriento.
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Vex miró orgulloso a toda la gente que bailaba, bebía y se divertía en el Carpe Noctem. Ahora que era el Morrigan, sus negocios marchaban más que bien. Un punto a favor entre todo el estrés y trabajo que ese puesto le estaba generando.
—Necesito salir afuera un rato —le dijo a su guardaespaldas.
—Te acompañaré —le respondió el corpulento hombre, tratando que su voz se escuchara por encima de la música.
—Por favor, soy el último mesmer, estaré bien. ¿Podrás estar cinco minutos sin mí, amorcito? —le dijo dando golpecitos sobre el pecho del hombre con la palma de su mano.
El guardaespaldas suspiró resignado, dejando ir a Vex.
El mesmer se escurrió por una de las salidas de emergencia que daban a un callejón vacío, excepto por la presencia de una mujer que estaba apoyada sobre una pared fumando. Vex se acercó a ella lentamente. La extraña llevaba un largo abrigo oscuro, casi tan negro como el pelo liso que caía sobre sus hombros. Cuando el fae estuvo a cierta distancia de ella, la mujer dejó caer el cigarro al suelo y lo apagó pisándolo con un pie. Seguidamente, se puso unos guantes de piel negro y dirigió la mirada a Vex.
—¿Tienes uno de esos para mí? —le preguntó él.
Ella solo asintió y rápidamente le ofreció uno. Vex se lo llevó a la boca y palpó sus bolsillos buscando algo.
—Disculpa de nuevo —se dirigió a ella otra vez—, ¿tienes fuego?
En el rostro de la mujer de pelo negro se dibujó media sonrisa mientras le ofrecía un mechero. Vex agarró el artefacto y encendió el cigarro. Luego, se lo devolvió y ella lo guardó en uno de los bolsillos de su abrigo.
—Es una noche excelente —comenzó a hablar el mesmer mientras miraba hacia el cielo—, ¿por qué una mujer como tú está aquí sola en vez de estar disfrutando de la música ahí dentro?
—Necesitaba un respiro —le contestó simplemente.
El fae la observó con detenimiento, había algo familiar en su rostro, pero no lograba situar dónde había visto esa cara antes.
—¿Nos conocemos? —dijo Vex sujetando el cigarro entre sus labios.
—Yo nunca he dejado de pensar en ti —le respondió la mujer con un semblante frío y serio.
—Perdona mi mala memoria, pero es que pasan muchas mujeres por mi vida últimamente.
Vex se detuvo un momento para dejar salir una bocanada de humo. Seguidamente, dio una larga calada al cigarro sin dejar de mirar los ojos oscuros de la mujer. Sintió un pequeño calambre cuando movió sus dedos, pero no le dio importancia
—Quizá recuerdes a Lucas, Jacob y Cody —dijo ella después de un breve silencio.
—Esos nombres no me suenan de nada, lo siento.
El mesmer comenzó a sentir las manos entumecidas, pero no le dio tiempo a pensar en ello, ya que la mujer volvió a hablar:
—Lo entiendo, no te preocupes —le dijo perdiendo la vista en el suelo—. Posiblemente recuerdes con más claridad que ellos eran los hijos que me obligaste a matar con mis propias manos, bastardo.
El cigarro del fae cayó de su boca al suelo al mismo tiempo que la mirada de la mujer se fijaba en sus ojos. Vex levantó la mano derecha rápidamente, pero los calambres no le dejaron hacer nada; también lo intentó con la izquierda, pero ambas manos estaban entumecidas y apenas podía moverlas.
—¿Qué me has hecho, zorra?
—Fue el mechero, tenía un producto impregnado que paraliza los músculos temporalmente, así que no puedes usar tus poderes —le respondió con media sonrisa.
—¡Maldita zorra! —gritó Vex—. Tú… tú deberías estar muerta.
—El Rey Sangriento me salvó y me mantuve oculta durante este tiempo, pero ojalá hubiera muerto de verdad, no estaría viviendo esta maldita tortura. Pensé en suicidarme, pero alguien me dio una idea mejor.
—Estaba cumpliendo órdenes, Lou Ann, tú sabes cómo funciona esto, no tenía otra opción, fuiste tú la que rompiste las normas al estar con ese humano.
—Ah, ¿ahora sí me recuerdas? —dijo ella casi riendo.
No hubo más conversación. Vex trató de correr, pero ella sacó con más rapidez la pistola de debajo de su abrigo. El disparo resonó por el callejón, y posiblemente se escuchó por todo el vecindario, pero ella no se fue de allí hasta que vio al fae caer pesadamente al suelo con un agujero en la cabeza.
Lou Ann no sintió confort después de hacerlo, pero al menos la muerte de sus hijos estaba vengada. Guardó el arma bajo su abrigo de nuevo y sacó un teléfono móvil mientras caminaba rápidamente hacia la salida del callejón. Marcó un número y se llevó el aparato a la oreja. En cuanto obtuvo respuesta al otro lado, dijo simplemente:
—El mesmer está muerto.
NOTAS: Sé que este final es un poco impopular y algo chocante, espero leer vuestras opiniones al respecto.
Respondiendo a saranunu, dejo la información aquí por si a alguien le interesa:
Tenía pensado acabar en 30 capítulos, pero decidí añadir más cosas, y como ven está lejos de terminar. No sé cuánto le quedara, pero todavía queda. Eso sí, el destino de la mayoría de los personajes está ya decidido y el final de la historia está escrito (de hecho, era una de las cosas que pensé antes de ni siquiera empezar a escribir esta historia).
