NOTAS: Va a ser una introducción un poco larga, aviso. En primer lugar, este capítulo en principio solo iba ser una escena del capítulo que iba a publicar porque he tenido poco tiempo para escribir y hacía más días de la cuenta que no actualizaba (últimas semanas del cuatrimestre en la universidad, espero que lo entiendan), luego quise añadirle al menos un final interesante, pero me pareció que con lo que habíais esperado por mi actualización, el capítulo en sí era una estafa, así que al final decidí poner muchas cosas que se suponían que iban a pasar mucho más adelante y me quedó un capítulo bastante largo.
En definitiva, este capítulo es casi un regalo (ya que estamos en fechas navideñas, pues aprovecho) por haber seguido leyéndome hasta aquí (y también una disculpa por la tardanza por no poder actualizar antes, de verás que no me gusta que pasen los días y no poder actualizar). Esto lo hago porque me gusta y por mera diversión, pero sigo actualizando por ustedes. Así que les agradezco de todo corazón que me hayáis acompañado hasta aquí y espero que me acompañéis hasta el final. La compensación por haber sufrido está cerca... Espero ansiosa los comentarios sobre este capítulo.
PS: hay un diálogo que quitaron en la serie (capítulo 3x01) y quise ponerlo porque me pareció un delito que lo quitaran.
Bo sintió la súbita necesidad de llenar sus pulmones de aire mientras profería un grito agudo que la sacó de su sueño. La súcubo se sentó sobre la cama totalmente desorientada, con el corazón golpeando su pecho ferozmente y su respiración acelerada. Una fina capa de sudor cubría su piel y su cuerpo comenzó a temblar ligeramente sintiendo extraños escalofríos recorrerla de arriba a abajo.
—¿Bo? —dijo Lauren desde su cama, al otro lado de la habitación.
El cuarto se llenó de luz y la doctora se acercó hasta ella con rapidez.
—¡Estás helada! —exclamó la humana cuando puso las manos sobre los hombros de ella—. ¿Me oyes?
Bo parpadeó varias veces y dirigió su mirada hacia los ojos color avellana que la miraban con preocupación. Lauren se sentó en el borde de la cama, apoyando sus manos en el cuello de la súcubo, frunciendo el ceño mientras esperaba una respuesta. La fae se aclaró la garganta y tomó aire insegura.
—¿Fue un sueño? —preguntó la doctora en voz baja.
La morena echó un rápido vistazo a la habitación en la que estaban, como si necesitara comprobar que no había nadie, lo cual le resultó estúpido porque Trick protegía bien aquel lugar. Bo sintió que las pulsaciones y la respiración empezaban a volver a la normalidad.
—Más como una pesadilla —le respondió por fin.
Por el rostro de Lauren cruzó una breve sonrisa que volvió a acelerar el corazón de la súcubo.
—Te has despertado estas tres noches así.
—Lo sé y estoy empezando a preocuparme.
—Puede ser una simple casualidad.
—No lo creo —dijo Bo bajando la vista hacia las sábanas.
—¿Por qué dices eso?
—Siempre sueño lo mismo y es el mismo sueño que tuve la noche que me curé con Tamsin, de hecho es lo único que recuerdo de esa noche.
La súcubo levantó la vista hacia los ojos de la doctora y se encontró un rostro lleno de dudas y preocupación.
—Puede ser un efecto de viajar desde otro plano a este —dijo Lauren insegura—. No lo sé.
—Puede ser —le respondió la otra llevándose las manos a las sienes.
—¿Qué pasó con Dyson en ese sitio?
—Creo que él sigue allí o eso espero. No sé cómo vamos sacarlo de allí.
—Encontraremos una forma, es lo que siempre hacemos —trató de tranquilizarla Lauren con una sonrisa.
—Sí, lo haremos —dijo Bo después de un largo suspiro—. No quiero que te preocupes por mis pesadillas, pero quería comentártelo, no quiero volver a ocultarte estas cosas como cuando ocurrió lo de mi Amanecer.
La humana retiró las manos de la nuca de Bo y las llevó hasta sus propias rodillas.
—¿Qué pasa? —preguntó la súcubo observando la inquietud en su mirada.
Lauren dudó un momento, habían pasado tres días juntas y tenían miles de cosas de las que hablar, pero no habían hablado de casi nada.
—Con todo lo que me ha pasado estos meses, he tenido mucho tiempo para pensar en muchas cosas —habló Lauren con la vista fija en el suelo de la habitación—, pero sobre todo en nosotras. Somos muy diferentes y no sé cómo acabamos juntas o cómo puedes mirarme a la cara después de todo las veces que te he hecho daño.
—Me has dado más felicidad que dolor, Lauren, y eso lo compensa todo. No quiero que te culpes por cosas del pasado. Sé que por mi parte no he sido la novia del año.
La humana levantó la vista tímidamente hacia Bo con el corazón golpeando fuertemente dentro de su pecho. Entrelazó sus dedos, jugando con ellos, insegura de si debía seguir hablando o no.
—Pero te mereces conocer todo sobre mí y no quiero ser injusta contigo —dijo finalmente.
—Bueno —habló pausadamente Bo—, si quieres contarme lo que sea, no voy a irme a ningún sitio. Estaré aquí escuchándote como siempre estuviste tú cuando te hablaba de mis días de súcubo salvaje, en aquel tiempo cuando me ayudabas a controlar mi hambre, ¿recuerdas?
—¡Cómo olvidarlo! —exclamó la doctora con una sonrisa nerviosa en su rostro.
Lauren llenó sus pulmones de aire y luego lo exhaló lentamente. Su corazón se había acelerado aún más y su respiración se volvió irregular. La humana miró vagamente a Bo, la súcubo le devolvió una sonrisa que solo provocó ponerla más nerviosa.
—Pensé que podía borrar lo peor de mí y enterrarlo para siempre —comenzó a hablar Lauren con la voz temblorosa—. Creí que si empezaba de nuevo, que si me daba otra oportunidad, podría ser diferente, podría perdonarme, podría vivir. Y así fue. Huí de mi pasado, de mi vida, cambié mi nombre y dejé a todos los que quería y conocía atrás. —La humana se detuvo durante unos segundos, incapaz de mirar a los ojos de Bo, que escuchaba en silencio su relato—. Me convertí en Lauren Lewis, la mujer que se suponía que debí ser desde un principio. Estudié en Yale, me doctoré en genética y criptozoología, me dediqué de lleno a mi vocación, a satisfacer mis pequeños deseos con aquellas cosas que me gustaban y traté de enmendar mis errores. Me centré en la investigación, lo que me obligó a viajar por todo el mundo, y en uno de esos viajes conocí a Nadia, quien se convirtió en mi compañera durante algunos años, hasta que decidí ir al Congo, me encontré con los faes… Ya conoces el resto de la historia.
Bo fue testigo de la lucha interna que libraba Lauren en aquel momento, en las facciones de su rostro se dibujaban con facilidad cada una de las emociones que cruzaban por su interior, y la súcubo prefirió guardar silencio. Lauren siguió hablando con mucha dificultad:
—Después de la sentencia de muerte a la que me sometieron los faes, la Ash manteniéndome prisionera, tu desaparición y todo el resto de locuras que han ocurrido estos últimos años, llegué a sentirme como aquella vez que tuve que huir, pero había algo diferente esta vez… —Lauren tragó saliva, su garganta de pronto se había secado y algunas palabras se negaban a salir—. Bo, no te imaginas lo que has cambiado mi vida y lo importante que has sido para ella.
Con esas palabras, las manos de la humana se aferraron sobre las sábanas con fuerza, alejándose tímidamente de la súcubo, apartando la mirada de sus ojos oscuros. Lauren sintió terror por revelarle el resto de la historia, pero ya había empezado y Bo no se conformaría con escucharla a medias, y ella misma necesitaba desahogarse con alguien después de tantos años de silencio. Si no era la fae esa persona en la que podía confiar su pasado más oscuro, no había nadie más en la Tierra.
—Mi nombre de nacimiento es Karen Beattie —dijo sin atreverse a mirar a Bo—. Nací en una familia acomodada, con toda clase de lujos. Mi padre murió cuando tenía quince años y me nombró heredera de sus bienes. Eso provocó que mi madre y mis dos hermanos me odiaran aún más. Yo era la rara de la familia, no era la dama que todos esperaban, pero siempre fui el ojito derecho de mi padre, eso despertó celos por parte de ellos. Años después descubrí que posiblemente me odiaran porque era la hija bastarda de mi padre. Nunca pude confirmar enteramente si era cierto o si mi madre biológica seguía viva, mi padre murió repentinamente y jamás me dijo nada, luego, tuve que dejar toda mi vida atrás y más tarde llegaron los faes, así que quizá dejó de importarme eso.
»Cuando cumplí los dieciocho años y pude disfrutar de toda mi fortuna, decidí que mi vida sería más útil si ayudaba a gente que lo necesitaba. Nunca estuve segura de si fue una idea mía o simplemente de aquella media novia que tenía en aquella época, Rebeca. De todas formas, viajé a Afganistán, donde recibí entrenamiento militar. En principio, solo éramos voluntarios que íbamos a una de las zonas más conflictivas del país, pero quizá nos involucramos demasiado con los pesares de los habitantes de aquel sitio y acabamos participando en revueltas y protestas. —En ese momento, los ojos de Lauren se humedecieron y su voz se quebró—. Las cosas se pusieron muy feas un día, unos encapuchados entraron en el campamento y mataron a varias personas, al resto nos secuestraron. Estuve algunos días encerrada en un zulo, con apenas comida y agua…
La doctora calló unos instantes, incapaz de seguir hablando sin echarse a llorar. Bo permaneció en silencio, alucinada con toda la historia que le estaba contando y, aunque sentía un ardor insoportable en su pecho al escuchar la tristeza que emanaba de las palabras de Lauren, estaba agradecida y en parte contenta de que por fin ella le confiara sus secretos y su pasado. La súcubo quiso tranquilizarla y hacerle saber que estaba a su lado sin importar el final, así que se aproximó más a ella y tomó con fuerza las manos de la doctora entre las suyas. La humana levantó su rostro encontrándose con la cercana mirada de Bo que le brindaba apoyo. A pesar de ello, fue inevitable que una lágrima solitaria cruzara su mejilla, señal del dolor que le producía pensar en un pasado que creía superado. Lauren tomó aire de nuevo y agradeció el silencio con el que la acompañó la fae en aquel momento.
—Después de algunos días —continuó su relato la doctora—, el equipo de rescate vino, pero las cosas no hicieron sino empeorar. Ese día maté a varias personas, algunos eran terroristas, otros solo pobres inocentes que estaban en el lugar equivocado. No sé qué pasó después, solo que, de alguna forma, fui acusada de muchas cosas terribles y tenía una orden internacional de busca y captura. Yo… Simplemente huí, utilicé la mayoría del dinero de mi herencia para correr y dejarlo todo atrás, para comenzar una vida nueva, mejor que la anterior, pensé ignorante. Juré que jamás volvería a hacer nada de lo que hice allí: involucrarme en cualquier tipo de violencia, volver a agarrar un arma entre mis manos… Entonces, Isaac Taft apareció con los papeles de mi antigua identidad, en mi momento de mayor debilidad, y sentí terror, quise huir de nuevo.
—Lauren —intervino por fin la súcubo—, Kenzi me contó todo lo que hiciste para arreglar el desastre de Taft, cómo salvaste a todo el mundo, incluso a esos faes que te han mantenido cautiva tantos años.
—Eso no quita que quise huir de todo, incluso de ti, como una cobarde. Lo siento mucho, Bo —acabó de decir rompiendo a llorar.
La fae la observó consternada por todo lo que le había dicho, pero era tan similar a su vida misma que le resultaba imposible no comprenderla. Ella también había matado a gente inocente, tenía una lista larga de pobres desgraciados que se habían cruzado en su vida en los momentos más inoportunos, y tuvo que huir dejando todo atrás, con una nueva identidad, creando una nueva vida varias veces. Ella era conocedora de la desesperación de recordar un pasado así, lo había vivido en sus propias carnes. También se estremecía tratando de imaginar lo que había tenido que pasar después con los faes, ni siquiera quería pensar en la historia de Nadia, un nudo se apoderaba de la boca de su estómago cuando evocaba ese nombre. Pero pese a todo, Bo conocía a Lauren, sabía la bondad que había en su corazón, lo que se esforzaba por luchar, lo que había arriesgado siempre por ayudarla; casi tembló al recordar su aparición en aquella iglesia, portando un arma en sus manos, enfrentando a todos sus terrores, rompiendo todas sus promesas solo para protegerla.
La fae no dudó en acercarse hasta Lauren y bordearla entre sus brazos, dejando caer el rostro sobre su hombro. Enseguida sintió las manos de la doctora aferrarse a su espalda mientras su llanto se volvió silencioso.
—Ha pasado mucho tiempo de eso —le susurró la súcubo dulcemente—. La persona que eras en ese entonces es diferente a la persona que eres ahora, y la persona que eres, es totalmente maravillosa.
—Eso lo dices porque…
—Porque lo sé —la interrumpió Bo—, porque te conozco y porque lo he visto.
La única respuesta que pudo darle la humana fue un incremento en la intensidad del abrazo. Las manos de Lauren se aferraron con fuerza, juntando sus cuerpos en un silencio que solo era perturbado por la respiración irregular de la humana.
Mechones rubios cayeron sobre la nariz de Bo, impregnándola del agradable aroma que emanaba de su pelo. La súcubo acarició con su cachete el rostro de Lauren y sintió un suave beso sobre su mejilla como respuesta.
—Gracias por confiar en mí, Lauren.
La humana permaneció sin decir nada y con los ojos cerrados, sintiendo la cercanía de Bo y cómo su tacto iba calmando poco a poco sus nervios. Hacía tanto tiempo que no sentía su cuerpo tan cerca, que el encontrarse entre sus brazos en aquel momento le parecía irreal, pero ella estaba allí de verdad. No pensó en más nada, la rubia se estremeció cuando sintió los labios de Bo presionar ligeramente la piel de su hombro. Lauren se irguió al sentir sus besos subir. Los dientes de la súcubo rozaron levemente su piel en su trayecto de subida y el aliento caliente que salió de su boca golpeó el cuello de la doctora dejando salir un tímido suspiro entre sus labios.
—Bo —fue lo único coherente que pudo pronunciar.
—¿Quieres que pare? —susurró la morena en su oído.
Lauren mezcló sus manos entre el pelo negro de la fae, acercándola más a ella. Bo sonrió ante su respuesta y la empujó hacia abajo, acostándola sobre la cama. Se miraron durante un segundo, embargadas por las emociones, por la añoranza y por el deseo. La súcubo pasó sus manos por las mejillas de la humana, limpiando todo rastro de lágrimas en su rostro. Lauren colocó las suyas detrás de la nuca de Bo y guió su boca al encuentro de la de ella. Sus labios se rozaron levemente al principio y volvieron a juntarse nuevamente en un encuentro más largo que fue sumergiéndose en una mayor profundidad. Cuando la necesidad de buscar aire separó sus bocas, ambas se miraron en silencio. Sus miradas quedaron atrapadas al igual que lo hicieron sus labios hacía tan solo unos instantes.
—Te he echado muchísimo de menos —murmuró Lauren con dificultad.
—Yo también —le respondió Bo con una sonrisa en su boca.
—¿Y qué vamos a hacer? —logró decir la rubia tratando de no ahogarse con su respiración acelerada.
—¿A qué te refieres?
—A nosotras.
Bo estudió los ojos de Lauren y todos los gestos en su rostro, tratando de descifrar sus emociones, pero no le revelaron nada concluyente.
—Quiero intentarlo de nuevo —le dijo la súcubo con el rostro serio—. Ya sé que no nos fue muy bien la primera vez, lo último que quiero es hacerte sufrir, por eso creo que es importante lo que tú quieras también.
—Yo quiero estar contigo, pero soy realista y sé que yo soy humana y tú eres fae.
—¿Y? No me importa lo que seas, simplemente necesito que seas mía.
Lauren tragó saliva y en su rostro se dibujó una sonrisa melancólica que deseaba que solo con el deseo de ambas todo lo que las separaba se esfumara.
—Pero las dos sabemos perfectamente lo que eso significa para nosotras —dijo después de un rato con pesar.
—Mira, el tiempo que estuve en Helheim, viví muchas experiencias aterradoras, que si bien eran irreales, me revelaron muchas cosas acerca de mí y de mis sentimientos. —Bo observó un momento a Lauren desde su posición y sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando una mano de la humana se acercó para acariciar su rostro—. Tú eres la persona con la que quiero estar y haré cualquier cosa para poder estar contigo, pero soy consciente de cómo acabamos la última vez y no quiero forzarte si no estás preparada.
Lauren suspiró y posó las palmas de sus manos sobre las mejillas de Bo, fijando sus ojos sobre los suyos. Su interior era un remolino de emociones que era incapaz de descifrar. Su mente le decía una cosa, su corazón otra, su mente quería aliviar la angustia de su corazón cuando escucha la razón y entonces sus emociones cedían e incrementaban el alboroto que sentía en su pecho.
—Alguien me dijo que siempre colocamos obstáculos insalvables en nuestras vidas sin entender qué es lo verdaderamente importante —dijo Lauren sin ni siquiera pensar en lo que estaba diciendo—, y me parece loco, idiota e irracional, pero para mí, tú eres eso verdaderamente importante, y te necesito, aunque soy consciente de que tenemos muchos obstáculos entre nosotras.
—Podemos superarlos —le respondió Bo con la mirada emocionada.
—¿Dyson? —le preguntó Lauren insegura.
—Lo quiero, es una parte importante de mi vida, igual que Kenzi o Trick… Pero a ti te amo, y he tenido que ir hasta el infierno para darme cuenta, así que no pienso renunciar a ti tan fácilmente.
—Hemos pasado por muchas cosas en este tiempo y necesito saber que estamos siendo racionales en esto —le dijo la doctora con un tono de voz más agudo debido a las emociones que sentía en ese momento—. No quiero que nos lancemos a algo que nos haga daño.
—Yo creo en nosotras. No dejaré que los faes decidan mi vida y no pienso hacer que mi naturaleza lo haga tampoco. Haré lo que sea para que esto funcione. Te lo juro. Encontraremos la forma, sé que todo está en nuestra contra, pero ¿es mejor rendirnos al miedo y dejar que nos definan los «puede» y los «quizá»?
—No creo que vaya a ser fácil —le dijo Lauren dejando salir un suspiro tratando de aliviar la inquietud de su pecho.
—Lo sé, cariño, lo sé, pero lucharé por nosotras hasta mi último aliento.
—Esto es una locura —dijo Lauren con una sonrisa.
—¿Y eso qué significa?
—Significa… —Lauren cerró brevemente los ojos mientras se daba cuenta que estaba a punto de tirarse de cabeza por un precipicio con gran posibilidad de romperse la crisma, pero creía que valía la pena hacerlo—. Significa que estás tardando demasiado en besarme —acabó de decir casi de carrerilla volviendo la vista hacia el rostro hermoso que se situaba sobre el de ella.
—Y tú en dejarte —susurró aproximándose a sus labios con una sonrisa.
Sus bocas se juntaron con lentitud, pero a medida que se saboreaban, la intensidad del beso fue aumentado frenéticamente. Se unieron jadeos, manos inquietas que exploraban cada forma del cuerpo de la otra. Las piernas de Lauren bordearon la cintura de Bo con urgencia, obligando que sus cuerpos quedaran pegados. La súcubo dejó escapar un sonido de satisfacción cuando sintió el contacto y liberó sus labios para besar su barbilla y seguir por la línea de su mandíbula. La mano izquierda de Lauren se agarró con fuerza entre el pelo negro de la fae cuando Bo llegó a su cuello, succionándole la piel y dejándole suaves caricias con sus dientes y lengua. La humana cerró los ojos sintiendo su cuerpo estremecerse por la forma cuidadosa y a la vez ansiosa con la que la súcubo se movía sobre su piel. Lauren deslizó sus piernas por los laterales de Bo, rindiéndose a ella, y abrió los ojos para observar cómo se movía lentamente hasta la abertura de su camisa. La doctora ladeó su cabeza, pero solo pudo ver su pelo ¿rubio? Las manos de la humana liberaron inmediatamente a Bo y su cara retrocedió ligeramente para observarla mejor. La súcubo elevó su rostro para mirarla, pero Lauren no vio a Bo sino a Tamsin.
—¿Lauren? —dijo la fae extrañada por el brusco movimiento de la doctora.
Ella agitó la cabeza con fuerza de un lado a otro y cuando regresó la atención a la mujer que estaba sobre su cuerpo mirándola estupefacta, solo vio el rostro de Bo.
—¿Estás bien? ¿Te hice algo? —preguntó preocupada la súcubo.
—Solo… —Si hubiera encontrado la forma de explicarle coherentemente lo que había pasado lo habría hecho—. Nada, debo estar cansada.
Ante esa respuesta, Bo se bajó y se acostó al lado de Lauren, mirándola fijamente, flexionando su brazo para apoyar su codo sobre la cama y poder sostener su cabeza.
—Lo siento, es muy temprano, aún ni ha salido el sol, no debería haber empezado esto —le dijo la súcubo con cierta desilusión.
La humana ladeó su cabeza hasta poder observar los ojos marrones oscuros de su compañera. Cuando sus miradas se encontraron, en el rostro de la fae se dibujó una tierna sonrisa. Lauren se colocó de costado y se aproximó más a Bo. La súcubo la observó con curiosidad sin borrar el gesto alegre de su boca. La cara de la rubia permanecía seria y la fae intuía que algo rondaba por su cabeza, no obstante, no le dio tiempo a preguntar, o creyó que no le importaba, cuando sintió la mano de Lauren moverse por el borde de su pantalón y tirar de ellos para poder entrar. El roce tibio contra su piel provocó una oleada intensa de agitación que subió por su cuerpo desde su bajo vientre.
—Lauren… —quiso decir, pero fue interrumpida por un beso hambriento que reclamaba su atención.
Bo no era capaz de luchar cuando la otra mujer se entregaba de esa manera, tampoco quería, deseaba sucumbir y sumergirse en esa espiral de placer y de deseo con la que la tentaba Lauren. Había echado demasiado de menos su boca, su olor, la calidez de su piel, el hambre con la que reclamaba su cuerpo… Dieron varias vueltas por la cama, enredadas la una sobre la otra, quitando la poca ropa que llevaban para dormir, lanzando las prendas lejos, con la única necesidad de descubrir sus cuerpos.
Sentada sobre su amante, bordeando el cuello con sus brazos, hundiendo su cara entre el pelo rubio de ella, Bo sintió su cuerpo esclavo del éxtasis que le provocaba Lauren. Sus caderas se movían demandando más intensidad y ella cumplía todas sus exigencias. Cuando los dedos de Lauren se volvieron a hundir en ella, deslizándose entre su humedad, su cuerpo se movió con brusquedad contra el de la humana y de su boca salió un sonoro gemido que rompió en tenue silencio que las rodeaba.
Lauren echó su cabeza hacia atrás para observar el rostro de su amante. La súcubo dejó salir un ligero gruñido cuando la sintió alejarse levemente y la doctora le respondió con una risa ahogada en un suave jadeo. Los ojos de Bo la miraron completamente azules, llenos de hambre y deseo.
—Lauren… —se le escapó de los labios como un murmullo.
La humana bordeó la cintura de la fae con su mano libre y apoyó el lateral de su cabeza contra la de la súcubo, apretando los dientes, extasiada por sentir la calidez y la humedad que envolvía sus dedos y empapaba su mano, y los sonidos que emitía la morena muy cerca de su oído. Cada movimiento provocaba un tibio roce en sus pieles que estremecía su cuerpo. Lauren sintió la mano de Bo deslizarse por su espalda lentamente, aumentando la palpitación entre sus muslos y haciéndola resoplar. Entonces, una oleada eléctrica recorrió su cuerpo mientras la mano de la fae se acercaba peligrosamente hacia abajo. La intensidad de la sensación fue imposible de manejar para Lauren y acabó clavando los dientes en el hombro de Bo ahogando un gemido contra su piel. La doctora escuchó el grito de la súcubo, pero lejos de molestarse sintió su cuerpo presionar con más fuerza el de ella.
—También puedo hacerte gritar, doctora —escuchó decir a Bo entre susurros.
Otra oleada eléctrica sacudió su cuerpo con más intensidad y sus uñas arañaron la espalda de la súcubo como respuesta, acompañando al sonido gutural que salió por su boca y que se ahogó entre los labios de la fae cuando sus bocas se encontraron con ansiedad.
Lauren pensó que Bo estaba usando sus habilidades de súcubo para llevarla al abismo, pero no le importó lo más mínimo una vez su cuerpo se estremeció contra el de ella y ambas llenaron la habitación de sonoros gemidos cuando alcanzaron el clímax a la vez.
Sus cuerpos colapsaron juntos y cayeron sobre la cama agotados. Bo se acomodó al lado de Lauren, bordeando la cintura de la rubia con su pierna y reposando la cabeza sobre su hombro. La doctora cerró los ojos y dejó que sus dedos delinearan el cuerpo de la súcubo con delicadeza mientras trataba de llenar sus pulmones de aire con bastante dificultad. La morena sonrió al sentir las caricias sobre su piel que poco a poco iban cesando hasta que Lauren se quedó dormida. La morena siguió despierta un poco más, disfrutando en silencio del calor que emanaba la piel de Lauren contra la suya, pero al final, sucumbió a los caprichos de Morfeo y, de nuevo, los sueños que la llevaban atormentando las últimas noches se manifestaron en su cabeza.
«Era un pasillo espacioso, de brillante mármol blanco. Bo caminaba por él portando una pesada espada de cuya punta goteaba un líquido espeso de color rojo. Un olor dulzón y fuerte impregnaba el espacio, pero no perturbaba el paso firme de la súcubo hacia su destino. Había cuerpos tirados por el piso, mujeres de pelo rubio yacían en el suelo, algunas con heridas abiertas y pequeñas mutilaciones, otras se movían débilmente y proferían quejidos de dolor que eran ignorados. La fae observó las salpicaduras de sangre en su propio cuerpo, pero el hecho de saber que estaba cubierta de ella no le molestó. Pronto intuyó que ella había sido quien había provocado toda aquella carnicería.
Al fin atisbó al final del pasillo su destino. Una mujer de pelo rubio se apoyaba sobre la pared con dificultad, tratando de permanecer de pie. Bo corrió a su encuentro y se detuvo a casi un metro de distancia de ella. Unos ojos verdes llenos de terror la miraron y su rostro se tornó de miedo a confusión, no más de la que sintió Bo al reconocer a Tamsin frente a ella.
—¿Qué haces aquí? —preguntó la súcubo.
—Esta es mi casa, ¿qué haces tú aquí? —le respondió la rubia retándola con la mirada.
Bo sintió que era otra persona la que controlaba su cuerpo y, por mucho que trató de oponerse, sus manos agarraron el mango de la espada que portaba y atravesó el pecho de la valquiria con relativa facilidad.»
Tamsin despertó con un grito ahogado, llevándose las manos al pecho que creía herido. Tardó varios segundos en darse cuenta que había sido un sueño, pero no cualquier sueño, era la misma pesadilla que había tenido aquellas últimas tres noches. Apoyó su rostro entre sus manos tratando de borrar las imágenes de sus hermanas valquirias masacradas en el Valhalla. La fae apenas podía respirar con normalidad, su cuerpo temblaba y su corazón corría desbocado en su pecho. Había sido un sueño, quería pensar, pero lo sentía como la más terrible de las realidades que había vivido. Sin embargo, esta vez había sido diferente, Bo estaba también allí y Tamsin no lograba entender qué significaba eso.
