NOTAS: Después de tan larga espera, aquí les traigo un nuevo capítulo. Me ha sido imposible actualizar antes, así que pido mil perdones y agradezco vuestra paciencia. Fueron muchas causas por las que no pude actualizar, pero no les quiero aburrir. Este capítulo es bastante largo por lo que me costó más corregir y seguro que se me pasaron muchos errores, así disculpen. Finalmente he subido el rating del fic a Mature, creo que debería haber estado hace tiempo, van a pasar cosas y creo que lo debo cambiar. Como siempre espero que disfruten de la lectura y me hagan saber qué les pareció.


Los vasos chocaron de nuevo con la euforia del momento, que se incrementaba por el alcohol ya consumido. Bo y Kenzi lamieron la sal de sus manos, regresaron de nuevo los recipientes a sus respectivas bocas, se apresuraron en verter toda la bebida en su interior y seguidamente mordieron la rodaja de limón. La súcubo escuchó a su amiga gritar en satisfacción a su lado, mientras se agarraba a la madera de la barra para no caerse al suelo.

─¡Lo echaba de menos! ─exclamó Bo balanceándose sobre el taburete─. Tú, yo, una ronda de tequilas... ─La fae bordeó los hombros de su mejor amiga con un brazo sin apartar la mirada de ella─. Especialmente a ti.

─Si me vuelves a dejar sola, no habrá ronda de tequilas tan grande en la Tierra para compensarlo ─advirtió la gótica arrastrando las palabras con dificultad y pasando la lengua entre sus labios para humedecerlos.

─Te quiero mucho, mucho, mucho ─dijo Bo mientras abrazaba dulcemente a Kenzi y besaba sin parar su mejilla─. Por cierto —volvió a decir echando la cabeza hacia atrás para poder mirar a su amiga—, ¿qué estabas diciendo antes? ─preguntó liberando a Kenzi y volviendo a sentarse correctamente sobre su asiento.

─Mi nuevo apartamento ─contestó la otra con molestia fingida mientras se pasaba la mano por el cachete donde Bo había dejado sus besos─. Se lo dejaré a Tamsin porque pienso volver contigo a nuestra casa y no hay discusión que valga porque de ti no me vuelve a separar nadie. Capisce?

─Ah, sí, algo de eso… ─recordó Bo girando sobre su taburete graciosamente mientras observaba a la gente del Dal─. Sobre Tamsin, ¿hablaste con ella al final?

Kenzi se llevó la mano a la boca y giró su cabeza al lado contrario a Bo para poder ocultar la reacción de su rostro. Cuando las imágenes de su "conversación" con Tamsin volvieron a su mente, sus mejillas no tardaron en enrojecerse. No importaba el alcohol que portara su sangre, su cuerpo se estremeció recordando el encuentro.

¿Qué habría pasado si aquel teléfono no hubiera sonado? Con esa simple pregunta rondando por su cabeza, su corazón se aceleró, inquieto por aquella situación. Kenzi jamás podría estar en el mismo espacio en el que estuviera la valquiria. No, no podía volver a cruzarse con ella, ¿qué iba a pensar de ella? Prácticamente, salió corriendo de allí. ¿Cómo iba a hablarle después de lo ocurrido? ¿Qué explicación le iba a dar? Y, ¿en qué demonios estaba pensando para seguirle el juego? Sus ojos azules se movieron hacia Bo, que se había quedado mirando hacia ella, intrigada por su silencio. Tenía que decir algo, cualquier cosa, Bo no podía sospechar.

─Bien ─dijo y seguidamente se aclaró la garganta─. Quiero decir, creo que bien. ─Volvió a aclararse la garganta─. Ya sabes que Tamsin no es de muchas conversaciones...

«No, precisamente hablar no hablamos mucho…» sus mejillas se encendieron más. «No es momento de hacer bromas de eso, Kenzi», se regañó a sí misma mientras trataba por todos los medios de que Bo no se diera cuenta de la incomodidad que estaba sintiendo por aquella pregunta que le hizo. De hecho, aprovechó veloz el pequeño silencio que le brindó su amiga, y trató de cambiar de tema con urgencia:

─Así que... Lauren ─se le ocurrió a Kenzi de repente─, ¿qué tal le ha ido en su primer día de trabajo bajo las órdenes de la bruja de las Sombras, o como le dicen popularmente, la Morrigan?

Ahora fue Bo la que se sintió incómoda, no le había contado a Kenzi la revelación magistral que le había hecho Evony; que era la madre de Lauren. La súcubo sintió cierto nerviosismo por recordar el tema y la incertidumbre de no saber cómo debía manejarlo, le daba miedo. No iba a poder ocultar aquella información por más tiempo, no después de que todos sus intentos por demostrar la falacia en las palabras de la Morrigan resultaran en vano. Alguien más debía de saber, alguien tenía que ayudarla con aquello. Pero no era el momento de pensar en eso, no, porque precisamente estaba en el Dal bebiendo con su mejor amiga para olvidar, aunque sea, durante un pequeño período de tiempo.

─Iré a verla en un rato, quiero asegurarme de que está bien ─contestó simplemente.

─No sé, Bo, estoy realmente impactada por cómo manejaste a la bruja, creí que tendríamos otro Morrigan muerto pero con una bonita sonrisa ─dijo Kenzi con cierta melancolía en sus últimas palabras.

─Hagamos esta ronda por Vex ─dijo la súcubo llenando sus vasos de nuevo.

Kenzi sonrió mirando a su amiga, asintiendo en silencio, conforme con su idea. Colocaron un poco de sal entre sus dedos índice y pulgar, acercaron una rodaja de limón para cada una, tomaron sus respectivas bebidas, las alzaron hacia arriba y tomaron aire.

─Por Vex ─dijeron al unísono chocando sus vasos, y, seguidamente, lamieron la sal de sus manos, vertieron el alcohol por sus entrañas y mordieron el limón con rapidez.

Se miraron en silencio con la única mediación de unas sonrisas cómplices entre ellas. Bo apoyó su mano gentilmente sobre el hombro de su mejor amiga y la sonrisa de Kenzi se ensanchó más al descubrir el apoyo de la súcubo y el sentimiento de entendimiento por la muerte del mesmer. Ni siquiera habían celebrado un entierro al que pudieran acudir, aún seguían las investigaciones por su asesinato, que parecía lejano a resolverse.

—Bo —dijo después de un rato con una sonrisa en el rostro, pero retirando la vista hacia el suelo—, me gustaría que habláramos de una cosa…

─Por supuesto —le respondió. Sin embargo, Kenzi guardó silencio, el suficiente para que lo que quisiera decirle no saliera de su boca por la llegada de una tercera persona—. ¡Eh, Tamsin! ─exclamó Bo de repente, fijando la vista por detrás de su amiga y elevando su mano como gesto de saludo. De pronto, Kenzi sintió que no había aire suficiente para respirar.

─Eh, súcubo ─escuchó Kenzi detrás suyo, mientras sentía que le estaba dando un infarto cuando percibió a la valquiria apoyarse sobre la barra, muy cerca de ella─. Hola, chispas ─oyó, finalmente, y agarrándose fuertemente a su asiento, fue incapaz de darse la vuelta para mirar hacia Tamsin.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Bo, retirando la mano del hombro de Kenzi—. ¿Descansado?

—Más o menos —contestó apoyando los codos sobre la madera de la barra—. Vosotras supongo que no estáis trabajando, ¿verdad? —dijo con media sonrisa observando los vasos vacíos y la botella de tequila junto a ellos.

Bo esbozó una sonrisa y sus ojos se posaron curiosos sobre Kenzi. Quizá era que había bebido mucho, pero no podía escapar a su percepción que el aura de su amiga había cambiado de repente. No alcazaba a ver quién había podido causar ese interés en ella, hasta que vio aparecer a Hale y pensó que podría ser él.

—¡Qué pasa, chicas! —exclamó el sireno acercándose hasta el trío.

—Hola, Hale —contestó Bo con una sonrisa.

Kenzi se recostó sobre sus brazos apoyados en la barra y, escondiendo su cara entre ellos, guardó silencio. Tamsin tampoco dijo nada, pero le dirigió una mirada indiferente a Hale.

—¡Vaya! —exclamó divertido, apoyando una mano sobre la espalda de Kenzi—. Parece que aquí se estaban divirtiendo. —Dejó salir una pequeña carcajada antes de dirigir la mirada hacia Bo y hablarle a ella: —¿Podemos hablar un momento a solas?

—Claro —contestó la súcubo dándole un pequeño golpe a su amiga en el hombro que hizo que diera un pequeño brinco—. Tamsin, por favor, no dejes que se quede durmiendo sobre la barra mientras hablo con Hale.

—Estoy bien, tengo demasiado estilo para quedarme durmiendo como una vulgar borracha —protestó la gótica antes las risillas de los otros tres.

Bo asintió todavía riendo y acompañó a Hale hasta un lugar más apartado, que él consideró lo suficientemente apropiado para mantener una conversación a solas.

—Bien, ¿de qué se trata? —dijo la súcubo sin rodeos.

—¿Recuerdas que he estado investigando a este grupo misterioso? —contestó él rápidamente.

—Claro, ¿Dögun era su nombre, verdad? Trick dijo algo de que eran pacíficos pero tenían ideas contrarias al sistema fae, ¿no? —habló Bo cruzando los brazos sobre su pecho.

—Sí, ese mismo, el que creemos que tiene que ver con el atentado contra la Ash y el asesinato de Vex.

—¿Descubriste algo? —preguntó la súcubo acercándose un poco más a él—. Estoy preocupada por Kenzi, si la loca de Aela la inculpa por el atentado, no sé cómo vamos a demostrar que ella no tuvo que ver.

—Precisamente por eso —le dijo él bajando la voz—. He conseguido meternos en una fiesta de ese grupo. Son muy famosas entre la nobleza fae, así que en una reunión de mi familia estuvieron hablando de este tema. La idea es ir tú, Kenzi y yo, investigar qué se hace en esas fiestas, si hay algo sospechoso y husmear un poco. Si conseguimos hacer unas amistades y ver qué gente se mueve con ese grupo, mejor.

—Parece el tipo de misiones para nosotras —contestó con una sonrisa.

—Te contaré los detalles mañana cuando nos reunamos con Trick para ver cómo lo vamos a organizar todo, ¿te parece bien?

—Sí, claro que sí, mejor mañana cuando se me haya quitado el efecto de los tequilas y Kenzi esté más despejada. Ahora, necesito que te encargues de vigilarla un momento porque tengo que ir a ver a Lauren, ¿lo harás?

—Cuenta conmigo —dijo Hale con una sonrisa—, me encargaré de que llegue a casa sana y salva.

—Cuidado con lo que vas a hacer, sireno, la quiero intacta —lo amenazó la súcubo como broma.

—Seré un caballero con ella, prometido.

—Bien —dijo ella con una sonrisa y despidiéndose de él.

Mientras Bo y Hale se apartaron a otra zona del Dal para hablar, Kenzi y Tamsin se habían quedado solas en la barra, en un silencio que con el paso de los minutos se hacía más incómodo. La gótica seguía dándole la espalda, porque entre el alcohol y lo que había sucedido entre ellas, un miedo irracional se había apoderado de ella impidiéndole reaccionar coherentemente, pero tenía que dejarse de comportar como si fuera una cría, así que se dio la vuelta tímidamente sobre su taburete y se encontró a Tamsin mirándola con la cabeza apoyada sobre su mano y el codo flexionado y apoyado sobre la barra. Los labios de la valquiria se curvaron ligeramente en una sonrisa cuando sus ojos verdes se apoderaron de los azules, y Kenzi se estremeció, porque la valquiria estaba más cerca de lo que pensaba y su mirada la hacía sentir pequeña. En verdad, Tamsin tenía la mala manía de acercarse demasiado a la gente, ¿es que no sabía que existía una cosa llamada espacio vital? Kenzi respiró con calma y maldijo haber tomado tanto tequila. «Explícale que te dejaste llevar por la adrenalina del momento, que todo fue un malentendido, que tú no haces esas cosas tan espontáneas, que tienes gustos diferentes, que... ¿De verdad para Tamsin aquel beso no fue solo diversión?» su mente la martilleaba incesante, una y otra vez, pero Kenzi era incapaz de pronunciar nada de lo que por su cabeza pasaba.

─Hola ─dijo con la voz temblorosa, siendo lo único entendible que salió por su boca.

Tamsin puso dos dedos bajo la barbilla de Kenzi y elevó su rostro para verlo. La gótica la miró con atención conteniendo la respiración. «Por favor, que no me bese, por favor, que no me bese», se decía. Sin embargo, la valquiria solo sonrió y golpeó graciosamente la nariz de la gótica con su dedo índice. Entonces, se incorporó, estiró su camisa y dirigió su mirada de nuevo hacia ella.

─No te preocupes, solo estoy aquí porque quedé con alguien ─explicó la fae mientras señalaba a una mesa donde había un hombre con una jarra de cerveza─. Así que… Ya nos veremos por ahí ─concluyó guiñándole un ojo y caminando hacia su destino.

Quiso decirle tantas cosas que al final solo balbuceó como una idiota mientras observaba cómo Tamsin se alejaba. Kenzi se golpeó la frente con la palma de la mano por su repentina falta de lucidez. Quizá era mejor así, parecía que la valquiria no le había dado demasiada importancia al asunto y tenía otras cosas más interesantes que atender. «Debe de pensar que solo soy una niña que no sabe ni lo que quiere… ¿Y a mí qué me importa lo que piense de mí?».

—¿Kenzi? —La gótica dio un respingo al escuchar la voz de Hale llamarla—. ¿Estás bien? —le preguntó cuando llegó a su lado.

—Todo lo bien que varias rondas de tequilas me permiten —contestó ella con media sonrisa—. Pero… ¿podrías llevarme a casa?

—Por supuesto —dijo él con una sonrisa.

Kenzi asintió dirigiendo la mirada hacia la valquiria, que parecía ajena a su existencia, conversando alegremente con su acompañante masculino. La gótica sacudió la cabeza aturdida, demasiado alcohol para hacer caso a lo que se le estaba pasando por la cabeza. Cuando elevó el rostro hasta Hale, él le estaba ofreciendo un brazo como apoyo y ella entrelazó el suyo con el de él para poder caminar a su lado hasta la salida del Dal. Las ganas de volver a mirar hacia Tamsin trató de hacerlas callar apoyando su cabeza sobre el hombro del sireno.

#

Bo tuvo que bajar por un ascensor hasta el sótano del complejo de las Sombras, era allí donde se encontraban los laboratorios de las instalaciones médicas. A simple vista, según la súcubo iba caminando por sus pasillos y comprobándolo ella misma, parecían mucho más modernas que la de las Luces, aunque por lo pronto eran mucho más amplias.

La fae se detuvo y hurgó dentro de su escote buscando su teléfono móvil para volver a mirar el mensaje donde Lauren le había indicado dónde estaba su laboratorio. Una vez lo comprobó, siguió su camino hasta torcer en una esquina y se volvió a detener de golpe cuando vio a Evony postrada enfrente de la entrada del que se suponía que era el laboratorio de su novia.

Bo se apoyó sobre la pared tratando de observarla sin ser vista. La Morrigan estaba en silencio mirando por la gran puerta de cristal que daba hacia la estancia donde trabajaba Lauren. Su rostro era serio, pero un dedo se movía entre sus dientes dando la impresión de que estaba inquieta. Sus ojos revoloteaban fijos en algo que estaba detrás del cristal. Bo se estremeció pensando en Lauren, de pronto, le dio miedo que estuviera en el mismo espacio que Evony. Ella sabía lo fría y despreciable que era esa mujer, y la idea de que la estaba manipulando con todo aquel tema de que era la madre de Lauren, no abandonaba su cabeza fácilmente. Mentira o verdad, todo aquel lío había servido para poner a salvo a su novia, una protección más efectiva que la que ella misma le podía dar, por mucho que tratara de convencerse de lo contrario.

Bo tomó aire y se acercó hacia la Morrigan, haciendo un poco de ruido para que se diera cuenta de que se aproximaba hacía allí. La otra mujer rodó sus ojos hacia la súcubo sin cambiar el gesto de su cara. A Bo le pareció extraña aquella mirada, aunque quizá extraña no era la palabra exacta, era más bien vulnerable, una mirada que no respiraba superioridad. Lo extraño realmente fue verlo en el rostro de Evony.

—¿Qué haces aquí? —la interrogó la líder de las Sombras. Bo pudo ver cómo el rostro de antes se esfumó y se tornó en algo más reconocible y familiar en ella.

—¡Eh! —exclamó Bo—. No me des tanto amor, voy a pensar que te empiezas a enamorar de mí.

—Puede ser, querida —dijo la otra con indiferencia—, a mi mano le gustaría darle un abrazo amoroso a tu garganta.

—No mostremos nuestro amor en público, Evony —susurró con ese tono de voz seductor y provocativo tan suyo. La Morrigan bufó, tornando los ojos en blanco y dándole la espalda en respuesta—. Vengo a ver a Lauren, ¿hay algún problema? —acabó de decir Bo colocándose a su lado.

—No tienes que pedirme permiso para verla —respondió la otra empezando a alejarse—. No soy la Ash y Lauren no es mi perro.

Bo escudriñó con la mirada a Evony mientras se perdía por el pasillo. No confiaba en ella, no creía en ninguna de sus palabras y temía que le hiciera algo a Lauren. Estaba desesperada por encontrar una solución a todo esto, pero la doctora la había convencido de que por ahora era lo mejor.

La súcubo volvió a tomar aire y abrió un poco la puerta, lo justo para poder asomar medio cuerpo por ella. Miró divertida a su novia trabajar en su bata de laboratorio, ausente a sus miedos y al encuentro que acababa de tener con su nueva jefa. A Bo le pareció que había pasado una eternidad desde que la vio así, y golpeó con los nudillos el cristal de la puerta llamando su atención. Los ojos de la doctora no tardaron en encontrarse con los suyos y parecieron recibirlos complacida.

—¡Mi chica favorita! —exclamó Lauren al verla.

—¿Es que hay otra? —bromeó Bo entrando a la estancia y cerrando la puerta detrás suyo.

Lauren dejó sobre la mesa en la que estaba trabajando los guantes de látex y los artilugios que tenía en las manos. Su boca se curvó en una sonrisa adorable que Bo no tardó en sellar con sus labios. La súcubo bordeó la cintura de Lauren con sus brazos, manteniéndola cerca de ella.

—¿Qué tal está mi doctora favorita? —susurró la fae, rompiendo el beso y separando su cabeza un poco hacia atrás para poder ver con claridad el rostro de la mujer que tenía entre sus brazos.

—Estaba con algunas muestras de ADN que Tamsin me pidió que analizara, supongo que para el caso de Vex —respondió sin poder borrar la estúpida sonrisa que se había quedado en su boca.

—Así que supongo que estás ocupada… —insinuó contagiándose del gesto jovial del rostro de su amada.

—Bueno, llevo trabajando algunas horas y me iba a dar un pequeño descanso —dijo bordeando el cuello de la fae con sus brazos.

—¿Justo ahora? ¡Vaya, qué casualidad que haya llegado en este momento! —exclamó con una mirada traviesa llena de júbilo por tenerla tan cerca.

—Eres una chica con suerte —le dijo sin poder evitar una risa.

—Más de lo que a veces creo —susurró con una sonrisa, afianzando los brazos sobre la cintura de Lauren y acercándose lo suficiente para que sus labios presionaron los de ella de nuevo. En seguida, sintió la correspondencia de la otra mujer y se sumergieron en un beso adictivo que fue difícil de romper, de esos que hinchan los labios cuando logran separarse. A Lauren le encantaba cuando Bo la atrapaba así. Los minutos corrían a su alrededor mientras su mano viajaba por la nuca de la súcubo y sus dedos se enredaban en el pelo oscuro de ella. Sus lenguas se movían juntas, produciendo escalofríos por su cuerpo, y cuando por fin se separaban, Lauren observaba con una sonrisa a Bo saborear los restos del beso que quedaban en sus labios. Esta vez fue exactamente igual, y se dieron cuenta de lo mucho que lo habían añorado.

—¿Cómo estás? —dijo Lauren casi en un susurro.

—Estoy muy bien, de hecho —respondió con una sonrisa amplia—.Bueno —pensó mejor después de unos segundos—, me tomé unos tequilas con Kenzi.

La doctora se echó a reír obteniendo la respuesta al extraño sabor de la boca de Bo. La súcubo, por su parte, observó absorta su risa. Era sorprendente cómo podía atraparla con esa alegría y cómo podía contagiarla rápidamente. Sin embargo, un resquicio de miedo se apoderaba de ella cuando pensaba en que todo eso se podía romper igual que pasó la última vez, cuando la había dejado y desaparecido con Taft.

—¿Qué tal te va trabajando con la Morrigan? —preguntó Bo queriendo hablar de algo que no dejara a su mente pensar demasiado, aunque también quería saber si estaba bien con toda aquella situación.

—Te sorprendería saber que las Sombras permiten hacer muchas cosas a sus humanos reclamados, sobre todo si eres el de la Morrigan. Soy casi intocable.

—No me gusta —dijo separándose ligeramente de Lauren.

—No puedes esconderme para siempre y yo tampoco puedo vivir oculta. Pertenezco a los faes —habló retirando la vista hacia otro lado y dejando salir un suspiro inmediatamente después de decir eso—. Y por ahora no puedo hacer nada al respecto. Ya intenté huir después de lo de Taft y me encontraron…

—Quizá con la Ash…

—¿La Ash? —dijo Lauren consternada mirando a sus ojos—. Ella fue la que me capturó después de lo de Taft, quería ejecutarme delante de todos como si fuera un espectáculo. —Lauren se separó de Bo con urgencia, dio unos pasos hacia atrás y sacudió su cabeza—. Después, me reclamó como si fuera un mero objeto que se puede cambiar de manos. Me mantuvo prisionera sin dejarme ver a nadie, con la excusa de que alguien trataba de atentar contra mi vida. Me lo creí, pero después de saber que me manipulaba con sus poderes, no me extrañaría nada que ella misma orquestara los ataques para mantenerme a su lado, haciendo su maldito trabajo. ¡Que se vaya al cuerno! Estoy harta que me vean la cara de idiota…

—Lauren, lo siento, no quise decir eso —trató de disculparse al darse cuenta de la tontería que le había dicho—. Solo es que no me fío de la Morrigan, ¿sabes? Y me siento impotente porque no quiero que estés en esta situación y no sé qué hacer.

—Lo entiendo —dijo la humana devolviéndole una mirada más calmada, dejando que la súcubo agarrara su mano y entrelazara los dedos con los suyos. Lauren sonrió, a ella tampoco le agradaba toda esta situación—. Evony me está tratando extrañamente bien, así que no tienes que preocuparte demasiado, y yo tampoco me fío de ella, pero hay una razón por la que accedí también a trabajar para las Sombras y esa es Kenzi.

—¿Kenzi? —preguntó la súcubo alarmada al escuchar su nombre.

—Bo, ¿has hablado con ella? —dijo Lauren con suavidad.

—¿A qué te refieres?

—Ella tiene algo importante que decirte y le prometí que no te contaría nada, pero…

—¡Lauren! —le incriminó Bo—. Dime ahora mismo qué está pasando.

—De verdad que quiero contártelo, pero ella insistió que quería decírtelo personalmente.

—Vale, vale… —dijo Bo llevándose las manos a la cabeza—. En cuanto salga de aquí iré a hablar con ella, pero al menos dime si es algo grave.

—No lo creo —contestó Lauren insegura.

—Eso no ha sonado nada bien.

—Es algo delicado, ella necesita explicártelo con calma. ¿Hablarás con ella?

—Sí, te lo prometo —dijo Bo poco convencida.

—Bien, entonces debería volver al trabajo.

—¿Tan pronto?

—Tengo que acabar este trabajo antes de mañana, pero puedes quedarte un rato, si quieres. —Lauren la miró con inseguridad después de la pequeña discusión que habían tenido, temerosa de lo que dijera Bo.

—¿Puedo… ayudarte? —La doctora la miró con sorpresa cuando escuchó lo que dijo. —Ya sé que no sé nada de lo que haces, pero puedo alcanzarte cosas o limpiar los tubos esos, ¿darte un masaje? —dijo Bo con una sonrisa.

Lauren se echó a reír incrédula de que Bo quisiera quedarse con ella. La súcubo frunció el ceño pensando que se había tomado a broma su comentario, porque no era así. Quería estar con Lauren, quería formar parte de lo que hacía, hacerle saber que le importaba. Sabía que ambas eran, en muchos aspectos, diferentes y le asustaba el hecho de que, a pesar de que querían estar juntas, fuera imposible. Algo revoloteaba en el estómago de la súcubo cuando recordaba lo que le había dicho Lauren el día que rompió con ella, todo aquel dolor que su relación había causado, todos aquellos sentimientos que Bo no supo anticipar.

—Lo digo en serio —dijo Bo con una amplia sonrisa—. Tiene que haber algo para principiantes que yo pueda hacer. —Lauren la siguió mirando incrédula mientras hablaba—. Derroté al Garuda y mi supuesto padre me secuestró y me llevó a otro plano del que escapé… No me digas que no hay algo en lo que te pueda ayudar.

—Vale —asintió Lauren lentamente—. Ven aquí —le indicó haciéndole un gesto con la mano para que la siguiera.

Bo caminó con su novia bordeando la mesa en la que estaban. La humana se detuvo después de unos pasos y se acercó a un armario que había en el laboratorio, abrió la puerta y sacó de su interior una bata blanca.

—Primero que nada, debes tener la ropa adecuada —le dijo ayudándola a ponerse la vestimenta—. Creo que tengo algún trabajo para ti.

Lauren abrió un bote con un líquido transparente en su interior y acercó otro artefacto con el que sacó un poco de ese fluido.

—Esto es una pipeta —le indicó a Bo—. Coges un poco de líquido de aquí y lo viertes en estos tubos de ensayo —dijo mostrándole a la súcubo los objetos a los que se refería.

Lauren le alcanzó los objetos a la fae y se colocó detrás de ella sujetando sus manos y apoyando la barbilla sobre su hombro. La súcubo sonrió al sentir el tacto de su cuerpo y dejó que la doctora la guiara.

—Sujetas el tubo de ensayo hasta la altura de tus ojos —dijo subiendo la mano de Bo junto a la suya—. Viertes lentamente el contenido de la pipeta —le indicó para que lo hiciera—. ¿Ves esa curva que hace el líquido dentro del tubo? —La fae asintió mientras lo hacía y Lauren sonrió seguidamente—. Se llama menisco y la parte baja de la curva debe quedar exactamente sobre la raya que tiene el tubo dibujada.

—Vaya —exclamó Bo entrecerrando los ojos para concentrarse en la tarea que estaba haciendo—. ¿Justo encima de la raya?

—Sí —rió Lauren—. Es muy fácil, señorita «derroté al Garuda».

—¡No te burles de mí! —dijo la súcubo haciéndose la ofendida.

—No lo hago —susurró la doctora dejando un beso sobre su hombro.

—Ahora me distraes. —Bo sonrió al sentir los gestos amorosos de Lauren, pero su sonrisa se amargó rápidamente por su preocupación—. Quiero que estés segura, necesito que te sientas a salvo. Ojalá pudiera hacer algo más que quejarme… Lauren…

—Me siento segura, Bo, si tú estás a mi lado, sé que estaré bien —dijo en un susurro, estrechado los brazos alrededor de la cintura de la súcubo.

La fae se quedó en silencio, aún tratando de acertar en la marca del tubo para llenarlo correctamente, pero con una sonrisa imborrable en su rostro. No solo por las palabras de la humana, también por sentirla junto a ella, tan cerca.

Bo retrasó el trabajo que se había marcado para ese día, pero a Lauren no le importó. Hacía tanto tiempo que no se sentía tan a gusto a su lado que casi lo había olvidado. Esa forma en la que Bo le hacía reír tan fácilmente, en la que llenaba algo dentro de ella, eso había sido lo primero que la diferenció de los demás. Aquellas horas fueron como en los viejos tiempos, cuando la fae se quedaba un rato en el laboratorio, haciéndole miles de preguntas sobre los faes, sobre los súcubos, sobre cualquier cosa, y le hacía perder el tiempo, pero que le encantaba y deseaba que aquella mujer de ojos oscuros nunca abandonara su laboratorio. Parecía que Bo estaba dispuesta y entregada a que la relación funcionara, así que, era su turno hacer lo mismo.

Lauren miró a Bo con cierto nerviosismo, la súcubo no se percató de ello mientras reía. Lo que tenía que hacer la humana por la relación, era permitir que Bo se alimentara de otras personas, que estuviera en la cama con alguien más aparte de ella. No quería pensar en eso, no por lo menos ahora.

Salieron del laboratorio por una salida trasera, aún bromeando y riendo. Bo quiso cogerla de la mano y Lauren dejó que lo hiciera. Las dos pasaron al lado de ella, pero iban tan absortas en la conversación que tenían, que no se percataron de su presencia. Por su parte, Aife se pegó contra la pared para que no la vieran. Cuando vio aparecer a su hija tan feliz al lado de aquella humana, algo se removió en su interior. Ella no supo qué fue, era un sentimiento extraño acompañado con cierta alegría, pero en su condición, no podía hacerle mucho caso. Cuando las dos mujeres desaparecieron de su vista, la madre de Bo pudo exhalar el aire que contenía y dejar escapar casi inaudible quejido.

Aife se irguió con dificultad, presionando con su mano el vientre malherido que le producía un dolor agudo que apenas la dejaba caminar. Aún con la vista turbia, dio varios pasos hacia donde se había dirigido su hija, con la esperanza de que aún no se hubieran dado cuenta de que se había escapado. Con un último esfuerzo, caminó lo más rápido posible hacia el exterior, sintiendo la humedad de la sangre bajar por su frente y cruzar su rostro.

Apenas cruzó el umbral, comenzó a escuchar un alboroto aproximarse detrás de ella. Solo tenía que esforzarse un poco más. Gruñó por el dolor, arrastrándose casi, mientras se alejaba de allí lo más rápido que podía. El primer desgraciado que se le cruzara delante, iba a servir para permitirle curarse y desaparecer de la vista de la Morrigan de una vez por todas. Fue un lamentable error haberla usado para encontrar a Bo, porque esa mujer era más poderosa de lo que parecía. Evony había sabido asentarse como la líder de las Sombras y ganarse el respeto y los favores de muchos; tenía recursos y a gente que la seguiría hasta los mismos infiernos. La súcubo esbozó una sonrisa amarga. Ella y Trick se habían bañado en poder después de que derrotaran al antiguo Rey Oscuro. Muerto, es lo que creían todos, pero a Aife no podían engañarla con esos trucos baratos que se gastaba Trick con su sangre, además, lo conocía, tuvo siglos para conocerlo, y sabía que ese bastardo seguía vivo. Después de la desaparición de Bo, lo supo con certeza. Él se la había llevado, estaba planeando volver.

Aife se arrastró por los callejones, podía sentir que la seguían. Por suerte, un pobre vagabundo decidió que era buena idea dormir en aquella parte de la ciudad. Lamentable error. La súcubo lo tomó con fuerza por los hombros y absorbió todo el chi que encontró en su interior. No le importó dejar el cuerpo sin vida de aquel hombre tirado en el piso. Aunque no estaba completamente curada, al menos ahora podía correr y alejarse de los secuaces que, posiblemente, había enviado la Morrigan tras ella.

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Se sentó en la silla de su escritorio, con la taza de café caliente entre sus manos. El efecto de las jarras de cerveza que se había tomado en el Dal, la tenía un poco aturdida y no era bueno para la montaña de papeleo que le esperaba.

A penas sus labios rozaron la cerámica caliente, uno de los detectives se acercó hasta ella para decirle que alguien la estaba esperando en la sala de interrogatorios.

—Que espere un momento —dijo antes de sorber un poco de café.

—Estaba un poco impaciente por hablar contigo sobre uno de los casos que llevas —contestó el hombre encogiéndose de hombros y alejándose.

Tamsin se levantó de su silla de malagana, dejando la taza de café sin terminar sobre su mesa, y lanzando maldiciones entre dientes, se dirigió hacia la sala de interrogatorios, al fondo de la estancia.

Cuando abrió la puerta, allí estaba ella, sentada sobre la mesa, con las piernas cruzadas, dejando ver la tersa piel de las mismas hasta la parte superior de los muslos, que es donde acababa el ajustado traje de colores oscuros, y de generoso escote, que llevaba. La mirada de Tamsin viajó sin ningún tipo de pudor por su cuerpo hasta llegar a sus ojos.

—Hola, querida —dijo cuando se miraron.

—Bien —resopló con resignación y cerró la puerta de la habitación—. ¿Qué haces aquí, Evony? —le preguntó dando media vuelta para recuperar el contacto visual.

—Quiero que olvidemos nuestros últimos… problemillas.

—¿«Problemillas» es tu definición para «casi matarme»?

—Oh, Tamsin —dijo en un tono infantil—. No seas tan dramática. Matarme no era mi plan y tú eres toda una guerrera, para ti aquello no fue nada…

—Dime lo que quieres y vete, tengo mucho trabajo —la interrumpió mientras cruzaba los brazos por encima de su pecho y la miraba impaciente.

—Me gustaba nuestra antigua relación, cuando yo te mandaba trabajos y luego te pagaba generosamente por ellos —dijo ella jugando con un mechón de su pelo negro.

—¿Y? —le espetó Tamsin mirándola con desinterés.

—Quiero recuperar eso.

—Tú eres mi jefa y te sirvo como Morrigan, esa es toda la relación que tenemos, nada más.

—Salvé tu vida de ese bastardo tirano. De hecho, morí por salvarte —dijo frunciendo el ceño y mirando fijamente a Tamsin—. Me debes mucho por ello.

—Creo que fue saldado cuando te devolví la vida.

—Sí, pero sabes que sigues viva actualmente gracias a mí.

—¿Sí? —Tamsin dio un paso hacia ella de forma amenazante—. ¿Dónde estabas cuando él nos cogió a Dyson y a mí? Tú solo proteges tus intereses, así que dime qué diablos quieres de mí.

—¡Oh! —exclamó Evony sorprendida—. ¿Ahora quieres hablar sobre la fortuita desaparición de tus amiguitos? ¿Por qué él estaría interesado en ellos?

—No te importa —respondió con evidente ira y perdiendo la paciencia—. Si no vas a decirme qué quieres, me voy —dijo dándose la vuelta hacia la puerta.

—Espera —le rogó antes de que la valquiria pudiera colocar la mano sobre el pomo de la puerta—. Necesito que hagas un trabajo para mí.

—¿Y por qué lo haría? —preguntó Tamsin aún sin darse la vuelta para mirarla.

—Te pagaré bien, dejaré que la súcubo y mi humana estén por ahí juntas sin poner condiciones y obviaré el sorprendente hecho de que Kenzi ya no es humana. Son todos beneficios, como puedes ver.

Tamsin se giró lentamente hacia Evony de nuevo. La miró directamente a los ojos. La líder de las Sombras tomó una carpeta de cartón, que estaba sobre la mesa, entre sus manos, y se bajó de la misma.

—Quiero que busques a alguien —le dijo acercándose a la valquiria—. Y voy a revelarte información confidencial —añadió entregándole la carpeta a Tamsin.

La detective la miró incrédula mientras cogía el objeto que le daba y lo abría para ver su interior.

—¡Estás de broma! —exclamó la rubia después de echar un vistazo en su interior—. ¿Sabes dónde puedes buscar a estar persona? En un cementerio, porque hasta donde yo sé, Lou Ann fue ejecutada hace tres años.

—Y hasta donde yo sabía también, pero uno siempre puede engañar a la muerte, ¿verdad? —Evony tomó un mechón del pelo rubio de Tamsin mientras hablaba y se lo colocó detrás de la oreja—. Tú deberías saber eso mejor que nadie —susurró aproximándose a ella y apartando con la mano la carpeta que sostenía Tamsin y que se interponía en su camino.

La valquiria elevó la vista cuando notó el movimiento de la otra mujer. La detective permaneció en silencio interrogándola con la mirada, pero los ojos de la Morrigan estaban fijos en otra parte: en sus labios. Tamsin dio un paso hacia atrás y puso una mano sobre uno de sus hombros para detener su aproximación.

—¿Qué haces? —le cuestionó empujándola ligeramente hacia atrás.

—¿Tú qué crees? —musitó de forma divertida—. Tanta tortura, miradas de odio y palabras lascivas han… despertado mis recuerdos. —La mano de Evony se posó con delicadeza sobre el vientre de la valquiria mientras hablaba—. De nuestra antigua relación, también me gustaba el sexo.

—Para —dijo Tamsin con tono firme, clavando la mano sobre el hombro de la Morrigan—. Tengo mucho trabajo que hacer con el caso de Vex, que si no recuerdas, fue asesinado y te interesa que se resuelva rápido porque tú también estás en la lista de sospechosos.

Evony se mordió el labio inferior sensualmente mientras tomaba entre sus manos la carpeta que le había entregado a la valquiria momentos antes.

—Tengo algunos datos interesantes sobre la súcubo rebelde, Aife. Quizá te interese escucharlos. Sobre todo esa amistad suya con Lou Ann y la gran probabilidad de que ambas estén detrás de toda esta locura anarquista y atentados. Aún recuerdo el complejo de las Luces volando por los aires. —Evony rió levemente dando un paso hacia atrás—. Debo admitir que tiene cierta clase con las bombas esa súcubo.

—Así que sabes más sobre todo esto.

—Y podría compartirlo, pero no quiero. A lo mejor si confiara más en ti… —insinuó paseando los ojos descaradamente por el cuerpo de Tamsin—. Pero no es el caso. —Evony rodeó a Tamsin casi rozando su cuerpo contra el de ella para poder llegar a la puerta—. Ya sabes dónde estoy, por si aceptas el trabajo —concluyó abriendo la puerta y saliendo finalmente de la habitación.

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Se había oscurecido muy rápido y el aire comenzaba a ser más frío cuando se bajaron del coche. Lauren utilizó sus propias manos para darse calor sobre sus brazos, frotándolas sobre su fina chaqueta.

—Un momento —dijo Bo hurgando en su propio escote en busca de las llaves de su casa.

—¿Necesitas ayuda? —sugirió Lauren con una sonrisa traviesa en su boca.

Bo le devolvió la mirada atraída por su comentario y se aproximó a ella lentamente.

—Dicen que tus manos pueden llegar a sitios… extraviados —comentó la súcubo mientras bordeaba con sus manos la cintura de la rubia.

—¿Sí? —dijo introduciendo la mano en su escote—. ¿Quién lo dice?

—¿No lo has oído estas últimas noches? —preguntó acercándose más a ella para darle más acceso—. ¿Lo bien que llegan a algunos sitios esos dedos?

Lauren dejó escapar una risa. Con la mirada baja, hacia el escote de la súcubo, movió los dedos entre sus pechos. En verdad, ya tenía las llaves agarradas, solo estaba tocando más de la cuenta, y Bo lo sabía, por eso la observaba en silencio, deslizando sus dientes bajo su labio inferior, aguantando las súbitas ganas de terminar la velada contra la puerta de su casa, sin haber entrado siquiera. Sin embargo, Lauren, que también sabía que Bo estaba impaciente, continuó tentando su suerte un poco más y la fae no pudo aguantar las ganas de inclinarse para besarla. La doctora fue más rápida, no obstante, y echó hacia atrás la cabeza. La súcubo solo pudo rozar apenas sus labios y dejó salir un inaudible aullido de frustración.

—¡Las cogí! —exclamó con una sonrisa sosteniendo las llaves de la casa de la fae. Luego, se zafó de los brazos de ella y se apresuró en abrir la puerta.

—Eres malvada —gruñó Bo arrastrando los pies hasta donde estaba ella.

—¿No estarías pensando en hacer cosas indecentes en la calle? —exclamó Lauren entre risas mientras empujaba la puerta.

—No era literalmente en la calle —dijo acompañando su risa.

—¡Kenzi! —gritó de repente Lauren.

A Bo le dio un vuelco el corazón y se quedó paralizada durante unos segundos, observando a Lauren correr hacia un cuerpo tendido en el suelo. Cuando pudo darse cuenta de que se trataba de Kenzi, se dirigió allí en carrera y se dejó caer de rodillas junto a su amiga.

—¿Kenzi? —habló la súcubo sosteniendo el rostro de la gótica—. ¡Eh! —vociferó palmeando suavemente su mejilla—. Lauren, ¿qué le pasa?

—Tranquila —le dijo tratando de sonar lo más calmada posible y presionando con los dedos sobre su cuello en busca del pulso—. ¿Ves alguna herida en su cabeza, algún golpe? —preguntó la doctora acercando su cara a la de Kenzi para comprobar que seguía respirando. Cuando Bo comprobó que no había heridas visibles, negó moviendo la cabeza—. Bien —habló Lauren con voz firme—, busca un cojín para ponerle debajo de…

Antes de que la doctora acabara de darle las instrucciones, Kenzi abrió los ojos de repente, lanzando un pequeño grito. Bo y Lauren se quedaron casi sin respiración cuando los iris de la gótica se iluminaron en un amarillo intenso.

—¿Kenzi? —dijo Bo, echándose ligeramente hacia atrás.

Su amiga se agitó en el suelo durante unos minutos y luego se incorporó quedándose sentada. La súcubo la agarró enseguida entre sus brazos con los ojos llenos de lágrimas. El pequeño cuerpo de Kenzi siguió temblando un poco más y Lauren se quedó estupefacta sin saber qué hacer.

—¿Bo? —masculló la gótica con dificultad.

Al escuchar su voz, la doctora se acercó hasta las dos mujeres, arrastrando las rodillas por el suelo, y comprobó que los ojos de Kenzi habían vuelto a la normalidad. Lauren acarició el rostro aterrado y confuso de la gótica, aliviada de verla despierta, pero asustada porque ya había visto esos ojos antes, el día que Kenzi había salvado su vida de aquel agresor que intentó matarla, cuando le mostró sus habilidades faes.

—Está bien, está bien —decía Bo en voz baja, sintiendo su corazón correr en su pecho aún asustado, mientras acunaba a su amiga entre sus brazos.

Kenzi cerró los ojos apoyando la cabeza sobre el hombro de la súcubo. Sentía la mano de Lauren acariciar sus mejillas y trataba de pensar en esa sensación para intentar tranquilizarse. Todavía no sabía qué le había pasado, lo único que sabía era que tenía que ver con sus nuevos poderes faes, con lo que le había hecho Massimo.