NOTAS: Me disculpo por la espera, intenté escribir lo más rápido que el tiempo me permitió y además es un capítulo algo extenso. Ante todo quiero agradecer todos los comentarios que me habéis hecho llegar, los agradezco mucho ya que me ayudan a mejorar y dirigir la historia. También agradezco que me sigáis leyendo y espero que este capítulo les guste porque tenía muchas ganas de publicarlo. Espero vuestras opiniones. Y por último, modifiqué los primeros capítulos intentando que no fueran tan confusos y se sintieran parte de la historia, también arreglé el resumen del fic y cambié la imagen, porque es verdad lo que muchos me habéis dicho, de que Tamsin se siente más protagonista de la historia que Bo. Nada más, disfruten de la lectura :3


La música era contagiosa, eso no lo podía negar, el local tenía cierta clase, al igual que la gente que estaba en él. Lauren pudo reconocer algunos rostros familiares del mundo fae, algunos importantes nobles y representantes de los más antiguos y famosos clanes, no solo de las luces sino también de las sombras. Estaba sorprendida por todo lo que veía a su alrededor y el ambiente le recordó a aquellas fiestas a las que acudía en la facultad. Después de que los faes llegaron a su vida, ella solo había salido alguna vez con Bo, pero aquella fiesta no tenía nada que ver con las citas que había tenido con la súcubo.

—Hay algo extraño en el ambiente —volvió a decir Bo deteniéndose de repente—. Es algo muy intenso.

Lauren se colocó a su lado observando la masa de gente que se movía alrededor, tratando de fijar su vista en algo sin que la deslumbraran los haces de los focos y las luces intermitentes del local.

—¿Tiene algo que ver con la energía sexual de la fiesta o algo similar? —preguntó Lauren volviendo su mirada hacia ella.

—No lo sé —respondió Bo mirándola a los ojos—. Es algo que nunca había sentido antes.

—Quizá es la explicación de por qué las fiestas de este grupo son tan famosas entre los faes —dijo la doctora encogiéndose de hombros.

—Deberíamos echar un vistazo alrededor —sugirió Bo deslizando su mano próxima a la de la humana y entrelazando sus dedos juntos a los de ella.

No obstante, antes de que pudieran dar un paso, un hombre de ojos oscuros se movió entre la multitud hacia ellas. Bo lo examinó con atención, no era anciano, pero su pelo era canoso, aún así guardaba cierto atractivo, su piel era lisa y la estructura ósea de su cara era ancha y marcada.

—Tú —dijo el hombre dirigiéndose hacia Lauren con una voz grave y profunda—. ¿No eres la humana traidora que la Ash quería ejecutar?

—Eh, amigo —intervino rápidamente Bo, interponiendo su cuerpo entre el extraño y su novia—. Si vuelves a decir algo así, voy a limpiar el piso con tus dientes.

—Disculpa —rió él frunciendo el ceño—, ¿y tú quién eres? —se dirigió hacia la súcubo tratando de mostrarle un aspecto afable.

—Soy Bo —le espetó mirándolo con desdén.

—Oh, la súcubo sin bando —exclamó con una enorme sonrisa—. No te preocupes, Bo, esto es un lugar sagrado, aquí no hay luz o sombra, aquí no existe fae o humano. Todos somos iguales. Así que diviértete y sé libre hasta el amanecer —dijo elevando la mano en forma de despedida y, seguidamente, se alejó de ellas con una sonrisa.

—«Sé libre hasta el amanecer» —repitió Lauren—. ¿Eso no fue lo que nos dijeron al entrar? Quizá signifique algo.

—Pues espero que no tenga nada que ver con el Rito de Paso ese de las narices, porque no pienso pasar de nuevo por el Amanecer —dijo de mala gana hurgando en el bolsillo donde el extraño había dejado algo disimuladamente. La súcubo sacó un papel y lo desdobló con rapidez. Lo que había dejado el hombre era realmente una nota: «Todos te mienten. Es hora de que sepas la verdad que nadie se atreverá a contarte. Encuéntrame en el callejón», leyó para sí misma frunciendo el ceño. Bo guardó el papel en su escote mientras examinaba escrupulosamente los alrededores en busca del extraño, pero fue imposible hallarlo de nuevo.

La súcubo hundió los hombros y tras un suspiro, puso su atención en Lauren. La doctora estaba fotografiando con su teléfono móvil el sello que le habían impreso en su mano. Bo miró el que le habían puesto a ella.

—¿Esto no son solo garabatos? —preguntó la súcubo observando las formas de los dibujos sobre su piel.

—Pensé que podrían ser esas marcas que te ponen al entrar en una discoteca, un logo o algo así —respondió la humana guardando su teléfono en uno de los bolsillos de sus pantalones—. Me recuerdan a las runas nórdicas, quizá sea una tontería, pero también puede que nos ayuden a entender algo de la filosofía de este grupo Dögun, puede que sea algo más.

—Lauren, ¿estás bien? —preguntó de pronto Bo—. Quiero decir, con lo que dijo ese tipo…

Lauren se apoyó sobre el brazo de la fae y apretó con dulzura la mano de la súcubo entre la suya.

—Bo, estoy perfectamente —le susurró con una sonrisa—. Él parece que no tuvo ningún problema conmigo y ese comportamiento, y lo que dijo, me intrigan demasiado.

—Entonces, investiguemos qué es lo que está pasando —dijo la súcubo con alegría—. Pero primero… —comenzó a decir a la vez que se inclinó sobre ella con una sonrisa y plantó un beso en sus labios. Luego, se quedó cerca de ella, perdiéndose en su mirada—. ¿Te he dicho lo hermosa que estás esta noche?

—¿Te lo he dicho yo también? —le dijo ella mientras su boca se torcía en una sonrisa pícara.

—Tres veces —contestó la súcubo mientras observaba cómo Lauren humedecía los labios con la lengua.

—Oh —exclamó la otra ruborizándose—. Es que lo estás.

—Muy bien, Sherlock Holmes —rió divertida la morena—. Antes de que te vuelva a besar y no pueda parar, vamos a ver dónde se ha metido Kenzi y si ha encontrado algo.

Lauren asintió con una sonrisa mientras la mano de Bo volvía a atrapar la suya, para mantenerla a su lado, y comenzaron a moverse entre la multitud.

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Kenzi se movió grácilmente entre la multitud hasta que pudo llegar por fin a la barra. Sin embargo, el mismo tipo de antes se le acercó nuevamente y ella tornó los ojos en blanco.

—¿Qué te hace pensar que dos minutos después haya cambiado de opinión? —le dijo apoyándose sobre la barra y mirándolo con pesadez.

—Este sitio hace cosas en tu cuerpo —respondió con una sonrisa pícara.

—Ewww —exclamó arrugando su rostro en disgusto—. Grosero.

—Es verdad, espera y verás, pronto cambiarás de parecer y ambos podremos disfrutar de una velada interesante.

—Mira, tío —le contestó perdiendo la paciencia—, si quieres utilizar tus cositas esta noche, más vale que me dejes en paz.

—Está bien —dijo él alzando las manos en señal de rendición—. Pero si cambias de opinión, puedes buscarme.

Kenzi bufó mirando hacia las botellas que estaban amontonadas sobre las repisas detrás de la barra y el hombre decidió alejarse por fin de ella.

—La dama desea algo de beber —dijo una voz femenina llamando su atención.

Kenzi dirigió sus ojos hacia la barman y frunció el ceño mirándola detenidamente. Una camisa blanca elegante, con generoso escote, el pelo rubio ondulado cayendo sobre sus hombros, los labios rojos carnosos, el delineado negro resaltando el verdor de sus ojos…

—¡Oh, dios mío! —exclamó emocionada y llena de sorpresa—. ¿Tam-tam? ¡Estás increíble!

—Lo que tú digas… —dijo incómoda rodando los ojos—. Parezco una furcia barata.

—Por favor —rió la otra divertida—. No te vas a morir por ser femenina durante unas horas. De hecho, necesitas cuidar de tu imagen y lucir este aspecto más a menudo, luces impresionante.

—¿Cómo? Yo cuido mi imagen y soy femenina. Esto —añadió señalando su cara—, es una horterada y estoy a punto de vomitar —dijo con disgusto—. Y me pica toda la maldita cara. —Kenzi se inclinó sobre la barra mientras reía sonoramente. Tamsin golpeó su brazo molesta—. No es gracioso —volvió a decir quejándose.

—Lo siento —se disculpó la otra mujer intentando aguantar la risa—. ¿Qué haces aquí? —preguntó intentando parecer más seria.

—Encubierto —dijo casi en un susurro arrastrando una copa hacia Kenzi sobre la superficie de cristal de la barra—. Supongo que tú estás en la misión súper secreta que se traían Hale y Trick entre manos, ¿has venido tú sola?

—No, Bo y Lauren están por ahí —contestó tomando la copa entre sus dedos con una sonrisa infantil en su rostro—. Al parecer Hale es el recadero de Trick y está ocupado para investigar sobre Dögun —habló con cierta molestia y luego probó la bebida que le había preparado Tamsin.

—Él se lo pierde…

Kenzi levantó los ojos hacia los de Tamsin mientras tomaba otro sorbo de la bebida y casi se atraganta cuando se dio cuenta de que sus ojos estaban vagando por el cuerpo de la valquiria descaradamente. Enseguida sintió el ardor en sus mejillas y retiró su vista nerviosa hacia otro lado. Puede ser que aquel tipejo tuviera razón y el lugar estuviera haciendo cosas en su cuerpo. Sintió su cara ponerse aún más roja ante aquel pensamiento y aún más pensando en que Tamsin estaba observando su comportamiento. Rápidamente, se aclaró la garganta y desvió su mente hacia otro asunto.

—¿Has visto algo raro en la fiesta? —preguntó Kenzi con la urgencia de entablar una conversación y olvidar la bochornosa situación que había provocado.

—Allí parece que se cuece algo —respondió la valquiria señalando al otro lado—. He visto a gente entrar ahí dentro, pero hay un guardia en la puerta.

—A lo mejor puedes entretenerlo mientras yo me cuelo —dijo la gótica desviando sus ojos hacia donde señalaba Tamsin.

—¿Tú sola? Ni lo sueñes y no sé cómo quieres que lo entretenga.

—Colarme en sitios es mi especialidad y seguro que tantos ciclos de vida que has tenido, y tantas vainas de esas, te han dado un poquito de imaginación —le dijo mientras dejaba su copa sobre la barra y comenzaba a caminar hacia allí.

—Está bien —dijo la valquiria acercándose con rapidez hacia la gótica—. Pero en quince minutos nos vemos de nuevo aquí, ¿de acuerdo?

Kenzi le guiñó el ojo afirmativamente y Tamsin asintió no muy convencida de sus planes.

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Kenzi caminó lo más sigilosamente posible por el pasillo. En cuanto torció la esquina, vislumbro a una pareja que caminaban de la mano con paso tranquilo. La gótica decidió seguirlos a una distancia prudente hasta que se perdieron de su vista, torciendo en una bifurcación. Kenzi apresuró el paso para volverlos a encontrar y se metió en un pasillo con una decoración diferente al resto. El suelo estaba cubierto por una moqueta de color rojo oscuro, que amortiguaba el sonido de sus pisadas, lo cual agradeció encarecidamente. Las paredes eran ocres y estaban adornadas con unos dibujos de delgadas líneas blancas. La gótica se detuvo para observar uno de ellos con detenimiento, en él distinguió la figura de una mujer con los brazos extendidos sobre lo que parecían una multitud que estaba a sus pies, al fondo de esta mujer parecía que había dibujado un gran sol.

Frikis —murmuró Kenzi mientras sacaba el teléfono móvil de su pequeño bolso para tomar una fotografía de la pintura.

Miró a su alrededor, fijándose en los dibujos que había en las demás paredes. La mayoría eran solo adornos, o eso le parecieron, pero habían otros dos dibujos llamativos como aquel. En la pared de enfrente distinguió la figura de una persona, no pudo asegurar si era de hombre o mujer, pero a sus pies lo que había eran llamas y sus brazos estaban también extendidos, sin embargo, había unas cadenas alrededor de ellos. El último dibujo lo encontró al final del pasillo, era un sol con unos símbolos encima. A Kenzi le fue imposible distinguir el significado, así que decidió sacar fotografías a todo aquello. Después, guardó su teléfono y examinó los alrededores. Ella juraría que la pareja de antes se había metido en aquel pasillo, pero allí, además de los dibujos, no parecía haber nada más.

La gótica decidió echar el último vistazo por si algún detalle se le había escapado, antes de regresar y encontrarse con Tamsin. Volvió su vista hacia el dibujo del sol y pasó sus dedos por encima de la superficie, bordeando con su mano los trazos pintados sobre la pared. Sus ojos se fijaron en el sello impreso en su piel, que le colocaron al entrar en el local, y comprobó que aquellos garabatos se parecían bastante a los símbolos que se encontraban sobre el sol. Su sorpresa aumentó cuando la tinta oscura de su piel comenzó a brillar, una vez dejó la mano inmóvil sobre la pared. Y de pronto, frente a ella, una puerta de madera oscura apareció.

—¡Por todos los faes y sus cosas chungas! —exclamó con sorpresa.

Kenzi posó sus dedos sobre el pomo y de forma dubitativa sopesó la opción de volver y contarle a Tamsin lo que había descubierto, o investigar un poco más. Finalmente, como un impulso, decidió abrir la puerta y un corredor sombrío se abrió ante ella. Pudo ver, a varios metros de distancia, la luz que emitía una sala y escuchó el eco de unos tambores. Kenzi dio un paso al frente y luego otro más, y cuando se dio cuenta, ya estaba caminando hacia aquella misteriosa sala. «Muy bien, Kenz, como si no hubieras visto suficiente cine B para saber que todo lo que tenías que hacer era no caminar hacia el pasillo», pensó mientras se mordía el labio de forma nerviosa.

Pronto llegó a la fuente de la luz y se encontró en un anfiteatro vacío que daba a una sala amplia. Desde allí arriba, podía ver un círculo en el suelo que emitía cierto brillo azulado, mientras dos hombres estaban en su centro. Kenzi observó la gente que rodeaba el círculo, que estaba presidido por un trono, donde un hombre de pelo canoso estaba sentado observando lo que ocurría enfrente suyo. A cada lado del trono, unas figuras con túnicas y con el rostro cubierto, golpeaban unos grandes tambores al unísono.

Kenzi dirigió su vista curiosa de nuevo al centro del círculo y se fijó en los dos hombres que se encontraban allí. Sus pieles sudorosas brillaban bajo la luz de la sala y los músculos de sus cuerpos se marcaban y tensaban mientras se movían juntos. La mujer sintió un rubor en sus mejillas al ver las manos de una la de las figuras masculinas recorrer la espalda del otro y mecer sus caderas contra el otro cuerpo. El hombre se inclinó hacia delante en respuesta y un gemido se mezcló con el retumbar incesante de los tambores. Kenzi se llevó una de sus manos a su boca dándose cuenta de que estaban teniendo relaciones sexuales delante de aquella gente. Sin embargo, había algo en sus movimientos, en sus gestos y sonidos, que atrapaba su atención. Una extraña sensación de vitalidad invadió su cuerpo al observarlos e intuyó que aquello no era solo un espectáculo para pervertidos.

—No debería de estar aquí —dijo de pronto una voz a su derecha.

Kenzi giró su cabeza rápidamente hacia el origen del sonido y la figura de un hombre etiquetado la estaba observando con un gesto impasible y serio en su rostro.

—Estaba buscando el baño —respondió a toda velocidad—, pero creo que aquí no es —rió nerviosamente tratando de aliviar la tensión que se empezó a formar en el ambiente—, así que creo que voy a buscarlo por allí.

—No lo creo —dijo el hombre dando un paso hacia ella.

—Este sería uno de esos momentos ideales en los que debería de poder controlar mis poderes —murmuró nerviosa mientras trataba de retroceder.

De pronto, el hombre extendió su mano y sopló sobre ella en dirección a Kenzi. Ella notó que algo golpeó su rostro, antes de que sus sentidos se nublaran y todo a su alrededor se volviera confuso y borroso.

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Tamsin se cansó de esperar por Kenzi y se introdujo por el mismo sitio donde se había perdido la gótica momentos antes. La valquiria siguió su instinto por los pasillos casi vacíos y utilizó su astucia para ocultarse cuando alguien aparecía de repente. En algunos minutos, llegó a un corredor con una moqueta de color rojo oscuro y paredes ocres adornadas con unos dibujos de delgadas líneas blancas. Tamsin no le prestó demasiada atención a las pinturas y sus ojos se fijaron automáticamente en el sol del fondo y en los símbolos sobre él. La valquiria frunció el ceño reconociéndolos como runas nórdicas. Hacía mucho tiempo que sus ojos no veían aquellas formas y sonrió recordando épocas pasadas. La mujer caminó hacia allí curiosa, preguntándose si sería capaz de traducir el significado de las runas después de tanto tiempo.

Le llevó algunos minutos recordar algunas de ellas, pero finalmente creyó que había dado con una traducción apropiada: «Espera al Amanecer cuando los Hijos de Heimdal se despierten como nuestros hermanos y hermanas».

—Lo que sea que signifique eso —murmuró para sí misma.

Tamsin echó un rápido vistazo al pasillo y decidió dar media vuelta al no encontrar nada. ¿Dónde se había metido Kenzi? La valquiria empezó a preocuparse por si estaba en problemas y ella se culpó por no haber insistido en acompañarla. Ni siquiera sabía si era capaz de utilizar sus poderes adecuadamente para defenderse. Había sido demasiado imprudente haberla dejado ir sola.

—¡Eh! —gritó alguien detrás de ella.

—Mierda —murmuró Tamsin girándose hacia el hombre que le había hablado—. Eh… Me mandaron a buscar más bebidas y creo que me perdí —comenzó a inventarse la valquiria—. Ya sabes, soy nueva aquí y no sé dónde están las cosas —acabó de decir fingiendo una sonrisa de inocencia.

El hombre la miró detenidamente durante un rato y Tamsin comenzó a pensar en la forma más rápida de acercarse a él y dejarlo inconsciente, pero el hombre volvió a hablar pronto:

—El almacén está por el otro lado, te acompaño.

—Oh, vaya —exclamó aparentando torpeza—. Muchas gracias, apenas empecé a trabajar hoy aquí.

El hombre esbozó una sonrisa y levantó su mano para que lo siguiera. Tamsin suspiró aliviada y caminó junto a él sin dejar de examinar los alrededores en busca de Kenzi. No halló ni rastro de ella.

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Quizá sí había algo en el ambiente. Todo empezó cuando Bo bromeó con sacarla a bailar. Primero, fueron las imparables ganas de besar a la súcubo, luego, sus manos quisieron encontrarse con la calidez de la piel de su pareja y, finalmente, un efervescente deseo se apoderó de Lauren. Sus emociones se nublaron y se volvieron confusas. Cualquier pensamiento racional fue enviado al fondo de su mente. El deseo fue embriagando sus sentidos hasta perder la percepción del mundo a su alrededor. Ella no estuvo segura qué lo provocó, pudo haber sido Bo o pudo haber sido algo más… No podía pensar sintiendo las manos de la súcubo deslizarse sobre su vientre, los brazos de ella bordearla y el cuerpo presionando el suyo, moldeando las formas del mismo sobre su espalda. Lauren dejó caer la cabeza hacia atrás, apoyándola sobre su hombro, y el aliento caliente de Bo acarició su piel, enviando escalofríos por su espina dorsal.

La música llegaba sorda a sus oídos, parecía un murmullo lejano e imperceptible. El recinto se convirtió en un vacío inmenso donde solamente estaban ella y Bo. Lo único que le parecía real era el calor que emanaba del cuerpo de la súcubo, el aliento que golpeaba su cuello, las uñas que se arrastraban sobre su ropa con ansiedad…

Sin embargo, en lo más profundo de su mente había algo que le decía que debería de estar en alerta. Lauren abrió los ojos de repente y vio a Tamsin a lo lejos, guardando una distancia considerable. Tardó un rato en reconocerla, ella lucía especialmente… arreglada. La música volvió a sus oídos como un estruendo y su cuerpo estaba temblando lleno de deseo. La valquiria gesticulaba y movía la boca, diciéndole algo, pero no pudo escucharla. La humana agarró con fuerza las manos ansiosas de Bo y se mordió el labio incapaz tomar el control de su cuerpo. Observó a la gente a su alrededor, sintió el calor, el ambiente lleno de lujuria, las risas, el sudor en las pieles, la respiración errática de Bo detrás de su oreja, la mano de su amante bajando peligrosamente por su vientre… Lauren se estremeció y un siseo de placer se escapó de sus labios.

Bo tiró de ella con hambre, envolviéndola con sus brazos con fuerza, mientras que con los dientes presionó la carne de su cuello. Lauren subió su mano por la nuca de la súcubo, perdiendo sus dedos entre el pelo negro que caía sobre su hombro, y giró su rostro en busca de sus labios.

—Buscad una habitación —se quejó Tamsin, que al parecer se había acercado hasta ellas.

Bo rompió el beso y dirigió sus ojos hacia la voz. Dos ascuas azules que brillaban entre la penumbra se fijaron sobre la valquiria, que pareció estremecerse al ver el aspecto salvaje y peligroso de la súcubo.

—Tamsin —dijo ella casi sin voz.

—¿Qué pasa con vosotras dos? —le espetó la valquiria molesta.

—Es este sitio —respondió Bo sintiendo una agonía al tratar de oponerse al deseo que sentía Lauren.

—Sí —le dijo simplemente Tamsin, desviando su mirada nerviosa hacia otra parte lejos de ellas—. Estoy buscando a Kenzi, ¿la habéis visto?

—Dijo que se encontraba mal y salió —habló con esfuerzo la súcubo mientras sacudía la cabeza—. Nos dijo que nos esperaba en el coche.

—¿Qué coche? —preguntó Tamsin sin atreverse a dirigir la mirada hacia ellas y acunando sus brazos contra sí misma.

—Un Volkswagen Tiguan negro —dijo de repente Lauren.

Los ojos de la valquiria rodaron hacia la humana que estaba apoyada sobre el cuerpo de Bo. Tamsin retrocedió conociendo lo que sus ojos querían y volvió su mirada hacia la súcubo. Entonces, Lauren se giró entre los brazos que la sujetaban y busco los labios de su novia de nuevo. La valquiria no pudo apartar la vista mientras ellas se envolvían en un beso febril durante un largo rato. Sacudió la cabeza incómoda y trató de mirar a su alrededor, ignorando a la pareja. Había algo extraño en aquel lugar.

Lauren se separó de Bo ligeramente y observó de reojo la inquietud que se apoderó del cuerpo de la valquiria. Una mirada indiferente por parte de Tamsin se cruzó con la suya. Ellas dos seguían conectadas de alguna forma, después de todo, y Lauren sonrió sabiendo que ella podía sentir lo excitada que estaba.

Bo las observó intrigada, y de alguna forma, atraída en cómo sus auras se habían vuelto tan intensas la una hacia la otra, pero no era de la misma forma que ella había visto otra veces entre dos personas que se deseaban. Bo alzó las cejas cuando Lauren buscó a Tamsin con sus manos y la atrajo hacia ella, sus auras se volvieron tan intensas que se estremeció como si llevara años sin alimentarse. La súcubo sacudió la cabeza tratando de contenerse, pero casi podía saborear la energía sexual que invadía el ambiente y sentir el deseo que incrementaba entre Tamsin y Lauren.

Cuando la doctora se apoyó sobre el cuerpo de Bo y sus labios atraparon los de la valquiria, la súcubo se dio cuenta de que no se deseaban, el deseo que veía era hacia ella, y volvió a estremecerse nerviosa sin poder apartar la mirada del beso urgente en el que estaban sumergidas. Bo tenía que detenerlas, obviamente no eran ellas mismas, algo había provocado todo aquello, pero el roce de la espalda de Lauren contra su cuerpo no la estaba ayudando para nada. Debería de sentirse celosa y molesta de que otras manos vagaran por el cuerpo de su novia, pero lo que sentía era un hambre voraz que le exigía ser calmada inmediatamente.

La súcubo frotó su mejilla contra la de Lauren y los ojos verdes de la valquiria se fijaron en ella. Bo casi se derritió imaginando el sabor del chi de Tamsin entrando por su boca. Sus manos hambrientas la buscaron y la separaron de los labios de la humana, atrayéndola a los suyos propios, quedando Lauren entre las dos mujeres.

El chi entró en su interior como una llamarada que despejó todos sus sentidos con rapidez y parece que Tamsin también logró salir del trance, porque ambas retrocedieron a la vez. Bo se quedó mirando con confusión hacia la valquiria y ésta la observó incomoda durante un instante, antes de darse media vuelta y perderse entre la gente con rapidez.

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Tamsin caminó por la calle con rapidez buscando el coche negro. No tardó en encontrarlo, para su propia suerte, y cuando llegó hasta él, abrió la puerta trasera, que se encontraba destrancada. En su interior se encontró a Kenzi, recostada sobre el asiento, que al escuchar la puerta abrirse, levantó la cabeza.

—¡Estaba buscándote! —exclamó la valquiria con cierta molestia.

—Lo olvidé —le respondió con una risilla. Tamsin la miró alzando una ceja mientras se apoyaba sobre la puerta del vehículo y se asomaba a su interior, mirándola con molestia—. No es gracioso. Lo siento —añadió Kenzi, llevándose las manos a la boca e incorporándose para que la valquiria pudiera entrar.

—Tengo que hablar contigo sobre la fiesta —dijo la fae cerrando la puerta e introduciéndose en el coche—. Creo que había alguna sustancia o algo que echaron en la fiesta, la gente estaba muy rara. ¿Te encontrabas mal por el alcohol o porque…? —Tamsin dejó la frase a medias para girarse velozmente hacia Kenzi—. ¿Me acabas de tocar el…?

—¡Fue sin querer! —exclamó la otra moviéndose hacia un lado, dejándole espacio a la fae para que se sentara—. Mi mano tropezó con tu culo.

—Estupendo. Supongo que eso responde mi pregunta —resopló Tamsin acomodándose sobre el asiento trasero del coche—. ¿Dónde estabas?

—Aquí, ¿no me ves? —le respondió con una risilla.

—Me refiero antes de estar aquí —dijo la detective rodando los ojos, empezando a perder la paciencia.

—¿Por qué tanta prisa por buscarme? —preguntó la otra.

—Estaba… preocupada… —respondió con una extraña incomodidad—. Dijimos quince minutos, ¿te encuentras bien?

—Yo sí, eres tú la que está un poco sofocada —se burló inocentemente.

—Sí, es porque tu amiga y su novia… Bueno, da igual —dijo cerrando los ojos tratando de no pensar en lo que había pasado con Lauren y Bo. Todavía podía sentir su cuerpo alterado—. ¿Encontraste algo? Porque definitivamente en esa fiesta había algo —preguntó queriendo cambiar de tema, aún con los ojos cerrados.

—Tú y yo… —comenzó a decir la gótica arrastrando las palabras—. Nosotras deberíamos de hablar de algo primero.

—¿Y de qué tendríamos que hablar tú y yo exactamente? —murmuró Tamsin llevándose las manos a las sienes sin darle importancia a lo que decía—. No te veo demasiado coherente ahora mismo.

Kenzi se quedó pensando durante un momento, pero su mente no estaba para nada clara, ni siquiera recordaba cómo había llegado al coche en primer lugar. Todo en lo que podía pensar era en lo atractiva que le parecía Tamsin en aquel momento. Apoyó el codo sobre el respaldo del asiento y dejó que sus ojos viajaran por el cuerpo de la mujer a su lado. Ella nunca había admirado las formas femeninas como lo estaba haciendo esa noche, nunca había deseado a nadie como deseaba a Tamsin en aquel instante. La joven mujer se movió hacia la valquiria y ésta abrió los ojos notando su cercanía. Se miraron en silencio mientras Kenzi se montaba a horcajadas sobre la valquiria.

—Con nuestro historial no deberíamos tentar a la suerte —le advirtió la rubia.

—¿Qué historial? —preguntó aparentando inocencia.

—Yo casi haciéndotelo sobre una mesa y tú no interesada para nada en ello —respondió con una sonrisa socarrona típica en ella.

—No te haces ni una idea de qué me interesa —le contestó mezclando sus dedos entre el pelo rubio de la fae.

—Estás bajo los efectos de esa cosa que había en la fiesta, no eres tú la que estás hablando —le dijo seriamente—. Bájate.

—No había nada fae en el gimnasio —le susurró inclinándose sobre ella—. Yo dejé que me besaras, que me pusieras sobre aquella mesa, que me tocaras… —Kenzi se mordió el labio mirando fijamente a la valquiria—. Incluso si ahora estoy colocada, quise hacer esto desde hace algún tiempo.

Tamsin tragó saliva mientras se perdía en la mirada de la mujer que tenía encima. Sus sentidos estaban absortos en el rostro de Kenzi que se cernía sobre el suyo. No había vuelta atrás. Sus ojos azules se fijaron en los de ella durante un momento antes de que sus labios presionaran los de la fae suavemente. La gótica llevó sus manos hasta los laterales del cuello de la valquiria mientras profundizaba el beso, recorriendo con su lengua el labio inferior de la otra antes introducirla dentro de su boca. En cuanto sus lenguas se rozaron la una contra la otra, a ambas se le escapó un suave gemido, casi inaudible.

Tamsin agarró con sus manos las caderas de la otra mujer, que se apretaron contra sus piernas, mientras el beso se volvía cada vez más exigente. Y entonces, Kenzi colocó sus manos sobre los hombros de la rubia y se echó hacia atrás separando bruscamente sus labios.

—Oh, mierda —dijo con la respiración entrecortada—. Te he besado…

—¿Sí? —exclamó sarcásticamente Tamsin, que estaba tratando de volver a respirar con normalidad—. Apenas he notado llegar tu lengua hasta mi garganta.

Los ojos de Kenzi bajaron hasta los labios de la mujer que estaba debajo de ella, se llevó los dedos a la boca y giró su cabeza hacia un lado sintiendo sus mejillas arder.

—Lo siento, Tamsin… yo… no sé qué estoy haciendo —dijo sin mirarla.

—No tienes por qué pedir perdón —le contestó acariciando con los dedos sus caderas.

Kenzi dirigió su vista hacia Tamsin. Vio ese brillo en sus ojos verdes. Esa mirada velada por el deseo le pareció demasiado tentadora, y no pudo resistirse cuando sintió los dedos de la valquiria vagar hacia abajo, acariciando las piernas que la rodeaban.

—Si quieres que me detenga —susurró la detective en un tono tenso—, deberías de decirlo ahora.

Incluso si hubiera podido responderle, no le habría dicho nada. Sus palabras se atragantaron en su garganta cuando las manos de Tamsin subieron por sus muslos, arrastrando con ellas el vestido hasta su cintura, y más tarde, las palabras se perdieron para siempre cuando la detective comenzó a besar su cuello en sentido descendente. La valquiria subió lentamente las manos por su espalda, buscando el enganche de su vestido, mientras sumergía la cabeza en su escote y dejaba besos en la parte expuesta de su piel.

Los gestos de Tamsin sobre ella, provocaron una sensación electrizante que atravesó su cuerpo, quemándola en un placer que la descontroló. Los dedos de Kenzi se aferraron sobre los hombros de la valquiria con fuerza, mientras, casi de forma involuntaria, sus caderas se arrastraron sobre Tamsin buscando la calma a la sensación pulsátil que la mujer rubia había encendido en ella.

La detective soltó por fin el enganche y comenzó a bajar el cierre del vestido con lentitud, observando las reacciones de la otra mujer. Le pareció que el sonido gutural que salió de la garganta de la gótica fue una aprobación para que siguiera, y deslizó con fuerza las telas para liberar la piel que tanto ansiaba recorrer con su boca. Fue Kenzi quien agarró su rostro con fuerza y la guió hacia allí con urgencia. Arrastró sus dientes, mordisqueando la carne, y luego pasó su lengua. La piel de Kenzi ardía bajo su boca y la valquiria empezó a figurarse lo que tenía que hacer seguidamente, cuando las caderas de la otra mujer se movieron cada vez más frenéticas contra ella. Dejó que sus manos bajaran acariciando el vientre, haciendo que la otra mujer se anticipara abriendo las piernas para ella. La detective dejó caer su mano y pronto sintió la calidez contra su palma y la humedad emerger a través de la tela. Ella elevó la vista hacia el rostro de la otra mujer y Kenzi la miró con unos ojos hambrientos de deseo. Tamsin se estremeció observándola atentamente, mordiéndose el labio inferior, esperando impaciente su reacción mientras avanzaba con los dedos entre sus piernas lentamente.

Su mente y su cuerpo se deshicieron, ella estaba poseída por la necesidad y el deseo, perdida en los caprichos que Tamsin quisiera hacerle. Sus dedos se revolvieron entre su pelo rubio mientras se ahogaba en placer. Kenzi arremetió con urgencia contra los labios de la valquiria otra vez. Sus manos, alrededor del cuello de la fae, se fijaron sobre su piel con fuerza. La besó ansiosa, mordiéndose las ganas de gritarle que quería más. Y de pronto, la detective hizo un nuevo movimiento, adivinando los deseos de Kenzi, y retiró la tira de su ropa interior hacia un lado, permitiéndole entrar en contacto con su piel resbaladiza.

Kenzi se desestabilizó. Su frente cayó sobre la de Tamsin, separando su boca de la de ella, en busca de aire. Una de sus manos se agarró a un hombro de ella y la otra se aferró al respaldo del asiento, clavando las uñas sobre la piel sintética que lo cubría.

Los dedos expertos de Tamsin se movieron sin piedad a través de su humedad y sus ojos complacidos fueron testigos del placer que le estaba provocando a la otra mujer. Sin embargo, también se estaba perdiendo a sí misma, siéndole imposible apartar la mirada de los orbes azules que se cernían sobre ella. Descubrió que necesitaba besarla, como una sed que exigía calmarse sintiendo de nuevo sus labios junto a los suyos; pero Kenzi se echó hacia atrás, deslizando las manos hacia abajo, arrastrando las uñas por los brazos tonificados y tensos de la mujer rubia, y su rostro se alejó de ella. Incluso antes de que la valquiria pudiera inclinarse en busca de sus labios, la morena movió las caderas ligeramente hacia arriba, y los dedos de Tamsin resbalaron y rozaron su entrada. Entonces, la valquiria fue enteramente consciente de la urgente necesidad de la otra mujer y una sonrisa pícara asomó por su rostro mientras se sumergía en su interior. Un sonido ronco y gutural recorrió la garganta de la gótica, mientras los dedos salían y entraban en ella una y otra vez, sin darle descanso.

La boca de Kenzi se abrió echando la cabeza hacia atrás con fuerza contra el respaldo del asiento delantero. Ella gimió ante la sensación de tormento de sentir a Tamsin en su interior, cerrando los ojos mientras sus dedos se aferraban a los brazos de la valquiria y su espalda se arqueaba por el éxtasis que le estaba provocando.

Le fascinó verla morirse de placer entre sus brazos y aquel beso se volvió una urgencia para ella. Así que, con la mano que reposaba en la parte baja de la espalda de Kenzi, tiró de ella para acercarla. Sin embargo, antes de que pudiera capturar sus labios, la gótica tiró de su cabeza, echándola hacia atrás, impidiendo el beso que tanto ansiaba la valquiria. Kenzi escuchó el sonido de frustración que salió de la boca de ella y sonrió maliciosamente mientras se movía contra ella, haciendo de cada contacto con su cuerpo una caricia ardiente que estaba dificultando la respiración de la detective.

—Bésame —le rogó Tamsin con la voz ronca.

Vio la sonrisa victoriosa de Kenzi antes de que atrapara su boca hambrienta con la de ella y le concediera finalmente ese beso que se moría por probar de nuevo. Una llamarada de placer las envolvió cuando sus lenguas serpentearon juntas, pero no por mucho tiempo. La gótica separó sus labios de los de la detective jadeando pesadamente.

—Tam… —comenzó a decir con la respiración entrecortada, pero su boca se abrió entre la de la rubia y lo último que salió fue un gemido que se perdió por la garganta de la valquiria.

—¿Mmm? —dijo la otra sonriendo, sintiendo el cuerpo de Kenzi tensarse y sus caderas moverse contra su mano erráticamente, mientras Tamsin curvaba los dedos en su interior buscando su punto de mayor placer.

—¡Mierda! —exclamó con apenas un hilo de voz, aferrando sus dedos alrededor del rostro de la valquiria.

La detective se estremeció cuando los ojos azules de la otra mujer la miraron profundamente mientras un intenso orgasmo recorría cada centímetro de su cuerpo. Luego, Kenzi se dejó caer hacia atrás contra el respaldo del asiento delantero, cerrando los ojos y dejando salir un largo suspiro. Cuando su cuerpo se relajó, Tamsin deslizó sus dedos empapados hacia afuera y antes de que pudiera pensar en cualquier otra cosa, un inoportuno timbre retumbó por todo el espacio cargado de aire denso.

—No es mi teléfono esta vez —dijo Tamsin en voz baja.

Kenzi abrió los ojos y, de pronto, se sintió vulnerable ante su desnudez y se ruborizó pensando en la idea de su cuerpo expuesto a la otra mujer. Torpemente, trató de colocarse el vestido y las manos de la valquiria se unieron a las de ella para ayudarla. Ella sintió cada caricia sobre su piel como una sacudida eléctrica, como un anhelo incansable que hacía que se perdiera en sí misma, incluso si no era la intención de la valquiria. La cercanía de sus ojos esmeraldas la dejaron sin respiración, cuando se aproximó a ella para poder subir el cierre de su vestido.

—A lo mejor deberías contestar —sugirió en un susurro Tamsin rompiendo el trance en el que había entrado la otra mujer—. ¿Dónde está? —preguntó echándose hacia atrás para tratar de encontrar el aparato.

—Está… Está en mi bolso —dijo Kenzi echándose hacia un lado para bajarse de la valquiria y sentarse sobre el asiento del coche. La mujer se aclaró la garganta, aún aturdida por lo que había sucedido entre ellas, y tratando de guardar la compostura antes de volver a hablar—. Mira por el suelo.

—¡Está aquí! —exclamó Tamsin después de inclinarse para llegar hasta él.

Las manos de Kenzi se apresuraron en tomar el bolso de las manos de la detective y buscar en su interior el teléfono que estaba sonando. La mujer frunció el ceño al ver el nombre de Lauren en la pequeña pantalla.

—¿Qué pasa? —contestó atendiendo la llamada lo más rápido posible—. Sí, estoy en el coche… ¿Vienes para aquí? —dijo más para alertar a Tamsin que para preguntarle nada a Lauren. La valquiria movió la cabeza afirmativamente, entendiendo el mensaje, y se movió hacia la puerta que tenía al lado—. Aquí te espero entonces —añadió la gótica cortando la llama—. ¡Espera! —exclamó antes de que Tamsin saliera del vehículo.

—¿Qué? —le dijo volviéndose hacia ella.

—Tienes todo el maquillaje corrido —le respondió.

—Es normal —comentó con una sonrisa pícara.

—Deja que te lo arregle. Es lo mínimo que puedo hacer después de… la cosa… —acabó de decir desviando la mirada hacia el otro lado.

—¿La cosa? —repitió Tamsin en un tono divertido.

—Ya sabes a lo que me refiero —le respondió entre dientes lo más rápido posible.

—Voy a suponer que me debo sentir halagada —le dijo de forma arrogante.

—¡Ven aquí de una vez! —exclamó Kenzi tirando de su brazo e ignorando sus comentarios. Entonces, sacó un pañuelo humedecido, del paquete que llevaba en su bolso, y limpió los rastros de carmín que tenía la valquiria por su rostro. Ella se detuvo cuando rozó sus labios y ambas se observaron con miradas indescifrables. Su cuerpo se estremeció ansioso por besarla de nuevo.

—Es mejor que me vaya —anunció Tamsin, sintiendo que el ambiente entre ellas se electrificó de nuevo.

—Vale —dijo la otra retirándose hacia atrás.

Tamsin asintió y luego se arrastró por el asiento hasta alcanzar la puerta, que empujó con suavidad. Sin embargo, antes de bajarse del vehículo, giró la cabeza hasta poder mirar a Kenzi. Ella realmente no supo por qué lo hizo o qué era lo que quería comprobar, simplemente le dirigió una sonrisa socarrona y desapareció.

La gótica tragó saliva mientras veía la puerta cerrarse. Se sentó sobre el asiento mirando hacia el frente y tratando de asimilar lo que había pasado. En verdad, sabía perfectamente lo que había pasado, pero no lo que significaba para ella.

#

Bo se quedó de pie, mirando cómo Lauren se alejaba de allí y caminaba hacia el coche donde se suponía que estaba Kenzi. La súcubo suspiró aún aturdida por los recientes eventos en la fiesta. Realmente había sido difícil resistirse a Lauren, pero había algo que no estaba bien en aquel lugar. Todos parecían estar bajo los efectos de alguna droga o algún hechizo, Bo no sabía exactamente la explicación, pero lo vio en las auras de todos los que estaban allí. El deseo sexual que flotaba en el ambiente había despertado su hambre y, la excitación que invadió a Lauren, tampoco la ayudaron a controlarse. Quizá fue suerte que Tamsin de alguna forma acabara allí y le permitiera alimentarse de ella, aquello ayudó a despejar sus sentidos y a pensar con claridad. La súcubo sonrió maliciosamente mientras recordaba cómo la valquiria había salido despavorida de allí.

De pronto, un graznido perturbó la quietud de la noche y la alejó de sus pensamientos. Ella sabía que era un cuervo, aunque no lo vio, al fin y al cabo, se había criado en el campo y conocía el sonido de algunos animales. No obstante, no quiso darle más importancia y se apresuró en sacar la nota que aquel hombre misterioso le había dado en la fiesta. «Encuéntrame en el callejón», leyó de nuevo para sí misma. Bo no estaba segura de si era prudente hacerle caso a una nota anónima, pero tenía curiosidad y podía ser alguna pista importante. Realmente no había descubierto nada relevante en la fiesta, aparte de comprobar que la mayoría de personas importantes de la sociedad fae estaban involucradas con ese grupo.

—A la mierda —dijo con determinación mientras guardaba la nota de nuevo.

Bo se dirigió hacia el callejón, no sin antes sacar su daga. La súcubo caminó con precaución llevando su arma siempre hacia el frente. La noche se había vuelto silenciosa y solo podía escuchar el eco de sus pasos sobre el pavimento por el que caminaba. Miró a su alrededor en alerta, pero no vio nada extraño. Sin embargo, después de algunos pasos más, pudo vislumbrar una silueta casi al final del callejón. La súcubo se detuvo cuando la sombra se movió hacia ella.

—Has venido —dijo de pronto la voz de una mujer proveniente de aquella figura misteriosa.

—¡Muéstrate! —bramó la súcubo de forma amenazante.

De pronto, sintió algo puntiagudo presionar sobre su cabeza y vio la sombra de alguien a su espalda.

—Tira el arma —le dijo otra mujer mientras empujaba el objeto punzante por detrás de la cabeza de la súcubo.

—Es solo un pequeño cuchillo —contestó de forma arrogante.

—He dicho que…

Bo se giró sobre sus talones con rapidez, sin darle tiempo a terminar la frase. Aprovechó la inercia del movimiento, para golpear con fuerza el brazo de la mujer y desarmarla. En cuanto escuchó el arma de su oponente golpear el suelo, se abalanzó sobre ella y presionó su daga sobre su cuello. Sin embargo, cuando la cercanía le permitió ver el rostro de su agresora, Bo retrocedió liberándola.

—¡Lou Ann! —exclamó consternada. La otra mujer se llevó las manos a la garganta mientras tosía y elevaba el rostro para que Bo pudiera verla—. Pero… Tú estabas muerta…

—Una de las mentiras que tu abuelo te oculta —dijo de nuevo aquella voz.

Bo se giró reconociendo por fin de quién se trataba y vio su figura emerger de las sombras con una sonrisa amarga en su rostro.

—¿Aife? —dijo la súcubo sin saber muy bien cómo sentirse al ver a su madre de nuevo.

—Hola, Bo —le respondió simplemente ella.