NOTAS: Sí, otro capítulo nuevo *aplauso*. Aunque el siguiente se demorará un poco más porque la próxima semana tengo un examen y tengo que dedicar tiempo para estudiar :C Bueno, igualmente, muchas gracias por vuestros fabulosos comentarios y por mostrarme vuestro entusiasmo para que continúe la historia. Muchas muchas gracias, es lo que me ayuda a seguir! Creo que este capítulo tiene diversas emociones en él, espero que esté a la altura y os guste (y por supuesto, espero ansiosa vuestras opiniones). Disfruten de la lectura ;)
Lauren caminaba en círculos de un lado a otro. Miró su reloj de nuevo. El tiempo parecía eterno. Solo habían pasado diez minutos desde que había llamado a Bo, desde que escuchó su voz decir por teléfono que llegaría enseguida. Ella cogió su coche desde el laboratorio hasta la casa de la súcubo, asustada, confusa, sin saber qué hacer, conduciendo a toda velocidad por las calles, sin prestar atención a los semáforos ni a las señales de tráfico.
La doctora se apoyó sobre la pared más cercana, llevándose una mano al pecho, sintiendo que casi no podía respirar. «Es solo ansiedad», pensó cerrando los ojos tratando de tomar una bocanada de aire. Y entonces escuchó la puerta abrirse de golpe y unos pasos veloces acercarse a ella.
—¡Lauren! —gritó mientras la agarraba por los hombros—. ¡Mírame! ¿Qué pasa?
Lauren no logró hablar. Quería decirle a Bo que solo tenía un ataque de ansiedad, que los había tenido antes y sabía lo que había que hacer, pero simplemente no pudo.
Bo ahuecó el rostro de Lauren entre sus manos para que la mirara a los ojos, pero la vista de la doctora parecía perdida. La súcubo se desesperó por verla así y dejó que sus poderes la calmaran. En seguida, Lauren sintió olas de placer recorrer sus músculos y su cuerpo entero se relajó entre los brazos de Bo.
—¿Lauren? ¿Me oyes?
—Estoy bien —consiguió decir por fin.
—¿Qué diablos ha pasado?
Lauren volvió a sentir cierta inquietud en la boca de su estómago al recordar qué hacía allí.
—Bo, creo que encontré a mi madre biológica —dijo de pronto.
La súcubo se estremeció.
—¿Tu madre? —dijo con cierto temblor en la voz.
—Evony —le confesó mirándola a los ojos, asustándose de nuevo.
Bo se separó bruscamente de Lauren y la humana la observó frunciendo el ceño. Bo no parecía sorprendida, ni siquiera dijo nada. Como si ella…
—¿Tú lo sabías? —dijo Lauren incrédula.
—Yo… —Bo se contuvo cuando miró a los ojos a la doctora—. Sí —dijo cabizbaja.
—¿Y no me lo dijiste? —preguntó elevando la voz.
—Lauren, no es eso —intentó protestar Bo.
—He destruido y manipulado pruebas de la investigación sobre el asesinato de Vex porque no sabía que el ADN de Evony podía indicar que ella era mi madre —le recriminó la doctora comenzando a perder los nervios—. ¿Sabes lo que eso significa?
—No tenía ninguna forma de saber que Evony me estaba contando la verdad —se defendió la súcubo—. Y estaba tratando de protegerte, ¿sabes lo que te pasaría si descubrieran todo esto?
—No más de lo que me pasará cuando los faes sepan lo que hice con las pruebas, Bo. ¡Estamos hablando del asesinato del Morrigan! Y… y… ¡Además es algo importante de mi vida, debiste contármelo! —le gritó Lauren.
—¡Dijo la que siempre me ha ocultado cosas! —le espetó impulsivamente, casi arrepintiéndose al instante de decirlo.
—Estupendo —suspiró Lauren dando media vuelta hacia la puerta.
—Espera —le dijo agarrándola del brazo—. No quería decir eso, lo siento.
—Lo menos que necesito ahora es enfadarme contigo —le dijo sin mirarla.
—Lauren —le rogó Bo.
—Déjame —le pidió zafándose del agarre de la súcubo y volviendo a dirigirse hacia la puerta.
—Lauren, no voy a dejarte sola en el estado de nerviosismo en el que estás —volvió a insistirle.
—Pues iré a donde Tamsin.
—¿Qué? —gritó desesperada volviendo a agarrar su brazo e impidiendo que se moviera—. No. Te quedarás aquí.
—Estoy molesta contigo y lo último que necesito es que peleemos. —Lauren la miró de reojo—. Por favor, déjame ir. Te llamaré mañana.
—No te vayas así —susurró la súcubo con los ojos humedecidos.
—Por favor, Bo —le pidió Lauren retirando la mirada de la de ella.
—Está bien… —suspiró la fae retirando su mano del brazo de la humana.
La doctora iba a añadir algo más, pero prefirió callárselo mientras Bo le suplicaba con la mirada, posiblemente, que reconsiderara su decisión. No obstante, Lauren no necesitaba que la relación que parecía que por fin empezaba a funcionar, se estropeara por algo así. Ella quería pensar, en soledad, unir las incógnitas de su pasado, reconstruirlo, replantear su vida con los faes, si influyó de alguna manera que Evony fuera su madre… Necesitaba paz para tranquilizarse y ahora mismo no encontraba eso al lado de Bo.
—Mañana te llamaré —dijo simplemente antes de dar media vuelta y salir por la puerta.
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Kenzi cruzó los brazos sobre su pecho mientras esperaba a que la puerta se abriera. Bo la había dejado preocupada. ¿Qué diantres había pasado entre ella y Lauren que la había puesto tan nerviosa? ¿Y por qué no quería contarle de qué se trataba? Kenzi suspiró inquieta. Solo esperaba que hablando con la doctora pudiera averiguar qué había pasado o al menos poderle decir a Bo que ella estaba bien y que mañana podría hablar con ella tranquila. Kenzi suspiró. Su cita con Netflix y todas sus series pendientes tendría que esperar. Ella solo quería tener una noche en paz por una vez y… La puerta se abrió. Tamsin, con un short de color negro bastante corto y una camiseta blanca que dejaba ver ciertas formas bajo su tela, la recibió. Mierda. Kenzi tragó saliva.
—¿También vienes para dormir está noche aquí? —preguntó Tamsin con una sonrisa traviesa.
—No es lo que estaba pensando —respondió cruzando a toda velocidad al lado de la fae—. Vengo a ver a Lauren —dijo una vez dentro del apartamento.
—Vaya, me había hecho ilusiones —bromeó la rubia cerrando la puerta.
—¿Dónde está? —preguntó Kenzi tratando de obviar el comentario de la otra y dirigiéndose hacia a la sala que compartía espacio con la cocina.
—Arriba —le respondió la valquiria señalando hacia las escaleras que subían a las habitaciones—. La dejé sola un momento porque estaba un poco nerviosa y de todas formas no quiere hablar de lo que le pasa.
—Bo está igual, ¿sabes qué pasó entre ellas?
—No sé y no creo que quiera saberlo.
—Los problemas en Bobolandia siempre son un drama —suspiró la morena apoyándose sobre el mostrador de la cocina.
—Eso parece —dijo la valquiria paseándose delante de Kenzi.
La morena la miró con cierta incomodidad. Tamsin se dio cuenta de su mirada.
—¿Qué?
—¿No te vas a poner nada? ¿Unos pantalones al menos? —se quejó la gótica.
—¿Por qué? —preguntó la valquiria encogiéndose de hombros y dirigiéndose hacia la nevera.
—No puedes recibir a la gente así, ¿no tienes modales o qué? —dijo casi con molestia Kenzi.
—Claro que tengo modales —bufó Tamsin abriendo el frigorífico y asomándose a su interior—. A veces… Te iba a invitar a una cerveza, ¿ves? —concluyó girándose hacia la otra mujer y enseñándole la botella entre sus manos.
—Bueno —dijo la gótica entrecerrando los ojos mientras miraba la deliciosa cerveza que portaba Tamsin—, te daré el beneficio de la duda.
—Creo que he descubierto tu punto débil —rió la valquiria cerrando la puerta de la nevera con el pie. Luego caminó hacia Kenzi con dos botellas de cerveza en las manos.
—Solo uno, uno no muy importante —refunfuñó la mujer más pequeña arrebatándole una de las cervezas a Tamsin cuando se acercó lo suficiente.
—Puede que la otra noche haya descubierto otro.
Kenzi bebió un largo trago de su cerveza haciendo como si Tamsin no hubiera dicho nada, pero la valquiria se quedó mirando hacia ella con esa mirada arrogante y juguetona que estaba siendo muy común en ella últimamente.
—¿Qué crees tú? —insistió inclinándose hacia Kenzi.
—Sensible —dijo y luego se aclaró la garganta—. Un punto sensible. No es lo mismo.
Tamsin dejó salir una risa divertida. ¿Cómo resistirse a tentar a Kenzi después de lo que había pasado en el asiento trasero de aquel coche? Ella sabía que Kenzi también estaba pensando en eso en aquel instante, cuando dejó la botella de cerveza a medio beber sobre el mármol del mostrador y se metió las manos en los bolsillos de su chaqueta. Sus ojos azules no se atrevieron a mirarla directamente y Tamsin comenzó a intuir que Kenzi estaba tratando de buscar alguna excusa para marcharse. Vio sus inseguridades cruzar su rostro y no iba a dejar que se fuera tan rápido.
—Lauren seguramente no bajará y debería irme —dijo entonces.
—Venga —musitó la valquiria acercándose a ella—. Ni siquiera te has terminado la cerveza. No te vayas ahora.
—¿Por qué? —preguntó alzando las cejas, curiosa—. ¿Quieres que me quede?
—Esta es tu casa y a lo mejor Lauren baja dentro de un momento, justo cuando te vas —tanteó Tamsin.
—Le dije a Bo que volvería pronto, que solo iba a comprobar que Lauren estaba bien y eso parece, así que…
—No me hagas rogarte —insistió la valquiria con una sonrisa maliciosa en su rostro.
—¿Vas a rogarme? —silbó la morena con sorpresa y casi con burla—. Sí que tienes ganas de que me quede…
—Tantos dramas me han desvelado —contestó la valquiria rodando sus ojos hacia el otro lado.
—¿Y qué podría hacer yo para tu desvelo? ¿Cantarte una nana? —bromeó la morena.
—Algo se nos puede ocurrir —sugirió la detective volviendo los ojos hacia Kenzi y lanzándole una sonrisa socarrona.
La morena dejó salir una carcajada mientras negaba con la cabeza.
—Me voy —dijo girándose sobre sus talones y caminando hacia la puerta.
Tamsin caminó detrás de ella y agarró la puerta antes de que Kenzi pudiera abrirla, extendiendo su mano sobre la madera. La gótica se giró y la miró molesta.
—No huyas —le dijo la rubia.
—No lo hago.
—Sí.
—¿De qué huyo según tú? —le espetó la mujer más pequeña.
—Dímelo tú.
Se miraron. Sus ojos verdes tan cerca la dejaron casi sin respiración. Kenzi se rindió.
—Tamsin…
—Ah ah —negó la valquiria, poniendo un dedo sobre sus labios impidiendo que siguiera hablando—. Ya sé qué es lo que pasa aquí.
—¿Qué pasa? —dijo tornando los ojos en blanco.
—Te intimido —trató de provocarla la rubia fae.
—No sueñes, valquiria —le espetó empujándola hacia atrás ligeramente—. No me asustas.
Tamsin retrocedió un paso y posó una de sus manos sobre una de sus caderas. Le dirigió una mirada hacia la otra mujer como si Kenzi la hubiera retado de alguna forma. La gótica le devolvió una mirada altanera sintiendo como si la actitud de la detective pudiera de alguna manera herir su orgullo. Pero Tamsin solo estaba sopesando una posibilidad durante unos segundos. Después, estiró sus brazos y agarró las solapas de la chaqueta de Kenzi, empujándola contra la puerta, presionando con firmeza su cuerpo junto al de la joven mujer para sumergirse en un largo y apasionado beso que Kenzi correspondió al instante.
La morena casi aulló cuando la valquiria comenzó a dejar besos a lo largo de su mandíbula. Las manos de la detective bajaron por sus caderas agarrando su trasero, tirando de ella, y su boca abierta continuó su recorrido voraz por el costado del cuello de Kenzi. Ella ladeó su cabeza dejando más espacio a la rubia y un siseo placentero se le escapó cuando los labios calientes de la fae presionaron en el hueco de su cuello. Las uñas se movieron arrastrando la tela de la camiseta de Tamsin, sintiendo los músculos tonificados del vientre de la rubia moverse de arriba a abajo. La piel caliente de la detective la sorprendió cuando la tocó y ella se detuvo un momento, retirándose un poco hacia atrás, inconscientemente, golpeando la puerta.
Tamsin levantó la cabeza para mirarla, pensando que había hecho algo que incomodó a la mujer más joven. En silencio, sus miradas se estudiaron. Kenzi se mordió el labio cuando fue consciente del calor y del pulso presente entre sus muslos. Cuanto más pensaba en lo que sentía más quería solamente arrojarse hacia Tamsin, quizá arrebatarle ese corto pantalón de pijama que llevaba. Sería interesante hacerla gritar. Se ruborizó ligeramente, excitada ante la idea. Se le olvidó por qué se había alejado en primer lugar, y lamentó haberlo hecho. La gótica esbozó una tímida sonrisa hacia ella y la valquiria bajó la mirada hacia las manos de Kenzi que seguían descansando sobre su abdomen.
La rubia agarró una de las manos de la morena y levantó la vista, encontrándose con unos ojos azules que la miraban con intriga, luego con sorpresa, cuando comenzó a arrastrar la mano de Kenzi hacia arriba sobre su piel. Tamsin se volvió a inclinar sobre la gótica y la besó de nuevo, en un encuentro largo y profundo, que tuvo que luchar por no romper cuando hizo que la mano de Kenzi llegara hasta su pecho.
Tamsin rompió el beso jadeando. Kenzi no era como sus otros amantes. Ella no solía tener paciencia, siempre lo quería rápido e intenso, pero esta vez no le importaba esperar. Intrigada, es lo primero que pensó, sin embargo, se dio cuenta de que estaba cautivada por la forma en la que Kenzi la tocaba. La gótica parecía maravillada por su cuerpo. La manera en la que sus manos moldearon sus pechos y cómo sus yemas acariciaron sobre sus costillas provocando escalofríos en Tamsin. Y cuando su boca se deslizó por el cuello de la valquiria hasta caer sobre su clavícula, presionando con sus dientes allí mientras a la detective se le escapó un gemido sobre la oreja de la otra mujer.
Tamsin cerró los ojos con fuerza. Estaban dando demasiados rodeos solo para llegar al mismo punto de siempre. Con rapidez, tomó la mano de Kenzi de nuevo y la apretó contra su vientre. La detective miró con detenimiento los ojos azules próximos a los de ella y cómo sus pupilas se dilataron. La valkiria ladeó una sonrisa y se inclinó sobre ella tentándola con un beso que no le dio. Entonces Tamsin comenzó a bajar la mano de Kenzi junto a la suya sobre su piel, acercándola lentamente a donde necesitaba sentirla, y la besó, por fin, tomando sus labios con calma. Sintió la respuesta rápidamente cuando la mano de la otra mujer se deslizó dentro de su ropa interior, casi por iniciativa propia, y la valquiria casi gimió en anticipación. Mierda. Estaba más excitada de lo que pensaba.
—Déjame —jadeó Tamsin alcanzando la mano de la gótica—. Así —musitó contra sus labios mientras empujaba los dedos de la otra mujer con su propia mano de la forma que deseaba.
Kenzi se estremeció cuando tocó la calidez de Tamsin, casi se ruborizó al escucharla gemir cuando empujó su mano a través de su sexo. La humedad de la valquiria mojó levemente las yemas de la gótica. Entrelazando sus dedos con los de Kenzi, Tamsin los movió trazando círculos lentos, presionando junto a ella en su zona casi dolorida.
La morena observó detenidamente las facciones del rostro de Tamsin cambiar y sus ojos cerrados mientras se sumergía en sus propias sensaciones. Era… Kenzi tragó saliva. Ella se veía hermosa.
Por más que fuera interesante el «aquí te pillo, aquí te mato» contra la puerta, pronto buscaron un lugar más cómodo y se dirigieron entre besos y caricias hasta el sofá. Kenzi no podía apartar las manos del cuerpo de Tamsin y la valquiria no podía dejar de besarla. La chaqueta de la gótica se estrelló contra el suelo por el camino. Su camisa cayó casi cuando llegaron a su destino. Kenzi de pronto se acordó de Lauren y se separó ligeramente de Tamsin mirando hacia la escalera que daba al piso superior donde estaban las habitaciones.
—Déjate llevar —susurró la valquiria subiéndose al sofá.
—Pero… Lauren… —se quejó Kenzi mientras se montaba sobre Tamsin.
—¿Vas a pensar en ella mientras me follas?
—Ewww —se quejó, aunque se estremeció por la forma vulgar y caliente en la que le habló—. ¡No! —exclamó rápidamente mientras sacudía la cabeza—. Ella puede bajar de repente.
—No creo… Está durmiendo —musitó con una sonrisa traviesa mientras acariciaba el torso descubierto de Kenzi.
—Me dijiste que… ¡Así que me engañaste! —protestó.
—Pobrecita —se burló la valquiria mientras agarraba el borde del pantalón de Kenzi para empujarla.
La gótica cayó sobre Tamsin y ésta le dirigió una sonrisa burlona, alzando una ceja.
—¿Qué pasa? ¿Te vas a enfadar? —dijo casi riéndose cuando vio la expresión de la cara de la morena.
Kenzi no le respondió, sabía que solo estaba jugando. Todo esto era solo un juego para ella. Pues ella también podía jugar.
—¿Te estás divirtiendo, Tamtam? —le preguntó aparentando molestia.
—La verdad es que…
Antes de que terminara de hablar, Kenzi comenzó a deslizar un dedo entre las piernas de la valquiria, empujando los shorts negros de la detective a medida que su mano iba avanzando. Tamsin se tragó todas las palabras que pretendía decir y la miró un poco sorprendida. La morena sonrió complacida al descubrir lo mojada que estaba. Mucho más que antes.
—¡Vaya! —exclamó con una mirada maliciosa.
Tamsin curvó sus labios en un gesto arrogante, casi de orgullo, por la reacción de Kenzi y abrió más sus piernas antes de responderle en un tono tenue y seductor:
—Estoy así para ti.
No hubo ninguna objeción. La morena movió su mano haciendo más presión, hacia detrás, hacia delante… La respiración de Tamsin se hacía cada vez más pesada, su cabeza cayó hacia atrás, golpeando la superficie del sofá, su cuerpo se arqueó, sus caderas se movieron buscando más. Kenzi se detuvo. Tamsin levantó la vista y alzó las cejas con sorpresa cuando las manos de la morena tiraron de los shorts de la detective a lo largo de sus piernas.
—¿Qué haces? —preguntó intrigada.
Sus ojos azules la miraron con aspecto seductor mientras sus dedos pegajosos se arrastraban por los muslos de la valquiria. La rubia intuyó lo que tenía en mente. Ella gimió en anticipación cuando Kenzi se inclinó, besando la carne tensa de su muslo, y arrastró las manos por su piel hasta alcanzar las caderas de la valquiria. Lo último que vio fue una sonrisa taimada en el rostro de Kenzi antes de que acariciara la zona resbaladiza y caliente entre sus muslos con la lengua.
La morena escuchó el murmullo ahogado de Tamsin mientras exploraba con su boca la zona más íntima de la valquiria. Era algo nuevo para ella, pero se dejó llevar por su deseo, por el mecer lento de las caderas de la detective, por las manos a los dos lados de su cabeza que la guiaban, sus sonidos… Y la rubia se fue rindiendo. Kenzi sintió cómo quedaba a su merced. Le gustó. Tamsin cautivada por completo. Kenzi se estremeció, no más de lo que lo hizo la valquiria cuando la otra mujer movió la boca entre sus muslos más duro.
Tamsin tuvo que agarrar un cojín del sofá y ahogar en él un gemido sonoro. Clavó sus uñas sobre el material, hundiéndolo sobre su rostro. Lo último que quería es que Lauren se despertara justo en ese momento, aunque conociéndola, ella observaría lo que estaba pasando desde la escalera y se iría sin decir nada, pero si Kenzi la veía o la escuchaba… «Oh… ¡Mierda, Kenzi!», tuvo que esforzarse para no gritarlo cuando la gótica se había animado a explorar su interior. Se retorció de placer sobre el sofá.
—¿Qué pasa, valki? —preguntó la morena con una voz burlona—. Vas a despertar a Lauren.
Tamsin retiró el cojín de su cara cuando sintió el cuerpo de Kenzi apoyarse sobre el suyo. La observó acercarse con un gesto de molestia pero no se quejó cuando la gótica la besó de forma hambrienta. Todo lo que estaba pasando era un poco… inesperado.
Kenzi atrapó los labios de la valquiria con fuerza cuando sintió los músculos de la fae contraerse alrededor de sus dedos. Siguió empujando en su interior hasta que sintió una deliciosa sensación caliente en su mano mientras Tamsin se corría.
Maldita sea.
Tamsin exhaló una larga bocanada de aire y luego miró hacia Kenzi que se había recostado sobre su hombro. Ella tenía esa inocente sonrisa como si nada hubiera pasado. La detective suspiró paseando su mano por la espalda de la mujer hasta que encontró sus cabellos negros y enredó los dedos en ellos, jugando con sus mechones.
Fue un poco raro, quizá. Ambas permanecieron en silencio, no estaban incómodas realmente, pero era raro. Ninguna de las dos les gustaba el silencio, que sus mentes se escaparan a pensamientos que no llegaban a entender sobre sentimientos revueltos y confusos. Pero la cercanía era más gratificante de lo que habían imaginado. Aunque era cierto que ninguna de las dos había disfrutado de este tipo de compañía en algún tiempo, al menos no de esta manera.
Kenzi frotó su rostro sobre el hombro de la valquiria, enredando sus piernas alrededor de la cintura de Tamsin. La detective no pareció incomodarle el gesto de Kenzi y ésta se encontró intrigada por la quietud que se hizo entre ellas.
—Estás muy silenciosa —susurró la gótica sin querer perturbarla.
—Solo relajada —dijo la otra con la vista fija en el techo.
—Oh, ¿he calmado la bestia guerrera? —bromeó la morena.
—¿Te gustan las aventuras, eh? —habló la valquiria esbozando una sonrisa socarrona.
—Creo que esta, particularmente, te gustó más a ti —le respondió a media voz paseando sus dedos sobre su costado.
—No presumas tan rápido, aún no hemos terminado.
—Yo creo que sí —volvió a hablar incorporándose un poco sobre Tamsin, mirándola profundamente a esos increíbles ojos esmeraldas.
—Yo creo que no —susurró la otra comenzando a mover su mano a lo largo de las costuras de los pantalones apretados de Kenzi sobre su entrepierna—. ¿Lo notas? —añadió con una sonrisa arrogante sintiendo la humedad a través del material.
—Ta-Tamsin —titubeó estremeciéndose por la sensación, buscando la mano de la valquiria y deteniendo su movimiento—. No —suspiró pesadamente—. Le dije a Bo que volvería enseguida, no puedo estar más tiempo aquí. No quiero preocuparla.
—La súcubo siempre fastidiando la diversión, ¿no? —dijo la detective retirando su mano con cierta pena—. ¿Realmente eres capaz de irte ahora? ¿Así? —susurró bajando la vista hacia las caderas de la morena.
Kenzi se retiró hacia atrás lentamente y se sentó sobre el sofá. No, no quería irse así. Sin embargo, inspiró aire profundamente, tratando de poner su cuerpo en orden, y luego agarró su camisa del suelo para colocársela.
—Ya pensaré en algo cuando llegue a mi casa —le respondió terminando de poner su camisa en su sitio—, cuando esté sola —añadió con una sonrisa traviesa mientras se ponía en pie—. Buenas noches, Tamsin. Cuida de Lauren —concluyó con una sonrisa, dirigiéndole una última mirada a la valquiria y comenzando a alejarse.
La detective cerró los ojos pellizcando con sus dedos sobre el puente de su nariz. Cuando escuchó la puerta cerrarse, comenzó a reírse, sin saber muy bien por qué. Al rato, Tamsin dejó salir un suspiro de exasperación y volvió a abrir los ojos, cesando la risa. Levantó la vista hacia el mostrador de la cocina y vio la botella de cerveza que Kenzi nunca se terminó. De pronto, sintió una extraña sensación de soledad, al menos creyó que era soledad lo que la abrumó repentinamente. Ella esperó que solo fuera eso.
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—Lauren Lewis… Doctora traviesa —murmuró la mujer con una sonrisa arrogante en su rostro.
Aela miró al encorvado hombre de nariz puntiaguda que la había traído aquella información tan valiosa. Él se frotaba ansioso las manos por el cobro de su recompensa por la información, atreviéndose, a veces, a observar a la esbelta y elegante mujer de reojo.
—Dime —volvió a hablar ella—, ¿cómo conseguiste esta información?
—La doctora trató de borrarla, pero yo la recuperé —contestó con una risa un tanto repelente—. Ella realmente no procuró cerciorarse bien.
—¿Y quién más sabe esto? —preguntó de nuevo.
—Nosotros y a los que ella les haya revelado esta información, señora.
La Ash asintió conforme y se giró hacia el hombre que cada vez parecía más inquieto.
—Esta información no puede salir de esta habitación, ¿lo entiendes?
El hombre asintió. Ella sonrió satisfecha tomando la barbilla del hombre y subiendo su rostro hasta que pudo ver sus ojos.
—Es por eso que vas a morir.
Los iris de la mujer se volvieron rojos intensos y el hombre lamentó haber osado mirar a los ojos de la arconte. Se estremeció violentamente mientras el terror que le inducía la líder fae recorría su cuerpo.
—No, por favor —comenzó a sollozar muerto de miedo.
—Corre —le dijo ella en tono amenazador.
El hombre corrió atravesando la ventana de cristal de su despacho. Había una caída de veinte metros aproximadamente. Ella ya se inventaría una historia para él. Ahora no podía dejar de pensar en cómo iba a acabar con Evony después de revelar que la doctora Lewis era su hija. Se rió para sus adentros.
