NOTAS: Hola. ¡Tengo excelentes noticias! ¡Estoy oficialmente de vacaciones! Eso se traduce en tiempo libre que a su vez significa más tiempo para escribir. Ya sé que ha pasado algún tiempo desde el último capítulo. Este capítulo me ha dado quebraderos horribles de cabeza, necesitaba contar alguna información importante para los próximos capítulos y por eso es importante. Pero he estado escribiendo capítulos futuros, no se preocupen, y organizando los capítulos que le quedan a esta historia. Como siempre agradezco mucho su lectura y sobre todo sus comentarios. Espero que el próximo capítulo esté muy pronto y poder leer sus opiniones. Si se me escapó algún error disculpen.


Ahora comprendía las murmuraciones de los nobles sobre aquellas fiestas y el efecto embriagador en los que los sumía. Era una buena táctica, ella no podía negarlo. Por esa razón ellos volvían de nuevo allí, sin importarle compartir espacio con faes de bandos contrarios y de clanes rivales. Todo por volver a sentir aquella vitalidad excitante corriendo todas las moléculas de sus cuerpos.

Ella había seguido su investigación particular, en busca del paradero de Ryan Lambert —del cual nunca supo su paradero—, tratando de obtener el mayor número de pistas que la llevaran hacia Dögun, y, entonces, conoció a Theodore, su plan y a sus engaños. Lo grandioso que hubiera sido para las Luces y para ella misma, siendo la Ash, destruir la supuesta amenaza de Dögun. Pero, ¿eran realmente una amenaza? Eso fue lo que hizo dudar a Aela cuando fue a terminar con la vida de aquel hombre. Entonces, ella se interesó por ellos y descubrió que no eran para nada aquellos anarquistas y fanáticos que había creído. Dögun era la verdadera historia de los faes y Aela creía que también serían su legado.

Cuando Theodore le mostró los documentos, los artefactos, símbolos, viejos monumentos… ella fue escéptica al principio pero al explicarle cómo el Rey Sangriento había luchado por borrarlo todo del mapa, masacrando a todos los miembros de aquel grupo, destruyendo los documentos y todo rastro de la historia y cultura fae de la antigüedad, lo que le contaba el atractivo hombre de pelo blanco fue cobrando validez. Aela comprendió el peligro de toda aquella información para el Rey Sangriento: una historia pasada donde faes convivían juntos, leyendas y materiales literarios que hablaban de un mundo libre de convivencia entre todas las razas… Nada de aquello era de la conveniencia del viejo rey y la verdad de que todo en lo que Aela creía era una mentira la golpeó duramente.

En aquellos días, ella se había dado cuenta de que quizá Luces y Sombras no era la solución para los faes. Ambos sistemas se sostenían en una falsa armonía. Ella misma había llegado al poder de las Luces por los artificios de Evony, y ésta, al de las Sombras, después de que organizaran la caída de Vex. Primero trataron de sembrar la desconfianza entre los ancianos, pero aquel proceso iba demasiado lento. Entonces, aquella súcubo rebelde, Aife, apareció y fue bastante fácil convencerla para terminar con la vida del mesmer. Nunca se preocupó demasiado por los detalles, cuanto menos supiera más alejada del asesinato del antiguo Morrigan estaría; pero cuando Aela se enteró de que Lou Ann seguía con vida, no le costó imaginar que ella había sido la real ejecutora del asesinato. Lo mejor fue descubrir que Theodore le daba cobijo y escondite a esa mujer. Aela no iba a desperdiciar esa oportunidad, no cuando el propio hombre le había pedido que tratara de proteger a su amiga cuando se la llevó aquel detective de las Luces. Lou Ann se había convertido en una carta conveniente para quitar del medio a Evony, o más bien, otra carta más. Una vez la Morrigan estuviera fuera del mapa, sería más fácil comenzar con el desarme del sistema fae y la implantación de uno nuevo y mejor.

Con la espalda tendida sobre la pared de la habitación privada de Theodore, embargada por aquella fascinante y poderosa sensación que producía el atractivo hombre en sus fiestas, ella podía verse como una líder para el nuevo mundo. Aela había hecho contactos con territorios colindantes, había comprobado que eran débiles. Cuando la verdadera revuelta estallara, los otros Ash y Morrigan se verían demasiado abrumados y asustados. Ella no, ella era un arconte, el miedo era su alimento y le daba poder, Aela sería la líder perfecta. Theodore lo había visto también, por eso él la llamaba la Monarca, la líder del nuevo mundo. A ella le gustaba el nombre, aunque fuera un nombre sacado de viejas fábulas escritas por los primeros integrantes del grupo Dögun.

Él presionó su cuerpo con más ganas sobre el de ella. La espalda de la mujer golpeó levemente la superficie de la pared y tuvo que reajustar su posición para mantener el equilibrio. Aela empuñó con una mano el pelo blanco de Theodore y con la otra se agarró a él, presionando los dedos sobre su musculado y ancho hombro. Las caderas de él la embistieron de nuevo y ella gimió levemente por el movimiento. Aela abrió más piernas bordeando la cintura de él, tratando de incrementar la sensación de sentirlo llenarla completamente. No pasó mucho tiempo hasta que su cabeza golpeó la pared, que le proporcionaba sujeción, y gemidos cortos y cada vez más intensos llenaron la estancia hasta la ansiada liberación.

Luego se separaron y se colocaron las prendas de ropas que momentos antes habían lanzado por el piso, embriagados ambos por el placer de la fiesta. Ella realmente agradeció que Theodore tuviera unos aposentos privados tan cerca.

—Iba a ser solo una rápida reunión —dijo ella recuperando el aliento.

—Fue rápido —le respondió él aún con la camisa desabrochada, dejando ver su musculado torso.

—No son todos méritos tuyos —señaló la arconte con una sonrisa suspicaz.

—Cierto, debo dar las gracias a este encantador ambiente en mis fiestas —añadió el hombre con aquella voz profunda y encantadora que tenía.

—¿Cómo lo haces? —preguntó con curiosidad mientras se sentaba sobre la cama a la que nunca pudieron llegar.

—La energía que liberan dos íncubos milenarios al tener relaciones entre ellos y un polvo de hada especial que canaliza la energía —le respondió sin ningún problema mientras sacaba de su minibar una botella de brillante licor.

—¿Qué polvo de hada? —volvió a preguntar Aela, examinando la elegancia del decorado rústico de la habitación con unos pocos muebles de madera oscura.

—Ese es el ingrediente secreto, querida —dijo él ladeando una sonrisa socarrona mientras llenaba dos vasos de aquel licor que había tomado antes de su minibar—. Pero vayamos al grano, tenemos otros asuntos tú y yo —añadió rápidamente cuando le entregó uno de los vasos a ella.

—Tus dos millones de dólares y tu jet privado están listos en cuanto mis agentes consigan a Lou Ann —le respondió en cuanto sus dedos agarraron la bebida que Theodore le ofrecía.

—¿Qué le pasará a ella? —preguntó sentándose al lado de la Ash.

—No voy a hacerle nada, como te prometí; de hecho, voy a darle la oportunidad de culminar su venganza.

—¿Acabar con la Morrigan?

—Cuando Evony muera, no habrá ningún heredero para Morrigan y ese será el momento ideal para plantear algunos cambios —le explicó la mujer—, justo cuando tú hagas tu parte y agites un poco los ánimos entre los faes.

—Les he dado a los faes más poderosos de nuestra sociedad el sabor de la libertad, cuando lo empiecen a oler de verdad, irán a por él. No te preocupes —le dijo él con su tono afable y tranquilo—. Sin embargo, pensaba que tú y Evony erais aliadas.

—Ella me ayudó pensando que podía manejarme y así tener el control sobre las Luces, pero subestimó mis habilidades, como todos.

—Yo no.

—Lo sé, estoy conforme con no haberte matado cuando nos conocimos —dijo con una sonrisa mientras mojaba sus labios en el amargo licor que contenía el vaso que sujetaba.

—Bueno, tenía mucho que enseñarte sobre mi grupo y sobre la historia de los faes que vamos a volver real tú y yo —señaló él con aquella encantadora sonrisa que poseía.

—Exacto, y deberíamos brindar por el Amanecer próximo que traerá la ansiada liberación de los faes —respondió ella alzando su copa.

—Por el Amanecer —concluyó él chocando su vaso con el de Aela.

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Con sus párpados aún pesados por el sueño, se aferró con sus finos dedos a los bordes del lavabo y levantó la cabeza hasta que pudo vislumbrar el amarillo intenso en sus orbes. Poco a poco su visión se fue volviendo más nítida y pudo observar en su rostro pálido las manchas oscuras de la sangre seca, surcando un camino desde la salida de la nariz hasta su barbilla. Fue la tercera vez en el mes en la que se había despertado así. Ella suspiró y procedió a recoger su pelo negro con una pinza. Luego se inclinó para lavar su cara. El agua fría que golpeó su piel terminó de sacarla de su estupor y cuando volvió a levantar su cabeza, sus ojos volvían a ser los grises de siempre.

Quizá debería hablarle a Lauren sobre esto. Ella recordaba las hemorragias que tenía en la nariz de pequeña, puede que fuera lo mismo. Aunque era también cierto que la doctora le había dicho que su cuerpo estaba cambiando y que se estaba adaptando a este proceso, podía experimentar efectos secundarios. No tendría que ser algo malo.

Kenzi se examinó en el espejo. No parecía estar sangrando en ese momento. Tampoco sentía ningún dolor. Volvió a suspirar. Todo parecía estar bien, y apenas había amanecido, así que salió del baño y se dirigió hacia su habitación, restándole importancia al asunto. De todas formas, tenía que pasarse por el laboratorio de Lauren en algunas horas para las pruebas que le estaba haciendo. Odiaba su laboratorio, le recordaba a los hospitales. Aquel olor que tenía evocaba recuerdos de su infancia, de su hermano enfermo, de su muerte y de todo lo que pasó después. La depresión de su madre, el maltrato de su padrastro…

Kenzi se dejó caer en su cama y se arropó con las sábanas y la colcha mientras obligó a su mente a vagar a algo más agradable, como hacia varias horas antes. Una sonrisa involuntaria se dibujó en su boca al recordar aquellos vivaces ojos verdes que provocaban miradas que la dejaban sin respiración. Y al final volvió a dormirse entre memorias que acaloraron sus sueños.

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Abrió los ojos lentamente escuchando el crepitar del aceite y un olor a panceta llegó rápidamente a su nariz. Tamsin se incorporó un poco apoyándose sobre los codos y se dio cuenta de que se había quedado dormida en el sofá. Afortunadamente, había acertado a vestirse antes de hacerlo. La valquiria frunció el ceño mientras levantaba la cabeza hacia la cocina y descubrió a Lauren preparando lo que supuso que era el desayuno. Tamsin esbozó una sonrisa siguiendo los movimientos de la doctora mientras servía en un plato las pancetas que se habían terminado de hacer y lo colocaba todo sobre la mesa, donde había ya dos vasos de zumo, una taza de café y otro plato con algunas rebanadas de pan.

—Ups —exclamó la valquiria cuando sus tripas rugieron hambrientas ante el aroma y el aspecto del desayuno. Entonces, Lauren levantó la vista hacia ella.

—Buenos días —le dijo con una sonrisa mientras terminaba de colocar la comida sobre la mesa.

—Buenos días —le respondió y luego dejó salir un largo bostezo—. ¿Qué haces? —preguntó pasándose una mano entre sus despeinados mechones rubios para colocarlos adecuadamente.

—El desayuno —le contestó con una sonrisa mientras se sentaba en una de las sillas—. Como agradecimiento por dejarme dormir aquí, también me ayuda a no pensar demasiado —añadió con la voz más apagada—. Ven antes de que se enfríe.

Tamsin se puso de pie bostezando de forma sonora y caminó hasta la mesa con los pies descalzos. Arrastró una de las sillas cuando estuvo lo suficientemente cerca, mirando hacia Lauren fijamente, y se sentó con parsimonia. La doctora parecía que se había duchado, tenía ropa limpia puesta, seguramente había recogido la habitación y el baño. Tamsin se sorprendió al pensar todas aquellas cosas, no había sido verdaderamente consciente de todas las cosas que sabía sobre la humana.

Por su parte, Lauren observó atentamente a la valquiria y no pudo evitar cierta inquietud cuando estuvo tan próxima a ella. Sus ojos verdes parecían estudiar cada uno de sus gestos tratando de adivinar sus pensamientos, que en parte sabía porque aún existía ese vínculo que las hacía compartir emociones y recuerdos. Lauren se había acostumbrado a esa conexión la mayor parte del tiempo, pero la vida de Tamsin había sido tan longeva e intensa, que de vez en cuando la asaltaban imágenes sobre su pasado totalmente nuevas. Muchas de ellas la aterraban, sobre todo por las noches cuando dormía. A menudo soñaba sobre batallas, muertes de personas que quería, asesinatos a sangre fría… Lauren sacudió la cabeza apartando aquellos pensamientos y volvió a encontrarse a Tamsin frente a ella, mirándola con atención.

—¿Qué? —dijo la valquiria frunciendo el ceño.

—Nada —respondió ella agarrando el vaso de zumo que tenía delante con las dos manos.

—¿Recuerdos míos? —adivinó apoyando los codos sobre la mesa.

Lauren asintió en silencio tomando un sorbo del zumo. Tamsin le dirigió una mirada de comprensión y no añadió nada más antes de proceder a probar una de las rebanadas de pan, que estaban untadas con lo que supuso que era alguna mermelada, de arándanos posiblemente.

—¿Vas a contarme qué pasó entre tú y Bo? —preguntó de pronto la valquiria después de dar un mordisco sobre su rebanada.

Lauren permaneció en silencio mientras tomaba otro sorbo de su vaso de zumo y retiró sus ojos lejos de Tamsin.

—Bo y yo estamos bien —dijo con la mayor calma posible—, es solo que me estaba poniendo de los nervios y necesitaba relajarme.

Tamsin se encogió de hombros entendiendo que Lauren no iba a darle más información sobre el tema y ella respetó eso. Ambas continuaron comiendo hasta que fue la doctora la que volvió a romper silencio:

—No sé cuándo será la próxima vez que estemos a solas de nuevo —dijo con poca seguridad en su voz y tomando una larga bocanada de aire—, así que te lo preguntaré ahora: ¿qué pasó con tu plan?

—¿Qué plan? —dijo distraídamente la valquiria mientras lamía los restos de la rebanada de sus dedos, una vez que había terminado de comérsela.

—Sobre el ADN de Bo —le indicó Lauren a media voz. Tamsin la miró alzando las cejas y luego asintió lentamente en silencio.

—Las muestras están ocultas —le explicó la valquiria—. Creo que no las necesitaré al final.

—¿Por qué? —preguntó la doctora con confusión—. ¿Cómo vas a librarte de la influencia del poder del padre de Bo entonces?

—He encontrado otra solución —le dijo simplemente.

—Habrá que destruir esas muestras —señaló la humana preocupada de que cayeran de nuevo en malas manos.

—Las guardé para ti. —Lauren no respondió y se quedó mirando hacia ella con curiosidad—. Creo que las necesitarás.

—¿Para qué? —cuestionó la doctora cada vez más confusa.

—Para convertirte en un igual a Bo —le explicó mirándola a los ojos— y para vivir a su lado mientras ella esté al tuyo. Esa súcubo seguramente no querrá que sacrifiques tu humanidad por ella y no creo que puedas conseguir unas muestras tan buenas como las que tengo.

—No —murmuró la doctora—. No —dijo con voz más firme.

—Quizá ahora no…

—No puedo hacer eso —la interrumpió negando la cabeza—. No quiero convertirme en fae… Yo… No.

—He sentido el miedo que tienes de no poder estar con Bo, de irte de su lado demasiado pronto.

—No voy a convertirme en uno de ellos —le espetó casi con rabia. Ella se estremeció ante la idea de convertirse en uno de los seres que la habían maltratado y mantenido prisionera, además de infravalorarla por ser humana. Tampoco podía olvidar lo que le había hecho a Nadia. Lauren se llevó una mano al pecho pensando en ella. Su muerte le pesaba aún como una losa, era algo que nunca se perdonaría a sí misma, ni a los faes.

—Nosotros —corrigió Tamsin, refiriéndose a lo que había dicho la humana y cruzando los brazos sobre su pecho con cierta molestia—. Me da igual lo que hagas con las muestras —le dijo de pronto—. Yo te las daré y tú puedes arrojarlas por el retrete si te da la gana —le dijo concluyendo la conversación.

Lauren titubeó algo entre dientes, que Tamsin no entendió, mientras bajaba la mirada hacia la comida de la mesa. La valquiria no tenía la culpa de sus sentimientos hacia los faes, solo trataba de ayudarla y brindarle alguna opción para que fuera feliz. Después de un rato le devolvió la mirada a la detective y dejó que un sentimiento silencioso de agradecimiento envolviera a la fae. Los ojos verdes frente a ella parecieron brillar emocionados y Lauren sonrió, sintiendo, por primera vez, una sensación agradable proveniente de Tamsin.

Continuaron comiendo en silencio. Lauren terminó su zumo y se llenó nuevamente el vaso mientras tomaba una rebanada. Tamsin probó con la panceta, Lauren percibió que la valquiria estaba conforme con la comida y la detective sonrió al percibir el orgullo de la humana. Aquella fue una experiencia enriquecedora para la doctora. Fluían sentimientos y emociones de una hacia otra. Lauren no estaba segura de si tenía una explicación científica para aquello, es como si sus cerebros estuvieran conectados de alguna forma. No importaba en aquel momento, las dos estaban tranquilas y en un ambiente agradable. No había malos recuerdos, ni emociones adversas.

Lauren se encontró especialmente animada de repente. Sentía que se había acercado de alguna manera a lo que el grueso muro de Tamsin escondía con recelo siempre. La miró e, incluso, podía asegurar ver una tímida sonrisa en los labios de la valquiria. La humana se relajó en su presencia por primera vez desde que la fae la trajera a la vida. Estaba cómoda junto a ella y lo mismo parecía con Tamsin.

La doctora se terminó su rebanada y quiso romper el silencio entre ellas. Creía que estaban en el momento ideal para hablar de algún otro tema que no tuviera que ver con nada de lo que les preocupaba en aquellos momentos. Además, sentía curiosidad por saber qué hacía la valquiria en su vida personal, intuía que pasaba algo.

—Por cierto, quiero disculparme si anoche fui una incomodidad para ti e interrumpí tus planes —dijo Lauren con una sonrisa inocente.

—Anoche no hice nada en especial —respondió encogiéndose de hombros.

—Seguro —le replicó con una risilla.

—¿Qué significa eso? —preguntó la valquiria frunciendo el ceño.

—No disimules —añadió Lauren tratando de averiguar si las sospechas que tenía eran ciertas—, sé que pasó algo aquí anoche y no me concierne a mí precisamente.

—¿Qué tontería es esa? —dijo de malhumor la valquiria, aunque Lauren podía sentir que bajo la capa de enfado no había realmente molestia por tratar aquel tema.

—No es una tontería, es una hipótesis —le indicó con una sonrisa de encanto ante el gesto de hosquedad de Tamsin—. Las hipótesis, por cierto, se basan en hechos demostrables.

—Ajá —gruñó la valquiria cruzando los brazos sobre su pecho—. ¿Qué hechos?

—Bueno, verás —comenzó a explicar en un tono jovial—. Primero, es realmente llamativo que te hayas quedado durmiendo en el sofá cuando arriba hay dos habitaciones y varias camas. Luego, encontré dos botellas de cerveza sobre el mostrador esta mañana, tampoco es de extrañar, tus hábitos bebedores son bien conocidos, ¿pero dejar una sin terminar? —Lauren frunció el ceño mientras negaba con la cabeza. Ella estaba cada vez más animada por la expresión de molestia que se iba dibujando en el rostro de Tamsin—. Otro hecho es la marca de tu cuello —añadió.

—Eso podría ser de otro día —la cortó la valquiria como si supiera exactamente dé que marca hablaba y dónde estaba.

—Tienes razón, pero creo que lo que más le da validez a mi hipótesis es que anoche vi a Kenzi aquí.

Tamsin dejó salir una risilla y luego miró hacia Lauren alzando una ceja de forma provocativa.

—¿Estabas espiando desde las sombras? Pervertida.

—No, no —dijo rápidamente la doctora—. Solo os vi hablando, en un ambiente bastante íntimo, diría yo, pero luego me fui a mi habitación.

La valquiria torció su boca en una sonrisa arrogante, sin apartar la vista de Lauren, y después movió sus cejas como si estuviera meditando algo.

—Tienes razón. Tuvimos sexo —dijo de pronto mientras se encogía de hombros—. ¿Ha sido tu curiosidad científica satisfecha?

La boca de Lauren cayó hacia abajo mirando hacia la detective con incredulidad. No quería llegar tan lejos en su conversación, ni siquiera quería saber qué había pasado, solo hablar con Tamsin, probar qué nivel de confianza había entre ellas, quizá estrechar lazos, pero no enterarse de aquello. Pensó en la posibilidad de que estuviera solo tratando de burlarse de ella.

—¿Bromeas? —exclamó con sorpresa—. ¿Kenzi?

—¿Qué? —exclamó casi ofendida—. Y no te flipes, doc —corrigió rápidamente Tamsin—. Solo fue sexo. Fue algo de una sola vez.

—Es que nunca pensé que Kenzi…

—¿Qué puedo decir? —añadió con orgullo sabiendo qué iba a decir—. Soy muy encantadora.

—Calla —rió Lauren agitando su mano hacia la valquiria—. Eres una creída.

—No lo soy. Soy una valquiria, soy encantadora por naturaleza —añadió siguiendo la risa de Lauren.

—Tu raza es muy atractiva físicamente, pero de ahí a seducir a Kenzi va un paso muy largo —trató de provocarla la humana, siempre acompañada de una sonrisa que le indicó a Tamsin que no lo hacía con mala intención.

—¿Estás poniendo en duda mi habilidad de seducción milenaria?

—No —rió levemente mientras negaba con la cabeza—. Supongo que no conozco tanto a Kenzi como pensaba.

Tamsin solo asintió con una sonrisa, decidiendo terminar con los pedazos de panceta que se había servido y comenzando a tomar el café que Lauren le había preparado, y que sin duda, le iba a hacer falta, ya que últimamente la comisaría estaba desbordada de trabajo.

—Gracias, Tamsin —dijo de pronto la humana.

La valquiria le dirigió una mirada de confusión pero cuando sus ojos se encontraron con los de ella, de alguna forma comprendió la razón de su agradecimiento. El rostro de Lauren estaba serio, todo rastro jovial debido a la conversación anterior había desaparecido. La doctora solo necesita una situación cotidiana y tranquila como aquella. Tamsin no podía saber por qué, solo podía sentir el remolino de emociones que afloraban en Lauren desde que había llegado la noche anterior.

—Realmente no sabía a dónde más podía ir —confesó bajando su vista y hundiendo los hombros.

—No tienes muchos amigos —observó Tamsin.

—Tú tampoco.

—Por una buena razón.

Lauren iba a continuar hablando, pero calló. Rápidamente sintió que aquella era parte de la historia de Tamsin en la que no debía entrar. Ella recordó la última vez que trató de que la valquiria se sincerara y aliviara sus temores al confesarlos. Acabaron en la cama con un lío de emociones con los que ninguna de las dos supo lidiar. Era mejor no entrar en ese terreno de nuevo, aunque quiso preguntarle qué era lo que le aterraba, quería indagar en aquello contra lo que siempre parecía luchar Tamsin. Ella sentía la nostalgia, la tristeza, la rabia, la culpa, pero sobre todo el miedo, a pesar de que la valquiria tratara de cubrirse con una capa de sarcasmo y arrogancia, incluso si no lo veía a simple vista, Lauren podía sentir todo eso.

Quizá aturdida por todo, se encontró a sí misma moviendo su mano sobre la mesa para alcanzar la de Tamsin. Pareció que podía romper a llorar cuando los dedos de Lauren rozaron su piel, pero solo inspiró aire profundamente y levantó sus ojos verdes hasta los de ella. Se produjo ese extraño silencio. Entre ellas fluyeron otro tipo de sentimientos más intensos, más confusos y más angustiosos.

Lauren suspiró nerviosa. Aún había momentos en los que no podía evitar dejarse llevar por las emociones y recuerdos propios y de la valquiria, que la embargaban en un oleaje de sentimientos que no sabía afrontar. Estaban allí de nuevo, en aquel punto en el no querían entrar, pero que de alguna forma llegaron otra vez.

Tamsin no tardó en inclinarse hacia Lauren y presionar sus labios contra los de la humana sin vacilar en el movimiento. La doctora sintió un nudo en el estómago cuando la boca húmeda de la valquiria se movió entre la suya y jadeó levemente por la sensación eléctrica que recorrió su cuerpo.

—Tamsin —murmuró de pronto echándose hacia atrás—. No…

—Te hará sentir mejor —dijo tan cerca, que su aliento golpeó la boca de Lauren.

—Esto complicará las cosas más —insistió colocando las manos sobre los hombros de la fae para evitar que se acercara.

—Eres un puto lío de emociones y quiero dejar de sentirlo —volvió a hablar la valquiria dirigiendo una mirada de súplica que estremeció a la humana.

—¿Y qué pasa contigo? Puedo sentir tu miedo y tus dudas, ¿no será eso lo que quieres callar? —le rebatió Lauren mirando directamente a sus profundos ojos verdes.

Sus palabras tuvieron que tener algo de verdad cuando la detective se retiró hacia atrás y se puso en pie. Por un momento pensó que la había herido de alguna forma, pero con Tamsin nunca estaba segura de lo que estaba pasando, y durante un instante, sintió un extraño miedo atravesar su cuerpo que sabía que había sido transmitido por la valquiria.

—Tamsin —quiso saber de qué se trataba, pero la fae agitó la mano y se alejó varios pasos hacia la sala.

—No importa —dijo dándole la espalda—. Voy a darme una ducha y a cambiarme. Gracias por el desayuno —concluyó dirigiéndose hacia la escalera sin dirigirle la mirada.

Lauren balbuceó algo antes de que Tamsin comenzara a subir hacia el piso de arriba, pero luego guardó silencio y hundió los hombros dejando salir un largo suspiro, mientras la valquiria desaparecía de su vista.

Pasaron algunos minutos en los que Lauren se quedó ensimismada dentro del devenir de sus pensamientos, del que fue apartada cuando varios golpes secos en la puerta llamaron su atención. La humana se puso de pie y caminó hacia la entrada. De pronto, pensó que podría tratarse de Bo o Kenzi, o las dos, y un hormigueo serpenteó por su estómago. La realidad volvió a ella, recordándole casi con crueldad que su madre era la mismísima Morrigan y si alguien descubría eso… Lauren suspiró con pesadez poniendo la mano sobre el pomo de la puerta y girándolo. Lo cierto es que no sabía cuán peligrosa podía ser la información sobre su verdadera madre, seguramente los ancianos no se lo tomarían demasiado bien.

La puerta se abrió de pronto, de manera violenta, golpeando con fuerza el rostro de Lauren. La humana retrocedió varios pasos aturdida llevándose las manos a la cara. Apenas le dio tiempo a levantar la vista y ver a una persona vestida de negro con la cara cubierta —ni siquiera pudo pensar en lo estúpido que había sido abrir la puerta sin comprobar de quién se trataba primero— enseguida, un puño golpeó la parte baja de su barbilla de forma ascendente. Lauren cayó de espaldas contra el suelo irremediablemente y todo de pronto se volvió borroso y sordo. Sin embargo, fue capaz de ser consciente de que su atacante la tomó con fuerza por la mandíbula y le gritó varias veces una palabra. Lauren no pudo entenderla al principio, pero la última vez que la repitió, antes de dejar caer su cabeza de nuevo contra el piso, la oyó con total claridad:

—¡Valknut! —le gritó una voz femenina.

En cuanto escuchó el estruendo en el piso inferior, Tamsin saltó de la ducha, agarró un albornoz y corrió a toda velocidad mientras trataba de ponérselo. Sus pies mojados le jugaron una mala pasada en los primeros escalones de la escalera y tuvo que aferrarse a la pared con las dos manos, extendiendo los brazos en cruz, para evitar caerse de cabeza. Fue dando traspiés hasta el piso de abajo donde enseguida vio a Lauren tirada en el suelo y a otra persona huyendo por la puerta. Tamsin corrió dando patinazos hasta allí y decidió dejar escapar al atacante, incapaz de dejar a Lauren sola.

—Lauren… Eh, doc —la llamó varias veces sujetándola entre sus brazos.

La humana sintió gotas de agua caer sobre su cara y luego comenzó a ser consciente de la presencia de Tamsin junto a ella.

—Estoy bien —masculló con esfuerzo, casi balbuceando.

—Y una mierda estás bien —gritó la otra mujer—. Joder…

—Estoy bien, solo aturdida por el golpe —insistió la humana sintiendo la alteración de la valquiria—. Déjame en el suelo con cuidado, me estoy mareando.

Tamsin asintió poniendo con extrema delicadeza el cuerpo de la doctora sobre el suelo.

—Lauren —la volvió a llamar cuando vio que cerraba los ojos.

—Estás empapada —murmuró la doctora de pronto, diciendo lo primero que se le ocurrió, porque sabía que debía hablar para mantenerse consciente y para indicarle a Tamsin que estaba bien.

—Estaba en la ducha, ¿recuerdas? —le respondió rápidamente tratando de sonar con calma para no poner nerviosa a Lauren—. Dime cómo te encuentras.

—Creo que estoy sangrando —dijo con un tono débil al sentir un sabor metálico en la boca—. ¿Es la nariz?

—No, creo que es el labio o la lengua —le indicó Tamsin inclinándose sobre ella—. No parece nada grave.

Lauren arrugó la cara cuando empezó a ser consciente del dolor que sentía en el rostro.

—Voy a buscarte un poco de hielo, tienes un golpe muy feo en la cara —le dijo Tamsin poniéndose de pie y dirigiéndose hacia la nevera.

Rápidamente volvió con una bolsa de congelados cubierta con un paño de tela, no tenía hielo. Se arrodilló junto a Lauren y se la colocó sobre la mejilla lastimada que estaba comenzando a inflamarse.

—¿Vistes quién era? —preguntó Tamsin.

Lauren la miró y se sonrojó cuando se dio cuenta que la abertura del albornoz que llevaba la valquiria dejaba ver más de la cuenta. Por suerte para ella, Tamsin no se dio cuenta.

—Era una mujer —le respondió desviando la mirada hacia otra parte, evitando ver nuevamente la piel mojada y expuesta de la otra rubia—. Tenía el rostro cubierto.

—¿Dijo algo? —continuó la detective.

—¿Cómo era? —Lauren se quedó pensando qué había gritado la misteriosa mujer y después de unos segundos lo recordó—. Solo decía valknut o algo así.

La humana dirigió su vista hacia la fae cuando se dio cuenta que no contestó, y vio el rostro de Tamsin palidecer por completo. De pronto, una inquietud recorrió su cuerpo de una forma tan intensa que la dejó sin aliento.

—¿Tamsin? —preguntó Lauren empezando a sentir el mismo miedo que la valquiria.

—Nada —dijo ella tensando su mandíbula—. No sé qué es.

Lauren supo que mentía, pero el terror le heló la sangre y fue incapaz de pronunciar otra palabra sobre el tema.

#

Lauren no tenía tiempo de estar asustada y el complejo de las Sombras era más seguro que cualquier otro sitio de los que le sugirió Tamsin. Era cierto que no tenía demasiado trabajo en el laboratorio y podría posponer lo poco que tenía que hacer, pero precisamente por eso tenía que ir y aprovechar su tiempo para dedicarlo a su estudio sobre Kenzi. Claro que muchos preguntarían por el morado en su rostro, entre ellos la propia Kenzi, pero la excusa de que había sido un golpe con una puerta parecía funcionar bastante bien, tampoco era mentira.

Lauren había atendido a Kenzi con toda la normalidad que pudo. Le hizo sus análisis rutinarios y observó que, a pesar de que algunos niveles eran anormales, todo parecía estar bien. Kenzi estaba perfectamente sana, salvo por algunas pequeñas molestias, que más bien parecían cambios en su cuerpo a los que Kenzi debía de acostumbrarse. Por supuesto, Lauren aún no podía emitir ningún diagnóstico concreto hasta que obtuviera los resultados de algunas pruebas más. Había algo que podía asegurar Lauren hasta el momento y eso era que el ADN de Kenzi había sufrido una serie de mutaciones, que bien la alejaban de la humanidad, pero no la convertían enteramente en una fae. Si los resultados que necesitaba no mostraban algo concluyente, la única persona que podría arrojar más información sobre aquello, era la misma que lo había provocado: Massimo.

Lauren suspiró inquieta, guardando las últimas muestras que había tomado de Kenzi en un frigorífico del laboratorio. Estaba más inquieta de lo habitual y ni siquiera el trabajo podía ocupar su mente. Evony, su estúpida pelea con Bo, el estudio que estaba haciendo sobre Kenzi, el ataque en el apartamento de Tamsin… Lauren se estremeció y llevó su mano a su mejilla dolorida pensando en el terror que había cruzado por su cuerpo cuando le había dicho a Tamsin la palabra «valknut». ¿Qué significaba eso? ¿Por qué Tamsin sentía tanto miedo por esa palabra?

La doctora se metió las manos dentro de los bolsillos de su bata de laboratorio y caminó hacia su ordenador personal con los hombros caídos. Se dejó caer en la silla y después de meditar un rato mientras miraba atentamente el monitor frente a ella, decidió teclear «valknut» dentro del buscador de la base de datos.

En algunos segundos se mostraron algunos resultados. Varias imágenes le mostraron que se trataba de un símbolo de tres triángulos superpuestos y entrelazados entre sí. Lauren siguió navegando entre los resultados hasta que encontró un documento de investigación de algún historiador fae:

«Valknut, también conocido como el Nudo de la Muerte, es un antiguo símbolo que las antiguas culturas nórdicas humanas utilizaban para venerar a su dios protector Odín. Fue un símbolo de aviso para los faes en la época de la Gran Guerra Fae, para aquellos a los que la muerte se les acercaría pronto. También fue un símbolo representativo de algunas tropas del antiguo Rey de las Sombras, llamado El Loco, por su ansia insana que lo llevó a creer que se convertiría en el rey de todos los faes; y fue por ese motivo por el fue eliminado».

Lauren se estremeció cuando acabó de leer aquella pequeña nota. Necesitaba saber más sobre ese símbolo y por qué a Tamsin le producía tanto miedo. Por supuesto, no quería preguntarle a ella directamente después de lo que había sentido cuando se lo nombró hacía unas horas. Tratar de saciar su curiosidad también la había inquietado más. Pensar en que aquellos tres triángulos estaban de alguna forma relacionados con el padre de Bo no podía significar nada bueno, no por la forma en la que Tamsin se había asustado antes.