NOTAS: Quiero agradecerles los comentarios que me dejáis, realmente los aprecio un montón porque no sabéis lo que me ayudan. Este capítulo complementa la mayoría de la información del anterior, si os quedan dudas podéis preguntar que yo os responderé ;) Es un poco largo, si se me escapó algún error, no fue intencionado.


Cuando entraron al Dal aquella tarde, enseguida se dieron cuenta de que las miradas se dirigieron hacia ellas. Estaban realmente acostumbradas porque eran una pareja ya de por sí llamativa. La súcubo no alineada acompañada de su fiel humana, campando a sus anchas por el bar del misterioso e influyente tabernero. Sin embargo, Kenzi podía sentir que las miradas hacia ella eran diferentes. Por supuesto, ya no era más aquella humana y muchos conocían o estaban empezando a saber sobre su nueva condición. Ella dirigió una sonrisa coqueta a un grupo de hombres que alzaron sus bebidas cuando pasó junto a su mesa, admirándola. Por una vez, no solo la belleza de Bo era destacable, aunque la falda ceñida y corta que había decidido ponerse aquel día podría estar ayudando. Sí, ella comprobó que podía ser eso, cuando pilló la mirada indiscreta de uno de los hombres de la mesa recorriendo sus piernas largas y descubiertas. Kenzi se rió tímidamente, colgándose del brazo de Bo que caminaba a su lado.

—Parece que hoy estás atrayendo mucha atención, nena —dijo su amiga con un tono divertido.

Kenzi estaba a punto de disparar un comentario súper ingenioso, cuando se percató de otro par de ojos que la estaban observando. Esos ojos verdes eran los que quería que le prestaran atención. Kenzi sabía que Tamsin estaría allí y quería provocarla, tampoco tenía un motivo demasiado concreto. Es posible que quisiera saber el interés que la detective tenía en ella. Por eso se movió con gracia, meciendo sus caderas de forma sensual, pavoneándose frente a la valquiria que la miraba desde el otro lado de bar mientras se mordía el labio inferior. Entonces, la morena le dedicó la más encantadora de las sonrisas y dirigió la atención a su amiga que había entablado una conversación con Trick, situado detrás de la barra del bar mientras y que servía unas bebidas a un grupo de faes que estaban al lado de las chicas.

—Solo falta que llegue Lauren —anunció el tabernero en voz baja—. Luego pasaremos a mis aposentos privados y les contaré lo que he investigado.

Y en ese momento, el antiguo Rey Sangriento levantó sus ojos y miró con desconfianza hacia Tamsin que había llegado hasta el grupo y se había colocado detrás de las dos mujeres. A Kenzi no le hizo falta girarse para saber que estaba allí y disimuló una sonrisa pícara como pudo cuando fue consciente de su presencia.

Por su parte, Bo se giró hasta poder ver a la persona que había llegado, sintiendo su corazón agitado ante la posibilidad de que se tratara de Lauren. Hubo decepción cuando se encontró a la valquiria en su lugar, realmente estaba ansiosa por ver a la doctora. Sin embargo, Bo observó a Tamsin durante un momento y le llamó la atención su aura ardiendo, caliente. La súcubo tragó saliva sintiéndose ligeramente excitada por aquella explosión de energía que emanaba alrededor de la mujer rubia, pero perdió el interés cuando se percató de la presencia de Lauren cruzando el Dal hacia el grupo de mujeres. Bo casi saltó hacia ella cuando vio el morado en una de sus mejillas.

—Lauren, ¿qué te ha pasado? —dijo con cierta alarma.

La doctora se quedó mirándola con cierta confusión hasta que recordó lo que había pasado ayer con Tamsin y el ataque de la misteriosa mujer encapuchada.

—Solo fue un estúpido golpe —mintió, primero porque realmente no quería preocupar a Bo y que se molestara con Tamsin por algo en el que la valquiria realmente no pudo hacer nada, y segundo, por respetar los deseos de silencio que le había pedido la detective. Tampoco deseaba agregar más tensión entre ella y Bo, odiaba estar así con ella, la echaba de menos.

—Estoy preocupada por ti —le dijo la súcubo en un tono suave, no queriendo presionar a Lauren y temiendo que la dejara de lado ahora que se debería sentir abrumada con la noticia sobre la identidad de su madre, pero la necesitaba y quería ayudarla de alguna manera—. ¿Cómo has estado?

—Bien, dentro de lo que cabe —respondió con una ligera sonrisa, sintiéndose estúpida por estar lejos de Bo en aquella situación—. Bo, ¿podemos hablar después?

—Por supuesto —contestó con una enorme sonrisa que iluminó su rostro.

Lauren le devolvió una leve sonrisa que acompañó con una caricia en el rostro de la súcubo. Bo se estremeció y la miró embelesada mientras los dedos de la humana perfilaron sus pómulos con lentitud. Sin embargo, la magia del momento se rompió cuando Trick las llamó para bajar al piso inferior del Dal. Lauren retiró su mano de la piel de Bo y se dirigió con paso rápido hasta donde caminaba el tabernero. Bo la siguió inmediatamente sin darse cuenta del intercambio de miradas que se estaba produciendo entre su mejor amiga y Tamsin. Ambas tuvieron suerte de que la súcubo no pudiera apartar la atención de Lauren, porque enseguida se hubiera percatado de la tensión que se había creado entre ellas. Kenzi sabía perfectamente que Bo podía leer las auras, pero quizá la presencia cercana de Tamsin la ponía más nerviosa de lo que pensaba y no le permitía pensar con claridad.

—Vamos, valki —le susurró ladeando ligeramente la cabeza y asomando una sonrisa en una esquina de sus labios.

—¿Qué haces? —le preguntó la otra cuando Kenzi pasó extremadamente cerca, a su lado.

La chica gótica la miró de reojo y sonrió inocente como si no supiera a qué se refería, pero ella sí lo sabía, Tamsin lo vio en el brillo malicioso de sus ojos azules y en la forma en la que la ignoró y continuó su camino hacia los aposentos privados de Trick.

La valquiria suspiró mientras la observaba caminar con un contorneo hipnotizante. Tamsin se estremeció ligeramente sin dejar de pensar en si la otra noche Kenzi se había ido solo para dejarla con las ganas y de alguna forma engatusarla, convirtiendo aquello en algo de más de una sola vez. Lo que la llevó a preguntarse por primera vez: ¿qué era aquello realmente? Ella tenía que remontarse al primer beso, en el gimnasio. Discutían, estaba furiosa con Kenzi, en verdad, herida. Tamsin no supo cómo, pero llegó a confiar en ella y cuando descubrió que Kenzi había ayudado a Evony traicionando aquella confianza, ella se sintió dolida. Quería hacer sufrir a Kenzi, golpearla, molestarla, cabrearla… devolverle el golpe. Entonces la besó, buscando romperla, que perdiera el control, pero la adrenalina, la rabia y la correspondencia, sorprendentemente, de ella, hizo que todo fuera diferente. Un deseo, una excitación por todo lo que había pasado y la intriga de qué pasaría. Tamsin mentiría si afirmaba que nunca observó a Kenzi como a una mujer y no como la niña que todos debían mimar. Así que no le importó seguir el beso en aquel momento, ya que la chica morena parecía bastante conforme con llevarlo hasta el orgasmo. Lástima que fueron interrumpidas, igual que las otras veces, siempre quedaban las ganas de terminar.

Tamsin siguió a Kenzi, que caminaba con elegancia. Sus ojos veían las largas piernas moverse, el perfil del delicado rostro asomando una sonrisa traviesa cuando volvía una mirada hacia atrás, y su mente no dejaba de recordar aquella boca moverse entre sus muslos. La fae se humedecía, se excitaba… Kenzi ganaba. Las ganas de arrastrarla al baño aumentaban, y de descubrirla empapada, hacerla gritar y que la escucharan en todo el Dal, cobrándose así lo que estaba haciendo con ella. Tenía que sosegarse, pensar en otra cosa que detuviera sus pensamientos. Tamsin tomó una bocanada de aire antes de entrar en la habitación donde Lauren, Bo y Trick ya estaban discutiendo. Las dos mujeres estaban sentadas sobre el sofá de la habitación, mientras Trick estaba de pie frente a ellas.

—Solo sé de Ryan Lambert que se marchó después de aquel problemilla que tuvimos —dijo Bo cruzando una mirada nerviosa con Lauren. A la súcubo no le hacía gracia hablar de sus antiguos amantes con la doctora presente allí.

—No fue un problemilla, casi contraes matrimonio con él —le corrigió su abuelo ante la severa mirada de Bo por sacar ese tema. Entonces, Lauren golpeó suavemente la espalda de la súcubo haciéndole entender que no le incomodaba que hablaran de aquello—. Está claro que después del problemilla como tú le dices —continuó el tabernero—, algo debió de cruzarle por la cabeza a ese loki para armar todo este follón.

Tamsin y Kenzi entraron en silencio, sin interrumpir la conversación ya iniciada. La gótica optó por sentarse sobre el reposabrazos del sofá, al lado de Bo, y la valquiria sobre una silla, alejada del grupo.

—¿Pero estamos completamente seguros de que él está detrás de Dögun? —insistió Lauren.

—Las pistas nos indican que son sus recursos los que estaban utilizando —apuntó el tabernero.

—Nos dijiste que Dögun era un grupo pacífico, ¿no? Entonces, ¿qué debe preocuparnos de ellos? —preguntó Bo.

—Que en un pasado fueran de una forma no quiere decir que sigan igual, aunque tengan el mismo nombre, son diferentes. Antiguamente eran más un grupo de culto y eruditos faes que se encargaban de recopilar la historia fae, entre otras cosas. La simbología que he visto en las fotos que habéis sacado en la fiesta a la que fuisteis, me indican que son bastante conscientes de la antigua literatura fae.

—¿Eso es malo? —volvió a preguntar Bo.

—Sabiendo que alguno de sus miembros han borrado muestra alguna de sus clanes, sus ideas liberalistas en contra del sistema fae, la influencia que están ganando entre los nobles… Pues sí. —Aún así, Bo siguió mirándolo confusa sin terminar de ver la conexión entre una cosa y otra—. Déjame explicártelo de otra manera —prosiguió su abuelo—. Tú padre estaba obsesionado con la literatura tradicional de los faes, concretamente con aquellas historias que hablaban de dos faes cuyas habilidades eran supremas a todos los demás. Recuerdo aquellas líneas que decían «venerados como dioses por todos los mortales e inmortales».

—¿Tienes esas historias por ahí? ¿Podríamos conseguirlas? —preguntó Bo con curiosidad.

—No —dijo él tajantemente—, ya no están disponibles.

—Cierto —añadió Tamsin con un tono impertinente—, el Rey Sangriento se encargó de masacrar y destruir todo lo referente a Dögun: personas, pergaminos, libros, templos, bibliotecas… ¿No fue así, Trick?

—No estoy orgulloso de la mayoría de cosas que hice en el pasado —le respondió con soberbia sosteniendo la mirada retadora de la valquiria—, pero eso era necesario. Esas historias hablaban sobre una rebelión, sobre un mundo contrario al existente que traería el caos. Necesitaba borrar todo lo referente a ello y a la figura de los dos poderosos faes a los que todos venerarían.

—Y aún así aquí tenemos de nuevo a Dögun, bastante conscientes de esas historias que tanto quisiste destruir —replicó la valquiria.

—Algunos pudieron sobrevivir, no tenía más remedio que hacer lo que hice —insistió el hombre—. Eran peligrosos.

—Pero formaba parte de la cultura fae, se borró años de historia y conocimiento —protestó Lauren de repente.

—Solo la parte que concierne a la rebelión, al nuevo mundo y a los dos grandes faes —le corrigió Trick.

—Algo conveniente para convertirte en el rey en aquella época —intervino Tamsin nuevamente.

—Ya era rey para ese entonces —le espetó el sabio de sangre y seguidamente caminó hacia una mesa al fondo de la estancia y agarró un amarillento pergamino que descansaba al lado de un libro de considerable grosor. Trick lo desenrolló, sopló el polvo y se lo entregó a Tamsin—. Léelo —le indicó una vez la valquiria lo sostuvo entre sus manos.

La detective miró al viejo rey con desconfianza mientras todos permanecieron en silencio, expectantes del contenido de aquella hoja antigua. Tamsin suspiró poniendo atención en los garabatos del deteriorado papel, que por alguna razón, conservaba de forma bastante nítida trazos en rojo oscuro que constituían antiguas runas nórdicas.

—Esperen al Amanecer cuando los Hijos de Heimdal despierten como hermanos y hermanas —comenzó a traducir en voz alta.

—Eso es lo mismo que decía en la fiesta Dögun —indicó Lauren. Trick solo asintió como si ella hubiera hecho un comentario demasiado obvio.

—Lee el siguiente párrafo —se apresuró el tabernero.

—Cuando el monarca se encuentre en el crepúsculo —siguió leyendo Tamsin—, la noche caerá sobre todos los seres… —De pronto se detuvo y prosiguió leyendo en silencio hasta que levantó la vista con cierta molestia latente—. ¿Qué mierda es esta? ¿De dónde la has sacado? —le espetó la valquiria a Trick.

—¿Qué dice? —preguntó impaciente Bo.

—La noche caerá sobre todos los seres y, en la espera del nuevo día, la sangre se derramará sobre la tierra hasta que el monarca lleve al ocaso al crepúsculo, entonces renacerá el mundo —dijo Tamsin de carrerilla sin ni siquiera mirar el pergamino—. Este párrafo lo conocen todas las valquirias, lo llamamos el Ragnarok. ¿Cómo narices tienes esto aquí?

—Yo lo escribí —confesó Trick y de pronto sus facciones se tensaron mientras dirigía la mirada hacia Bo—. Tu padre me ofreció su ejército y ayuda en la Gran Guerra Fae a cambio de escribir eso con mi sangre.

—Joder —bufó Tamsin—. Así que esta mierda ocurrirá.

—No quiero parecer demasiado idiota —intervino Kenzi—, ¿pero qué demonios significa eso y por qué tendría que preocuparnos?

—Es simbólico —dijo Lauren tratando de buscar un significado metafórico a las palabras que había dicho Tamsin—. El crepúsculo podría ser el inicio del final de un ciclo, la noche sería el final propio y el amanecer sería el principio de una nueva era.

—Pero —intervino Bo— habla sobre 'la sangre que se derramará antes del nuevo día', ¿es una especie de batalla? ¿Está hablando sobre un nuevo mundo que nacerá después de una masacre? —le preguntó a Trick que suspiró ante las preguntas.

—El Crepúsculo es en verdad la referencia a uno de los faes poderosos de las antiguas escrituras —explicó el tabernero—. El Monarca es el otro fae poderoso. Y sí, creo que hace referencia a una batalla, posiblemente una guerra.

—Tamsin, ¿puedes repetir la primera línea sobre el Monarca y el Crepúsculo? —le pidió Lauren.

—Cuando el Monarca se encuentre en el Crepúsculo —repitió la detective.

—¡Ah, claro! —la interrumpió la doctora con cierta emoción en la voz—. Entonces, estos dos supuestos faes poderosos deben encontrarse primero.

—Exactamente, eso es lo que parece indicar —le confirmó Trick—. Cuando ambos se encuentren ocurrirá lo que escribí y están destinados a encontrarse por el poder de mi sangre.

—¿Y quién demonios es el Monarca y el Crepúsculo realmente? —preguntó Bo.

—Personajes literarios en principio —le respondió su abuelo—. Pero tu padre estaba tan obsesionado con estas historias que realmente temo que de alguna forma él creyera que era el Crepúsculo. Por eso, cuando me di cuenta que al escribir aquellos versos para él podría haber condenado a nuestro mundo a otra guerra, traté de desenmascarar el peligro que podía suponer sus poderes para nuestra sociedad y los dos bandos nos unimos para derrotarlo.

—Eso fue cuando los lokis construyeron un portal para mandar a mi padre a otro plano —recordó Bo—. Sí, me contasteis esa historia.

—El mismo portal que permanecerá cerrado por mi sangre y que impide que tu padre vuelva —añadió Trick—. Solo yo podría traerlo de vuelta, cosa que no está en mis planes.

—Necesito que me digas si Dögun está tratando de que mi padre regrese de alguna manera o qué pintan en esta fregado —le pidió Bo a su abuelo.

—Eso no lo sé aún, es lo que trato de averiguar —contestó con la mirada perdida en el suelo y un gesto contrariado en su rostro.

Bo miró a su abuelo frunciendo los labios mientras pensaba en todo, le preocupaba que Trick estuviera exagerando, aunque no premeditadamente, sino que la realidad fuera diferente a la que él creía, que no existiera una amenaza por parte de Dögun que tu viera que ver con Odín —su supuesto padre, ella no quería dar nada por seguro todavía.

—Si el padre tenebroso de Bo pensaba que él era el Crepúsculo ese, ¿quién creía que era el Monarca entonces? —preguntó Kenzi de pronto.

—Un momento —intervino Tamsin en cuanto acabó de hablar la gótica, como si sus palabras le hubieran hecho recordar algo—. Cuando él me encomendó la misión de buscarte, Bo, me dijo «busca a mi reina» y me explicó entonces las características de esta reina serían: «tendrá la sangre maldita, sus ojos tanto marrones como azules, corazón tanto fuerte como gentil, virtuosa y a la vez lujuriosa, no será ni de Luz ni de Sombras». Eso ocurrió realmente muchos años antes de que nacieras incluso.

—Por lo que ¿yo era un plan de él? —preguntó Bo sin entender realmente el punto de Tamsin, pero a la vez recordando las palabras de su madre sobre las intenciones de su padre con ella.

—Paren el carro —dijo de pronto Kenzi—, si él se refería a su hija como «mi reina», ¿entonces Bo es el Monarca?

—Eso era lo que quería decir —apoyó Tamsin.

—Podría tener sentido —murmuró Trick rascándose la barbilla mientras lo meditaba.

—Lo tiene —añadió Bo—. Mi madre me dijo que él me creó con alguna intención que ella no sabía. Si él estaba obsesionado con esas historias, si pensaba que él era el Crepúsculo, entonces me hizo para tener a su Monarca.

—¿Cuándo te contó tu madre eso? —preguntó alarmado Trick.

—Me buscó hace unas noches —le respondió—. Ella está escondiéndose y oculta, no hablamos de mucho más aparte de mi padre, no tuvimos tiempo.

—Puede que haya recuperado la razón y la cordura después de todo —indicó Trick.

—Después de lo que me contó que le hizo mi padre me parecería un milagro.

Trick no respondió a eso, pero Bo vio dolor en la mirada que le dirigió. Se sintió un poco culpable de haberlo dicho, porque su intención no era recriminarle nada a su abuelo, sobre todo porque no podía juzgarlo de una historia que ella conocía apenas un poco. Sin embargo, un timbre arruinó cualquier intento de disculpa.

—Lo siento —dijo Lauren mientras consultaba su teléfono móvil—. Es mi aviso, me necesitan en el complejo de las Sombras.

—¿Te vas ya? —preguntó Bo, lamentando la oportunidad de poder hablar con ella en privado.

—Hablaremos esta noche —le susurró adelantándose a los deseos de la súcubo.

Fue suficiente para Bo por el momento y decidió acompañar a Lauren hasta la puerta del Dal al menos, caminando tras ella.

—Quiero disculparme por ser una idiota cuando realmente me necesitas —le dijo en cuanto dejaron atrás la habitación de su abuelo.

Lauren se detuvo antes de dar el siguiente paso. La humana elevó los ojos hasta el techo y tomó una larga bocanada de aire. Estaba odiando demasiado aquella situación. Entonces, se giró y tomó el rostro de Bo, acercándola hacia ella, hasta que sus labios se encontraron en un beso urgente, lleno de necesidad. Lucharon sus lenguas, dientes, manos… envueltas en un deseo efervescente, donde la espalda de Bo se encontró con la pared más cercana y sus brazos acercaron a Lauren, eliminando todo espacio entre ellas.

Se miraron jadeando, buscando aire. La humana seguía apoyada sobre Bo, apretando su cuerpo contra la pared, y la súcubo la tenía sujeta entre sus brazos, tan cerca, que podía sentir el calor de su piel bajo la ropa.

—Yo quiero disculparme por atacarte injustamente —dijo Lauren con la respiración aún acelerada.

—No fue injusto —respondió al instante Bo.

—Da igual ya —intervino la otra rápidamente—. Ahora quiero lidiar con la situación presente, no con lo que hicimos o no hicimos.

—Está bien, pero no pienso dejarte sola en esto, quiero ayudarte.

—Sinceramente no sé lo que hacer —le confesó llena de inseguridad.

Bo la miró dedicándole una sonrisa tranquilizadora y la cubrió con sus manos, estrechándola en un abrazo cariñoso mientras acariciaba tiernamente su cabello rubio. Lauren cerró los ojos intentando relajarse entre los brazos de Bo, aliviada de estar junto a ella.

—Intenta actuar como siempre, no dejes que la Morrigan sospeche —le indicó la súcubo—. Te juro que buscaré la forma de sacarte de las malditas zarpas de los faes.

—Está bien —suspiró Lauren mientras se alejaba tímidamente de Bo—. Hablaremos esta noche con calma. No debo hacer esperar a la Morrigan.

—Ten cuidado.

—Lo tendré —concluyó con una sonrisa como despedida.

#

Hale llegó de repente. Apenas se paró a saludar a Bo y a Lauren cuando entró en el Dal. No tenía la cabeza serena después de su encuentro con la Ash. Ni siquiera le dio importancia a que Trick estuviera hablando con Tamsin y Kenzi cuando irrumpió en su habitación:

—Trick, tenemos que hablar —dijo con apremio el sireno.

—¿Qué pasa? —preguntó el otro hombre.

—En privado —aclaró mientras Kenzi y Tamsin lo miraron confusas.

Trick asintió y lo siguió hacia otra parte donde las otras mujeres no los pudieran escuchar.

—¿Qué sucede? —preguntó impaciente por la información.

—Es la Ash, creo que nuestro contacto en Dögun nos ha traicionado de alguna forma porque ella se ha enterado de que Lou Ann estaba viva y que la tenía yo. Ahora está bajo la custodia de las Luces, he tenido que entregarla.

—Mierda —maldijo Trick—. ¿Dijo la Ash qué iba a hacerle?

—Dijo que la iba a entregar a las Sombras y que decidieran ellos su futuro —le respondió alterado.

—Está claro que la matarán.

—Hice todo lo que pude —le dijo angustiado.

—No es tu culpa —trató de tranquilizarlo Trick—. Yo le ofrecí protección y ella se escapó. Lou Ann se ha buscado su destino ella sola.

—¿Necesitas que haga algo al respecto?

—No, volveremos a tu tarea inicial. No me fío de Tamsin. Hasta que descubra qué relación hay entre las valquirias y el padre de Bo, tenemos de tener cuidado con ella. Ahora mismo sabe demasiada información.

—Estoy de acuerdo, pero ¿y Lou Ann?

—No te preocupes por ella, es asunto mío —le explicó el tabernero—. Lo que necesito es que vigiles a Tamsin: saber quién entra y sale de su apartamento, con quién se ve, a dónde va, qué hace en la comisaría, a quién llama… No necesitamos más sorpresas.

—Sí, lo voy pillando —dijo el sireno tras un largo suspiro de resignación—. Descuida, la estaré vigilando.

—Bien, Hale, gracias. Debemos de tener mucho cuidado.

Estuvo de acuerdo. No estaba seguro de su ansia por descubrir las intenciones de Tamsin. No se fiaba de ella, era de las Sombras de todas formas, y no le gustaba que Kenzi estuviera alrededor de ella. Los Sombras nunca eran de fiar y Tamsin tenía una relación dudosa con el supuesto padre de Bo.

#

Kenzi levantó nuevamente los ojos hacia donde estaban Hale y Trick susurrándose sus secretos. Ella bufó molesta. Ya ni siquiera disimulaban que estuviera ella allí, en la misma habitación que ellos. Que perteneciera a las Sombras no quería decir que los fuera a traicionar, y que ellos dos pensaran eso de ella, la ponía de los nervios. Aunque dejó de importarle tanto cuando Tamsin se sentó a su lado en el sofá.

Kenzi se movió un poco inquieta en su sitio cuando sintió a la valquiria tan cerca. Carraspeó un poco y agarró las fotografías que había tomado de los dibujos que encontró durante la fiesta Dögun.

—¿Qué piensas qué son? —le preguntó a la detective, examinando escrupulosamente las imágenes. Tamsin no contestó nada. Entonces Kenzi la miró de reojo y observó sus ojos verdes fijos en ella y su rostro impasible, sin ninguna emoción legible.

—¿Qué? —le dijo Kenzi frunciendo el ceño ante la mirada insistente de la otra mujer.

Tamsin se humedeció los labios sin apartar sus ojos de la mujer morena y se inclinó ligeramente sobre ella. Kenzi la observó con detenimiento y se quedó sin respiración cuando le habló con la voz ronca y caliente:

—¿Me estás provocando?

—¿Ah, sí? —respondió con una sonrisa traviesa, intentado disimular el efecto que habían provocado aquellas palabras en ella.

Tamsin observó el color subido en las mejillas de Kenzi, el brillo de sus ojos y la sonrisa en su rostro. Por supuesto que la estaba provocando.

—Puedo jugar a esto también —le dijo torciendo una sonrisa arrogante.

Kenzi alzó una ceja y la miró con indiferencia, tratando de no mostrarse afectada por ese comentario. Sin embargo, comprobó que Tamsin no estaba bromeando cuando sintió la mano de ella deslizándose sobre su muslo, apenas tocando su piel, y escalofríos recorrieron su espalda ante la sensación. Kenzi ahogó un gemido en su garganta y tuvo que detenerla antes de que llegara a meterse bajo su falda.

—Tamsin —susurró, mirando de reojo hacia Trick y Hale que seguían inmersos en su misteriosa conversación, ajenos a lo que estaba sucediendo entre ellas. La detective rió entre dientes mientras retiraba la mano.

—Vale —dijo en un tono desmotivado—, veamos estas fotos entonces.

Con mala gana, estiró el brazo para alcanzar los dibujos que había fotografiado Kenzi en la fiesta Dögun. Después de lo que les había contado Trick, fue fácil suponer que podían representar al Monarca y al Crepúsculo, Tamsin estaba segura, pero su mente divagó hacia las líneas de lo que había escrito Trick con su sangre en aquel viejo pergamino.

—Joder —murmuró la valquiria percatándose de algo.

—¿Qué pasa? —preguntó enseguida Kenzi.

—Pasa que si Bo es el Monarca y su padre el Crepúsculo, ellos ya se encontraron en Helheim y toda la demás mierda que escribió Trick —dijo frunciendo el ceño— va a ocurrir pronto.

#

Maldito atasco. Llegaba con una hora de retraso. La Morrigan la iba a matar, odiaba la impuntualidad. Lauren temblaba y sudaba por todas partes mientras corría por los pasillos hasta el despacho de Evony. No era eso solo lo que la tenía de los nervios, era el hecho de que iba a tener que mirar a la líder fae de los ojos sabiendo que era su madre biológica.

Sin embargo, cuando abrió la puerta y dio un paso hacia el interior del despacho, su corazón se detuvo. El cañón de un arma la apuntó directamente a la cara.

—No grites, no hagas ni un solo ruido —le advirtió quien portaba la pistola—. Entra el silencio con las manos en alto.

Lauren ni siquiera pudo ver quién la estaba apuntando, a penas entendió lo que dijo.

—¿Qué? —balbuceó la doctora.

—Que entres aquí con las manos en alto, joder —le volvió a repetir—. Y cierra la puta puerta.

—Estupendo —escuchó decir a la Morrigan—. Mi aburrido día de papeleo se está volviendo cada vez más interesante. ¿Qué vas a hacer ahora, cariño? ¿Vas a matar a un inocente humano también?

—Cállate —le dijo, golpeándola seguidamente en la cara con la punta del pie.

Evony estaba arrodillada en el suelo, con las manos atadas e inmovilizadas a la pata del escritorio de su despacho.

—Ven aquí de una vez —ordenó el atacante, que estaba al lado de la líder de las Sombras con el arma apuntando hacia Lauren.

La doctora asintió rápidamente, cerró la puerta como le ordenó y caminó lentamente con las manos en alto. Empezó a fijarse en el atacante: era una mujer, de pelo negro, ojos oscuros, tez blanca… Su rostro era familiar.

—Así que eres humana —le dijo sin apartar la pistola de su cara—, ¿cómo te llamas?

—La-Lauren —respondió con dificultad.

—Eres la doctora —ni siquiera se lo estaba preguntando, hablaba para sí misma—. Tú amas a esa súcubo, sí, tú sabes lo que significa el amor entre un humano y un fae. Tú también estás en peligro, tú debes entenderme.

—Dios santo, una cosa es follarte un humano, que va contra las leyes, sí, pero un error lo tiene cualquiera, y otra cosa muy distinta es jugar a las casitas con uno de ellos y darle la espalda a tu clan, exponiendo a toda tu raza con ello —espetó con rabia Evony—. Tú sabías lo que hacías y las consecuencias, Lou Ann, no trates de buscar simpatía en ella porque, para empezar, la doctora es una servidora de los faes y no cualquier humano aleatorio que vive en la ignorancia.

—¡Qué te calles! —le gritó golpeándola de nuevo en el rostro, esta vez con la culata del arma.

Lauren pudo ver las gotas de sangre salpicar la moqueta del suelo y las hileras del líquido rojo cayendo por su cara, pero Evony ni siquiera se quejó.

—Ellos —le dijo a la doctora mientras señalaba hacia la Morrigan— mataron a mi familia, no solo eso, hicieron que yo misma los asesinara a todos, con mis propias manos. Tú has de entenderme, tú eres una mascota para ellos, una mera propiedad. Pero esto va a acabar ahora mismo —añadió moviendo el arma hacia Evony—. Cuando acabe con ella, no habrá herederos válidos para Morrigan y entonces mi gente tendrá una oportunidad y yo habré vengado por fin el asesinato de mi familia. Serás libre y no existirán faes que te impidan estar con la persona que amas.

—Si lo haces te condenarás —trató de calmarla Lauren, casi sin pensar en lo que estaba haciendo.

—Ya me condenaron una vez, al menos ahora será justo y traerá un cambio para los faes.

—¿De qué diablos hablas? —dijo Evony.

—Cuando el sistema se desestabilice, los faes se rebelarán contra las leyes antiguas y los ancianos. Toda la maldita jerarquía de los faes se derrumbará por completo.

—¿Quién coño te ha comido el coco? —casi se burló la Morrigan al escucharla.

—No tienes ni idea de lo que ocurre fuera de tus narices, ¿verdad? —la provocó Lou Ann—. Las filtraciones a los humanos, los atentados en el complejo de las Luces, Dögun… Además de los tres Ash en poco menos de cuatro años, el asesinato del Morrigan, los cambios de poder en las Sombras… Los ancianos están inquietos, ya no se sienten seguros y su poder se ha mermado por ello. La revolución fae ha llegado, todo ha ocurrido para terminar con esta maldita tiranía.

Evony comenzó a reírse de una forma histérica y bastante falsa. Aquello solo encendió más la ira de la otra mujer.

—Estás realmente trastornada si crees que cuatro gilipollas fanáticos van a cambiar el mundo —dijo aún riendo.

—Veremos si te seguirás riendo cuando lo veas desde el infierno —la amenazó subiendo la pistola hasta la frente de la Morrigan.

Fue el segundo más largo de la vida de Lauren. No pudo explicar qué fue lo que la empujó a hacerlo, si fue compasión, el hecho de que Evony era su madre… Ella se lanzó hacia Lou Ann golpeando el brazo de la fae como le habían enseñado en el ejército, justo cuando se produjo el disparo. Sus oídos se volvieron sordos por el estruendo y un incómodo pitido fue todo lo que escuchó.

Vio el arma caer, sangre salpicando por todas partes… De pronto algo la golpeó de lleno en la cara y cayó sentada al suelo. La habitación comenzó a dar vueltas, pero pudo distinguir la figura de Lou Ann acercándose de nuevo hacia ella. En un puro impulso de terror, estiró con fuerza ambas piernas hacia delante, chocando contra la otra mujer, que se tambaleó y cayó al suelo. Lauren rodó por el piso para alejarse y pronto comenzó a distinguir los sonidos; en concreto, los quejidos de dolor de Evony. La encontró acurrucada en el suelo, aún atada, con una herida que sangraba bastante en el brazo. El disparo le había dado, al menos no en la cabeza.

Con el corazón latiendo a toda velocidad lleno de puro terror, sus oídos que apenas captaban sonidos por el fuerte estruendo del disparo y su visión todavía desenfocada, Lauren consiguió ponerse en pie a duras penas. Fue dando traspiés hacia la dirección donde creía que estaba el interruptor para activar la alarma de seguridad. Sabía que al activarla, acudiría el cuerpo personal de defensa de la Morrigan.

—Ni se te ocurra moverte —escuchó que dijo Lou Ann a su espalda. Mierda, había tardado demasiado—. Date la vuelta muy despacio.

Lauren obedeció y vio a Evony en el suelo, mirando fijamente hacia la mujer que portaba nuevamente el arma. Su rostro estaba enrojecido y sus facciones duras y tensas. Entonces se fijó en el pequeño hilo de humo que salía detrás de las manos de la líder fae: estaba intentando fundir sus ataduras para liberarse. Lauren tenía que distraer a Lou Ann para que no se diera cuenta.

—Te vas a convertir en una asesina como ellos —trató de convencerla Lauren, aunque su único objetivo era captar su atención.

—Solo voy a hacer justicia, de la misma forma que ellos la aplican.

—¿Y qué conseguirás con su muerte? Si lo que dices es verdad, vas a provocar una guerra y miles de inocentes morirán, ¿qué mensaje darás?

—Es el precio a pagar por la libertad.

En ese momento, Evony gritó, liberándose por fin de sus ataduras y estirando su brazo sano hacia Lou Ann. En seguida, la mujer comenzó a chillar de dolor cuando la Morrigan comenzó a usar sus poderes sobre ella, subiendo considerablemente la temperatura de su cuerpo.

—¡Arde, zorra! —gritó.

Lauren no dudó en activar la emergencia al instante, y en menos de treinta segundos, el cuerpo de seguridad irrumpió en el despacho de la Morrigan, protegiendo a su jefa e inmovilizando a Lou Ann.

Lauren observó la escena pegando su espalda a la pared. No se sentía como si hubiera hecho algo bueno, de hecho, sintió sus tripas resentirse y las náuseas se apoderaron de ella. Tenía ese nudo en la garganta de impotencia cuando vio que se llevaron a Lou Ann entre varios agentes a la fuerza. Ella conocía su historia, ella sabía lo que había luchado Bo por liberarla años atrás, lo que representaba que los faes al final se salieran con la suya. «Quiero saber que es mi decisión la que hago no de ellos», Lauren se estremeció al recordar las palabras de Bo, cuando le explicó que Lou Ann había decidido la vida que quería, junto a un humano, y que los faes se la habían arrebatado. Lauren cerró los ojos y varias lágrimas cayeron por sus mejillas. Bo quería una vida donde ella pudiera decidir cómo vivirla, no que los faes le dictaran lo que debía hacer, igual que Lou Ann. Lauren se sintió como si le hubiera arrebatado eso a Bo.

—Doctora, doctora Lewis —alguien la llamó.

Lauren abrió los ojos y parpadeó varias veces hasta que fue consciente de que uno de los guardias de la Morrigan le estaba hablando.

—Doctora, la Morrigan necesita que la atienda urgentemente —le dijo.

La humana asintió en silencio y se limpió las lágrimas de sus mejillas con la manga de la bata que llevaba. Luego se acercó hasta donde estaba Evony, sentada sobre la silla acolchada de su despacho.

—Dejadnos solas —ordenó la líder de las Sombras—. Luego hablaré con todos vosotros sobre vuestro nefasto futuro y cómo narices tenéis que hacer vuestro trabajo.

Los guardias que quedaban allí asintieron en silencio y abandonaron la estancia, dejando a Lauren y Evony únicamente, como la Morrigan había deseado.

—Vaya mierda de día —maldijo la fae—. Encima a mi par favorito de zapatos le ha roto el tacón.

Lauren permaneció en silencio y comenzó a examinar la herida del brazo de la Morrigan. Parecía más grave de lo que realmente era. La bala no estaba incrustada en ningún sitio, había salido, de hecho, parecía que apenas la había rozado.

Mientras Lauren se alejó buscando el botiquín que había en el despacho, Evony tomó el teléfono para realizar una llamada:

—Tamsin —dijo. Lauren la observó de reojo—. ¿Recuerdas aquello que tú y yo hablamos sobre Aife, Lou Ann y el asesinato de Vex? —Lauren se estremeció al escuchar el nombre de la madre de Bo—. Pues necesito que vengas con todo lo que tengas sobre eso al complejo de las Sombras, tengo a Lou Ann en las mazmorras y tenemos que presentar ante los ancianos su acusación sobre el asesinato del antiguo Morrigan. Date prisa —concluyó colgando el aparato—. ¿Es muy grave? —le preguntó, seguidamente, a Lauren sobre su herida.

—Solo la limpiaré y le daré algunos puntos —le indicó la doctora tomando un antiséptico del botiquín—. ¿Qué le pasará a Lou Ann?

—Será juzgada y ejecutada, pero esta vez nada de meter a los humanos de por medio, será a la manera fae. Limpio y seguro.

Por alguna razón Lauren se estremeció al escuchar aquellas palabras, pero trató de permanecer fría mientras empapaba un algodón con antiséptico y procedía a limpiar la herida de la Morrigan. Ambas permanecieron en silencio durante unos minutos, no demasiados, cosa que Lauren lamentó.

—Me salvaste, doctora Lewis —dijo de pronto la mujer morena—. Me pregunto por qué. Tenías a tu disposición la oportunidad de mandar al diablo el sistema fae, salir corriendo y escapar en busca de tu libertad. No es que tu conciencia te hubiera perturbado por matar a una zorra superficial como yo, diablos, hasta te habrías sentido orgullosa. —Lauren permaneció en silencio—. ¿Es porque lo sabes? —Evony la miró fijamente y Lauren trató de disimular el temblor en su mano porque sabía que se estaba refiriendo al hecho de que era su madre—. Oh, lo sabes…

—¿Que sé qué? —trató de fingir.

—Haces bien con ese comportamiento, no nos conviene que nadie lo sepa.

Lauren apretó el algodón, con el que limpiaba su herida, contra su piel más de la cuenta. Evony gimió por el dolor y la doctora la miró a los ojos directamente.

—Déjame curarte esto en silencio, necesito concentrarme en lo que estoy haciendo.

La Morrigan asintió. «Tiene carácter, después de todo», pensó la líder fae, «es hija mía al fin y al cabo, no debería sorprenderme».

Lauren sentía que si Evony volvía a abrir la boca, acabaría ella misma lo que empezó Lou Ann. Estaba furiosa consigo misma, con los faes, con la mujer que tenía enfrente… Solo quería volver con Bo y olvidarse de todo entre sus brazos, pero tenían que hablar y Lauren no estaba de humor para eso. Finalmente, las horas se escaparon veloces hasta el amanecer. La humana había pasado toda la noche trabajando en el laboratorio y Bo se quedó dormida donde Trick con el teléfono en la mano, cansada de no recibir ningún mensaje de Lauren.