Se removió entre las sábanas y luego estiró el brazo hacia su mesilla de noche. Palpó con su mano sobre la superficie de madera en busca de su teléfono móvil. Sin poder abrir los ojos apenas, vislumbró en la pantalla iluminada del aparato que eran las seis de la mañana. Ahora entendía por qué tenía tanto sueño. Volvió a dejar el teléfono sobre la mesa y se acomodó sobre la cama, dando media vuelta y quedándose apoyada sobre su costado. Parpadeó unos segundos y luego estiró las sábanas sobre su cuerpo desnudo hasta cubrirse los hombros. Entonces pudo verla más claramente, a su lado, cuando sus ojos se acostumbraron a la tenue luz de la mañana que se filtraba en su habitación: desordenados mechones rubios que se derramaban sobre el rostro y el colchón, la cara semi-escondida en la almohada mientras dormía boca abajo, formando gestos tranquilos al respirar; la piel clara del torso descubierto que brillaba con la luz de la mañana que llenaba la habitación… Dejó vagar sus ojos por ella siguiendo la curva de la espalda hasta la cadera, detuvo el camino de su mirada cuando llegó hasta las sábanas blancas que se enredaban por los muslos de ella, y un suspiro tembloroso se escapó de sus labios apartando la mirada del cuerpo de la mujer que seguía dormida a su lado.
Vagas imágenes de la noche anterior vinieron a su cabeza. Ella recordó un «no puedes irte así», entonces una sonrisa afilada apareció en su rostro y le respondió un «claro que no, me vestiré primero». Ella se rió y le dijo «quiero decir que es tarde, quédate a dormir», y lo cierto es que era bastante tarde —probablemente había dormido unas tres horas desde entonces, con suerte— y se lo pensó un rato, por supuesto trató de excusarse, pero finalmente se quedó.
Había pasado algún tiempo desde que alguien había amanecido a su lado, desde Nate concretamente, y Bo no contaba porque jamás había pasado nada entre ellas, a pesar de que era súcubo y habían bebido juntas hasta no recordar lo que habían hecho la noche anterior —claro, que despertar junto a Bo con la ropa puesta era indicativo suficiente de que nunca sucedió nada—, pero ella creía que la última persona con la que había tenido ese momento de intimidad había sido con Nate. Diablos, eso era más de 'algún tiempo', habían pasado años. Después de que su relación con él acabara tan bruscamente, ella no había tenido el tiempo ni el humor de encontrar a nadie. Hubo algunos intentos, pequeños ligues que nunca llegaron a nada serio, ni siquiera a sexo, y ella desistió. Su vida con los faes era demasiado complicada, nadie se merecía mentiras, ya había tenido suficiente con Nate y realmente no se sintió interesada en dedicarle tiempo a su vida amorosa hasta que Hale la besó por primera vez. No es que se sorprendiera del todo cuando lo hizo, pero había sido tan cretino con ella cuando lo nombraron Ash que se había olvidado de que él podía sentir algo por ella. Entonces llegó el habitual drama fae cuando Bo y Dyson desaparecieron, Taft y sus experimentos, Lauren, la Ash… y aquello se había congelado. Ella sentía que a veces él tenía interés, pero la mayoría del tiempo no le prestaba atención, por lo que Kenzi realmente acabó pensando que él no le daba demasiada importancia a lo que pudiera existir entre ellos. Al final, ella sí había perdido el interés.
Podía haber recurrido al sexo casual, lo intentó. Era fácil, ni siquiera había que conocer demasiado al otro, solo lo suficiente para estar segura de que no amanecería descuartizada a la mañana siguiente. Sin embargo, no tuvo el ánimo de embarcarse en aventuras de una noche. Para empezar, estaba Bo, sus dramas amorosos más sus dramas con los faes, los dramas de los propios faes… Por no nombrar de lo incómodo que sería haber traído una aventura a casa y encontrarse con Bo y Lauren en el sofá en plena acción o sobre la encimera de la cocina. Kenzi arrugó su rostro recordando aquella noche cuando se las encontró después de venir de una reunión con los chicos en el Dal. Por suerte, iba lo suficientemente borracha para continuar el camino hacia su habitación sin darle demasiada importancia al hecho de que Bo tenía su cara metida entre las piernas de Lauren. Ahora tenía que olvidar la imagen que había creado su mente. «Estupendo», pensó con una falsa alegría.
Los ojos de Kenzi volvieron al tranquilo cuerpo de Tamsin que descansaba a su lado. Ella lucía tan indefensa e inocente mientras dormía que provocó una extraña sonrisa en el rostro de Kenzi. Entonces se dio cuenta de que era normal, después de analizar su nefasta vida sexual y amorosa en los últimos años, que Tamsin llegara de repente y pusiera todas sus hormonas en ebullición. Al principio no pudo admitirlo, porque nunca se había sentido atraída por una mujer, ni siquiera había pensado en esa posibilidad, pero ahora podía ver las cosas con diferente perspectiva. Ella tenía veintitrés años, debería de estar disfrutando de una plena vida sexual, experimentar, descubrir cosas nuevas y todas esas cosas no se habían presentado en aquellos últimos tres años. Supuso que su libido tenía ciertos límites de resistencia.
Kenzi se deprimió ligeramente pensando en ello y volvió su atención al plácido rostro dormido de Tamsin. Se sintió hipnotizada por la belleza que irradiaba y se ruborizó un poco al recordar el momento en el que se lo dijo la noche anterior, le salió sin pensarlo siquiera. Tamsin se había reído con orgullo y le había contestado que las valquirias eran bien conocidas por su belleza y otras cualidades, además de ser buenas guerreras. La forma en la que arqueó una ceja y sonrió al decirlo, le dio una idea a Kenzi sobre las cualidades a las que se refería, pero realmente no pudo pensar mucho en ello porque enseguida Tamsin la hizo encontrarse con su clímax de una forma más intensa que la anterior.
Quizá no fue extraño que Tamsin se presentara en la puerta de la choza que compartía con Bo la noche anterior, considerando a las provocaciones a las que había sido sometida. Kenzi la miró con una sonrisa burlona cuando la vio en el umbral de la entrada y ella trató de excusarse con que buscaba a Bo. Kenzi le había dicho que seguramente estaba con Trick en el Dal, intentando averiguar algo más sobre las viejas historias faes para entender los planes que estaba tramando el padre de Bo, pero Tamsin pareció perder el interés sobre tema y acabaron hablando de algo trivial. Kenzi no recuerda cuál fue la conversación, solo la forma en la que de repente se hizo un silencio entre ellas y en algún momento acabaron compartiendo un ardiente y húmedo beso. La forma en la que se besaron llenó de fuego cada poro de su piel y Kenzi no puedo evitar nada de lo que pasó después.
De pronto, la detective se movió ligeramente sobre el colchón, frunciendo por un momento su ceño. Parecía que podría despertarse, pero luego continuó durmiendo y Kenzi la siguió observando en silencio. Dejó que sus ojos recorrieran el cuerpo de Tamsin de nuevo y se estremeció recordando la calidez de aquella piel desnuda sobre la suya. Ella cerró los ojos pensando en cómo se sentían esas caderas apretando las suyas y el maravilloso roce cuando las movía sobre su sexo. Maldita sea. Ella podía sentir la humedad volver entre sus muslos nada más pensar en ello.
Abrió otra vez sus ojos, tratando de detener la sensación acalorada que empezaba a abrumar su cuerpo. Respiró profundamente y descubrió a Tamsin despierta, mirándola con curiosidad, con la cabeza aún sobre la almohada y sus mechones rubios alborotados cayendo por su cara. Kenzi se ruborizó, apretando sus piernas para liberar la tensión que había creado, justo cuando una sonrisa apareció en la boca de la valquiria.
—Buenos días —murmuró Kenzi aferrando sus manos a la sábana que la cubría.
Tamsin no le contestó, simplemente avanzó sobre la cama con una sonrisa y dejó un beso en la parte alta del cuello de Kenzi, bajo su oreja. Ella se estremeció.
—¿Qué hora es? —susurró cerca de su oído, dejando que su aliento acariciara la piel de la mujer morena.
Kenzi volvió a estremecerse ligeramente. Eso no había ayudado a la sensación caliente entre sus muslos, que comenzó a ser más intensa. Con mucho esfuerzo, se giró sobre la cama, dándole la espalda a la otra mujer, buscando su teléfono para mirar la hora.
—Las seis y media —le respondió dejando el aparato encima de la mesita de noche después.
—Realmente temprano —dijo detrás de su oreja provocando escalofríos en Kenzi con su aliento caliente tan cercano—. Podría irme, ducharme, desayunar algo por el camino hacia la comisaría, pero no quiero romper mi racha de impuntualidad.
Tamsin se incorporó un poco, apoyándose sobre su codo y Kenzi dirigió una mirada de soslayo hacia atrás, pero no encontró una correspondencia. Los ojos de la fae estaban perdidos en su cuerpo y los latidos de su corazón se incrementaron repentinamente al ver la lujuria bailar entre el verdor de su mirada. Ella contuvo el aire en sus pulmones cuando las manos de la valquiria se posaron delicadamente sobre su cuerpo y acariciaron lentamente su costado por encima de la sábana. Pero Tamsin no se conformó con ello y comenzó a deslizar la fina tela hacia abajo, exponiendo su piel a ella. Escalofríos recorrieron a Kenzi ante las sensaciones que creaba la detective, a las que se unieron el acogedor el calor del cuerpo de Tamsin, cuando su presencia la cubrió detrás de ella, tan cerca… Kenzi cerró los ojos con fuerza sintiendo cada pulso entre sus piernas como una agonía. Qué fácil había sido llevarla a aquel estado.
—¿Estás planeando quedarte un rato más? —sugirió de pronto la morena con la voz temblorosa y tratando, quizá, de tomar cierto control con la broma.
—Algo así —susurró apoyando sus labios en la parte posterior de la oreja de la otra—. Quería agradecerte que me dejaras dormir anoche aquí… de alguna forma.
—¿Vas a hacerme el desayuno? —bromeó de nuevo, suspirando cuando sintió las caricias de Tamsin detrás de su oreja.
Entonces, los labios de la detective empezaron a recorrer su cuello con calma y ella sintió que su humedad comenzaba a gotear por la cara interna de sus muslos. Estaba más que perdida, en aquel momento.
—Si eso es lo que quieres —musitó dejando besos entre el pelo negro de la otra mujer mientras comenzó a arrastrar su mano hacia el vientre de Kenzi.
La gótica negó con la cabeza, inspirando aire profundamente, y alargó su mano atrapando la de Tamsin, bajándola hacia abajo, desesperada por la necesidad de sentirla allí. Kenzi notó la sonrisa de la valquiria contra la piel de su cuello debido a su gesto.
—Está bien —dijo simplemente, con cierto tono divertido—. No voy a preguntarte qué estabas haciendo antes para estar así… tan rápido.
Cualquier pregunta hubiera sido ignorada, de todas formas, cuando la sensación intoxicante de sentir a Tamsin empujando los dedos entre sus muslos llenó de neblinas su mente. Sacudidas de placer golpearon desde su bajo vientre estremeciéndola por completo, embriagando su cuerpo de una sensación adictiva e insaciable.
Tamsin empujó sus dedos cada vez con más fuerza entre su humedad caliente, acariciando con la nariz su cuello mientras jadeaba junto a ella. Kenzi aferró una de sus manos al muslo de la valquiria, moviendo sus caderas en busca de más presión, casi temblando por la sensación de gozo que invadía su cuerpo por la forma en la que Tamsin golpeaba y presionaba con sus dedos sobre el centro palpitante entre sus piernas, sintiendo el roce por cada movimiento de la piel caliente de la valquiria detrás de ella y la respiración agitada de la misma en su cuello…
No pareció que pasara mucho tiempo hasta que Kenzi comenzó a retorcerse entre espasmos, con jadeos cortos e intensos, y entonces Tamsin empujó su mano con movimientos más lentos y firmes dirigiendo el orgasmo de la otra mujer, que se desvaneció finalmente entre los brazos de la valquiria con un delicioso gemido que avivó la sonrisa en la boca de Tamsin.
«Una buena forma de empezar el día», Kenzi aún jadeaba, recuperando el aliento, cuando lo pensó. Ella se recostó de lado dejándose arropar por el calor del cuerpo de Tamsin detrás suyo. Escalofríos caminaron por ella ante el tacto de la valquiria sobre su piel y por cómo los dedos de ella dibujaron formas por sus costados y los labios dejaron nuevos besos en su cuello. Kenzi sonrió satisfecha por la atención y, si no fuera por el adormecimiento después del orgasmo, se habría dado la vuelta para besar a Tamsin hasta dejarla sin aliento.
—Ahora sí debería irme —anunció la detective. Kenzi suspiró en decepción.
—¿Qué hay de tu impuntualidad? —preguntó girándose levemente sobre su cuerpo hasta poder mirar el rostro de la rubia.
Tamsin se rió débilmente mientras desviaba su mirada hacia el techo y luego suspiró dejando una sonrisa en su boca.
—Si llego muy tarde tendré todo el día sobre mi cuello el aliento putrefacto de mi jefe martirizándome sobre mi irresponsabilidad y mis deberes y bla bla bla —bufó con fastidio.
—Pues entonces ve, no quiero que un aliento putrefacto te atormente —bromeó Kenzi con una sonrisa divertida.
—Sí, ríete —murmuró la valquiria entre dientes mientras se alejaba de ella y salía de la cama.
Kenzi volvió a cubrirse con las sábanas mientras veía a la detective moverse por la habitación en busca de su ropa para comenzar a vestirse a toda prisa. La rubia no parecía muy perturbada por el hecho de que estaba completamente desnuda.
—¿No quieres comer algo antes de irte? —preguntó de pronto la morena, tratando de ser cortés y saliendo de la distracción que le producía la desnudez de la otra mujer.
—Tomaré algo en la comisaría, pero gracias —le dijo ladeando una sonrisa mientras tiraba de sus pantalones hacia arriba—. Tú tienes mi número —añadió rápidamente mientras se colocaba la camisa—, llámame si necesitas… —Tamsin titubeó un momento y luego dirigió una mirada de reojo hacia Kenzi— si necesitas cualquier cosa —acabó de decir con una sonrisa.
¿Y eso qué significaba? ¿No le importaba que se volvieran a ver? Kenzi se quejó para sí misma que Tamsin no fuera nada clara con sus intenciones. Quizá deberían hablar sobre lo que estaba pasando entre ellas y aclarar posibles confusiones. Aunque antes tendría que aclarar las confusiones propias. Aún seguía sin saber lo que quería de Tamsin exactamente y ella se escapó por la puerta mientras Kenzi se quedaba dormida de nuevo, lamentando no haberla besado cuando pudo.
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Bo se quedó parada, con dos jarras rebosantes de cerveza en cada mano, mirando hacia Tamsin que entraba en el Dal con su habitual paso arrogante y aire de superioridad.
—¿Qué haces aquí? —preguntaron casi a la vez cuando estuvieron lo suficientemente cerca.
—Estoy esperando a Lauren —respondió primero la súcubo.
—Bueno, yo he tenido un largo día de papeleo en la comisaría y vengo a celebrar que por fin el caso del asesinato del ex-Morrigan está cerrado a cal y canto.
—¿Ah, sí? —le dijo Bo empezando a seguirla hacia la barra.
—Sí —confirmó con cierta alegría golpeando la superficie de madera para que Trick la atendiera.
—¿Y? —insistió la morena con curiosidad.
—Al parecer Lou Ann tiene más vidas que un gato —contestó mirando hacia Trick con suspicacia, pero el tabernero la observó con indiferencia—. Ha confesado su crimen, se ha demostrado que es la culpable y fin del asunto.
—Vaya —comentó simplemente el tabernero—. ¿Lo de siempre? —preguntó Trick ignorando toda la conversación de Tamsin con Bo, lo último que necesitaba era que la valquiria sospechaba que él tenía que ver con que Lou Ann estuviera viva en primer lugar.
—Esta vez que sea whisky doble —respondió y seguidamente el tabernero se alejó unos pasos en busca de la marca favorita de la valquiria.
—¿Y qué le van a hacer? —dijo Bo alarmada.
—Ten por seguro que no será algo agradable, seguramente algo que tampoco le permitirá vivir mucho tiempo.
Trick observó rápidamente cómo el rostro de su nieta se ensombreció y él tragó saliva sintiendo que no podía hacer nada para volver a salvar a la mujer. Era demasiado arriesgado y una completa locura. Tenían demasiados problemas ahora y su mente estaba en Odín, el portal y Dyson. «Dyson… Dyson…», pensó con exasperación. Había pensado mucho en alguna forma para traer de vuelta a su viejo amigo, pero además de abrir el portal —cosa que ni en el ataque más nefasto de locura iba a hacer—, la única forma más razonable que se le ocurría era enviar a Bo de nuevo allí. Él no sabía cómo, sin embargo, Tamsin debería saber; al fin y al cabo, por su culpa Bo acabó en aquel lugar la primera vez. Trick no había compartido sus pensamientos con nadie porque Bo tendría que prepararse para ser mentalmente más poderosa y poder soportar los ataques e ilusiones a los que sería sometida, por supuesto, para eso tendrían que resolver algunos asuntos antes, como el de Dögun. Todavía no tenía claro si eran una amenaza o si debía preocuparse por ellos. El tabernero sacudió la cabeza, procurando llenar bien el vaso de la valquiria y entregárselo después, sin poner asunto a la conversación de ella y su nieta, desviando también la atención de sus propios pensamientos. Luego, se alejó de ellas para atender a otros clientes.
—No se merece acabar así. Asesinaron a su familia y la acusaron injustamente de ese asesinato, solo porque se enamoró de un humano.
—Mejor no grites esas opiniones en lugares públicos atestados de faes —le aconsejó Tamsin ansiosa por probar su bebida—. Las relaciones con humanos están prohibidas para los faes, al menos para los que pertenecemos a un bando.
—Creo que todos saben lo que opino de los faes y de sus leyes sin sentido. Dejé bastante clara mi opinión al no alinearme con ningún bando.
—Sí, bueno, cómo sea —añadió la valquiria después de tomar un sorbo de su bebida—. Lou Ann asesinó al Morrigan y luego trató de hacer lo mismo con su sucesora, eso es bastante grave.
—¿Trató de matar a Evony? —Bo miró sorprendida hacia Tamsin.
—¿Es que no has hablado con Lauren? —se extrañó la valquiria.
—¿Lauren qué tiene que ver?
—Lauren estaba ahí y posiblemente gracias a ella Evony sigue viva.
—¿Qué? —exclamó Bo dejando las jarras de cerveza sobre la barra y abriendo los ojos exageradamente.
—¿Es que ahora te has quedado sorda?
—No sabía nada, hace un rato hablé con ella por teléfono y me dijo de vernos aquí, pero… —Bo frunció el ceño confusa sobre el porqué Lauren no le habría contado lo que había pasado—. ¿Sabes algo de ella?
—No.
—Se estaba quedando contigo —le dijo un poco molesta la súcubo—. No me jodas, tienes que saber algo.
—No sé, no he hablado con ella. No es mi novia al fin y al cabo, que yo sepa —se quejó Tamsin por la impertinencia de Bo.
—Da igual, ya hablaré con ella cuando llegue —concluyó la súcubo tomando las jarras de nuevo entre sus manos—. Ahora me voy con una compañía más agradable —le dijo dándose la vuelta y alejándose de ella.
Tamsin siguió con la mirada la trayectoria que seguía la súcubo esperando encontrarse con Kenzi, pero su humor cambió completamente cuando vio la compañía de Bo. Fue inconfundible su belleza, sus ojos azules, su piel clara, su pelo anaranjado… Casi se había olvidado de aquella 'amiga'.
—Qué diablos… —maldijo en voz baja acercándose a la mesa donde estaba sentada la mujer de pelo naranja.
Bo miró cómo la valquiria cruzó a toda velocidad a su lado y se acercó a la chica con la que se había encontrado varios viernes en el Dal: Antalya. Tamsin estampó su puño sobre la mesa donde estaba sentada la otra mujer y ambas se miraron intensamente. Para la súcubo fue obvio que se conocían y se acercó con precaución a ellas.
—¡Vaya, mi buena amiga Brynhild! —exclamó con alegría, aunque Bo sospechó que era un poco falsa.
La respuesta de Tamsin fue agarrarla por el cuello de la camisa y obligarla a ponerse de pie.
—Cuánto amor, lo echaba de menos —respondió la mujer de pelo naranja ante su gesto.
Trick lanzó una mirada severa hacia Bo, que se encargó de que Tamsin soltara a la otra mujer.
—Tranquilas —les dijo Bo con calma mientras la detective accedía a soltar a Antalya—. He de suponer que os conocéis ¿no?
—Sí, tenemos una relación muy intensa ella y yo —respondió con gracia la mujer de ojos azules.
—Ella es una valquiria —habló Tamsin con indiferencia—. Si está aquí es por algo que le ha ordenado Odín.
—Qué va —dijo soltando una carcajada—. Te echaba de menos, mi querida Brynhild. La última vez que nos vimos se quedaron las cosas muy tensas entre nosotras con eso de que me clavaste un cuchillo en el cuello y me mataste.
—¿Tamsin? —preguntó Bo buscando una explicación.
—No podía arriesgarme a traer a Lauren con esta tía rondando por ahí, así que la maté. Total, iba a renacer después —respondió sin apartar sus ojos de Antalya—. Si me disculpas, Bo, tengo que hacerle unas preguntas personales —añadió arrastrando a la otra valquiria a una distancia prudente de la súcubo—. Ahora dime qué coño haces aquí.
—Estoy aquí para prevenirte de que hagas una estupidez porque parece que no aprendiste la primera vez —le contestó con recelo.
—¿Prevenirme de qué? —le espetó apretando su mano alrededor del brazo de Antalya—. Espera, ¿fuiste tú la que atacó a Lauren?
—Solo cumplo órdenes, tú lo sabes, y ese ataque fue algo sin importancia con lo que te puede hacer Odín si lo vuelves a traicionar.
—¿Qué le he hecho ahora? —dijo soltando el brazo de la otra mujer y comenzando a perder los nervios—. Quería a la doctora muerta y en Helheim, eso le di. No me habló sobre qué hacer después, así que hice lo que me dio la gana.
—Tú sabrás —le contestó frotándose la parte del brazo donde le había agarrado bruscamente antes—, pero sabes perfectamente lo que pasó la última vez que se te presentó el valknut y lo ignoraste. Estoy aquí para impedir que lleguemos a ese punto de nuevo, cueste lo que cueste.
—Si vuelves a tocar a la doctora —la amenazó aproximándose lo más que pudo su rostro al de Antalya, aún a sabiendas que le costaría bastante intimidarla—, te buscaré y te mataré y lo volveré a hacer cada vez que vuelvas a renacer, ¿me entiendes?
—¿Te olvidaste de Sigurd? —dijo alzando una ceja con arrogancia.
—No digas su nombre —bufó Tamsin.
—Sí lo digo porque parece que has olvidado todo lo que pasó cuando decidiste olvidarte de Odín y amar a ese hombre —le susurró con un tono de voz lleno de peligro—. Pues yo no me he olvidado y no voy a dejar que esa mierda te vuelva a pasar.
—Antalya, te lo advierto, si Bo se entera de que la gente que quiere está en peligro no sabes de lo que es capaz. Además, ella es su hija por si lo olvidaste.
—Cualquier precio —dijo simplemente encogiéndose de hombros—, a él no le importa a quién tenga que llevarse por delante. Tú le perteneces y debes servirle, no lo olvides.
—¿Sería capaz también de acabar con la vida de su propia hija? Creía que era importante para él y sus malditos planes.
—Joder tía, parece que te importó tres mierdas lo que le hizo a tu amado Sigurd —le espetó Antalya empezando a perder la paciencia.
—No digas su nombre —le dijo Tamsin furiosa.
—Sigurd —repitió más alto, lo que provocó que algunos faes de alrededor miraran hacia ellas—. ¡Sigurd! —gritó.
El Dal se silenció cuando la valquiria rubia levantó sus ojos negros hacia Antalya y le arremetió un fuerte cabezazo en la cara. La otra valquiria no se dejó amedrentar, y aún con hileras de sangre bajando por su rostro, encaró a Tamsin después de recuperarse del golpe.
—¡Todo el mundo fuera del bar! —gritó Trick enseguida al ver a las dos valquirias comenzar a mostrar todo su potencial de poder.
La gente salió entre murmuraciones llenas de miedo y el Dal se quedó vacío a excepción de las dos mujeres, Bo y Trick. El tabernero observó cómo su nieta se movió al lado de Tamsin con los ojos completamente en un azul amenazante.
—Bo —la llamó con precaución, pero ella estaba mirando fijamente hacia Antalya y no le hizo caso.
La valquiria de pelo naranja observaba atentamente a Tamsin y ambas tenían sus ojos completamente negros. El aire alrededor de ellas se volvió pesado y un frío fantasmal recorrió cada rincón del bar helando la piel del viejo Rey Sangriento. Trick no se atrevió a acercarse todavía, sabía que una valquiria renacida podía ser bastante peligrosa y prefería evaluar la situación antes. Sin embargo, su nieta tan cerca de ellas lo estaba poniendo de los nervios, por supuesto, Bo no sabía donde se estaba metiendo.
—Bo, aléjate de ellas —le advirtió, pero lo volvió a ignorar.
El tabernero se metió detrás de la barra del bar en una búsqueda desesperada de algo: un arma, una poción, un hechizo… lo que fuera que le ayudara a detener a ambas valquirias antes de que fuera demasiado tarde.
—Deja a Tamsin en paz —amenazó de pronto Bo, con una voz ronca y áspera, a la valquiria de pelo naranja. Antalya pareció reaccionar y miró hacia la súcubo recuperando el color azul de sus hermosos ojos.
—Soy una valquiria renacida —le advirtió observando fijamente a la súcubo, que pronto le preocupó más que Tamsin.
—Tú podrás ser renacida, pero ella tiene a una súcubo muy cabreada que va a patear tu culo si no te vas de aquí —volvió a decir Bo con el mismo tono.
—Pensé que éramos amigas —dijo con cierta ironía.
—Yo pensé muchas cosas de ti que resultaron ser mentiras —le espetó con enfado la mujer morena.
—Está bien, Bo —suspiró dándose por vencida—, no he venido aquí para armar ninguna pelea.
Tamsin pareció relajarse cuando vio las intenciones de Antalya de marcharse, pero permaneció en guardia hasta que sintió el suave roce de la mano de Bo en su espalda. Entonces, casi sin quererlo, volvió a la normalidad y dejó de amenazar a su compañera valquiria con sus poderes.
—Lo siento —dijo la valquiria de pelo naranja hacia Trick antes de salir del bar.
—Al menos es más educada —murmuró el tabernero todavía sin salir del estupor de todo lo que había visto y ocurrido.
La súcubo miró con sus ojos marrones de vuelta a su abuelo que le devolvió una mirada de sorpresa y confusión. Ella asintió lentamente intentando decirle que todo estaba bien ahora, y dirigió la atención a la valquiria a su lado. Tamsin tenía la vista perdida en el suelo y parecía ligeramente afectada por lo que le hubiera dicho Antalya. Tampoco pudo ignorar la fina hilera de sangre deslizándose desde su ceja.
—¿Estás bien? —le preguntó Bo sujetándole los hombros.
—Sí, sí —dijo la valquiria de malhumor—. Esa zorra se lo merecía.
—Mierda. Tamsin, estás sangrando —le recriminó Bo.
—No voy a morir por una puta brecha en la frente —refunfuñó con hosquedad.
—Lauren tiene que estar al llegar, te mirará eso.
—¡Déjame! —le respondió alejándose de ella.
—¿Qué diablos ha sido eso? —le reprochó Trick mientras se acercaba a ellas—. Esto es un sitio de santuario, no se permiten las peleas.
Tamsin lo miró de mala manera pero su atención, junto con la de Bo y su abuelo, se dirigieron hacia la entrada del Dal. Una figura irrumpió allí antes de que la valquiria pudiera responderle nada a Trick y los tres se quedaron de piedra mirando hacia la persona que acaba de entrar.
—Vaya, pensé que os alegraría verme —dijo la figura en la puerta.
—¿Dyson? —dijo Bo con aparente emoción en la voz.
Él dio un paso al frente y ella corrió hacia él envolviéndolo con sus brazos.
—Pensé que nunca te volvería a ver —lloró enterrando su rostro en el cuello de él.
Tamsin y Trick compartieron una mirada silenciosa llena de dudas y miedos. ¿Había Odín liberado a Dyson? Incluso ambos pensaron si se trataría realmente de él o era una trampa.
—¿Estás bien? —dijo Bo retirándose un poco hacia atrás y palpando la cara de él.
—Lo estoy —respondió con una suave sonrisa—. Te eché mucho de menos.
—¿Cómo? ¿Cómo has…?
Las preguntas de Bo se detuvieron cuando él se dejó llevar y, tomando el rostro de la súcubo entre sus manos, la besó. Ella no se esperaba el beso y no supo cómo reaccionar al principio. Sin darse cuenta, lo había correspondido, pero antes de que ella misma lo rompiera, alguien la tiró hacia atrás, agarrándola por el hombro y separándola de él. Bo se dio cuenta de que había sido Tamsin, cuando la valquiria estrelló uno de sus puños en la cara de Dyson. Él se tambaleó un poco hacia atrás por el golpe y Bo la miró estupefacta.
—Joder, Tamsin… —maldijo él llevándose una mano al rostro—. Encantado de verte también.
—¿Qué haces? —le recriminó Bo.
—Mierda —dijo la valquiria mientras fruncía el ceño sabiendo que había sido un impulso llevado por emociones que no eran de ella.
—¿Qué? —le inquirió Bo.
Entonces la súcubo dirigió la vista hacia donde miraba Tamsin y la vio en la puerta: Lauren con los ojos humedecidos y las facciones de su rostro serias y tensas. Antes de que Bo pudiera decirle nada, la doctora se dio media vuelta y se fue. Por alguna razón estúpida se quedó allí parada sin saber qué hacer hasta que Tamsin le dio un empujón y, entonces, Bo reaccionó y salió corriendo detrás de Lauren.
NOTAS: Espero poder actualizar otra vez porque la siguiente me voy de vacaciones y no podré D: Si hubo algún error, lo siento. Espero que les haya gustado a pesar de la vuelta de Dyson, y no me peguéis, estuve muy tentada de hacer que Bo no fuera detrás de Lauren xD
PD: Quedan 10 capítulos ;) Así que si tienen alguna sugerencia de historia o si les apetece que escriba algo sobre alguna pareja en especial de la serie (sea canon o no), lo escucho.
