Akane y Ranma regresaban de un paseo que habían decidido dar por Nerima para calmar sus nervios. Desde que habían terminado el instituto apenas dos semanas antes, sus padres habían insistido más de lo habitual en lo de la boda, y estar en casa era sinónimo de problemas y discusiones. Ambos habían madurado, un poquito, muy poco, casi nada. Se podría decir que era una madurez que a muchos les podría parecer invisible, pero muy en el fondo ellos dos se habían dado cuenta de ello; Akane era menos violenta con el de la trenza y Ranma se pensaba las cosas unos segundos antes de abrir esa maravillosa boca que en tantos problemas lo habían metido anteriormente. Pero ni ella podía controlar su genio siempre ni él podía impedir que su pico hablara antes que su cerebro de vez en cuando, así que ellos aún seguían peleando aunque en menor medida.

Los dos habían estado mandando solicitudes para distintas universidades y habían hecho el examen necesario para ser aceptados, Ranma quería estudiar Educación Física para ser maestro y a diferencia de su padre saber qué técnicas y qué maneras eran las mejores para enseñar a sus futuros estudiantes. Akane sin embargo escogió enfermería, siempre le había gustado curar y ayudar a los demás, y desde que su prometido entró en escena había sido ella la encargada de sanar normalmente sus heridas. Esta elección la hizo, además, con la firme intención de poder socorrer a cualquier alumno que pudiera dañarse durante los entrenamientos que se dieran en el dojo.

Ninguno de ellos había hablado claro y alto sobre lo que el futuro les deparaba, estaba clarísimo que los dos lo hacían para, llegado el momento, reabrir el dojo Tendo y expandir así la Escuela de Combate de Estilo Libre. Sabían que esto implicaba que tarde o temprano serían marido y mujer, pero no se atrevían a verbalizar lo obvio, puede que hubieran madurado mínimamente, pero su orgullo y ego seguían azotando con fuerza sus mentes así que ninguno admitiría nunca que estaba dispuesto a compartir su futuro con el otro. Desde la boda fallida los dos se llevaban un poquito mejor, aunque podría atribuirse más esta mejora a lo sucedido en Jusenkyo que no a lo del desastre de ese día en el dojo. Aún así sus sentimientos seguían reservados y anclados en el interior de cada uno, y a parte de pequeñas muestras de cariño como algún abrazo espontaneo en situaciones como la graduación o el día que a Akane le salió una kata muy difícil, poco más habían avanzado. Por ahora su máxima preocupación era entrar en la universidad, y sobre todo, conseguir entrar en la misma. Ambos habían solicitado entrar en tres universidades, y sin decírselo al otro los dos cruzaban los dedos para que los aceptaran en la misma. No sabían qué supondría tener que separarse llegados a este punto, llevaban más de tres años prometidos, si hubieran querido romper el compromiso ya iban tarde, todos sabían de un modo u otro que lo habían aceptado. Bueno todos no, Shampoo seguía creyendo que tenía alguna posibilidad con él y Ukyo había solicitado también acceso a las escuelas de cocina más cercanas a las universidades que Ranma había escogido.

Pasado un buen rato, decidieron regresar hacia casa, cuando llegaron se anunciaron y Kasumi corrió a recibirles con unos cuantos sobres en sus manos. Veloces las recogieron y abrieron con sumo cuidado, se trataba de las cartas de acceso de las universidades.

Akane las leyó una a una en silencio y con calma, Ranma en su lugar las leyó deprisa en vertical buscando las palabras clave "rechazado" o "aceptado".

-¡Oh sí! He conseguido plaza en la de Osaka, no era mi primera opción pero… no me han aceptado en ninguna otra jaja – reía el joven Saotome rascándose la cabeza – Vamos Akane, ¿qué dicen las tuyas? Seguro que puedes escoger la que quieras…

- Eh, ah, pues qué casualidad, a mi también me han aceptado solamente en la de Osaka – dijo en una suave frase que sonaba un poco confundida.

- No me jodas, pero si con tus notas podrías ir donde quisieras…

- ¿Estás bien Akane-chan? - preguntó preocupada su hermana mayor.

- Sí, claro onee-chan, la de Osaka está genial.

- Claro Akane, además iremos juntos, si te metes en algún problema yo podré… Ya sabes… Cubrirte – dijo sonrojado pero aliviado al saber que no tendrían que alejarse el uno del otro.

- Sip, aunque no estaremos en la misma facultad, estudiaremos en distintos edificios.

- Mejor, así no tendré que verte esa cara cada día – comentó él sacándole la lengua.

- Como si yo quisiera verte a diario. Será un alivio perderte un poco de vista.

Con la emoción aún no habían avanzado hacia el comedor, donde sus padres y la madre del chico reposaban tomando té rodeando la mesa. Akane y Ranma los miraron curiosos pero excitados por poderles dar la buena noticia.

-¡Papá! Me han aceptado en la universidad de Osaka de Enfermería.

- Y a mi en la misma pero de Educación Física mamá.

- ¡Qué orgullosa estoy de los dos! – gritó emocionada Nodoka.

- Muy bien chicos, entonces creo que ya es hora de que vayamos hablando de la boda.

- ¿Boda? – preguntaron los dos a la vez.

- Aha, si los dos queréis ir a la universidad de Osaka tendréis que vivir juntos porque no podemos pagar dos apartamentos.

- ¿Y eso qué tiene que ver? – preguntó Ranma con desaprobación.

- Pues que no sería adecuado hijo mío, una cosa es que espíes a tu prometida desnuda y otra que una chica como Akane viva con un hombre sin que sea su esposo. ¿Qué dirá la gente? – respondió catana en mano la señora Saotome – Tú tendrás que cuidar de ella como el hombre que eres y compartiréis habitación para poder consumar vuestro matrimonio.

- Con todos mis respetos tía… ¡¿Usted se ha vuelto loca?!

- Vamos hija, tranquilízate, lo que Nodoka-san dice tiene todo el sentido del mundo. Os dimos tiempo para calmar vuestra situación desde ese desastre de boda, ha pasado el tiempo y bueno, creemos que ya sois mayores para aceptar este hecho.

- Papá las cosas no son así… no puedes obligarnos.

- Lo siento Akane-chan, pero sin boda, no hay universidad – dijo tranquilo Genma limpiándose las gafas con su ropa.

- ¿Cómo? – interrumpió el de la trenza.

- Lo siento chicos, pero no os pagaremos la universidad si no estáis casados. Es una promesa que hicimos cuando os dimos un tiempo.

- Vuestras estúpidas promesas me importan una mier…

- ¡Ranma! Esa boca – gritó alarmada su madre.

- Yo… yo… no creo que me estés haciendo esto papá.

- Akane hija… entiende que es por vuestro bien. ¿Quién sabe qué chicas habrá por allí que quieran seducir también a Ranma, mejor tenerlo bien atado.

- No creo que esto mejore las cosas tío… - comentó el de la trenza.

Akane empezó a hiperventilar e intentando calmar su estado decidió irse corriendo y subir a su habitación donde podría esconderse hasta que su furia se esfumara. Por el camino destrozó todo cuanto encontró a su paso. Un jarrón, un cuadro, una fregona y una estúpida figura de porcelana. Cerró la puerta de su cuarto con tanta fuerza que un pequeño terremoto se ocasionó a 2 kilómetros de distancia. Se estiró bocabajo en su cama y apretó la almohada contra su cara para ahogar un grito cargado de frustración.

No entendía como su padre y el señor Saotome podían chantajearles con algo como esto, ellos sabían la ilusión que le hacía ir a la universidad, además iría a la misma que Ranma, ¿es que no tenían suficiente con eso? Sus sueños se esfumaban a una velocidad vertiginosa, él nunca aceptaría casarse con ella así como así, y menos por algo tan absurdo como estudiar. Sabía que él había aceptado ir a la uni para tener algo a lo que acogerse en un futuro, los profesores lo habían casi obligado a solicitar el acceso, pero sabía que él sería igual de feliz simplemente entrenando y conociendo nuevas técnicas alejado de cualquier escuela. Pero ella no, ella ansiaba enormemente poder disfrutar de la experiencia universitaria, deseaba conocer más, conocer otra ciudad que no fuera Nerima y Tokyo, conocer gente que no fueran unos psicópatas como los hermanos Kuno y por qué no admitirlo, pasar rato con Ranma alejada de toda la locura que a día de hoy implicaba su vida. Pero ella nunca le pediría algo así, no le haría esta jugarreta. Ella ya había aceptado que en algún momento de su vida terminaría casada con el joven Saotome, pero nunca veía el día que finalmente esto sucediera, su indecisión y la del muchacho era tan grande como el orgullo que les impedía afirmar que no les importaba para nada tener que casarse.

Empezó a llorar cargada de impotencia cuando se dio cuenta de que tendría que posponer su sueño un poco más, debería trabajar quizás un par de años hasta poder permitirse pagar el primer curso, pero con persistencia podría lograrlo, y a persistente no le ganaba nadie. Justo en ese momento donde la determinación se había adueñado de su cuerpo, la puerta retumbó.

-¿Puedo pasar? – al otro lado la voz de Ranma sonó seria y Akane pensó que lo más correcto era hablar de su decisión con él.

- Adelante – él entró y la encontró sentada en la cama con los ojos vidriosos.

- No llores Akane, ya verás como todo se soluciona.

- ¿Has hablado con ellos? – el de la trenza asintió.

- Sí y lo siento, no he conseguido hacerles razonar. Sin boda no hay universidad.

- Bueno, pues nada. En ese caso trabajaré hasta que tenga suficientes ahorros como para ir. ¿Crees que en dos años lo habré logrado?

- Me casaré contigo – soltó Ranma sin hacer caso a lo que decía ella.

- ¿Cómo? – dijo sorprendida frotándose los ojos pensando que veía y escuchaba alucinaciones.

- Que nos casaremos e iremos a la universidad – dijo él mirando hacia el armario jugando con sus dedos.

- No, no Ranma, no puedes hacer esto… no permitiré que arruines tu futuro por mi.

- ¿Y tu futuro?

- Yo ya… ya te he dicho lo que haré – dijo ella notando como sus mejillas se tornaban de color carmín. Ranma sacó las cartas que habían recibido de la universidad de detrás de su espalda.

- Te han aceptado en las tres a las que optábamos, y has dicho que irás a la de Osaka sólo porque yo iré allí ¿verdad? – ella se sonrojó y giró su rostro.

- No… no es lo que piensas.

- No pienso nada. Sólo… quiero que vayas a estudiar, que vayamos juntos.

- No podemos hacer esto y darles así la razón, una ceremonia sería una locura y después del desastre de boda que tuvimos no…

- No habrá ceremonia, sólo firmaremos en el ayuntamiento los estúpidos papeles, y cuando estemos preparados para algo como una fiesta… si llega el día, pues ya… ya veremos.

- No quiero que te sientas obligado... – dijo ella cogiéndole la manga de la camisa arrugándola con fuerza.

- Ese día ibas a casarte conmigo por voluntad propia para que yo consiguiera la cura de mi maldición. Yo me casaré contigo para que vayamos a la universidad. Tarde o temprano lo hubiéramos hecho. Esto no cambia nada entre nosotros, seguiremos igual, como si estuviéramos prometidos, sólo es una mierda de papel firmado. Nada más.

- ¿Qué hay de Ukyo, Shampoo…? – susurró soltando su agarre.

- Ya lidiaré con ellas cuando toque… por ahora ya tengo suficiente – dijo seguro aunque avergonzado. Akane lo miraba atónita, no podía creer lo varonil que lucía en ese momento tomando decisiones tan complicadas por su bien.

- Entonces estás seguro de esto, quiero decir, no habrá marcha atrás una vez nos hayamos casado.

- Claro que sí, siempre nos quedará el divorcio – dijo haciendo el símbolo de victoria y sonriendo triunfante.

- ¡No digas eso idiota! – ella le tiró un cojín a la cara.

- No me hagas repensármelo Akane, no empieces a marimachear ahora.

- Cállate ya y bajemos a darles la noticia.

….

Tres semanas más tarde la pareja se encontraba en Osaka buscando el apartamento que sus padres habían alquilado para ellos. Se encontraba a pocos minutos del campus donde los dos estudiarían. Como ambos se negaron a que sus padres fueran con ellos porque seguían sumamente enfadados por su chantaje, Nabiki y Kasumi decidieron acompañarles para ver si todo estaba en orden y las fotos que habían visto en la agencia donde alquilaron el piso no mentían. Tras unas cuantas calles de dudosa peligrosidad, finalmente se encontraron frente al edificio donde supuestamente vivirían. Era una construcción moderna, no tendría más de 10 años de antigüedad y la entrada era bastante sofisticada. En el centro había una pequeña estatúa hecha con hierros, algo con aires cubistas que claramente imitaba el estilo de Picasso. También había reproducciones de cuadros colgadas por todas las paredes, había de todas las épocas posibles; algunas pinturas de Manet, Kandinsky, Friedrich, Boucher… era tan recargado como superficial, se notaba que quien lo había decorado tenía la clara intención de aparentar mucho sin saber lo que estaba haciendo.

Llegaron al final del hall donde encontraron una pequeña portería, un hombre de unos cincuenta años descansaba en una silla mientras miraba una antigua televisión que tenía muy mal escondida debajo de su mesa.

Nabiki se acercó y al ver que el conserje estaba embobado viendo la pantalla empezó a picar como una loca sobre el timbre avisador típico de los hoteles que reposaba en la repisa. Ding, ding, ding.

-Señor, tiene visita, atiéndanos.

- Shht niña insolente, está en el momento más interesante.

- ¿Qué está viendo señor? – preguntó dulce Kasumi.

- Una peli del 52, Titanic.

- Oh, qué terrible desgracia ¿verdad? Todos muertos, pobre gente… - continuaba la mayor de las Tendo.

- Bah, la peli no vale nada, si ya se sabe como termina… un barco tan grande chocando con un iceberg… no podía acabar bien – dijo Nabiki.

- ¿Qué todos mueren? ¡No lo sabía niñatas! – el hombre se levantó enfadado.

- Disculpe señor, sólo queremos las llaves de nuestro apartamento. Son para Ranma Saotome y yo misma, Akane Tendo, encantada – dijo la peliazul señalando primero al de la trenza que miraba alejado con curiosidad la estatúa intentando adivinar qué era y luego a ella, para finalizar haciendo una pequeña reverencia.

- Yo soy Wataru Suzuki, el portero. Mmmm déjame buscar, a ver, a ver, sí aquí están, pero lo siento, son para Ranma y Akane Saotome, ninguna Tendo…

- Disculpe a mi hermana, acaban de casarse y aún no se ha acostumbrado a su nuevo apellido. Tenga, aquí está el recibo del primer mes – dijo Nabiki.

El hombre le dio las llaves a Akane y ésta chilló a Ranma para que subiera con ellas hacia el apartamento, lo que le hizo pensar al portero que las parejas de hoy en día desde luego ya no se trataban como las de antes, una mujer gritando a su marido ¿en qué cabeza cabe?. El ascensor se abrió en la tercera planta puesto que su piso era el número 302. El suelo del pasillo era de moqueta gris, se notaba que esta parte no estaba tan cuidada como la colorida entrada principal. Las puertas se veían algo más descuidadas, desde luego habían remodelado el exterior pero se habían olvidado de lo más importante, su interior. Ranma cogió las llaves de la mano de su mujer y abrió la puerta con ganas de dejar todas las maletas que traían consigo. Al abrir se encontraron en un pequeño comedor que contaba con un sofá de dos plazas rojo, una mesita con un pequeño televisor y una mesa negra con cuatro sillas blancas colocadas encima de una alfombra verde chillón.

-Creo que me acabo de volver daltónico.

- A mi me va a dar un ataque de epilepsia – continuó Akane.

- Vaya, parece que el que decoró el hall es el mismo que ha decorado esto. Con razón las fotos que nos enseñó la agencia estaban en blanco y negro – terminó Nabiki.

A la derecha podían ver la cocina, era de concepto abierto, por lo que daba de lleno al comedor. Tenía lo justo; una nevera, un horno, un microondas y la vajilla necesaria para dar de comer a cuatro personas. Justo al lado de la cocina había una puerta que llevaba a un estrecho pasillo donde dos puertas más podían verse, la primera daba al baño, era pequeño y mezclaba el estilo occidental con la típica furoba. Por último descubrieron la habitación matrimonial. En el centro había una cama doble bastante alta y una mesita de noche a ambos lados. En el techo había una lámpara vintage de color rosa que iba a juego con las sábanas que adornaban el colchón. A la izquierda podían observar un armario empotrado donde aún quedaban algunas piezas de ropa de los anteriores inquilinos, aunque Akane pasó por alto ese detalle y se fue hacia el pasillo corriendo en busca de algo.

-¿Qué pasa Akane? – preguntó curioso Ranma siguiéndola.

- ¿No crees que falta algo? – el chico miró y remiró a su alrededor sin saber de qué hablaba, así que arrugó sus hombros en señal de "ni idea".

- ¡Otra habitación! Aquí sólo hay una. No pienses que por estar casados compartiremos cama.

- Jajaja pobre Akane, como puedes pensar que quiero compartir cama con una marimacho como tú. Pero no hace falta que duermas en la habitación, el sofá se ve muy cómodo.

- Idiota, encima que mi padre paga más parte que el tuyo de este apartamento.

- ¡Eh! Dijiste que no lo tirarías en cara – dijo señalándola desafiante.

- Chicos, chicos – interfirió Nabiki – se os olvida que estáis casados… lo más normal es que durmáis juntos.

- ¡Ni locos! – gritaron los dos a la vez.

- A ver, voy a hablar con el conserje a ver si tiene disponible un apartamento con dos habitaciones.

Kasumi bajó a hablar con Wataru, quien le confirmó que les quedaba un piso de esas características, pero que el alquiler costaba 30000 yenes más que el que tenían ahora mismo. La hermana mayor se lo comunicó a Nabiki y ésta llamó a su padre para ver si podían pagar la diferencia, pero a pesar de que intentó negociarlo de varias maneras, siempre obtuvo una respuesta negativa. Los recién casados resoplaron enfadados.

-No lo entiendo, encima que se han ahorrado la ceremonia y el banquete, podrían usar ese dinero para esto, al fin y al cabo fue idea suya que viviéramos juntos – dijo Akane molesta.

- Ya se lo he comentado hermanita, que al casaros en el ayuntamiento sin celebrar nada se habían ahorrado un buen dineral, pero insisten en que sólo pagarán un piso donde compartáis cama…

- Nabiki, siento molestar pero deberíamos ir al hotel, nuestro tren sale mañana muy temprano. Akane-chan, enhorabuena de nuevo, aunque espero poder verte de novia algún día – dijo abrazando a su hermana pequeña.

- Gracias onee-chan.

- Qué rápido has crecido, casada y en la universidad… Por cierto os he dejado en la nevera seis tuppers con comida, os durarán unos días.

- Millones de gracias Kasumi-san, eres mi salvadora – dijo Ranma contento al saber que no debería probar la comida de Akane por un tiempo.

- Bueno chicos, portaros bien, no me deis sobrinos demasiado temprano. Recordad que papá y tío Genma harán el ingreso ellos mismos cada mes.

Las hermanas se despidieron y la joven pareja empezó a desempacar. Ranma comenzó a colocar su ropa en el armario.

-¿Qué crees que haces?

- Poner mi ropa en mi armario.

- Esta es mi habitación.

- Serás terca… no quepo en esa mierda de sofá.

- No es mi problema, eres un pervertido y no compartiré cama contigo.

- Te he dicho niña fea que a alguien tan poco femenino como tú no querría tocarlo ni con un palo.

- Vaya pues esta cosa tan fea es ahora tu esposa.

- Lo sé, créeme que lo sé…

- ¿Qué significa eso?

- Arg, voy a decirle a Wasabi que nos dé el apartamento de dos habitaciones para no oír más tu voz.

- Se llama Wataru…

- Como sea – Ranma abrió la puerta y con un enfado enorme bajó corriendo las escaleras de emergencia para hablar con el portero.

Tras un rato negociando, finalmente el hombre accedió a cambiarles el apartamento. Además del dinero que sus padres le ingresaran al arrendatario deberían entregarle mensualmente 30000 yenes en negro. En ese momento el joven Saotome estaba pelado, pero le aseguró que al mes siguiente le pagaría 60000 para compensar la mensualidad actual. A partir de ahora su piso sería el número 402. Llegó y comenzó a hacer las maletas de nuevo, le dijo de mala gana a Akane que hiciera lo mismo y se dirigiera hacia su nueva casa. Ella obedeció callada sin preguntarle qué había hecho para conseguirlo. El sitio era exactamente igual que el anterior, igual de mal decorado, un poquito peor si cabía, la única diferencia era una habitación extra con una cama doble más pequeña y un escritorio de estilo rococó que la peliazul se adjudicó porque así podría estudiar mejor, dijo.

Media hora más tarde, los dos se sentaron en la mesa para cenar uno de los ricos platos que Kasumi les había preparado. Estaban en silencio, Ranma demasiado enfadado y ella un poco avergonzada por su manera de actuar, si estaban casados, en el fondo era normal compartir cama ¿no? Pero en su situación era absurdo, si ni se habían besado. El día de la boda fueron al ayuntamiento a firmar papeles y poco más, ella se había puesto un vestido corto blanco pero nada parecido al de una novia y Ranma había cambiado su típica camisa china por una blanca un poco más formal, así que no hubo ni intercambio de anillos ni beso en los labios. Ella se había atrevido a besarle la mejilla cuando su suegra les quiso hacer una foto, y él se limitó a pasarle el brazo por encima del hombro para acercarla hacia él. Estaban casados, sí, pero todo seguía igual que antes… aunque ahora vivirían juntos y solos.

El pelinegro estaba a punto de terminar su plato cuando la vocecilla de su esposa lo distrajo.

-Gracias – dijo sin atreverse a mirarlo a la cara.

- ¿Por?

- Por todo… - dijo ella sonrojada jugando con los palillos y la comida. Él levantó la mirada extrañado – ya sabes, por casarte conmigo para que vaya a la universidad. Nunca te lo he agradecido.

- No hay nada que agradecer, yo también quería ir a la universidad – dijo despreocupado.

- Lo sé, pero sé también que una parte de ti lo ha hecho por contentarme, aunque no hace falta que lo reconozcas – él se sonrojó y tapó sus ojos con su flequillo.

- Gra-gracias a ti también por decantarte por Osaka y desechar tu oportunidad en la uni de Kyoto o Tokyo por ir conmigo– ella sonrió complacida por las palabras del chico.

- ¿Cómo pagaremos los 30000 yenes de más? – siguió Akane de mejor humor.

- Pues trabajaré.

- ¿Dónde?

- Aquí al lado hay un gimnasio de artes marciales. Pediré ser entrenador y evidentemente me cogerán.

- Yo… también debería trabajar y ayudar Ranma.

- Ni hablar, tu carrera tiene muchos trabajos el primer año.

- Lo sé pero yo…

- Tu nada, a mi me irá bien este trabajo para mis estudios también, serán como prácticas.

- En ese caso yo me haré cargo de las tareas de casa, me esforzaré al máximo – dijo con entusiasmo Akane, a Ranma se le cayó una gota de sudor por la sien, si eso que decía incluía hacer las comidas moriría antes de lo previsto.

CONTINUARÁ

...

¡Hola! Regreso con una historia antes de lo previsto :P pero tenía demasiadas ganas de compartirla ya con vosotros...

Es una comedia, nada que no se haya hecho ya imagino, pero me apetecía simplemente escribir algo de humor experimentando cómo avanzarían Ranma y Akane estando casados y conviviendo juntos. He descubierto que las historias que más disfruto leyendo son las de estos dos en la universidad o estos dos aprendiendo a "quererse" y esto me ha hecho crear este fic que por ahora ya tiene escritos 10 capítulos, pero aviso, será algo largo...

Me he inspirado mucho en el manga, siempre que haga alusión a algo del cómic intentaré explicarlo luego para los que no lo hayáis leído :)

*Comenzaré explicando por ejemplo que en este capítulo cuando Nodoka dice: "Pues que no sería adecuado hijo mío, una cosa es que espíes a tu prometida desnuda y otra que una chica como Akane viva con un hombre sin que sea su esposo." Me refiero a cuando Nabiki y Akane consideran que para que Nodoka no crea que Ranma es un travestido y le obligue a cometer seppukku, lo mejor será que ella lo pille espiando a su prometida, Akane. Así lo hacen y llevan a cabo el plan... Aunque Ranma esperaba encontrar desnuda a Akane y ella lo engaña y al final sólo la "espía" en traje de baño.

Nada, que me enrollo mucho. Espero que os guste. ¡Un abrazo para todos!