CAPÍTULO II: Ciudad Antiqua
Había llegado la noche anterior cuando la lluvia apenas comenzaba y se había estacionado en el muelle con la ayuda de uno de los amigos del tío Víctor a quien ya conocía desde hace tiempo. El puerto de Ciudad Antiqua era un puerto de tránsito entre Johto y Hoenn, ubicado en la región Ingka y era uno de los destinos más recurrentes del tío en sus viajes. Loyd, que tenía una casa en la playa, era un gran amigo del tío y tenía un muelle fuera de su hogar donde solían estacionarse para pasar la noche antes de seguir rumbo a donde fuera. Era un marino pesquero de tomo y lomo que se ganaba la vida vendiendo pescado en el mercado de la ciudad. Tosco y de pocas palabras, daba la impresión de ser un tipo muy duro, pero con los años que conocía a Sazuke, le había tomado cariño y si había alguien que podía recibirlo bien, ese era él. Sazuke había olvidado avisarle que pasaría y eso lo tenía un poco preocupado, porque Loyd no era de recibir visitas inesperadas, pero sabiendo de la muerte del tío Víctor y al ver el barco en el horizonte, no dudó un momento en preparar el muelle para el arribo de éste, pensando en que quizás su viejo amigo se encontraba ahí y que se avecinaba una tormenta. Al ver solamente a Sazuke en el barco, lo invadió un poco la nostalgia de no ver a su amigo.
— Ay, qué triste es no verlo en su barco —le había dicho a Sazuke apenas lo vio —. Al menos lo dejó en buenas manos.
Sazuke y Houndoom durmieron en el barco esa noche como siempre que pasaban por ese puerto, debido que la casa de Loyd era pequeña y no había espacio para más personas dentro de sus pocas habitaciones atiborradas de indumentaria de pesca. El cielo comenzaba a despejarse luego de la lluvia de la noche anterior. Sazuke decidía por fin salir del barco para recorrer la ciudad. Éste le había pedido a Loyd que cuidara del barco mientras él volvía. Que se iría de viaje, le dijo, que tenía mucho por conocer.
—¿Cuánto tiempo exactamente quieres que lo cuide? —le preguntó al ver la gran mochila con la que salía del barco.
—No estoy seguro —le respondió mientras se la acomodaba en la espalda y Houndoom lo guiaba fuera del barco —. Puede ser en un par de meses. Pretendo conocer a fondo esta región antes de pensar en volver a casa. Espero que no sea un problema para ti —.
A Loyd le costó aceptar, puesto que la mantención de un barco no es algo del todo barato, pero siendo el de su viejo amigo, finalmente no pudo negarse. Le pidió a cambio a Sazuke un par de cosas no demasiado importantes de ciudades que no tenía muy cerca y le hizo prometer, bajo juramento, que no volvería sin ellas. A cambio le aseguró que el barco estaría en perfectas condiciones.
Cuando comenzó a viajar con el tío, Ciudad Antiqua fue la primera ciudad que conoció y le llamó la atención desde un comienzo. La Región Ingka no le era del todo desconocida, por las historias que su padre le contaba desde que era pequeño, sin embargo nunca tuvo contacto con su gente como aquella vez que vino por primera vez. Su tío lo llevó a conocer los pescadores y la gente le causó tan buena impresión que cada vez que volvía, corría a la pesquera a encontrarse con aquellos hombres y sus familias. De boca de ellos fue que escuchó por primera vez sobre las ruinas de la ciudad y que comenzó a interesarse por la Región. El otro puerto por el que pasaban, aunque con menos frecuencia, era Ciudad Silvermoon, donde Sazuke conoció la gran catedral que fue construida en honor a Mew. Si bien aquel pokémon le sonaba tan familiar, jamás supo de un lugar donde le hicieran culto, elemento que le dio más material a su imaginación. Algo le decía, en el fondo, que las famosas y desconocidas ruinas de Ciudad Antiqua guardaban alguna relación con el culto a Mew y, si bien pasaron muchas veces por las ciudades, nunca tuvo tiempo de indagar más en las leyendas y fue madurando la idea hasta ahora, cuando sentía que podía moverse a gusto por la región y darle rienda suelta a su curiosidad. Así entonces, Sazuke y Houndoom partieron a recorrer la ciudad, que ya conocían bien como turistas en varias visitas anteriores, pero que ahora pretendían ver más a fondo, junto con averiguar qué más podrían ver en aquella región de la que conocían nada más que sus puertos. Si bien se trataba de uno, Ciudad Antiqua era una ciudad bastante árida debido a su cercanía con el desierto. La gente estaba acostumbrada al calor constante durante el día y el frío que calaba los huesos durante la noche, a demás de unas lluvias que siempre llegaban casi sin avisar, salvo para los marinos que conocían su cielo. Sazuke y Houndoom recorrían las calles pensando en buscar algún indicio sobre las ruinas que se encontraban en el desierto y en las cuales seguro habría algo interesante que buscar. Ahora bien, estas ruinas eran casi un mito entre la gente, pues se aseguraba en las calles que solamente la familia del líder de gimnasio sabía de su existencia. Entonces, el joven se dirigió junto con su pokémon, decidido, al gimnasio de la ciudad, donde se podría topar con el líder de gimnasio y obtener la información necesaria para iniciar su búsqueda.
Nunca antes había estado Sazuke en el gimnasio de la ciudad. Alguna vez se había acercado, lo había visto desde fuera junto a su tío la primera vez que pasaron por el puerto, pero desde ese entonces las cosas habían cambiado mucho. Desde hace un tiempo, las batallas de gimnasio se volvieron espectáculos abiertos a las masas y, como tales, también atraían a muchos turistas interesados en ingresar en la Liga Pokémon. Sumado a eso, gracias a Loyd se había enterado que el líder anterior había caído enfermo y que, en su remplazo estaba ahora su hijo, Reliq, que ante la vista de la farándula del medio era toda una revelación. Y pues así, al pasar por fuera del gimnasio, Sazuke fue sorprendido por una larga fila que esperaba el encuentro de esa tarde.
—Parece que esto de las batallas de gimnasio son algo muy popular, ¿no te parece, Houndoom? —
Houndoom solamente movía la cola, entusiasmado por saber de qué se trataba tanta muchedumbre fuera del gimnasio. Ambos se aproximaron a la ventanilla para saber si aún podían entrar. No les pareció mala idea relajarse un rato y ver un encuentro en el gimnasio. Para su suerte, aún había espacio en las gradas y, junto a Houndoom, hicieron la fila y se sentaron en sus puestos antes de que la batalla comenzara. Esta era la primera vez que Sazuke vería una batalla de gimnasio que no fuera de su prima Clair y tanto él como Houndoom estaban emocionados de ver lo que sucedería, esperando que el líder de gimnasio fuera tanto o más habilidoso que su prima.
En el campo de batalla se encontraba una chica que a Sazuke le llamó la atención desde un comienzo por su altura. Mediría al rededor de un metro y ochenta centímetros. Tenía un cabello castaño y liso que salía desde un gorro de lana negra y caía sobre una chaqueta de mezclilla oscura, abierta, que dejaba ver una camiseta también negra con un símbolo de pokébola blanco en medio. Su pose era altiva y firme, con sus ojos verdes mirando la puerta al otro lado del estadio y la boca cerrada en un gesto de seriedad acentuado por el aro que llevaba al lado izquierdo de su labio inferior. En sus manos, con guantes negros sin dedos, sostenía una pokébola, lo que le hizo pensar a Sazuke que ella ya estaba segura de cómo comenzaría esa batalla. A pesar del bullicio en el recinto, ella no parecía perturbada y miraba fijamente al fondo del recinto, ansiosa por comenzar el combate.
—Se ve muy decidida, ¿no te parece? —dijo Sazuke a Houndoom, que se había apoyado con las patas delanteras en la baranda y jadeaba de ansias por el combate.
Si fuera él quien peleara esa tarde, seguro dudaría antes de usar a Houndoom. No por no tenerle confianza, para nada, pero no le gustaba la idea de enfrentarse en desventaja contra un líder de gimnasio. Inmediatamente descartó a Zangoose y a Sneasel, uno por su debilidad y la otra por la poca experiencia en batalla con ella. Quizás hubiera comenzado con Mienshao, que la tenía hace ya tiempo y en quien siempre podía confiar por sus reflejos, perfecto contra los tipo roca. Quizás Mismagius sería un opción menos evidente, pero igualmente efectiva en batalla. El pequeño Bronzor también le daba confianza por la energía que poseía. Luxio era también una opción, siempre y cuando el pokémon oponente no tuviera tipo tierra, pero con lo común que eran ataques como Terremoto, quizás no sería la mejor idea.
Si bien Sazuke nunca había participado en torneos ni certámenes, no era del todo desconocedor de las batallas pokémon, después de todo debió luchar para capturar los pokémon que ya poseía y, dentro de los cinco años que llevaba como entrenador, alguna que otra vez tuvo algunos encuentros amistosos con viajeros que se encontraba en el camino. Uno de esos grandes encuentros fue en Ciudad Olivine con Jasmine una vez que el tío se vio obligado a atracar en aquel puerto debido a una tormenta que lo arrastró y que duró tres días. Si bien nunca la enfrentó como líder de gimnasio (y de todos modos nunca pudo ganarle), esta fue quien lo inició en la mecánica de las batallas y en lo importante de la estrategia y, teniendo aquello en mente en este instante, Sazuke estaba ansioso por ver la batalla que se desarrollaría, para analizarla lo más que pudiera y así sacar el mayor provecho de la visita.
Finalmente se abrieron las puertas y bajaron las luces del estadio techado que era el gimnasio. Se encendieron los focos en cada esquina del campo de batalla y todo el mundo se quedó en silencio, expectante de lo que sucedería. Sazuke miraba maravillado lo que era el espectáculo de aquella batalla, maneras que nunca vio en el gimnasio de su prima. En el campo de batalla ya se divisaba a Reliq, el líder de gimnasio, y el grito de los fanáticos no demoró en hacerse sentir. Un escalofrío subió por la espalda de Sazuke al sentir el furor del público y no dudó en unirse. Houndoom, por su parte, movía la cola y jadeaba contento, mirando de tanto en tanto a Sazuke, como queriendo confirmar que todo aquello estaba sucediendo. Cuando todo el mundo se hubo callado finalmente, una voz salió desde un alto parlante para dar comienzo al encuentro.
—¡Buenas tardes, querido público! —comenzó, entusiasta, la voz — ¡Para el encuentro de hoy tenemos a la retadora Lucy, de Ciudad Sunflower, que ha viajado desde allá con una medalla en su bolsillo y muchas ganas de seguir cosechando victorias! ¡Por otro lado, tenemos a nuestro ya conocido Reliq, hijo del Líder Oficial, pero que, como todos sabemos, está ganando su propio público gracias a su habilidad! ¡La batalla será un 3 vs 3 y las reglas son las de siempre! ¡La retadora puede cambiar de pokémon cuando lo estime conveniente, mientras que el líder no podrá hacerlo! ¡El primero en quedar sin pokémon será el perdedor! ¡Un aplauso para ellos y que el combate comience!
Ambos entrenadores comenzaron el combate inmediatamente. Reliq utilizó un pokémon que nadie esperaría. Un pequeño Baltoy salió de la pokébola y, aún viendo al gran Poliwhirl de Lucy frente a él, el líder estaba totalmente concentrado en la batalla. Lucy por su lado, tampoco se veía confiada, más bien seria, pensando en su primer movimiento, analizando el campo de batalla, que resultaba ser un campo de tierra seca con algunas piedras adornándolo. Sazuke miraba desde las gradas, interesado por la calma que emanaban ambos contrincantes, creyendo prever que Baltoy sería aplastado por el imponente Poliwhirl de la retadora.
—¡Poliwhirl, Pistola de Agua! —ordenó tranquilamente Lucy, que pronto se vio confundida por la tranquilidad con que se manejaba Reliq.
—Esquiva y usa Giro Rápido—fue todo lo que él dijo.
La Pistola de agua se aproximó con fuerza, sin embargo Baltoy comenzó a girar sobre su eje y como un trompo se alejó de ella y, moviéndose en un semi-círculo sobre la arena, chocó a Poliwhirl por la derecha, apenas empujándolo, pero lo suficiente como para que perdiera el equilibrio. El pokémon anfibio cayó al piso y, antes de que Lucy pudiera reaccionar, Reliq ordenó una Tormenta de Arena que arrastró a Poliwhirl por el piso mientras se levantaba una gruesa cortina de tierra en el campo de batalla. Para beneficio del público, las cámaras del estadio estaban preparadas para tales eventualidades, permitiéndole a los espectadores seguir el curso del combate a través de grandes pantallas ubicadas estratégicamente. Sazuke estaba impresionado por el desarrollo de la batalla. Si bien era claro que eso no había causado gran daño al pokémon acuático, Reliq estaba pisando fuerte y claramente tomando la ventaja en la batalla. Lucy por su parte trataba con todas sus fuerzas de mantenerse tranquila, pero le estaba costando debido a que los únicos ataques de agua que conocía Poliwhirl funcionaban a distancia y se estaba dando cuenta que, por velocidad, el encuentro se le complicaría. Intentó esta vez con un Rayo Burbuja, pero nuevamente Baltoy lo esquivó sin problemas y esta vez, Reliq decidió usar Excavar, por lo que el pequeño pokémon de tierra se enterró bajo el campo de batalla, iluminándole la cabeza a Lucy.
—¡Poliwhirl, llena el agujero con agua! —le ordenó la entrenadora, preocupada de terminar rápido para evitar el daño colateral de la Tormenta de Arena.
—Justo lo que esperaba —pudo decir Reliq antes de que Lucy notara sus intenciones.
Poliwhirl se acercó ingenuo y estaba listo para ejecutar el ataque, sin embargo, en medio del respiro para ejecutar la Pistola de Agua, el líder de gimnasio le ordena Poder Pasado a Baltoy y, en un segundo, un montón de rocas comenzaron a crecer desde el agujero, golpeando fuertemente a Poliwhirl, que cayó de espaldas en la tierra mientras que Baltoy volvía a reaparecer en otro lado. Sazuke pensó tal como Lucy: si la velocidad no funcionaba, entonces lo darían todo con un golpe físico, tratando de acercarse lo más posible a Baltoy o esperando que el se acercara. Si usaba Poder Pasado, solo bastaba con esquivarlo en la superficie, donde el ataque no es tan rápido o alejarse de sus agujeros. Preparados para esa eventualidad, Lucy no vio venir lo siguiente. Poder Pasado había funcionado mejor de lo esperado y Baltoy se veía totalmente vigorizado y, apenas vio la oportunidad, Reliq lanzó el golpe final.
—Baltoy, Psíquico —
Y no hizo falta más. Poliwhirl cayó rendido en el piso ante los vítores del público que aclamaban a Reliq desde las gradas. Sazuke estaba sorprendido de la habilidad de aquel entrenador a quien no conocía y que había sabido sortear una batalla en la que a todas luces estaba en desventaja, mientras que Houndoom se sumaba a los vítores del público ladrando de tanto en tanto por la emoción de la batalla. Lucy, por su parte, se veía contrariada. Estaba segura de que tenía la primera batalla en el bolsillo, pero se dio cuenta de que nunca estaría preparada para un encuentro de gimnasio. Ya le había sucedido en el gimnasio anterior, de su ciudad, y le sucedía ahora. Pero en un segundo, esa confusión se transformó en adrenalina y sus ojos brillaron por la emoción del combate. Devolvió a Poliwhirl a su pokébola y liberó entonces a su segundo pokémon, un elegante Masquerain que abría majestuoso sus alas frente a Baltoy. Sazuke pensaba que era una buena opción, después de todo era un pokémon veloz y que, a demás, lo aventajaba contra el tipo psíquico y poseía algunos ataques de tipo agua.
La Tormenta de Arena paró de repente y ambos pokémon pudieron verse con claridad bajo los reflectores. Esta vez fue Reliq quien comenzó con un Giro Rápido que casi pilla desprevenida a Lucy, pero con la adrenalina, ella estaba más activa que nunca e igualmente su pokémon. De un solo Zumbido, el pokémon insecto logró desestabilizar al pequeño pokémon psíquico y entonces era su turno de atacar.
—¡Escaldar, Masquerain! —gritó Lucy, a lo que su pokémon reaccionó rápidamente y logró asestar de lleno en Baltoy.
Incluso entonces, viendo a su pokémon caer por un ataque de su contrincante, Reliq se veía en total calma. Sazuke miraba con admiración mientras que Houndoom retomaba de repente una seriedad poco acostumbrada, sabiendo que lo que sucedía en este momento era importante. Ante el silencio del público, que esperaba atento el siguiente movimiento, Lucy ordenó un ataque directo, un Golpe Aéreo que amenazaba con derrotar al pequeño Baltoy. Pero casi inmediatamente después de que Masquerain comenzara a moverse, Reliq ordena un Rayo Hielo, generando un escenario de gran expectación. Entonces Lucy intenta lo mejor que puede para que Masquerain logre evitar el inminente ataque, pero al intentar frenarse en el movimiento, el pokémon insecto perdió control en el vuelo y recibió parte del Rayo Hielo en el ala derecha, cayendo al suelo y levantándose apenas unos segundos después. Lucy, al contrario de lo que Sazuke esperaba, se le veía incluso más entusiasmada que antes y, al ver un nuevo rayo hielo acercarse a su pokémon, le ordena a este esquivar y acercarse. Sabía ella que al acercarse, Baltoy cambiaría la dirección del ataque para intentar derribar a Masquerain, pero Baltoy detuvo el rayo en seco. Pensando que quizás contraatacaría de una manera más física al acercarse más, Lucy actuó instintivamente.
—¡Usa Zumbido, Masquerain! —ordenó Lucy en el último momento.
Entonces, antes de cualquier reacción por parte del líder, Masquerain logró asestar un potente Zumbido en la cara de Baltoy, dejándolo fuera de combate.
La multitud estaba enloquecida y Sazuke estaba totalmente impresionado. Jamás había sentido tanta emoción al ver una batalla de gimnasio, ni siquiera en el gimnasio de su prima, donde los entrenadores que había visto combatir no habían podido hacer gran daño al equipo de ella. Hoy estaba totalmente involucrado y, al ver el entusiasmo de Lucy, incluso en la adversidad y la calma de Reliq en todo momento, se le estaba subiendo la adrenalina también y estaba gritando junto a la multitud y Houndoom que ladraba de alegría de verlo tan entusiasmado.
Si el primer pokémon de Reliq había sido una piedra en el zapato, el próximo sería una piedra en el camino. Omastar estaba ahora en medio de la arena y su presencia imponente se hacía notar. El combate lo comenzó Masquerain gracias a la adrenalina de Lucy. Intentó dañarlo con Escaldar, pero gracias a la Protección de Omastar, no pudo hacer ningún daño. Lucy estaba confiada en el aire, donde se sentía a salvo de cualquier ataque físico de aquella mole que era el pokémon molusco. Sin embargo, con la calma que lo caracterizaba, Reliq ordenó su siguiente movimiento.
—Lanzarrocas —dijo el líder apuntando a Masquerain.
Omastar usó sus tentáculos para levantar trozos del campo de batalla y arrojarlos con toda su fuerza hacia Masquerain que, a pesar de su velocidad, se le volvía complicado esquivar cada roca, siendo finalmente alcanzada por una y cayendo al suelo, con su ala derecha atrapada bajo la roca. El líder ordenó inmediatamente el ataque Desenrrollar, con lo que el molusco se acercaba a gran velocidad para aplastar al pokémon insecto. Lucy no estaba pensando con claridad y le tomó tiempo ordenarle escaldar contra la roca para entonces moverla y poder retomar el vuelo, pero el retraso en la orden provocó que el ataque la golpeara lo suficiente para dejarla un poco inestable en el aire por el dolor y, entonces, un certero ataque de Clavo Cañón dejó finalmente a Masquerain fuera de combate.
Omastar parecía como nuevo y aún tenía Reliq otro as bajo la manga. A Lucy le restaba solamente un pokémon y más le valía que fuera el correcto para igualar rápidamente el marcador, puesto que si no, la próxima sorpresa de Reliq podría fácilmente derrotarla. Entonces Lucy se enderezó y tomó un respiro. Luego de esto lanzó la pokébola al aire y, al salir el pokémon, Sazuke estaba seguro que la relación entre ambos era muy especial. Un fornido Jolteon se impuso en el campo y la batalla volvió a retomar su curso. Omastar arremetió contra el pokémon de Lucy y éste lo esquivó sin mayor problema. Entonces, cuando Omastar estaba preparándose para dar la vuelta y volver a arremeter, Lucy ordenó una oportuna Doble Patada que, dándole al costado del pokémon, evitó el daño de sus púas y lo desestabilizó, además de causarle una buena cantidad de daño.
Algo había distinto con éste pokémon. La sincronización entre él y Lucy era prácticamente perfecta y parecía que todo estaba pensado de antemano en el campo de batalla. Sazuke lo notaba desde las gradas y se preguntaba si así se sentiría un combate junto a Houndoom. Éste por su parte miraba atento el combate, lo que Sazuke interpretaba como que él entendía y veía exactamente lo mismo que él.
El gran molusco logró asestar un Clavo Cañón, pero Jolteon no parecía demasiado afectado, salvo por un pequeño tambalear en la pata delantera izquierda, donde había recibido el impacto. Sin embargo, y ante la mirada atónita del público, soltó un potente Trueno que rápidamente agotó las energías de Omastar, que cayó finalmente vencido.
Ahora es que el combate llegaba a su clímax, pero nadie entendió que, habiendo soltado a Kabutops como su último pokémon, un trabajador del gimnasio, reconocible por su uniforme, se acercó a Reliq y le dijo algo al oído. El rostro del entrenador apenas se inmutó y le hizo una seña para que se retirara y así continuar el combate. Todo esto ocurrió en el instante en que nadie se atrevía aún a hacer el primer movimiento y, sin embargo, Lucy no se atrevió a atacarlo mientras aquello sucedía, puesto que no lo consideraba justo y pensaba que, siendo un trabajador del gimnasio, quizás podría ser algo importante. Pero al ver el gesto de Reliq, el combate se retomó como si nada hubiese ocurrido.
Kabutops se acercó a velocidad infernal para golpear a Jolteon con Cuchillada, pero este logro saltar hacia atrás en el último momento, logrando que el pokémon fósil enterrara sus grandes cuchillas en el piso. Pero inmediatamente el pokémon levanto el rostro y, tras una orden certera de su entrenador, liberó un Disparo Lodo que dejó a Jolteon en el piso. El pokémon eléctrico se sacudió rápidamente y se acercó con Agilidad a su oponente. Si Reliq quería una batalla de agilidad, se la había ganado. Teniendo tan cerca al pokémon, Kabutops intentó nuevamente Cuchillada varias veces contra Jolteon, pero éste esquivaba todo con mucha agilidad, evitando puntos de posibles ataques como Disparo Lodo. Entonces, en un momento preciso, Jolteon saltó y de un zarpazo quedó sobre Kabutops y soltó un Rayo Carga a quemarropa que lo dejó medio aturdido en el piso.
El combate estaba dejando a todo el mundo boquiabierto, a todo el mundo atento al mínimo detalle del campo de batalla, pero nadie estaba pendiente de lo que sucedía con los entrenadores. Sazuke estaba muy atento y percibía claramente la energía de Lucy que estaba sonriendo del entusiasmo. Sin embargo, al ver a Reliq, se dio cuenta de que algo le perturbaba la calma, que algo no iba bien en ese momento. ¿Sería el combate? Después de todo, acababa de recibir un golpe directo. Sin embargo, su pokémon aún podía pelear. Sazuke lo veía dar órdenes, perdido en el aire, pero muy preciso. Un Aqua Jet que golpeó a Jolteon en su pata herida, desequilibrando su velocidad, y un ataque de Eco Metálico que preparaba al pokémon eléctrico para el siguiente golpe. Estaba asegurando la victoria, sin embargo al ver su rostro Sazuke sabía que algo no lo dejaba en paz. Entonces Lucy ordenó un ataque Trueno. Con la velocidad de Kabutops, era un ataque que pudo esquivar, porque de llegarle de lleno, gracias al Rayo Carga, podría ser la perdición. Pero en ese preciso instante, mientras todos, incluso Houndoom, miraban el campo de batalla, Sazuke estaba concentrado en el rostro del líder y, ahí, en aquel segundo, una sombra de duda se mostró en el rostro de Reliq, sus ojos se volvieron de pánico y una lágrima rodó por su mejilla. No era por la inminente derrota que le acarreó la duda. Había algo más, pero qué sería.
El ataque Trueno logró derrotar a Kabutops y la multitud estaba enloquecida. Las pantallas del gimnasio anunciaban el nombre de la ganadora y los pokémon volvían a sus pokébolas. Lucy saludaba al público que le respondía con aplausos y vítores, mientras que Sazuke observaba atento a Reliq que apenas movía un músculo. Lucy se aprestó para acercarse a recibir la medalla, pero al ver al líder, al igual que Sazuke, supo que algo no iba bien. Reliq, no cambió mirada que no se dirigía a ninguna parte y, sin aviso alguno, se puso a correr hacia la salida trasera del gimnasio. Definitivamente algo no iba bien y ahora todo el público estaba seguro. Nadie dijo nada por un momento y, de repente, se comenzaron a escuchar murmullos. Que Reliq no fue capaz de lidiar con la derrota, que quizás no era un buen candidato a líder de gimnasio, que entró en crisis de pánico frente a Lucy... Murmullos que fueron callados de repente por una voz en el altoparlante que aclaró la situación para todos, pero que de alguna manera, también lo hizo todo más turbio.
—Informamos a los presentes que Reliq acaba de retirarse del recinto para dirigirse a su casa, donde el Líder de Gimnasio Oficial fue encontrado muerto hace ya una hora... —
Continuará...
