CAPÍTULO III: El misterio
Para fortuna de Sazuke, el lugar donde se encontraba sentado no estaba muy lejos del campo de batalla y, empujado por sus ansias de saber sobre las ruinas y preocupado por el estado del líder de gimnasio, saltó sobre la baranda sin pensarlo dos veces, seguido por Houndoom que pronto le pilló el paso. No quería perderle el rastro, por lo que lo intentó seguir por la puerta trasera del gimnasio, sin embargo fue detenido por los guardias del recinto.
—Lo siento, pero no podemos dejarlos pasar —le dijeron a Sazuke mientras le cerraban el paso.
Al escuchar que hablaban en plural, supuso que sería por él y Houndoom, pero al mirar hacia atrás, se dio cuenta de que Lucy, la entrenadora que acababa de luchar en el gimnasio, también se encontraba ahí y que esta inmediatamente se puso a reclamar por su medalla.
—¡Cabrones, la tengo bien merecida! ¡Exijo mi medalla! —Les comenzó a gritar mientras intentaban apaciguarla.
Les explicaron que el asunto se había tornado delicado y que, desgraciadamente, el líder partió, sin pensarlo, llevándose las únicas copias de la Medalla Fósil que quedaban. Lucy estaba furiosa y Sazuke no sabía que hacer. Una parte de él quería calmarla, pero sabía que ella poseía un carácter mucho más fuerte que el de él. Le pidieron a la entrenadora que dejara su número y que, apenas tuvieran alguna noticia, le avisarían de inmediato.
—Disculpe las molestias —le dijeron, pero la chica estaba echa un dragón de rabia.
—No es que quiera ser impertinente, pero tendré esa medalla hoy a como de lugar —comenzó a reunfuñar —. Tengo que partir hoy de esta ciudad para ir de vuelta a Sunflower así que, lo quiera él o no, iré por ella.
A pesar de las tentativas de los guardias por evitarlo, finalmente, por no dar detalles del asunto, decidieron dejarla a su suerte, pensando que de todos modos no podría encontrar el domicilio de Reliq. Lucy se dio media vuelta y se alejó unos cuantos pasos para disponerse a pensar en calma qué es lo que haría, sin embargo sería Sazuke quien le tendería una mano para poder lograr su objetivo.
—Disculpa, veo que buscas al líder de gimnasio —se acercó Sazuke con calma mientras que Lucy lo examinaba de pies a cabeza y Houndoom le jadeaba en señal de amistad —. Yo también lo estoy buscando, aunque por asuntos muy distintos. Me llamo Sazuke. No te molestes en presentarte, el árbitro ya lo hizo por ti al comienzo de la batalla.
—Mmm... —Lucy se detuvo unos segundos a analizar lo que sucedía antes de confiar en un extraño —Pues sí, necesito encontrarlo hoy, pero luego de que salió del recinto no se me ocurre dónde comenzar a buscar su casa.—
—Pues, yo tengo una idea... si me lo permites. Sígueme.—
Sazuke llevó a Lucy hacia la parte trasera del edificio, aludiendo al lugar donde se encontraba la puerta. Le dijo que, siendo líder de gimnasio, normalmente su casa debiera no estar muy lejos. Esto lo dijo un poco al azar, pensando en los pocos líderes de gimnasio que ya conocía. Houndoom olfateaba el piso en busca de algún rastro de olor, pero entonces, mientras observaban a su al rededor, se dieron cuenta que no muy lejos había una patrulla policial y una ambulancia estacionadas fuera de una casa. En ese instante ambos recordaron que se había encontrado al antiguo líder de gimnasio, el padre de Reliq, muerto en su casa, y fue entonces que le comenzaron a tomar el peso al asunto.
—Jamás me hubiese imaginado que fuese algo tan grave— dijo Sazuke.
Ambos se quedaron un rato mirando la escena y pensando si sería prudente acercarse o no, después de todo, parecía ser un asunto bastante delicado. Entonces vieron salir de la casa una camilla con un cuerpo envuelto en una bolsa de tela, que subieron con cuidado en la ambulancia, donde también subió un hombre con el traje de los guardias del gimnasio. Luego vieron salir unos cuantos policías y a Reliq que hablaba con un hombre de abrigo largo. La ambulancia partió y a lo lejos se podía ver el sufrimiento del entrenador, que se despedía desde una fría distancia, mientras las lágrimas le caían por el rostro.
—Tengo que ir ahora —dijo Lucy dando un paso al frente.
—¿Estás segura de esto? —preguntó Sazuke preocupado. Houndoom, por su lado, estaba quieto observando lo que sucedía, pareciendo entender la gravedad.
—No tengo opción. Mi tren sale en unas horas y debo volver imperativamente a casa.—
—¿Es realmente tan importante?—
—Pues... —Lucy lo miró a los ojos, como queriéndole decir que no era asunto de él —Te vengo conociendo, no necesitas saber tanto de mí.
Sazuke decidió no proseguir interrogándola, puesto que tenía razón. Llevaban apenas un rato de conocerse y él creía tener el derecho de entrometerse en su vida. Sazuke nunca había tenido una gran vida social y este tipo de situaciones le complicaban.
—Está bien, como quieras —dijo finalmente Sazuke —. En todo caso, si vas, te acompaño. También tengo cosas que preguntarle.
En realidad Sazuke creía que era una mala idea acercarse con toda esa tragedia tan reciente, pero una corazonada lo empujaba a avanzar y a averiguar qué era lo que sucedía. Todo había sucedido de una manera tan rápida y tan confusa que la curiosidad natural de Sazuke se disparó.
Se acercaron cuando vieron que el hombre de chaqueta larga se había marchado y los únicos en la casa, a demás de Reliq, eran la policía. Al llegar a la entrada, uno de ellos les prohibió el paso. La zona estaba cercada como escena de un crimen y, salvo con una autorización expresa del jefe de policía, no era posible entrar. Lucy comenzó a armar un escándalo que a Sazuke le pareció innecesario considerando las circunstancias, sin embargo todo el embrollo sirvió para llamar la atención de Reliq que salió de la casa para ver qué sucedía. Al verlo ahí, con su cara triste y cansada, el policía volvió a sus funciones dentro de la casa, Lucy detuvo el barullo y Sazuke le hizo una seña para acercarse. Reliq inmediatamente reconoció a la entrenadora y de su bolsillo sacó la medalla correspondiente para entregársela en sus propias manos.
—Disculpa todo lo que ha pasado —dijo Reliq haciendo una reverencia —, pero como podrán ver, las cosas están un poco feas.—
—Pudiste parar el encuentro cuando el guardia fue a informarte en medio del encuentro —dijo Lucy, ya más tranquila —, al menos yo no me hubiera molestado con tales motivos, pero ya que habías decidido continuar, debiste hacerlo hasta el final.
—Pues, verán, el guardia no me dijo todo como correspondía. Solo me dijo que debía parar el encuentro porque algo había ocurrido. Yo le hice una seña para que no me interrumpiera, porque eso iba contra el reglamento, pero justo en el último momento, escuché un grito de Roco, uno de los guardias del gimnasio y muy amigo de mi padre, diciendo "¡esto no es posible!" y luego un portazo tras bambalinas. Fue entonces cuando supe que algo realmente malo sucedía. Me vine a enterar aquí mismo sobre la muerte de mi padre. Lo que es aún peor, fue un asesinato.—
Los chicos estaban helados. No sabían qué responder ante tal declaración, puesto que pensaron que cualquier cosa en estos momentos podría sonar muy frívolo, pero eso no detuvo a Sazuke, que ante tal misterio, solamente quería averiguar más. El asesinato de un líder de gimnasio era algo demasiado curioso como para ser producto del azar.
—Disculpa, Reliq —dijo Sazuke, cuidadoso —. ¿Qué motivos habrá tenido quien lo hizo para hacerlo?
Lucy lo miraba como si eso fuera lo peor que podía siquiera pensar en preguntar. Ella creía que era un asunto que no les incumbía en lo más mínimo y esa curiosidad le parecía insensata. Sin embargo, Reliq no tuvo problema en responder.
—Eso es lo que yo también quiero averiguar —dijo mientras les mostraba un objeto que tenía apretado en su mano derecha —. Sospecho que vinieron por esto.
Era un colgante que llevaba una piedra brillante de color tierra. Reliq les contó que su padre se la había entregado hace poco, puesto que se mejorara o no, tenía pensado entregarle el puesto como líder de gimnasio. Le había ya explicado que era un objeto muy importante y que formaba parte de su trabajo como líder, pero que no le contaría nada más hasta que el cambio fuese oficial.
—El problema es que ahora no tengo idea de qué es esto ni por qué alguien lo buscaría —contaba Reliq —, pero al ver que no se llevaron absolutamente nada de la casa, no veo otro motivo para que alguien más asesinara a mi padre. Se supone que él lo tendría.—
—Ha de ser algo muy valioso —dijo Lucy —, pero aún hay tantas otras posibilidades.
Los policías que estaban dentro de la casa eran tres y, casi al mismo tiempo, los tres gritaron apenas, pues sus voces fueron enmudecidas inmediatamente. Los tres entrenadores, que se encontraban en el frontis de la casa, se alertaron inmediatamente, asimismo Hondoom erizó sus orejas y estiró el cuello. De repente, el pokémon perro comenzó a gruñir fuertemente hacia una figura que se acercaba desde dentro de la casa. Era un chico de unos "veintitantos" años con el cabello rubio y lacio, con una barba incipiente en su barbilla, de contextura larguirucha y con unos anteojos de aviador en la parte superior de su cabeza. Vestía una camiseta sin mangas de color verde y unos pantalones anchos de camuflaje. En sus manos usaba guantes de motocilista y llevaba también un aro en su ceja izquierda. Nadie parecía reconocerlo y Houndoom ya se había puesto a ladrarle. El cielo estaba oscuro de nubes y parecía que volvería a llover muy pronto.
—Vaya, vaya, vaya —decía con aire tranquilo y su voz grave aquel joven que ahora se encontraba apoyado al umbral de la puerta de entrada —, así que ahí es donde estaba la reliquia.
Entonces, por la calle aparece otra figura que llama la atención de Houndoom y a la que también comienza a ladrarle. Se trataba de una chica con ojos rasgados y un cabello liso reunido en una larga y fina cola de caballo que le llegaba hasta la cintura. Vestía una camiseta ajustada y sin mangas, que le descubría el ombligo, de color celeste pálido y usaba unos pantalones azules igualmente ajustados. Llevaba grandes aros redondos en cada oreja y sonreía de una manera bastante malévola. Los chicos se sentían encerrados y sin escape. Aparentemente los policías habían sido inmovilizados, sin posibilidad de pedir refuerzos.
—Sabríamos que tarde o temprano aparecería —dice la chica mientras estira la mano, mirando fijamente a Reliq —. Más te vale que me la entregues si no quieres sufrir la misma suerte que tu padre.—
Sazuke no entendía nada de lo que estaba pasando, o más bien, ahora que era claro quién había cometido tan aberrante hecho y sus motivos, no entendía quiénes eran estas personas ni menos sus intenciones respecto de la ahora llamada reliquia. Trató de buscar indicios de lucidez en el rostro de Reliq, pero éste estaba igual de anonadado que él y Lucy, pero a esta le había comenzado a arder algo dentro. Le parecía insólito ya que alguien se atreviera a matar para conseguir un simple objeto, pero le parecía de un descaro inmenso que esas personas, luego de cometer tal delito, se atrevieran a volver a dar la cara para seguir exigiendo cosas. Sin pensarlo dos veces, Lucy pasó a la acción y liberó a un Victreebel que inmediatamente se abalanzó contra la chica de la cola de caballo, pero esta ni reaccionó, pues desde el interior de la casa y a toda velocidad, salió un sorprendentemente rápido Galvantula que inmovilizó con su tela a Victreebel.
—Creen que peleando se salvarán, son tan inocentes —dijo el chico rubio desde el interior —. Más les vale cooperar y entregar la reliquia por las buenas y les aseguro que no habrá heridos.
Sazuke no quería estar ahí en medio, nunca pidió ser parte de todo ese asunto y sin embargo ahí estaba. Tenía que reaccionar y rápido. Houndoom lo miraba esperando órdenes, pero Sazuke estaba totalmente atascado en su mente. Por su parte, Reliq estaba pensando si entregar o no la reliquia.
—Estan locos si creen que podrán llevarse la reliquia —responde el líder finalmente —. Mi padre me la confió para cuidarla y es lo que haré. Si la quieren, vengan por ella.
Entonces de sus pokébolas salieron un fuerte Armaldo y un imponente Bastiodon. Ambos pokémon mirando a los distintos entrenadores y esperando las órdenes de su amo para atacar.
—Ya escuchaste, Colep —le dice la chica de ojos rasgados al rubio —. Hay que darle lo que quiere.
—Claro, Rainy. Si no se resistía no íbamos a poder divertirnos —respondió Colep —. A Madame no le gusta que hagamos estas cosas, pero no nos dejan alternativa.
El chico liberó a demás a un Heracross que se veia temible, mientras que la chica sacó a un Empoleon y un Starmie, tan malévolos como ella. Sazuke alcanzó ordenarle a Houndoom que liberara a Victreebel de sus ataduras con sus dientes y así lo hizo, mientras que Lucy liberaba, a demás, a su Staraptor. Sazuke era el único que se sentía fuera de lugar, queriendo ayudar pero sintiéndose inexperto en materia de batallas. Asustado por lo que pudiese suceder, se quedó solamente con Houndoom, dispuesto a aportar en lo que fuese posible, pero entonces y sin previo aviso, Starmie apareció por la derecha de Houndoom y lo mandó a volar con un Giro Rápido, estrellándolo contra la pared de la casa. Lucy lo advirtió de inmediato y envió a Victreebel a hacerle frente a la estrella de mar. Galvantula y Heracross quisieron interponerse ahí, pero frente a ellos se pusieron Armaldo y Staraptor, dispuestos a pelear. Empoleon que se encontraba solo, se vio frente a Bastiodon, que le impedía acercarse más al resto del grupo.
Sazuke estaba consternado por no haber visto venir el ataque, sin embargo vio que Houndoom lograba ponerse nuevamente de pie y se acercó a él.
—¿Crees que podamos hacer algo acá? —le pregunta a su pokémon, a lo que éste responde con una mirada segura y asiente con la cabeza —. Entonces vamos con todo.
Fue entonces el comienzo de una batalla difícil. Galvantula atacó directamente a Staraptor con Electrotela y Heracross se va con A Bocajarro contra Armaldo, ambos con la eficacia del elemento sorpresa, puesto que su entrenador no dijo una sola palabra. Los entrenadores se dan cuenta que los pokémon de los enemigos están atacando sin las órdenes de sus entrenadores, por lo que llevar la batalla se les complica sobremanera. Lucy estaba logrando mantener a flote la batalla contra Starmie, sin embargo Staraptor estaba sufriendo grandes daños en contra de Galvantula, mientras que Reliq lograba mantener a Heracross a raya, sin embargo Empoleon estaba dándole dura pelea a Bastiodon, que apenas si lograba aguantar los ataques del tipo agua. Fue entonces que Houndoom entró en combate contra Galvantula para ayudar a Staraptor. Sazuke lo envió a morderlo con Colmillo Ígneo. El pokémon insecto ya estaba bastante preocupado con el pokémon ave como para prestar atención, pensó Sazuke, pero cuando estaba lo suficientemente cerca, Colep abrió la boca.
—A tu derecha, Galvantula —dijo con toda tranquilidad.
Y era obvio que, sin tener que preocuparse de todo, cuando el pokémon tuviera problemas, era él quien le cubría la espalda con un comentario preciso en el momento indicado. Pero de todos modos fue el momento decisivo, puesto que en ese momento Victreebel tenía entre sus lianas a Starmie, inmovilizado, y Lucy pudo prestar más atención a la batalla que estaba llevándose a cabo en contra del pokémon bicho, pudiendo ordenar un certero Ataque Aéreo que dejó fuera de combate a Galvantula. Luego de esto, Lucy le ordena un ataque de Giga Drenado a su Victreebel para acabar también con la batalla contra Starmie, pero, habiéndolo dejado desgastado en el piso, uno de los actos más cobardes fue perpetuado. Empoleon había vencido a Bastiodon con una Hidrobomba a poca distancia ante la que no pudo hacer nada y entonces el pokémon ave se acerca y, de un fuerte aletazo, golpea a Lucy y la deja inconsciente en el piso.
—Ya basta de juegos —dijo Rainy enojada —. No nos hagas perder el tiempo y entréganos la reliquia ahora mismo.
Sazuke y Reliq quedan sorprendidos y helados ante tal muestra de brutalidad. Los pokémon de Lucy se reunieron a su lado y Empoleon comenzó a acercarse peligrosamente a Reliq mientras que Armaldo se batía puño a puño contra Heracross. Furioso, Reliq libera un Cradily que se posiciona rápidamente frente al pokémon pingüino.
—Hey, chico —le dice el líder a Sazuke —. Toma a tu amiga y huye. Yo me encargaré de estos sinvergüenzas.
Cradily atacó inmediatamente con Poder Pasado para mantener a Empoleon al margen. Por su parte, Armaldo tenía totalmente bajo control a Heracross, de modo que la vía estaba libre para un escape limpio. Staraptor y Victreebel ayudaron a poner a Lucy en la espalda de Sazuke y, antes de huir, Reliq le dio la mano a Sazuke para desearle suerte y le dijo algo al oído que ninguno de los enemigos pudo distinguir. Entonces Sazuke emprendió la marcha con Lucy a cuestas para ir a un lugar seguro. Los villanos, más preocupados de obtener la reliquia por parte del líder que de perseguir a dos entrenadores novatos, los dejaron emprender la huída, pero Sazuke no estaba tranquilo. Iba con Houndoom a su lado y otros dos pokémon que no le pertenecían como guardias y aún así sabía que no habría lugar en aquella ciudad que lo mantuviera a salvo. Se olvidó en ese momento de revisar las ruinas y de seguir camino adentro, puesto que no podía pensar en otra cosa que en el hecho de que llevaba en su mano el amuleto y que, en cualquier momento, vendrían por él y no sabría cómo reaccionar. No pensaba más que en eso y en la última frase que le dijo Reliq al oído.
—Llévala a Ciudad Silvermoon —
Continuará...
