La pareja llevaba ya una semana conviviendo como podía. Aún quedaban dos días para que comenzaran las clases, lo que les había ido de maravilla para tener tiempo de acabar de comprar algunas cosillas para el piso y arreglar algunas otras, como por ejemplo la ventana rota de la habitación de Ranma. Esa primera semana de convivencia había pasado sin grandes discusiones o altercados, pequeñas peleas para ver quien iba primero al baño, para decidir qué ver en la televisión o porque como siempre se picaban con absurdos insultos. Habían sobrevivido comiendo los tuppers que Kasumi les había preparado, pero la noche anterior habían terminado con los últimos restos y a partir de hoy tendrían que hacerse la comida ellos mismos.
El chico de la trenza decidió salir temprano para ir a buscar trabajo al gimnasio que estaba cerca de su nuevo apartamento. Había acordado con Akane que él traería dinero a casa y ella haría las labores del hogar, más que nada porque la carrera de la peliazul le exigía mucho este primer año y a él, digamos que menos. Aunque en realidad la verdad era que Ranma prefería trabajar entrenando que quedarse estudiando en casa, si suspendía alguna asignatura pues así tendría a quién culpar… al cansancio.
Llegó al gimnasio y quedó maravillado por su construcción, era muy grande aunque estaba un poco viejo. Estaba hecho de madera y en sus grandiosas puertas había las figuras de dos imponentes dragones que entrelazaban sus colas indicando el camino hacia el interior. Al entrar vio como algunas de las vigas del tejado estaban desalineadas y notó que el suelo crujía más de lo que debería. Se dirigió hacia una de las chicas que se encontraba en el mostrador de una pequeña recepción y le preguntó por el dueño del lugar, ella hizo una rápida llamada y muy amablemente le invitó a seguirla.
Lo llevó hasta un pasillo que quedaba detrás de las gradas desde donde se podían ver los combates y allí le indicó que esperara. Se sentó en uno de los bancos que habían en el estrecho y mal iluminado pasillo, justo delante de una puerta donde podía ver un letrero con un nombre que no se tomó interés en leer. Él empezó a impacientarse pero al cabo de unos breves minutos un chico de unos 32 años apareció por la puerta y llamó a Ranma. El pelinegro entró al despacho y lo saludó con una reverencia.
- Buenos días, soy Ranma Saotome, heredero de las técnicas de la Escuela de Combate de Estilo Libre. He venido a pedirle un trabajo como entrenador en su gimnasio.
- Buenos días Saotome-san, soy Tomohisa Kobayashi el dueño del gimnasio y heredero de las técnicas de la Escuela de Combate Patada Voladora. Así que Saotome ¿eh?
- Sí, ¿le suena mi apellido? – el chico rezó para que no conociera a su padre y le debiera dinero.
- Claro muchacho, da la casualidad de que hace unos meses estuve en China buscando un buen entrenador. Un día tomando mi café matutino leí en uno de los periódicos la noticia de que los estanques de Jusenkyo habían sido destruidos por Ranma Saotome durante una lucha contra un semidiós. El guía de Jusenkyo contó la batalla librada y la verdad es que me pareció épica. Siempre pensé que serías un mito, pero vaya, parece que existes.
- No sabía que la historia había llegado a tanto, en realidad no fue tan difícil – dijo sacando pecho orgulloso de su hazaña.
- Supongo que no debería tratándose de ti, pero antes de contratar a alguien siempre le pido un combate rápido para ver su nivel, aunque la verdad es que en tu caso tengo más curiosidad por conocer tus técnicas que otra cosa – Ranma sonrió confiado y ambos se dirigieron hacia el área de entrenamiento.
Mientras lo seguía el joven de la trenza miraba a Tomohisa para empezar a descubrir posibles puntos débiles. Era un chico alto y ancho de hombros, parecía bastante delgado, pero en realidad estaba fibrado. El pelo de color rubio lo llevaba recogido en una colita muy pequeña dejando ver la parte de debajo rapada. Vestía bastante formal, pantalones tejanos negros de buena marca y una camisa blanca de manga corta. Sus ojos eran de color verde, por lo general y si no fuera porque se trata de Ranma podría reconocer que era tirando a guapo.
Una vez llegados al sitio, los dos se pusieron en posición de combate. El joven Saotome pensó que con ese ropaje su contrincante lo tendría difícil, por eso alucinó cuando en un rápido movimiento Tomohisa se deshizo de su camisa y pantalón en menos de dos segundos reapareciendo con una especie de gi de color azul marino.
-¿Listo? – Ranma asintió.
Empezaron a pelear con muchas ganas, y en tan sólo tres minutos ya había más de 15 personas sentadas en las gradas observando el espectáculo. La rapidez del dueño del gimnasio era asombrosa, lanzaba patadas que no podían ser vistas por los ojos de un mortal pero los puños de Ranma no eran menos y su truco de las castañas fascinó a los presentes. Llegado el momento Kobayashi trasladó el combate al aire y la lucha se llevó a cabo de manera aérea. Podían pasar largos segundos sin que ninguno de los dos tocara tierra, y lamentablemente para el de la trenza en este ámbito su posible futuro jefe tenía todas las de ganar. Llevaban ya un buen rato peleando, más de una hora seguro y el público que se amontonó a su alrededor era increíble. Los golpes iban y venían, a ratos parecía que uno iba a ganar y de repente el otro se levantaba y contratacaba con más fuerza todavía, sin embargo todo terminó cuando Ranma usó su Hiryū Shōten Ha y derrotó a su oponente.
Una oleada de aplausos los invadió y ambos quedaron atónitos mirando cómo eran vitoreados por más de cincuenta personas. Los dos hicieron una reverencia y se adentraron hacia el despacho del chico.
- Bueno Ranma, eso ha sido, wow, increíble, hacía tiempo que no libraba una pelea como esta.
- Me lo he pasado genial señor Kobayashi, yo hacía mucho que no encontraba un rival con el que disfrutar durante un combate. Tiene que enseñarme esas patadas que hacía en el aire.
- Ey, llámame Tomohisa, no soy tan mayor – dijo sonriéndole amigablemente – recuerda que vengo de la Escuela de Combate Patada Voladora, es normal que controle el combate aéreo.
- Pues debe enseñarme algunas técnicas.
- Claro. Bueno Ranma, quiero ser sincero contigo, nuestro gimnasio te necesita, tú venías a pedir trabajo, pero voy a ser yo el que te implore que trabajes como entrenador aquí. Hacía mucho que no teníamos a tanta gente en el gimnasio viendo un combate y estoy seguro de que muchos más se apuntarán si saben que tú les entrenarás.
- Yo estaría encantado Tomohisa. Empezaré a estudiar Educación Física en la universidad el lunes y esto me vendría genial como práctica, además necesito el dinero.
- ¿Cuántas horas podrías hacer?
- Cuantas más pueda mejor, acabo las clases a las cuatro así que a partir de entonces hasta las nueve quizás.
- ¿Tendrás tiempo para estudiar?
- Mm sí claro. Mire necesito pagar el alquiler y mantenernos a mi y a … - Ranma se calló y se puso colorado.
- ¿Compartes piso?
- Sip.
- ¿Con la chica de Jusenkyo?
- ¡¿Qué?! ¿Eso también lo contó el guía?
- Oh sí, se puso muy romántico en esa parte. Como te salvó ella la vida, y luego tú, y como lloraste… - Tomohisa hablaba ensoñado imaginándose la sentimental escena, el de la trenza rolaba los ojos en señal de fastidio odiando al guía entrometido - Qué bonito Ranma, veo que todo fue bien para vosotros. ¿Estáis saliendo? – el pelinegro empezó a notar como le ardía la cara, pero se trataba de su jefe y a él no podía mentirle, seguramente para el contrato debería contarle toda la verdad.
- Digamos, que estamos casados… es mi mujer ahora, aunque no es nada convencional era un matrimonio concertado y si no le importa… mmm… preferimos que el resto de gente piense que seguimos prometidos, no querría problemas con terceras personas –Tomohisa no entendió qué quería decir el chico, normal si desconocía la existencia de las locas que persiguen a Ranma, pero asintió.
- Tu prometida es muy afortunada si haces todo esto por ella. ¿Qué te parece empezar con los grupos que tenemos ahora entre semana por las tardes y hacer combates algún sábado? A medida que más gente se apunte, más horas podrás hacer.
- Perfecto señor, es justo lo que necesitaba.
…
Ranma llegó a casa y corrió a abrir la puerta para tomarse una merecida ducha, necesitaba un largo baño después del combate que acababa de vivir. Sólo entrar escuchó a Akane preguntarle cómo le había ido desde la cocina, él le gritó camino al baño que genial, que lo habían cogido. Ella se dirigió hacia él contenta con la clara intención de abrazarlo para felicitarle por su nuevo empleo, pero se encontró con un portazo casi en la cara puesto que él ya había entrado en el cuarto.
Al cabo de un largo rato Ranma salió hacia el comedor con ropa limpia y mucho más relajado. Aunque empezó a temerse que algo no iba bien, empezó a oler comida, empezó a darse cuenta de que su esposa había estado cocinando. Al llegar a la cocina vio millones de ollas y paellas sucias, harina por el suelo, azúcar por la encimera, una pequeña marca de fuego en el techo, y al girarse lo vio, su peor pesadilla hecha realidad; Akane sentada en la mesa con ocho distintos platos expuestos encima del mantel.
- ¡Felicidades por el nuevo trabajo Ranma! Para celebrarlo he preparado ocho platos para que veamos si he mejorado ya en la cocina.
- Gracias Akane, pero no tengo mucha hambre.
- Ranma… dije que me encargaría de las cosas de casa y lo primero es cocinar, así que pruébalos.
- No quiero morir… hoy ha sido un buen día, no lo estropees.
- No lo estropees tú, sé un maldito hombre y prueba la maldita comida.
Ranma se armó de valor, suspiró y probó el primer platillo. Parecía una especie de tortilla con queso y ¿jamón? Sin embargo sabía a macarrones a la boloñesa mezclado con vinagre y ácido, ¿cómo era posible que supiera tan mal? Lo escupió. Akane rebufó, pero le acercó el segundo, éste eran albóndigas de carne pero sabían a pescado pasado con salsa de soja, Ranma casi se atraganta y su esposa tuvo que ayudarlo a reaccionar. El tercero no fue mejor, era una bola de arroz que imitaba la forma de un osito, aunque para su desgracia parecía que mil camiones habían pasado por encima del animal y luego le habían arrancado los brazos. Lo probó también y estaba tan salado que tuvo que beberse dos litros de agua para calmar su sed.
El chico se levantó y fue a coger su chaqueta.
- ¿Dónde vas? Hay cinco más por probar.
- Akane ¡había un cuchillo dentro del arroz!
- Eso le puede pasar a cualquiera…
- Me tengo que ir. Eso está asqueroso – dijo señalando con cara de disgusto – no pienso comer nada más.
- Pero Ranma yo… yo lo hice… para ti – él levantó la mirada para encontrarse a una chica cabizbaja al borde del llanto.
- Dime ¿has seguido alguna receta? ¿Has medido algo?
- Yo… yo he intentado recordar cómo lo hacía Kasumi, creí que todo estaba bien, que lo había hecho como ella.
- Oye… - miró el reloj de reojo – tengo que irme, pero no te preocupes, seguro que la próxima vez te sale mejor.
Akane lo vio salir y tiró la comida al suelo con rabia. ¿Dónde debía ir él como para dejarla allí sin probar sus platos? Eran las siete de la tarde, a esas horas donde tenía que estar era en casa con ella, se había pasado casi todo el día cocinando. Convencida de que no todo lo que había cocinado sabía horrible decidió coger un trozo de uno de los panecillos que había preparado y la pobre casi se ahoga de lo malo que estaba. De pena se dejó caer al suelo y empezó a recoger el desastre que había causado. Se preguntó si alguna vez ella sería capaz de cocinarle algo a Ranma que estuviera bien, que fuera decente, que él halagara. Él había cumplido su promesa y había encontrado trabajo, y ella debía esforzarse para ser la ama de casa que había dicho que sería. Pero lo que más la atormentaba era no saber dónde había ido su marido. Antes lo hubiera sabido, seguro que se hubiera dirigido al Neko Hanten o al Ucchan's para comer algo rico de verdad, pero en Osaka no tenía ni idea de dónde había podido ir a parar. ¿Y si ya ha conocido a alguna chica que quiere cocinarle? ¿Y si en el gimnasio se ha encontrado con alguna guapa y ha quedado con ella? No es que le importara o estuviera celosa, no, qué va, es que él era su marido y eso la dejaría en muy mal lugar. Empezó a llorar por la impotencia que sentía mientras recogía y lo dejaba todo limpio, como mínimo eso sí podía hacerlo bien.
Pasaron dos horas y finalmente Ranma regresó. Ya era la hora de la cena, pero la peliazul sólo se había dado un largo baño para llorar a sus anchas y no preparó nada más para comer, se sentó en el sofá y miró programas triviales en el televisor sin prestar real atención a la caja tonta.
- Akane, ¿puedes venir a la cocina?
- ¿Para qué? – dijo ella sin mirarlo con una voz muy fría.
- Tú sólo ven.
Ella se levantó con desgana y fue para la cocina, allí vio a Ranma sujetando tres bolsas. Despacio sacó lo que había en la primera.
-Toma, me ha costado encontrarlos pero creo que por ahora estos servirán – dijo Ranma pasándole tres libros "Cocinar es fácil", "Las normas básicas de la cocina", "Recetas ricas pero simples". Akane los cogió sorprendida y los miró con atención acariciando sus portadas. Su esposo agarró la segunda bolsa y empezó a sacar varios utensilios – Aquí tienes una báscula para pesar los alimentos, una batidora y una alarma que te avise del tiempo cuando algo ya esté hecho – Akane levantó la mirada y miró enternecida a Ranma, luego dirigió sus ojos hacia la pequeña balanza, siempre había querido una así – Y por último ten, he ido a un sitio donde hacen poké, me ha sido difícil dar con una paradita pero sé que te encanta y bueno, así celebramos mejor lo de mi trabajo – dijo finalmente sacando dos boles de comida preparada – Siento haber marchado de repente pero tenía miedo de que cerraran las tiendas.
Ella apartó una de las lágrimas que le caían por la mejilla y sin pensárselo dos veces se lanzó a los brazos de su marido. Rodeó con sus manos su fuerte cintura y apoyó su cabeza en su pecho. Le repitió como mínimo 10 veces gracias y él quedó estático. Tardó unos segundos en reaccionar, pero al final colocó una mano encima de la cabeza de la chica y la otra en su espalda, casi como un robot que teme dañar algo delicado.
-No es nada Akane, sólo intenta no intoxicarme la próxima vez. Sé que puedes hacerlo bien – ella no respondió pero movió su cabeza de arriba abajo asintiendo con gran entusiasmo, él sonrió al verla tan contenta – vamos que se enfrían las gyozas, el poké ya viene frío – ella se apartó, cogió uno de los boles y lo llevó dando saltitos hacia la mesa.
Los dos comieron tranquilos hablando de cómo Ranma había conseguido el trabajo, le explicó el horario que haría, lo que ganaría, lo amable que había sido Tomohisa y lo genial que había ido el combate que habían tenido ellos dos. Akane no podía parar de sonreír al ver lo alegre que estaba su esposo hablando de la pelea que había vivido esa tarde. Estaba contenta de que aquí hubiera encontrado a alguien que supusiera un reto para él.
- ¿Había muchas chicas en el gimnasio? – preguntó curiosa Akane cogiendo una de las empanadas.
- Pues no me he fijado la verdad… bueno había dos en la recepción diría.
- ¿Guapas?
- Pfff no lo sé, ya no me acuerdo de sus caras.
- Pensé que al irte, habías quedado con alguna – admitió ella tímida.
- ¿Por quién me has tomado? Soy un hombre casado.
- Pero te casaste por compromiso…
- Aún así Akane, con una esposa marimacho ya tengo suficiente, no necesito más líos – dijo intentando calmarla guiñándole el ojo. Ella no entendió por qué pero se sonrojó al ver ese gesto. La verdad era que estaban casados, le costaba interiorizarlo y a veces se olvidaba de ese importante factor y lo que eso suponía – por cierto, le he dicho a mi jefe que eres mi esposa pero que si no le importa no lo diga y que…mmm… bueno que mejor que todos crean que seguimos estando sólo prometidos.
- ¿Es eso lo que diremos también a los compañeros de universidad verdad?
- Sí, creo que es lo mejor… Shampoo, Ukyo, Kuno… aún no saben nada y es mejor que así siga.
- Sip, tienes razón.
Después de esa agradable charla miraron si tenían todo lo necesario para empezar la universidad el lunes, no querían dejarlo todo para última hora, y ya era sábado. Una vez comprobado que estaba todo listo para empezar esa nueva etapa en su vida cada uno se fue a dormir a su habitación ilusionados por lo que estaba por llegar.
CONTINUARÁ
…..
Gracias a todos por el recibimiento de este nuevo fic, muchos followers en poco tiempo, cosa que me ha alegrado un montón. Millones de gracias por leerlo, y sobre todo y como siempre gracias a los que habéis dedicado un ratito para comentarlo:
ELISA LUCIA V 2016: Me alegra que te gustara el primer capítulo, espero que siga así el resto de historia :)
Yahiko Saotome: Me encanta que te hiciera risa, esa era mi intención en algunas partes del fic, ya que el cómic de Ranma ha sido siempre bastante humorístico y no quería desplazar este factor en esta historia :) ¡Abrazos!
rakex11725: Hoy mismo la tienes, y el tercer capítulo llegará el viernes :)
Haruri Saotome: Todo un gusto que que te gustara, gracias por el comentario :)
deliza22: Te seré sincera, yo también me hubiera quedado con la habitación y la hubiera compartido jajaja, y en el fondo sabemos que Akane también. Espero que te siga gustando. ¡Un abrazo!
Abi Taisho: Y a mi me encanta que encante :)
Guest: Me alegra saber que a alguien le hizo tanta gracia como a mi el verbo marimachear XD
Annabf1982: Ohh gracias por tu comentario, espero que continúes leyendo la historia y no te defraude. ¡Abrazos enormes!
noemib: No m'ho puc creure, no saps la il·lusió que m'ha fet el teu comentari, moltíssimes gràcies:) Jaja, dudé un poco si publicar esta historia porque no sé si será del agrado de la gente, pero yo lo he hecho con amor y al final decidí subirla, aunque sólo la disfrute una persona con eso ya soy feliz. Una abraçada gegant!
El viernes subo el capítulo número 3.
¡Fins aviat!
