Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. Nadie gana ningún beneficio económico con esta historia.

Capítulo 2

Hizo un giro a la derecha esquivando una budgler y estiró la mano atrapando la snitch apenas a los cuarenta y cinco minutos de haber comenzado el partido. Rio e hizo un giro en bucle dándoles algo de espectáculo a los espectadores de su Casa. Era el primer partido de la temporada, el primero contra Ravenclaw, y habían ganado ellos.

Bajó a encontrarse con Emery y chocaron sus manos antes de abrazarse y buscar a sus otros amigos en las gradas. Chealse también estaba junto a Zaniah y Altais. Levantó el brazo con su pequeño trofeo y la agitó a modo de saludo con una gran sonrisa.

—¡Ganasteis! ¡Fiesta! —dijo Zaniah lanzándose a abrazar a Leyna y luego a Emery, no quedó claro de cuál de las dos cosas era más importantes para ella.

—¡Somos los mejores! Este año ganamos la copa —aseguró Emery demasiado feliz.

—Enhorabuena —los felicitó Chealse—. Has jugado muy bien, Leyna.

La rubia sonrió ampliamente y dejó un beso en la mejilla de la Hufflepuff después de abrazarla.

—Buen partido, y breve —los felicitó Altais.

—¡Buena cogida, Leyna! —Teddy se abrió paso entre la multitud y se colgó de Altais, como de costumbre—. A ver cuánto aguantáis cuando nosotros ganemos a Hufflepuff —los retó emocionado.

—Os machacaremos este año, Teddy —aseguró ella sonriendo de lado—. Por cierto… eso de cogida suena fatal —rio ella sacándole la lengua.

El chico que en ese momento llevaba el pelo con los colores de Gryffindor se llevó una mano a la boca.

—Qué mente más sucia —fingió escandalizarse y después llevó las manos a las orejas de su primo—. Vamos, Altais, tengo que alejarte de estas malas influencias —bromeó hasta que el chico se liberó.

—Querrás decir empezando por ti —replicó el moreno.

—Por supuesto —rio haciendo una reverencia teatral.

Leyna rio. —Pobre Altais, rodeado de malas influencias.

—¡Venga! Dejaros de cháchara e ir a ducharos y esas cosas para poder ir a la fiesta y olvidarnos de influencias —los apremió Zaniah antes de que alguno pudiera decir algo a favor o en contra de la inocencia de Altais.

—Vale, vale… —aceptó la Slytherin rubia—. Estás invitado a la celebración, Teddy, y tú, Chealse —dijo caminando a los vestuarios junto con Emery que no dejaba de canturrear que habían ganado.

—Pues andando, iré un rato a vuestro nido de serpientes —aceptó Teddy.

—No vas a entrar con ese pelo, lo sabes, ¿verdad? —dijo Altais.

—Es sólo un pequeño reto a la integración de Casas —dijo divertido.

Esperaron a que sus amigos salieran y se dirigieron juntos a la sala común de Slytherin comentando las jugadas del partido. Ovacionaron a los jugadores cuando estuvieron todos y mantearon a Leyna que sujetaba la snitch de ese partido en la mano. La cerveza de mantequilla y algunas botellas de whisky de fuego comenzaron a circular por la sala, en unas mesas había comida y la decoración fue perdiendo su brillo poco a poco. Teddy se marchó cuando consideró que llevaba la chispa suficiente como para aún saber cómo llegar a su propia sala común y Altais dio unos pasos hacia los dormitorios pensando que ya había participado en la fiesta el tiempo suficiente.

—¿Te vas? —la voz de Leyna lo detuvo y cuando se giró pudo ver a la chica casi escondida en una esquina de la sala, acurrucada en un sillón que había movido de su sitio y una jarra de cerveza de mantequilla a medio beber en la mano. Sus ojos brillaban producto del alcohol y tenía la falda del colegio un poco más subida de lo habitual, mostrando más sus piernas largas y torneadas.

—Esa era la intención —contestó observándola sin perder detalle antes de reprender a sus hormonas, algo que se hacía costumbre, y llevar sus ojos a los de ella.

Leyna lo recorrió también con la mirada, percatándose de la corbata más floja de lo normal que dejaba ver más de ese pecho.

—¿Quieres la última? —preguntó levantando su jarra de cerveza y señalando un sillón al lado del propio.

Altais se lo pensó, pero finalmente convocó una cerveza de mantequilla para sí y se sentó, era parte de lo que le tocaba hacer como amigo, con suerte en pocos minutos lograría mandarla a la cama, era mejor que dejar ahí sola con cierto grado de embriaguez.

—¿Y qué hace el alma de la fiesta aquí apartada y escondida?

—¿Yo? Creía que el alma de la fiesta es nuestra querida amiga la organizadora —rio un poco dándole un corto trago a su bebida—. Me cansé de los agradecimientos por la victoria y el apretujamiento en general.

—Es comprensible. ¿Y por qué te quedas ahí en vez de ir a tu dormitorio?

Ella se encogió de hombros y miró abajo. —Tampoco me apetecía estar sola, no tengo mucho sueño aún —explicó, aunque sabía que era un tanto contradictorio—. ¿Ya se fue Teddy?

—Sí, dijo que aprovechaba que aún podía vocalizar su contraseña y distinguir el cuadro del hipopótamo con tutú del de la Señora Gorda —respondió.

Ella soltó una sonora carcajada y se pasó la lengua por los labios sintiéndolos algo resecos. —Chealse también se fue, mañana tenía que estudiar mucho me ha dicho, se esfuerza.

—Tienes una buena pupila, responsable —contestó—. Tienes suerte —bromeó al hacer ver que él no.

—¡Ey! —protestó estirándose un poco para golpear su hombro, aunque balanceándose ligeramente por el precario equilibrio—. Yo soy tu mejor pupila, aunque te cause problemas.

—La mejor y la peor —replicó Altais.

—Eso es porque soy la única que tienes —se defendió ella.

—Obviamente, por eso no es correcto calificarte como la mejor, ya que no hay otros con quienes compararte —razonó mientras jugaba a hacer girar la botella de cerveza sin abrir en su mano.

Ella lo meditó un poco y se encogió de hombros. —Supongo que no, pero sí soy una buena pupila, admítelo, y te lo pasas bien conmigo.

—Tienes mucha imaginación a veces —la molestó.

La chica lo miró con los ojos entrecerrados, dejó la jarra en el suelo y se giró para acercarse a él inclinándose con las manos apoyadas en el brazo del sillón donde estaba Altais.

—Lo haces, no lo niegues, prometo que guardaré el secreto —replicó.

—Es la cerveza de mantequilla la que habla —se burló, aunque observándola preocupado porque se inclinara demasiado y cayera.

—Te aseguro que no —respondió Leyna, pero uno de sus brazos tembló un poco y se le dobló.

Altais se movió con rápidos reflejos para incorporarla antes de que se dejara los dientes en el brazo del sillón y la incorporó hasta asegurarse de que volvía a estar sentada correctamente, o todo lo posible teniendo en cuenta que tenía los pies sobre el mueble.

—No estás para asegurar nada —dijo de pie y aún un poco inclinado sobre ella.

Ella lo miró desde abajo, inconscientemente llevó una mano al pecho de él y apretó un poco su camisa apoyando la frente ahí.

—Siento los problemas y eso —murmuró respirando hondo.

—Tú no me das problemas… bueno, este se te pasará en cuanto duermas. Voy a buscar a Zaniah o alguien que te ayude a llegar al dormitorio —dijo meditando que tal vez la otra chica no estaría mejor, y fue a retirarse, pero siguió apresado por la mano de ella—. Si me sueltas.

Ella suspiró, lo volvió a mirar y lo soltó. —Puedo subir yo… las cosas no giran, mucho.

—Está bien, ponte de pie y juzgaré eso —contestó.

La rubia asintió de nuevo, se movió despacio y se puso en pie, quedando muy cerca de Altais, se tambaleó ligeramente, pero no tanto como para caer.

—Puedo.

Altais se apartó un paso, los labios de ella quedaban a la altura de sus ojos y además era un poco molesto tener que estar siempre mirando hacia arriba, con un poco de distancia estaba más cómodo.

—No tienes náuseas ni nada, ¿verdad?

Leyna negó con la cabeza. —Mañana me dolerá la cabeza, pero estoy bien —confirmó y sonrió—. Gracias por quedarte un poco —dejó un beso en su mejilla, un poco más cerca de sus labios al calcular mal y se giró para ir hacia las escaleras.

Él se removió un poco por ese beso, sus labios se notaban más calientes como si hubieran deseado convertirse en un imán que llevara los otros a danzar con ellos.

—Buenas noches —contestó, aunque con la distancia y la música no esperaba que lo oyera, la observó subir las escaleras hasta que en un giro la perdió de vista y se fue a su propio dormitorio a tratar de hacer algo de provecho antes de dormir, aunque no tardaría mucho en sucumbir a la tentación de la almohada.

-o-o-o-

Se abrigó bien y salió de la sala común sin hacer mucho ruido. Era temprano, bastante, estaba segura de que ni los elfos estarían preparando el desayuno a esas horas. El Sol ni había empezado a asomar por el horizonte, pero tampoco era como si ella hubiera dormido algo esa noche, no después de todo lo que había ocurrido el día anterior.

Todo había comenzado en la comida, al parecer ella se había convertido en el objetivo del día de la radio cotilla, y cuando entró al Gran Comedor las miradas de todos los alumnos, de todas las Casas, se habían puesto en ella. Había percibido cierto temor en los más pequeños, y repulsión en los mayores. También habían estado los cuchicheos, pero ella había ignorado todo eso, ya se cansarían. No había pensado que la llegada de los aurores coincidiría con esos molestos rumores sobre su afición a las prácticas de magia oscura. Aunque evidentemente ellos no estaban allí por ella, el resto de alumnos había pensado eso, y el miedo que en un principio habían sentido sólo los de segundo y primero se había extendido por todos.

Que la gente que no tenía nada que ver con ella sintiera temor no le molestaba demasiado, pero ese temor siempre llevaba a palabras afiladas, sentimientos de repulsa, y al final del día todo eso había acabado afectándole, más sabiendo que al día siguiente la situación sería igual sino peor. Por esa misma razón no había podido dormir.

Salió al exterior del colegio, pensando sentarse al lado del lago, y fue entonces cuando lo vio. Altais estaba corriendo alrededor del gran lago Negro, con unos pantalones que parecían de algodón y una camiseta de manga corta. Sabía que si estaba haciendo eso a esas horas de la mañana era porque no quería que nadie lo supiera, pero algo le hizo quedarse ahí a observarlo, sentándose en un tronco que había a una distancia suficiente para pasar desapercibida.

Lo vio detenerse, al parecer esa había sido su última vuelta, y estirar los músculos de las piernas tras el esfuerzo. Creyó que iba a sentarse para descansar, pero no fue así, apenas estuvo un minuto quieto sólo mirando la superficie del lago antes de seguir con su tabla matinal de ejercicios. Y finalmente hubo algo que le hizo desear tener unos prismáticos para ver más cerca, o poder acercarse y tocar esas gotas que bajaban por su abdomen duro, pero aún no marcado, hasta el pecho, descubierto por la acción de la gravedad sobre la camiseta que llevaba el chico cuando pasó a hacer el pino para hacer flexiones de brazos, esos brazos que cada vez que se flexionaban tensaban el borde de las mangas de la prenda.

Leyna se encontró sin poder apartar la mirada de él, incluso cuando en su mente se estaba venga a repetir que se estaba comportando como una adolescente hormonada más no logró dejar de mirar esos músculos contraerse con cada flexión. Sus mejillas se sonrojaron un poco, en parte por el frío, pero sin duda esas vistas tenían también mucho que ver. No supo cuánto estuvo mirando, pero cuando los ejercicios terminaron ella salió un poco de su ensoñación, al menos lo suficiente para caer en la cuenta de que no debía verla, el menos no mirándolo. Se levantó y entró al colegio apresuradamente, decidiendo que podía esperar ahí cerca, sólo tenía que hacerse la loca, como si no hubiera visto nada.

Altais entró unos minutos después, se había puesto una túnica y apartado el sudor con un hechizo, pero su pelo seguía revuelto y con más color en su pálido rostro por el esfuerzo. La expresión de sorpresa cuando salió de sus pensamientos y se percató de que iba a chocarse con alguien fue genuina y tardó un poco más de lo usual en recomponerse.

—Leyna, ¿qué haces en los pasillos a estas horas?

Ella sonrió un poco y se encogió de hombros. —No podía dormir —contestó—. ¿Y tú?

—Duerma o no, no sirve de mucho, salí a despejarme —respondió—. ¿Qué te quita el sueño? —preguntó, preocupándose con ella, no le gustaba ver esas ojeras bajo sus ojos.

—Es… le estoy dando demasiadas vueltas a los rumores, sé que son una tontería, pero… si siguen creciendo van a fastidiarlo todo —dijo, más bajo lo último, pasándose una mano por el pelo y desviando la mirada un poco.

—Todo aquel que tiene dos dedos de frente sabe que no es cierto, esos chismosos no van a llegar nunca a nada, no van a dañar tu plan, sea el que sea —contestó comprensivo, más que cualquier año antes, habría sido cálido si eso no fuera demasiado extraño en él como para mandarlo a la enfermería con urgencia, sólo por eso no lo fue.

La rubia asintió. —Lo sé, pero con lo de los aurores ha crecido mucho, y tampoco ayuda que tu abuelo esté en Azkaban… —contestó y suspiró largamente—. Sólo quiero que dejen de repudiar a mi familia, quiero devolverle el prestigio que por culpa de ese hombre perdimos… —le contó, eso no se lo había contado a nadie.

—Los aurores estaban aquí porque esa bestia que anda suelta mató a un centauro —informó, Teddy había estado indagando, no sabía cómo siempre conseguía manejar así al Jefe de Aurores—. El dolor siempre engendra miedo y más dolor, esos sentimientos oscuros son los que más perduran, puedes olvidar un momento feliz entre otros muchos, pero no puedes olvidar uno solo de los malos. Son una magia poderosa, por así decirlo —razonó—. Y cuando se teme algo se tiende a querer exterminarlo, no importa que haya algo bueno, o algo útil, si no existe tampoco podrá dañar más, la gente tiende a querer ese seguro de vida —la miró haciendo una pausa dejando que asimilara lo que decía—. Así que sólo sigue así, sé la mejor para que tengan que tragarse su rencor con tus éxitos, que se retuerzan de amargura por saber que eres mejor que ellos —concluyó con una sonrisa maliciosa—. No puedes cambiar su forma de pensar de golpe, sólo demostrar que se equivocan.

Leyna lo miró largamente, asimilando cada una de sus palabras, y también lo que no había dicho, pero podía intuir. Se sintió pequeña al escucharlo, como si él tuviera una gran sabiduría que a ella le faltaba. Se mordió el labio inferior y se acercó a él, abrazándolo un poco.

—Gracias.

—Ya… de nada —contestó un poco tenso, más consciente que nunca de cómo con ese gesto los pechos de ella se apretaban contra él y preguntándose si el esfuerzo previo hacía que fuera más susceptible al calor que la chica transmitía.

Ella se separó un poco y besó su mejilla dulcemente. —No voy a dejar que me hundan, nunca, voy a ser mejor que todos ellos —aseguró con determinación renovada en sus ojos verdes—. Aunque tengo que resignarme a seguir mordiendo el polvo contigo —bromeó un poco.

—Es bueno que lo tengas claro; estoy yo y está el resto —dijo arrogantemente y emprendió el camino hacia las mazmorras.

La chica rio caminando con él, cerca, con sus brazos casi rozándose. —¿De verdad mató a un centauro?

—Sí, al parecer era un macho solitario, no muy lejos de la linde del Bosque Prohibido, pero no han descubierto aún de qué criatura se trata —contestó Altais.

—Espero que los aurores la encuentren pronto, si sale del bosque… —dijo fingiendo un escalofrío.

—Eso esperemos, de momento creo que han convencido al profesor Hagrid de dejar de dar las clases en el bosque. No es algo confirmado, tal vez sea imposible —dijo negando con la cabeza ante tal ilógica testarudez.

—Emery tiene que tener mucho cuidado —meditó frunciendo el ceño un poco, preocupándose por su amigo—. Pasan cosas muy raras este año. Empezando por la estúpida radio y luego lo de los pollos y el centauro… al parecer no va a ser tan tranquilo como tercero.

—Me pregunto si será la excepción que confirme la regla o tendremos suerte y los demás años serán tranquilos —comentó llegando al final del pasillo y comenzando a descender por las escaleras.

—Algo me dice que no vamos a tener muchos tranquilos —respondió, su boca se abrió en un bostezo y se frotó los ojos.

—Se acabó tu insomnio. Aún puedes dormir una hora si luego te apuras para desayunar —informó al verla.

—Quizá deba hacerlo, o me dormiré en Historia de la Magia —murmuró, aunque pensaba que iba a dormirse de todas formas, esa clase era como una nana.

—Es un buen lugar para dormir —contestó con aire de experto, lo era, esa clase le había dado las mejores siestas, no descansaba tan bien en su cama una noche entera como en esa clase.

Leyna rio y dijo la contraseña de la sala común. —Entonces creo que haré las dos cosas, tengo una cara horrible, seguro.

—No tanto —repuso como si no fuera nada importante.

Ella detuvo su camino a las escaleras de los dormitorios de las chicas, se dio la vuelta y volvió a dejar un beso en la mejilla de Altais, sonriéndole con cariño.

—Gracias, por todo. Nos vemos luego en clase —se despidió y subió apresuradamente para aprovechar ese tiempo de sueño.

Altais alcanzó a pensar que dos besos en sólo unos minutos empezaba a ser preocupante, porque él aún no se había acostumbrado a que se los diera. Agitó la cabeza en la solitaria sala para despejarse más fácilmente y subió las escaleras para darse una ducha, tomar la primera dosis de poción y leer los minutos que restaran antes de poder ir a por el desayuno.

-o-o-o-

—¡Tenemos que ir a Honeydukes! ¡Quiero varitas, varitas! —anunció emocionado Emery mientras salían del colegio para la primera salida a Hogsmeade.

—No lo digas muy alto con ese deseo o creerán que golpeas para otro lado —bromeó Teddy llegando a ellos en ese momento—. Ahora os alcanzo en Zonko, tíos —dijo a los amigos con los que estaba yendo.

El castaño se llevó las manos a la boca. —¡Pero qué pervertido, Teddy! —lo recriminó y tapó las orejas de Chealse—. No espantes a pobres inocentes que no tienen la culpa de tu perversión.

—Deberías darme las gracias por avisarte y proteger tu propia inocencia —replicó con diversión.

—Yo no me voy a asustar, Emery —aseguró la Hufflepuff mirándolo aunque sin soltarse de su agarre, sonriendo divertida.

—Pero, pero… no puedo dejar que te pervierta, Chealse, ¡a mi compañera de clase de criaturas favorita! —exclamó levantando los brazos.

—Necesita regaliz, se le acabó anteayer —aseveró Altais.

—Deberías haberme pedido, mi madre me mandó muchos —le dijo la chica de la casa de los tejones.

—Lo tendremos en cuenta para la próxima vez que surjan sus molestos síntomas de abstinencia —dijo Altais.

—Vivir sin regalices es horrible, no lo comprendéis —se defendió Emery y miró a Teddy—. ¿Sólo viniste a salvar mi inocencia?

—Obviamente —contestó medio riendo por toda la discusión.

—Pues yo quiero plumas de azúcar, se me acabaron también y las clases se hacen mucho más largas —dijo Zaniah—. Como íbamos a venir, me esperé porque mi madre no sabe elegirlas bien.

—Otra que está falta de azúcar —negó con la cabeza Leyna—. Yo necesito plumas de verdad, y… quiero pasar por la tienda de quidditch porque sacaron unos nuevos guantes de piel de dragón, y mirar los libros nuevos.

—Por muchos guantes que te pongas, no vais a ganar el próximo partido —la molestó Teddy.

—Leyna atrapará la snitch antes que vuestro buscador —aseguró Emery orgulloso.

—Sí, ya te dije que este año íbamos a ganaros —concordó la chica sacándole la lengua.

—No importa si la atrapas, os vamos a machacar —aseguró el mayor.

—No vais a tener tiempo ni de decir quidditch —repuso ella.

—Ya lo veréis, prepárate para llorar —la retó Teddy.

La rubia negó con la cabeza. —Lo veremos —afirmó y miró a Altais—. Vas a venir conmigo a la librería, ¿verdad?

—Sí, en cuanto me libre de este —contestó el aludido.

—"Este", me llamó "este". Altais, ¿cómo puedes hablar así con lo que yo te quiero? —Teddy fingió tristeza a la vez que pasaba una mano por los cabellos de tinta, revolviéndoselo.

Altais miró al cielo reuniendo paciencia. —Simple, te adosas como un parásito.

—Si insistes, nunca más te soltaré —dijo apretándolo más.

El más bajo decidió que aquello de pasarle las cosas por ser familia tenía un límite, necesitaba aire, se liberó y devolvió su pelo a su estado original.

—A veces pierdes el norte.

Teddy soltó una carcajada. —Vale, vale, no espachurrarte, hecho. Bueno, mejor me voy a por material a Zonko. Hasta luego —se despidió, al pasar junto Altais volvió a revolverle el pelo con una sonrisa traviesa.

—¿Puedo ir yo también a la librería con vosotros? —pidió Chealse acercándose a Leyna.

—Claro, ¿verdad, Altais?

—No veo por qué habría de pedir permiso —contestó el chico.

La de pelo castaño sonrió dulcemente. —Porque igual preferíais estar solos —explicó tranquilamente ante la sorpresa del resto.

—No, para nada —contestó Altais, aunque algo descolocado por sus palabras.

Ella asintió. —Igual no lo saben aún —meditó para sí y miró a Zaniah y Emery buscando algo de comprensión en ellos. Su compañero de criaturas estaba igual de perdido que los aludidos.

—¿El qué no saben? ¿Hay algo en la tienda? —indagó Zaniah en voz baja.

Chealse negó con la cabeza y sonrió con condescendencia a todos. —Ninguno sabe… no importa, pronto se sabrá —aseguró.

Llegaron al pueblo y fueron directos a Honeydukes, al instante se separaron para ir cada uno a por su principal objetivo antes de curiosear el resto: Emery a por sus varitas de regaliz, Zaniah a por sus plumas de azúcar… y Altais a por sus ranas de chocolate.

—¿Qué cromo te tocó? —preguntó Leyna al verlo comer una de las ranas de chocolate en el exterior de la tienda, ella había cogido una bolsa con plumas de hierbabuena y unos osos de gominola.

—Harry Potter —contestó con cansancio, a esas alturas le habían salido cientos de esos, por suerte no era de los que guardaban los repetidos.

—Siempre salen esos —concordó y le ofreció un oso de gominola—. ¿Quieres? Son nuevos, van cambiando de sabor de fruta conforme los masticas.

—Tal vez después, ahora tengo el sabor del chocolate —denegó la oferta e inconscientemente se lamió el labio inferior, mientras llenaba una bolsa con caramelos explosivos.

Ella siguió el recorrido de esa lengua antes de darse cuenta de lo que hacían sus ojos sin su permiso, carraspeó y centró su mirada en un punto lejano.

—Chealse se ha ido con unas amigas de Hufflepuff que necesitaban ayuda con algo… no me dijo bien qué —explicó—. Podemos ir cuando quieras.

—Vale, diablillos de pimienta, sapos de menta y estoy listo —contestó Altais, girándose para ir a por lo siguiente de su lista para cubrir sus necesidades de azúcar.

—Te espero aquí —contestó siguiendo con sus osos.

Avisaron a sus amigos de que se marchaban y en la librería el tiempo voló moviéndose entre las estanterías sintiéndose como en casa, comentando libros que uno y otro había leído y recomendándose los mejores. Estimando cuánto iban a gastarse, decidieron que era suficiente o no volverían a comprar dulces en lo que les restaba de año. Pagaron, encogieron los libros y fueron a reunirse con sus amigos a las Tres Escobas.

—¡Por fin os han liberado los libros! Llevamos dos cervezas —les dijo Emery cuando se acercaron a la mesa en la que estaban sus amigos.

—No pienso levitarte hasta Hogwarts —advirtió Altais tomando asiento después de haber pedido las cervezas para ambos en la barra.

—Yo tengo mucha resistencia —aseguró el chico alzando la barbilla orgulloso de sí mismo—. ¿Habéis conseguido que os quedara dinero para las cervezas? Es algo increíble.

Leyna bufó. —No somos unos gastadores compulsivos.

—Yo no estaba preocupada, ya tienen el traje para el Baile de Navidad, que es lo importante —dijo Zaniah.

La rubia rodó los ojos. —Eso no era tan importante, ya tenía vestidos de fiesta.

—Ya lo creo que lo es, así no tenéis excusas para faltar. Ninguno de los dos —concretó con una sonrisa, había conseguido que Emery le hiciera de espía en ese menester; era la mejor.

—Eso no quiere decir que vaya a permanecer más tiempo del necesario para cenar algo —objetó Altais.

—Y un baile, es reglamentario —dijo Zaniah con vehemencia—. ¿Habéis buscado pareja? —preguntó emocionada.

Altais soltó un suspiro, resignado y se giró hacia Leyna. —¿Me acompañarías al baile, Leyna? —pidió formalmente, tendiéndole la mano.

La chica lo miró un tanto sorprendida, sus mejillas se sonrojaron un poco sin que se diera cuenta.

—Sería un placer… Altais —contestó del mismo modo educado y aceptó la mano ofrecida.

Emery sonrió divertido y se inclinó hacia Zaniah. —Se sonrojó —susurró sólo para la chica.

—Altais es apuesto cuando se lo propone —suspiró—, pero sería mejor si no lo dijera con esa indiferencia —torció un poco el gesto.

Altais hizo un asentimiento, estando sentado era lo más cercano a la reverencia convenida. —Bien, en ese caso, solucionado —dijo soltando la mano y bebió de su jarra.

—Sí… solucionado —concordó la rubia recomponiéndose—. ¿Y tú con quién vas? —le preguntó a su amiga.

—Con Anthony McBlair, el guardián de Ravenclaw —respondió emocionada—. ¿A que es súper guapo?

Leyna asintió sonriendo de lado. —Mucho, creo que es uno de los más guapos del colegio —concordó—. Aunque creí que irías con Emery —agregó mirando al chico.

—No, yo voy con Patty Laurence, de Gryffindor —contestó el chico.

—Se tuvo que resignar a encontrar otra cosa —explicó Zaniah.

—Perdona, pequeña, pero Patty es preciosa, mucho más que cierta Slytherin —aseguró el castaño—. ¿A qué sí, Altais?

—Así sin más referencia no sé quién es, ¿es de quinto? —preguntó el chico.

—No la conoce, porque no es tan preciosa y perfecta como yo —aseguró Zaniah, presumida.

—Es una chica de quinto —confirmó Leyna—. Esa chica que suele venir a la biblioteca y siempre se sienta cerca de la estantería de Herbología —le explicó.

Altais se detuvo a hacer memoria. —Pelirroja, con los ojos café y boca pequeña, siempre masca regaliz cuando Madame Pince no mira —asintió conforme por recordarla.

—¡Ella! ¿A qué es preciosa? —volvió a preguntar Emery aplaudiendo por estropear un poco la teoría de Zaniah.

—Es guapa —concedió—. ¿Pero a ti te gusta ella o saber que sabe a regaliz? —lo picó.

Emery abrió y cerró la boca varias veces antes de encogerse de hombros. —Que sepa a regaliz es un gran punto a su favor —confirmó.

Leyna rio dando un sorbo a su jarra de cerveza. —Te ha ganado una chica por comer regaliz —picó a su amiga.

—No es como si yo quisiera besarle —arrugó la nariz, Emery era sólo su amigo—. Y eso sólo quiere decir que su gusto por el regaliz gana al de las chicas —dijo con cierto desdén—, tiene una obsesión. Traté de ayudarlo, pero no quiere admitirlo para poder curarse.

—No necesito que nadie me cure —repuso el chico—. ¿Qué vais a hacer en navidad? Ninguno nos quedamos en el colegio, supongo.

Zaniah le dio un beso en la mejilla, para que no se enfadara. —En mi casa hacemos una fiesta de Navidad y creo que este año mi madre consiguió invitaciones para la del Ministerio de Año Nuevo —explicó emocionada.

—Nosotros celebramos la Navidad con los amigos de mi madre, Draco, Theo, Blaise… creo que este año Draco viene con Astoria y Scorpius —comentó Leyna arrugando la nariz ante la mención de la esposa de su tío, aunque sí le hacía ilusión ver a su pequeño primo—. Y en Año Nuevo vamos a casa de mis abuelos paternos, hacen una fiesta pequeña.

—Es una pena que nos coincidan las fiestas familiares, ya me lo dijo Pansy —comentó Zaniah—, pero nos veremos el día después de Navidad —la consoló con una sonrisa brillante.

—En el Callejón Diagon —confirmó ella, esa vez se lo había contado su madre antes—. Tengo un buen regalo para ti —la chinchó un poco.

Zaniah abrió la boca. —Vale, pues yo tampoco te digo tu regalo, es fantástico y precioso y tendrás que esperar nueve días.

Leyna rio, aunque se estuviera muriendo de ganas por saber ella era capaz de ocultarlo perfectamente, al contrario que su amiga.

—Me parece bien —contestó poniéndose en pie—. Voy a ir a la tienda de plumas y pergaminos, ¿venís?

—Sí, y volvemos antes de que anochezca —aceptó Altais mientras pensaba en sus propias vacaciones, no tendrían nada nuevo: la Navidad la pasaban con sus abuelos, después en su cumpleaños su casa era invadida por familia y amigos de sus padres por igual hasta los topes, y en Nochevieja se quedaba con su padre practicando, aprovechando la tranquilidad en comparación con el día anterior y que su madre iba a la fiesta del Ministerio, no comprendía por qué su padre seguía excluyéndose de la sociedad, pero ese día no se quejaba, le venía bien.

En la tienda de plumas estuvieron bastante rato hasta que todos compraron los materiales que necesitaban, o con los que se habían encaprichado. Cuando salieron casi estaba empezando a anochecer así que se dirigieron de vuelta al castillo.

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—Mierda, digo vómito, ¡puaj! Dime que tienes una rana de chocolate —dijo Teddy a Altais caminando por los pasillos.

—Eso te pasa por comer grageas —dijo buscando en sus bolsillos por una de sus preciadas ranas, la abrió y cuando vio que su primo seguía retorciéndose de asco se apresuró a atraparla en el salto.

—Gracias —dijo cogiendo su mano y así acercando la cabeza de la rana a su boca. Se relamió y suspiró—. Menos mal… Qué haría sin ti —bromeó cogiendo el resto de la rana con la mano y volviendo a pasar un brazo por sus hombros.

—Qué bonito, como una gragea de vómito, ¿verdad, Yuni? —dijo Alya Vasier llegando desde un pasillo lateral.

La Ravenclaw asintió tranquilamente. —Son una pareja muy cariñosa —comentó la chica morena—. No me extraña que sean famosos.

—No sé qué mierdas está contando esa radio o vosotras, pero dejar a Altais en paz de una jodida vez —dijo Teddy, estaba un poco cansado de que se metieran con su familia.

—Cuánto amor. Esto me resuelve si tenía alguna duda sobre quién va abajo —dijo la chica de Slytherin mirando a Altais.

—Esas cosas privadas no hace falta que las sepamos, Ayla —protestó la morena, aunque se vio que no era para nada por la supuesta intimidad de la pareja, sino por el asco que le causaba.

—A saber qué más hacen, ya sabíamos esa afiliación por los primos, pero esto es un nuevo nivel de degeneración —agregó la otra con repulsión.

—Creía que había dejado claro a Higgs lo que pasaría si no respetaba los límites —amenazó Altais.

—¿Qué pasa, víbora, te tragaste tu propio veneno? Pareces desesperada por un poco de atención —dijo Teddy soltando a Altais y sacando la varita.

—El pequeño bastardo y el hijo del lobo, qué miedo —se carcajeó Alya también sacando la varita.

—¡No te atrevas a decir nada contra mis padres! —gritó Teddy.

—Quizá no acepta que su padre era un lobo —meditó Yuni, imitando a su amiga al sacar la varita, vaticinando una lucha.

—¡Teddy, Altais! —Leyna llamó su atención, se estaba acercando a ellos a paso rápido junto con Chealse.

La Hufflepuff no dudó ni un segundo en ponerse delante del Gryffindor, colocando suavemente su mano sobre la que sujetaba la varita de él y dedicándole una suave sonrisa tranquilizadora.

—Ellas no merecen la pena —susurró con su voz tranquila.

—No, pero tampoco tengo porqué seguir aguantando su veneno —replicó aún enfadado.

—Ven a jugar, gatito, o te da miedo el tejón —se burló Alya—. No debes tener suficiente con él, ¿verdad?

Chealse las ignoró, pero cuando vio que el chico se cabreaba más puso la otra mano en su mejilla y acarició suavemente.

—Quieren que ataques y te castiguen —le aseguró sin modificar el tono de su voz—. Si las ignoras les harás más daño, ellas sólo quieren hacerse las importantes provocando. ¿Vamos a por un trozo de tarta a las cocinas? Los elfos las hacen deliciosas —le preguntó con una gran sonrisa.

Teddy se dividió, ella tenía razón, pero también estaba harto por ese año y los demás en los que no habían parado de arremeter contra Altais, una y otra vez, no sólo porque fuera con Leyna, sino por sí mismo sin ninguna razón.

—Vámonos —aceptó bajando la varita y girándose de sopetón antes de que cambiara de idea—. Altais, venga —dijo cogiéndolo de la manga, si él estaba furioso a saber cómo estaba su primo a quien nada lo sacaba tanto de sus casillas como que atentaran contra su familia.

—Huir a revolcaros —dijo Alya con desprecio.

—Sois unas personas horribles —aseguró Chealse antes de seguir a los chicos, sin alterarse, no era bueno hacerlo en ese momento.

Leyna miró a las chicas con odio sincero en sus ojos, pero también siguió al resto, aunque sentía que en cualquier momento podría partir su varita en dos de la fuerza que estaba ejerciendo. Chealse los guio frente al cuadro del frutero, hizo cosquillas a la pera y las puertas de las cocinas se abrieron. Ella saludó a los elfos amistosamente y guio a sus amigos a una mesa.

—Ahora nos traerán pastel para todos —informó y acarició el pelo de Teddy—. Seguro que tus padres están muy orgullosos de ti —le dijo con sinceridad—. Te ganaste mucho chocolate.

El chico esbozó una pequeña sonrisa, su pelo era castaño pajizo como el de su padre, su verdadero color, aunque no solía llevarlo así.

—Gracias, Chealse —suspiró y se pasó una mano por el pelo—. ¿Qué demonios le pasa al colegio? ¿Habéis echado regaliz picante en el desayuno? —preguntó a un elfo que se acercaba a dejar una tarta de melaza.

—No, señor, los elfos nunca hacer eso, ser buenos elfos, señor —aseguró el pobre elfo afligido.

—Pues no me lo explico —comentó recuperando un poco su sonrisa traviesa a costa del elfo.

—Es esa radio —contestó Leyna sentada al lado de Altais—. Inventa cosas absurdas. Dijo que vosotros sois pareja… no le hagáis caso —explicó.

—Sí, fueron bastante explícitas —dijo Teddy—. Aun así han perdido toda la vergüenza, quien sean las cobardes que se esconden tras la radio. Hay que destaparlas.

La chica rubia asintió partiendo un trozo de tarta pequeño para ella y otro para su compañero de casa.

—Creo que a estas alturas es bastante improbable que se trate de Higgs y compañía, no sería tan tonto como para esparcir esos rumores y ser el primero en atacarnos con ellos —meditó.

—Su estupidez es discutible —habló por primera vez Altais, que había seguido rumiando su rabia—, pero por eso mismo no puede ser él, no tiene suficiente inventiva, y esta última no pega con él. Nunca se les ha ocurrido atacarte a ti también, eres prácticamente un Potter, no tiene sentido —razonó.

—Ser ahijado de Harry no me da inmunidad…

—Claro que sí, Teddy, él es el héroe, un símbolo de paz y luz, hay gente muy susceptible —lo corrigió.

—Exageras.

Leyna negó con la cabeza. —No exagera —aseguró—. No queremos decir que ser ahijado de Harry te libre de todo, pero mucha gente sacará la cara por ti en algo como esto, es casi estúpido soltar un rumor así sabiéndolo, por eso no puede ser alguien como Higgs, enseguida lo señalarían y él no quiere ser el malo de todo esto —explicó el punto.

—Pues se esfuerza bastante por lo contrario —comentó Teddy medio aceptando la explicación.

—Porque tampoco es una buena persona, como los de esa radio molesta —intervino Chealse—. Unas chicas de mi casa estuvieron hablando sobre quién podía ser, pero no acertaron. Aun así intentaré saber más cosas también.

Todos asintieron aceptando hacer lo mismo.

—Bueno, quítate ese aura tan negra y dame un beso, amor —bromeó Teddy para romper la tensión.

—Payaso —murmuró Altais lanzándole un trozo de tarta antes de pensar que eso no era tan adecuado, que no estaba en una reunión de la Orden.

Teddy devolvió el ataque y ambos sonrieron, siendo una batalla de dos, sin darse por la fuerza de la práctica, hasta que un disparo se desvió hasta dar a Leyna. La Slytherin los miró largos segundos antes de estirarse para coger un trozo de tarta y estamparla en el pelo de Teddy. Con eso se convirtió en una batalla campal de la que no se libraron ni los elfos domésticos.

Continuará…

N/A: Mekare: Tensión sexual: ON. ¡Teddy/Altais ya! Ups, se me escapó la vena slasher.
Little Owl: Perdonarla, a veces la posee su gemela malvada, seguro que Altais ya la metió en vereda. En cualquier caso, Teddy es amor y lo queremos *.*