Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. Nadie gana ningún beneficio económico con esta historia.
Capítulo 3
Se despertó como siempre para ir a entrenar, pero al incorporarse se tapó la boca y volvió a tumbarse, se sentía empachado, como si acabara de tragar la comida de toda una mesa del comedor. No podía moverse, se sujetó el estómago como si creyera que podría explotarle. Se sentía cansado, como siempre, pero con esa hinchazón sin sentido no podía ni dormir. Cogió un libro, pero al poco lo dejó, no había nada como sentirse mal del estómago para quitar hasta a un lector empedernido las ganas de leer. Los minutos pasaron muy lentamente hasta que se acercó la hora de levantarse e hizo un esfuerzo, prefería entrar el primero al baño a que luego le metieran prisas, tal y como se sentía, no estaba para prisas.
Se duchó despejándose un poco, se vistió y cogió la poción para aliviar el sueño, la tragó y tuvo que ponerse una mano en la boca para no vomitar, el sabor horrible y el hecho de que su estómago no aceptaba ni un trago de agua no era una buena combinación.
Preparó su cartera con los libros de la mañana y con su lentitud Emery lo alcanzó cuando llegaba a la sala común.
—No tienes buena cara hoy —le dijo el chico mirándolo con ojo crítico—. ¿Enfermaste?
—No sé, es como si me hubiera poseído el espíritu de Milena Fauler después del banquete de Navidad para sufrir sus consecuencias —contestó Altais, en referencia a una compañera de Hufflepuff.
—Eso es horrible, tenemos que ir a la enfermería ahora —lo instó preocupado.
—Esperaba que se me pasara, pero será lo mejor —concordó.
—Sí, seguro que Poppy te da una poción y se te va en un periquete, y luego a descansar, ya te pasará Leyna los apuntes —contestó con seguridad sobre todas y cada una de sus palabras.
—Tengo Aritmancia y no voy a saltarme las clases —repuso el chico, como si la mera idea de faltar a clase fuera un disparate.
—Pero esa es más tarde, puedes descansar antes —replicó Emery.
—No me sirve de nada descansar —objetó, deteniéndose en las escaleras móviles para hacer el hechizo en sus pies, sólo le faltaba caerse por un escalón bromista.
El otro desestimó sus palabras con un gesto y a pesar de que él hubiera puesto ese hechizo, subió los escalones al mismo tiempo que él para evitar sorpresas. Llegaron a la enfermería y Taneeh tumbó en la camilla a Altais. En el fondo había un grupo de chicas que parecían histéricas, bastante, como si hubieran presenciado algo horrible.
—Tómate esto, vas a quedarte aquí al menos unas dos horas —le dijo la enfermera sin posibilidad de réplica.
Aun así Altais lo intentó. —¡Dos horas! Tengo clase en una hora, es sólo un simple empacho, usted lo ha dicho.
—¡Estaban muertas! ¿No lo entiende? ¡Muertas! —chilló una chica.
—Tranquilícese y tómese la poción, señorita Pontier —acortó Madame Pomfrey.
—Había sangre y plumas por toda la lechucería —replicó la chica.
—Ya la he escuchado al igual que la directora, y repetirlo no servirá de nada. Beba o tendré que ayudarla a hacerlo —dijo la enfermera, severa.
La chica bebió y se echó a llorar. —Mi pobre Esponjoso.
Emery frunció el ceño al escuchar a las chicas. —¿Qué ha pasado?
—Las señoritas fueron a la lechucería, alguien ha atacado a las aves, algunas no están y hay sangre y plumas por todos lados —explicó la joven enfermera—. Dos horas, señor Black, haberlo pensado antes de comer demasiado —repitió antes de alejarse para ayudar a Poppy.
A Altais se le cayó el alma a los pies al pensar que su lechuza podría estar muerto y trató de incorporarse, pero Emery lo paró.
—Tengo que comprobar que Blane está bien.
—Iré yo, pero tú te quedas aquí cumpliendo con las órdenes de la enfermera —replicó el de pelo castaño.
—No voy a descansar de todas formas, menos ahora —discutió Altais—. Déjame ahora que están distraídas.
Él negó con la cabeza. —Vendré antes de que digas quidditch —le aseguró antes de girarse para salir de ahí e ir a la lechucería, también tendría que avisar al resto de sus amigos de ambos sucesos.
Altais apretó los labios y esperó, pero si Emery no volvía antes de clase allí sería donde se verían.
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—Altais —Leyna lo llamó y le cerró el libro que tenía en las manos—. Coge la escoba y ven conmigo —ella ya iba con su uniforme de quidditch puesto y su propia escoba en la mano.
El chico frunció el ceño, no le hacía gracia que le cerraran el libro ni que le dieran órdenes.
—Estoy leyendo, Leyna —contestó volviendo a abrirlo y buscando la página en que se había quedado.
—Llevas casi en el mismo capítulo toda la tarde —repuso ella y sonrió un poco—. Necesitas distraerte, demasiadas cosas en poco tiempo. Venga, lo pasaremos bien —le prometió.
—Es un capítulo complejo —se defendió, aunque sí había estado pensando en la radio y en la bestia que andaba suelta y que con lo de las lechuzas temían que hubiera entrado en el castillo—. Y tú lo que quieres es conseguir algún tipo de revancha por el duelo… los duelos.
—¿Estás admitiendo que te ganaría en el quidditch? —preguntó ella sonriendo de lado.
—No, sólo admito que tendrías alguna posibilidad en un juego de buscadores —la corrigió.
Ella rio y negó con la cabeza. —Yo creo que te ganaría con facilidad —lo picó un poco.
—Es una suposición errónea.
—¿Seguro? Deberías demostrármelo —contestó tentándolo a unirse al juego.
Altais se quedó mirándola unos segundos. —Si me dices la verdadera razón de tu insistencia te daré el gusto.
Leyna lo miró largos segundos y suspiró. —Está bien… creo que estos días han pasado muchas cosas, a ti sobre todo y que te vendría bien desconectar, además yo también necesito salir a jugar sin preocupaciones, sin seguir un entrenamiento fijado —confesó encogiéndose de hombros, la verdad era que estaba preocupada por él, mucho.
—Sé lidiar perfectamente con mis problemas —dijo en primer lugar y después se levantó—. Pero dije que lo haría así que no me queda otra. Ahora bajo.
Bajó con el equipamiento de quidditch ciñéndose a su cuerpo y la escoba en la mano y salieron juntos de la sala común rumbo al campo de quidditch, esperando encontrarlo vacío.
—Todo nuestro —sonrió ampliamente Leyna cuando llegaron al campo con la caja en la que guardaban el juego de pelotas.
—¿Por qué no cogiste sólo la snitch? ¿Acaso te atreves con otro juego? —preguntó, él había estado esperando fuera mientras ella iba a por lo que les faltaba.
—A ti te gusta jugar de cazador, podemos variar de juegos —confirmó sonriendo—. Aunque me hagas morder el polvo, ya me acostumbré.
—Ahora el polvo te queda un poco más abajo —bromeó.
—Entonces espero que seas un caballero y me atrapes antes de que me estampe contra el suelo —le siguió la broma sacando la snitch—. ¿Listo?
—Dejaré que se aleje y la pierdas de vista —aceptó, sus reflejos eran cada vez mejores, aunque luego fuera más difícil encontrarla sí podría atraparla al soltarla antes de que se elevara fuera del alcance de sus dedos.
Ella rodó los ojos y soltó la snitch, ambos esperaron a perderla de vista para alzar el vuelo y ponerse a buscar a la pelota dorada.
—¡Al mejor de tres! —gritó Leyna mientras se movía por el campo.
—Como quieras —dijo haciendo un tirabuzón en el vuelo para entretenerse, por eso prefería ser cazador, ya que subía a una escoba quería acción.
Unos minutos después Leyna se lanzó en picado hacia algo que había visto, con una sonrisa de satisfacción y a gran velocidad. Altais en ese momento había estado volando boca abajo y se apresuró a seguirla, pegando su cuerpo pequeño a la escoba para ganar velocidad, aunque con la musculatura creciente no tenía tanta ventaja como antes respecto a Leyna. La rubia estiró el brazo para atrapar la pelota y él tiró del cepillo para retrasarla y sobrepasarla mientras se volvía a estabilizar, logrando atrapar la bola dorada a pocos centímetros del suelo, y volvió a elevarse con una sonrisa traviesa.
—Uno a cero.
—Has hecho trampa —protestó la chica con el ceño fruncido y cruzándose de brazos—. ¿Tanto tiempo sin jugar se te olvidó que está prohibido coger del cepillo? —replicó.
—Blagging, sí. ¿Y, quién va a sancionarme? Tendrás que ser más rápida la próxima vez —la retó abriendo la mano para liberar la snitch.
La chica bufó y salió disparada hacia el lugar por el que se había ido la snitch, no iba a dejarse vencer tan fácilmente. Esa segunda ronda también fue reñida, esa vez la divisaron casi a la vez y se encontraron a la par casi todo el trayecto, tratando de empujarse mutuamente para desviarse del recorrido que estaban siguiendo, girando bruscamente en algunas ocasiones cuando la snitch iba por un camino diferente al que habían esperado, tan concentrados como estaban en el otro.
Bajaron en picado hasta el suelo y siguieron recto con sus pies casi rozando el suelo. Leyna estiró la mano un segundo antes de volver a sujetar el palo de la escoba, aún no llegaba. Se mordió el labio inferior con fuerza y esperó al siguiente giro de la pelotita para empujar a Altais con un pie, y a la vez darse impulso para atraparla.
—Uno a uno —dijo orgullosa.
—Has hecho trampa —la acusó imitándola en cada gesto.
—¿Acaso me vas a sancionar? —lo imitó también divertida.
—Tal vez —contestó—. Vamos, suéltala, no pospongas lo inevitable, el polvo te espera.
—Esta vez vas a morderlo tú, Black —aseveró ella soltando la snitch por tercera vez.
La pelotita dorada tardaba en aparecer y por matar el tiempo Altais se lanzó a un lado como si la hubiera visto, cuando Leyna lo siguió él se detuvo y le sonrió burlón.
—Crédula como una Hufflepuff de primero —dijo negando con la cabeza.
—Slytherin mentiroso —lo acusó ella volviendo al centro del campo—. Y arrogante.
—Qué susceptible —comentó volando boca abajo a su lado, a base de fuerza de brazos y piernas—. ¿Qué hacéis los buscadores para no aburriros mientras esperáis que aparezca?
—Mirar el juego de los otros, hacer piruetas, pavonearnos también es una buena opción, se te da bien —le dijo sonriendo de lado al verlo así, esos músculos tensándose por el esfuerzo.
—No me pavoneo —objetó en primer lugar, antes de retomar la conversación—. Pero si te distraes demasiado con lo que hacen los demás puedes no darte cuenta de que la snitch te sobrevuela por detrás —añadió realmente interesado en cómo aguantaban eso los buscadores, él lo había intentado las primeras veces, pero se había pasado a cazador sin ninguna pena.
—Parte del arte de ser buscador es poder estar atento a varias cosas al mismo tiempo —explicó ella, haciendo un looping hacia atrás y cuando estuvo de nuevo enderezada giró a la derecha rápidamente hacia un brillo dorado.
Altais la siguió aunque un poco por encima, y se concentró en llegar a alcanzarla. Vio a Leyna estirar el brazo casi tocando la snitch en tanto él estiraba el brazo hacia ella, atrapó la capucha y se inclinó hacia delante y hacia un lado para no impactar contra la chica al tiempo que le calaba la capucha hasta los ojos y continuaba persiguiendo la snitch con esa ventaja. Cuando jugaba a eso con Teddy pasaban más tiempo entretenidos en hacerse esa clase de bromas e inventar otras nuevas que en perseguir realmente la snitch.
Leyna protestó aunque sin detenerse, movió la cabeza y se sacudió la capucha para poder seguirlo mejor. Pegando todo su cuerpo al palo de la escoba evitando la resistencia del viento. Se colocó justo debajo de él, mirándolo mal un segundo. En un giró ascendió y se interpuso en el camino de Altais sonriendo ampliamente. Pero el chico no se detuvo, sólo redujo la velocidad en el último momento para que no fuera un choque real, cogió con una mano el palo de la escoba de Leyna y les hizo dar una giro, volando juntos por unos segundos antes de empujarla sonriendo libremente y alejarse. La snitch se había perdido de nuevo.
La chica sonrió divertida y fue tras él, olvidándose de perseguir y buscar la snitch. Hizo algunos giros en espiral antes de alcanzarlo y lo rodeó, poniéndose de frente a él, cogiendo el extremo de su escoba y obligándolo a volar hacia arriba volviendo a quedar pegados.
—Yo también sé jugar a esto —le dijo casi riendo antes de cambiar la dirección y hacerlos bajar con giros sobre sí mismo.
Altais hizo giros bruscos hasta que se soltó y pasó delante de ella pasándole el cepillo de la escoba por delante de las narices.
—No lo creo, tú querías jugar con normas y tu preciada snitch—objetó.
Leyna se detuvo para recuperarse un poco de los giros antes de volver a seguirlo, alcanzándolo y poniéndose a la par que él.
—No me importa la snitch, así es más divertido —contestó sacándole la lengua.
—Esas palabras son el principio del fin de un buscador —advirtió Altais.
—No voy a dejar de ser buscador, ¿cómo sino íbamos a ganarles a los Gryffindor? —dijo con cierta altanería.
—El último partido estuvo muy ajustado, dos tantos más y habríamos perdido con snitch o sin ella. Eres un poco lenta —la molestó para bajarle los humos.
—Igual lo que necesitamos es un cazador mejor —repuso ella girando sobre sí misma una vez.
—Sin duda, lástima que no dispongáis de ninguno en el equipo —dijo lanzándose hacia adelante y tirando de ella para que diera otro giro antes de seguir su camino.
Ella negó con la cabeza y divisó de nuevo la snitch, lanzándose en ese instante a por ella y consiguiendo atraparla. Cuando la dejaron en la caja decidieron jugar un partido improvisado, sólo con la quaffle, hasta que ambos se sintieron agotados y descendieron, quedando uno al lado del otro, con la respiración acelerada y tumbados sobre el césped.
—Admite… que fue… mucho mejor que… quedarse leyendo —le dijo Leyna girándose para mirarlo, levantando un poco su camiseta para que entrara algo de aire.
—Fue entretenido —concedió quitándose las protecciones y apartando la túnica para quedar sólo con la camiseta, los pantalones y las botas, aunque sólo era principios de marzo tenía calor, ya se preocuparía de abrigarse cuando sintiera frío, y esas prendas se pegaron a su cuerpo como una segunda piel por la transpiración, en tanto sus ojos se detuvieron unos segundos en la piel que descubría Leyna con su método para refrigerarse.
La chica sonrió conforme y sus ojos pasearon por los fuertes brazos y el pecho de Altais, desearía que no fuera marzo para que no tuviera que taparse en un rato. Su lengua humedeció sus labios, sintiéndolos algo resecos por la respiración acelerada.
—Es un descanso, desestresante —comentó—. Desde que empezó este año todos lo necesitamos.
—Sí, ha estado bien, este verano no he jugado, sólo jugué con Teddy un día en las navidades. Volar siempre me ha parecido liberador, al principio jugaba con normas y el resto de la tribu, pero hace unos años comenzamos a jugar así los dos y es mejor, más propio de volar —confesó con una sonrisa cariñosa ante el recuerdo, Teddy era una de las escasas personas que podían conseguir que la formara en sus labios.
Ella se quedó prendada de esa sonrisa que no había visto en él hasta ese momento, haciendo que ella también sonriera. —Mi tío Draco es con el que más juego, él también era buscador y sabe hacerle un hechizo a la snitch para que no desaparezca más de cinco minutos. No he conseguido que me diga cuál es aún, dice que será su herencia —le contó tranquilamente riendo por lo último—. Mi padre también jugaba, pero de golpeador, y no tengo primos ni tampoco tuve muchos amigos de mi edad hasta que vine al colegio, así que él era con quien más me gusta jugar incluso ahora, me enseñó.
—Ahora ya no estás sola en vacaciones, tienes a Zaniah —bromeó.
Leyna soltó una carcajada. —¿Te imaginas a Zaniah haciendo piruetas en el aire para atrapar una snitch o huir de una bludger? Imposible —aseguró aún medio riendo—. Solemos ir de compras y fiestas y también hablar de chicos… esas cosas.
—Ya… sólo lo decía por lo de estar medio sola, se le rompería alguna uña y se acabaría el juego.
La chica sonrió asintiendo ante lo último. —La verdad es que me alegro de que venga en vacaciones, aunque me gustaría más vivir en Londres y poder veros a todos aunque fuera algún día —confesó.
—Yo no estoy en Londres en vacaciones, nada o casi nada, pero Emery se alegraría. Así puedes descansar de morder el polvo —la molestó con esa sonrisa traviesa, provocadora, volviendo a sus labios.
La Slytherin lo miró para protestar, pero sus ojos se volvieron a quedar fijos en esos labios, a esas alturas negar que le gustaba Altais sería una tremenda tontería, ya había empezado a sospecharlo en el baile de Navidad, también cuando compró ese valioso ejemplar de magia ancestral para su cumpleaños. Miró sus ojos y de nuevo los labios de él, segura de que estaban más cerca, pero no se alejó, su cuerpo se movió lentamente y antes de recuperar la cordura lo estaba besando despacio, de un modo inexperto, perdiéndose completamente con ese roce.
Altais la había visto acercarse, pero no se había visto capaz de hacer nada por impedir ese beso inminente, los labios le cosquilleaban con esa mirada verde acariciándolos y sus propios ojos quedaron prendados de los de ella. Aun así se sorprendió cuando al fin llegó ese roce, abrió mucho los ojos mirándola y aspiró con sorpresa, después todo en él se relajó, como cuando pasas días esperando un regalo anunciado y al fin lo obtienes y toda la tensión por la espera desaparece, aunque parecía más intenso, como si el cerebro se le hubiera ablandado o directamente apagado. Comprobó que seguía activo cuando entornó los ojos y movió sus labios experimentalmente bajo los de ella. Le gustó esa sensación placentera que apartó el frío de esa tarde de marzo que había comenzado a sentir, y repitió el movimiento para tener más de ello, al poco levantando una mano a la nuca de Leyna para asegurarse de poder tener tanto como quisiera.
Ella había sentido que su corazón volvía a latir cuando él respondió al beso, y cómo sus latidos se aceleraron con cada roce correspondido. Apoyó una mano sobre el pecho firme de Altais para tener mejor apoyo y no apartarse, al parecer él tampoco quería que lo hiciera a juzgar por esa mano en su nuca. Poco a poco ambos fueron cogiendo más habilidad en eso de los besos, sincronizándose para que sus narices no chocaran de un modo molesto y coger aire sin apenas separarse, consiguiendo así alargarlo mucho más. La chica se sentía como si estuviera montando en escoba y haciendo piruetas. Todo a su alrededor daba vueltas, aunque se había olvidado de todo eso y su mente sólo tenía ese beso y a Altais presente.
Por alguna maldad del universo se detuvieron, Altais no sabía qué, tal vez fuera esa fuerza de Hogwarts que iba contra él, sus largas pestañas se alzaron y miró a Leyna lamiéndose los labios.
—Me besaste —dijo y al segundo se odió por unas palabras tan "inteligentes".
Leyna sonrió con las mejillas rosadas. —Y tú me respondiste —contestó con otra obviedad.
Altais asintió preguntándose si no podía besarla otra vez, quizás en la siguiente parada razonara mejor.
—Me gusta besarte, aún quiero —dijo sonrojándose inmediatamente después, más del leve sonrojo que le había sacado el calor del beso.
En los labios de ella quiso agrandarse más esa sonrisa al escucharlo. —A mí también me gusta besarte… me gustas, quiero que lo hagas —contestó apartando un segundo la mirada antes de volver a los ojos de él.
Él asintió, no le molestaba en absoluto complacerla en eso, la atrajo y volvió a besarla, repitiendo los movimientos lentos que le habían gustado antes y probando a tirar del labio inferior con los suyos, eso también le gustó y decidió agregarlo al repertorio, sobre todo cuando ella lo copió. El roce, la presión, era sublime, sus dientes arañaron levemente los labios de ella y cada vez quiso conocer más de la boca vecina.
Se separaron de nuevo con la respiración más agitada y los labios algo hinchados, Leyna se mordió el inferior un poco antes de incorporarse para quedar sentada al lado de Altais. Besarlo era demasiado bueno, pero algo dentro de ella estaba creciendo con cada roce y le daba miedo que eso no fuera lo mismo para ambos.
Altais no estaba conforme con la separación, el frío se lo decía, se incorporó en los codos y sus ojos la recorrieron por voluntad propia, aunque se quedaron en esos labios de los que ahora se le privaba. Su mente comenzó a darle vueltas a la idea y aún no analizaba todo lo que sentía, pero cuando llegó a una pequeña conclusión la comunicó.
—Voy a besarte más veces —era un hecho irrefutable y se incorporó para dejar de estar tan abajo— y no quiero que nadie más lo haga.
Leyna lo miró con sorpresa por esas repentinas palabras, aunque acabó frunciendo un poco el ceño, que hubiera parecido una orden la ofendía un poco bastante.
—No puedes simplemente ordenarme que no bese a otros —replicó, el orgullo venciendo al sentimiento cálido que le producía el sentimiento de esas palabras—. Si crees eso yo también puedo prohibirte que beses a otras.
Altais frunció un poco el ceño. —¿Acaso quieres besar a otros?
—No, no quiero, sólo me gustas tú. Pero no puedes simplemente ordenarme al…
—El punto es que estamos de acuerdo, tú no quieres y yo tampoco —la cortó.
Ella abrió y cerró la boca un par de veces antes apartar un poco la mirada. —Yo tampoco quiero que beses a otras. Pero lo has dicho como si te perteneciera.
—Sólo me gustas tú, no soporto a nadie más de todas formas, así que… —meditó cómo suavizar ese sentimiento posesivo creciente, al menos estaba siendo sincero, creía que eso tenía que valer algo, mucho— quiero que seas más mía que de nadie más. ¿Está eso mal?
La chica no supo qué contestar a esa pregunta ya que ella también quería tenerlo para ella más que cualquier otra persona. Finalmente negó con la cabeza.
—No, no lo está —confirmó y lo miró—. ¿Eso quiere decir que quieres que sea tu novia?
Una parte de su mente le dio un golpe a la que había estado funcionado al recordar que esa era la forma en que se hacían esas cosas, se pedía salir y listo, todo más simple, sin malentendidos o bien entendidos que ofendieran a la otra persona.
—Sí, me gustaría salir contigo —dijo de un modo más amable ahora que había recordado las formas.
Leyna asintió, dándose cuenta de que realmente no sabía cómo funcionaba eso de salir con alguien.
—Sin nada de cursilerías —dijo, era lo único que sabía, que a ella no le iba eso de ir besándose delante de todos o decirse palabras empalagosas… demasiado dulce.
—Eso esperaba, por eso me gustas tú, no eres como Zaniah por ejemplo y el resto —dijo Altais, no había un "sólo" en esa frase, le gustaban más cosas y si ella quisiera se podría sentir única con la facilidad con la que excluía al resto de la población femenina.
—No es necesario todas esas cosas que no demuestran nada —concordó y lo miró con una sonrisa un poco ladeada—. Aunque… ¿está mal que quiera que sepan que estás conmigo?
—Sería el primer chisme certero que soltarían este año —bromeó, aproximándose a ella, ya habían hablado suficiente, ¿verdad?
—Mejor que lo sepan por nosotros, eso les daría credibilidad a las chismosas de la radio —contestó acercándose también a él, dejando sus labios muy cerca de los de Altais, rozándose.
Él no se contuvo y la besó, poco a poco haciendo que se inclinara hasta tumbarse y sonrió en el beso, le gustaba esa posición, aunque igualmente sostuvo su nuca, no era necesario para que no escapara. Se besaron hasta que el Sol ocultándose facilitó que el frío traspasara el calor de sus besos y decidieron recoger y buscar un lugar más resguardado que el campo de quidditch.
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Sentía como si estuviera flotando y a la vez atrapado, no le gustó esto último y se preguntó por qué había dejado de estar sólo flotando. Le costó tomar consciencia de lo que veía, aunque su visión era diferente, faltaban colores y a la vez había muchos más de los que esperaba en ese oscuro pasillo en el que sólo debería haber tonos de negro. Se sorprendió al ver a la señora Norris y se preguntó qué hacía ahí parado, agachado y medio escondido, debería largarse antes de que esa maldita gata fuera a avisar a su amo de algún modo inexplicable, más aún por el hecho de que el celador de Hogwarts era squib. Sin embargo, descubrió que hacía lo contrario, se lanzaba sobre ella con unas zarpas gigantescas por delante. Gritó ante el horror de lo que presenciaba, pero su grito no sonó como si se encontrara en el vacío, sólo podía verse clavar las fauces en el cráneo de la señora Norris, exhalar dejando salir un aliento verde y morado, virulento, sentir que la enfermedad se extendía por su presa en el último segundo de vida y entonces comenzar a devorarlo abriendo el vientre para comenzar con los órganos internos y seguir con el resto; sus fauces tan poderosas que trituraban los huesos como si fueran esos dulces de almendras y azúcar. Se sintió enfermo e impotente, no podía hacer nada, no podía ni dejar de mirar ahora que había despertado de su letargo.
Se observó acabar con la gata, dejando como prueba de sus actos un charco de sangre, una piel y un cráneo vacíos y destrozados. Vagabundeó por los pasillos, deteniéndose en puertas que le daban curiosidad y en el caso de que esa curiosidad fuera muy fuerte y el picaporte fuera una manivela en vez de un pomo era capaz de abrir la puerta sólo levantando la pata de pelaje plateado moteado con manchas negras circulares que encerraban un tono plateado más oscuro como las de un leopardo, pero no lo era, era algo mucho más grande y el color tampoco cuadraba.
Horas después regresó a la sala común por un pasadizo que desconocía, no aparecía en el Mapa del Merodeador, y que le habría venido muy bien las veces que la guardiana de la puerta de Slytherin no le abría la puerta. Esa bestia, fuera lo que fuera, subió las escaleras hacia los dormitorios y pese a su nerviosismo se preocupó por Emery, ¿y si lo dañaba? ¿Y si lo mataba como a la señora Norris? No obstante, pasó de largo las camas, la puerta quedó entreabierta contestando a su pregunta de por qué siempre la encontraba así, aunque antes había culpado a Higgs o a Sylvanus. Se tumbó en su propia cama, apoyó la cabeza en unas zarpas que no estaba seguro desde cuándo no podía ver, y los ojos de esa bestia se cerraron sumiéndole en la oscuridad.
En algún momento todo cambió y se descubrió allí tumbado, él con su cuerpo, capacitado para moverse, aunque en ese momento no quería hacerlo, sólo se encogió en sí mismo y lloró como hacía años que no lo hacía. No tardó mucho en caer rendido, ya estaba cansado y ahora sabía por qué siempre lo estaba.
Continuará…
N/A: Muchas cosas en este capítulo. ¡Love, love, love! Ya vais a ver que estos dos son peculiares, pero igualmente adorables. Y ¡voilá! El misterio se aclara un poco, pero ¿qué es ese bicho? Se aceptan apuestas.
