Adrien me miraba fijamente después de escuchar lo que le acababa de decir. Mi rostro se sonrojaba cada vez más. Mis manos comenzaron a temblar. ¿Por qué he dicho nada? Debería haberme callado y no haber dicho nada... Ahora seguro que no me toma por loca, pero nada asegura que todo vaya a continuar bien como si no hubiera pasado absolutamente nada.

-Yo... Lo siento mucho -escuché a Adrien comenzar a hablar -Ya tengo a alguien que me gusta desde hace un tiempo también... Podemos seguir siendo amigos si quieres -me miró esbozando una pequeña sonrisa apenada.

-No pasa nada, ya me lo esperaba, solo no quería que pensaras que te acosaba o algo peor -sonrío como si no hubiera pasado nada y me despido de él- tengo que entrar en casa, hay algunas pastas en el horno y no quiero que se quemen.

-¿No estás enfadada? -me mira aún más sorprendido.

-No, tranquilo, no pasa nada -sonrío y seguido entro en casa sin darle oportunidad a decir nada más.

Cojo unas galletas de la tienda y subo a la habitación para dárselas a Tikki. Una vez estoy arriba, me siento en la cama y comienzo a llorar desconsoladamente. Claro que no estoy enfadada, estoy destrozada. Sabía que el hecho de ser rechazada por la persona que amas dolía mucho, muchísimo. Pero jamás me imaginé que dolería tanto.

(Adrien)
Acabo de descubrir que Marinette está enamorada de mi y acabo de rechazarla... Me siento fatal. Si hubiera sabido que pasaría esto, no habría preguntado nada sobre las fotos mías. Al menos no parece habérselo tomado mal. Voy a casa y dejo las pastas sobre la mesa. Lo de que vendrían unos amigos de mi padre era mentira. Era una excusa para hablar con ella después de haberme deshecho del akuma con Ladybug y saber si estaba bien...

Suspiro y le doy un poco de queso a Plagg. Preferiría haberme quedado dentro del cuerpo de Ladybug. Sabría quien es my lady y no le habría hecho ningún daño a Marinette... ¿Por qué habré vuelto a mi cuerpo de repente? No lo entiendo...

-Ves a verla -dijo Plagg mientras comía queso.

-Debe de odiarme -suspiro.

-Ella no sabe que eres Chat Noir. Le irá bien hablar con alguien.

-Tienes razón... Yo le he hecho daño, pero aún así yo puedo ayudarla sin que sepa que soy yo -sonrío decidido -gracias Plagg. Últimamente me ayudas mucho a tomar decisiones.

-Porque veo que tú tomas malas decisiones. Además, al hacerlo me das más queso.

-Cuando volvamos tendrás tu ración extra de queso. Por ahora, Plagg, transforme moi -exclamo.

Una vez transformado, salgo por la ventana de mi habitación y voy lo más rápido a casa de Marinette. Cuando llego miro desde la entrada a su habitación del balcón y la veo en la cama llorando desconsolada. Me parte el corazón verla así, y más siendo por mi culpa. Pico un par de veces al cristal y cuando se percata de mi presencia, se seca las lágrimas y abre la pequeña puerta.

-¿Chat Noir? ¿Qué haces aquí?

-Noté la tristeza de mi princesa y vine a ver que te pasaba -sonrío y entro a su habitación -¿Por qué estas así?

-Yo... No es nada -sonríe de forma que se nota bastante que es una sonrisa falsa.

-No intentes engañarme. No quiero verte mal, déjame hacer algo por ti -digo limpiando algunas lágrimas que volvían a comenzar a rodar por sus mejillas.

No me responde, sólo comienza a llorar otra vez, esta vez más que antes. La miro unos segundos, hasta que finalmente la abrazo fuertemente para que deje salir toda su tristeza.

-Esta bien princesa, me tienes a tu lado, deja salir todo lo malo.

-Yo... Yo... Odio a los chicos -grita desconsolada aferrándose a mi traje.

Noto como sus piernas comienzan a temblar y segundos después toda ella esta temblando. Odio verla así, quiero hacer algo para animarla aunque sea mi culpa que ella esté así. La abrazo con más fuerza. Al notar que seguía igual, la separo un poco de mí y me agacho a su altura cogiendo su rostro entre mis manos.

-Pues menos mal que yo soy un gato, no? -digo. Ella se queda quieta unos segundos y comienza a reírse poco a poco.

-Pues sí, menos mal que eres un gato, no me gustaría odiarte -sonríe levemente.

-Ahora... ¿Me explicas que te pasa?

-Yo... Me he declarado al chico del que estaba enamorada, y me ha rechazado- la miro apenado. Lo siento mucho Marinette...

-Lo siento... -se me escapa sin querer- quiero decir que siento que te hayan rechazado. Hay que ser idiota para rechazar a una chica tan hermosa, lista, valiente, confiada, y bonita como tu -le digo.

Lo peor es que realmente creo eso y comienzo a arrepentirme de haberla rechazado...

-Ese chico es un idiota -añado antes de que ella tenga tiempo de hablar- no sabe lo que se pierde al dejarte ir. Pero si te ha rechazado, significa que no merece tu amor.

-Tienes razón -dice y se dirige hacia su mesa, comenzando a arrancar todas y cada una de las fotos mías que tenia colgadas en la pared, tirándolas seguido a la basura. Me lo merezco.

-Bien hecho princesa -me acerco a ella y beso su frente poniendo una mano sobre su cabello- olvídate de él y piensa solo en ti.

-Tienes razón, Chat. Gracias -sonríe. Esta vez era una sonrisa de verdad.

Se acerca a mí y, poniéndose de puntitas, me da un beso en la mejilla. Tras eso no puedo evitar sonrojarme un poco y mirarla sorprendido, no esperaba eso.

-Muchas gracias, gatito. No sé cómo has sabido que estaba así, pero parece que hayas venido solo para animarme. Muchísimas gracias.

Su sonrisa se volvía cada vez más grande, más brillante. Ahora que me fijo, tiene una sonrisa hermosa, y el corazón más puro que haya conocido jamás. Esta chica es... Es... Es increíble, más que Ladybug. Ahh... Creo que estoy enamorándome.

-No sabes cómo me alegro ahora mismo de ser un gato -digo haciendo alusión a cuando ella dijo que odiaba a los chicos.

Mi anillo comienza a sonar. Vaya momento, no podías esperar un poco más Plagg...

-Chat tienes que irte -me dijo yendo a abrir la puerta que daba al balcón.

-¿Estarás bien sin mi?

-Sí, no te preocupes -sonríe.

-Pues mañana nos vemos princesa -sonrío dándole otro beso en la frente y acto seguido salgo del lugar rápidamente.

Puede que haya perdido toda oportunidad con ella como Adrien, pero como Chat Noir aún no. Soy un idiota, no tenía que haberla rechazado. Ahora creo que me acabo de enamorar de ella y su inocencia...