Sasuko y Hinata

–Diálogo– Conversaciones.

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Capítulo I.- De Sasuko para Hinata.

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Sasuko siempre fue muy inteligente. Por eso, a sus cortos seis años de edad cuando su amiga de toda la vida, Hinata, le había sonreído con la sonrisa más hermosa que ella jamás hubiera visto, supo que algo había cambiado en ella. No era normal que con un simple gesto como ese se sintiera en las nubes, que su corazón latiera con más fuerza y que sus manos picaran con el deseo de tocar a su amiga.

No es que Hinata nunca antes le hubiera sonreído. ¡Vamos! Que prácticamente se conocían desde que sus madres las estaban esperando en sus abultados vientres. Sus madres, amigas de toda la vida, se habían encargado de mantener en constante contacto a sus familias. Por ello Hinata y Sasuko habían compartido casi como hermanas cada momento de sus infancias: los primeros pasos, las primeras palabras, el primer tropiezo, el primer baño, la primera amistad.

Hinata se caracterizaba por ser diminuta en comparación al resto de las niñas de su edad, su cabello de un hermoso color índigo, sus mejillas siempre sonrojadas, sus grandes ojos de un lila plateado y sobre todo por ser tímida en exceso. Tartamudeaba con facilidad ante cualquiera, incluso frente a sus padres. Pero había alguien con quien aprendió a no hacerlo y esa persona era su mejor amiga Sasuko.

Sasuko, por otro lado, era de estatura normal, de ojos y cabello color negro, piel blanca y personalidad fuerte. No se intimidaba con nada ni con nadie. Su padre solía decir que al crecer esa niña iba a ser una enorme piedra en su zapato. Y es que a su corta edad y dada su personalidad ya se podían bosquejar ideas de lo rebelde que sería en un futuro. Sumado a lo anterior, había que señalar que la chica en cuestión siempre fue la más popular en donde fuese puesto que además de linda era la más inteligente, siempre la primera.

Ambas solían bañarse juntas, dormir juntas e incluso ir al baño juntas (claro que una se quedaba afuera esperando a la otra). Conocían a la perfección las mañas, gustos y sueños de la otra. Cuando Hinata tenía miedo era Sasuko la primera en sostener su mano y acariciársela para hacerle entender que todo estaría bien. Cuando Sasuko estaba muy molesta por algo, Hinata solía sentarse a su lado en silencio haciéndole compañía pues sabía que cuando la pelinegra se molestaba aunque decía querer estar sola, la verdad era que solo necesitaba de una compañía silenciosa.

Cuando entraron al jardín, lo hicieron juntas y al mismo sitio. Sasuko rápidamente captó la atención de todos, mientras que Hinata se quedaba atrás observando cómo su amiga era rodeada por niñas y niños que no hacían más que alabarla. Fue en ese lugar que conocieron a Uzumaki Naruko, uno niña rubia de unos lindos ojos azules que más que encantada con la llegada de Sasuko a la clase, parecía indignada ante de la idea de que una "aparecida" (esa había sido la palabra que había utilizado por primera vez para referirse a la pelinegra) llegara y se robara la atención de todos así sin más.

No pasó mucho tiempo para que finalmente de rivalidad entre la pelinegra y la rubia, llegaran a formar una especie de amistad en la que estaban incluidos los insultos. Sasuko y Naruko comenzaron a pasar más tiempo juntas (dado que la rubia no se le despegaba un segundo) por lo que la ojinegra se vio en la obligación de presentarle a Hinata.

Entonces, las tres comenzaron a pasar sus horas libres juntas. Naruko notó de inmediato que Hinata y Sasuko no se parecían en nada, eran muy diferentes. Era como si la pelinegra fuera un cubo de hielo y la peliíndigo la nube más blanda y esponjosa. Aunque con las dudas de cómo es que ambas chicas lograban congeniar tan bien, Naruko entendió sin darle muchas vueltas que Hinata era muy importante para Sasuko.

Y es que era obvio, la sobreprotegía de todo y todos. Naruko podía ser una chica alocada y despistada hasta cierto punto, pero fue inevitable que no notara cuánto cuidaba Sasuko de Hinata. Si la Hyuga se caía, Sasuko en un parpadeo llegaba a su lado cobijándola y preguntándole si se había lastimado.

Si la peliíndigo perdía algún objeto, la ojinegra daba vuelta el salón de clases e incluso revisaba bolsos de forma descarada para encontrar el objeto perdido.

Si la ojiblanca olvidaba su colación, Sasuko dejaba de comer por darle la suya a Hinata.

Naruko vio todo esto y mucho más, pero nunca dijo nada. Para ella solo eran unas chicas que criadas como hermanas eran muy unidas. Eran cosas que ella no podía entender se dijo, después de todo era hija única.

Hasta ese punto Sasuko veía a Hinata como buena amiga, una hermana que jamás la hostigaba con preguntas innecesarias, que respetaba su espacio y entendía sus silencios, que compartía gustos e inquietudes y que por sobre todo parecía mirarla de la misma forma y no como algo más, como sí lo hacían otras niñas y niños.

Pero…

Para el que fue el cumpleaños número seis de Hinata, Sasuko decidió regalarle algo que sabía sería significativo para la Hyuga. Había ahorrado dinero de la muy buena mesada que su padre había comenzado a darle para enseñarle en valor del dinero y estaba segura que con eso podría comprarle un presente que seguro la ojiblanca adoraría.

Pidió a su madre la llevara de compras. Mikoto enternecida accedió de inmediato.

Estuvieron toda una tarde recorriendo más de un centro comercial de la zona. Uchiha Mikoto no sabía si sentirse orgullosa de lo detallista que era su hija o hastiada ante el hecho de saber que de tan exigente que era la había hecho caminar más de lo que tenía presupuestado ese día (se había puesto unos zapatos de tacón alto).

Por otro lado Sasuko estaba enojada. ¿Cómo era posible que entre tanta tienda no existiera el regalo perfecto para su amiga? ¿Para qué diablos había tanta tienda si en ellas no había nada útil? (Había comenzado a incluir la palabra "diablos" a todo luego de escucharla de su primo Shisui).

Resignada ante la idea de no comprar nada le dijo a su madre se retiraran a casa. La mayor cansada pero preocupada del rostro ahora decaído de su hija la instó a buscar un poco más. Fue entonces que vio una tienda de joyas. No era una tienda elegante para mujeres como su madre, era una especie de joyería para niñas en donde las piezas eran de plástico.

Una idea pasó por su mente y sin pensarlo mucho jaló de una confundida Mikoto que por ningún motivo pensó que su hija querría entrar a un lugar así.

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Finalmente llegó el tan esperado día y Sasuko visiblemente nerviosa se acercó a la festejada que como siempre la recibió con una tímida sonrisa.

–H-Hinata –jamás antes en la vida había tartamudeado–, feliz cumpleaños.

De sopetón extendió ambos brazos con los que sostenía una pequeña cajita envuelta en papel de regalo con una cinta. Tan nerviosa estaba que hasta sus mejillas se sonrojaron y sus ojos voltearon hacia otro lado eludiendo la mirada sorprendida de la otra chica.

Hinata, por otro lado, estaba gratamente sorprendida. Cierto que minutos antes ya había recibido el regalo de su tía Mikoto en conjunto con su esposo, Fugaku. Además, Itachi-nissan también le había dado el suyo, pero no esperaba recibir uno de Sasuko. Por lo que al verla entregarle el presente, aunque sorprendida en principio, sintió su rostro relajarse enternecida ante la idea de que su amiga hubiera tenido un gesto así con ella.

–A-arigato, Sasuko –tomó con suavidad el paquete. Iba a dejarlo con el resto para abrirlo más tarde.

–Ábrelo –demandó casi ofendida la pelinegra. Ni de broma iba a permitir que la hiciera esperar con los nervios que se cargaba, ¿le gustaría su regalo?

–¡H-hai!

Cuando Hinata lo abrió, sus ojos se abrieron en evidente sorpresa…

–Cuando… cuando fuimos a la playa perdiste una parecida a esa, lloraste mucho y sé que fue porque era importante para ti –se explicaba mirando los pies de la ojiblanca–. Busqué los diseños más semejantes para armar una similar y también es de la buena suerte, pero si no te gusta…

Entonces vio con horror como Hinata comenzaba a llorar. Se sintió fatal, iba a quitarle la caja y largarse de ahí.

Hinata sintió un mar de emociones invadirla de pies a cabeza. Lo que Sasuko le había regalado era una pulsera que se parecía a una que su abuela materna le había regalado dos años atrás antes de fallecer. Por ser tan distraída la había perdido incluso cuando su abuela le había dicho que era de la buena suerte. Entonces, al ver que Sasuko había tenido tal detalle no pudo evitar llorar y sentir como su corazón se llenaba de alegría…

–Sasuko, arigato.

Sasuko se le quedó viendo como si Hinata fuera lo único en ese momento. Su rostro cubierto de lágrimas, un intenso rubor en sus pómulos y una hermosa sonrisa. Su corazón latió con fuerza y de forma descontrolada, pensó que todos podrían oírlo. Sus mejillas teñidas de un tierno rojo, sus manos temblando ante el deseo de querer abrazar a la Hyuga y sus ojos deleitándose ante la imagen.

Sasuko supo que ese día algo había cambiado dentro de ella.

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Continuará…

Esto será breve, tres o cuatro capítulos. No tendrán que esperar mucho dado que ya estoy trabajando en los otros (llevo otros dos adelantados pero aún no decido de extender esto a cuatro o dejarlo en tres). Además, estoy trabajando en otros shot que en cuanto termine publicaré. E intento rearmar uno que había escrito tiempo atrás ("Copa D"), pero me ha costado horrores recordar el cómo iba.

En fin. Muchas gracias por pasarse a leer. Y tengan compasión que esta es la primera vez que escribo algo que no sea hetero xD

P.D. No me sale la opción "Sasuko", ¿no existe?