Capítulo 5: Cicatrices.
Los días siguientes discurrieron sin incidente ninguno. Jeyne ponía especial cuidado en no ir a las zonas comunes cuando sabía que había gente, cumplía sus labores con diligencia y, hasta entonces, no había vuelto a ver al Lord Comandante a excepción de un par de veces, una para llevarle una comida a su cuarto y otra una infusión caliente a altas horas de la noche, cuando observó que, por la rendija que comunicaba sus cuartos, el candil de la habitación contigua continuaba encendido. En ambas ocasiones Jon (El Lord Comandante) había levantado imperceptiblemente la mirada y, al ver que era ella, había asentido bruscamente para continuar con sus tareas sin perder más tiempo. Ella se recordaba el favor que él le hacía cada vez que notaba que su indignación crecía ante la indiferencia de él.
Pronto descubrió que la vida en el Castillo Negro era sencilla, tan sencilla como aburrida. Ella nunca había sido una chica que buscase emociones o nuevas experiencias pero, después de los últimos meses, los escuetos quehaceres que constituían su vida día tras día le dejaban interminables horas muertas. La mayoría de las veces las gastaba tumbada en su cama, donde su mayor entretenimiento consistía en observar la rendija que comunicaba su cuarto con el del Lord Comandante, imaginando una vida más interesante que la suya. Cuando suspiraba demasiado alto, siempre se obligaba a recordar la seguridad que albergaban esas paredes, y lo agradecida que estaba por estar, al fin, fuera de peligro. Ponía especial cuidado en que su pelo continuase siendo de un castaño oscuro, más bien apagado, oscureciéndolo concienzudamente con el tinte que había traído consigo. No quería que ningún mechón de su brillante castaño rojizo se hiciese patente, delatándola.
Cuando el Sol se puso la segunda semana de su servicio, Jeyne estaba ceñuda. No sólo se había encontrado con unos cuervos que le habían silbado obscenamente al pasar, sino que la señora Mary Ann le había reprendido después por andar provocativamente, según sus palabras. Peter, el niño que le había enseñado las dependencias el primer día, no dejaba de atosigarla, solicitando su compañía; Jeyne no vio que el muchacho pasase con nadie más sus ratos libres. Para colmo su medio hermano seguía sin dirigirle una sola palabra amiga. Siempre serio, con esos ojos grises y fríos que parecían hielo. Recordó sus ojos, tiempo atrás y, aunque eran del mismo color, tenían un brillo característico. No alegre (nunca había calificado a su medio hermano como una persona alegre) pero sí amable, con chispa. En estos años parecía haber perdido eso.
—Y también la capacidad para relacionarse como es debido —gruñó Jeyne molesta, para sí misma, saliendo de sus ensimismaciones.
Era por la noche, estaba cansada, pero la rendija que comunicaba ambos cuartos indicaba que el Lord Comandante aún no se había acostado y que, por tanto, ella tampoco podía. Resoplando mientras se echaba sobre los hombros la capa marrón que usaba por las noches, de abrigo, fue a las cocinas para calentar algo de agua. Cuando rompió en ebullición la echó en una cazuela en la que ya había agregado previamente el tomillo, la tapó para que el agua conservara su calor intacto, y se encaminó rápidamente de vuelta. Dio dos pequeños toques a la puerta y entró sin esperar, más ceñuda que de costumbre. Jon se había quitado las prendas de abrigo, dejándolas sobre la silla y quedándose tan sólo con una fina camisa oscura.
—Gracias Jeyne, pero no es necesario. Iba a acostarme ya. —Ella frunció el ceño, disimulando su enfado.
—Pero ya está hecha. Está bien caliente. Le he puesto miel para endulzar —mintió, con una pequeña y malvada satisfacción.
—Gracias, pero no hace falta —dijo él, dándole la espalda. Ella la destapó, y una columna de vapor salió de la cazuela. Avanzó hacia él, ofreciéndosela tozuda.
—Creo que, ya que te la he…
—He dicho que… —ambos hablaron a la vez, y él se dio la vuelta bruscamente, topando con la chica.
Jeyne observó horrorizada cómo la bandeja se volcaba sobre Jon y, con ella, la cazuela y su humeante contenido, que resbaló por toda su camisa, llenándola de agua casi hirviendo y vapor. Él soltó una maldición y se la quitó rápidamente, tirándola al suelo con violencia y abriendo y cerrando la boca sin articular palabra. Jeyne tuvo un momento de pánico antes de mirar alrededor. Descartó el orinal tras un instante de reflexión (hasta ahora, nunca lo había tenido que vaciar, y no sería hoy la primera vez que lo hacía), y corrió hacia el escritorio cogiendo la jarra de agua. Se volvió y, con decisión, la vació de un golpe sobre el pecho de Jon. El agua se estrelló contra él, salpicando todo a su alrededor. Jeyne se le quedó mirando a la cara, con los ojos muy abiertos en súplica muda, la jarra aún en la mano, sin atreverse a decir nada. Él tardó unos segundos en cambiar la cara de sorpresa por una más calmada. Bajó los hombros, más relajado, y la miró. Señaló a la jarra de agua fría.
—Gracias por eso. —Como ella seguía mirándole espantada, él titubeó, se acercó un poco y le puso una mano en el hombro, dándole torpemente unos golpecitos para tranquilizarla—. No pasa nada, de verdad. Ha sido un accidente y la jarra que me has tirado —carraspeó— quiero decir, la segunda jarra que me has tirado me ha calmado al instante.
Ella suspiró, dando las gracias internamente porque él no supiera cuál había sido su primera opción, y asintió, dándose cuenta repentinamente de la cercanía de Jon, y su expresión, no tan fría como solía, más… humana. Su mirada se fue un instante a la mano de él, apoyada sobre su hombro, para después continuar con su brazo y llegar a sus musculosos hombros desnudos. El agua le resbalaba por el pecho, adaptándose al recorrido que los músculos marcaban. Abriendo la boca ligeramente, observó una gota de agua zigzaguear desde su clavícula, bajando por el pectoral y esquivando el pezón, para llegar a unos perfectos y marcados abdominales… un sonoro carraspeo le hizo levantar la vista bruscamente, poniéndose más roja que la grana al ver que él miraba hacia otro lado y su sonrojo era evidente.
—Yo… perdona. Había una gota de agua y… —sin embargo se detuvo, volviendo a bajar la vista a su pecho— ¿Qué es esto? —Exclamó horrorizada.
En la parte media y baja del abdomen había unas marcas más blancas que la piel que las rodeaba, como pequeñas líneas rectas de unos seis centímetros. Alargó la mano para pasar las yemas de los dedos por ellas, comprobando que estaban ligeramente abultadas.
—Madre mía, ¿qué es esto? ¿Cuchilladas? Hay por lo menos… ¿quince? Es imposible —murmuró, más para ella misma que para él, absorta en las terribles cicatrices. Él cogió su mano para apartarla de su abdomen, y se dio la vuelta, cogiendo de su armario otra camisa y metiéndosela por los hombros apresuradamente. Antes de que consiguiese taparse por completo, ella pareció ver unas marcas similares en su espalda. Se tapó la boca, horrorizada. Él se volvió hacia ella, con el frío en sus ojos de nuevo.
—Jeyne, me gustaría pedirte que no comentes con nadie esto que acabas de ver. Con nadie, ¿entendido?
—Tampoco es que tenga a nadie con quien comentarlo, Lord Comandante —murmuró ella recomponiéndose e intentando sonar más despreocupada de lo que estaba, sin saber si había una pizca de rebeldía en su afirmación o era toda la simple verdad. Él hizo una pausa, considerando lo mismo. Ella volvió a levantar la vista, clavando la mirada azul en sus fríos ojos grises—. No, claro que no le comentaré a nadie. Tú me has acogido, y has guardado mi secreto a pesar de haber manchado tu reputación. Si tú pierdes, yo también.
Hubo un silencio entre ambos, en el que se aguantaron la mirada. Jeyne intentó descifrar qué era lo que Jon pensaba, ya que este le miraba fijamente a los ojos, y parecía estar sumido en una maraña de pensamientos. Hubo, durante un instante, una sombra de duda en sus ojos. Los retiró para, a continuación, volver a clavarlos en Jeyne, mirándole directamente a la cara.
—¿Por qué viniste aquí, Jeyne? Quiero decir… —miró la puerta, y bajó la voz— sé que no tuviste que ver nada con lo de Joffrey y, aún así, te buscan por asesinato. Pero de eso hace ya tiempo, así que encontraste otro sitio donde esconderte. ¿Qué pasó para que vinieses en ése deplorable estado a resguardarte con un hermano al que nunca has querido? ¿Quién es H.H? –Jeyne le miró con sorpresa.
—¿Cómo… cómo sabes ese nombre? —Jeyne se mordió el labio para no comentar nada acerca de la convencida afirmación de que no sentía afecto por él. Quizás fuera verdad.
—Estaba en la daga. Las iniciales… las borré en la forja, en cuanto pude. Pensé que no era buena idea mantenerlas sobre ella. Si algo me pasara y otra persona ve esa daga, y esas iniciales… —Hubo un silencio. Jeyne sintió cómo el labio inferior le temblaba, pero aguantó su mirada, en silencio—. ¿No vas a contarme, entonces?
Ella esbozó un rictus amargo y, caminando hacia el lateral, descorrió el cerrojo de la puerta accesoria.
—Quizás te lo cuente cuando tú me cuentes eso —señaló a su abdomen, ahora cubierto por la camisa. Él no hizo ni siquiera un amago de abrir la boca. Continuó mirándola, y de nuevo sus ojos se volvieron duros como el hielo, inexpresivos, desapasionados. Ella apretó los labios —. Ya veo. Entonces, si el Lord Comandante me disculpa, creo que esta vez usaré la prohibida puerta accesoria —intentó conferir sus palabras de la mayor sorna posible, mientras tiraba de ella y la volvía a cerrar tras de sí. Avanzó unos pasos y se quedó mirando la puerta, aguantando la respiración. Cuando oyó el cerrojo correrse al otro lado, señal inequívoca de que la conversación entre ellos ya no se iba a reanudar, volvió a respirar.
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Comentarios del autor: No sé cómo se ponen fuera del capítulo, así que lo pongo aquí. Creo que no lo he dicho antes: Mi historia está basada en los libros de Canción de Hielo y Fuego, no en la serie Juego de Tronos. OJO SPOILERS En el caso de Jon, la trama no cambia, pero la de Sansa sí. Mi fanfic comienza a partir del último libro (que cronológicamente es paralelo a la última temporada de GoT). Si alguien quiere situar a Sansa en el libro que me mande un privado, de todas maneras lo explicaré en algún capítulo un poquitín más adelante.
Y no sé si hay alguna categoría para clasificarlo, pero más adelante habrá escenas de contenido sexual, aunque tratándose de la saga que es, creo que no habría problema con ello.
Por otro lado, ya véis que el ritmo de subir capítulos es más o menos rápido. No quiero eternizarme porque si no perdería el interés (que me conozco) y no la acabaría.
Ya sé que lo he dicho antes, pero algún comentario para ver qué os está pareciendo a los que lo leéis (que me temo que no sois muchos xd) no estaría mal.
Un saludo!
