¡Continuando este retillo! :3


Siguiente hc de SkuAg: También tengo el hc de que Kou y Yama son fanáticos de Star Wars. Sora no tanto pero ellos la obligan a quedarse en cada maratón y en cada todo que hacen.


Yamato x Sora x Koushiro.


Que la fuerza os acompañe.

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Cuando Sora vio a Yamato levantar el mes pasado del calendario, la fecha en círculos rojos y dos extrañas formas de cuchillo dibujado resaltaban sobre el resto de anotaciones., supo al instante que, como el año pasado, iba a ser secuestrada.

Era el día 4 de mayo.

Por eso, pensó que sorprender a sus novios sería algo bueno para ese día.

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Yamato se dejó caer en el sofá con cansancio. Koushiro le imitó, entregándole una cerveza. Acababa de llegar de un tremendo día lleno de trabajo y solo podía pensar en que llegaba un fin de semana maravilloso.

Miró a su alrededor y luego se inclinó hacia el pelirrojo.

—¿Y Sora?

—¿Mhn? — Koushiro apartó los labios de la lata para contestar. A Yamato se le antojó lamer la espuma que había quedado en su comisura—. Dijo que iba a comprar la cena ella y que vendría un poco más tarde porque iba a hacer una parada extra.

Koushiro encendió la televisión y se detuvo en el canal de noticias.

—¿Seguirá enfadada? — cuestionó mientras se acomodaba mejor en las formas del sillón—. Por lo de los juegos.

—No creo— dudó Yamato sujetándolo de la barbilla para que lo mirase—. Mierda. Sigues teniendo la manía de tentarme.

Koushiro se sonrojó, sorprendido, mientras el rubio lamía la parte manchada de espuma y terminó el acto con un beso duro. Los besos suaves eran de Sora. Solo para ella.

Yamato solo amaba a dos personas capaces de sonrojarse de ese modo. Una era Sora. Esa dichosa mujer le volvía loco en muchos sentidos. Y el otro era el hombre sentado a su lado. Una bomba de sonrojos que cuando se quitaba la ropa era capaz de ponerlo como una moto.

—SI estuviera enfadada, lo hubiéramos notado— añadió acomodándose de nuevo en su sitio—. ¿Por qué lo preguntas?

Koushiro se rascó la barbilla, distraído.

—Es que la última vez nos ató a la cama y me preocupa eso de que por hacer una sesión de Star wars tengamos repercusiones.

—Nah. Sora ya está acostumbrada. Llevamos tres años juntos y todos los años lo hemos hecho.

En realidad, Yamato se volvió fan acérrimo por culpa de Koushiro. El primer año de su relación de tres, Koushiro se sentó en serio a ver las películas. Y ese día, salió con unos amigos. Yamato vio la forma en que lo manoseaban y achuchaban con tanta confianza, que decidió que a partir de ese momento, él sería el que hiciera eso. Aunque tuviera que comerse seis películas del tirón.

Sora se unía a ellos, desde luego. Aunque ella no terminó de volverse tan fan como Yamato. Es más, dos películas seguida era como llevarla a ver valet.

—Y sobre lo otro, nos liberó al día siguiente— recordó Yamato enarcando las cejas. Koushiro se sonrojó y comprendió que la protesta del pelirrojo iba por otros lados—. Venga, no te quejes. Que al menos nos aliviamos. Uno al otro.

Las orejas de Koushiro se tiñeron de rojo y Yamato lo encontró adorablemente encantador. Joder, si Sora no llegaba pronto con la cena y su presencia, iban a tener un vs a vs ahí mismo.

—Pero… ¿y si se enfada? — dudó Koushiro una vez más.

Yamato iba a responder cuando otra persona lo hizo por él.

—¿Quién se enfadaría?

Ambos chicos saltaron en el sofá. Sora sonreía, dejando el bolso sobre la mesa y la comida que había traído, que por cierto, olía a maravilla.

Rodeó el sofá y se sentó sobre Koushiro, besándolo por un largo instante antes de atenderle a él.

—Nadie, no hagas caso. — Koushiro se encogió de hombros mientras los observaba besarse. Luego olisqueó—. Eso huele delicioso, Sora.

La pelirroja le miró sonriente, le dio un beso en la nariz y saltó para ir a mostrarles lo que había traído.

—Lo he comprado en vuestro restaurante favorito.

—¿Qué se celebra? — inquirió Matt empezando a poner el mantel.

Sora señaló el calendario .

—Pues ese redondel con dos cuchillos dibujados.

Yamato fulminó con la mirada el calendario mientras Koushiro reía entre dientes.

—Te dije que parecían cuchillos.

—¿No lo son? — preguntó Sora sorprendida.

—Son ESPADAS LASER— respondió gruñón.

Los dos pelirrojos rieron y tomándolo por sorpresa, besaron sus mejillas. Yamato gruñó y protestó, pero aún y todo, era feliz.

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—He traído algo más, chicos.

Koushiro miró hacia Sora, que se había inclinado sobre su bolso para rebuscar. Desde su posición en el fregadero, tuvo una increíble vista de sus senos bajo la toalla. Tragó, avergonzado.

—El chico que me la alquiló se puso algo pesado, la verdad— explicó mientras sacaba una caja de cedé cubierta de azul y con las letras de Star wars en grande. Abajo, unas letras diminutas que Shiro no alcanzó a ver—. Me preguntó el muy descarado que si la iba a ver sola y quería compañía.

Koushiro se secó las manos, acercándose para curiosear cuando Sora colocó la cajita en las manos de Yamato.

—Pregunté acerca de algún especial de Star wars. Como sé que os gustan tanto… pues quería daros una sorpresa. No pensé que se pondría en plan ligón.

Cruzó los brazos bajo el pecho, murmurando palabrotas mientras se alejaba de nuevo al dormitorio con la idea de vestirse. Cuando ambos hombres pudieron apartar la mirada de ella y controlar sus hormonas, bajaron la mirada hacia la caja.

—Shiro, préstame tu Tablet un momento— pidió Yamato alargando la mano.

—Claro.

Se la dejó y se apoyó en el sofá para poder, con la puntas de sus dedos acariciando el hombro de su compañero. Yamato tecleó rápidamente y apretó el lugar correcto para que buscara.

Cuando ambos vieron el resultado, se miraron entre sí.

—Sora— nombró Yamato.

—¿Qué? — contestó esta desde el dormitorio.

—No vas a devolver esta caja a ese descarado.

Se escuchó la risa de Sora desde el dormitorio y cuando se asomó, los húmedos cabellos acariciaron con las puntas su hombro derecho.

—No seas celoso, Yamato. Díselo, Shiro.

Koushiro carraspeó.

—Estoy de acuerdo con él, Sora.

La chica bufó, sacándoles la lengua y entró de nuevo en el dormitorio con una sonrisa cruzándole la cara.

—Ey, Shiro.

El pelirrojo se inclinó para escuchar ante los gestos del rubio.

—Vamos a hacerle entender.

Koushiro enrojeció, pero se volvió hacia la cocina para preparar un buen bol de palomitas.

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Ya lista y más cómoda, Sora se sentó entre ambos en el sofá y sujetó las palomitas sobre sus piernas. Yamato estaba preparado para darle al play y Koushiro terminaba de ponerse la manta. Ambos intercambiaron una mirada de asentimiento y Matt apretó el botón del play.

—¿Es la que he traído?

Ambos asintieron. Sora se acomodó mejor, apoyando su hombro izquierdo más en Yamato y una pierna sobre las de Koushiro. El primero pasó el brazo por su espalda y tocó el hombro de Koushiro como señal.

Letras parecidas a las de la película empezaron a salir, describiendo una situación absurda para la trama. Sora frunció el ceño ante los sonidos tras un fondo oscuro repleto de puntitos brillantes.

—No recuerdo que las naves sonaran así.

Koushiro carraspeó.

—Es que no…

—Deja, Shiro. Que lo averigüe ella. Esa es la emoción de las películas.

Sora frunció el ceño, sin comprender. Pasó las palomitas a Koushiro y se inclinó para coger su propia lata de cerveza, echando un buen trago. El segundo lo escupió sobre la mesa.

Yamato apretó los labios para no soltar una carcajada. Koushiro se cubrió el rostro con el bote de palomitas.

En la pantalla, la imagen había pasado del exterior del espacio a una réplica de la nave de Han Solo, el Halcón Milenario. Dos actos, uno vestido de Han Solo y otro, de Luke, se inclinaba sobre una Leila exageradamente pechugona.

Y no es que la estuvieran mirando precisamente.

—¿¡Qué diantres!? — exclamó Sora girándose hacia ellos.

Estaba colorada y ante los gritos exagerados de la mujer, alargó la mano rápidamente, exigiendo el mando. Yamato dudó en hacerla de rabiar o no.

—¡Matt! — exigió ella—. Al menos bájalo. Está demasiado fuerte para los vecinos.

Vale, aquello era divertido.

—¿Demasiado alto? Sora. ¿Tienes idea de cómo gritas cada vez que lo hacemos?

Koushiro se dio un manotazo en la cara. Sora apretó los dientes, agarró el bol con las palomitas y se lo echó por la cabeza.

Yamato se quedó estupefacto. Apagó el deuvedé y miró a Koushiro en busca de una explicación.

—¿Acaso he mentido?

El pelirrojo se encogió de hombros.

—N-no, pero… tampoco era para decirlo así.

Yamato maldijo entre dientes, se levantó y se encerró su dormitorio. Koushiro miró la pantalla apagada con desespero.

Primero, tendría que apagar a Sora.

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Sora miró el traje con enfado. La película no era lo único que había comprado como regalo para los chicos. Se había gastado parte de sus ahorros en un traje de cosplay de la princesa Leia.

Pero, qué importaba. Yamato había mandado al traste todo.

Bien. Ella había exagerado. Todo fuera justo.

—Ese traje sería muy… sexy.

Detuvo sus intenciones de meterlo en el fondo del armario cuando escuchó la voz de Koushiro. Sora sabía lo que al pelirrojo le costaban soltar esas palabras y que cuando lo decía, por muy sonrojadas que tuviera las orejas, era totalmente cierto.

Le sonrió.

—Ni siquiera sé si es mi talla.

—Siempre se puede devolver. ¿No?

—No. Lo compré sin pensar. Solo…— suspiró—… quería que fuera una sorpresa. Algo especial para este día. Imaginé demasiado.

—Y es especial.

Koushiro entró en la habitación y llegó hasta ella, estrechándola entre sus brazos.

—Estamos los tres juntos. Aunque esa película fuera… la equivocada. Y las palabras de Yamato parecieran otra cosa.

—Fue cruel pero…— Se sonrojó—. ¿Realmente grito tanto?

Koushiro enterró la cara en su cuello, avergonzado.

—Sí. Muchas veces. P-pero eso es genial.

—¿Cómo que genial? ¡Es vergonzoso!

—Para nosotros no.

No fue Koushiro quien habló. Yamato estaba apoyado en el quicio de la puerta, mirándoles. Tenía el ceño fruncido, pero sus ojos eran cálidos.

—Yamato…— murmuró ella.

—Lo siento.

Sus dos amantes lo miraron con sorpresa. No era normal que Ishida se disculpara. Muchas veces, podía pasar días hasta que se diera cuenta y entrara en razón. Y casi siempre, su forma de pedir disculpas era más con actos o gestos tan simples como una rosa en un libro o sobre el teclado de un ordenador.

Koushiro sonrió, mirando a Sora y haciendo un gesto con la cabeza.

—Vale. Esperad fuera.

El pelirrojo sonrió y caminó hacia Yamato. Este le dejó pasar. Sora y él se miraron un momento. Un cómplice gesto.

—Te quiero— soltó ella. Y él cabeceó afirmativamente. — Lo sé.

Yamato cerró la puerta. Sora se preparó.

Era 4 de mayo. La televisión estaba apagada. La fiesta de Star wars estaba celebrándose en otra parte de esa casa.

El deuvedé fue devuelto al día siguiente por Yamato y Koushiro. El dependiente juró nunca más echarle los tejos a Sora.


Nota autora 2: Espero haber captado la idea, SkuAg xvx. Me estoy divirtiendo cada vez más escribiendo esto :3

Info: El día 4 de mayo es el día de Star wars, y el día 5 el de los Shith.

Yamato intentó dibujar sables laser... intentó.