¡Continuo! :3 Este no me quedó como quería, jo.
hc: Sora y Koushiro son Fans de Harry potter, sin embargo, Yamato no. Para conseguir lo que desean, ambos pelirrojos pueden ser muy pillos.
—Yamato x Sora x Koushiro.
El mago tramposo
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Mientras que Koushiro pasaba más horas en casa, Yamato era de los que podía llegar a horas inesperadas. Nunca sabía si volvería temprano a casa o más tarde. Sora tenía horarios fijos, así que a menos que se entretuviera con algo, comprara algo o tuviera una cita con las chicas, ella siempre estaba a la misma hora.
Por ese mismo motivo, siempre había alguien en casa. Y era gratificante, porque no había nada mejor que una persona dándote la bienvenida.
Sin embargo, ese día, nadie lo recibió.
Si era Sora, está siempre dejaba lo que estuviera haciendo para ir a saludarle, ponerse de puntillas y buscar un beso que siempre le sabía a gloria. Otras veces lo recibía con algo de comida que hubiera hecho.
Koushiro era más perezoso. Esperaba a que entrara en la casa y entonces le saludaba. Siempre era Yamato quien tenía que ir en busca de su merecido beso de bienvenida y sacar los colores al pelirrojo.
Pero cuando él quien daba la bienvenida, era diferente. Para Sora era ir a recogerla a la puerta, tomarla de la cintura con suavidad para ponerla de puntillas y besarla pasional con la promesa de mucho más si cedía. Koushiro casi siempre terminaba contra la pared. Más rudo. Más persistente.
Pero esa era su forma de ser.
Se asomó al salón y no había ni rastro de Koushiro. Ni siquiera el ordenador estaba encendido. No había nada cociéndose en la cocina. Tampoco la televisión estaba encendida. Los zapatos estaban guardados.
Dejando su maleta junto a su habitación, se rascó la nuca, sin comprender. Hasta que la idea de que Sora y Koushiro juntos y desnudos, sudados y calientes, empezó a llenarle la cabeza. Y maldición, eso era puramente excitante.
Sabía que los otros dos no se sentirían culpables porque los pillara así. Él tampoco. Es más, si eso sucedía, estaba completamente dispuesto a observarles mientras pasaba y quién sabe, unirse. Aunque amaba que ambos gritaran su nombre siempre que les hacía ver las estrellas, era jodidamente excitante para él ver cómo esos dos se unían.
No sabía bien qué pensarían ambos pelirrojos del tema, pero su relación llegaba hasta ese punto con ellos.
Así pues, con esa idea caliente cruzándole la mente, se desnudó de cintura para arriba y caminó hacia la habitación de Koushiro. Error. Ni el pelirrojo ni Sora estaban allí. Miró hacia la de Sora. La única que quedaba libre.
El lugar donde la pasión entre ellos podía estallar eran los lugares menos inesperados. Todavía recordaba el día en que él y Sora habían dejado la cocina echa un asco por culpa de su frenesí romántico.
Llegó hasta la habitación. Silencio total. Nada de jadeos. Ni suspiros ni nombres eróticos. Se asomó y casi se le cayó el miembro al suelo. Literalmente.
—¿Qué hacéis?
Ambos cabezas pelirrojas se levantaron a la par.
Yamato casi no necesitaba preguntar. Estaban acostados en la cama de Sora. Sí. Pero no estaban desnudos ni besándose con pasión.
Estaban vestidos. Con una túnica y escudos. Con las piernas enlazadas, sí. Pero nada más. Sus hombros se rozaban, también. Mas no era nada más que complicidad. Sostenían en sus manos dos pesados libros.
—¿Han estado todo el día leyendo?
Sora le miró, tallándose los ojos.
—¿No recuerdas qué día es hoy?
Yamato rodó los ojos hacia el calendario. Habían dibujado un corazón y libros. Junto al número, dos letras mayúsculas.
—HP. ¿Vais a comprar una impresora?
Koushiro rio entre dientes.
—Harry Potter, Yamato— corrigió. Luego cerró el libro para que pudiera ver la portada—. Sabes que todos los años hacemos esto.
—No. Todos los años sois compinches contra mí para leer esa… cosa.
Yamato había aprendido que insultar al dichoso Potter era casi como soltar una blasfemia con ellos. Así pasó de llamarlo pardillo con gafas que siempre quiere morir, a cosa.
Todavía recordaba el año que le obligaron a ver todas las películas seguidas. Se durmió en la primera. La segunda Sora estuvo de morros y en la tercera se marchó. Cuando regresó, la quinta estaba empezando. La sexta terminaba cuando hizo la cena y la séptima volvió a dormirle.
No sé. Era de esas cosas que todo el mundo ama, pero que a él no le llaman. En esos momentos era el bicho raro del trio.
Sora cerró el libro y miró a Koushiro de reojo. El pelirrojo hizo lo mismo y ambos gatearon de rodillas hasta él. Yamato estaba a los pies de la cama, mirándoles con una ceja alzada.
—Sabes, Yamato. Koushiro y yo hemos estado hablando de algo.
—¿Sí?
Sora fue la primera en pasar la mano por su pierna, subiendo peligrosamente hacia sus caderas. Koushiro siguió un ritmo contrario, sobre su vientre.
—Sí— contestó este inclinándose para posar su boca sobre un pezón—. De algo en especial.
Sora había subido más, haciéndole dar un respingo. Sus dedos incitando a su sexo por encima de su ropa.
—¿Qué especial? — cuestionó alargando las manos hasta tocar sus cabellos.
Ambos se miraron y se apartaron a la vez, dejándole con ansias de más.
—Han abierto un parque…— comenzó Sora.
—… muy interesante de…
—… Harry Potter…. Queríamos ir…
—… todos juntos— terminó Koushiro.
Yamato los miraba de hito en hito. Masculló una maldición.
—¿¡Habéis intentado seducirme para soltarme eso!?
Ambos asintieron y le miraron como dos cachorros en un matadero. El rubio se pasó las manos por los cabellos, gruñendo.
Ir de viaje era algo que llevaba tiempo pensando en ofrecerles. Viajar a algún lugar donde no conocieran a nadie. Quizás perderse juntos y disfrutar de su compañía. Pero jamás pensó en un parque basado en eso.
¡Sería de locos!
Pero ellos disfrutarían como locos. Sería como llevar a dos niños pequeños que amaban todo ese mundo.
Los había visto reír, intercambiar frases repetidas veces. Bromear acerca de varitas y animales. De volar en escoba y jugar a un deporte que él veía sumamente peligroso. De hacer magia y de lugares peligrosos.
Esos dos realmente amaban ese mundo.
Muchas veces en el centro comercial solía perderlos de vista y estaban ya metidos en la sección de juguetes, mirando material del susodicho mago. Era más una pasión que compartían.
—¿Por qué no van los dos juntos? — gruñó.
Sora le tiró de los pantalones para que se sentara entre ellos.
—¿Cuántas personas cuentas aquí?
—¿Qué? — murmuró.
—¿Cuántas? — insistió Koushiro por Sora.
—Tres— bufó. Cruzó los brazos sobre su pecho.
Ambos asintieron y le obligaron a deshacer el gesto para enlazar sus dedos.
—Somos una familia de tres. Lo sabes.
—Pero…
—De tres— repitió Sora callándole.
Yamato frunció el ceño por aquella tortura. Los otros dos se miraron y se acercaron a la par a sus orejas. Ambos mordieron, provocando que gimiera. Se cubrió los labios, mirándoles culpablemente.
—Luego tendrás un premio increíble— prometieron a la vez.
A Yamato se le llenó la cabeza de muchas escenas eróticas con ambos. Revueltos, por separado, de uno en uno, de dos en dos.
Se levantó de golpe, necesitando una ducha con urgencia.
—¿Yamato? — cuestionó Sora.
—¡Vale! Iremos a ese no sé qué cosa de HP.
Si se hubiera quedado más tiempo les hubiera escuchar de alegría. Les hubiera visto besarse con satisfacción y sacar los billetes y planos que ya tenían más que preparados.
Aquellos dos pillastres se la habían jugado.
Oh. Pero luego llegaría la venganza. Aquel no era su juego final.
Notas:
Parque: El parque del que hablan es el que cuesta tanto de conseguir entradas. Muchos fans de HP deben de saber cuál me refiero.
