Hemos llegado al final de este reto *se tiran confenti* Aunque me entristece, hasta aquí llegaron las cosas. Gracias a mi retadora amo todavía más este trio. No descarto en un futuro volver a escribir de ellos nwn.
En fin: ¡Gracias por seguir hasta aqui!
Recuerden que este fic participa en su reto del foro Proyecto 1-8
HC:
Sora es fanática de la ropa interior. Koushiro y Yamato no sabían que también lo eran. Especialmente, cuando la chica la lleva puesta.
Lujoriosa trampa
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—Te juro que es precioso, Mimi.
Yamato y Koushiro levantaron la vista de la revista que estaban leyendo cuando escucharon la puerta. Sora entró con el móvil contra la oreja y al verles, les sonrió, acercándose para besar a cada uno en la frente y girarse en busca de algo que llevarse a la boca fresco en la nevera.
—Es completamente atractivo, seductor… sí, totalmente sexy.
Ambos hombres se miraron y arquearon una ceja interrogativamente. ¿De qué diablos hablaba Sora? Porque esas palabras eran claramente sospechosas.
—Estoy segura de que si lo vieras, sería también tu tipo.
Ok. Sora solo tenía dos tipos de hombre. Y los dos estaban sentados en el sofá. Al menos, eso creían.
—Sí. En serio. Es que es de escaparate. Ya sabes. Estoy segura que una vez lo pruebas, repite. ¿Yo? Sí, cuandito que pueda. Y seguro que repetiré.
Mientras Sora caminaba de un zona a otra, ambos hombres la miraba por encima del respaldo del sofá. La forma en que cerraba la puerta de la nevera. Se quitaba la chaqueta y entraba al baño. Salía para entrar en su dormitorio y regresar con ropa más cómoda.
Había dejado bolsas sobre la mesa, pero ninguno les hizo caso.
—¿Crees que Sora nos esté…?
—Ni lo pienses— negó firmemente el rubio—. Fue limpia y clara con nosotros dos. ¿Qué te hace pensar que podría hacer algo así?
Koushiro señaló la puerta encajada del dormitorio.
—¿Sus palabras, quizás?
Yamato estaba a punto de protestar nuevamente cuando Sora regresó al salón. Continuaba hablando con Mimi por teléfono e iba en bata. Sonriéndoles con ternura, regresó a su dormitorio. Ellos le habían devuelto la sonrisa por cumplimiento.
Volvieron a pegar sus cabezas mientras ella se encerraba.
—Como decía, no pienses en eso.
Yamato se levantó con intenciones de aclarar la situación y saber a qué se refería. No es que Sora tuviera vedado mirar a otros hombres exactamente, pero dudaba que les pusiera los cuernos cuando ya le costaba soportar a ambos, en el ámbito sexual.
Pero de las mujeres uno nunca podía saber.
Se asomó para verla de espaldas, canturreando, mientras sacaba cosas de las bolsas que había traído. Suspiró aliviado. Ningún hombre a la vista. Llamó a la puerta y ella se giró para sonreírle.
—Justo a tiempo— saludó—. ¿Podéis tú y Kou esperar en el salón? Quiero que veáis algo.
Yamato asintió y tras darle un beso en la nuca, regresó al salón. No era lo mismo "ver" que "escuchar". Así que como mejor pudo, calmó al pelirrojo hasta que los pasos suaves de Sora se escucharon en el salón.
—
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Koushiro, por más que Yamato estuviera tan tranquilo, no las tenía todas consigo. Sí, reconocía ser un inseguro en estos temas. Pero él no era como Yamato que por donde pisaba salían chicas. Él no quería un reguero, quería a Sora. Y por más que amase al rubio, sabía que sin Sora de por medio, su relación no marcharía exactamente bien.
Sintió que Yamato le daba un apretón en la pierna como apoyo y cuando levantó la cara para mirarle sus labios quedaron presa de los contrarios por un segundo. Sintió sus mejillas arder y suspiró un poco más aliviado. Hasta que ambos se dieron cuenta de que Sora se plantó ante ellos, corriendo las cortinas.
Ambos estaban con la boca abierta y el corazón palpitando en su pecho.
Bueno, podía alegrarse porque a menos que alguien vaya a dejar a otra persona en ropa interior, eso era claramente justo lo contrario.
La pelirroja los miraba con vergüenza, pero mantenía las manos en sus caderas mientras mostraba su ropa interior. Ambas prendas negras y de lazos rosas. Yamato carraspeó.
—¿Qué tal? — cuestionó ella—. ¿No es precioso?
Ambos asintieron mientras sus ojos brillaban con emoción. Sora se movió coqueta de un lado a otro, dándoles una buena vista de su trasero, de la forma en que la prenda se aferraba a él y a sus senos, realzándolos.
—¿Tiene visto bueno?
A Koushiro casi no le salió la voz. Levantó el índice y Sora rió alejándose.
—Ya vuelvo con más.
Ambos se echaron hacia atrás. Koushiro se pasó una mano por la cara, hasta que sintió que alguien le agarraba sus partes. Yamato enarcó una ceja con diversión.
—La tienes como un garrote.
—¿D-de quién es la culpa? — gruñó pidiéndole educadamente que quitara su mano.
No le importaría en otros momentos, pero si continuaba con su mano en ese lugar, iba a empeorar.
Yamato le soltó, sí, pero guió su mano hasta su propia entrepierna. Estaba duro ahí abajo también.
—Esa mujer disfruta haciéndonos esto. ¿Crees todavía que se iría contra otro?
Antes de que Koushiro pudiera responder, Sora apareció de nuevo. Esta vez, era un conjunto dorado. Sujetador sin tirantas y un velo cayendo hasta sus muslos, dejando ver insinuador tanga bajo él.
Koushiro tuvo que coger aire varias veces. Yamato se removió incomodo a su lado mientras ella giraba y se tocaba a sí misma en zonas poco eróticas, pero que a ellos los revolucionaba.
—¿Y cuántos dices que has… comprado? — carraspeó Yamato enarcando las cejas. Cruzó las piernas en un vano intento de cubrir su erección.
Sora rio.
—No lo he dicho. He comprado tres. El tercero era de ensueño, pero demasiado caro. Lo compraré la próxima vez.
Koushiro la miró sin comprender.
—Tienes un cajón lleno de ropa interior.
La chica asintió, sonrojándose.
—Me gusta la lencería. Es mi Hobby coleccionarla. Yamato tiene un cajón repleto de púas y tú uno con más de mil juegos en cedés. No creo que sea tan diferente a lo que hacéis. Jo.
Infló los mofletes con enfado, sentándose en el sofá frente a ellos y cruzando los brazos.
—Solo quería haceros participes.
Koushiro se lamió los labios.
—Creo que es obvio lo participantes que estamos en esto, Sora.
La joven levantó la mirada hacia ellos. El pelirrojo se hizo un gesto hacia sus caderas y ella siguió la mirada. Coloreándose del mismo color que su cabello. Miró hacia Yamato y este separó las piernas para que también viera la manera en que lo tenía.
La chica se llevó las manos a la boca, alagada.
—De todas maneras. ¿Quién es ese al que te vas a conseguir sí o sí?
Koushiro clavó la mirada en Yamato, quien hizo un gesto interrogativo lleno de orgullo. Tanto meterse con él para que no se preocupara, y al final era Yamato quien estaba más preocupado.
El pelirrojo sonrió para sus adentros.
—Oh. ¿Lo que hablaba con Mimi?
Ambos asintieron, ella sonrió.
—Hablaba de un conjunto precioso de encaje que deja mucho que desear a la imaginación. Es precioso. Ella pensaba comprárselo para lucirlo ante Taichi. Esperad— murmuró mirándoles incrédula—. No me digáis que…
Ambos asintieron con cierta vergüenza. Sora rio entre dientes, sacudiéndose hasta que no pudo más y los abrazó.
—¿Cómo voy a querer otro hombre si en casa tengo todo lo que necesito?
Los dos expulsaron el aliento de puro alivio. Sora simplemente sentía fijación por la ropa interior. Una fijación que a ellos los ponía como dos buenos toros, debían de añadir.
No habría cuernos. Ni engaños. Solo ropa de por medio, muy fácil de quitar, muy dada a imaginar.
Ambos se miraron con complicidad mientras ella abría sus pantalones contra la excusa de aliviarlos.
Ya sabían qué regalarle en un futuro próximo.
Porque de amor, era lo que más tenían cargado.
Notas finales:
¡Gracias nuevamente, por leer y acompañarme! Y si solo has leído: ¡Buen provecho! : D
12 de febrero del 2016.
Chia S.R
