Austria mira a Liechtenstein sonriendo un poco con complicidad, ella se revuelve un poquito porque bueno, su Bruder parece un poco histérico, ejem, no le no le haya visto así antes pero le sonríe a Austria, a quien sí que le ha dicho cosas bonitas.

Austria decide dejarle que grite un rato, un poco más tranquilo... y mira a Liechtenstein, pensando que ella debería saberlo. Como le había dicho a Hungría, ella era lo más parecido a algo que tener juntos, su niña pequeña... estaba seguro que le haría mucha ilusión, aunque quizás también la destrozaría si las cosas iban mal. Claro que era un punto de presión perfecto si por casualidad las cosas iban mal.

—Yo creo que sólo se ha puesto un poquito nervioso. —le justifica en un susurrito

—Lo sé —asiente y se echa hacia adelante en la mesa, bajando el tono de voz—. Tengo que hablar contigo sobre algo, es secreto.

La chica levanta las cejas y sonríe un poquitín.

—Un secreto... —repite susurrando. Creo que ni Austria escucha eso con claridad.

—Ja. No puede enterarse —señala la puerta de la cocina—. Y no estoy seguro de que no esté escuchando —alguien está demasiado acostumbrado a Prusia.

—Oh... No creo que pueda oírnos —se acerca un poquito por encima de la mesa y créanme que lo tiene bien medido.

Austria mira a la puerta nervioso y se humedece los labios. Ella se acerca un poco más a él y no va a negar que se emociona que le cuente un secreto.

—Igual puede volver en cualquier momento, así que seré breve. Si todo sale bien, voy a pedirle matrimonio en la cima del Matterhorn.

Bien, puedes ver en más femenino y pequeño una réplica de la cara de absoluto asombro que quizás ponga Suiza en la cima del Matternhorn. Abre los ojos y la boca como PLATOS, levanta las cejas y le mira a los ojos.

Austria se sonroja un poco y se lleva un dedo a los labios. Ella sonríe sinceramente y se le humedecen los ojos sin poder evitarlo aunque hace un sobreesfuerzo por parpadear para que no se le note.

—Mein gott in himmel, Österreich, eso es muy bonito—se le corta un poquito la voz traga saliva, sobrecogida y sonriente.

—Ya te lo diré si lo es.

—Sí que lo es, se va a poner muy contento —segura, como de que se llama Liechtenstein.

—Me tranquiliza que así lo creas —sonríe. Ella se limpia un poquito un ojo, recomponiéndose.

—Ja, puede que no parezca, pero de verdad él te quiere muchísimo y... Me alegra —se lleva las manos al pecho tomando una contra la otra.

—Solo Ungarn y Deutschland lo saben, te pediré que me guardes el secreto al menos hasta que él lo sepa para evitar que a nadie se le pueda escapar.

—Ja, ja... No te preocupes —asiente aun apretando las manos y es que querría abrazarles a los dos porque esto es algo taaaaan lindo. Se queda ahí inmóvil como buena niña germana que es—. Felicidades...

—No me felicites hasta que diga que sí.

—Si dice que no yo le convenceré —le sonríe tiernamente. Austria se ríe con eso.

—¿Vas a decirle al muchacho que venga? —cambia de tema—. Ve con cuidado.

—Ja... Él es muy dulce —sonríe sonrojándose un poco mirando de reojo a la cocina.

—Cuídate de Preussen, no es necesario que os vean. Quítalas si es necesario.

—No, no, no nos verá nada nadie, te lo prometo —Ejem, puede que a Canadá si le tome un video en la ducha, pero ese es otro asunto.

—De todas formas Ungarn te ayudará si hubiera algún problema y te avisaré si volviéramos antes de tiempo —sonríe y asiente.

—Danke... ¿Puedo pedirte un favor? —asiente agradeciendo especialmente eso último. Ejem.

—¿Cuál?

—Puedes acordarte estando allá de que tu teléfono tiene cámara y si dice que sí... ¿Sacarse una foto?

—Trataré...

—Se vería muy bien en un portarretratos.

Suiza sale de la cocina sonrojado aún con un bote de helado en la mano.

—Depende de la cara de susto que ponga.

Liechtenstein se ríe suavemente con eso.

—¿Ya estás más tranquilo, liebe? —Austria se gira a mirarle.

El suizo pone el bote en la mesa sin mirar a nadie haciendo cara de "aquí de verdad que no pasa nada" y cuando Liechtenstein lo ve siente el impulso de abrazarle con fuerza, así que dicho y hecho se le abraza de la cintura.

Suiza levanta las cejas quedándose inmóvil como cada vez que Liechtenstein lo abraza. Austria sonríe y aprieta los ojos.

El suizo levanta una mano y se la pone en la cabeza TOOORPE.

—W-Was...

Ella le sigue abrazando con los ojos cerrados y sonriendo, unos cuantos segundos más.

Austria carraspea un poco y ella le suelta de golpe. Suiza carraspea.

—¿Qué pasa?

—Nada, nada... Sólo estoy contenta.

—Justo estábamos hablando de que nos apetecía helado.

Suiza parpadea un poco, levanta la ceja y mira a Austria. Carraspea un poco.

—Con este calor, no me extraña. Claro que tú no traes pantalones —mira que claro lo tienes.

—Ni tú tampoco.

—Yo sí que traigo, sólo que son cortos —MIIIISMO pleito infinito mientras Liechtenstein sirve el helado y les mira a uno y luego al otro con una sonrisa de oreja a oreja que no puede evitar.

—Matices —gesto desinteresado con la mano. El rubio se sienta con su bolita de helado de chocolate y su cuchara, con el ceño fruncido, muy digno.

—Entonces, ¿a ti qué te parece la excursión que está montando tu hermano, Liechtenstein?

—Maravillosa y muy emocionante, yo creo que lo van a pasar muy muy bien —asegura de manera MUCHO más convincente y segura de lo que suele hablar. Suiza levanta otra vez un poquito las cejas y mira a Liechtenstein.

—Veo que tienes fe en que Österreich no va a morir en el intento.

—Pensaba que había quedado claro que no ibas a dejarme morir.

—Es una expresión.

—Desde luego haces que uno rebose en ganas de ir contigo.

Levanta un poco la vista y le mira un segundo con sus ojos verdes.

—No va a pasarte nada... Verás que vas a pasarlo bien.

Austria sonríe un poco derrotado sin creerle del todo.

—¿Sabes? Es que no creo que quieras...

—¿Nein?

—No creo que quieras que te cuente sobre las incomodidades... —niega con la cabeza—. Mejor piensa que cuando lleguemos allá, la vista va a ser increíble... Casi como un concierto de esos tuyos perfectos —casi... Dioses Suiza a veces eres tan...

—Perfectos —repite.

—Creo que voy a irme a dormir —decide apretando los ojos. El moreno se ríe—. ¿Vas a quedarte?

—¿Me invitas?

—¿Te quieres quedar tú?

—Tal vez —le guiña un ojo. Suiza se sonroja, ¿cómo no se va a sonrojar? Liechtenstein sonríe un poquito más—. ¿Entonces?

—Quédate —murmura como todos los putos fines de semana, no es novedad.

—Voy a lavar los trastos y a la cama —salta Liechtenstein como con un resorte.

—Danke.

Suiza la mira de reojo sonrojadito aún, ya sin querer moverle. En diez segundos Liechtenstein tiene recogida la mesa. Hasta a Suiza le sorprende la velocidad, hemos de decir... Se mete a la cocina y trastea un poco.

Suiza carraspea un instante y mira a Austria pasándose una mano por el pelo. Él le mira de reojo.

—Ehm... ¿V-Vamos arriba o quieres tocar el piano o algo así antes? —¿¡O algo así!? Es que hasta yo... En serio, juro que no lo dice con doble sentido.

—¿Algo así?

—Leer o algo. No es tan tarde —murmura apretando los ojos.

—Tú eres el que ha dicho que se iba a dormir.

—Pues para ver si dejabas de molestarme.

—Creo que no lo has logrado —¿Crees?

—Pues eres un idiota igual —podrías sacarle la lengua.

—Más bien molesto que idiota, ya te lo he dicho.

—Molesto, muy muy molesto —ooootra protesta. Se levanta—. Ehm... ¿Entonces qué quieres?

—Pues yo estoy bien aquí —sonríe. Le medio fulmina.

—Pues yo... Creo que... —¿alguien les ha dicho lo mucho que se le complica mentir o inventar cosas?

—¿Aja?

—P-Puedo... Leer un... Algo.

—Leer. Bien —hace un gesto para que vaya.

—¿Y tú qué vas a hacer? —pregunta justo al momento en que Liechtenstein sale de la cocina y veloz como un rayo se acerca a ellos poniendo encima de la mesa un bol con fresas (sí, Suiza, para tu horror, las que tenías de postre) y chocolate líquido. Sale corriendo antes de que puedan reaccionar. En concreto Suiza.

Austria se ríe con eso, apretando los ojos. Suiza abre los ojos con horror, en efecto.

—Pero esta... Niña —protesta.

—Me parece que tiene una idea bastante concreta de lo que debería hacer yo —toma una de las fresas y le da vueltecitas con los dedos.

—Mein gott, ¡pero ella es una niña inocente!

—¿En qué estás pensando, Schweiz?

Traga saliva.

—En nada... Yo... —carraspea mirando las cosas en la mesa—. Vamos arriba —decide ya actuando de manera práctica, tomando las fresas de la mesa, nada tonto, eso sí.

Austria sonríe y se lleva la fresa a los labios. Suiza le mira de reojo y se emboba sin poder evitarlo. Austria la lame un poco antes de darle un mordisquito. Cara de absoluto idiota activada.

—V-Vamos... Es...

—¿Mjm...? —pregunta sin abrir los ojos y comerse la fresa como si la estuviera besando.

Creo que él hace el movimiento de beso de vuelta, idiotizado. De verdad, Austria, ya le tienes justo en ese punto. Sacude la cabeza intentando salir del ensimismamiento. Se sonroja más, se da la media vuelta y camina a las escaleras.

—Ven.

—¿A donde? —va detrás.

—Arriba, a... dormir.

—Dormir...

—Österreeeeeich —voz de advertencia, sonrojado, con las fresas (ah y el chocolate, claro), casi corre hasta su cuarto.

—¿Ja?

—Deja de... Deja de hacerte el idiota y cállate.

Austria se levanta y le sigue parsimoniosamente mientras le da otro mordisquito a la fresa sin decir nada. Suiza mira de reojo y no negará que se ha tranquilizado al ver que le seguía pero... Es que vuelve a idiotizarse con la fresa.

—Deberías tener prohibidas las fresas —susurra entrando a su cuarto.

—Yo dejo de comerlas si tu dejas el chocolate.

Suiza se agacha para quitarse las zapatillas deportivas. Austria inclina un poco la cabeza muuuuy sutilmente para ver hasta donde dejan los pantaloncitos.

Suiza se quita un zapato y luego el otro, seguido de los calcetines, de manera ordenada y precisa, parando el culo, sí. Y ahora se le ve más pierna aún, reacomoda un poco el bol de fresas en la cama y le mira las piernas de reojo.

Cuando nota que se incorpora Austria vuelve a poner la cabeza derecha.

—Ehm... —se pregunta por qué sieeeeempre es tan difícil empezar esto, sonrojándose, escuchando a Prusia y su "seeee lo que vaaaan a haceeeer" y si supieras que si Prusia quisiera te estaría viendo... Ahora mismo.

Quizás este... quizás lo vea luego.

Bueno, pues Hungría SEGURO que lo está viendo. Y Suiza moriría pero no lo sabe así que no hace falta pensar en fatalidades.

Austria se acerca a por otra fresa con tranquilidad, y Suiza le odia porque está tranquilo y él está histérico. Además no deja de mirarle, lo cual no ayuda a que se tranquilice en lo absoluto.

—Ehm... Bueno... —pasito hacia él. Traga saliva... Pasito de lado.

—¿Aja?

Suiza bufa.

—¿Cómo lo consigues?

—¿Conseguir qué?

—Estar siempre así de tranquilo, es detestable —protesta acercándose a el otro pasito.

—Todo lo que hago te parece detestable.

—Es que todo lo que haces es detestable. Estoy aquí y tu... Es que no sé cómo lo logras —mira el movimiento de la fresa, cualquiera que este sea.

—¿Lograr estar tranquilo? No pienses en lo que viene —¿Tampoco en elefantes blancos? Piensa indefectiblemente en lo que viene—. No en algo que te ponga nervioso, piensa en solo un paso a la vez, uno que no te dé vergüenza.

Difícil encontrarlo, pero piensa en que todo es más fácil cuando ya pasó todo. O cuando ya están en ESO, cuando hay besos y le pone la mano en el pelo. Eso. Eso lo calmaba. Vacila un poquito.

—Aún así creo que lo haces a propósito —y ese es justo el problema siempre, que cree que tú estás muy tranquilo y que lo haces a propósito y eso lo pone máaaaas nervioso. Sí, lo tienes muy calculado. Lo más difícil es tocarle, acercársele. Se humedece un poco los labios y se le acerca levantando la mano y poniéndosela en el brazo. Lo que pasa es que es totalmente... Tieso. Acartonado y rígido. Intenta entender cómo es que el resto del mundo hace estas cosas con soltura.

Austria sigue comiéndose su fresa sin hacer nada por ayudar.

Suiza vacila un poquito, porque es que además es complejo ya de por sí "seducir" a alguien que no se mueve ni ayuda en nada... Ahora con lo torpe y avergonzado de Suiza. Peor.

—Ehm... —da otro pasito a él y le aprieta un poco el brazo, sonrojado —, ¿si quieres...?

—¿Aja? —sonrisa de lado.

—¡Deja de decir "aja" en todas sus versiones! —protesta y tira un poquito de él hacia si mismo.

—Con gestos bruscos no lo vas a conseguir —le advierte.

—Quizás si te ahorco lo consiga —aprieta los ojos y le pone la otra mano en el hombro pero elimina la brusquedad del gesto, eso sí.

—¿Qué planeas conseguir? —pregunta de un modo un poco menos agresivo. Suiza le mira agobiado porque para él es más que obvio que lo que quiere es que jueguen a... Las abejitas y los pajaritos... Con fresas incluidas. Austria le devuelve la mirada como si no lo supiera.

—P-Pues es obvio —susurra sonrojaaaaado.

—Tal vez para ti —sigue haciéndose el idiota expresamente.

El helvético se muere de la vergüenza con la idea de estar intentando que pase ESTO y no se entere. Le quita la mano del hombro y se rasca la nuca girando la cara.

—Pues estábamos aquí... Y... Las fresas —aprieta los ojos—. Te detesto.

—¿Aja? —solo para molestarle, sí, expresamente.

—¡Adhdeqggesesetdtg! —lo tira a la cama y se le echa encima. Esto pasa cuando hartas a la gente demasiado. Antes te sacaba la pistola, ahora... Ha hecho esto. No lo sé, quizás puedas matarlo si quieres.

Austria se queda sin aire cuando le tira, porque evidente no pone resistencia. Suiza le mira un poco echado encima de el a ver si aún esta entero. No parece haberle pasado nada tan grave.

—Te he dicho que la brusquedad y la violencia… —le riñe un poco.

—Eres idiota y no creo que no te enteres y no me ayudas en nada y te odio y...—protesta un poco más pero con todo eso toma valor y se acerca a besarle. Oda a la habilidad de Austria de llevar a Suiza al límite

Y ahí el moreno se lo devuelve.

Él estaba rezando un poco para que se lo devolviera en realidad, pero no se lo digan a nadie. Cierra los ojos y le abraza porque sí, le angustia creer que no se entera o que no responde porque no quiere lo mismo que él y cuando si le devuelve el beso es como llegar a la punta de la montaña. Más o menos.

Además hoy en ese aspecto se lo ha puesto fácil. Más o menos. Aunque creo que Austria está hoy un poco necesitado de confirmar como es que Suiza... También.

Así que creo que, aun cuando ha sido más rápido y un camino más claro... Suiza está un poco "justificando" o reafirmado que él también quiere, no es sólo que yo te seduzca.

Suiza se separa un poco del beso y le mira a la cara, y ya tiene otra vez la mano en su pelo.

—¿Estás bien? —susurra otra vez un poco más relajado con el beso.

—Trátame con cuidado —le riñe un poco y se quita las gafas.

—Te lo trato —le pone una mano en la cintura y se esconde un poco en su cuello —. Tú... sonríe.

—¿Qué sonría? —las deja en la mesita.

—Ja. Si no es en serio, sonríe.

Austria le pone el pelo tras la oreja y sonríe.

—Es en serio.

—Ya sé que es en serio tratarte con cuidado —se sonroja y a la vez tranquiliza con el gesto y estira una mano... A tientas, busca una fresita.

—No parece —le sostiene el pelo con las manos para que no le caiga y verle a los ojos. Aunque sea borroso.

—No acostumbro ser brusco, pero me sacaste de quicio —explica acariciándole un poco la cabeza con la mano que tiene en su pelo—, aún así... No debería serlo porque eres tú y ya está. Sólo te tiré a la cama —se mueve un poco y le acerca la fresa a la boca.

Austria sonríe complacido, cierra los ojos y vuelve a darle mordisquitos a la fresa como si la besara.

—De verdad... —susurra tragando saliva y mirándole —. L-Las fresas... Deberían prohibirlas —evidentemente la cara de BOBO no se la quita nadie, más aún ahora que el austriaco tiene los ojos cerrados. Este sonríe un poco más con ello sin abrir los ojos y exagera un poco más los movimientos, hasta haciendo algún ruidito de satisfacción—. Maldito... Österreicher... —susurra revolviéndole el pelo y soltando la fresa para acariciarle un poco la barbilla.

Austria sonríe de lado y se relame en cuanto la aparta. Suiza se lleva la fresa a la boca y le da un mordisquito... Arruga la nariz porque es aaaacida.

El moreno le mira y se ríe un poco con eso, busca el bote de chocolate con la mirada.

Está ahí, oh si... Sobre las fresas. Suiza se permite relajar el ceño y el semblante lo cual es casi sinónimo de sonrisa. Austria alarga una mano para tomarlo.

—Liebe... no te comas mis fresas.

—Son ácidas... Prefiero el chocolate — se sonroja un poquito más.

Austria se lo tiende. Suiza traga saliva, porque esta parte también es compleja, pero es innegable el brillito en sus ojos.

Se mueve un poco para no quedar del todo sobre él y con una mano va directo a quitarle el pañuelo. (¿Trae pañuelo en verano? Dioses Austria... Sólo Francia te gana que va de blanco a un día de campo en... ¿Otoño? No recuerdo cuando era)

Austria decide que este es un buen momento para ponerle una mano en la curva de la rodilla y subirla acariciándole el muslo hasta meterse por debajo de los pantalones cortos. Suiza no decide, pero no le queda más que tener EL escalofrío.

Confiesen, lleva queriendo meterle la mano así desde hace un bueeeen rato. Desde que se quitó los pantalones él más o menos.

Suiza da un saltito eso sí y se desconcentra de abrirle la camisa. Me parece que por ahora la mano se va a quedar ahí haciéndole dibujitos acariciándole.

Bueno, en alguna medida ejem... A saber por qué, dice que es mejor eso a que no coopere en absoluto. Se hacen más torpes sus movimientos, con la piel de gallina.

Al cabo de un poquito, Austria quita la mano de ahí y las pone ambas en su cintura, para bajarle pantalones y calzoncillos a la vez. El siempre tan práctico.

Entrando en paniquito, el rubio se cubre un poco y remolonea para que no pueda bajárselos deteniéndose los un poco porque YA está contentito.

—¿Qué pasa, Schweiz? —pregunta en un tono un poco burlón como si no lo supiera.

—P-Pues es que yo... Es que tú... —mueve la mano y tira de los calzoncillos del austriaco para bajárselos él.

Austria aprovecha para mover la cadera evitándoselo y bajándole los suyos con un movimiento más rápido. Maaano a las alegres regiones vitales de golpe.

—¡No mires!

—Ni siquiera llevo puestas las gafas —sonríe pensando "como si necesitara ver" volviendo a subir las manos por sus muslos yendo a por la camiseta, tirando de ella hacia arriba para desnudarle del todo.

—P-Pero es que...

Debe tener que pelear un poco con la camiseta porque con la posición de las manos en sus regiones vitales... Quizás ceda solo cuando se la enrede en la cabeza.

Pues cuando cede y se la enreda es cuando mira, acabando de quitársela.

—¡Waghh! ¡No mires! —te saluda Suiza y el Matternhorn. Todo él se revuelve un poco avergonzado hasta que se le esconde en el cuello.

—Estás desnudo —le recuerda para más inri en cuanto lo hace—. Y excitado.

—¡Neeeein! No estoy excitado —se lleva una mano ahí. Austria se ríe y hace para girar y quedarse arriba.

Suiza aprieta los ojos porque así es mucho más que evidente. Y puede que hasta suelte un gemidito con la fricción.

Austria toma el chocolate con parsimonia y empieza a dibujarle un caminito por el pecho y el cuello con él. Suiza le mira, medio despeinado ya y con la respiración más rápida de lo debido. El corazón le LATE. No creas que el austriaco no lo oye perfectamente.

—Q-Que... Espera. Espera. Tú... —balbucea porque Austria trae mucha ropa.

Entonces el caminito sube hasta la boca de Suiza. Sí, sí que trae mucha ropa... para incomodarte mejor.

Suiza se calla con el poco chocolate que le cae en los labios y suelta un gemidito de anticipación. Intenta bajarle a Austria un poco la camisa por los hombros... Eso sí.

Además juega un poco con el chorrito para ensuciarle y no dejarle comérselo.

Genial, Suiza se olvida de la camisa.

Y cuando considera que hay suficiente... pues ahí va a limpiar el caminito con la lengua. Y ahí empieza el concierto suizo INEVITABLE.

En tres segundos tiene sus manos en el pelo de Austria y hace soniditos contenidos. Puede que entonces haya alguna lamidita maligna que se escapa a la zona que antes cubría con las manos.

Oh, cielos. No ayuda. En nada. Tiembla tratando de no reaccionar pero es IMPOSIBLE. Además dice su nombre cada dos por tres. Y muchos "ja".

Y como a Austria apenas si le gusta que haga eso... pero eso sí deja espacio entre una y otra de esas para que no se acabe la fiesta demasiado pronto. Suiza dice que para salvaguardar su honor intenta meterle en algún punto la mano en los bóxers para ver al menos si está excitado.

Austria es renuente a admitirlo, pero no es que se pueda mentir a una mano ahí mientras le lames el cuerpo a tu novio el fibroso soldado/escalador. Suiza se tranquiliza un poco y no crean que no intenta mover la mano de alguna manera favorable... Torpe, mientras le busca un beso al austriaco.

Y en un momento de lucidez a se vuelve a mover para girar de manera que de nuevo quede el sobre el austriaco. No es como que Austria pueda ofrecer resistencia.

Suiza se separa un poco, cuidándose de no aplastarle, y de hecho no debe estar tan mal para el austriaco cuando hace eso, porque se ayuda de los brazos deteniéndose sobre él y marcando los músculos.

Y en honor a la verdad, él pensaba en el chocolate y demás pero ya estando aquí, considera que ya bastante será con que logre desnudarle. Se recarga a un lado y le pone una mano en el pecho acariciándole y bajando hasta el primer botón que no está desabrochado.

Austria... está un poco impaciente, pero es especialista en aguantar laaaargo y tendido, así que le mira hacer. La ventaja de Suiza es que es sumamente práctico, así que rápidamente termina con la camisa completamente abierta, quitándosele de encima y tomando sus bóxers del elástico para quitárselos.

Austria aprieta los ojos y se sonroja, pero esta vez no le impide que se los quite.

Suiza le mira de reojo y de los quita sin mirarle o intentar incomodarle. Se quita sus pantalones y ropa interior de paso que aún traía enganchados de un pie, y le toma del brazo, tirando levemente de el para que se siente y pueda quitarse la camisa.

Y Austria le sigue los movimientos.

Porque una vez que Austria se sonroja un poco, una vez que están desnudos los dos, esto no le cuesta tanto a Suiza. Y porque a pesar de todas las molestias de Austria y del bloqueo mental que le hace y lo que puede intimidarle o confundirle a veces, siempre llegan a este punto en el que ambos están desnudos, un poco avergonzados y torpes, son realmente iguales.

Sí, sí que lo son y además los dos quieren lo mismo.

xoXOXox

Es muy temprano en la mañana. MUY temprano en la mañana, y ya hay mucho movimiento en la casa de Suiza. Austria ya se está arrepintiendo de esto y aún no ha abierto los ojos.

Todo funciona como una máquina perfectamente aceitada. Maletas al coche, revisión rápida de una lista de cosas y... Lo más complicado: que Austria realmente se despierte a las 4:00 am para irse. La buena noticia es que hay café preparado.

Así que Suiza se sienta en la cama al lado de Austria. Quizás el olor del café... Austria pregunta si puede hacerse bolita y Suiza lo lleva en brazos hasta el coche... donde va a querer matar a alguien por la incomodidad que representa dormir ahí.

—Österreeeeeich. Venga, puedes dormir un poco más en el coche, pero creo que deberías ducharte.

Austria remolonea.

—No sé cuándo te puedas duchar de nuevo...—advierte y le acaricia un poco la espalda—. Te preparé café.

—Mein gott in himmel —protesta.

—Ya sé que es temprano... Vamos a ver el amanecer en el coche —ofrece... Cosa que a Austria seguro le importara un PIMIENTO. De verdad, de verdad se plantea buscar el anillo y dárselo ahora y dejarse de cosas raras con tal que lo deje dormir al menos cuatro horas más.

Suiza le pasa una mano por el pelo alborotado. Austria aprieta más los ojos y suspira tomando fuerzas pensando que esto va a ser MUY duro.

Es que... Esto es, de todo, lo más fácil. Pero valdrá la pena, Austria. Sí, sí, porque además sabe que aunque se lo dé ahora, no lo dejaría dormir, se pondría a balbucear y a hacer preguntas. En resumen, Austria, estás fastidiado.

—Dijiste que cumplirías con los tiempos. Anda... —se acerca y le da un sonrojado y rápido beso en los labios antes de levantarse de la cama.

Austria sonríe un poquito con eso porque además Suiza quiere decir de manera súper obvia... Que está muy emocionado de que vengas.

—Te he dejado la ropa en la silla.

Y el austriaco pesaaaadamente se incorpora un poco.

—Me interesa más el café del que has hablado —responde con voz pastosa.

—Vaaaale, te subo una taza.

Se deja caer en el cojín otra vez.

—Nein, Nein, Nein... Anda, que si te acuestas de nuevo vas a quedarte dormido —se agacha un poco encima de el—. Cuélgate de mí cuello.

Austria se echa un brazo por encima de la cara.

—Osterreeeeich. Anda, abrázame del cuello.

El nombrado remolonea de nuevo, pero lo hace. Suiza le destapa.

—Pareces un bebé... Vamos, ya tener que cargarte de la cama —le riñe un poco aunque bastante blando, tomándole de las corvas y levantándole de la cama.

Austria le esconde la cara en el cuello. Suiza le lleva al baño pensando que va a MORIRSE en el viaje, porque van a tener que despertarse temprano también mañana... Y caminar todo el día. Prende la luz con el hombro.

—Lávame tú... — No te creas que en su espalda no se va quedando como peso muerto.

—Vamooooos, no es tan terrible. Sólo es temprano, pero así nos rendirá más el... Was? —desliza un poco sus piernas al suelo y se queda petrificado a media frase.

—Te gusta, te gusta mi pelo también. Lávame tú —y suena a petición porque está dormido y sólo por el tono es que aprieta los ojos, sonrojado.

—No me gusta tanto... —murmura... Y le abre la ducha aun abrazándolo y prácticamente sosteniéndolo de la cintura.

—Sí que te gusta, siempre lo hueles y metes las manos —sonríe y no está escuchando del todo lo que dice en realidad.

—A ti te gusta que le meta las manos —se sonroja más.

—A veces sí. Por eso...

Suiza levanta las cejas y le mira de reojo.

—¿A... ja? —le insta a seguir.

—Hazlo tú.

—Ya estoy vestido y saldremos tarde... —murmura de todos modos tocando el agua para ver si esta lo bastante tibia... Y la verdad es que va a terminar por hacerlo, le conocemos todos —. ¿Cuándo es que no te gusta que te meta las manos?

—Mmmm... No lo sé.

—Dijiste "a veces"...—susurra desabrochándole un botón del pijama y levantándole el borde para sacárselo por la cabeza.

—Y te preocupa —se estira para desperezarse sonriendo un poco.

—P-Pues... —¡JA! ¡Claro que le preocupa! Austria entreabre un poco los ojos y le hace un cariñito en la cara antes de desvestirse y meterse a la ducha—. ¿No vas a decirme? —se sonroja y se rasca donde le ha acariciado, frunciendo el ceño.

—Me has prometido café —el agua lo despierta más. "Y tú me has prometido el lavarte el pelo", piensa para si sonrojándose más, asintiendo y yendo a la puerta del baño.

—Ja, ahora lo subo. No te tardes veinte minutos —murmura saliendo y de verdad preguntándose cuando es que no le gusta que le meta las manos en el pelo, un poco descorazonado con esto porque a él le encanta de verdad desde que eran pequeños y lo hace muchas veces inconsciente.

Ha dicho a veces solo por no admitir que lo tranquiliza. En realidad... Lo sé. Pero Suiza es un traumado.

Así que ahiiiií se va a abajo por el café mientras Liechtenstein termina de preparar pan con queso para el camino y unas manzanas y mira a Suiza con una sonrisa TAN extraña...

De hecho, Liechtenstein le mira y nota que lleva una camiseta un poco vieja, obviamente, para sudarla y que quizás se le rompa. Se muerde el labio pensando que quizás podría decirle que se llevara algunas más nuevas porque seguro querrá estar guapo. Y la cámara de fotos también debería llevársela... y quizás el cubo, porque está segura que necesitará meter la cabeza en él.

—No vamos a conseguir salir a la hora... Debí despertarle antes —comenta un poco en protesta sirviendo la tacita de café y volviendo a notar la mirada penetrante—. ¿Qué pasa?

Ella parpadea un poco atrapada y niega con la cabeza sonriendo otra vez de esa forma ilusionada.

—¿Va a venir Canadá? —supone que por eso es la sonrisa—. En vez de sonreír tanto piensa en cuidarte, Liechtenstein... Vas a estar sola con él y no va a ser tan simple que volvamos si pasa algo

Levanta las cejas y se sonroja, atrapada.

—C-creo que deberías ponerte la camiseta caqui de la armada de este año...

Suiza parpadea y se mira la camiseta.

—¿Was? Pero... Es nueva. Esta está para sudarse —y sí, tiene un par de agujeros pequeños en el hombro...

—Creo que te ves bien con ella.

—¿Y eso qué importa? —responde sonrojadito aunque piensa que si esta lavada y guardada... Quizás podría ponérsela —, vamos de caminata...

—Pues... nada, en realidad. He preparado galletas de chocolate por si tenéis una bajada de azúcar, no se derretirán como los bombones o las chocolatinas con el calor.

—Danke... Ponlas ahí con el agua —asiente mirándose los agujeritos en la camiseta, aprieta los ojos y la mira—. Liechtenstein...

Ella le mira, haciendo lo que le ha dicho.

—¿Crees que el plan es lo suficientemente... posible para Österreich? —pregunta un poco preocupado.

—Creo... que él hará su mejor esfuerzo en esta ocasión.

—Tampoco quiero que regrese y no quiera volver a hacer algo así... Trataré de ser paciente —juar juar

—Me parece que llegar a la cima es muy importante para él esta vez... por como hablaba.

—Va a costar trabajo. Y vamos a ver si no nos matamos el uno al otro antes de llegar a la primera zona de acampada.

—También he puesto frutos secos en la bolsa...

—¿Has puesto la pomada para los golpes y las vendas?

Ella asiente.

—Y alcohol, algodón, unas pinzas, agua oxigenada, yodo, unas tijeras y un mechero.

—No sé si deberíamos llevar algo para emergencias aún peores... No sabes cómo era Österreich de pequeño, te juro que estando en las montañas es un desastre, ¡y nunca me escucha! —ya, ya, ni llores porque TU eres en parte el culpable de su inutilidad por consentidor.

—Bueno, siempre podéis llamar a Emergencias —le mira y vuelve a sonreír porque le gusta cómo está preocupado por él. Suiza mira su reloj.

—¡ÖSTERREEEEEEICH! —grita antes de volverse a la chica—. Ten mucho cuidado.

Ella asiente y no hay respuesta al grito.

—Debe seguir en la ducha gastando el agua... Sube esto al coche, bitte. Yo voy a sacarlo de ahí aunque sea a rastras.

Liechtenstein asiente y va a hacerlo. Y ahí va Suiza... A cambiarse la camiseta porque a ella le hace bastante caso. Tieeeende la cama mientras Austria sale... Y quizás el café se haga hielo para entonces, ya que Suiza no vuelve a entrar acaba por salir.

—Tu café... Estará frío ya —le mira —. ¿Listo para la... aventura en la montaña?

—Nein sin café —igualmente se acerca a tomárselo. Suiza sonríe de lado... Y piensa que debe llevar café para preparar estos días. Ni lo había pensado.

—Eso es fácil de arreglar.

Austria sonríe un poco. El rubio se pasa una mano por el pelo y le mira de arriba abajo. Austria lleva la toalla a la cintura y está bastante más despierto con el café.

Sonroooojooo.

—Son las 4:25.

—Entonces aún hay tiempo —le devuelve la taza.

—Muy poco tiempo —la toma —apresúrate a vestirte, bitte. Te terminas de arreglar en el coche.

—¿Vas a llevarme desnudo a la montaña?

—Nein. Dije vístete y te ARREGLAS allá. Peinarte y eso

Austria se ríe un poco.

—Cuatro veintiséis...

—¿Vas a quedarte aquí mirando y recordándome como pasa el tiempo?

—¡Ja, si así consigo que te vistas!

Se quita la toalla y se sonroja un poco. Suiza gira la cara.

—¡Österreich!

—Pues no voy a vestirme con la toalla puesta.

—Cuatro veintisiete —el helvético toma aire.

Austria empieza a vestirse lentamente. Suiza le mira el culo con mucha menos sutileza de la que imagina. Así que creo que le pilla. No es difícil... Carraspea un poco sonrojado.

—¿Puedo recuperar un poco de intimidad?

—No tardes más de cinco minutos o vendré por ti.

—Creo que si vienes por mí sí que no saldremos en cinco minutos, no creas que no veo como me miras.

—¡No te miro de ninguna forma! —chillidito, se sonroja y camina a la puerta con pasos cortitos. Austria se ríe un poco.

—¡Cuatro veintinueve!

En cuanto sale del cuarto, Austria se apresura a vestirse buscando en la ropa la cajita de terciopelo con el anillo para esconderla de nuevo y no olvidárselos.

—¡Treinta y doooos! ¡Es tardeeee! —riñe Suiza unos minutos más tarde.

Mientras Austria abre la cajita y vuelve a mirar el anillo en oro blanco y rosa por vez mil, asaltándole de nuevo toda la riada de sentimientos que los sajones no están acostumbrados a tener, sobre si saldría o no bien y poniéndose más nervioso al notar que el momento se acercaba imparable.

Imparableeeee y sin que Suiza se entere de nadaaaa auuuuun para bien o para mal.

Aun se tensa más con el grito del suizo que funciona como ya quisiera que funcionara siempre, poniéndole en guardia y haciendo que se apresure.

Suiza está paseando en la parte de abajo de la casa, mirando el reloj con el ceño fruncido... Y secretamente suponiendo que Austria va a tardar veinte minutos más, al menos... Pero no.

También tiene curiosidad por verle de ropa deportiva de alpinismo, porque los pantalones pegados harán que las piernas se le vean muy largas... Levanta las cejas gratamente sorprendido cuando le ve salir.

Y Austria está completamente incomodo con la ropa porque los pantalones negros hacen que se le metan los calzoncillos en el culo y la camiseta calabaza es demasiado ancha y fosforescente. Quiero decir que el pañuelo en el cuello ha sido un punto NO NEGOCIABLE. Y siente que las botas son muy extrañas.

Si Suiza supiera sonreír con naturalidad lo haría cuando le ve, porque se ve completamente extraño, e incómodo y fuera de su zona de confort. En realidad lo mira con afecto, porque son las cuatro treinta y seis de la mañana y está aquí, y va a ir con él al Matternhorn.

Austria suspira bajando las escaleras bostezando aun un poco.

—¡Has bajado casi a tiempo! —sorprendido, no es reclamo.

—Qué bien —eso podría definitivamente sonar más emocionado. Suiza se le acerca al pie de las escaleras y le toma del brazo en cuanto llega ahí.

—Ya está todo en el coche... Vámonos. Quizás puedas dormir un rato ahí. Liechtenstein ha puesto comida y todo esta listo —tira un poquito de él y le mira de reojo.

—No se puede dormir bien en el coche —se deja tirar.

—Mejor, entonces hablarás conmigo—se encoge de hombros porque al final para ir en autopista prefiere ir hablando con alguien. Camina a la puerta, abriéndola y buscando a Liechtenstein, que esta esperándoles junto a la puerta para despedirse.

Suiza se detiene con toda una sarta de advertencias y recordatorios de armas y cerrojos a los que asiente ella sonriendo mirándole a uno y luego al otro. Saca ella la cámara.

—¿Puedo tomarles una foto antes de irse?

Austria vuelve a suspirar y sonreír porque no se siente nada cómodo con esta ropa y aun así asiente, porque sí le hace ilusión esto.

—¡¿Foto?! —cara de incredulidad de Suiza—. ¡¿Foto de qué?! ¡Pero si es tardísimo!

—No tardo nada, bruder... Bitte —pide ella con su carita más angelical, esa con la que Suiza casi nunca le dice que no.

Suiza la mira... Y tuerce la boca un poco cruzándose de brazos pero sin protestar más, acercándose un poquito al austriaco, que le toma de los hombros.

Liechtenstein sonríe con ternura levantando la cámara y mirándoles fijamente un par de segundos antes de tomarles la foto. Austria se sonroja un poco porque es que saaaabe lo que ella está pensando. Suiza no tiene ni idea, pero sí que le parece que les mira raaaaro.

—Mucha... suerte —ofrece la chica mirando al austriaco y acercándose a ellos.

—Dankeschön —responde Austria.

—Vale, no es como que vaya a la guerra o algo así—Suiza hace los ojos en blanco y abre la puerta

—Eso lo dices tú —Austria se pasa una mano por el pelo.

Ojos en blanco de nuevo, sale delante de él y le abre la puerta del coche deteniéndosela y haciendo un gesto para que entre mirando el reloj y pensando que ya se les ha hecho doce minutos tarde. ¡Doce!

Austria se mete al coche y se tarda un rato en quedar sentado sin que la camiseta odiosa le haga arrugas que no debe y los pantalones le sean cómodos. De verdad desea quitarse las botas. Austria más vale que te vayas acostumbrando.

Suiza cierra la puerta, se despide de Liechtenstein con un suave gesto de la mano volviendo a pedirle que tenga cuidado y que ya se meta y cierre bien la puerta, antes de meterse de su lado en el coche y espera a que Liechstenstein se ENCIERRE antes de arrancar.

Austria se revuelve incómodo en el asiento y se despide también de ella con una sensación rara en el estómago de "ya no hay vuelta atrás, lo estás haciendo"

Liechtenstein sigue mirándoles con ternura y emoción por la ventana hasta que desaparecen. Así que ahí va Suiza... Con rumbo fijo, sí, aunque no sabe aún... muajajaja, que no será el mismo cuando vuelva. *Francia narrando*


Valor, Austria... ya has hecho lo más difícil... casi ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!